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viernes, 26 de diciembre de 2025

José Zorrilla y Maximiliano

 


José Zorrilla y Maximiliano 


En el empinado castillo azteca de Chapultepec, allí comimos en una galería, desde la cual veíamos el indescriptible panorama del valle de Anáhuac, en cuyo centro la capital parece una ciudad de marfil de un abanico chino, destacándose sobre el fondo azul de la laguna de Texcoco. 

Quien no ha visto a México desde Chapultepec, no ha visto la tierra desde un balcón del paraíso: Maximiliano se saciaba contemplando aquel fragante y gigantesco canastillo de flores, puesto al pie de los nevados picos de la Sierra Madre que le devuelve por el aroma fresco de sus jardines de Iztapalapa, el cedrineo perfume de sus alerces, cimbradores y de su retorcidos enebros. Allí, en aquella galería, exclamó una tarde el infeliz príncipe austríaco, respirando a pleno pulmón aquel aire salubre, y dilatando sus pupilas azules a aquella luz tibia y transparente: "Así deseo yo que me dé Dios luz y aire, para morir bendiciéndole". ¡Y Dios le oyó! 

Aquella tarde en que yo le acompañaba, comenzaba ya confundir su luz con la neblina parda del crepúsculo; teníamos ya vacías las tazas del café y fumaba Maximiliano, no comprendiendo que yo le despreciara sus elegidos vegueros, y entreteníale yo con el relato de cuentos y pormenores de costumbres del país, sin darnos ni él ni yo cuenta ni de quiénes éramos ni de cómo el tiempo se nos pasaba, cuando nos interrumpió la señal de su telégrafo particular, que la hizo de atención. 

Maximiliano no podía menos de apercibirse, por más que a nadie pudiera confesar sus recelos, de que su Imperio no tenía aún, ni podría tener nunca, sólido fundamento. Él no había ido nunca por su gusto, ni menos por ambición de mando ni de riqueza, a ocupar el carcomido trono de los aztecas: una voz misteriosa, la de la poesía del pueblo, le había dicho que por la pluma de un italiano aún hoy desconocido como la voz de una Sibila, que: 

Il trono fracido de Moctezuma 

è nappo Gallico colmo di spuma, 

Y aquellos tres pareados, esculpidos en su memoria, le cosquilleaban alguna vez en el fondo de la conciencia; aunque no creyera posible la predicción del último, que él interpretaba cuando más por una lejana y tan digna como necesaria abdicación. Maximiliano era cristiano sincero y  católico sin restricciones; pero como alemán era también un tanto supersticioso, y no reunía nunca trece a su mesa, ni le gustaba que cayera en martes el santo de su mujer, o que se hiciera en tal día a la mar el buque en que partía una persona estimada; no era, pues, posible que la fatídica predicción de los tres pareados italianos se borraran de su memoria ni desertaran de su conciencia; él mismo me los recitó una vez, después de hacerme yo el ignorante de ellos; y si en ellos no hubiera él pensado, no me lo citara, por más que lo hiciese en tono de broma y afectando no darles importancia.”

En Sedán, después de quemar las banderas, ya preso con su emperador, Pierron tuvo todo el tiempo de recordar al otro, al difunto Maximiliano en su último encuentro, al momento de la despedida: 

"Y a las 5 de la tarde del miércoles concluíamos de comer y entrábamos en su despacho de la torre del mediodía del palacio de los Virreyes, donde con la cordialidad de un amigo y el cariño de un hermano me entregó un paquete de notas. 

A las seis menos cuarto se levantó de la silla para despedirme, y me abrazó; él era de aventajadísima estatura, y mi frente llegaba apenas al lugar en que latía su corazón, contra el cual me estrechaba: sentí que los ojos se me inundaban de lágrimas; y cuando me condujo hasta la puerta, yo no pude articular palabra; apretóme la mano, y diciéndome: "Hasta la vuelta, y puede usted escribirme por mi gabinete civil", me despidió. Atravesé el inmenso salón vacío en que la puerta de su gabinete se abría, y al llegar a la puerta de aquel, sintiendo yo que aún me esperaba en la del este, me volví a hacerle el último saludo. Estaba efectivamente sonriéndome bajo el dintel de aquella puerta; los rayos del sol poniente, que por el balcón del gabinete que tras ella y sobre la plaza se abría, iluminaban por detrás su figura inmóvil, que destacaba sobre aquel fondo de resplandor de incendio: su cabeza rubia parecía cercada de una aureola de luz purpúrea, y nunca he podido olvidar esta coincidencia supersticiosa. 

La primera vez que le vi, entrando en la capital, bajo su manto rojo de púrpura y escoltado por su guardia palatina de uniforme rojo, me pareció que tras de sí dejaba un rastro de sangre; y la última me dejó la impresión de haberle visto circundado de fuego como si saliera o cayera en un volcán.”


(Tomado de Meyer, Jean - Yo, el francés. Crónicas de la Intervención francesa en México, 1862-1867, Maxi Tusquets Editores S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 2009)

lunes, 28 de noviembre de 2022

Sahagún: Del agüero al ver una comadreja en su camino



 LIBRO QUINTO 

Que trata de los agüeros y pronósticos, que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras.


[...]

CAPITULO VI

DEL MAL AGUERO QUE TOMABAN CUANDO VEÍAN QUE LA COMADREJA  O MOSTOLILLA ATRAVESABA POR DELANTE DE ELLOS CUANDO IBAN POR EL CAMINO O POR LA CALLE.

De este animalejo que se llama comadreja, o mostolilla, se espantaban y tomaban mal agüero cuando la veían entrar en su casa, o traspasar por delante de si, cuando iban por el camino o por la calle; y concebían en su corazón mala sospecha de que les había de venir algún mal, o que si algún viaje tomasen no les había de suceder bien, que habían de caer en manos de ladrones o que les habían de matar, o les habían de levantar algún falso testimonio; 

y por esto ordinariamente los que (se) encontraban con este animalejo les temblaban las carnes de miedo, y se estremecían y se les espeluzaban los cabellos; algunos se ponían yertos o pasmados, por tener entendido que algún mal les había de acontecer. 

La forma de este animal, acá  en esta tierra, es que son como los de España, que tienen la barriga y pecho blanca y todo lo demás bermejo.


(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)

martes, 9 de agosto de 2022

Sahagún: Del agüero cuando un zorrillo entra en su casa



LIBRO QUINTO 


Que trata de los agüeros y pronósticos, que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras. 

[...]

CAPITULO IX

DEL AGÜERO QUE TOMABAN CUANDO UN ANIMALEJO MUY HEDIONDO QUE SE LLAMA EPATL ENTRABA EN SU CASA, U OLiAN SU HEDOR EN ALGUNA PARTE.

Tenían también por mal agüero los naturales de esta Nueva España cuando un animalejo cuya orina es muy hedionda entraba en su casa, o paría en algún agujero dentro de su casa; en tal caso luego concebían mal pronóstico, y era que el dueño de la casa había a de morir, y decían que la causa era porque este animalejo no suele parir en casa alguna sino en el campo o entre las piedras, en los maizales, donde hay magueyes o tunas.

También decían que este animalejo era imagen del dios que llamaban Tezcatlipoca, y cuando este animalejo expelía aquella materia hedionda que era la orina, o el mismo estiércol o la ventosidad, decían: 'Tezcatlipoca ha ventoseado".

Tiene esta maña este animalejo, que cuando topan con él en casa o fuera, no huye mucho, sino anda azcadillando de acá para allá, y cuando el que le persigue vaya cerca para asirle, alza la cola  y arrójale a la cara la orina o aquel humor que alanza, muy hediondo, tan recio como si lo echase con una jeringa; y aquel humor cuando se esparce parece de muchos colores, como el arco del cielo, y donde da queda aquel hedor tan impreso que jamás se puede quitar, o a lo menos dura mucho, ora dé en el cuerpo, ora dé en la vestidura y es el hedor tan recio y tan intenso que no hay hedor tan vivo ni tan penetrativo, ni tan asqueroso.

Y cuando este hedor es reciente, el que le huele no ha de escupir, porque dicen que si escupen, como asqueando, luego se le vuelve cano todo el cabello. 

Y por esto los padres y madres amonestaban a sus hijos e hijas que cuando olían este hedor no escupiesen, mas antes apretasen los labios. Si este animalejo acierta con su orina a dar en los ojos, ciega los ojos. 

Este animalejo es blanco por la barriga y pechos y negro en lo demás.


(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)

lunes, 4 de julio de 2022

Sahagún: Del agüero cuando de noche oían aullar alguna fiera

 


LIBRO QUINTO 

Que trata de los agüeros y pronósticos, que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras.


CAPITULO I

DEL AGÜERO QUE TOMABAN CUANDO ALGUNO OÍA DE NOCHE AULLAR A ALGUNA BESTIA FIERA, O LLORAR COMO VIEJA, Y DE LO QUE DECÍAN LOS AGÜEROS EN ESTE CASO

En los tiempos pasados antes que viniesen los españoles a esta tierra, los naturales de ella tenían muchos agüeros por donde adivinaban las cosas futuras. 

El primer aguero de éstos es que, cuando alguno oía en las montañas bramar alguna bestia fiera, o algún sonido hacia zumbido en los montes o en los valles, luego tomaba mal aguero, diciendo que significaba algún infortunio o desastre que le había de venir en breve, o que había de morir en la guerra o de enfermedad, o que algún desastre o infortunio le había de venir, de que le habían de hacer esclavo a él o alguno de sus hijos, o que alguna desventura había de venir por él o por su casa. 

Habiendo oído este mal agüero, luego iba a buscar a aquellos que sabían declarar estos agüeros, a los cuales llamaban tonalpouhque, y este agorero o adivino consolaba y esforzaba a este tal, diciéndole de esta manera:

"Hijo mío, pobrecito, pues que has venido a buscar la declaración del agüero que viste, sábete que es cosa adversa y trabajosa lo que significa este tu agüero; esto no es porque yo lo digo, sino porque asi lo dejaron dicho y escrito nuestros viejos y antepasados;

así que, la significación de este tu agüero es que te has de ver en pobreza y en trabajos, o morirás, por ventura esta ya enojado contra ti aquel por quien vivimos, y no quiere que vivas más tiempo; 

espera con ánimo lo que te vendrá porque asi esta escrito en nuestros libros, de que usamos para declarar estas cosas, a los cuales acontece, y no soy yo el que te pongo espanto o miedo, que el mismo señor dios quiso que esto te aconteciese y viniese sobre ti; y no hay que culpar al animal porque él no sabe lo que hace, porque carece de entendimiento, de razón, 

y tu, pobrecito, no debes de culpar a nadie porque el signo en que naciste tiene consigo estos azares, y ha venido ahora a verificarse en ti la maldad del signo en que naciste; esfuérzate, porque por experiencia lo sentirás; mira que tengas buen ánimo para sufrirlo, y entre tanto llora y haz penitencia.

Nota lo que ahora te diré que hagas para remediar tu trabajo: haz penitencia, busca papel para que se apareje tu ofrenda, que has de hacer, compra papel e incienso blanco y ulli, y las otras cosas que sabes que son menester para esta ofrenda.

Después que hayas aparejado lo necesario, vendrás tal día, que es oportuno para hacer la ofrenda que es menester al señor dios del fuego; entonces vendrás a mi, porque yo mismo dispondré y ordenaré los papeles y todo lo demás, en los lugares y en el modo que ha de estar para hacer la ofrenda; yo mismo lo tengo de ir a encender y quemar en tu casa". De esta manera hacian los que oían el agüero arriba dicho.


(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)

lunes, 8 de noviembre de 2021

Superstición: de las embarazadas

 


 LIBRO QUINTO 

Que trata de los agüeros y pronósticos, que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras.


[...]

Apéndice

XIX De la mujer preñada

Otra abusión dejaron los antiguos; y es, que la mujer preñada se debía de guardar de que no viese a ninguno que ahorcaban, o daban garrote, porque si le veía decían que el niño que tenía en el vientre nacería con una soga de carne a la garganta.

También decían que si la mujer preñada miraba al sol, o a la luna cuando se eclipsaba, la criatura que tenía en el vientre nacería mellados los bezos, y por esto las preñadas no osaban mirar al eclipse, y, para que esto no aconteciese, si mirase el eclipse poníase una navajuela de piedra negra en el seno, que tocase a la carne. También decían que la mujer preñada, si mascaba aquel betún que Ilaman tzictli, la criatura cuando naciese, que le acontecería aquello que llaman motentzoponiz, que mueren de ello las criaturas recién nacidas, y cáusase de que cuando mama la criatura, si su madre la saca de presto la teta de la boca, lastímase en el paladar y luego queda mortal. 

También decían que la mujer preñada, si anduviese de noche, la criatura que naciese sería muy llorona; y si el padre andaba de noche y veía alguna estantigua, lo que naciese tendría mal de corazón, y para remedio de esto, la mujer preñada, cuando andaba de noche, poníase unas chinas en el seno, o un poco de ceniza del hogar, o unos pocos de ajenjos de esta tierra que llaman iztáuhyatl; y también los hombres se ponían en el seno chinas, o pícietl, para excusar el peligro del hijo que estaba en el  vientre de la madre y si esto no hacían, decían que la criatura nacería con una enfermedad que Ilaman ayomama, o con otra  enfermedad que llaman cuetzpaliciuiztli, o con lobanillos en las ingles.

(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)

sábado, 30 de noviembre de 2019

Ololiuhqui, alucinógeno sagrado azteca


EL OLOLIUHQUI, ALUCINÓGENO SAGRADO DE LOS AZTECAS

Entre los varios alucinógenos sagrados que al parecer eran tan esencialmente vitales para el equilibrio social del México indígena, como para ser suprimidos después de la Conquista, y que se mezclaron a los adornos de la inconografía cristiana sin perder sus significados precristianos, estaba el Ololiuhqui. El Ololiuhqui (ololuc), palabra azteca que significa “cosa redonda”, no contiene rastros de su identidad botánica, como tampoco ocurre con el teonanácatl, comida o carne de los dioses, nombre que los aztecas utilizaban para llamar a ciertos hongos alucinogénicos. Aunque Ruiz de Alarcón (1629) declinó identificar las fuentes del Ololiuhqui no podía haber duda desde un principio de que el término se refería a las semillas con forma de lenteja, de color café claro, de las semillas de la virgen, pues Hernández ya había reproducido con exactitud la planta en su estudio del siglo XVI, y los botánicos mexicanos hacía tiempo que la habían identificado como rivea corymbosa.

EL LSD Y LAS SAGRADAS SEMILLAS DE LA VIRGEN EN EL MÉXICO INDÍGENA

Empero antes de 1941, cuando Shultes publicó un estudio definitivo sobre las sagradas semillas de la virgen y de una vez por todas identificó al ololuc u Ololiuhqui como rivea corymbosa, su identidad estaba sujeta controversia, principalmente a causa de que un célebre botánico estadounidense, William A. Safford, no tenía fe en el conocimiento botánico de los aztecas, ni en el de los primeros eruditos españoles, ni siquiera en el de sus colegas mexicanos. En 1919, el Dr. Blas Pablo Reko, erudito mexicano de origen austríaco que luego colaboraría con Schultes en México, había coleccionado semillas de ololuc, a las que identificó como R. corymbosa. Safford (1915, 1920) confirmó la determinación botánica, pero ya que a la ingestión de semillas no siguió una intoxicación, y como ningún alcaloide psicoactivo se había hallado jamás en algunas convolvuláceas el orden al cual pertenecen las semillas, Safford insistió que el verdadero Ololiuhqui tenía que ser las semillas de la datura inoxia (meteloides, toloatzin, toloache), de cuyos efectos intoxicantes se decía que eran parecidos a los que se reportaban del Ololiuhqui (en realidad no lo eran). Safford estaba equivocado, por supuesto, como también lo estaba en su aseveración de que el teonanácatl no era un hongo, como reportaron Sahagún y otros cronistas antiguos, sino que probablemente no era otra cosa que el peyote, cuyos “botones” secos y arrugados fueron confundidos (por Sahagún, por otros primeros observadores y por los aztecas mismos) ¡con las tapas de los hongos! Pero basta de etnocentrismo científico.

EL OLOLIUHQUI IDENTIFICADO

En 1934, Reko, publicó la primera revisión histórica del uso del Ololiuhqui, y nuevamente lo identificó, correctamente, con la rivea corymbosa. Tres años después, C. G. Santesson (1937) finalmente despejó la noción de que las convolvuláceas, específicamente la rivea corymbosa, no tenían elementos alucinogénicos, aunque no pudo determinar la naturaleza precisa de los alcaloides psicoactivos. En 1939, Schultes y Reko, durante un viaje de campo a través de México, por primera vez encontraron una especie cultivada de la rivea corymbosa en el traspatio de un curandero zapoteco de Oaxaca, quien utilizaba las semillas en ritos curatorio-adivinatorios. Schultes descubrió después que el ololuc era usado por indígenas oaxaqueños como los mazatecos, chinantecos, mixtecos y otros. Desde entonces la lista ha sido grandemente aumentada, no sólo para la rivea corymbosa sino para otra importante semilla de la virgen alucinogénica, la ipomoea violacea, cuyas semillas son llamadas badoh negro en Oaxaca, y que durante los tiempos prehispánicos era el alucinógeno sagrado divinatorio tlitlitzin (Wasson, 1967a). Esta especie es conocida en los Estados Unidos bajo nombres como Azul Celestial, Campanas de Bodas, Estrellas Azules, Cielos de Verano y otros. En 1941 Schultes publicó su ahora clásica monografía acerca de la r. corymbosa y del alucinógeno divino Ololiuhqui. Así cuando menos se estableció la identificación del Ololiuhqui y de su planta madre, conocida por los aztecas como cóatlxoxouhqui (planta de la serpiente verde), aunque su determinación fitoquímica aún tuvo que aguardar otros veinte años.
Mientras tanto (en realidad, sólo un año antes de que Schultes y Reko recogieran el primer espécimen de muestra indudablemente comprobado e identificable de rivea corymbosa en Oaxaca), el LSD había sido descubierto y sintetizado en Suiza. Este descubrimiento, y la investigación subsecuente que Sandoz llevó a cabo sobre los alcaloides psicotomiméticos, hicieron que el micólogo francés Roger Heim enviara muestras de los hongos teonanácatl a Hofmann, “en la creencia de que las condiciones necesarias para una exitosa investigación química se hallarían presentes en el laboratorio donde se sintetizó el LSD” (Hofmann, 1967 :350). Así ocurrió, Hofmann descubrió que la psilocibina y la psilocina eran los principios activos de los hongos alucinogénicos más importantes. Una estrecha colaboración siguió entre Heim y el etnomicólogo R. Gordon Wasson, y esto a su vez condujo directamente al descubrimiento de los principios activos de la r. corymbosa y de la i. violacea.
En el ínterin hubo dos reportes más de investigaciones sobre los efectos de las semillas de la virgen. Santesson estaba seguro de que había alcaloides presentes, pero no pudo identificarlos. En 1955, el psiquiatra canadiense Humphrey Osmond, quien desde tiempo antes se hallaba interesado en el uso y efectos del peyote, especialmente en el contexto de la Iglesia Nativa Americana entre los indios canadienses, él mismo experimentó las semillas de Ololiuhqui. Su experiencia no duplicó lo que había sido reportado históricamente desde México, pero después de ingerir de 60 a 100 semillas pasó a un estado que describió como de indiferencia, acompañado por un incremento en la sensibilidad visual seguido de un prolongado periodo de bienestar y relajación. En 1958, V. J. Kinross-Wright publicó los resultados enteramente negativos de sus experimentos con Ololiuhqui, que dio a ocho voluntarios varones, de los cuales ninguno reportó siquiera un solo efecto, ¡a pesar de que las dosis individuales eran de 125 semillas de la virgen!

EL LSD Y LAS SAGRADAS SEMILLAS DE LA VIRGEN EN EL MÉXICO INDÍGENA

Pero esto difícilmente encuadraba con las relaciones de los cronistas antiguos, ni con las investigaciones contemporáneas de Schultes y otros. Dejando aparte el sitio y el medio ambiente, que como sabemos son variables cruciales en el uso de alucinógenos, el problema evidentemente residía en la manera como se prepararon las semillas. Para citar a Wasson (1967a):

En años recientes un número de experimentadores ha tomado las semillas sin obtener efectos, y esto los ha conducido a sugerir que la reputación del Ololiuhqui se debe en su totalidad a la autosugestión. Estos resultados negativos pueden explicarse por una preparación inadecuada. Los indios muelen las semillas en un metate (metlalt) hasta que las reducen a una harina. Luego, esta harina se empapa en agua fría y después de un momento breve el líquido es pasado por un trapo colador, y se bebe. Si se toman enteras, las semillas no dan resultados, incluso si se parten. Tienen que molerse hasta formar una harina y ésta tiene que mojarse brevemente en agua. Quizás aquellos que tomaron las semillas y no obtuvieron resultados no las molieron, o no las molieron hasta un punto suficientemente fino, y no humedecieron la harina resultante. La química de las semillas no parece variar de región a región, y las semillas que crecen en las Antillas y en Europa son tan potentes como la de Oaxaca. Yo he tomado las semillas negras (ipomoea violacea) dos veces en mi casa de Nueva York, y su potencia es innegable. (p. 343.)

En 1959 Wasson envió a Hofmann una muestra de semillas en dos pequeñas botellas. Con ellas iba una carta, identificando los contenidos de una como recogidos en Huautla de Jiménez, el pueblo mazateco que se ha vuelto famoso como centro del culto del hongo y los otros como del pueblo zapoteco de San Bartolo Yautepec. El primer grupo, escribió Wasson (citado por Hofmann, 1967), debía de ser Ololiuhqui (rivea corymbosa). La investigación botánica descubrió que Wasson tenía razón. Las semillas zapotecas, que eran negras y angulares más que de color café y redondas, fueron identificadas como ipomoea violacea, el badoh negro de los curanderos zapotecas y el tlitlitzin de los aztecas.

COMPUESTOS SIMILARES AL LSD EN LAS SEMILLAS DE LA VIRGEN

Los iniciales estudios químico-analiticos con las pequeñas muestras de Wasson resultaron alentadores pues indicaban la presencia de compuestos indol estructuralmente relacionados con el LSD y con los alcaloides del cornezuelo de centeno. Estos resultados preliminares hicieron que Hofmann pidiera a Wasson mayores cantidades de esas semillas tan interesantes. Wasson obtuvo la ayuda del veterano etnólogo mexicano Roberto Weitlaner (nacido en Austria como B. P. Reko), un etnólogo de campo infatigable a pesar de que entonces ya tenía más de 70 años; y de la hija de éste, Irmgard Weitlaner Johnson, una reconocida especialista en textiles indígenas pre-colombinos y contemporáneos. Con el auxilio de los Weitlaner, padre e hija, Wasson pudo enviar a Hofmann doce kilogramos de semillas de rivea corymbosa y catorce de semillas de la planta de flores azules, ipomoea violacea. Con estas considerables cantidades, que recibió a principios de 1960, Hofmann pudo aislar los elementos activos fundamentales e identificarlos como alcaloides del cornezuelo de centeno: ácido amida lisérgico-d (ergina) y ácido amida isolisérgico-d (isoergina). Éstos se hallan estrechamente relacionados con la dietilamida de ácido lisérgico-d (LSD).
“Desde el punto de vista fitoquímico este descubrimiento fue inesperado y de interés particular porque los alcaloides de ácido lisérgico, que hasta el momento sólo se habían encontrado en los hongos bajos del genus claviceps, ahora y por primera vez se descubrían presentes en plantas más altas, de la familia de las convolvuláceas.
El aislamiento de amidas de ácido lisérgico en el Ololiuhqui motivó así que una serie de investigaciones se cerraran como un anillo mágico. Nuestra investigación en el campo de los compuestos alucinogénicos comenzó durante estudios sobre simples ácidos amidas, con el descubrimiento de la dietilamida de ácido lisérgico (LSD) como agente psicotomimético altamente activo.
Y en el contexto de esta actividad llegaron a nuestros laboratorios los hongos mágicos mexicanos. Durante estas investigaciones fue cuando se estableció una relación personal entre R. G. Wasson y el que esto escribe, y las investigaciones sobre el Ololiuhqui se llevaron a cabo como resultado de este contacto. En esta droga mágica las amidas de ácido lisérgico, que hicieron su aparición en las etapas iniciales de nuestra búsqueda psicotomimética, de nuevo fueron halladas como elementos activos.” (Hofmann, 1967: 351-352).
Schultes (1970) advierte que la nomenclatura y la taxonomía de las convolvuláceas se hallan aún en un estado confuso. La rivea, principalmente un género asiático de enredaderas arboladas, tiene cinco especies en el Viejo Mundo, pero sólo una en el Nuevo, la r. corymbosa, que se da no sólo en México y en Centroamérica sino también en las regiones sureñas de los Estados Unidos, en partes del Caribe y en la costa norte de Sudamérica. A la r. corymbosa se le conoce en la literatura cuando menos con nueve sinónimos, siendo los más comunes ipomoea sidaefolia y turbina corymbosa. Ipomoea, un género de las yerbas trepadoras y de arbustos, comprende al menos 500 especies en las partes cálidas y tropicales del hemisferio. i. violacea (Machawana Azul Celestial, etcétera) es a menudo llamada también i. tricolor o i. rubro-caerulea. Los elementos psicotrópicos de la r. corymbosa y de la i. violacea son compartidos por otras especies de semillas de la virgen, pero se desconoce hasta qué punto fueron usadas por los indios o sí lo siguen siendo. Sin embargo, el hecho de que aún sean mencionadas con nombres populares que aluden a sus propiedades intoxicantes (“árbol loco” o “borrachera”, nombre con que también se conoce a la datura) sugiere que cuando menos se les conoce, si es que no se les utiliza.
Es posible que para impedir su popularización como psiquedélico natural y barato, en los Estados Unidos se ordenó que las semillas comerciales de Machawana Azul Celestial y de otras variedades fueran recubiertas con una sustancia nociva. Ya que ese recubrimiento artificial es eliminable, nada, por supuesto, podría evitar un uso alucinogénico de las generaciones subsecuentes de semillas.
No obstante, por las razones que sean y a pesar de que la química natural de las semillas de la virgen es mucho más de fiar que la de cualquier alucinógeno sintético disponible en el mercado negro, fuera de la Costa Oeste no parece que las semillas se hayan integrado en ningún nivel notable de la subcultura de la droga. Tampoco disponemos de alguna indicación de que las semillas de la virgen alguna vez hayan entrado en los contextos rituales del Viejo Mundo, ni siquiera de Sudamérica. Por tanto, el descubrimiento y utilización de sus efectos psíquicos aparentemente pertenece en exclusiva a los indios de México.

(Tomado de: Furst, Peter T. - Alucinógenos y Cultura. Colección Popular #190. Traducción de José Agustín. Fondo de Cultura Económica, México, 1980)

sábado, 31 de agosto de 2019

Cruces parlantes

(Tablero del Templo de la Cruz; Palenque, Chiapas)
Uno de los fenómenos religiosos más sobresalientes entre los indígenas mayas fue el culto a las cruces parlantes, introducido o revivido por José María Barrera durante la guerra de Castas en Yucatán., Aun cuando la relación entre la cruz foliada y el misterio indígena del agua se basaba en ideas religiosas muy antiguas, aquella devoción cobró gran popularidad cuando ese signo, grabado en un árbol, se convirtió en símbolo de la rebelión de los mayas. No se sabe si los oráculos de la cruz fueron transmitidos por individuos posesos o si desde un principio se trataba de una superchería de sacerdotes ventrílocuos, según lo afirman varios historiadores yucatecos. La cruz parlante de Chan Santa Cruz, sustituida posteriormente por otras cruces sagradas, se convirtió en un símbolo religioso y aun nacional para los cruzoob, cuya autonomía política y religiosa se sostuvo en el territorio del actual Estado de Quintana Roo durante varias décadas.
Los cruzoob (hispanismo del maya yucateco: de cruz y -oob, sufijo pluralizador) fue el nombre de los indígenas rebeldes que a mediados del siglo XIX se instalaron en las selvas de Quintana Roo y adoptaron o renovaron la antigua religión maya. Su centro político y religioso era Chan Santa Cruz. Chan es el antiguo nombre de los mayas y significa serpiente, símbolo de la fertilidad; y Santa Cruz se refería a la cruz maya, de simbolismo pagano. La tierra de los cruzoob se extendía por el sureste de la península, hasta Tulum por el norte y por el sur hasta el lago Bacalar. En 1867 contaban con unos 40 mil adeptos y se consideraban un estado independiente. Recibían cierta ayuda de los ingleses de Belice, especialmente armas modernas, a cambio del permiso de explotar las maderas de sus bosques. Según el viajero Fred Aldherre, los cruzoob no observaban la vieja religión maya, sino una mezcla de cristianismo y paganismo, centrada alrededor de la gran cruz mágica y parlante de Chan. Esta tenía su intérprete oficial, el Tata polin, y sólo ocasionalmente escribía cartas para indicar su voluntad, firmadas con tres cruces.
La cruz parlante era un culto sincrético en que se admitían ciertas ideas católicas; sin embargo, a medida que florecía en Quintana Roo, muchas ideas religiosas de los antiguos mayas, que habían sobrevivido en tradiciones, supersticiones y conocimientos transmitidos oralmente, contribuían a vitalizar a los cruzoob. Todavía en 1871 se veneraba a una cruz parlante en Tulum, y el culto no parece haber desaparecido del todo aún en época posterior. v. Enciclopedia yucatanense; S. Baqueiro: Ensayo histórico sobre las revoluciones de Yucatán desde el año 1840 hasta 1864 (Mérida, 1878); N. Reed: The Caste War of Yucatan (Stanford, 1964).  
Antecedentes. Los españoles, según algunos cronistas, hallaron algunas cruces, o señales de ellas, en los adoratorios de Yucatán; esto originó la suposición de que los mesoamericanos conocían la cruz cristiana. En abono de este aserto, se han señalado las cruces y las figuras cruciformes en los tableros de Palenque, que más bien pueden considerarse como plantas de maíz estilizadas. Muchos siglos antes de la era cristiana se representaba la cruz en América, según lo demuestran la que se ve en la estatuilla de Atlihuayán, Morelo, que se conserva en Cuernavaca, y la del jaguar de Chavín, Perú. Las cruces cristianas prehispánicas han sido motivo de leyenda. 


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen III, Colima - Familia)

viernes, 22 de marzo de 2019

Del encanto que usan para echar el sueño




En el conjuro para echar el sueño afirman que el encantado queda tal, que de ninguna manera despierta, aunque hagan de él cuanto quisieren, y si lo han experimentado como lo certifican es cierto que es expresa obra del demonio, en especial siendo como siempre es dirigido a alguna obra mortal, como hurto o adulterio; las palabras que usan son:

Nomatca nehuatl ninoyoalitoatzin, inic nehuatl, inic chicnauhtopa, iniquax tlaxihualhuin in temicxoch, iniquac inic nicanato in nohueltiuh chicnauhtopa. Nitlamacazqui in nohueltiuh xochiquetzal, inic zenca quipiaya in tlamacazque, in mochintin in quahuilli in occelome (sic) in ayhehuel (¿) calaquia; inic nictzatzili in cochiztli, inic chicnauhmictran yáque; inic nehuatl nixolotl, nicapani tli in (sic) zan tlalhuiz nouyan nitzatzi.

Tla xihuallauh tlamacazqui ze tecpatl, tla xoconmatiti in nohueltiuh, inic ámo nech-elehuizque yehuantin ixquichtin ioquichtihuan, ámo nech-elehuizque inic ye nic-huicaz in chicnauhmictlan, in oncannic-huicaz tlalli innepantla, inic oncan nic-macatiuh in moyohuallitoatzin, inic naucan nic-cuepaz, inic ámo quimatiz nehuatl niyaotl, ninoquequeloatzin, inic ye nic-áahuiltiz, inic ye niquincuepaz, niquinmicacuepaz in niyaotl, ninoquequeloatzin, inic ye niquinmacaz, inic ye huallahuanizque.

(Yo mismo cuyo nombre es tinieblas, para que yo para que de nueve partes para entonces ven ya sueño encantador, para cuando fui a traer a mi hermana nueve veces. Yo, sacerdote, (o demonio, fábula de la antigüedad) cuya hermana es la diosa Xochiquetzal, aunque mucho la guardaban los sacerdotes y el resto del pueblo, el príncipe y los más poderosos, con que era imposible entrar, para lo cual invoqué a voces al sueño, y con eso se fueron todos a los nueve profundos (i. las guardas quedaron dormidas profundamente). 

Porque soy yo el mancebo, yo a quien crujen las coyunturas, y que disparatadamente grito a todas partes. Ea, ya ven, sacerdote o demonio un pedernal, ve a saber si duerme ya mi hermana, que ya voy a sacarla para que no cudicien a mi mancebo, para que no me cudicie ninguno de sus hermanos, para que no me cudicien cuando ya la lleve a los nueve profundos, ya que he de llevar al centro de la tierra y es para entregarla allí a las tinieblas (i. el sueño) para que aunque la vuelva por cuatro partes, no siente yo que soy la misma guerra, para quien todo es burla, y que ya dispongo burlas de todos, convirtiéndolos en otros, haciéndoles quedar insensibles, yo que soy la misma guerra, burlador de todos, que los quiero ya entregar  para que queden borrachos perdidos en (o) de tinieblas (i.) de sueño.)
Con estas palabras afirman no sólo que los conjurados quedan dormidos, sino aun parecen insensibles, y así hacen de ellos cuanto se les antoja, cargándolos y llevándolos a otras partes.

También afirman que no despertarán si no los desencantan, y para el desencanto usan de otras palabras en que significan que lo que dijeron en el primer encanto no fue verdad, sino apariencia, y que lo que afirmaban como perpetuo, era sólo temporal; las palabras son las siguientes:
Inic niquinmanatiuh tlalli ynepantla, ynic nauhcampa yn ámo nelli yn no niquincuepa, yn ámo cochia, yn ámo oyáca vhiucnauhmictlan, yn ámo nelli oquinhuicac yn moyohualytoatzin. Ea (sic) ye niquincuepa yn yéhuatl yn temicxoch, yn nehuatl yn niyohuallahuatzin.
(Para traer a éstos del centro de la tierra, y de las cuatro partes, y para que no sea verdad que los encanté, y convertí en otros y que dormían, y que fueron a los nueve profundos, ni que los llevó el sueño o tinieblas. Ea aquí, que ya los vuelvo y les quito el encanto del sueño, yo que tengo como borrachera nocturna.)
Con esto dicen queda desecho el encanto y despiertos los encantados, y por no olvidar el demonio sus mañas, después de estas palabras están en los papeles, in nomine domine, en que manifiesta el demonio su ambición.
(Tomado de: Hernando Ruiz de Alarcón – Tratado de las supersticiones y costumbres gentílicas que hoy viven entre los indios naturales desta Nueva España. Colección 100 de México, Secretaría de Educación Pública, México, D.F., 1988)


miércoles, 27 de febrero de 2019

De la adoración y culto que dan al huautli





Donde más manifiestamente hay formal idolatría, es al fin de las aguas, con las primicias de una semilla menuda más que mostaza, que llaman huautli, porque también el demonio quiere que le ofrezcan primicias: es pues esta semilla más temprana, endurece y sazonarse que otra ninguna, y así la cogen cuando el maíz que llaman temprano o nemesina empieza a espigar, que en tierras calientes sucede en dos meses; desta semilla hacen una bebida como poleadas para beberla fría, y hacen también unos bollos, que en la lengua llaman tzoalli, y éstos comen cocidos al modo de sus tortillas.



La idolatría está en que acción de gracias de que se haya sazonado, de lo primero que cogen bien molido y amasado, hacen unos ídolos de figura humana de tamaño de una cuarta de vara poco más o menos; para el día que los forman tienen preparado mucho de su vino, y en estando hechos los ídolos y cocidos los ponen en sus oratorios, como si colocaran alguna imagen, y poniéndoles candelas e incienso les ofrecen entre sus ramilletes del vino preparado para la dedicación, o en los tecomatillos supersticiosos arriba referidos, o si no los tienen en otros escogidos, y para esto se juntan todos los de aquella parcialidad que es la cofradía de Bercebú, y sentados en rueda con mucho aplauso, puestos los tecomates y ramilletes delante de los dichos ídolos, empieza en su honra y alabanza, y en la del demonio, la música del teponaztli que es un tambor todo de palo, y con él se acompaña la canturia de los ancianos, y cuando ya han tañido y cantado lo que tienen de costumbre, llegan los dueños de la ofrenda y los más principales, y en señal de sacrificio derraman de aquel vino que habían puesto en los tecomatillos, o parte o todo delante los idolillos del huautli, y esta acción llaman tlatotoyahua, y luego empiezan todos a beber lo que quedó en los dichos tecomates primero, y luego dan tras las ollas hasta acabarse, y sus juicios con ellas, y siguiéndose lo que suele de idolatrías y borracheras. Empero los dueños de los idolillos, los guardan con cuidado para el día siguiente, en el cual juntos todos los de la fiesta en el dicho oratorio, repartiendo los idolillos a pedazos como por reliquias se los comen entre todos.



Este hecho prueba muy bien las grandísimas ansias y diligencias del demonio, en continuación de aquel su primer pecado, origen de toda soberbia de querer ser semejante a Dios nuestro Señor, pues aun en los misterios de nuestra Redención trabaja tanto por imitarle, pues en lo que acabo de referir se ve tan al vivo envidiado y imitado el singularísimo misterio del Santísimo Sacramento del Altar, en el cual recopilando nuestro Señor los beneficios de nuestra redención dispuso que verdaderísimamente le comiésemos, y el demonio, simia, enemigo de todo lo bueno aliña como estos desventurados le coman, o se dejen apoderar dél comiéndole en aquellos idolillos.

(Tomado de: Hernando Ruiz de Alarcón – Tratado de las supersticiones y costumbres gentílicas que hoy viven entre los indios naturales desta Nueva España. Colección 100 de México, Secretaría de Educación Pública, México, D.F., 1988)

martes, 13 de noviembre de 2018

Del mal agüero, conejos


 LIBRO QUINTO 

Que trata de los agüeros y pronósticos, que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras.


[...]

Capítulo VII
Del mal agüero que tomaban cuando veían entrar algún conejo en su casa.


Los aldeanos y gente rústica, cuando veían que en su casa entraba algún conejo, luego tomaban mal agüero y concebían en su pecho que les habían de robar la casa, o que alguno de su casa se había de ausentar o esconder por los montes, o por las barrancas, donde andan los ciervos y los conejos. Sobre todas esas cosas iban a consultar a los que tenían oficio de declarar estos agüeros.

Los conejos de esta tierra son como los de España, aunque no tienen tan buen comer.

(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)