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lunes, 26 de mayo de 2025

Matías Romero, sobre la política que adoptará Lincoln, 1860

 


Matías Romero informa sobre la política que se supone adoptará Lincoln respecto a México al asumir el poder. 


Washington, noviembre 25 de 1860.

Excelentísimo señor ministro de Relaciones Exteriores.

Heroica Veracruz .

Excmo. señor:

Después de escrita mi nota reservada número trece, fecha de ayer, relativa a las complicaciones que hay en la política de este país y el provecho que de ellas puede sacar México, recibí una carta de una persona que reside en Nueva York, que se ocupa bastante de los sucesos de México y que asegura que ha adquirido de una fuente muy respetable y del carácter más fidedigno, lo que pasó a referir respecto de la política que la administración republicana, que se instalará el 4 de marzo próximo, se propone seguir en los negocios de México. 

La parte relativa de dicha carta es como sigue: 

"La política de la nueva administración será ocuparse desde luego de la cuestión mexicana haciendo de ella una cuestión nacional, a fin de distraer la atención pública del asunto de la esclavitud. Los dos grandes puntos de nuestra política con referencia a México serán: 

"1°- Asegurar una tranquilidad duradera en la República Mexicana con más efectivo auxilio moral y pecuniario, concedido al único partido que puede consolidar allí un Gobierno estable, el partido cuyos principios están de acuerdo con las tendencias del siglo, a saber, el partido liberal constitucional y 

"2°- Asegurar una gran expansión de nuestro tráfico con México, por medio de un tratado de comercio basado sobre principios amplios de reciprocidad mercantil. 

"La necesidad de facilitar de alguna manera fondos para sostener por algunos años un Gobierno estable se comprende en la primera proposición.

"El nombramiento de un nuevo Ministro será uno de los primeros actos de la próxima administración y se tendrá gran cuidado de elegir a una persona cuyos deseos y habilidades la hagan propia para desarrollar ese plan”.

Todo lo cual tengo la honra de comunicar a V. E. para conocimiento del Excmo. señor Presidente.

Reproduzco a V. E. con este motivo las seguridades de mi muy distinguida y respetuosa consideración. 

Dios y Libertad.


Matías Romero


(Tomado de: Tamayo, Jorge L. - Benito Juárez, documentos, discursos y correspondencia. Tomo 3. Secretaría del Patrimonio Nacional. México, 1965)

jueves, 20 de agosto de 2020

Ricardo Flores Magón


Político, nació en San Antonio Eloxochitlán, Oaxaca, en 1873; murió en la prisión norteamericana de Leavenworth, Kansas, en 1922. En 1892 fue encarcelado por vez primera, a consecuencias de una manifestación estudiantil contra el presidente Porfirio Díaz. Al año siguiente formó parte de la redacción del periódico oposicionista El Demócrata, que fue suprimido por la dictadura antes de haber cumplido tres meses de vida. En 1900 fundó, junto con su hermano mayor Jesús, el periódico Regeneración, cuya campaña contra el gobierno le ocasionaron nuevo encarcelamiento. En 1901 asistió al Primer Congreso de Clubes Liberales en San Luis Potosí, y en 1902 tomó a su cargo el periódico antirreeleccionista de caricaturas El Hijo del Ahuizote, que había fundado Daniel Cabrera. Cuando en 1903 el presidente Díaz ordenó al Tribunal Superior de Justicia que prohibiese la publicación de cualquier escrito de los Flores Magón, Ricardo y Enrique se trasladaron a E.U. En Laredo, Texas, volvieron a editar Regeneración, pero hostilizados por las autoridades estadounidenses se refugiaron en San Luis Missouri, en donde proclamaron en compañía de Juan Sarabia, Antonio I. Villarreal, Librado Rivera, Manuel Sarabia y Rosalío Bustamante, el Programa del Partido Liberal, cuya junta organizadora habían constituido.
Este documento, que Ricardo Flores Magón firmó en su calidad de presidente de la Junta, constituye un riguroso y severo análisis de la situación del país bajo la dictadura y anticipa las aspiraciones que posteriormente hizo suyas, la revolución de 1910 y muchas de las cuales se convirtieron en preceptos constitucionales. He aquí algunos de los puntos principales: reducir el período presidencial a cuatro años; suprimir la reelección para el Presidente y los gobernadores de los estados; abolir la pena de muerte, excepto para los traidores a la patria; agravar la responsabilidad de los funcionarios públicos; multiplicar las escuelas primarias y declarar obligatoria la instrucción hasta la edad de 14 años; pagar buenos sueldos a los maestros y hacer obligatoria la enseñanza de los rudimentos de artes y oficios, y la instrucción cívica; prescribir que los extranjeros, por el solo hecho de adquirir bienes raíces, pierden su nacionalidad primitiva y se hacen ciudadanos mexicanos; establecer un máximo de ocho horas de trabajo y un salario mínimo; reglamentar el servicio doméstico y el trabajo a domicilio; prohibir el empleo de niños menores de 14 años; obligar a los dueños de minas, fábricas y talleres a mantener las mejores condiciones de higiene y de seguridad en sus propiedades; obligar a los patronos o propietarios rurales a dar alojamiento adecuado a los trabajadores; obligar a los patronos a la indemnización por accidentes de trabajo; declarar nulas las deudas de los jornaleros del campo para con sus amos; prohibir que se pague a los obreros de cualquier otro modo que no sea con dinero efectivo; suprimir las tiendas de raya; exigir a las empresas a no emplear sino una minoría de extranjeros; hacer obligatorio el descanso dominical; recobrar para el Estado las tierras que sus dueños dejen improductivas; dar tierras a quien las solicite, sin más condición que dedicarlas a la producción agrícola y no venderlas; crear un banco agrícola que haga préstamos a los agricultores pobres; gravar el agio, los artículos de lujo y los vicios, y aligerar de contribuciones los artículos de primera necesidad; hacer práctico el juicio de amparo, simplificando el procedimiento; establecer la igualdad civil para todos los hijos del mismo padre; establecer colonias penitenciarias de regeneración, en lugar de cárceles y penitenciarías; suprimir los jefes políticos; robustecer el poder municipal; proteger a los indios; estrechar lazos de unión con los países latinoamericanos; y confiscar, al triunfo de la revolución, los bienes de los funcionarios enriquecidos durante la dictadura. Se proponía, finalmente, reformar la Constitución en cuanto fuese necesario para poner en vigor ese programa.
El embajador norteamericano en México, Thompson, informó a su gobierno que las actividades de los Flores Magón eran anarquistas en sus designios y abrigaban "el propósito de crear un sentimiento revolucionario en el pueblo mexicano". Y la representación de México en Washington, a su vez, requirió la aprehensión de los miembros de la Junta, para ser deportados bajo el cargo de conato de homicidio, robo y daño en propiedad ajena. "Los llamados revolucionarios -decía la instancia- tratan de cambiar un gobierno por otro; pero Flores Magón y sus secuaces no cuentan con nada que merezca llamarse un plan político; no constituyen ni remotamente un partido ni tienen en México una agrupación organizada. Sus propósitos se reducen al robo y al asesinato, al despojo y a la usurpación". En este clima de presión oficial, en agosto de 1907 Ricardo Flores Magón, Librado Rivera y Antonio I. Villarreal fueron arrestados en Los Ángeles, Cal., por Thomas H. Furlong, jefe de la agencia de detectives Pinkerton, quien en 3 años había detenido y deportado a México a 180 revolucionarios refugiados en E.U. Esta vez, los dirigentes liberales fueron condenados a 36 meses de prisión, cuya sentencia cumplieron en Yuma y luego en Florence, ambas en Arizona.
Desde la cárcel, Flores Magón organizó el levantamiento previsto para el 25 de junio de 1908. Librado Rivera, su compañero de prisión, escribió en esos días la siguiente nota: "En la cárcel del condado de Los Ángeles hay una tela doble de alambre que sirve de separación entre los visitantes y los presos. Ricardo encontró una rendija entre la reja y la pared por donde apenas podía caber una carta, y desde entonces ese fue nuestro medio de comunicación con nuestros compañeros de afuera; pero como los esbirros no tardaron en descubrirlo, taparon con cemento todas las hendeduras, obligándonos a sentarnos un poco retirados del alambrado. Ricardo aguzó su ingenio y siempre encontró otros medios de comunicación que tal vez algún día referiré". A juzgar por un testimonio de Enrique Flores Magón (El Demócrata, septiembre 5 de 1924), había entonces en México 64 grupos liberales armados y listos para entrar en acción contra el gobierno de Díaz. Según Rivera, éstos no pasaban de 40. De todas suertes, el 26 de junio las guerrillas mandadas por Benjamín Canales, Encarnación Díaz Guerra y Jesús M. Rangel atacaron el pueblo de Las Vacas, en cuya acción murieron 9 rebeldes; la víspera se levantó el grupo de Viesca, que derrotó a la policía y proclamó el Programa del Partido Liberal, pero que tuvo que huir a la postre; y el 1° de julio, once "libertarios mexicanos" -que así se llamaban a sí mismos- entraron a la población de Palomas, procedentes de El Paso, Texas, comandados por Praxedis G. Guerrero. Éstos lograron volver a territorio norteamericano, pero los alzados de Viesca, batidos y capturados por las tropas federales, fueron muertos, unos, y condenados otros a purgar penas de 15 a 20 años en la prisión de San Juan de Ulúa.
En agosto de 1910 salieron de la cárcel del Estado de Arizona Flores Magón, Rivera y Villarreal. El día 7 se celebró en Los Ángeles, Cal., un gran mitin del Partido Socialista, convocado expresamente para recibirlos. Ahí se colectaron Dls. 414, con cuyo fondo inicial volvió a editarse, por tercera vez, el periódico Regeneración. A partir de ese momento se vuelve expresa la franca orientación anarquista de los antiguos dirigentes liberales y de su órgano de difusión. El 3 de septiembre, ya en vísperas del plan maderista de San Luis Potosí, Flores Magón escribía: "Derramar sangre para llevar al poder a otro bandido que oprima al pueblo, es un crimen; y eso será lo que suceda si tomáis las armas sin más objeto que derribar a Díaz para poner en su lugar un nuevo gobernante... La libertad política es una mentira sin la libertad económica". Ya entonces el magonismo rechazaba la demanda de "sufragio efectivo y no reelección" y atribuía a la acción política y a la lucha armada el objetivo central de la toma de la tierra. "La tierra es de todos -decía Flores Magón-; la propiedad territorial está basada en el crimen y, por lo mismo, es una institución inmoral". El viejo lema del Partido Liberal, Reforma, Libertad y Justicia fue sustituido por el de Tierra y Libertad.
Francisco I. Madero, en el Plan de San Luis Potosí, convocó al pueblo mexicano a la sublevación nacional del 20 de noviembre de 1910. El día 16 anterior, Flores Magón, desde Los Ángeles, Cal., giró instrucciones a sus partidarios para que aprovechando la ocasión se rebelasen también, pero sin hacer causa común con los maderistas. "El Partido Antireeleccionista -decía- sólo quiere libertad política, dejando que los acaparadores de tierras conserven sus vastas propiedades... El Partido Liberal quiere libertad política y libertad económica por medio de la entrega al pueblo de las tierras que detentan los terratenientes". Y unos días después (26 de noviembre) añadía: "El Partido Liberal trabaja por el bienestar de las clases pobres de la sociedad mexicana; no importa candidatura alguna, porque esa es una cuestión que tiene que arreglar el pueblo. ¿Quiere éste amos? ¡Que los nombre!"; pero a continuación advertía: "Los gobiernos tienen que proteger el derecho de propiedad y están instituidos precisamente para proteger ese derecho con preferencia a cualquier otro. No esperemos, pues, que Madero lo ataque en beneficio del proletariado".
Los magonistas emprendieron varios hechos de armas. El 23 de diciembre, una partida al mando de Praxedis G. Guerrero se apoderó de un tren cerca de Ciudad Juárez, el cual abandonaron en la estación García para tomar a caballo las poblaciones de Casas Grandes y Janos, en Chihuahua. Guerrero murió en combate el día 30. En enero de 1911 había grupos liberales insurreccionados en Sonora, Chihuahua, Tlaxcala, Veracruz, Oaxaca, Morelos y Durango. Lázaro S. Alanís merodeó en la frontera haciéndose de pertrechos y Prisciliano G. Silva enarboló la bandera de Tierra y Libertad en Guadalupe, donde fue arrestado por el propio Madero el 15 del mes siguiente. Otro dirigente libertario, Gabino Cano, fue aprehendido  en circunstancias semejantes. Flores Magón publicó entonces un violento artículo contra Madero. Antonio I.Villarreal y otros jefes abandonaron el Partido Liberal y se pronunciaron por el maderismo. El Partido Socialista de los E.U. condenó a Flores Magón y le retiró su apoyo.
La Junta Organizadora del Partido Liberal decidió concentrar toda su acción en la toma del Distrito Norte de la Baja California. Del 29 de enero de 1911, en que un grupo anarquista asaltó Mexicali, hasta el 22 de junio siguiente, en que las fuerzas federales derrotaron en Tijuana a quienes pretendieron instituir una república independiente, aprovechando la crisis provocada por la reciente sublevación nacional.
Mientras tanto, Francisco I. Madero quiso persuadir al Partido Liberal de que pactara una alianza con el Partido Antireeleccionista, llegando al extremo de enviar a Los Ángeles, con esa misión, a Jesús, hermano del líder anarquista, y a Juan Sarabia. Ricardo Flores Magón rechazó las proposiciones de de entendimiento, muy a pesar de que el 25 de mayo había renunciado Porfirio Díaz a la Presidencia.
El 14 de junio de ese año, la policía norteamericana allanó las oficinas del periódico Regeneración y detuvo a Ricardo y Enrique, a Librado Rivera y a Anselmo L. Figueroa, acusados de haber violado las leyes de neutralidad. A principios de septiembre salieron en libertad bajo fianza y el día 23 publicaron un manifiesto que sustituía el programa del 1° de julio de 1906: "Abolir el principio de la propiedad privada -decía- significa el aniquilamiento de todas las instituciones que componen el ambiente dentro del cual se asfixian la libre iniciativa y la libre asociación de los seres humanos". En octubre, Mother Jones, muy conocida en los medios socialistas de E.U., visitó al grupo, en comisión del gobierno de México, para pedir nuevamente a los rebeldes que regresaran al país e hicieran la paz con Madero. Flores Magón repuso: "Preferimos las inquietudes de nuestra vida de perseguidos a las delicias de una vida ociosa comprada con una traición".

Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen IV, - Familia - Futbol)

miércoles, 8 de enero de 2020

El Partido Liberal Mexicano

Históricamente, la Revolución Mexicana se venía gestando desde la celebración en febrero de 1901, del Congreso Liberal, convocado por el Club Liberal Ponciano Arriaga, de San Luis Potosí, presidido por el ingeniero Camilo Arriaga. De este Congreso salieron los principales precursores que organizaron el movimiento armado de 1906, como Ricardo Flores Magón, Juan Sarabia, Librado Rivera, etcétera: movimiento que tenía como bandera el programa acordado por la junta organizadora del Partido Liberal Mexicano y fechado el 1° de julio del propio año de 1906.” En efecto, perseguidos tenazmente por la policía, acosados por todo el aparato de represión del porfiriato, algunos de los miembros de los antiguos grupos liberales convocados por el Club Ponciano Arriaga se refugiaron en los Estados Unidos, en donde, burlando también la acción de la policía yanqui, instalaron la junta organizadora del Partido Liberal Mexicano.

Actuaron, Como dirigentes de esa junta, Ricardo Flores Magón, Juan Sarabia, Antonio I. Villarreal, Enrique Flores Magón, Librado Rivera, y Manuel Sarabia. Y en el Manifiesto a la nación dado a luz por los organizadores del partido liberal se expresaron los objetivos que el propio partido perseguía: “El partido liberal lucha contra el despotismo reinante en nuestra patria, y seguro como está de triunfar al fin sobre la dictadura, considera que ya es tiempo de declarar solemnemente ante el pueblo mexicano cuáles son, concretamente, los anhelos que se propone realizar cuando logre tener la influencia que se pretende en la orientación de los destinos nacionales.” Aprobado, el programa del Partido Liberal Mexicano, propuso: establecer la jornada de trabajo de ocho horas y elevar el estándar de vida de las clases trabajadoras. Reglamentar los servicios domésticos y el trabajo a domicilio. Garantizar el tiempo máximo de trabajo y el salario mínimo. Evitar el trabajo a personas menores de catorce años. Obligar a los patronos a crear condiciones de trabajo higiénicas de vida para los trabajadores, y a resguardarlos de peligros. Establecer indemnizaciones por accidentes de trabajo. Evitar que los patrones pagaran en otra forma que no fuera con dinero en efectivo. Suprimir las tiendas de raya. Prohibir las multas a los trabajadores, así como los descuentos a su jornal; o bien que le fuera retardado el pago de éste por más de una semana, o que se le negara el pago inmediato de lo devengado al que se separara de su trabajo. Obligar a las empresas y negociaciones a utilizar una mayoría de mexicanos como empleados, y a no diferenciar, en el pago de sueldos, a los extranjeros de los nacionales.

Menos justo que en materia obrera, lo fue en materia agraria el programa del partido liberal, puesto que olvidado de que lo fundamental de las actividades revolucionarias radicaba en la necesidad de acabar con los grandes latifundios y las haciendas en manos de nacionales y extranjeros, se conformó con proclamar el deber, para los propietarios de la tierra, de hacerla productiva, recomendando que el Estado recobrara la que no fuera objeto de producción a fin de repartirla entre quienes quisieran cultivarla, siempre con la obligación de no venderla; para que la diera a los mexicanos que desearan repatriarse con afanes agrícolas, fijando el Estado mismo la extensión a que tuvieran derecho. Además, sugirió también, que al triunfo del partido liberal, se confiscaran “los bienes de los funcionarios enriquecidos bajo la dictadura actual y lo que produzca se aplicará al cumplimiento del capítulo de tierras, especialmente a restituir a los yaquis, mayas, y otras tribus, comunidades o individuos, los terrenos de que fueron despojados”.

En el aspecto religioso exigió el estricto acatamiento a las leyes de Reforma. Y en cuanto al problema educativo, se pronunció en favor de la enseñanza laica y el adiestramiento, con la práctica en los talleres escolares, del ejercicio manual.

Con todo lo que de contradictorio y débil posee este programa, debe considerarse como el primer esfuerzo serio, coordinado, de los grupos oposicionistas, en su lucha contra el gobierno del general Díaz. Para explicarse estas contradicciones, hay que tener presente el espíritu pequeño burgués de los componentes del Partido Liberal Mexicano, su origen anarco-sindicalista y su extracción liberal clásica. Mas a pesar de estas limitaciones, el Partido Liberal Mexicano tuvo una gran influencia en la preparación de los ánimos y de la acción del pueblo contra la dictadura porfiriana. Pero su influencia no se detuvo allí, sino que rebasando los límites del tiempo, se hizo sentir, luego, en el pensamiento de los legisladores que en el constituyente de 1917 plasmaron, de un modo categórico, las aspiraciones más elementales de los obreros, de los campesinos, y del pueblo mexicano en general.

Pasando a vías de hecho y poniendo la teoría en práctica, el Partido Liberal Mexicano dirigió los movimientos huelguísticos más importantes de la primera década del siglo presente [siglo XX], así como los levantamientos campesinos que durante este mismo tiempo estallaron aquí y allá.

(Tomado de: Mancisidor, José - El fin del Porfiriato. Cuadernos Mexicanos, año I, número 41. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)

jueves, 19 de diciembre de 2019

Descomposición del Porfiriato


El porfiriato se hundía. El edificio construido a lo largo de una dictadura de tipo personal, se agrietaba en su propia base, a medida que esa dictadura personal perdía fuerza por la edad avanzada del Dictador. Al alborear el siglo presente el general Díaz había llegado ya a los setenta años y su muerte, esperada ya por sus amigos y colaboradores más cercanos, los alentaba a luchar entre sí por la conquista del poder.
“No era ya un misterio que la energía del viejo presidente se había convertido en un mito. Susurrábase en los corrillos de palacio, y aun de toda la corte, que el octogenario César trabajaba a fuerza de artificios: que un médico le aplicaba corrientes para animarlo, que le atormentaban los insomnios; perdía la memoria y hasta se decía que muchas veces, en los acuerdos con los ministros, caía en un sopor extraño y despachaba casi automáticamente los negocios.”
Aunque el porfiriato había surgido del esfuerzo del partido militar, éste veía ahora compartida su influencia con el partido científico, encabezado por el secretario de hacienda del própio régimen, José Ives Limantour, quien trataba de darle una filosofía, una tesis política y una base económica perdurables; apoyándose en la ciencia. “Los científicos -decía Luis Cabrera- aplican la ciencia a la resolución de nuestras cuestiones nacionales y para ello han estudiado todas las ciencias; todas menos una, que es la que ignoran… la ciencia del patriotismo.” Era, el partido científico, el más fuerte enemigo del partido militar. Y contra los científicos y los militares pugnaba, como tercero en discordia, el grupo encabezado por el gobernador de Veracruz, Teodoro A. Dehesa, el cual trataba de restar influjo, en el ánimo del general Díaz, a los científicos. En síntesis, en el seno de una dictadura surgida del poder del partido militar cuya fuerza dio al traste con el grupo civil de la Reforma, se suscitaba una lucha interna, a ratos disimulada, en otros violenta, que mermaba cada vez más la fuerza del régimen. 
Por otra parte, no mereciendo ya confianza a las fuerzas capitalistas exteriores un gobierno cuyo ocaso se hacía sentir cada vez más, aquéllas buscaban, en su afán de hacer sobrevivir el mismo estado de cosas reinante, a un nuevo caudillo popular que representara, en el futuro, el mismo papel que el propio general Díaz había representado, hasta entonces, en favor de sus poderosos intereses. Así, al despuntar el siglo presente [siglo XX], la dictadura porfiriana estaba herida de muerte. Su fin se aproximaba. Y si algo permitía que la vida del país permaneciera en relativa calma, no era la esperanza en la existencia, sino precisamente en la muerte del Dictador.


La oposición
Los voceros del porfiriato han llamado a este régimen el de la paz octaviana, queriendo significar, con esta denominación, que fue el régimen del reinado de la paz. Pero nada más falso. Porque en realidad, el porfiriato se asentó sobre la violencia, sobre la injusticia social y sobre los crímenes que, dizque para mantener la tranquilidad pública, perpetró día a día.
En el año de 1877 se sublevó, en la frontera norte del país, el coronel Pedro Valdés, proclamando la restauración del lerdismo; en 1876, lo había hecho ya el general Mariano Escobedo; en 1878, en Jalapa, Veracruz, Lorenzo Hernández y, en Tlapacoyan, Javier Espino. En 1879 en Monte Alto, el general Miguel Negrete; en Perote, el coronel Manuel Carreón; en Cosamaloapan, el teniente coronel José del Río; en Tlacotalpan, el comandante Francisco A. Nava. Igualmente en 1879, tuvieron lugar los fusilamientos de Veracruz. en el mismo año de 1879 la situación militar de Tepic revistió características alarmantes, mientras en Sinaloa se sublevaba el general Jesús Ramírez Terrones y en Baja California el general Manuel Márquez León. En 1886 fue asesinado el general García de la Cadena y preso el capitán Martínez Arista.
En 1890 pasó la frontera, procedente de los Estados Unidos en donde se había organizado el Partido Revolucionario Mexicano, el general Francisco Ruiz Sandoval, quien obligado a retornar a su punto de salida, fue aprehendido por fuerzas norteamericanas prontas a socorrer al gobierno porfiriano. En 1892, tomaron incremento las actividades estudiantiles, en contra del Dictador.
El 8 de septiembre de 1893, El Hijo del Ahuizote se atrevió a denunciar: “Cincuenta muertos resultaron de un encuentro o encontrón entre sublevados de la frontera y las fuerzas del gobierno, en un punto llamado El Venado, cerca de Río Grande. La prensa amarilla no da importancia a aquellos mitotes, y nosotros repetimos: ‘No es nada lo del ojo’ “.
No fue, sin embargo, sino hasta finales del siglo pasado [siglo XIX] y principios del presente [siglo XX] cuando la oposición se organizó. No se trataba ya únicamente de alentar las sublevaciones, desvinculadas las unas de las otras, de tipo militar.
Se quería darle forma y señalar sus verdaderos móviles, que pretendían no sólo arrojar del poder al general Díaz, sino subvertir todo el orden establecido en el país.
Luis Cabrera, apuntando tiempo después las verdaderas causas de la lucha contra el porfiriato, señaló el origen de ellas: el caciquismo, el peonismo, el fabriquismo, el hacendismo, el cientificismo y el extranjerismo. Pero mientras no maduraban las ideas económicas y sociales, entre los oposicionistas la lucha contra la dictadura no adoptó sino caracteres meramente políticos. Fue hasta 1901, cuando nació el primer esfuerzo coordinado con un programa político a cumplir y con principios sociales a desarrollar. Al terminar el siglo XIX se había organizado, en San Luis Potosí, el grupo político Ponciano Arriaga bajo la dirección del ingeniero Camilo Arriaga. Los elementos que lo integraron perseguían, como objetivo concreto, el de una transformación radical en la vida de la nación. Figuraron en primera línea, en este club, el animador del mismo, ingeniero Arriaga y, con él, Juan Sarabia, Antonio Díaz Soto y Gama, Librado Rivera, Rosalío Bustamante, Humberto Macías Valadés, José y Benjamín Millán, Carlos y Julio B. Uranga y, aunque no tan destacadamente, sí con igual pasión Enrique Martínez Vargas Heliodoro Gómez, Juan Antonio Flores, José y Adalberto Muñoz, Armando Lozano, Alfredo Vázquez, Patricio Monsiváiz, Félix Gómez, Baldomero Camargo, Enrique espinosa, Víctor Monjaraz y otros.
El trabajo preliminar del club Ponciano Arriaga se desarrolló con un criterio anticlerical. La declaración del obispo de San Luis Potosí. Ignacio Montes de Oca y Obregón, en la que afirmó que el gobierno del general Díaz mantenía con el clero una política de conciliación, hasta el grado de que las leyes de Reforma no se aplicaban para beneficio de los intereses de la Iglesia, sirvió de acicate a todos los elementos liberales del país y los puso en pie de lucha. Fue entonces, cuando el ingeniero Arriaga excitó a quienes estaban decididos a oponerse a los designios del clero a fin de que organizaran grupos similares en toda la República convocándolos a un congreso, de carácter liberal, que se efectuó en San Luis Potosí, el 5 de febrero de 1901. Verificada la reunión, los ataque no se enderezaron solamente contra el clero, sino también contra el gobierno que los protegía.” Las primeras censuras que se escucharon estaban dirigidas contra el clero; pero después de haberse hecho consideraciones fundamentales, se tuvieron orientaciones más definidas y no sólo se atacaba al clero sino también al régimen de gobierno que era el verdadero responsable de aquella situación. Estas orientaciones se debieron principalmente a Juan Sarabia y a Ricardo Flores Magón (quien se encontraba como delegado), los cuales atacaron en sus discursos de una manera formidable a la dictadura.
Naturalmente, el gobierno del general Díaz hizo lo indecible por reprimir estas manifestaciones oposicionistas, aprovechando una nueva reunión de los liberales convocada en la propia ciudad de San Luis Potosí, para el 24 de enero de 1902. Todavía no se iniciaba la primera sesión cuando fueron detenidos todos los presentes, a quienes se mantuvo presos durante ocho meses, acusados del delito de rebelión, en la penitenciaría del Estado. No se evitó, sin embargo, que las ideas se concretaran alrededor de temas tan interesantes como los que el ingeniero Arriaga presentó a la consideración de los asambleístas: “1° Manera de complementar las leyes de Reforma y de hacer más exacta y eficaz su observancia. 2° Medidas encaminadas a hacer efectiva la libertad de imprenta. 3° Manera de implementar prácticamente y de garantizar la libertad del sufragio. 4° Organización y libertad municipales, y supresión de los jefes políticos.
Perseguidos los grupos liberales identificados con los propósitos del ingeniero Arriaga, la oposición no se desorganizó, sino que se ramificó en todas partes. Regeneración, el vocero mejor orientado de todos los órganos periodísticos de la época, hizo oír hasta en las más apartadas regiones de la República su palabra. “A Veracruz, a Tabasco, a Sonora, a Puebla, a Yucatán, etcétera, llevaba Regeneración gritos de rebeldía e impulsos de revolución social, política, económica y religiosa.
Mas no fue solamente Regeneración quien combatió contra el régimen porfiriano. A su protesta se unieron El Colmillo Público, Redención, Excélsior, El Diablito Rojo, El Paladín, La República, La Patria, El Constitucional, La Voz de Juárez, El Insurgente, El Chinaco, La Guacamaya, Aurora Democrática, El Progreso Latino, El mexicano, El Antireeleccionista, Nuevo México… La prensa oposicionista, perseguida, se reproducía constantemente bajo la creciente audacia de los periodistas independientes cuyos nombres se popularizaron en la lucha contra la dictadura. Paulino Martínez, Antonio Villarreal, Heriberto Jara, José D. Ramírez Garrido, Teodoro Hernández, Alfonso cravioto, Fernando Celada, Francisco César Morales, Ricardo Flores Magón, Santiago de la Vega, Santiago de la Hoz, Juan Sarabia… toda una generación dispuesta a enfrentarse a un estado de cosas cuya violencia hería su condición humana. “México -decía un periodista norteamericano- es un país sin libertad de palabra, sin prensa libre…” Con todo, la oposición tomaba forma. Se vertebraba. Dejaba de ser caótica y se orientaba, a la sombra de nuevos partidos políticos, con una dirección perfectamente organizada.


(Tomado de: Mancisidor, José - El fin del Porfiriato. Cuadernos Mexicanos, año I, número 41. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)

lunes, 19 de agosto de 2019

Proclama llamando a la insurrección, 1906


Proclama


A LA NACION*


Conciudadanos: en legítima defensa de las libertades holladas, de los derechos conculcados, de la dignidad de la patria pisoteada por el criminal despotismo del usurpador Porfirio Díaz; en defensa de nuestro honor y de nuestra vida amenazados por un gobierno que considera delito la honradez y ahoga en sangre los más legales y pacíficos intentos de emancipación; en (fene) defensa de la justicia, ultrajada sin tregua por el puñado de bandoleros que nos oprimen, nos rebelamos contra la dictadura de Porfirio Díaz, y no de pondremos las armas que hemos empuñado con toda justificación, hasta que en unión de todo el Partido Liberal Mexicano, hayamos hecho triunfar el programa promulgado el día 1° de julio del presente año, por la Junta Organizadora del Liberal.
Los excesos cometidos a diario por la dictadura en toda la extensión de nuestro infortunado país, los atentados contra el derecho electoral, contra el derecho de reunión, contra la libertad de imprenta y de discurso, contra la libertad de trabajo; las hecatombes con que sofoca el gobierno las manifestaciones de civismo, los asesinatos y los robos que cínicamente y en todas partes cometen las autoridades, el desprecio sistemático con que tratan al mexicano los actuales gobernantes, las consignaciones a los ciudadanos independientes, los empréstitos enormes con que la dictadura ha comprometido a la nación sin más objeto que el enriquecimiento de unos cuantos opresores, la indignidad de nuestros tiranos que han solicitado la invasión de nuestro territorio por fuerzas extranjeras,** y en una palabra, todo ese cúmulo de iniquidades, de opresiones, de latrocinios y de crímenes de todo género que caracterizan al gobierno porfirista, ameritan ser detenidos y castigados por el pueblo, que si durante treinta años ha sido respetuoso y humilde con la vana esperanza de que sus déspotas volvieran al buen camino, hoy que se ha convencido de su error y se ha cansado de soportar cadenas, ha de ser inflexible en la reivindicación de sus derechos.
Los crímenes cada día mayores de la dictadura, y la imposibilidad de ser atendidos por medios pacíficos, pues cuantas veces hemos querido ejercitar un derecho hemos sido atropellados por los tiranos, nos precipitan a la revolución; los que en ella vean un mal, no culpen al pueblo que durante treinta años ha sido de sobra pacífico y sufrido, culpen a la tiranía que por sus desenfrenos y su despótica intolerancia, nos ha hecho preciso recurrir a la fuerza de las armas para defender nuestros derechos y realizar nuestras justas y honradas aspiraciones.
No hay tras de nuestro movimiento miras ambiciosas ni personalismo. Luchamos por la patria, por todos los oprimidos en general, por el mejoramiento de todas las condiciones políticas y sociales de nuestro país, para beneficio de todos. Nuestra bandera de lucha es el Programa del Partido Liberal. La única autoridad que reconocemos mientras se establezca un gobierno elegido por el pueblo, es la Junta Organizadora del Partido Liberal. Somos una fracción de ese gran partido que ha luchado y luchará hasta vencer por la redención de la patria, y obramos de acuerdo con nuestros correligionarios del resto del país que, como nosotros, se han levantado en armas en esta misma fecha contra la actual corrompida administración que no tardará en ser derribada y que en estos momentos ya tiembla ante el formidable movimiento revolucionario que estremece todos los ámbitos de la República Mexicana.
Hacemos un llamamiento a los oficiales y soldados del ejército nacional para que, lejos de servir a la vil dictadura que deshonra a la patria y la traiciona, se unan al movimiento libertador. Ellos son hijos del pueblo como nosotros; sobre ellos pesa el mismo yugo que a todos nos aplasta; ellos también son mexicanos y tienen el deber de luchar por la dignidad y por el bien de la patria, y no por el bien personal de un déspota ladrón y sanguinario como Porfirio Díaz.
A los jefes y oficiales en servicio de la dictadura que se pasen a las filas liberales, se les concederá un ascenso de dos grados sobre el que tengan; a los soldados rasos se les pagará un peso diario libre de gastos, y a las clases se les darán sueldos equivalentes.
A los extranjeros les advertimos que nada pretendemos contra ellos, pero también les recordamos el deber que tienen de ser neutrales en los asuntos políticos de México, en los que no tienen derecho de intervenir. Prestaremos a las personas y propiedades de los extranjeros todas las garantías que nos sea posible, pues por el interés de nuestra patria y de nuestra propia causa, no queremos dar lugar a conflictos internacionales, pero los extranjeros que, faltando a la neutralidad, sirvan al gobierno y nos combatan, no pueden esperar ninguna consideración de nuestra parte.


Reforma, Libertad y Justicia. Septiembre de 1906  


*Esta proclama, editada por los magonistas, no fue publicada en Regeneración; sin embargo hemos considerado indispensable su inclusión, pues constituye el primer llamado a la insurrección producido por el Partido Liberal. [N. del E.]
**Se refiere a las tropas yanquis que el gobernador de Sonora mandó traer de Arizona para ametrallar a los huelguistas de Cananea. [N. del E.]


(Tomado de: Armando Bartra (Selección) - Ricardo Flores Magón, et al: Regeneración, 1900-1918. Secretaría de Educación Pública, Lecturas Mexicanas #88, Segunda Serie, México, D.F., 1987)

miércoles, 24 de julio de 2019

Bases para la unificación del Partido Liberal Mexicano, 1905


Bases para la unificación del Partido Liberal Mexicano


  1. Se constituye la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano, con el personal que firma el presente manifiesto. La Junta existirá públicamente, y residirá en un país extranjero para estar a salvo, hasta donde es posible, de los atentados del gobierno de México. Trabajará por la organización del Partido Liberal y con los elementos que los correligionarios le proporcionen, luchará por todos los medios, contra la dictadura de Porfirio Díaz. Regeneración será el órgano oficial de la Junta.
  2. Los ciudadanos mexicanos que estén de acuerdo con las ideas de este manifiesto y anhelen la libertad de la patria, constituirán en las poblaciones en que residan, asociaciones secretas que estarán en comunicación con esa Junta. Se aconseja a los correligionarios que en dichas agrupaciones prescindan de inútiles formalidades. Lo único que se pide es que los ciudadanos liberales de cada población se reúnan de tiempo en tiempo para tratar de los asuntos políticos del país, y mantengan correspondencia con esta Junta, ya para comunicarle noticias políticas, ya para proponerle proyectos, o ya simplemente para conservar con ella las relaciones establecidas. Se encarece a los correligionarios que constituyan uniones lo más numerosas posible; pero si en algunas partes sólo hay un ciudadano de nuestras ideas, que no por su aislamiento deje de dirigirse a nosotros.
  3. Los grupos o ciudadanos que secunden la presente excitativa, lo comunicarán a esta Junta, que inscribirá sus nombres entre los miembros del partido que se organiza. Esos grupos y ciudadanos enviarán mensualmente a la Junta, según sus recursos y la voluntad de cada uno, una contribución que se invertirá en los gastos que requiere el cumplimiento de la cláusula siguiente.
  4. La Junta, aparte de sus trabajos propios, procurará el fomento de publicaciones oposicionistas en México, distribuirá fondos entre los luchadores liberales que se encuentren la pobreza, sostendrá a los que la dictadura encarcele y despoje; y si se dan casos en que un funcionario público pierda su posición por haber cumplido con su deber, también lo ayudará. Anhelamos hacer efectiva la solidaridad entre los liberales y para ello contamos con el apoyo eficaz de nuestros correligionarios.
  5. La Junta guardará absoluto secreto sobre los nombres de los adeptos. No comunicará entre sí a las distintas agrupaciones o personas afiliadas, sino hasta convencerse de que son verdaderamente leales a la causa. Pero si algún miembro del partido no desea en ningún caso ser comunicado con los demás, se servirá declararlo y la Junta respetará su voluntad.
        Por estos medios nos organizaremos sin peligro, y cuando   tenga fuerza nuestro partido, podrá desplegar sus banderas y entablar la lucha decisiva, frente a la odiosa tiranía.


MEXICANOS:


Inmensos son vuestros infortunios, tremendas vuestras miserias, y muchos y terribles los ultrajes que han humillado vuestra frente en seis amargos lustros de despotismo. Pero sois patriotas, sois honrados y nobles, y no permitiréis que eternamente prevalezca el crimen. El Partido Liberal os llama a una lucha santa por la redención de la patria: responded al llamamiento, agrupados bajo los estandartes de la justicia y del derecho y de nuestros esfuerzos y de nuestro empuje, surja augusta la patria, para siempre redimida y libre.


Reforma, Libertad y Justicia.


St. Louis Mo., 28 de septiembre de 1905.


Presidente, Ricardo Flores Magón. Vicepresidente, Juan Sarabia. Secretario, Antonio I. Villarreal. Tesorero, Enrique Flores Magón. 1er. Vocal, profesor Librado Rivera, 2o. Vocal, Manuel Sarabia, 3er. Vocal, Rosalío Bustamante.


Regeneración, 30 de septiembre de 1905

(Tomado de: Armando Bartra (Selección) - Ricardo Flores Magón, et al: Regeneración, 1900-1918. Secretaría de Educación Pública, Lecturas Mexicanas #88, Segunda Serie, México, D.F., 1987)

viernes, 8 de febrero de 2019

Importancia del Magonismo en la Revolución



Una corriente política e ideológica: el magonismo. Una organización partidaria que llega a ser de masas: el Partido Liberal. Una publicación que a lo largo de 18 años instrumenta periodísticamente una política: Regeneración. Son estos tres aspectos inseparables y complementarios, los que definen la tendencia política de masa más radical, más deslindada y más coherente de las que confluyen en la revolución de 1910-1917.

El magonismo, el Partido Liberal y Regeneración son los que lanzaron en 1903, por primera vez masivamente, las consignas antirreeleccionistas que serían la bandera de la revolución maderista 7 años después. Fue el magonismo, a través de la Junta Organizadora del Partido Liberal, el que organizó los levantamientos armados de Cananea, Río Blanco, Orizaba y Puebla. El programa del Partido Liberal de 1906 fue la plataforma de reivindicaciones que formuló el contenido social del proceso revolucionario de 1910-17 e inspiró los principios fundamentales de la Constitución de 1917.

Desde 1900 hasta 1910, la conciencia antiporfirista de las masas iba cristalizando y sistematizándose en torno a las denuncias, la propaganda y las posiciones políticas de esta corriente, alrededor de la cual giraron decenas de periódicos de oposición y cientos de grupos que denunciaban y combatían por todos los medios a la tiranía. La participación del magonismo, su partido y su prensa, en la creación de las condiciones subjetivas que antecedieron a la insurrección de 1910, fue fundamental tanto ne el terreno de la conciencia como en el de la organización.

También el estallido de la revolución y los primeros años de lucha estuvieron marcados por el magonismo. A pesar del exilio y persecución de Ricardo Flores Magón y sus colaboradores –que significaba el exilio de la Junta Organizadora del Partido Liberal y de la redacción de Regeneración- los primeros meses del combate se definieron por la presencia en el campo revolucionario de dos fuerzas y dos políticas: el maderismo con su bandera estrechamente antirreeleccionista y el magonismo enarbolando el programa liberal de 1906.

En los años posteriores, a pesar de que los grupos de combate directamente controlados por la Junta Organizadora del Partido Liberal se redujeron, desintegraron o sumaron a otras corrientes o facciones, la influencia ideológica de las posiciones del magonismo se extendió y consolidó y sus banderas programáticas y reivindicaciones se transformaron en patrimonio común de todo el campo revolucionario. Frecuentemente, cuando un planteamiento del Partido Liberal era hecho suyo por las principales facciones revolucionarias, el magonismo había pasado ya a posiciones más avanzadas y radicales.

A partir del triunfo y consolidación en el poder del carrancismo, la corriente de Flores Magón se vio reducida casi exclusivamente a la denuncia política a través del periodismo revolucionario. Casi sola, se levantó todavía por unos años la voz de Regeneración, desenmascarando lo que para el magonismo fuera la traición a los intereses y a la lucha de las masas campesinas y obreras durante casi 10 años. La revolución por la que propugnaba el Partido Liberal había sido conducida a la claudicación y a la conciliación con la burguesía y los terratenientes; las masas, que no vieron cumplidas sus demandas fundamentales, se encontraban insatisfechas y en algunos casos se mantenían en lucha. Pero sólo el magonismo fue capaz de racionalizar este descontento, y en Regeneración se esbozaron los primeros análisis políticos de lo que significaba el curso adoptado por el proceso revolucionario.

Forjador, primero, de la política y las banderas programáticas de la insurrección que habría de estallar en 1910, el magonismo se encargó después, en 1917 y 1918, de hacer un primer balance de la lucha y declarar que la revolución se había quedado a medio camino. Los últimos números de Regeneración, en 1918, se dedicaron a mostrar la necesidad e inclusive la inminencia de un nuevo proceso revolucionario. La nueva insurrección, sin embargo, se cuadraba entonces en el marco del ascenso de la revolución mundial, a la que el octubre rojo de Rusia en 1917 había abierto las puertas. A la tarea de bosquejar los caminos de esta nueva revolución y a señalar sus síntomas en todo el mundo, dedicó Regeneración las páginas de sus postreros números.


(Tomado de: Armando Bartra (Selección) - Ricardo Flores Magón, et al: Regeneración, 1900-1918. Secretaría de Educación Pública, Lecturas Mexicanas #88, Segunda Serie, México, D.F., 1987)