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lunes, 19 de enero de 2026

Caudillos de la nueva oposición; III Salvador Nava


Los caudillos de la nueva oposición 

Sección: Señoras y Señores

Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


 III: Salvador Nava


El mismo día que al panista Medina Plasencia le era ofrecida la gubernatura de Guanajuato, en San Luis Potosí otro opositor, Salvador Nava Martínez, reunió a 30,000 de sus partidarios para pedirles perdón por haber creído en los votos de democratización formulados en años recientes por el gobierno federal. En esos días, explican sus allegados, Nava se sentía como Simón Bolívar en el ocaso de la vida, cansado de arar en el mar; de cortarle al monstruo tentáculos y cabezotas que siempre retoñan. 

La historia se inició en la década de los 50, cuando los hermanos Nava Martínez, todos dedicados a la medicina, eran ya figuras de renombre en San Luis Potosí. El mayor del clan, Manuel (fallecido), había sido rector de la universidad local por 2 periodos consecutivos, y en 1958 fue nuevamente elegido tras una tormentosa campaña durante la cual el cacique local, Gonzalo Natividad Santos, trató infructuosamente de imponer a un candidato gobiernista a quien los estudiantes corrieron con huelgas y manifestaciones. 

Aunque más jóvenes, los otros Nava tenían casi tanto prestigio como su hermano el rector, entre otras razones porque cultivaban la tradición de médicos pueblerinos de no cobrarles a los pacientes pobres, curar con ascendiente espiritual más que con medicinas y aceptar huevos, puerquitos o guajolotes en pago de honorarios. 

Hombre hogareño: el oftalmólogo Salvador, por entonces apenas cuarentón, tenía fama de milagroso, y en muchas casas pobres había altarcillos con fotos del doctor y veladoras como testimonio de gratitud de algún paciente rescatado de la ceguera. 

Por aquellos años la política mexicana era todavía un arte marcial cultivada por sombrerudos y empistolados, más duchos en pleitos de faldas y líos de cantina que en labores de gabinete o biblioteca. Entre risas el cacique Santos siempre se vanagloriaba de que en su "prebostazgo" (como él llamaba a San Luis) "sea gringo, gachupín o indio, a todos me los ch..."

Al oftalmólogo Nava, un hombre de hábitos pulcros, no se le conocían malandanzas; parecía obsesionado con su profesión y sus contados ratos de ocio no los dedicaba a la cantina sino a su esposa y 3 hijos, a escuchar música de Mozart y a leer novelas policiacas "de altura". 

La ofensiva final contra Santos se desencadenó en 1958, año a horcajadas entre los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, aprovechando las ventanas de vulnerabilidad que el régimen suele abrir a finales y comienzo de cada sexenio. La campaña fue lanzada por Acción Reivindicadora, un grupo local, y la Unión Nacional Sinarquista, que tal vez no habrían logrado movilizar a los apáticos potosinos si los promotores no hubieran reclutado al rector Manuel Nava y a su hermano, el oftalmólogo Salvador, figuras de lo que hoy se llamaría centro derecha, pero independientes y sin compromisos con los partidos. 

Testimonio calificado: El único incidente con los hermanos Nava de que da cuenta Gonzalo N. Santos en sus Memorias, ocurrió durante la campaña presidencial de López Mateos: 

"Una vez que comenzó la gira política del candidato, y a invitación expresa de él", escribió el cacique, "me incorporé para acompañarlo a diversos estados de la república, entre ellos San Luis Potosí. Cuando llegamos a la plaza de la capital potosina, y en lo que bajamos del camión que nos condujo allá, alguien gritó ¡Viva López Mateos, muera el cacique! Comprendí que se trataba de unos cuantos estudiantes de la familia Nava y otros mochos sinarquistas, "sonreídos" muy de cerca por ayudantes del tuerto Manuel Álvarez, entonces gobernador del estado…

"Llegamos a la universidad y todo se produjo en más o menos calma hasta que al fin del mitin los Nava mostraron algunos grandes algunos garrotes dirigiéndose a mí y gritando: "¡Muera el cacique! Como esos individuos lo menos que querían era que yo les mentara la madre, sólo me acerqué al grupúsculo y delante de López Mateos les dije: "Aquí estoy, qué quieren de mí" De inmediato la comitiva del candidato los dispersó, mientras el licenciado López Mateos me comentaba: "Yo he sido estudiante, mi Tigre, y sé cómo se mueve esta gente; no tengas precaución por el incidente".”

Si Santos no hubiera estado ya obnubilado por la adiposidad del poder, habría advertido que el tiempo se le acababa; hasta los jerarcas eclesiásticos, que en otras épocas habían comido de su mano, empezaron a regatearle el apoyo. Al poco tiempo se cumplía una máxima de López Mateos: "Los cacicazgos subsisten mientras el pueblo los tolera"; el movimiento navista consiguió que el "tigre" abandonara el estado.

En aquel clima, Salvador Nava lanzó su candidatura a la presidencia municipal de San Luis Potosí. La campaña alcanzó tal calor que en un momento dado 30,000 manifestantes pasearon por las calles de la ciudad unos ataúdes con los nombres de Santos, el gobernador Álvarez y el candidato del PRI  a la alcaldía, un ahora olvidado Francisco Gutiérrez Castellanos; y fue tan grande el pánico de los huérfanos políticos del cacique, que las fuerzas policiacas se encerraron en el edificio municipal en vez de enfrentarse a la turba. 

Motivos de salud: Durante aquella campaña de 1958 pasó de todo: el 20 de noviembre, los padres de familia familia prohibieron a sus hijos que participaran en el tradicional desfile; y se congregaron ante el palacio de gobierno, para bombardear el edificio (y al gobernador, cuando el pobre hombre se atrevió a asomar las narices) con huevos podridos. Pocos días más tarde se produjeron balaceras que costaron varias vidas, entre ellas la de un niño de 7 años de edad, hijo de un obrero. 

Nava ganó y su triunfo (22,010 votos contra 11,132 del candidato oficial) no pudo ser desconocido. El movimiento navista -dice Tomás Calvillo en su libro El nabismo o los motivos de la dignidad- no se limitó a la capital. En aquella elección presentó candidatos en un buen número de municipios del interior y se le reconocieron triunfos en una decena de ayuntamientos, entre ellos los de San Antonio Rayón, Cerro de San Pedro, Villa de Hidalgo, Santo Domingo, Tampamolón y Villa de Ramos. Abrumado por la derrota, el gobernador Manuel Álvarez pide licencia "por motivos de salud. En su lugar fue designado el entonces diputado federal, Francisco Martínez de la Vega.

Nava recibió el municipio cargado de deudas y con las arcas vacías, pero en apenas dos años de gestión resolvió el problema del drenaje para las siguientes dos décadas, tendió una red de distribución de agua potable de 20 km de longitud e instaló alumbrado público en el 80% de las calles de la capital. 

Sin embargo, el alcalde potosino no tomó en cuenta el cambio de atmósfera que suele operarse a partir del segundo o tercer año de cada sexenio: en 1961 presentó su candidatura para gobernador del estado, cometió el error de ganar, y selló su suerte para las siguientes 2 décadas.

El contendiente de Nava en las elecciones de 1961 fue Manuel López Dávila, un priista poco conocido en la entidad, a quien el oftalmólogo podía derrotar con extrema facilidad. Al que no se podía derrotar era al régimen, incapaz por entonces de entregar un estado de la Federación. Así se lo advirtió a Nava el entonces presidente del PRI, Alfonso Corona del Rosal, quien sugirió que, a cambio de la gubernatura, el potosino aceptara una curul en el Congreso de la Unión. En vez de pactar, Nava denunció públicamente la propuesta, y  a partir de entonces se le cortó la posibilidad de ser protegido por el gobierno federal. 

La trampa contra Nava fue preparada para el 15 de septiembre y estuvo a punto de fallar. 

Haciéndose pasar por emisarios del oftalmólogo, agentes provocadores convocaron a los navistas a un mitin de protesta en la plaza de armas de San Luis Potosí, precisamente a la hora y en el lugar donde tendría efecto la ceremonia del grito. Desde varias horas antes, el sitio apareció rodeado por pistoleros con órdenes de desencadenar una masacre; pero a medida que los despistados partidarios de Nava iban llegando, los propios soldados y policías apostados en las inmediaciones les advertían que se trataba de una trampa, urgiéndolos a alejarse. 

Eclipse: Al cabo, a la hora señalada y cuando repentinamente se apagaron las luces, la balacera se desató, aunque en ella participaron grupos de pistoleros que se confundieron mutuamente con navistas. Al día siguiente Nava y algunos de sus colaboradores fueron detenidos y conducidos al D.F., donde permanecieron más de un mes, primero en el campo militar número uno y después en la vieja penitenciaría de Lecumberri. Durante ese lapso se proclamó en San Luis Potosí el triunfo del candidato priista con 175,646 votos contra 45,617 de Nava. 

Al año siguiente y en vista de que Nava no acató el consejo que le dieron en México de alejarse de San Luis Potosí, el oftalmólogo fue nuevamente detenido y esta vez ya no lo trataron con guante blanco: le dieron tal golpiza que salió de la cárcel con 2 cosillas rotas, graves derrames internos y un brazo paralizado. Le tomó más de un año recuperarse físicamente; mientras tanto, sus principales seguidores se desbandaron o fueron comprados por el gobierno. 

Aún derrotado, Nava conservó su popularidad (mientras estaba en la cárcel, los habitantes de colonias populares de San Luis Potosí hicieron colectas para ayudar a doña Conchita, la esposa del oftalmólogo); pero el desmembramiento del cacicazgo de Santos había provocado un apaciguamiento político que dejó a Salvador Nava sin caldo de cultivo en el cual prosperar. 

Con apenas débiles débiles e intermitentes sacudidas, la calma chicha potosina se prolongó por casi 2 décadas, hasta que el profesor Carlos "La Ardilla" Jongitud Barrios fue impuesto como gobernador en 1979. 

Durante su sexenio, Jongitud -entonces inamovible líder del magisterio- no solo robó, sino que hizo alarde de su latrocinios. Utilizó los cuerpos de seguridad del estado para ayudar a bandas de contrabandistas que dirigían protegidos del gobernador. Con dinero del erario público mandó hacer una enorme residencia, con ínfulas palaciegas, que al término del mandato vendió a la nueva administración, para que se convirtiera en residencia oficial de los gobernadores. 

Por esos años, Salvador Nava regresó a combatir la ignominia. Tras dos décadas de olvido, el oftalmólogo ya ni soñaba con volver a la política activa; pero los desesperados potosinos literalmente fueron a sacarlo del consultorio y lo lanzaron como candidato a alcalde de la ciudad capital del estado, con el improvisado respaldo del PAN y el PDM. Nuevamente los tiempos eran propicios: despuntaba el sexenio de Miguel de la Madrid bajo La invocación de la Renovación Moral, y se esperaba que, al menos, fueran respetados aquellos resultados electorales demasiado claros para poderlos tergiversar. 

Veladoras: Esta vez, como la anterior, Nava recibió la ciudad sepultada bajo montañas de basura, con las calles acribilladas de baches, y deudas tan cuantiosas que, al poco tiempo, el ayuntamiento tuvo que trabajar a la luz de las velas, porque le cortaron la electricidad. Aún así, Nava consiguió remendar las finanzas municipales, y remozar el primer cuadro de la capital potosina. 

Crecido por la victoria, el movimiento navista, aglutinado en el Frente Cívico Potosino, volvió a ganar elecciones en 1985 (no le reconocieron el triunfo) y en 1988 (sí se lo reconocieron).

Durante 1989 y 1990 los navistas tuvieron que hacer una tregua y encender veladoras, mientras rogaban por la recuperación del "doctor Chava", como cariñosamente llamaban al oftalmólogo, quien, víctima de cáncer, se sometía a un traumático tratamiento de quimioterapia. Al término del plazo Nava había descansado lo suficiente y hasta engordado un poco: tan bien se sentía, que aceptó la nominación del Frente Cívico Potosino a la gubernatura, para las elecciones el pasado 18 de agosto. 

El hombre sabía que la oposición dividida estaba destinada al fracaso, así que puso como condición ser candidato único de las fuerzas antipriístas. Metiéndose en la bolsa desconfianza y resquemores, perredistas, pedemistas y panistas se avinieron, y formaron la Coalición Democrática Potosina, CDP

Durante la campaña preelectoral, los partidos de la coalición sólo brindaron a Nava un tibio apoyo moral, mientras luchaban entre sí enconadamente por los cargos legislativos federales que se disputaban. Nava hizo campaña por su cuenta: recorriendo palmo a palmo el territorio del "prebostazgo", comprobó que la lucha iniciada hace 30 años no había perdido actualidad; violencia y opresión seguían imperando en muchas zonas, especialmente en la Huasteca; como antaño, el estado seguía contándose -según parámetros del INEGI- entre los 5 más atrasados del país; y los caciques seguían tan soberbios y corruptos como siempre. 

Lo que pasó inmediatamente después, es conocido. Nadie sabe cuánto tiempo aguantará San Luis Potosí las cosas que le suceden. Lo que sí se sabe es que, mientras le quede vida, Salvador Nava no se dará por vencido.


(Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. III Salvador Nava. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)

jueves, 27 de abril de 2023

Mando de un solo hombre


Mando de un solo hombre:

¿OBSOLETO? ¿PRÁCTICO Y MODERNO?

No hay fórmulas pacíficas ni afables para salvar el presidencialismo como hasta ahora se ha practicado en México. Es un método que no necesariamente desaparecerá pero que si, se pretende que siga en vigor, demandará una dosis masiva de autoritarismo, la que podría o no acarrear conflictos sociales, en la inteligencia de que aún así el procedimiento se modificaría sustancialmente.

¿Debe el próximo presidente mantener el dominio sobre el poder legislativo -y que por favor nadie hable de "aceptación razonada" por parte de los congresistas del PRI, pues nadie recuerda que una iniciativa de ley enviada de Palacio recibiera una votación en contra- y poder mandar a un abogado de sus confianzas para encabezar el poder judicial?

El "no" salta instintivamente a los labios, pero el tema requiere algo más de análisis. En estos últimos años del siglo XX, los teorizantes que hablan en contra del mando supercentralizado casi no tienen nada nuevo que añadir, pero los que opinan favorablemente dicen tener de su lado "experiencias históricas recientes", señalan a las Cuatro Hermanitas de Asia (Corea del Sur, Formosa, Hong Kong y Singapur) como ejemplos de países bien manejados y prósperos, y subrayan que cada uno de ellos tiene un gobierno de "mano firme"; de allí continúan a la llamada Tesis de Heinlein, según la cual "una sociedad industrial verdaderamente progresista es incompatible con una democracia verdadera y operante".

Robert Heinlein, un escritor de ficción científica que prefiere imaginarse variantes sociales en vez de jugar con rayos mortales y naves interestelares, no explica muy claramente el por qué de su afirmación pero se apoya un poco en la capacidad destructiva de las tecnologías y presenta una afirmación en seco, muy manuable para los debates no muy rigurosos.

Para quienes gustan de citarlo, sin embargo, el inconveniente es que con igual informalidad los partidarios de un sistema de frenos y contrapesos que aminore el poderío personal absoluto tienen para escoger, en México, ejemplos que van desde el absurdo risible hasta la tragedia negra: familiares y amistades designados en puestos de gabinete; amigos y amigas enriquecidos a lo tonto por medio de concesiones y contratos y negocios escandalosos; congresos que de pie vitorearon y aplaudieron a rabiar la primera gran devaluación de Echeverría y la "mexicanización" de la banca de López Portillo, para no hablar del día en que el candidato supuestamente amarrado, Mario Moya Palencia, recibió una ovación de los diputados por haberse presentado en el "augusto recinto" acompañado de Goyo Cárdenas, un célebre estrangulador de mujeres "rehabilitado". La broma de "es la hora que usted diga, señor presidente" tiene entre nosotros poca gracia, porque nos toca el nervio de la vergüenza ajena que nos dan los quinientos casos de abyección, indignidad y servilismo que cada uno puede mencionar.

Ciertamente un mandatario que tuviera la firme voluntad de impedir los actos de lambisconería podría lograrlo -lo consiguieron en sus respectivos periodos don Adolfo Ruiz Cortines y el licenciado Gustavo Díaz Ordaz-, pero al primero de esos personajes se le atribuye la reflexión de que "resulta extremadamente difícil aguantarle dos años de adulación y bajeza a un político mexicano". Los que saben de sicología explican la fragilidad de los poderosos ante el halago con la noción de que los seres humanos tenemos algo de narcisismo para equilibrar el instinto de autodestrucción, de modo que cuando un extraño coincide con lo que pensamos ya tiene andada una buena parte del camino.

 La necesidad de ponerle un punto final a la práctica del presidencialismo persiste y pasa por encima de todos los alegatos. La verdad es que se abusó y se abusa de él; que el pueblo mexicano está cansado de la prepotencia, que en ocasiones no es tanto del gobernante en turno como de quienes le rodean, pero de todas maneras a él es a quien se hace responsable por el silogismo de que si es capaz de echarlo a caminar debería ser capaz también de pararlo, y si no lo hace es porque no quiere; que al ejemplo de las Cuatro Hermanitas, cuyos jefes de estado practican un absolutismo solo ligeramente velado, pueden oponerse las evidencias de que el balance de los poderes dentro de un estado democrático funcionan sin problemas graves Y con grandes ventajas en Francia, Inglaterra, Estados Unidos, España y otra decena de países que no tienen mucho que envidiar en materia de prosperidad y que representan desde la izquierda moderada hasta el conservadurismo, y desde las repúblicas hasta las monarquías.

El presidencialismo tiene desventajas políticas, económicas, sociales y de toda índole. Varios de los candidatos de la oposición a la presidencia lo impugnaron durante sus campañas, unos de frente y otros por inferencia; pero ninguno fue tan incisivo como el licenciado Antonio Ortiz Salinas, que en una conferencia en la Universidad Autónoma de Chihuahua, en diciembre de 1987, citó un caso que nadie puede ignorar.

Dijo que, en marzo de 1982, el entonces presidente José López Portillo pidió a dos personas que estudiaran "opciones para encarar la crisis económica". Esa pareja, en la que no estaban representados Hacienda y el Banco de México, le propuso en abril del mismo año la "nacionalización" de la banca, que de hecho ya era nacional. López Portillo solicitó luego la opinión de otras dos personas, a las que casi llegó a juramentar para que guardaran el secreto.

La noche del día último de agosto, el gobernante dio a conocer su decisión a una parte del gabinete, la indispensable para que la medida pudiera ponerse en práctica de inmediato. El día primero de septiembre, antes del informe, lo supieron otros colaboradores. Y allí sigue el texto de Ortiz Salinas:

"Se advierte que en este proceso de toma de decisiones no hubo conocimiento público previo, ni discusión o toma de opinión de otros sectores no intervinieron los funcionarios responsables del sector financiero [del gobierno] ni del sector privado, ni miembros del poder legislativo, ni de los medios de difusión, ni de ningún otro grupo de interés o depresión.

"La decisión fue tomada directa y personalmente por el presidente, sin otra opinión real que la del pequeño grupo encargado de preparar los documentos. La decisión así tomada es un claro ejemplo del presidencialismo en la toma de decisiones y del enorme poder concentrado en manos de una persona, así como evidencia de sus facultades reales de decisión, que le permiten actuar sin necesidad de negociación, consulta u opinión."

En El presidencialismo mexicano, un estudioso a quien ocasionalmente se considera muy cercano a las esferas oficiales muestra que tiene mucha independencia de criterio. El doctor Jorge Carpizo, rector de la UNAM, recuerda en ese libro que en 1976 el poder legislativo autorizó a Luis Echeverría a contratar créditos y empréstitos por 83,222 millones de pesos, pero él se fue de largo hasta 123,557 millones, un exceso del 48%, aparte de 100,000 millones que gastó sin molestarse en pedir la autorización de los diputados.

Conclusión del doctor Carpizo:

"...El presidente dispone en realidad de los fondos públicos como le parece, con una discrecionalidad absoluta, y la Cámara de Diputados ni siquiera se atreve a protestar, sino que busca argumentos para justificar esa situación…"

Y el remache:

"Pocas actitudes son tan peligrosas y tristes: en la práctica mexicana, el presidente y sus colaboradores no están sujetos a ningún control respecto a los gastos públicos, ni en cuanto a los empréstitos y créditos."


Queda todavía la sensacional sorpresa de otro estudioso del Derecho, cuyo nombre guardaremos para el final del capítulo. El jurista dice: "Creemos... con Montesquieu, que todo hombre investido de poder normalmente tiende a su abuso, y que es necesario implantar mecanismos institucionales que lo limiten".

(¿Para qué implantar otros, si los que existen serían suficientes? ¿Qué hay de malo con la división de poderes y con el respeto que el ejecutivo debería tenerles al legislativo y al judicial? ¿Para qué están allí, ya desde el enfoque de la organización de un estado democrático, las organizaciones intermedias de la sociedad civil, como los medios de información independientes, las agrupaciones gremiales, las cámaras empresariales y los clubes de servicio, para no mencionar sino unos cuantos? Hay un motivo para este pequeño olvido, pero lo veremos más tarde).

Mientras tanto continúa:

"El sistema mexicano es puramente presidencialista. El jefe del Ejecutivo federal es el mismo tiempo jefe del Estado y jefe del gobierno. La dirección política del gobierno federal es determinada libremente por el presidente, con independencia del poder legislativo; los colaboradores del presidente... son... auxiliares dependientes de su único titular... el presidente es políticamente independiente del congreso de la unión; esto es, no tiene que sujetarse a su opinión para imprimir a su gobierno las directrices que juzgue conveniente."

El hasta ahora incógnito jurisperito tiene más que decir:

"De manera directa o indirecta, el jefe del Ejecutivo controla también los nombramientos y el funcionamiento general del amplio sector público dependiente del gobierno federal."

En tres de los párrafos siguientes de su libro, el autor deja ver un poquito más de su pensamiento:

"Un fenómeno importantísimo para comprender la realidad del sistema político mexicano y el papel de la presidencia de la República es la organización del Partido de la Revolución Mexicana [quiso decir Partido Nacional Revolucionario] en 1929.

"Esta situación ha erigido al presidente de la República en el foco central de la vida política mexicana. El partido dominante [se refiere al PRI] provee la mayoría de los miembros del congreso de la unión, de las legislaturas de los estados y de los gobernadores de éstos, así como de los órganos municipales…

"De esta manera, el presidente de la República es constitucionalmente jefe del Estado y jefe de gobierno; políticamente es el jefe del partido dominante del país y árbitro de los diversos intereses que... presionan el poder público para obtener de éste actitudes y medidas benéficas para cada sector."

Y ahora sí, el título del libro: Estudios de Derecho Constitucional, editado por Porrúa en 1980.

Y el nombre del autor: Miguel de la Madrid Hurtado.


El rector Jorge Carpizo, por su parte, comentó: 

"El jefe real del PRI  es el presidente de la República, y nadie lo discute o duda... El hecho de ser jefe real... [le] otorga una serie de facultades situadas más allá del margen constitucional, como son... la designación de su sucesor, el nombramiento de los gobernadores, los senadores, de la mayoría de los diputados, de los principales presidentes municipales…"

Y allí es donde el rector de la UNAM abre la puerta para que entren los asegunes, porque a continuación dice que: 

"...es claro que el presidente saliente escoge a su sucesor, y tiene para ello un margen de libertad muy amplio; quizás su única limitación sea que el escogido no vaya a ser fuertemente rechazado por amplios sectores del país, lo que en realidad es difícil, o que... cometa un disparate garrafal."

Parte de la omnipotencia presidencial se comunica de alguna manera a los subalternos. En la ya célebre junta en la Universidad de California -donde los segundos de a bordo de los tres candidatos más populares sostuvieron el debate que sus jefes no quisieron tener en México-, Víctor Manuel Camacho Solís respondió que el PRI es muy fuerte porque tiene la mayoría de los votos, y al ejército de su parte.


(Tomado de: Teissier, Ernesto Julio. Ya nunca más México en 1989. Política mexicana. Editorial Grijalbo, S.A., México, Distrito Federal, 1989)