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viernes, 15 de abril de 2022

¿Quién excomulgó a Miguel Hidalgo?

 


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¿Quién excomulgó a Hidalgo?

La Inquisición recordaba en todo momento que el principio de obediencia seguía vigente a pesar de la insurrección. Los insurgentes estaban expuestos a penas de excomunión, como la que recibió Hidalgo por herejía y apostasía. Se le acusaba no tanto por sedición, sino por "errores groseros contra la fe", en concreto contra la eucaristía y la confesión. También en temas mariológicos y por fomentar prácticas inmorales. Al responder a la acusación, Hidalgo dijo en su defensa que si no hubiera sido por su levantamiento militar, no habría sido amenazado de excomunión. Las penas le parecían abusivas y las denunció. Al final, el obispo electo de Michoacán, don Manuel Abad y Queipo, decretó su excomunión ferendae sententiae en Valladolid (ahora Morelia), el 24 de septiembre de 1810. Queipo había sido amigo personal de Hidalgo, pero se opuso desde un principio al movimiento de Independencia, pues defendía la soberanía española. Este tipo de excomunión consiste en obtener la sentencia del juicio de una corte eclesiástica. Difiere de la otra forma, late sententiae, la cual es automática y se lleva a cabo en el momento mismo del acto herético.

Al año siguiente se le hizo a Hidalgo la pregunta fundamental: ¿creía compatible su estado clerical y la doctrina evangélica con la insurrección, luchar por la independencia y romper la unidad de la monarquía política? A pesar de la excomunión que le decretó el obispo Abad y Queipo, la Inquisición no lanzó contra él ningún cargo por cuestiones de fe y de costumbres. Finalmente se le impuso la pena de dimisión del estado clerical por fomentar la insurrección. Por medio de una ceremonia de terrible escenificación, perdió el fuero eclesiástico y fue entregado al brazo secular. La ejecución se llevó a cabo el 30 de julio de 1811.

Esta medida provocó los ataques de los insurgentes contra Abad y Queipo, quien irónicamente fue una de las figuras más sobresalientes del clero novohispano. Fue una de las primeras personas en pronosticar la posibilidad de un levantamiento armado si no se mejoraban las condiciones de los indios y las castas. Dirigió a Carlos IV su célebre obra Representación al rey, sobre inmunidades al clero. Queipo escribe sobre una sociedad virreinal con notables síntomas de descontento. En ese documento pospuso la abolición general del tributo a los indios y a las castas, sectores sociales marcados por el maltrato. Se atrevió a proponer una distribución igualitaria de las tierras y la libertad para establecer fábricas de algodón y lana. Sin embargo, tras enviar un informe para denunciar los actos violentos de Calleja, viajó a España para asistir a un interrogatorio por sus ideas liberales en beneficio de la independencia de América. Él mismo padeció en 1816 un proceso de la Inquisición por haber sido amigo de los insurgentes. En 1824 el régimen absolutista español lo encarceló en el monasterio de Sisla hasta su muerte en medio de la pobreza un año después.


Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

miércoles, 14 de marzo de 2018

Dr. Manuel Abad y Queipo



Nacido en Santa María de Villalpedre, Asturias; muerto en el convento de Sisla, Toledo, España (1751-1825). En Salamanca obtuvo los bachilleratos en Derecho y cánones. Pasó a Guatemala con el arzobispo Monroy y allí se ordenó presbítero. Residió desde 1784 en Valladolid (hoy Morelia), donde el obispo Antonio de san Miguel lo nombró juez de capellanía, fondos eclesiásticos y obras pías. En 805 la Universidad de Guadalajara le otorgó el doctorado en cánones. El consejo de Indias, a la muerte de San Miguel, lo designó canónigo penitenciario de la catedral de Morelia, a la que sirvió hasta 1815.

En 1799 dirigió a Carlos IV una Representación al rey, sobre inmunidades del clero, en la que expone la situación de la sociedad virreinal y advierte los síntomas de descontento en la Nueva España.

En este documento propuso la abolición general de los tributos a los indios y castas, y de la infamia de derecho que afectaba a éstas; la distribución gratuita entre unos y otras de todas las tierras realengas; una ley agraria que otorgara al pueblo una equivalencia de propiedad en las tierras incultas de los grandes propietarios, por medio de locaciones de veinte y treinta años, en que no se pagasen alcabala ni pensión alguna; y la libertad irrestricta para establecer fábricas ordinarias de algodón y lana.

En 1804 se opuso a los intentos de Godoy de desamortizar los bienes de la Iglesia y en 1807 viajó a España en busca de su habilitación, pues su condición de hijo natural le vedaba aspirar a cargos de mayor jerarquía. Regresó con el puesto de previsor y vicario general y en 1810 la regencia lo nombró Obispo electo de Michoacán. Tomó posesión del cargo antes de que llegaran las bulas pontificias, que nunca consiguió.

Se opuso al movimiento de Independencia constante y enérgicamente, defendiendo siempre la soberanía española. Había sido amigo particular de Miguel Hidalgo, e inclusive cultivó amistad con quienes concurrieron a las juntas de Valladolid y San Miguel el Grande. Sin embargo, el 24 de septiembre de 1810 dictó y publicó el decreto de excomunión de Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo por “perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos, perjuros, que han incurrido en la excomunión mayor del Canon: Siquis suadente Diabolo”. Los insurgentes impugnaron la legalidad de la excomunión, basados en la precaria investidura de Abad y Queipo.  

En 1815, éste envió un informe a Fernando VII, denunciando los desaciertos de Félix María Calleja y la falta de prudencia de Lardizábal, ministro de Indias. Fue llamado a España con el pretexto de que informara sobre el movimiento de Independencia, pero en realidad para que respondiera a las denuncias y cargos que se le hacían por sus “ideas liberales y benéficas en favor de las Américas y sus habitantes”. No obstante, el rey lo nombró ministro de Gracia y Justicia, el 24 de junio de 1816; pero tres días después fue suspendido y e le siguió proceso ante la Inquisición, acusado de ser amigo de los insurgentes, de vida irreligiosa y de ideas revolucionarias. Estuvo preso dos meses en las cárceles del santo Oficio. La revolución de 1820 lo designó miembro de la Junta Provisional, encargada de vigilar la conducta de Fernando VII, y posteriormente diputado a Cortes por la provincia de Asturias.

Obtuvo el obispado de Tortosa, pero tampoco logró las bulas papales. Y en 1824, ya octogenario y sordo, la reacción absolutista lo encarceló de nuevo en el monasterio de Sisla. Muchos de sus escritos fueron publicados en el Seminario político y literario y en el Observador de la República Mexicana. Una Colección de escritos más importantes apareció en la Ciudad de México en 1813, y su Testamento político en la Historia de Lucas Alamán.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen I, A - Bajío)