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jueves, 4 de julio de 2019

Carlos Francisco de Croix

Nació en Lille, Francia, en 1699; murió en Valencia, España, en 1786. Sirvió en el ejército español, del que fue general. Nombrado cuadragésimo quinto virrey de Nueva España, gobernó del 25 de agosto de 1766 al 22 de septiembre de 1771. Su único principio fue la obediencia absoluta al rey, a quien siempre llamó “mi amo”.


Le tocó ejecutar la expulsión de los jesuitas (25 de junio de 1767) y practicar el secuestro de los bienes de la Compañía, contando con la eficaz ayuda del visitador Gálvez; y recibir las tropas que envió España a causa de su guerra con Inglaterra: los regimientos de infantería de Saboya, Flandes y Ultonia, que llegaron a Veracruz el 18 de junio de 1768, y la de Zamora, Guadalajara, Castilla y Granada, que arribaron más tarde, haciendo un total de 10 mil hombres. A causa de sus uniformes blancos, a estos soldados se les llamó blanquillos, todos los cuales regresaron a la postre a la metrópoli. Los oficiales del regimiento de Zamora organizaron los cuerpos de milicias. Durante la administración de Croix se construyó el castillo de Perote, se amplió al doble el espacio de la Alameda de la Ciudad de México y se quitó de la vista pública el quemadero de la Inquisición.


En las postrimerías de su mandato (13 de enero de 1771) comenzó el IV Concilio Mexicano, cuyas deliberaciones no fueron aprobadas por el Consejo de Indias ni por el Papa. Croix pidió y obtuvo que el sueldo del virrey se aumentara de 40 mil a 60 mil pesos anuales. Introdujo la comida y las modas francesas. Al retirarse del virreinato, Carlos III lo nombró capitán general de Valencia.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. de C. V. D. F., 1977 tomo III, Colima - Familia)

martes, 12 de marzo de 2019

Rafael Landívar




Oriundo de Guatemala, (1734-1789), hizo estudios en México, donde estuvo diez años, y demostró hacia el país su gratitud al recordarlo durante el destierro en su Rusticatio mexicana, obra que le sitúa con honor en la literatura nacional, sin que por eso deje de pertenecer a la del país donde nació. Como rector del seminario de San F. de Borja, obedeció la orden de expulsión y marchó a Italia con los demás jesuitas.

En 1781 se publicó en Módena la primera edición de la Rusticatio, que se reimprimió en Bolonia al año siguiente. Landívar describe en ese poema aspectos de la naturaleza en México y Guatemala. Lo escribió en latín porque lo destinaba a lectores cultos y para librarse del prosaísmo con que se reaccionó contra los excesos del siglo precedente.

Fallecido Landívar en Bolonia, el 27 de septiembre de 1793, se le sepultó en la iglesia de Santa María Muratelli, de la cual fueron exhumados sus restos en 1950, para trasladarlos a Guatemala, en donde se erigió un monumento digno del poeta.



(Tomado de: Francisco Monterde – Literatura mexicana durante el siglo XVIII. Historia de México, tomo 7. El Despertar Ilustrado. Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V. México. D.F., 1978)

viernes, 1 de marzo de 2019

La expulsión de los jesuitas y el inicio de la guerra de Independencia



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¿Cómo influyó la expulsión de los jesuitas en la conformación de la Independencia mexicana?

La expulsión de los jesuitas provocó un descontento generalizado que permeó las distintas capas de las esferas sociales novohispanas. En la Nueva España, las élites recibían educación de los jesuitas, quienes además promovían el culto a la Virgen de Guadalupe. La expulsión tuvo severas consecuencias morales en la población, pues una vez más la imposición venía de las autoridades metropolitanas. Contrario a las costumbres de las tres órdenes mendicantes (franciscanos, dominicos y agustinos), los jesuitas formaban sociedades autosuficientes que producían sus propias fuentes de abasto y se interesaban en la obtención de propiedades. Esto era mal visto, pues se consideraba que tales iniciativas contradecían la parquedad característica de las congregaciones religiosas.

En 1767 España impidió la permanencia de los jesuitas en territorio americano. Esto redujo considerablemente los recursos y los lugares intelectuales del patriotismo criollo, justo en el momento en que la ilustración aportaba nuevas ideas acerca de la historia. Los jesuitas ejercían una fuerte influencia sobre las opiniones y las actividades políticas. Esta cualidad les ganó el odio de los tiranos anticlericales. Entre 1760 y 1770 los jesuitas tuvieron que abandonar los distintos puntos en los que se encontraban. Carlos III de España había designado para la operación el envío de carrozas que conducían a los religiosos a los puertos para embarcarlos y enviarlos lejos lo antes posible. Lo mismo sucedió con los jesuitas en México. El virrey fue amenazado de muerte si permitía que uno solo de los religiosos se quedara en el país, pues eran ante todo una fuente de divulgación del poder y los educadores de la elite criolla. La edad de oro de los jesuitas en México fue de 1700 a 1767, cuando surgieron eruditos notables como Francisco Javier Alegre (1729-1788), Francisco Javier Clavijero (1731-1787), y Andrés Cavo (1739-1802).

El 2 de junio de 1767, antes del amanecer, un grupo de funcionarios reales penetraron en sus conventos y tomaron a los 678 miembros de la orden para obligarlos a dirigirse a Veracruz- en el momento en que se dio a conocer la noticia, un sinnúmero de personas se reunió para asistir al éxodo. La comitiva tuvo que abrirse paso a golpes. En diversos pueblos hubo revueltas que terminaron en 90 ejecuciones. En abril de 1768 la Inquisición recibió una carta firmada por los “Pobres Cristianos de Puebla”, advirtiendo del armamento popular en defensa de su religión. Se discutieron las medidas necesarias para extirpar el “fanatismo” que se había desencadenado a partir de la expulsión de la orden. 

Los diputados hispanoamericanos de las Cortes de Cádiz nunca lograron obtener el apoyo de sus compañeros para hacer que los jesuitas regresaran.

Los jesuitas dirigían 103 misiones indígenas y 23 colegios, en donde eran irremplazables. Cuando llegaron deportados a Europa, ningún país quiso recibirlos.

 Tuvieron que navegar largo tiempo por el Mar Mediterráneo hasta que encontraron un refugio temporal en la isla de Córcega, en el sur de Francia. Lo que resulta curioso es que una de las ciudades más importantes de América tuvo que recurrir de manera casi clandestina a un jesuita exiliado, Francisco Javier Clavijero, para que escribiera una historia acerca de la Nueva España en defensa de las teorías antiamericanistas que circulaban en Europa. En el exilio jesuita fue donde el patriotismo criollo pudo enfrentarse a los golpes ideológicos de la Ilustración europea. Gran parte de los jesuitas exiliados no fueron hombres que ignoraran los avances del conocimiento; por el contrario, eran hombres que tenían conocimiento de las novedades científicas, de las corrientes filosóficas y de la misma historiografía del siglo XVIII europeo. Los jesuitas tuvieron la intuición suficiente para reconocer que era necesario dejar atrás la cultura barroca en la que estaba impregnada la sociedad novohispana durante el siglo XVII.

Esta ruptura en la vida cotidiana de la Nueva España ayudó a incrementar el descontento frente a las autoridades españolas. Abad y Queipo había previsto que la remoción de la orden sería una amenaza que debilitaría los vínculos de lealtad que estaban en el corazón y en la mente de la clase más baja. Las protestas en contra del acto demostraban hasta qué punto implícita o explícitamente el pueblo se había separado ya de la figura de autoridad a la cual estaba cansado de someterse.

(Tomado de: Cecilia Pacheco - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)



viernes, 1 de junio de 2018

Juan Bautista de Anza

Juan Bautista de Anza





Nació en el Presidio Fronteras y murió en Arizpe, ambos en la provincia de Sonora (1734-1788). Se inició en la milicia, en el propio cuartel donde nació, hijo del militar del mismo nombre que participó en la colonización de Chihuahua, el 1° de julio de 1755. Estuvo al frente de la compañía presidial de Tubac. Formó parte de cinco expediciones contra los seris. Fue de los oficiales encargados de expulsar a los jesuitas de la Provincia. En 1772, ante el avance de rusos e ingleses sobre California, planteó al virrey Bucareli la conveniencia de abrir un camino terrestre de Sonora a la Alta California. El 17 de septiembre de 1773 se le dio la autorización y partió de Tubac, Arizona, el 8 de enero de 1774; llegó al Río Colorado, a las costas del Pacífico (15 de marzo) y al puerto de Monterrey (18 de abril), tras una escala en la misión de San Gabriel (fundada por fray Junípero Serra). Regresó a Tubac el 27 de mayo, después de haber recorrido 594 leguas.



Se le ascendió a teniente coronel. En México entregó al virrey Bucareli el Diario de su viaje. Volvió al noroeste para organizar otra expedición, ahora hasta Monterrey y San Francisco, llevando cientos de familias a través del desierto en busca de un lugar adecuado para fundar un presidio. Esta ha sido la migración mayor por tierra de una colonia en la historia de Norte América, antes de la colonización de Oregón. Semejante hazaña fue llamada la Anábasis de la historia de California. En 1777 se le nombró comandante de Sonora y gobernador de la Provincia de Nuevo México.



A su iniciativa se debe el levantamiento del plano de la Provincia por el cadete Bernardo de Miera. Organizó una nueva expedición para comunicar Nuevo México con Sonora, desde Santa Fe a la ciudad de Arizpe. En 1784 se le separó del gobierno acusado de malos manejos, pero 2 años después se le reivindicó. Tuvo el mando de la Compañía Presidial de Tucson hasta su muerte. Los trabajos de exploración y colonización de Anza han sido ampliamente estudiados por los historiadores norteamericanos; Bowman y Heizer, por ejemplo, escribieron Anza and the Northwest Frontier of New Spain (Los Ángeles, 1967).


(Tomado de: Enciclopedia de México)

viernes, 23 de marzo de 2018

Francisco Javier Alegre





Jesuita, nació en el puerto de Veracruz en 1729; murió en Bolonia, Italia, en 1788. Estudió retórica y filosofía en la ciudad de Puebla, en el Real Seminario de San Ignacio, y a los 17 años de edad entró en la Compañía de Jesús haciendo su noviciado en Tepotztlán. Fue profesor de gramática en México y Veracruz, de retórica en la Habana y de cánones en Mérida. Más tarde fue llamado a México para que continuara la Historia de la Provincia, empezada por el padre Francisco de Florencia (1620-1695). Al ocurrir la expulsión de los jesuitas en 1767, partió desterrado a Italia. Consumado políglota, sabía hebreo, griego, latín, francés, inglés e italiano. Era, además, erudito en patrística, teología y filosofía escolástica y moderna, en matemáticas y en temas de la antigüedad clásica. Dejó escritas Alexandrías (1775), Homeri Ilias, latino carmine expressa (1776), institutionum Theologicarum libri XVIII (1789) y otras obras que permanecen inéditas. Poseedor de un estilo pleno de gallardía, facilidad y elegancia, sobresalió como prosista latino. Rehizo totalmente la historia de la Provincia de Jesús en Nueva España que había dejado Florencia, “dándonos la más hermosa crónica religiosa de cuantas se escribieron en Nueva España”, según dijera de ella Gabriel Méndez Plancarte. Obra de abundante documentación, excelente por el método y el estilo, fue escrita de 1764 a 1767. Constituye la fuente más completa acerca de la actividad misional y evangelizadora de los jesuitas en territorio mexicano.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Tomo I)