Mostrando las entradas con la etiqueta Texas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Texas. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de marzo de 2026

Carmen Lomas Garza

 


Carmen Lomas Garza

Pintora y estampadora que exalta los valores más profundos de la cultura chicana a través de imágenes de la vida cotidiana del mexicano-americano y de los recuerdos de la historia familiar en un pueblito del sur de Texas. Nació en 1948 en Kingsville, Texas, hija de padre mexicano; su madre contaba con habilidades artísticas que reflejaba en su especialidad de pintar a mano las cartas de la lotería, que después Carmen plasmaría en su famosa serie sobre este tema. Desde niña decidió ser un artista profesional. Desde sus estudios de licenciatura está el doctorado en Artes es influida por el movimiento chicano y ha enfocado su arte a plasmar los detalles que describen la casa y la familia chicanas.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 12 de enero de 2026

La comida chicana


La comida chicana 

La cocina mexicana es una de las más ricas del mundo, junto con la china y la francesa, pero en Estados Unidos solo la comían los mexicanos que la trajeron como parte fundamental de su cultura y de su identidad. No se concibe una fiesta ni una celebración sin una sabrosa comida. No se concibe una humilde comida sin tortillas, frijoles y chile. 

La comida la trajeron consigo los mexicanos desde el siglo XVI. Se hacían tortillas en pequeños locales comunitarios y en los campamentos agrícolas en los años treinta y cuarenta. La tradición de la comida se mantuvo siempre en Texas y Nuevo México donde se ha transformado y enriquecido de modo singular. Todavía a fines de los años cincuenta era difícil encontrar variedades de chiles y otros ingredientes como el orégano y el epazote en supermercados de Illinois. Se elaboraban infames tortillas de lata que eran quebradizas. 

Desde hace unas dos décadas la comida mexicana se ha extendido por todo Estados Unidos. Las bases de datos de negocios registran más de 14 mil establecimientos como restaurantes mexicanos, la mayor parte desde luego en California y Texas. La comida se consume en todo el país. En Atlanta, donde no hay grandes asentamientos de mexicanos, hay por lo menos dos cadenas de restaurantes mexicanos con más de setenta establecimientos cuyos prósperos dueños dicen que más de la mitad de sus clientes no son mexicanos y no hablan español

Mission Foods, empresa subsidiaria de la mexicana Gruma, vende cada día en el sur de California más de 2 millones de docenas de tortillas, y en todo el país unos 3 millones de docenas, de maíz y de trigo. Mission Foods es la mayor empresa, pero representa solo el 12 por ciento del mercado, el resto está atomizado en pequeñas empresas. Se pueden encontrar en casi todos los supermercados del país los ingredientes necesarios para la comida mexicana. Cerca del 25 por ciento de los restaurantes tienen entre sus platillos regulares alguno mexicano como principal. ¿Por qué este enorme desarrollo? 

Se pueden ofrecer dos razones fundamentales. Una: el enorme incremento de la población mexicana y latina, que en sí misma es ya un gran mercado. La otra es más compleja: en los años cincuenta los norteamericanos se dieron cuenta de que su dieta abundante en carne, leche y huevos no era muy sana ingerida todos los días. Se descubrieron los estragos del colesterol y de la grasa. Que los alimentos enriquecidos perjudicaban y conducían a la obesidad. Al mismo tiempo, se popularizaron conocimientos científicos sobre la alimentación equilibrada y nutritiva, así como las llamadas comidas "étnicas", la mexicana y las orientales, con menos grasa y más verduras. Se descubrió el taco, alimento sabroso y barato. Sobre todo barato, en épocas en que crecía la distancia entre ricos y pobres. La palabra taco entró desde hace años en los diccionarios de lengua inglesa (Webster, 1970).


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 29 de diciembre de 2025

Américo Paredes

 


Américo Paredes

Padre del estudio del folklore chicano, uno de los más sobresalientes y prolíficos eruditos de la cultura chicana, quien mostró que el análisis del folclore, de las leyendas y canciones es un elemento clave para construir la historia cultural de los mexicanos-americanos. Nació en Brownsville, Texas, en 1915. Descendiente de una familia de mexicanos que en 1749 poblaron lo que ahora se conoce como Río Grande Valley, en Texas, heredó un profundo amor por las tradiciones y cultura mexicanas. Realizó sus estudios en la Universidad de Texas, en Austin, y obtuvo su doctorado en filosofía y letras en 1956. A la edad de 20 años se inició como escritor, publicando sus poemas en el periódico La Prensa de San Antonio. Dos años después publicó su primera colección de poesía Cantos de la adolescencia. A partir de entonces desarrolló una prolífica carrera como escritor y periodista. Sus obras, entre las que cabe mencionar With his pistol in his hands: a border balan and it's hero (1958); El cowboy norteamericano en el folklore y la literatura (1963); Estados Unidos, México y el machismo (1966), son verdaderas contribuciones al estudio de los grupos de origen mexicano que ha inspirado el trabajo de varios escritores chicanos y que le han valido el respeto de los más prestigiados académicos norteamericanos. Fue también pionero en la lucha por los centros de estudio chicanos en las universidades y dirigió el Centro de Estudios Transculturales e Historia Oral en la Universidad de Texas, en Austin. Recibió la orden mexicana del Águila Azteca en 1990.

[Falleció en Austin, Texas, en 1999]


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 8 de diciembre de 2025

Selena Quintanilla

 


Selena Quintanilla 

"Vive rápido y muere joven", el arquetipo de una juventud exitosa y veloz que sin darse cuenta acelera su camino rumbo a la muerte se manifestó una vez más en el caso de Selena, la "Reina de la Música Tex-Mex" y una de las artistas de origen mexicano más admiradas y queridas en los Estados Unidos. 

Selena Quintanilla nació en Lake Jackson, Texas. Desde pequeña demostró tener grandes actitudes musicales. A los nueve años inició su carrera y a los doce ingresó plenamente al ambiente artístico. Al lado de sus hermanos y de su padre Abraham Quintanilla formó el grupo "Los Dinos". Gracias a sus giras por diversas ciudades de los Estados Unidos destacó como solista y conquistó al público hispanoparlante. A inicios de la década de los noventa, con el auge de la música conocida como "grupera", las canciones de Selena se difundieron por estaciones de radio de México y los Estados Unidos. Su popularidad se hizo aún mayor con la telenovela Dos mujeres y un camino transmitida en los canales de Televisa. En 1994 llegó a Hollywood y desempeñó un breve papel en la película Don Juan de Marco, protagonizada por Johnny Depp, Marlon Brando y Fay Dunaway. Por siete años consecutivos obtuvo los premios más importantes que se entregan a la música de su género. En 1994 recibió el premio Grammy al mejor álbum de su categoría Selena Live. Éste sobrepasó los niveles de venta acostumbrados y se mantuvo cerca de que fuera su disco más famoso Amor prohibido. La alegría juvenil y la innegable sensualidad de su voz y del vestuario que la caracterizaba hicieron que se la comparara con Madonna. 

Casada años antes con Chris Pérez, Selena realizaba sus giras en una atmósfera familiar y había extendido su radio de actividades al comercio, con una cadena de tiendas de ropa y accesorios que llevaban su firma y que le aseguraron una prominente situación económica. 

Su muerte conmocionó a diversos círculos: Los Abelardos, Los Gatos Negros y Campeche Show se unieron al duelo. Julio Iglesias interrumpió momentáneamente la grabación de un disco para guardar un minuto de silencio. Aun varios canales puramente anglosajones manifestaron honda pena. En varias ciudades fronterizas de México y los Estados Unidos los automóviles circularon con las luces encendidas como señal de la tristeza que embargaba sus admiradores, quienes la recordaban como una persona tierna y de amoroso trato. 

Selena fue atacada la mañana del viernes 31 de marzo de 1995 en el hotel Doral Inn, de Corpus Christi, Texas. La enfermera Yolanda Saldívar, quien fuera fundadora del Club de Admiradores de Selena y empleada en sus tiendas de ropa, le disparó varios tiros de pistola: un balazo le dio en la espalda y otro le atravesó el corazón. La cantante llegó con vida al Memorial Hospital de esa ciudad donde murió a las 14:30 hrs. a consecuencia de las heridas. Las honras fúnebres culminaron con su sepelio el lunes 3 de abril.


(Tomado de: Todo México 1996. Hechos de 1995. Resumen ilustrado de los acontecimientos más importantes registrados en México en 1995 para la actualización de la Enciclopedia de México. Kentucky, EUA, 1996)

jueves, 6 de noviembre de 2025

Texas, Nuevo México, California… II


Texas Nuevo México California

II

La tensión crónica entre los colonos y las autoridades mexicanas estalla por primera vez a fines de 1826. En diciembre de este año, Hayden Edward, concesionario norteamericano, tomó Nacogdoches y proclamó la "República Libre de Fredonia". Un mes duró la República. Poinsett explica a Washington que los colonos temían que el gobierno mexicano decretarse la liberación de los esclavos. La esclavitud estaba prohibida en México, pero había sido autorizada a los colonos. En los debates del congreso mexicano ya se culpa al gobierno de los Estados Unidos de haber provocado y estimulado el levantamiento. En octubre del año siguiente, el gobierno mexicano despacha a la frontera norteamericana una comisión al mando del brigadier general de Mier y Terán, encargada de examinar la situación en la región. El 14 de noviembre de 1829, de Mier y Terán informaba al ministro de guerra: "El departamento de Texas está contiguo a la nación más ávida del mundo". Aconsejaba que se reforzaran las guarniciones y se establecieran allí unas mil familias mexicanas. En enero siguiente insistía: "si no se suspenden los contratos de colonización a los norteamericanos, y no se vigilan las condiciones de los establecimientos, es necesario decir que la provincia se ha entregado ya a los extranjeros, definitivamente.". Y en otra vez: "La única defensa real de Texas es la ocupación permanente."

Pero la secuela más importante del conato separatista es la orden del presidente Adams a Poinsett -15 de marzo de 1827- para que aconseje la conveniencia de una nueva línea fronteriza, que resuelva por anticipado los problemas que se avizoraban ya para el futuro. Adams creía que el momento era propicio para tal gestión. Dos líneas sugería el presidente. La primera partía de la desembocadura del río Grande. La segunda, de la desembocadura del río Colorado. Estados Unidos estaba dispuesto a indemnizar a México. Un millón de dólares por la primera línea; medio millón por la segunda. El río fronterizo sería de libre navegación para los dos países. Un año más tarde, el 8 de enero de 1828, Poinsett informa al secretario de Estado Clay que si bien el gobierno central podía mostrarse inclinado a un arreglo fronterizo, no podía tomar decisión alguna sobre el territorio de un estado sin acuerdo con su gobierno y su pueblo, y como el gobierno del estado de Texas parecía poco dispuesto, sugería que se reconociera la frontera establecida por el tratado hispano-norteamericano suscrito en Washington en 1819 -tratado Adams-Onís  o trascontinental-, pues de lo contrario se aumentarían las sospechas mexicanas contra los Estados Unidos. El 12 de enero, Poinsett suscribe un nuevo tratado obligando a su país a poner en ejecución el de Washington. El congreso mexicano lo ratificó en los meses inmediatos. La frontera del tratado de 1819 comienza en el Golfo de México, en la desembocadura del río Sabinas, y trepa zigzagueante hacia el noroeste, recorriendo a ratos el mismo Sabinas, el Colorado, el Arkansas, el San Clemente, los paralelos 32, 33, 33 1/4, 42 y 43, hasta el Pacífico

Mas, Poinsett es hombre tenaz. Hasta la obstinación. Hasta la obsesión. El 10 de marzo de 1829 escribe el nuevo secretario de Estado, Van Buren: "El gabinete de San Jaime se nos había adelantado... El mismo presidente (el general Victoria) sentía gran parcialidad por esas relaciones... Creía que nosotros éramos los enemigos naturales de México... De acuerdo con el secretario de Relaciones Exteriores, Don Lucas Alamán, había formado un plan para negociar un nuevo tratado de límites por el cual nosotros íbamos a ser reducidos hasta la margen del Misisipí, pues creían que por el tratado de Washington habíamos injustamente privando a España de una gran porción de su territorio. Por lo tanto sorprendiéronse sobremanera cuando esta Legación no hizo objeción alguna a renovar las negociaciones sobre la totalidad del problema, con la declaración de que en ese caso los Estados Unidos tomarían como límite la línea del río Bravo del Norte, pues "las razones que los habían inducido a ceder España sus derechos a ese territorio no tenían aplicación a este país." Según este criterio, Texas, hasta el río Grande, se hallaba comprendida en la cesión de la Luisiana por Francia a los Estados Unidos en 1803, e indebidamente fue transferida por Estados Unidos a España por el tratado de 1819. De aquí que la anexión de Texas a Estados Unidos ahora, solo sería, en rigor, su recuperación, su reanexión. El reanexionismo era una postura meramente legalista, no diferente en el fondo del anexionismo esclavista. Henry Clay, por ejemplo, reanexionista, disputando la presidencia con Polk, declaró: "lejos de tener alguna objeción personal a la anexión de Texas, la vería con gusto, si se efectuara sin deshonor, sin ir a la guerra…"

Pero el tratado de límites de 1828 nació vinculado al primer tratado de comercio mexicano-norteamericano, del 10 de julio de 1826. Y en su oportunidad se vio como Estados Unidos apremiaba a México por la ratificación del tratado de comercio, y México a Estados Unidos por la del de límites, y como México frenaba el trámite de aquél mientras Estados Unidos no ratificase éste, y a la inversa. En el curso de estas negociaciones, el gobierno de México reclama a Poinsett contra la concentración de tropas norteamericanas en sus fronteras y Poinsett contesta que, aunque no había la menor intención de invadir territorio mexicano, resultaba natural que su gobierno situara tropas a lo largo de la frontera como medida de prevención, hasta que se ratificara el tratado de amistad y comercio, al fin y al cabo retrasado por culpa de México." Refiriéndose a los incidentes con los colonos norteamericanos, Poinsett agregó que "si los grupos que habitaban la frontera creían que podían continuar atacando las colonias norteamericanas, estaban completamente equivocados, pues los perseguirían, si era necesario, dentro del territorio mexicano" -Poinsett al secretario de estado Van Buren México, 22 de agosto de 1829. 

El nuevo tratado se publica en Estados Unidos sólo cuatro años más tarde. Entonces el gobierno mexicano demanda de Washington la designación de los respectivos comisionados para la fijación de la frontera. Washington contesta que "el lapso de tiempo fijado para dicho nombramiento había finalizado en el mes de abril de 1832, y consideraba necesario hacer una convención de la que resultara un nuevo tratado..." -McLane, secretario de estado, a Butler, ministro en México. Washington, 12 de enero de 1834.

México insiste todavía a lo largo de 1834. Y cuando Forsyth llega al Departamento de Estado en reemplazo de McLane, el ministro mexicano en Washington, Castillo y Lanzas, le historia el problema e insiste en la designación de los comisionados norteamericanos -4 de diciembre. Forsyth responde que ha ordenado a Butler proseguir la negociación en Ciudad de México. Y en efecto, el 21 de diciembre, Butler dice al canciller mexicano, Francisco M. Lombardo, que ha sido instruido para tratar la cuestión fronteriza. Butler anuncia por primera vez la nueva tesis de Jackson: el tratado de 1819 es nulo: "México está en posesión de un territorio que no le pertenece de derecho." La tesis se completa con una declaración terminante: "Debemos recuperar Texas pacíficamente si es posible; por la guerra, si es ese nuestro deber." Es el reverso de la teoría de Poinsett. O, mejor, su desarrollo. Sólo que ahora México está sentado en el banquillo... Butler sostiene que el problema debe replantearse totalmente. Y advierte: conviene a México concluir la discusión de fronteras. Gutiérrez Estrada, que ha reemplazado a Lombardo, le contesta que ha radicado las discusiones en Washington e instruido en tal sentido a su representante en esa capital…

Castillo y Lanzas abre su correspondencia del año 35 con una nota reservada a su gobierno, fechada el 2 de enero. Da cuenta de los embarques de gente de Estados Unidos a Texas, totalmente al margen de la ley mexicana. Los habitantes de Texas se consideran ya, de hecho, fuera de la Federación Mexicana. Enseguida se refiere a "los miserables ardides con que ese gobierno está procurando diferir la negociación pendiente para proceder a la demarcación de límites y el interés que así descubre en que ésta no se lleve a efecto". México está frente a un dilema, dice Castillo y Lanzas, vender Texas o advertir a Estados Unidos que no está dispuesto a desprenderse de ella. 

Una nueva convención firmada en 1836 amplía los plazos para la fijación de límites. Forsyth la objeta: "Estados Unidos no la considera satisfactoria" -1° de abril. Es la última referencia al tratado de 1828. Pero a esa fecha, hacía ya casi un año que Washington había destacado al general Gaines a la frontera, con un regimiento de infantería, listo para cruzarla hacia Texas. La cruzaría tres meses más tarde... Y ya se había proclamado la República de Texas. El tratado de 1828 había devenido obsoleto…


(Tomado de: Medina Castro, Manuel. El Gran despojo. Texas, Nuevo México y California. Editorial Diógenes, S. A. México, Distrito Federal, septiembre de 1971)

miércoles, 14 de mayo de 2025

Baldemar Velásquez

 


Baldemar Velásquez 


Es el símbolo de la lucha de los trabajadores agrícolas en el medio oeste norteamericano, seguidor de la huella de César Chávez. Nació en 1947 en Pharr, Texas. Como hijo de trabajadores agrícolas de origen mexicano, comenzó a trabajar en el campo a la edad de seis años y logró educarse a base de esfuerzos personales. En 1967 formó el Farm Labor Organizing Committee (FLOC), hoy la organización sindical de trabajadores agrícolas con mayor número de afiliados, cerca de 7000 en las áreas de Ohio y Michigan. En 1978 encabezó la huelga agrícola más grande en la historia del medio oeste norteamericano con más de 2000 trabajadores realizando el boicot a la sopa de tomate contra la empresa transnacional Campbell. Después de siete años de boicot y mostrando su visión política logró que por primera vez se elaboraran las reglas de las negociación de los derechos de los campesinos en esa región, a través de un comité independiente encabezado por el prestigiado economista John Dunlop. Así, logró sentar en la mesa de las negociaciones a la compañía internacional, a los rancheros y a trabajadores agrícolas.

A partir de entonces ha firmado otros acuerdos con empresas como la Dean Foods. Con dos principios que han guiado su vida, su fe católica y la igualdad del ser humano, Baldemar ha llevado la lucha del trabajador del campo no sólo en el ámbito económico y político, sino en el familiar, involucrando la lucha con la educación, la vivienda y la situación migratoria. En 1994 el gobierno mexicano le otorgó El Águila Azteca en reconocimiento a su labor de defensa de los mexicanos trabajadores agrícolas. 


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

sábado, 19 de abril de 2025

Texas, Nuevo México, California… I



Texas, Nuevo México, California…


I


Determinó la esclavitud la desmembración de México? ¿Hubiera ocurrido sin ella? 


La carta de Benjamín Franklin a su hijo William, fechada en Londres el 28 de agosto de 1767, refiriéndole sus entrevistas con lord Shelburne, sobre el proyecto de colonización del Valle del Misisipí, "...en la bahía de México, para ser usado contra Cuba o el mismo México...", descubre que la anexión de la isla y la de México, o, por lo menos, de una parte de éste, está ya en la mente de las clases dirigentes de las trece colonias. 

Ya la memoria secreta del Conde de Aranda a Carlos III, en el temprano 1783, prevenía: "Esta república federal ha nacido pigmea... Vendrá un día en que será un gigante, un coloso temible en esas comarcas... El primer paso será apoderarse de las Floridas para dominar el Golfo de México. Después de habernos hecho dificultoso el comercio con la Nueva España, aspirará a la conquista de este vasto imperio que no nos será posible defender contra una potencia formidable establecida en el mismo continente y, a más de eso limítrofe... ¿Cómo podemos nosotros esperar que los americanos respeten el reino de la Nueva España cuando tengan facilidad de apoderarse de este rico y hermoso país?”.

En abril de 1802, Jefferson instruía a Livingston, primer ministro en París: "En el globo existe un solo sitio cuyo propietario es nuestro enemigo natural: es Nueva Orleans, por donde deben pasar al mercado tres octavos de lo que produce nuestro territorio. Francia, al colocarse en tal puerta, asume respecto a nosotros una actitud de desafío. España podía haberlo conservado, tranquilamente, por años; su estado es tan débil que difícilmente sentiríamos su posesión de ese lugar, y no pasaría mucho tiempo sin que surgiera algunas circunstancia que resultaría en la sesión, por lo que valía la pena esperarnos." Y Livingston contestaba a Jefferson: "Como parte del territorio de España, Luisiana no tiene frontera precisa, por lo que es fácil prever el destino de México.”

Es muy conocida la advertencia del embajador español en Washington, Luis de Onís, al virrey de México, Francisco Xavier Venegas, en nota reservada, fechada en Filadelfia, el 10 de Abril de 1812: "Cada día se van desarrollando más y más las ideas ambiciosas de esta república, y confirmándose sus miras hostiles contra España. V. E. se haya enterado ya por mi correspondencia que este gobierno se ha propuesto nada menos que fijar sus límites en la embocadura del río Norte o Bravo [o río Grande], siguiendo su curso hasta el grado 31, y desde allí, tirando una línea recta hasta el mar Pacífico, tomándose por consiguiente las provincias de Texas, Nueva Santander, Coahuila, Nuevo México y parte de la provincia de Nueva Vizcaya y la Sonora. Parecerá un delirio ese proyecto a toda persona sensata; pero no es menos seguro que el proyecto existe, y que se ha levantado un plano expresamente de estas provincias por orden del Gobierno, incluyendo también en dichos límites la isla de Cuba, como una pertenencia natural de la república.”

El mismo año 1812, el insurgente mexicano Bernardo Gutiérrez de Lara acude a Monroe, entonces secretario de Estado, en pos de ayuda para la independencia de su país. Monroe se la ofrece, pero exige la seguridad de que el nuevo Estado adopte la forma federal y se incorpore a Estados Unidos. 

Todo este periodo, desde fines del siglo XVIII y durante toda la lucha independentista de México, está lleno de historias de expediciones contra el territorio mexicano, organizadas en territorio norteamericano, patrocinadas, o, por lo menos, permitidas por las autoridades norteamericanas. 

En 1818, a propósito de la sesión de la Florida por España a Estados Unidos, surgió la discusión de los límites entre Estados Unidos y Nueva España. Entonces John  Quincy Adams sostuvo al mismo Luis de Onís: "Que el Misisipí en todo su curso hasta el Océano fue descubierto por súbditos franceses, desde el Canadá, en 1663; que La Salle, francés, comisionado y facultado por Luis XIV, descubrió la Bahía de San Bernardo y formó allí una colonia en el año 1665, al Oeste del Río Colorado, y que siempre se había entendido, como por derecho debía entenderse, que aquella posesión en la Bahía de San Bernardo, en conexión con la del Misisipí, se extendía hasta el Río Bravo…”.

En 1820, el puritano Moisés Austin, de Luisiana, obtiene del gobernador español de Texas permiso para introducir 300 familias norteamericanas. Cada colono recibirá 640 acres, más 320 para la esposa, 100 para cada hijo y 50 para cada esclavo. Los colonos profesarán la fe católica, jurarán fidelidad al rey y se obligarán a defender el territorio contra los indios y los filibusteros. En 1823 el gobierno independiente ratificó la concesión de Austin. "La ayuda que Poinsett prestó a Austin debió ser muy fuerte, pues consiguió que los hombres de Estado de México pusieran su atención en el proyecto y que decidieran en un asunto que les repelía…”  Poinsett había llegado a fines de octubre de 1822, con "carácter particular", pero a bordo de un buque de guerra de los Estados Unidos. Aunque solo se trataba de una visita muy breve, apenas duró catorce días, Poinsett llevó tan lejos su influencia como que obtuvo la libertad de 23 norteamericanos que conspiraban para la segregación de Texas. Eran los primeros... Nuevas concesiones atrajeron mayor número de colonos. En 1827 llegaron a 10,000. En 1820, a 20,000. Hacia 1826 ya se alzan contra México. Y nuevamente es Poinsett quien media a su favor. 

Y el sondeo "informal" de Poinsett en las conferencias del 7 y 8 de noviembre de 1822, descritas por Francisco de Paula Azcárate, comisionado de Iturbide: "Encontré que el señor Poinsett sobre una mesa tenía extendido el mapa de América de Melish y que con vista de él se empeñó en persuadirme que la línea tirada desde la embocadura del río Sabina... no era el lindero mejor para perpetuar la división del territorio de la nación mexicana y el de los Estados Unidos... y aunque era cierto que la línea referida estaba convenida por el Tratado de Onís, enviado de la España, supuesta nuestra gloriosa independencia, se podría variar de mutuo acuerdo eligiendo tierras que con viveza me señalaba en el mismo mapa, sin mentar siquiera su nombre, y así recorrió de mar a mar. Percibí que la idea era absorberse toda la provincia de Texas, y parte del reino de León para hacerse de puertos, embocaduras de ríos y barras en el Seno Mexicano; tomarse la mayor parte de la Provincia de Coahuila, la Sonora y California baja, toda la Alta y el Nuevo México, logrando así hacerse de minerales ricos, de tierras feracísimas y de puertos excelentes en el mar del Sur. 

"...al día siguiente, antes de entrar en materia, le presenté mi credencial y le exigí la suya. Sin leer la mía, me repuso no venir con carácter público alguno, sino sólo como un viajero que manifestaba francamente sus opiniones…

"...alargamos la discusión y entonces pude percibir que sus objetos eran 5: 1° apoderarse de todas las tierras feracísimas y ricas de minerales que he referido; 2° tener puertos en una y otra mar para hacer exclusivamente el comercio interior de las provincias mediterráneas de nuestro territorio por el Río grande del Norte cuya navegación facilitaríase con botes de vapor; 3° hacerse exclusivamente del comercio de la peletería de castor, oso, racón, marta, sibolos, grasas y otros renglones...; 4° apropiarse exclusivamente la pesquería de la perla que se hace en las costas interiores y exteriores de ambas Californias, la de la nutria, la del vayenato, la de la cachalaza, la de la sardina y la de la concha...; 5° apropiarse también el comercio de cabotaje…”.

Poinsett fue acreditado como ministro más tarde, en 1825. Las instrucciones de Clay -marzo 26- le ordenaban negociar nuevos límites, "más lógicos y ventajosos..." Entonces Poinsett dedicó sus mejores energías a trabajar por la frontera que había propuesto en 1822. Para favorecer su plan, organiza las logias yorquinas, a través de las cuales crea el "partido americano", fuerza primigenia de la antipatria. Tras bastidores, Poinsett intriga, divide, enreda, azuza, maneja el entreguismo criollo, prepara la mutilación territorial. Hasta que la animosidad popular impone su retiro, a fines de 1829. "Su primer paso había sido formar una institución egoísta que se extendió que se extendió por toda la comunidad, que admitió en su seno a toda clase de gente, sin discriminación alguna, y que acabó siendo la directora de los destinos de la nación... Esta sociedad toma posesión del gobierno, arruina las finanzas, desorganiza el ejército, destruye la confianza pública, y quita de lugares de responsabilidad a todos aquellos cuyo patriotismo hubiera sido una garantía de buena administración..." - Anthony Butler, sucesor de Poinsett, a Van Buren, , secretario de Estado. México, 21 de mayo de 1830. 


Pero sería injusto desdeñar el arsenal de los antagonistas. Que, además, resulta altamente ilustrativo. 

"Nada es más fluctuante que el valor de los esclavos; una de las últimas leyes de Luisiana lo redujo en veinticinco por ciento a las veinticuatro horas de conocerse el proyecto. Si nos tocara la suerte -y confío que así sucederá- de adquirir Texas, el precio de los esclavos aumentaría." Es el razonamiento de Upshur, en la Convención de Virginia, en 1829. Fue más tarde Upshur fue más tarde secretario de Estado en el gobierno de Taylor, en las vísperas de la invasión y la guerra. 

Doddrigde, otro convencional, agrega: "La adquisición de Texas elevaría considerablemente el valor de los esclavos."

Pronto el debate llega al senado. He aquí Cómo opina Calhoun en mayo de 1836, ya segregada Texas: "Existen poderosas razones para que Texas forme parte de la Unión. Los Estados del sur, poblados por esclavos, están profundamente interesados en prevenir que la nación disponga de un poder que los moleste; y los intereses marítimos y manufactureros del Norte están igualmente interesados en hacer a Texas parte de la Unión." Calhoun sería después secretario de Estado de Taylor. 

En agosto de 1843, el secretario de Estado Upshur escribe el encargado de negocios de los Estados Unidos en Texas, W. S. Murphy: "El establecimiento en el centro mismo de nuestros estados esclavistas  de un país independiente, cuyo gobierno prohibiera la existencia de la esclavitud, sin embargo de estar ese país habitado por personas que en su gran mayoría nacieron entre nosotros, educada según nuestras costumbres y vulgarizadoras de nuestro idioma, no dejaría de producir los más desventurados efectos en los dos partidos. Si Texas estuviera en tal condición, su territorio proporcionaría un fácil refugio a los esclavos fugitivos de Luisiana y Arkansas y sería un apoyo para ellos, un estímulo para que se fugaran, lo que posiblemente no podría contrarrestarse por los reglamentos municipales ni por los de esos Estados."

El 18 de enero de 1844 Murphy dice a Upshur: "Si Texas no se agregara a los Estados Unidos, no podría mantener esa institución diez años y, probablemente, ni la mitad de ese tiempo."

El 24 de septiembre insistía: "La Constitución de Texas asegura al amo el derecho perpetuo sobre el esclavo y prohíbe la introducción a Texas de esclavos procedentes de otras partes, salvo de los Estados Unidos... Si los Estados Unidos conservan y aseguran a Texas la posesión de su Constitución y la presente forma de gobierno, habremos ganado todo lo que podemos desear y también todo lo que Texas pide y anhela…""

Y el 23 de mayo de 1844, suscrita ya la anexión, Green, encargado de negocios de Estados Unidos en México, dice a Bocanegra, ministro de Relaciones Exteriores de México: "El suscrito ha recibido, también, instrucciones para notificar al Gobierno mexicano que este paso fue impuesto a los Estados Unidos, para su defensa propia, como consecuencia de la política adoptada por la Gran Bretaña respecto a la abolición de la esclavitud en Texas. Era imposible para los Estados Unidos presenciar con indiferencia los esfuerzos de la Gran Bretaña para abolir la esclavitud en ese territorio. No podía dejar de ver que la Gran Bretaña poseía los medios, en vista de la efectiva condición de Texas, para cumplir los objetivos de su política, salvo que fueran evitados por eficientes medidas, ya que, de consumarse, conducirían a un estado de cosas peligroso, en exceso, para los Estados adyacentes y para la Unión misma."


Otros testimonios concilian los puntos de vista: "La anexión ha sido una medida política largo tiempo acariciada y creída indispensable (por los Estados Unidos) para su salvaguardia y bienestar y, en tal virtud, ha sido un objeto constantemente perseguido por todos los partidos, y su adquisición fue asunto de negociaciones de todos los gobiernos durante los últimos veinte años... El azar de un asunto de política sobre asuntos importantes entre los Estados Unidos y una de las principales potencias de Europa desde el reconocimiento de Texas, ha vuelto la adquisición más esencial, todavía, para la salvaguardia y seguridad de los Estados Unidos, y, en consecuencia, ha aumentado proporcionalmente la necesidad de la adquisición." Quien así se expresa es nada menos que el ministro de los Estados Unidos en México, Shanon, en nota dirigida al ministro de Relaciones Exteriores de México, Rejón, el 14 de octubre de 1844.


Pero la desmembración de México se hubiera producido igual con o sin la esclavitud. La tendencia expansionista es una de las constantes de la historia norteamericana. La esclavitud es un fenómeno superviniente y coadyuvante. Ya antes, Estados Unidos había adquirido la Luisiana y las Floridas. Y después del desgarramiento de México, Estados Unidos toma las Filipinas, Puerto Rico, Panamá. Para no entrar en el orden de la expansión económico-política. Admitir que la esclavitud determinó las desmembración de México equivale a olvidar toda la historia de los Estados Unidos, velar su carácter expansionista, cerrar los ojos a la perspectiva histórica. 

Fundamentalmente, equivale a olvidar la naturaleza de la formación histórica que Estados Unidos representa.


(Tomado de: Medina Castro, Manuel. El Gran despojo. Texas, Nuevo México y California. Editorial Diógenes, S. A. México, Distrito Federal, septiembre de 1971)


lunes, 2 de diciembre de 2024

José Ángel Gutiérrez

 


José Ángel Gutiérrez 


Fue fundador de la Organización de la Juventud Mexicano-Americana (MAYO) y del Partido de la Raza Unida de Texas, organizaciones diseñadas para conquistar, a través de las urnas, el control de las instituciones políticas, económicas y educativas en aquellas comunidades donde los chicanos eran mayoría. MAYO inició su lucha a finales de los años sesenta en la zona de Winter Garden, Texas, tomando como centro de operación la población de Crystal City. Bajo la dirección de Gutiérrez, MAYO dio paso a la creación del Partido de la Raza Unida de Texas en 1970. Esta tercera opción política representó una oportunidad real de determinación política para la población de origen mexicano. No sólo tuvo éxito en las urnas, ganando cargos en la dirección de educación, alcaldías y municipios en Crystal City, Cotulla y Carrizo Springs, sino que su sola presencia atrajo la atención de los hispanos hacia la política y preparó el camino para futuros líderes políticos durante y después del movimiento chicano. A su activismo político se agregan sus más de veinte años de fructífera carrera académica en distintas universidades de la Unión Americana, reflejada en ensayos y libros como "Prodigy" o Ignacio García's United We Win: Armando Navarro's Mexican American Youth Organization: Avant Garde of the Chicago Movement in Texas. Es ahora Director del Centro de Estudios Mexicano Americanos de la Universidad de Texas en Arlington. Todos los ámbitos de su vida han estado marcados por la lucha permanente para fortalecer la dignidad de los mexicanos y darles un lugar en la sociedad norteamericana.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

jueves, 28 de noviembre de 2024

Mexicanos en Estados Unidos, historia de una minoría IV Arizona


Mexicanos en Estados Unidos, historia de una minoría IV 

Arizona 

La colonización de Arizona provino del norte del estado mexicano de Sonora y comenzó en los siglos XVII y XVIII, por una serie de misiones que abrieron los valles de los ríos de San Miguel, Altar, Santa Cruz y San Pedro. Continuó el proceso de colonización más que nada en forma de latifundios, sujetos a continuas invasiones de los indios. Cuando en 1751 se retiraron temporalmente las tropas mexicanas, las incursiones de los apaches arrasaron casi toda la provincia, cuya extensión cubría casi todo lo que ahora es Arizona. Un precario equilibrio de fuerzas militares se logró después, y entonces lentamente, en los años posteriores, los indios lograron otra vez la superioridad, al grado de que, en 1856, casi todos los colonos de Arizona vivían en la ciudad fortificada de Tucson, para protegerse.

En Arizona el cambio a la supremacía anglo fue menos doloroso que en otras partes, porque había muy pocos residentes mexicanos. En la década de 1880 el colapso final de la resistencia de los indios coincidió muy estrechamente con el principio de la minería a gran escala y la construcción de ferrocarriles. Los pocos mexicanos que vivían en Arizona no fueron lo suficientemente numerosos para alimentar el apetito insaciable de mano de obra barata. Se importaron miles de brazos más por medio de los mercados de trabajo de Laredo y de El Paso. En esta forma el modelo texano de transición al trabajo asalariado apareció muy pronto en Arizona, y con él la lúgubre sucesión de linchamientos, asesinatos impunes y actos de cuerpos de vigilantes, contra una población de clase trabajadora a la que se consideraba de raza diferente.

Los lineamientos de la colonización de Arizona se caracterizan por el gran número de poblaciones mineras aisladas, casi todas ellas formadas por una gran mayoría de mexicanos. Algunos eran nativos, otros fueron importados. Otros más probablemente llegaron a las minas cuando estas abrieron o se cerraron por la misma compañía, que tenía pertenencias en diferentes partes.

Estas poblaciones formadas por empresas mineras empezaron a aparecer en gran número allá por 1880, casi siempre en lugares sumamente aislados como eran Tubac, Miami, San Manuel, Mamooth, Walker, Dewey, Morenci, Duquesne, Metcalf, Ajo, Bluebell y muchos otros. Algunas todavía existen, otras se han convertido en poblaciones fantasmas. Los puestos mineros avanzados también dieron ímpetu a la creación de numerosas poblaciones mayores de Arizona como Bisbee, Prescott y Douglas. Generalmente las poblaciones mineras estaban totalmente aisladas de la sociedad normal americana de la época. Algunos de estos pueblos o eran muy pequeños o estaban por entero bajo la férula de un solo patrono, que no proveía sino los más rudimentarios servicios públicos. Desde el principio hubo una separación rígida por ocupaciones, que implicaba la segregación de los mexicanos de los anglos, con caracteres discriminatorios adicionales, como la implantación de un horario especial para mexicanos en las tiendas de las compañías.

El cobre fue el producto mineral más importante de Arizona y su explotación aumentó rápidamente debido a la gran demanda nacional de equipo eléctrico. En pequeña escala existía también la ganadería y el cultivo de algodón, pero a causa de la aridez de las tierras, estas actividades eran arriesgadas e implicaban costos muy altos. Los mismos intereses que controlaban la economía, controlaban políticamente el gobierno del territorio. En estas regiones del oeste de los Estados Unidos, tan aislados del resto del país, no podía ser de otra forma. Los gobiernos territoriales eran brevemente definidos como "malos gobiernos" por un Congreso lejano, que no tenía responsabilidad alguna para con los habitantes; se disponía apenas de presupuestos limitados para destacamentos militares, servicio indígena, construcción de carreteras y rutas postales, y de una administración pública frecuentemente inadecuada y corrupta.


(Tomado de: W. Moore, Joan - Mexicanos en Estados Unidos (historia de una minoría). Cuadernos Mexicanos, año II, número 92. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)

martes, 10 de septiembre de 2024

Yucatán y Texas: una alianza entre rebeldes, 1841-1843, 1

 


(Sam Houston)


Yucatán y Texas: una alianza entre rebeldes, 1841-1843 

La escena y los personajes 



La República de Texas existió como tal desde el 2 de marzo de 1836, en que declaró su independencia de México, hasta el 16 de febrero de 1846, en que se anexó a Estados Unidos como el estado número 28. Por su localización geográfica, sus recursos potenciales y las circunstancias que le dieron origen como república independiente de México, Texas fue de gran interés comercial y estratégico no solo para México y Estados Unidos, sino también para Inglaterra, Francia y otros países europeos. 

Uno de los uno de los principales actores del drama que empieza a principios de 1836 fue Samuel L. Houston, presidente de la República de Texas en dos ocasiones: de septiembre de 1836 a fines de noviembre de 1838, con Lamar como vicepresidente, y de diciembre de 1841 a fines de noviembre de 1844. En su primera administración tomó posesión del cargo antes de la fecha prevista por la constitución texana, debido a su gran popularidad. En su discurso inaugural habló muy poco y superficialmente de su programa de gobierno, el cual de hecho estaba basado en la inminente anexión de Texas a Estados Unidos. Su gabinete reunió a personas de varias tendencias políticas en un invento en un intento por unificarlas. 

Líder de la oposición en contra de Lamar, Houston fue el candidato más esperado para derrotarlo en las elecciones. Su segunda administración unida a un Congreso conservador, fue el opuesto de la ambiciosa y costosa presidencia de Lamar. Los cortes presupuestales del 6° Congreso fueron tajantes. Se eliminaron muchos puestos públicos, se redujeron las plazas burocráticas, se bajaron los salarios. Los gastos militares posteriores a 1841 se limitaron a mantener a un reducido grupo de rangers. Su política pacifista con los indios, especialmente con los cherokees, ahorró vidas y dinero. 

Figura muy popular por su papel central en la revolución texana, Houston poseía experiencia política desde sus años al lado de Andrew Jackson. Totalmente opuesto a Lamar y muy crítico de su administración, canceló y revirtió todas las medidas tomadas por éste cuando asumió la presidencia por segunda vez: fuertes cortes presupuestales frente a la banca rota en la que Lamar dejó al gobierno tejano. En cuestiones políticas, la tendencia de la población tejana fue dividirse en facciones pro o antiHouston, ya que, en términos generales, sólo una minoría de los habitantes creía firmemente en la existencia promisoria de una Texas independiente; la mayoría deseaba y esperaba, como Houston, su anexión a Estados Unidos y celebró este hecho cuando finalmente ocurrió. 

Llama la atención que le interesara más deshacerse del ejército que incrementar su fuerza, especialmente frente a la amenaza de una confrontación con México. En mayo de 1837 licenció a todas las tropas exceptuando a 600, soldados ofreciéndoles transporte gratuito a Nueva Orleans a aquellos que decidieran regresar a Estados Unidos, o bien 1,280 acres de tierra a aquellos que aceptaran el licenciamiento y decidieran asentarse en Texas. Para equilibrar la disminución de fuerzas bélicas, el Congreso creó a los Texas Rangers. Esta institución se encargaría principalmente de lidiar con el problema indio, el cual Houston trató de resolver lo más pacíficamente posible, preservando los derechos de los cherokees, pero sin llegar a una solución duradera. 

Para los efectos de este trabajo podemos resumir la postura de Houston de la siguiente forma: estaba a favor de la anexión de Texas a Estados Unidos y en contra de llegar a la guerra con México. Cuantos menos choques con éste, mejor. 

Por su parte Mirabeau B. Lamar fue presidente de diciembre de 1838 a fines de noviembre de 1841, presentando en su discurso inaugural y primer mensaje al Congreso un ambicioso programa congruente con su idea de unas Texas independiente y de irse a la guerra con México si fuera necesario. Realizó intentos de establecer la paz con el descontento vecino, pero condicionados al reconocimiento por parte de México de la independencia tejana. Se puede afirmar que su política de defensa nacional fue muy agresiva. 

Su política financiera fue dispendiosa, otorgando mucho presupuesto para el ejército y la marina, lo que ocasionó un aumento tremendo de la deuda pública y exterior, que empeoró con la emisión de papel moneda. Le interesó conservar la flota texana, hacer alianzas bélicas con Yucatán en contra de México e intentar quitarle a éste el territorio de Santa Fe. Se manifestó a favor del bloqueo de los puertos mexicanos y desde fechas tempranas, como miembro del gabinete de Burnet, se negó a firmar el tratado de Velasco con Santa Anna, pues opinaba que éste debía ser juzgado en una corte marcial y ejecutado. 

Lamar puso en práctica una política sumamente agresiva y violenta contra los indios, especialmente contra los cherokees. Inmediatamente después de tomar posesión de la presidencia anunció un drástico cambio en la política india, estableciendo que los indios, o se plegaban a las leyes texanas, o dejaban la nación o serían exterminados. Algunos autores afirman que la administración de Lamar fue marcada por las más sangrientas guerras de indios que ocurrieron en la historia de Texas. Muy criticado por su administración, agobiado por problemas de todo tipo -financieros y bancarrota, la alianza con Yucatán, la expedición a Santa Fe, la agresión contra los indios- se tuvo que enfrentar al partido de Houston, quien desde el Congreso se opuso a todos sus proyectos. 

Con respecto al papel jugado por las potencias europeas, Houston decidió buscar su reconocimiento con la aprobación del Congreso, en el verano de 1837, convencido de que Estados Unidos, en esos momentos, no consideraría la anexión de Texas. Sin embargo, la actitud inicial de lord Palmerston, ministro de Asuntos Extranjeros inglés, fue de indiferencia, y las razones para ello eran que Gran Bretaña se oponía a la esclavitud, los capitalistas ingleses tenían millones invertidos en bonos mexicanos y a su gobierno no le interesaba ayudar a una nación que probablemente pronto se uniría a Estados Unidos. 

la situación cambió a raíz de la guerra de los Pasteles y del cambio en la política tanto de Houston como especialmente de Lamar. James Hamilton, el enviado de Lamar a Europa, tuvo más éxito con los franceses, logrando la firma de un tratado de comercio el 25 de septiembre de 1839, aunque no logró que le concedieran un ansiado préstamo. De esta forma, Francia fue la primera nación que reconoció la independencia tejana, lo que llevó luego a la república a firmar un tratado con Holanda en septiembre de 1840. 

El reconocimiento diplomático de Gran Bretaña fue posterior al de Francia y se dio en respuesta a las tendencias anexionistas cada vez más fuertes en Texas. En noviembre de 1840 Palmerston y Hamilton firmaron un tratado de comercio y navegación que obligaba a Gran Bretaña a ser mediadora en el conflicto con México, y a darle a Texas 5 000 000 de dólares de la deuda mexicana contraída con los poseedores de bonos ingleses. A cambio de ello se le daba a Gran Bretaña manga ancha en la supresión del tráfico de esclavos. Este tratado, a pesar de las dudas del senado texano, fue ratificado en 1842. Por lo tanto, no les interesaba a los ingleses el bloqueo de los puertos mexicanos por la flota texana, pues ello entorpecería las prácticas de paz.

A estas alturas, tanto Francia como Gran Bretaña estaban ansiosas por prevenir la anexión de Texas. A principios de 1844 el ministro de Relaciones Exteriores inglés le presentó al representante mexicano en Londres un plan para lograr que Texas no se anexara a Estados Unidos. Tal plan implicaba el reconocimiento de la independencia texana, así como la garantía de los límites entre ambos ambas naciones bajo la supervisión de ingleses y franceses. 

Sin embargo, la anexión de Texas fue uno de los principales asuntos en la campaña presidencial de 1844 en Estados Unidos, por lo que se decidió suspender toda decisión hasta después de las elecciones. La razón de esto es que muchos estadounidenses estaban en contra de Inglaterra y se creía que si los ingleses intervenían en el asunto, ello no haría más que acelerar el proceso de la anexión. 

La postura de México en relación con la independencia y anexión de Texas fue siempre muy clara: de franca oposición. Sistemáticamente se negó a hacer la paz con Texas y a reconocer su independencia, estableciendo que su anexión a Estados Unidos sería causa de guerra. Fueron las luchas intestinas y el vacío de poder político en México, más que la fuerza de los texanos, los que permitieron a Texas y el gobierno de Houston mantenerse a salvo de las amenazas mexicanas. 

El tratado de Velasco, firmado el 14 de mayo de 1836 por el presidente Burnet y Santa Anna, fue casi inmediatamente rechazado por el Congreso mexicano, mientras que el gobierno anunciaba su intención de someter a Texas a como diera lugar. El presidente Houston, convencido de que México tenía demasiadas dificultades internas como para cumplir con sus amenazas, no tomó ninguna medida al respecto. 

Cuando Lamar subió a la presidencia en diciembre de 1838, la situación se tornó más crítica, ya que manifestó que "si la paz sólo puede ser obtenida por la espada, dejemos a la espada a hacer su trabajo". No obstante, al mismo tiempo que establecía una política de franca hostilidad hacia México, también emprendió negociaciones de paz. 

En el otoño de 1839, mientras México estaba inmerso en la corta pero costosa guerra de los Pasteles con Francia, Lamar aprovechó la oportunidad para mandar al primer comisionado texano Barnard E. Bee, a negociar el reconocimiento de la independencia tejana y de la frontera en el Río Bravo a cambio de 5 000 000 de dólares. A pesar de contar con el apoyo del ministro inglés en México, Richard Pakenham, Bee fracasó. A fines de ese mismo año, Lamar envió a James Treat en una misión similar e igualmente improductiva, que duró diez meses y en la que el gobierno mexicano participó solamente para mantener a la flota texana alejada de los puertos nacionales. No obstante la asistencia del ministro inglés en las negociaciones, asistencia que estaba ahora respaldada por el tratado firmado con Gran Bretaña en 1840, la misión del tercer comisionado texano, James Webb, tampoco tuvo éxito. Webb regresó a Texas con la recomendación de prepararse inmediatamente para la guerra. Fue a raíz de estas noticias que Lamar decidió entrar en tratos con Yucatán y establecer una alianza de apoyo mutuo en contra de México. 

Así, a pesar de la hostilidad manifiesta de Lamar en contra de México, de su ayuda a los federalistas yucatecos y de la expedición a Santa Fe, que resultó en la invasión de Texas por México en 1842, ni Texas ni México estuvieron nunca en posición de hacerse la guerra realmente. De nuevo en el poder, Houston tomó una actitud cautelosa hacia México, y aunque pidió refuerzos, armas y dinero a Estados Unidos, acabó vetando la decisión del Congreso de declarar la guerra. Proclamó una tregua en junio de 1843, y el 15 de febrero del siguiente año, los comisionados de Texas y México firmaron un acuerdo de armisticio. Sin embargo, las negociaciones terminaron abruptamente cuando el gobierno mexicano se enteró de que Houston había firmado en secreto un tratado de anexión de Texas a Estados Unidos. 

A los texanos les interesaban sobre todo las relaciones con Estados Unidos, tanto durante la revolución como durante la república. El gobierno texano buscó la ayuda estadounidense, a veces la intervención directa a su favor, o el reconocimiento diplomático y aún la anexión lo antes posible. 

Houston fue el presidente que más asiduamente buscó el apoyo y la anexión a Estados Unidos, considerando que el voto que lo llevó a ese cargo en septiembre de 1836 era un voto a favor de dicha anexión. Sin embargo, sus comisionados en Washington no encontraron mucha respuesta a estos anhelos, ya que había serias dudas de que Texas pudiera mantener su independencia, miedo de ofender a México y la creencia de que el reconocimiento diplomático sería el primer paso rumbo a la anexión. Al final de su administración, el presidente Jackson nombró a Alcee La Branche encargado de negocios de Estados Unidos en Texas. 

Después del reconocimiento, Texas presionó por la anexión, pero la propuesta hecha por Hunt, uno de los comisionados, en agosto de 1837, fue rechazada bajo el argumento de que lo impedían los tratados celebrados con México. Había, además, mucha oposición a la anexión por parte de los antiesclavistas. Cuando Lamar subió la presidencia, el Congreso texano retiró la petición en enero de 1839 y no se volvió a hablar de anexión por un buen tiempo.

Algunos autores opinan que si algo de positivo tuvieron las expediciones texanas a Santa Fe y Mier fue que encendieron nuevamente el interés del público estadounidense por Texas, a la vez que se dieron otras circunstancias, que revivieron las discusiones con respecto a su anexión. Entre éstas está el hecho de que Houston reiniciara las negociaciones al respecto con la administración del presidente John Tyler. Éste las aceptó quizá por miedo a la creciente influencia de Gran Bretaña sobre Texas. Houston, por su parte, puso dos condiciones: que las fuerzas armadas estadounidenses se prepararán para impedir cualquier invasión de Texas y que las negociaciones se mantuvieran en secreto. 

Vale la pena destacar este periodo de las relaciones Texas-Estados Unidos, especialmente por los personajes que intervinieron en los acontecimientos: el sureño John C. Calhoun sustituyó A. P.  Upshur como secretario de Estado de Tyler, y preocupado por lo que consideró una política imperialista agresiva de Gran Bretaña, accedió a las demandas de Houston, además de que tenía interés en aumentar el territorio de estados esclavistas dentro de la Unión. El 12 de abril de 1844 Calhoun firmó un tratado con los comisionados texanos que establecía la anexión de Texas a Estados Unidos en calidad de territorio, a cambio de lo cual Estados Unidos asumiría la deuda texana. No obstante, en los siguientes meses el Senado estadounidense rechazó el acuerdo por la oposición de los antiesclavistas. 

*

Otra circunstancia importante fue el lugar destacado que ocupó la anexión de Texas dentro de los temas de la campaña presidencial estadounidense de 1844. Martin van Buren perdió la nominación al partido demócrata por manifestarse en contra de la anexión, quedando como candidato a la presidencia James Polk, abiertamente anexionista. Enfrentándose a Henry Clay, el candidato whig que se oponía a la anexión inmediata de Texas. Polk resultó electo, con lo que la anexión fue prácticamente un hecho consumado. 

Sin embargo, por indicaciones de Tyler al Congreso, las condiciones de la anexión fueron establecidas el 28 de febrero de 1845 en una resolución conjunta de las cámaras antes de que Polk asumiera la presidencia. Los términos de la misma fueron los siguientes: Texas entraría a la Unión como un estado; Estados Unidos se encargaría de ajustar todas las cuestiones relativas a los límites internacionales; toda la propiedad pública texana, incluyendo la flota naval, puestos militares, fortificaciones y armamento, sería cedida al gobierno estadounidense; Texas retendría su public domain para pagar su deuda pública; con el consentimiento de Texas podrían constituirse hasta cuatro estados en su territorio; la esclavitud estaría prohibida en el estado formado al norte del paralelo 36° 30'; y el presidente podría vetar la resolución conjunta del Congreso y proponer otro tratado de anexión. 

Si bien Polk se manifestó de acuerdo con la resolución proporcionada por Tyler, los retrasos en su aprobación y firma a finales provinieron del presidente de Texas, Anson Jones, así como de los agentes de Inglaterra y Francia, Charles Elliot y el conde de Saligny respectivamente, quienes seguían tratando de impedir la anexión mediante el reconocimiento de la independencia texana por parte de México. No obstante, la presión de la opinión pública en favor de la anexión forzó el presidente Anson a convocar a las cámaras en Austin a principios del mes de julio. La convención estudió tanto la resolución como el tratado con México que Elliot había formulado, rechazando unánimemente este último y recomendando la aprobación de la propuesta hecha por Estados Unidos. Tras la votación en favor de la anexión y de la aprobación de una constitución tejana recién redactada, el 29 de diciembre de 1845 Polk firmó la incorporación oficial de Texas a la Unión, la cual se verificó en forma definitiva el 16 de febrero de 1846.


(Tomado de: Careaga Viliesid, Lorena - De llaves y cerrojos: Yucatán, Texas y Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, Distrito Federal, 2000)

lunes, 27 de mayo de 2024

Reies López Tijerina

 


Reies López Tijerina


Fue para muchos un símbolo desafiante de la estructura norteamericana. Nació en Fall City, Texas, en 1926, en el seno de una familia de trabajadores agrícolas migrantes. Ministro protestante, fundamentalista, apodado el "Tigre" por su carácter combativo, encabezó en Nuevo México la lucha más grande de los tiempos modernos por el derecho a las tierras perdidas.

En un principio su activismo proponía la devolución de la propiedad de Tierra Amarilla, Nuevo México, a sus legítimos dueños por la vía constitucional, sustentando su demanda en los derechos que otorgaba el Tratado de Guadalupe-Hidalgo. Tras varios rechazos de los tribunales, Tijerina cambió de estrategia, reorganizó la Alianza Federal de Pueblos Libres y, emulando el movimiento civil de los negros, logró atraer a su causa a activistas del movimiento chicano y grupos pro derechos civiles. Sus métodos de lucha, que mostraron que los chicanos eran capaces de usar la violencia como acto político, lo llevaron a innumerables conflictos no sólo con las autoridades anglosajonas sino con los propios mexicano-americanos; conflictos que lo condujeron a la cárcel y el debilitamiento de su movimiento. Para Tijerina la lucha por la tierra era la lucha por la dignificación de la comunidad mexicano-americana oprimida y sojuzgada.

[Falleció en El Paso, Texas, en 2015]


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

jueves, 1 de junio de 2023

José Justo Corro

 


José Justo Corro

Nacido en Guadalajara, en el estado de Jalisco, en 1794, murió en la misma ciudad en 1864. Cursó estudios de abogacía y fue ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos (del 18 de marzo de 1835 al 26 de febrero de 1836). Cuando falleció el general Miguel Barragán, presidente interino por la ausencia del general López de Santa Anna, que estaba batallando contra los texanos, la Cámara de Diputados, en su sesión del día 27 de febrero de 1836, lo designó presidente de la República, cargo que ostentaría hasta el 19 de abril de 1837. Durante su periodo presidencial, se produjeron algunos acontecimientos señalados, como la retirada de las fuerzas mexicanas del territorio de Texas, que se perdió por completo para México, debido a la derrota de Santa Anna y la promulgación por el Congreso, el día 30 de diciembre de 1836, de las Siete Leyes constitucionales. Corro convocó elecciones y cedió el poder a Anastasio Bustamante para retirarse a la vida privada.


(Tomado de: Grandes personajes universales y de México. Océano Grupo Editorial, S. A. Barcelona, España, 1998)