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lunes, 20 de marzo de 2023

Concha Urquiza, una mística irreverente

 


Una mística irreverente: Concha Urquiza

En su búsqueda de Dios solo consiguió ahogarse en un mar de contradicciones


Por Alberto Cirigo

En 1924 la popular Revista de Revistas mostró la foto de una joven poeta de 14 años que destacaba por su intensa mirada, su corta melena de rubios y encrespados cabellos y la precoz sensualidad que irradiaba. Un año antes había había publicado versos de excelente factura en la Revista de Yucatán. Los poemas revelaban una fascinante mezcla de fervor religioso con amor profano, pero sobre todo reflejaban el alma atribulada de la autora, Concha Urquiza.

Esa singular moreliana nació la Nochebuena de 1910, cuando la revolución ya se extendía sobre gran parte del territorio mexicano, en el seno de una familia católica y tradicionalista. Tempranamente se vio sacudida por la tragedia: a los 3 años murió el padre y la familia se trasladó a la ciudad de México. La ausencia paterna marcó de manera indeleble a Concha, quien empezó a llevar una existencia tan trágica e inestable como la que vivía el país por esa época. Educada en un austero ambiente religioso, le tocó presenciar primero las atrocidades del conflicto revolucionario y luego las de la guerra cristera.

A los 17 años empezó a escribir una especie de diario que terminó 6 años después y que contiene relatos autobiográficos, esbozos de novelas, cuentos y poemas agrupados bajo el título de El reintegro. En los escritos se notan elementos que no se utilizaban en la literatura mexicana de aquel tiempo, tales como el cuestionamiento de la conducta y la vida de los personajes. Entonces Concha estaba muy influenciada por el escritor inglés de origen polaco Joseph Conrad, con quien compartía un hondo sentimiento de soledad, una radical incapacidad para mantener relaciones amorosas y un profundo amor por el mar.

ENTRE LA CRUZ Y EL VERSO 

A los 18 años se fue a vivir a Nueva York, donde permaneció un lustro y donde consolidó su formación intelectual. Trabajó en el departamento de publicidad de la empresa cinematográfica Metro Goldwin Mayer y perfeccionó su inglés leyendo a los más destacados autores anglosajones. Por entonces solía decir a sus amigos: "Cuando estoy en Estados Unidos y oigo ladrar en inglés, me pongo a leer a Shakespeare; cuando estoy en México y oigo aullar en español, leo a Cervantes".

Regresó al país en 1933 más temperamental y caprichosa que cuando se había ido y dueña de una recia personalidad matizada con severos arrebatos de inestabilidad. De carácter más bien modesto -nunca alardeó de intelectual ni dio gran importancia a sus escritos-, pasó su vida entre la bohemia y la religión. Muchos de quienes la conocieron cuentan que mientras estaba platicando en una cafetería pedía una servilleta y se ponía a escribir entusiastamente sobre ella; pero a menudo dejaba lo escrito sobre la mesa o lo regalaba a sus acompañantes. Muchas de esas servilletas son, en la actualidad, originales de numerosos poemas.

Cuando convivía con amigos no vacilaba en utilizar un lenguaje salpicado de groserías, impropio de las damas de aquella época. Trabajó durante un tiempo en el archivo de la Secretaría de Hacienda, se declaró simpatizante de las ideas de izquierda, militó en el Partido Comunista Mexicano (constituido en la segunda década de este siglo) y posteriormente adoptó un anarquismo crítico que degeneró en una aguda insatisfacción personal. En este último periodo emprendió una desesperada búsqueda de sentido para su existencia.

CONVERSIÓN APASIONADA 

Su radical insatisfacción empujó a Concha hacia la vida religiosa. Estaba convencida de que en el seno del catolicismo resolvería las dudas que la acusaban y se convirtió en novicia en un convento michoacano de las Hijas del Espíritu Santo.

Al igual que sor Juana Inés de la Cruz, tuvo un confesor y guía espiritual, Tarsicio Romo, quien tomó a su cargo la tarea de inculcarle las enseñanzas de Cristo. Romo la describe como "rebelde como un matorral, nerviosa y moralmente hecha pedazos". Además de estimular su fervor religioso, el clérigo le ayudó a incrementar sus conocimientos literarios, prestándole obras del poeta español Federico García Lorca, que él consideraba no aptos para estar en la biblioteca de un convento. En una carta en que le pedía la devolución de los libros, Romo se refería a ella como si fuera un hombre, escribiéndole: "usted es demasiado inteligente y puro".

Dentro del convento en Morelia, Concha tuvo que soportar una vida de encierro, obediencia y disciplina que contrastaba con su dominante carácter. A raíz de ello sus nervios, de por sí muy sensibles, se mantenían "siempre tensos como un arco a punto de disparar la flecha", de acuerdo con el sacerdote Gabriel Méndez Plancarte, uno de sus biógrafos y principal promotor.

ESTE AMOR QUE YO ALIMENTO...

Durante años la poeta se sintió torturada por la falta de amor, "aun por el más bajo de los amores humanos", hasta que una noche de 1937 tuvo, por fin, su encuentro con la divinidad, su enamoramiento de Dios, quien -escribió- "se apoderó completamente de todos mis deseos". Meses después la conversa declaró: "Nunca amé a nadie con tal pasión del entendimiento y la voluntad, ni creo que después de haber sentido esto pudiese contentarme con el amor a un hombre", sentimiento que expresó en la frase "quiero amarte sin mí", que aparece en uno de sus versos.

En esa etapa escribió sus mejores poemas, caracterizados por imágenes amorosas similares a las de los poetas místicos como fray Luis de León, santa Teresa y san Juan de la Cruz. Ubicada a un paso del erotismo, la poesía mística requiere de una revelación, de un trance espiritual como los que Concha experimentaba después de orar intensamente. Ella describió esa sensación "que entraba por todos los sentidos, mezcla de estupor y angustia, como quien pasa de un medio físico a otro…"

Apunta el investigador José Vicente Anaya que para el amor del misticismo católico la muerte es el único medio por el cual el amante puede vivir definitivamente con el amado, por lo que morir es un anhelo ferviente de los místicos. En Concha Urquiza las ansiedades terrenales y los impulsos celestiales chocaban duramente, provocándole reiteradas crisis nerviosas, mientras en sus escritos la vida y la muerte constituye un único y reiterativo tema. Empezó a sufrir lo que llamó "marejadas de sombra" y escribió: "Sufro porque vivo en una contradicción perpetua... No sé qué tengo ni qué quiero".

VUELTA A LA VIDA TERRENA

Harta de la vida conventual, regresó a la Ciudad de México a vivir con su madre y su hermana. Fumaba sin parar y le gustaba beber cerveza en las comidas, cosa que no hizo mientras permaneció con las monjas. Luego realizó un viaje a Morelia y Pátzcuaro en el que lamentó separarse por segunda vez de sus allegados. Escribió: "Sólo he querido morir para descansar un poquito, pero no quisiera morir por haberte amado poco" e imaginó una muerte gloriosa, "morir por amor al amado".

Aunque fuera del convento, continuó ligada a la congregación, enseñando literatura e historia en colegios confesionales del DF y provincia. En 1939 viajó a San Luis Potosí, donde impresionada por la tranquilidad interior que sentía decidió quedarse una temporada. Trabajó como maestra de lógica e historia de las doctrinas filosóficas, y su vida se volvió más sosegada y fecunda. Terminó el bachillerato en ciencias sociales e inició el primer año de leyes en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Continuó escribiendo y consolidando un estilo propio. Hizo la adaptación para cine de la obra de Edmundo D'Amicis, Corazón, diario de un niño, y escribió poesías, cartas y su Diario.

A pesar del remanso de paz que había encontrado en tierra potosina, en septiembre de 1944 regresó a México para profundizar sus estudios de filosofía. Asistió al seminario de investigaciones históricas que impartía el admirado José Gaos, pero una severa crisis nerviosa la sumió en "una gran aridez espiritual".

Censurados por la Iglesia, muchos de los escritos de Urquiza acabaron quemados por las monjas del Espíritu Santo, en tanto otros fueron "editados" por Méndez Plancarte. Si bien a este biógrafo se debe el descubrimiento público de la poeta, comenta el escritor Emmanuel Carballo que los maledicentes de los años 50 murmuraban que el editor había transformado los poemas eróticos de Concha, dirigidos en su mayoría al filósofo Adolfo Menéndez Samará, en intensos poemas místicos. El afán apostólico de Méndez Plancarte por salvar un alma descarriada -dice Carballo- acabó por imponerse; y donde la autora escribía "señor" con minúscula, el religioso copiaba "Señor" con mayúscula, operación que también realizó con el pronombre "Él".

BORRASCA ESPIRITUAL 

Los demonios internos volvieron a atormentar a Concha, quien viajó a Baja California invitada por las Hijas del Espíritu Santo para dar clases en su colegio de Tijuana. Abordó la avión a Mexicali y de allí partió a Ensenada con el fin de pasar unos días de descanso junto al mar. Llegó a su destino muy afectada, pues en los últimos tiempos se había sentido muy alejada de Dios. Miguel M. Domínguez, un conocido de ella quien la vio en esa época, dijo que "su alma venía buscando a Dios en ese mar tan azul".

El 20 de junio de 1945 fue al balneario "El Estero" con un grupo de amigos. Realizó un paseo por un islote cercano, mientras sus acompañantes se alejaban en una embarcación, dejándola con otro de los visitantes y despreocupados de ella, a quien consideraban excelente nadadora. Un día después se encontraron los dos cuerpos flotando en el océano Pacífico y el 22 de junio la poeta fue sepultada en el panteón del Tepeyac, en Tijuana.

De los amores de Concha poco se sabe, salvo lo dicho por Carballo. Lo cierto es que ella consideraba que el amor humano y el divino eran excluyentes, lo cual le acarreó una vida de dudas, incertidumbre y mortificaciones. Aun cuando todavía se especula sobre su muerte, muchos sostienen que se abrazó voluntariamente a la inmensidad del mar para castigarse por haber interrumpido su íntima ligazón con lo divino.

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Dos poemas de Concha Urquiza


A Jesús, llamado "El Cristo"


Entre el cobarde impulso de olvidarte 

y el doloroso afán de poseerte,

el corazón vacila de tal suerte 

que ya no sabe huirte ni buscarte.


Conozco que he nacido para amarte,

que dejarte de amar sería mi muerte,

y más quiero perderme con perderte 

que mi torpe placer sacrificarte.


más, ¿qué mucho, mi Dios, si me quisiste 

de contrarios principios engendrada?

Cielo y tierra es el ser que tú me diste;


y cuando busca el cielo su morada 

primera, y va a subir, se le resiste 

la tierra, de la tierra enamorada.


San Luis Potosí 14 de junio, 1939


De "Cinco sonetos en torno a un tema erótico"


Mi cumbre solitaria y opulenta 

declinó hacia tu valle tenebroso,

qué oro de espiga ni frescor de pozo 

ni pajarera gárrula sustenta.

 

En tu luz gravitante y macilenta,

quebrado el equilibrio del reposo,

vago sobre su espíritu medroso 

como un jirón de bruma cenicienta.


Libre soy de tornar a mis alcores 

do Eros impúber la zampoña toca 

ceñido de corderos y pastores;


mas a exilio perpetuo me provoca 

la chispa de tus ojos turbadores,

la roja encrespadura de tu boca.


(Tomado de: Círigo, Alberto: Una mística irreverente: Concha Urquiza. Contenido ¡Extra! Mujeres que han dejado huella. Segunda serie, segundo tomo. Editorial Contenido, S. A. de C. V. México, D. F., 1999)





sábado, 2 de enero de 2021

León Felipe


(León Felipe Camino y Galicia), poeta nacido en Tábara, Zamora, España, en 1884; muerto en México en 1968. Comenzó su vida literaria en Madrid (1920), con Versos y oraciones de caminante. Residió en México, como exiliado político, desde 1940; junto con otros intelectuales y literatos, alentó la creación de la revista Cuadernos Americanos. Su obra comprende también traducciones, prosa y teatro; pero debe a la poesía su gran celebridad. Entre los veinticinco volúmenes por él publicados se encuentran: Antología poética (1935), El payaso de las bofetadas y El pescador de caña (1938), Español del éxodo y del llanto (1939), Ganarás la luz (1942), Antología rota (1947), El ciervo (1958), ¡Oh, este viejo y roto violín! (1966). En 1964 la Editorial Losada publicó en Buenos Aires sus Obras completas.

COMO TU

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen IV, - Familia - Futbol)

miércoles, 7 de octubre de 2020

Francisco Liguori


Orizabeño de origen, abogado de profesión y humorista por destino manifiesto, Francisco Liguori [1917-2003] gusta de vivir con una sonrisa, un chiste, una anécdota o un epigrama a flor de labio.
Con su complexión atlética, su cara de niño atufado y su voz de trueno, Liguori desborda alegría y optimismo en una época en que el gesto ceñudo, la palabra airada y la agresión irracional parecen ser el signo de las nuevas generaciones, y esparce su inagotable ingenio en todos los lugares en donde se le conoce, se le estima y se le admira.
La obra humorística de Francisco Liguori, sin embargo, es difícil de espigar. Varias publicaciones del país y del extranjero han solicitado su colaboración literaria, pero aun que tales solicitudes han sido esporádicamente aceptadas, él prefiere escribir o improvisar -ésta es una costumbre suya desde sus buenos tiempos de estudiante- para los condiscípulos, para los amigos y frecuentemente para cualquier desconocido que se acerca a él en busca de un poco de regocijo.
Su producción, de eminente corte popular, es repetida y las más de las veces prohijada por el pueblo.
Algunos de los epigramas incluidos en esta selección nos fueron proporcionados por el mismo autor. Otros los hemos colectado en la calle, en la cantina, en la redacción de un periódico, en el corrillo universitario o en la antesala de una oficina pública, de boca de un bolero, de un mozo de barra, de un reportero guasón, de un estirado profesor de literatura o de un circunspecto personaje de la política.Por voluntad del propio autor, pues, ya que su calidad literaria está fuera de toda duda, la producción humorística de Liguori permanece inédita.
A instancias de sus amigos, sin embargo, piensa publicar en breve sus "Crónicas Rimadas", antología del risueño ejercicio a que se dedica el humorista, semana a semana, en el programa de la televisión "Sábados con Saldaña".

a) INMORALEJA
Comenta aquí Liguori lo sucedido a un viejo amigo suyo que trató de hacer realidad lo que aconseja el filósofo persa que escribió: "Si quieres ser feliz, siembra un árbol, escribe un libro y engendra un hijo."


Tuve un amigo canijo
que leyó en un libro viejo
aquel antiguo consejo
y lo siguió muy prolijo.

En su propósito fijo
pensó, como buen pendejo:
"Seré feliz porque dejo
un libro, un árbol y un hijo."

Pero le salió mal todo,
pues por irónico modo
logró al fin de su jornada,
un libro muy aburrido,
un árbol seco y torcido
y un hijo... de la chingada.

b) LOS DE ABAJO
Fue Francisco Liguori, durante sus años de la Facultad de Derecho, lo que se llama una verdadera amenaza estudiantil. Un día escribió en el pizarrón, con dedicatoria al maestro Mariano Azuela, hijo del ilustre autor de "Los de Abajo", esta chunga:


Ya se rumora en la escuela
en son de chunga y relajo,
que al caro maestro Azuela
pesan mucho "Los de Abajo".

Liguori nos permitió la publicación de este pecado suyo de juventud, solamente con la condición de agregar el siguiente recado al mismo maestro Azuela, escritos en rigurosos términos jurídicos:


Viejo maestro querido:
si mi epigrama se ejerce
como aguijón, y te ha herido,
repara en que debe verse
como un acto consentido
y por ello, en tal sentido,
debe de sobreseerse.

c) AUSCULTACIÓN
A la retórica oficialista debemos frases comparables, por su contenido enigmático, a cualquier imagen representativa de la pintura abstracta. Una vez le preguntaron a Liguori qué cosa significaba, a su juicio "efectuar una auscultación de la periferia al centro", a lo que contestó:


En el jarocho parlar
una parábola encuentro:
las nalgas acariciar
y luego empujar pa'dentro:
eso se llama auscultar
de la periferia al centro.

d) BARRA MEXICANA DE ABOGADOS
Al actual presidente de la Barra Mexicana de Abogados, licenciado Andrés Melo, el epigramista le dedicó esta semblanza:


Es un orador de garra
y abogado muy capaz;
presidente de esta Barra
y asistente a las demás.

e) EL POETA ALI CHUMACERO
Aladino Suárez, antiguo dueño del restaurante Bellinghausen contaba entre sus asiduos clientes al poeta Alí Chumacero, con el que solía parrandear. Liguori adjudica a ambos esta anécdota en verso:

Ayer tarde me habló Alí
desde un restorán tudesco,
y en epigrama arabesco
reproduzco lo que oí:
que estaba bebiendo Alí
en la casa de Aladino
e ingirieron tanto vino
-whisky, brandy, bacardí-,
que se perdieron ahí
la lámpara de Aladino
y las babuchas de Alí.

Y a propósito del ingreso del poeta a la Academia de la Lengua, el epigramista comentó:

Cayó en la Academia Alí
por su lenguaje pulido;
y tanto ha caído ahí,
que hoy se encuentra Alí-caído.

f) DELITO DE PELIGRO
Cuando la Procuraduría del Distrito anunció que todo automovilista con aliento alcohólico sería detenido y consignado por el delito de peligro, Liguori glosó así tal noticia:

Hay una circular nueva
que al manejador proteje:
"El que beba, no maneje
y el que maneje, no beba."

Con irónica expresión
me dijo un amigo viejo:
"Ante tal disposición,
no manejo, no manejo."

g) MÍSTICA PRIÍSTA
Con motivo de la preselección de candidatos a diputados federales, el presidente priísta Jesús Reyes Heroles vivió prácticamente asediado, durante varias semanas, por un enjambre de presuntos. Liguori aprovechó el tema, para comentar:

Preocupados, cejijuntos,
y a ratos fuera de sí,
rondando andan los presuntos
las antesalas del PRI.

¿Qué místicos arrebatos
sacuden su mente loca,
que andan los precandidatos
con el Jesús en la boca?

h) CAMBIO DE PIEL
La siguiente décima, que presuntamente constituye una autocrítica, nos revela el gracioso afán de Liguori de pitorrearse de todo, hasta de sí mismo:

Tenemos los mexicanos
escritores a montones:
unos que son maricones,
otros que son marihuanos;
y otros más que son tan sanos
y a veces son tan empíricos,
que sus arrebatos líricos
no conmueven ni al más lerdo.
Por ello, en común acuerdo,
se han convertido en satíricos.

i) POETAS NAHUALES
José [sic por Miguel] León Portilla, actual Cronista de la Ciudad de México y uno de los investigadores mas preocupados por nuestra cultura precortesiana, realizó el descubrimiento y la presentación de la obra de trece poetas del mundo azteca. Liguori escribió al respecto:

Según León Portilla hay
trece poetas nahuales,
nahuales entre los cuales
están él y Garibay.

(Tomado de: Elmer Homero (Rodolfo Coronado) – El despiporre intelectual (Antología de lo impublicable). Colección El Papalote, #6. Editores Asociados, S. A. México, D.F., 1974) 

lunes, 18 de mayo de 2020

Leyenda del callejón de López


El callejón de López

[Juan de Dios Peza, 1852-1910]


I

Triste, muy triste, sintiendo

dentro del alma ese dardo

que clava artera la envidia

a todo el que tiene mando:

en una tranquila noche

del voluble mes de marzo,

y bajo la espesa sombra

de un fresno, al borde de un lago,

así Hernán Cortés hablaba

con uno de sus soldados

que de lealtad y bravura

mil pruebas le dio en el campo:

-Después de tantas fatigas

y de sacrificios tantos

la suerte nos es adversa

y es menester hacer algo.

-Señor, en todas las cosas

igual que en todos los casos

disponed de mi persona

porque os sirvo con agrado.

-Martín, me habéis conocido

en los peligros más arduos:

como con Dios siempre cuento

ni vacilo ni desmayo,

pero me encuentro afligido

ya que no desesperado.

-Larga es la lista de muertos.

-Y más larga la de obstáculos.

-Para vos son allanables

cuantos encontréis al paso.

-Nunca llegué a suponerme

que el monarca mexicano

tuviera por valladares

inexpugnables los lagos.

-Son extensos y profundos.

-Y carecemos de barcos.

-Ese argumento no debe

ni un instante preocuparos.

-¿Encontráis manera fácil,

mi buen Martín, de evitarlo?

-¡Fácil! no, señor; segura.

-¿Segura decís? -Es claro;

y permitidme que os abra

mi corazón, siendo franco,

muy mal os juzgué en un tiempo.

-¿Por un hecho? -Y muy extraño.

Al pisar la Villa-Rica,

en el porvenir pensando

cabe un peñón imponente

hicisteis hundir las naos.

-Así lo juzgué preciso,

porque si las dejo en salvo

hubieran sido un refugio

de cobardes y de ingratos.

-Bien hecho está lo que hicisteis,

y yo, al reprobar tal acto,

os vi guardar el velamen

y las anclas y los palos,

y burlé vuestro capricho

que aquí con el alma alabo,

puesclo que llamé torpeza

se ha convertido en milagro.

-¿Milagro decís?

-No hay duda.

Sólo Dios ve los arcanos

que en lo futuro se esconden.

y es Él quien vierte sus rayos

para que pueda sin ojos

el pensamiento mirarlos.

-Explicad vuestras palabras.

-Muy claras son, don Hernando.

¿Quién al tocar esta tierra

y en un puerto tan lejano,

de guardar anclas y velas

os dio consejo tan sabio?

Hoy al ver estas lagunas

vuestra previsión acato,

y puesto que disponemos

de numerosos esclavos

y que tienen estos bosques

material hermoso y vasto,

nada tamáis ni os arredre,

fabricaré nuevos barcos,

servirá cuanto guardasteis

para bien aparejarlos,

y así que Dios lo disponga

y nos deis vuestra mandato

flotarán sobre estas olas

y a su impulso soberano

ganaréis a vuestra antojo

para el rey nuevos vasallos.

-Mucho hicisteis, Martín López,

por Castilla, y a mi lado,

pero lo que haréis, os juro,

que colmará mi entusiasmo;

ejecutad bien y pronto

lo que me habéis puesto en claro,

y Dios y el Rey darán premio

a tan ejemplar trabajo.

Disponed sin tasa alguna

de recursos y de brazos,

que la gloria de Castilla

Encomiendo en vuestras manos.



Y dichas estas palabras,

aquel alto abandonaron,

siguiendo distintos rumbos

don Martín y don Hernando;

éste volviendo su rostro

hacia un punto muy lejano,

conjunto de pobres chozas

en el confín solitario,

dijo exhalando un suspiro,

lento, profundo y amargo:

"Allí en Coyoacán quisiera

un religioso descanso

donde ajeno a toda pompa

ir a llorar mis pecados,

que en el peso no son leves

y en el número son largos".

Y entróse luego a su tienda,

mientras en el cielo diáfano

brillaba en ella la luna

retratándose en el lago.

II

No se hundió por veinte veces

el indio sol en ocaso

sin mirar a Martín López

dar comienzo a su trabajo.



Mandó Cortés que a Tlaxcala

fuese Sandoval Gonzalo

seguido de escopeteros

con algunos de a caballo;

y con muchos tlaxcaltecastlaxcaltecas

y con doscientos soldados,

llevando en su compañía

a los mancebos de Chalco,

para que a viejos y a niños

pusieran doquier en salvo,

y se trajeran de prisa,

sobre sus hombros cargando,

cuanto menester hubiera

López para hacer los barcos.



Y estas órdenes cumplidas

tales como se mandaron,

vieron se cruzar en breve

por los montes y los campos

más de ocho mil tlaxcaltecas

seguidos por otros tantos,

con madera y tablazones

que en Soltepec levantaron;

y que no bien depusieron

su carga ante don Hernando,

con grande peligro al verse

en tierra de mexicanos,

ofreciéronle gustosos

aportar nuevo recaudo

siempre que los ballesteros

les custodiaran el paso.



Con bastimento tan rico

López comenzó su encargo;

Diego Hernández, Andrés Nuñez

y Ramírez ayudaron

con Aguilar hasta el punto

en que las naves se armaron,

y puestas jarcias y velas

y los mástiles clavados

tres veces ponerles fuego

los de Tenoch intentaron.



Abrióse al fin ancha zanja,

y millares de vasallos

los vistosos bergantines

en la honda cuenca dejaron.



Buscó luego entre los suyos

hombres de mar don Hernando,

gentes que fueran nacidas

en Triana, Moguer o Palos

y mandóles que remasen

por más que fueran hidalgos.

Y diéronle así a las velas

con pompa las nuevas naos,

con banderas, estandartes,

flechas, macanas y arcos,

ente vivas estruendosos

a los reyes castellanos,

que lombardas y arcabuces

con las salvas saludaron.

Las ondas claras y tibias

del virgen hermoso lago

se estremecieron sintiendo

los bergantines hispanos,

y las gotas que en las quillas

como lágrimas temblaron

eran la expresión del duelo

de un imperio conquistado.



Al ver los trece bajeles

sobre las aguas surcando

con las jarcias y el velamen

que Cortés consigo trajo,

cuentan veraces testigos

que el conquistador ufano

le dijo así a Martín López

estrechándolo en su brazos:

"Os deberé la victoria,

porque vos me habéis salvado

negando toda defensa

a los reyes mexicanos".

III

De tan memorables hechos

transcurridos unos años,

sólo vivió Martín López

en un solar apartado;

mirábanle con respeto

por ser hombre de trabajo

y porque no trató nunca

a los indios como esclavos.

Algunos de los caciques

que lo encontraban al paso

murmuraban con tristeza

en sus desgracias pensando:

"Sin tan hábil marinero

Cortés no hubiera ganado,

que más que los arcabuces,

las lanzas y los caballos

el triste fin del imperio

López logró con sus barcos".

El marinero ausentóse,

pero jamás lo olvidaron,

que al sitio donde habitara

sin honores y sin rangos

bautizaron con su nombre

los propios y los extraños.


(Tomado de: Peza, Juan de Dios – Leyendas históricas, tradicionales y fantásticas de las calles de la Ciudad de México. Prólogo de Isabel Quiñonez. Editorial Porrúa, S.A. Colección “Sepan cuantos…”, #557, México, D.F., 2006)