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lunes, 19 de enero de 2026

Caudillos de la nueva oposición; III Salvador Nava


Los caudillos de la nueva oposición 

Sección: Señoras y Señores

Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


 III: Salvador Nava


El mismo día que al panista Medina Plasencia le era ofrecida la gubernatura de Guanajuato, en San Luis Potosí otro opositor, Salvador Nava Martínez, reunió a 30,000 de sus partidarios para pedirles perdón por haber creído en los votos de democratización formulados en años recientes por el gobierno federal. En esos días, explican sus allegados, Nava se sentía como Simón Bolívar en el ocaso de la vida, cansado de arar en el mar; de cortarle al monstruo tentáculos y cabezotas que siempre retoñan. 

La historia se inició en la década de los 50, cuando los hermanos Nava Martínez, todos dedicados a la medicina, eran ya figuras de renombre en San Luis Potosí. El mayor del clan, Manuel (fallecido), había sido rector de la universidad local por 2 periodos consecutivos, y en 1958 fue nuevamente elegido tras una tormentosa campaña durante la cual el cacique local, Gonzalo Natividad Santos, trató infructuosamente de imponer a un candidato gobiernista a quien los estudiantes corrieron con huelgas y manifestaciones. 

Aunque más jóvenes, los otros Nava tenían casi tanto prestigio como su hermano el rector, entre otras razones porque cultivaban la tradición de médicos pueblerinos de no cobrarles a los pacientes pobres, curar con ascendiente espiritual más que con medicinas y aceptar huevos, puerquitos o guajolotes en pago de honorarios. 

Hombre hogareño: el oftalmólogo Salvador, por entonces apenas cuarentón, tenía fama de milagroso, y en muchas casas pobres había altarcillos con fotos del doctor y veladoras como testimonio de gratitud de algún paciente rescatado de la ceguera. 

Por aquellos años la política mexicana era todavía un arte marcial cultivada por sombrerudos y empistolados, más duchos en pleitos de faldas y líos de cantina que en labores de gabinete o biblioteca. Entre risas el cacique Santos siempre se vanagloriaba de que en su "prebostazgo" (como él llamaba a San Luis) "sea gringo, gachupín o indio, a todos me los ch..."

Al oftalmólogo Nava, un hombre de hábitos pulcros, no se le conocían malandanzas; parecía obsesionado con su profesión y sus contados ratos de ocio no los dedicaba a la cantina sino a su esposa y 3 hijos, a escuchar música de Mozart y a leer novelas policiacas "de altura". 

La ofensiva final contra Santos se desencadenó en 1958, año a horcajadas entre los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, aprovechando las ventanas de vulnerabilidad que el régimen suele abrir a finales y comienzo de cada sexenio. La campaña fue lanzada por Acción Reivindicadora, un grupo local, y la Unión Nacional Sinarquista, que tal vez no habrían logrado movilizar a los apáticos potosinos si los promotores no hubieran reclutado al rector Manuel Nava y a su hermano, el oftalmólogo Salvador, figuras de lo que hoy se llamaría centro derecha, pero independientes y sin compromisos con los partidos. 

Testimonio calificado: El único incidente con los hermanos Nava de que da cuenta Gonzalo N. Santos en sus Memorias, ocurrió durante la campaña presidencial de López Mateos: 

"Una vez que comenzó la gira política del candidato, y a invitación expresa de él", escribió el cacique, "me incorporé para acompañarlo a diversos estados de la república, entre ellos San Luis Potosí. Cuando llegamos a la plaza de la capital potosina, y en lo que bajamos del camión que nos condujo allá, alguien gritó ¡Viva López Mateos, muera el cacique! Comprendí que se trataba de unos cuantos estudiantes de la familia Nava y otros mochos sinarquistas, "sonreídos" muy de cerca por ayudantes del tuerto Manuel Álvarez, entonces gobernador del estado…

"Llegamos a la universidad y todo se produjo en más o menos calma hasta que al fin del mitin los Nava mostraron algunos grandes algunos garrotes dirigiéndose a mí y gritando: "¡Muera el cacique! Como esos individuos lo menos que querían era que yo les mentara la madre, sólo me acerqué al grupúsculo y delante de López Mateos les dije: "Aquí estoy, qué quieren de mí" De inmediato la comitiva del candidato los dispersó, mientras el licenciado López Mateos me comentaba: "Yo he sido estudiante, mi Tigre, y sé cómo se mueve esta gente; no tengas precaución por el incidente".”

Si Santos no hubiera estado ya obnubilado por la adiposidad del poder, habría advertido que el tiempo se le acababa; hasta los jerarcas eclesiásticos, que en otras épocas habían comido de su mano, empezaron a regatearle el apoyo. Al poco tiempo se cumplía una máxima de López Mateos: "Los cacicazgos subsisten mientras el pueblo los tolera"; el movimiento navista consiguió que el "tigre" abandonara el estado.

En aquel clima, Salvador Nava lanzó su candidatura a la presidencia municipal de San Luis Potosí. La campaña alcanzó tal calor que en un momento dado 30,000 manifestantes pasearon por las calles de la ciudad unos ataúdes con los nombres de Santos, el gobernador Álvarez y el candidato del PRI  a la alcaldía, un ahora olvidado Francisco Gutiérrez Castellanos; y fue tan grande el pánico de los huérfanos políticos del cacique, que las fuerzas policiacas se encerraron en el edificio municipal en vez de enfrentarse a la turba. 

Motivos de salud: Durante aquella campaña de 1958 pasó de todo: el 20 de noviembre, los padres de familia familia prohibieron a sus hijos que participaran en el tradicional desfile; y se congregaron ante el palacio de gobierno, para bombardear el edificio (y al gobernador, cuando el pobre hombre se atrevió a asomar las narices) con huevos podridos. Pocos días más tarde se produjeron balaceras que costaron varias vidas, entre ellas la de un niño de 7 años de edad, hijo de un obrero. 

Nava ganó y su triunfo (22,010 votos contra 11,132 del candidato oficial) no pudo ser desconocido. El movimiento navista -dice Tomás Calvillo en su libro El nabismo o los motivos de la dignidad- no se limitó a la capital. En aquella elección presentó candidatos en un buen número de municipios del interior y se le reconocieron triunfos en una decena de ayuntamientos, entre ellos los de San Antonio Rayón, Cerro de San Pedro, Villa de Hidalgo, Santo Domingo, Tampamolón y Villa de Ramos. Abrumado por la derrota, el gobernador Manuel Álvarez pide licencia "por motivos de salud. En su lugar fue designado el entonces diputado federal, Francisco Martínez de la Vega.

Nava recibió el municipio cargado de deudas y con las arcas vacías, pero en apenas dos años de gestión resolvió el problema del drenaje para las siguientes dos décadas, tendió una red de distribución de agua potable de 20 km de longitud e instaló alumbrado público en el 80% de las calles de la capital. 

Sin embargo, el alcalde potosino no tomó en cuenta el cambio de atmósfera que suele operarse a partir del segundo o tercer año de cada sexenio: en 1961 presentó su candidatura para gobernador del estado, cometió el error de ganar, y selló su suerte para las siguientes 2 décadas.

El contendiente de Nava en las elecciones de 1961 fue Manuel López Dávila, un priista poco conocido en la entidad, a quien el oftalmólogo podía derrotar con extrema facilidad. Al que no se podía derrotar era al régimen, incapaz por entonces de entregar un estado de la Federación. Así se lo advirtió a Nava el entonces presidente del PRI, Alfonso Corona del Rosal, quien sugirió que, a cambio de la gubernatura, el potosino aceptara una curul en el Congreso de la Unión. En vez de pactar, Nava denunció públicamente la propuesta, y  a partir de entonces se le cortó la posibilidad de ser protegido por el gobierno federal. 

La trampa contra Nava fue preparada para el 15 de septiembre y estuvo a punto de fallar. 

Haciéndose pasar por emisarios del oftalmólogo, agentes provocadores convocaron a los navistas a un mitin de protesta en la plaza de armas de San Luis Potosí, precisamente a la hora y en el lugar donde tendría efecto la ceremonia del grito. Desde varias horas antes, el sitio apareció rodeado por pistoleros con órdenes de desencadenar una masacre; pero a medida que los despistados partidarios de Nava iban llegando, los propios soldados y policías apostados en las inmediaciones les advertían que se trataba de una trampa, urgiéndolos a alejarse. 

Eclipse: Al cabo, a la hora señalada y cuando repentinamente se apagaron las luces, la balacera se desató, aunque en ella participaron grupos de pistoleros que se confundieron mutuamente con navistas. Al día siguiente Nava y algunos de sus colaboradores fueron detenidos y conducidos al D.F., donde permanecieron más de un mes, primero en el campo militar número uno y después en la vieja penitenciaría de Lecumberri. Durante ese lapso se proclamó en San Luis Potosí el triunfo del candidato priista con 175,646 votos contra 45,617 de Nava. 

Al año siguiente y en vista de que Nava no acató el consejo que le dieron en México de alejarse de San Luis Potosí, el oftalmólogo fue nuevamente detenido y esta vez ya no lo trataron con guante blanco: le dieron tal golpiza que salió de la cárcel con 2 cosillas rotas, graves derrames internos y un brazo paralizado. Le tomó más de un año recuperarse físicamente; mientras tanto, sus principales seguidores se desbandaron o fueron comprados por el gobierno. 

Aún derrotado, Nava conservó su popularidad (mientras estaba en la cárcel, los habitantes de colonias populares de San Luis Potosí hicieron colectas para ayudar a doña Conchita, la esposa del oftalmólogo); pero el desmembramiento del cacicazgo de Santos había provocado un apaciguamiento político que dejó a Salvador Nava sin caldo de cultivo en el cual prosperar. 

Con apenas débiles débiles e intermitentes sacudidas, la calma chicha potosina se prolongó por casi 2 décadas, hasta que el profesor Carlos "La Ardilla" Jongitud Barrios fue impuesto como gobernador en 1979. 

Durante su sexenio, Jongitud -entonces inamovible líder del magisterio- no solo robó, sino que hizo alarde de su latrocinios. Utilizó los cuerpos de seguridad del estado para ayudar a bandas de contrabandistas que dirigían protegidos del gobernador. Con dinero del erario público mandó hacer una enorme residencia, con ínfulas palaciegas, que al término del mandato vendió a la nueva administración, para que se convirtiera en residencia oficial de los gobernadores. 

Por esos años, Salvador Nava regresó a combatir la ignominia. Tras dos décadas de olvido, el oftalmólogo ya ni soñaba con volver a la política activa; pero los desesperados potosinos literalmente fueron a sacarlo del consultorio y lo lanzaron como candidato a alcalde de la ciudad capital del estado, con el improvisado respaldo del PAN y el PDM. Nuevamente los tiempos eran propicios: despuntaba el sexenio de Miguel de la Madrid bajo La invocación de la Renovación Moral, y se esperaba que, al menos, fueran respetados aquellos resultados electorales demasiado claros para poderlos tergiversar. 

Veladoras: Esta vez, como la anterior, Nava recibió la ciudad sepultada bajo montañas de basura, con las calles acribilladas de baches, y deudas tan cuantiosas que, al poco tiempo, el ayuntamiento tuvo que trabajar a la luz de las velas, porque le cortaron la electricidad. Aún así, Nava consiguió remendar las finanzas municipales, y remozar el primer cuadro de la capital potosina. 

Crecido por la victoria, el movimiento navista, aglutinado en el Frente Cívico Potosino, volvió a ganar elecciones en 1985 (no le reconocieron el triunfo) y en 1988 (sí se lo reconocieron).

Durante 1989 y 1990 los navistas tuvieron que hacer una tregua y encender veladoras, mientras rogaban por la recuperación del "doctor Chava", como cariñosamente llamaban al oftalmólogo, quien, víctima de cáncer, se sometía a un traumático tratamiento de quimioterapia. Al término del plazo Nava había descansado lo suficiente y hasta engordado un poco: tan bien se sentía, que aceptó la nominación del Frente Cívico Potosino a la gubernatura, para las elecciones el pasado 18 de agosto. 

El hombre sabía que la oposición dividida estaba destinada al fracaso, así que puso como condición ser candidato único de las fuerzas antipriístas. Metiéndose en la bolsa desconfianza y resquemores, perredistas, pedemistas y panistas se avinieron, y formaron la Coalición Democrática Potosina, CDP

Durante la campaña preelectoral, los partidos de la coalición sólo brindaron a Nava un tibio apoyo moral, mientras luchaban entre sí enconadamente por los cargos legislativos federales que se disputaban. Nava hizo campaña por su cuenta: recorriendo palmo a palmo el territorio del "prebostazgo", comprobó que la lucha iniciada hace 30 años no había perdido actualidad; violencia y opresión seguían imperando en muchas zonas, especialmente en la Huasteca; como antaño, el estado seguía contándose -según parámetros del INEGI- entre los 5 más atrasados del país; y los caciques seguían tan soberbios y corruptos como siempre. 

Lo que pasó inmediatamente después, es conocido. Nadie sabe cuánto tiempo aguantará San Luis Potosí las cosas que le suceden. Lo que sí se sabe es que, mientras le quede vida, Salvador Nava no se dará por vencido.


(Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. III Salvador Nava. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)

lunes, 10 de noviembre de 2025

Manuel Marcué Pardiñas

 


Manuel Marcué Pardiñas

Destacado personaje de la política de oposición, miembro fundador de varios organismos y editor de importantes revistas, no cabía duda de que Manuel Marcué Pardiñas había dejado su huella en la historia del país. 

Manuel Marcué Pardiñas nació en el Distrito Federal En 1916 fue ingeniero agrónomo por la Escuela Nacional de Agricultura (1932-1940) con una especialidad en economía agrícola por la Universidad Nacional Autónoma de México (1942-1944). Concluyó sus estudios con un conocimiento muy rico sobre el país gracias a que fue acompañante del presidente Lázaro Cárdenas, en cuyo gobierno no cesó de recorrer el territorio nacional. Trabajó en la Secretaría de Agricultura y Ganadería en los bancos de Comercio Exterior y Nacional de Crédito Ejidal, así como en la Comisión Nacional de Inversiones. 

En 1959 Marcué era editor de la revista Política, considerada como un ejemplo de este tipo de publicaciones. Dirigió también las revistas Guión Agrario (1945), Problemas Agrícolas e Industriales de México (1946-1956), Problemas de Latinoamérica (1958).

Tras varios años de militancia en el Movimiento de Liberación Nacional, el 19 de septiembre de 1968 fue detenido, procesado e internado en Lecumberri, como preso político, donde permaneció encarcelado dos años y medio. En 1971, recién salido de la prisión, participó en la manifestación estudiantil-popular organizada para protestar y exigir justicia en contra de los responsables de la masacre ocurrida el 10 de junio de dicho año.

A pesar de que muchos lo consideraron un radical de izquierda, nunca militó en las filas del Partido Comunista, pese a que mantuvo con este muy buenas relaciones siempre. 

En el Banco de México se desempeñó como director de estudios económicos y director de investigaciones económicas. Fue asesor del presidente José López Portillo y miembro fundador de las siguientes agrupaciones: Liga de Agrónomos Socialistas; Acción Política, grupo dirigido por Narciso Bassols; Partido Popular; Círculo de Estudios Mexicanos; Movimiento de Liberación Nacional y Partido de la Revolución Democrática. 

Manuel Marcué Pardiñas falleció el 6 de septiembre de 1995.


(Tomado de: Todo México 1996. Hechos de 1995. Resumen ilustrado de los acontecimientos más importantes registrados en México en 1995 para la actualización de la Enciclopedia de México. Kentucky, EUA, 1996)

sábado, 5 de abril de 2025

Hortensia García Zavala

 


Semblanza de Hortensia García Zavala 


Por Reyna García Zavala


Hortensia se casó en 1976 con Ramón Cardona Medel, quien estaba preso desde septiembre de 1971. Había sido detenido en el Campo Militar Número 1 y luego en Lecumberri, Hortensia como parte de los Comandos Armados del Pueblo. Su esposo había sido militante del MAR y más tarde pasaría a integrarse a la Liga comunista 23 de Septiembre. En 1977 fue amnistiado, entonces vivieron juntos procreando un hijo de nombre Ramón.

En 1978, entre el 6 y el 9 de junio, fueron detenidos por la Brigada Blanca en la colonia Maravillas en Ciudad Nezahualcóyotl. Después de que fue detenida Hortensia nosotros no sabíamos si su hijo Ramón había sido desaparecido también. Nos dimos a la tarea de investigar su paradero y el de Hortensia y Ramón. El niño tenía 7 meses. Para nosotros era muy doloroso imaginarnos las torturas que estaría sufriendo, junto con sus padres. 

Afortunadamente un año después logramos su localización. Mi hermana había tenido la precaución de encargarlo poco antes de ser detenida. Durante veinticinco años he luchado con la esperanza de encontrar a mi hermana y a mi cuñado con vida. Fue hasta este año que localicé en los archivos de la Dirección Federal de Seguridad, recién abiertos, las fotografías de mi hermana y cuñado ya asesinados, en la que se observa, claramente, la tortura a la que fueron sometidos. Esas fotografías mataron mi esperanza de encontrarla viva, pero no mataron mi determinación de seguir luchando porque estos crímenes se aclaren y los responsables sean castigados y esos hechos no se repitan nunca más. 

Gracias.


(Tomado de: Aguilar Terrés, María de la Luz (compiladora) - Guerrilleras. Antología de testimonios y textos sobre la participación de las mujeres en los movimientos armados socialistas en México, segunda mitad del siglo XX. Ciudad de México, 2014).

jueves, 7 de julio de 2022

El Raffles mexicano

 


Para fugarse de una prisión, además de la oportunidad y la suerte que juegan importantísimo papel, es necesario tener sangre fría y astucia o, en su defecto, recurrir a la violencia.

Pruebas de todo constan en cada evasión conocida en cualquier parte del mundo.

En muchas ocasiones la oportunidad puede provocarse, pero la suerte viene por sí sola o no llega nunca y la astucia va adentro del individuo que, si no la tiene, tampoco le llegará jamás.

La violencia es el argumento de todos los que en el momento crucial no tuvieron ni la suerte, ni la ocasión, ni el talento para consumar una huida en forma pacífica y efectiva.

Hace alrededor de cuatro décadas hubo en México un delincuente a quien por su forma de actuar se le bautizó como "Raffles Mexicano" o "Manos de Seda".

El verdadero "Raffles", hampón a la alta escuela, operó en los más escogidos centros de reunión de la alta sociedad europea y los beneficios que obtuvo con esas ilícitas actividades fueron enormes, disfrutando de ellos como el gran señor que nunca fue.

Pero hablábamos de Roberto Alexander Gros, el "Raffles Mexicano", quien llenó una larga página de fechorías a lo largo de varios años.

Los miembros del hampa decían que este delincuente podía considerarse de los mejores en su especialidad, porque era "limpio" para realizar sus ilegales actividades.

Vestía apropiadamente y era simpático, lo que le facilitaba, en un gran porcentaje, el llegar a los lugares en donde podía operar con grandes beneficios.

Era capaz de sustraer la cartera de una persona sin que ésta se percatara, no obstante estar avisado de la presencia del ladrón, de ahí nació el mote de "Manos de Seda".

Su especialidad era precisamente el robo en grande escala, ya que no le importaba apoderarse de pequeñeces. El iba tras las grandes joyas, fuertes cantidades de dinero, relojes finos y todas esas cosas, inclusive antigüedades, adornos y no se diga el oro.

Los golpes asentados por Alexander habían sido muchos y en gran escala, pero para su suerte siempre había logrado salir avante, logrando hacer una fortuna de cierta consideración.

Pero la ambición lo acabó, como siempre suele suceder en la vida.

Una de sus actividades consistía en infiltrarse en los grandes hoteles de la capital y en ocasiones enamorando a las mucamas y en otras repartiendo dinero, lograba tener acceso a las suites, en donde el caudal existente era en grande.

Todo comenzó cuando la policía se percató de que esos robos cuantiosos en hoteles se sucedían con demasiada frecuencia y, desde luego, se pensó en que alguna banda de argentinos o colombianos se había colado a México y estaba haciendo de las suyas.

Se estableció fuerte vigilancia en todos los hoteles de lujo, en los grandes restaurantes y en todos los puntos de reunión donde la gente adinerada podía llegar, pero los robos continuaban y no se sabía quién era el autor.

Como todos los delincuentes que se sobreestiman y consideran ser tan superiores a la policía, que jamás caerán en sus manos, Alexander llegó a ese momento.

Sabía de la facilidad que tenía para practicar el famoso "dos de bastos" (introducir los dedos índice y medio en los bolsillos ajenos para sacar la cartera) y pensó que nunca nadie lo descubriría.

Cuidando siempre su apariencia lograba penetrar en los lugares que le interesaban, sin que nadie pensara que se trataba de un ladrón y eso le ayudaba.

Una mañana logró burlar la vigilancia establecida en el hoy desaparecido Hotel Regis y se coló a los pisos superiores en donde, sabía, la servidumbre estaría haciendo el arreglo de los cuartos y suites.

Pensó que era el momento de dar el gran golpe de su vida y se dedicó a dar los pasos para ello 

Sin contratiempo forzó algunas cerraduras, simplemente al azar, adivinando, con su experiencia, que en tal o cual cuarto habría valores. Con ayuda de su ganzúa y demás equipo capaz de abrir lo más difícil de las puertas, pudo entrar a seis habitaciones.

En unas encontró alhajas, en otras un magnífico reloj de una dama olvidadiza que por salir de prisa lo dejó sobre el buró, y en otras más, dinero.

Alexander estaba feliz de la vida porque el éxito logrado aquella mañana no lo había tenido en mucho tiempo, y le permitiría disfrutar por un buen tiempo de la buena vida sin tener que trabajar.

Los bolsillos del "Raffles" estaban materialmente repletos de los objetos robados cuando decidió que era tiempo de abandonar el hotel, porque si robaba más ya no tenía en dónde guardarlo y podía ser descubierto.

Se encaminó hacia los elevadores, pero entonces, una sagaz y cumplida encargada de piso lo vio con cierta extrañeza, y como no recordara haberlo visto en calidad de huésped pensó que se trataba de un ladrón.

Obviamente, la muchacha no estaba muy equivocada, pero todavía temerosa de cometer un garrafal error que le pudiera costar el empleo y tal vez hasta algo más, se acercó hasta el sujeto que en esos momentos abordaba el elevador que había llegado a la llamada que se hiciera con el timbre.

"¿Perdón señor, está usted alojado en este piso?", inquirió la joven, y la pregunta muy a pesar de la sangre fría, aplomo y experiencia del bandolero, lo puso a temblar.

Sorprendido no supo qué responder, titubeó y hasta cambió de color.

Esto dio la pauta a la empleada de que su olfato detectivesco no había fallado y que estaba ante un delincuente de alta escuela.

Viajaban los dos solos en el elevador, que descendía con rapidez, y Alexander ya no supo qué hacer.

Quizá pensó en que al llegar a la planta baja podría correr y alcanzar la calle con facilidad, pero apenas se abrieron las puertas del elevador, en el piso bajo, la joven comenzó a gritar que había un ladrón, pidiendo la ayuda del equipo de seguridad.

En menos tiempo del ocupado para narrar esto los agentes ya estaban preguntando a la joven qué sucedía y ésta, narrando lo que descubriera, señaló al "Raffles" y los de vigilancia lo detuvieron.

El hampón debe haber sentido que toda la construcción le daba vuelta por encima de su cabeza y que se le derrumbaba en un anticipo de lo que acaecería el 19 de septiembre de 1985, con el terremoto.

Alexander fue llevado a un compartimento en donde se le pidió volteara sus bolsas al revés, e inclusive que se desnudara.

El delincuente sabía que estaba perdido. Ni siquiera opuso resistencia, aun cuando de nada le hubiera servido, y así fueron saliendo anillos, costosas medallas, relojes, dinero, dólares, plumas fuente, mascadas de fina seda e infinidad de cosas de valor.

"Raffles" estaba perdido y fue consignado de inmediato, relatando ante los agentes policiacos todas las fechorías que había consumado y en dónde.

Poco o nada se pudo recuperar de los robos anteriores, porque por protección no se dejaba objetos en su poder, excepción hecha del dinero que no tiene marca de propiedad alguna.

Poco después el delincuente de alta escuela estaba en el lóbrego y triste Palacio Negro de Lecumberri.

Los barrotes de las crujías no iban a ser impedimento para que él retornara a la libertad, pensó al llegar al presidio, e inmediatamente comenzó a planear cómo sería su fuga y a estudiar los "puntos débiles" de aquel temido penal.

Alexander no dejaba de estudiar todos los movimientos y cada rincón de la cárcel, ocupando todo su tiempo en ello y así descubrió que un punto vulnerable podía ser el momento de la salida de los visitantes.

Días después ya estaba formado en la cola de las mujeres que salían después de visitar a algún pariente. Por supuesto, vestido de mujer.

El "Raffles" fue ayudado por un celador y logró su objetivo.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que volviera a lo que en verdad era el sitio que le correspondía: la cárcel.


(Tomado de: Aquino, Norberto Emilio de - Fugas. Editora de Periódicos, S. C. L., La Prensa. México, D. F., 1993)


miércoles, 26 de enero de 2022

Alberto Gallegos, otra ley fuga

 


Apenas habían transcurrido tres años, treinta y seis escasos meses cuando la sociedad volvió a conmoverse ante la presencia de otro espeluznante crimen, muy semejante al cometido por Luis Romero Carrasco, sólo que este último perpetrado en una sola víctima. También el instrumento asesino fue un grueso tubo, que en forma increíble y por la saña con que se ejecutó desbarató el cráneo de la acaudalada dama de sociedad, amiga de condes, reyes y otros miembros de la nobleza europea y altamente estimada en México. Ella era Jacinta Aznar, cariñosamente llamada por todos Chinta Aznar.

Ella vivía sola en una palaciega casa de la Avenida Insurgentes, precisamente en el número 17, y ahí con frecuencia la visitaban sus amistades, todos ellos del sexo masculino ya que, inclusive, según lo pusieron en claro las investigaciones posteriores al crimen, tenía un amante al que se le conocía como Paco, pero cuya identidad jamás trascendió.

Poco antes de ser asesinada los vecinos de la mujer se percataron de que varios sujetos habían estado en el lujoso domicilio de la dama, y después notaron que ésta había desaparecido, pero como viajaba frecuentemente a Europa se pensó que estaba allá, en el Viejo Mundo, disfrutando su dinero y su tiempo.

La verdad era muy distinta. Ella no estaba en Europa y ni siquiera había salido de su mansión, pero esto sólo pudo saberse cuando la fetidez que reinaba en torno a su casa llegó a tal grado que se hizo indispensable llamar a las autoridades para que investigaran, quienes debieron romper los ventanales para poder penetrar a la vieja casona.

El cuadro que apareció ante los ojos de los policías comisionados para el caso resultaba inenarrable: un cuerpo de mujer en completo estado de putrefacción, con la cabeza deshecha a golpes, cubierto con sangre ya seca y encima sábanas y cobijas tratando de esconderlo.

Dentro de la residencia el desorden hallado daba cuenta del saqueo que se llevó a cabo, o que pretendió hacerse por parte de los asesinos.

Los periódicos dieron cuenta pormenorizada del crimen y la sociedad se alarmó, lo mismo por la pérdida de la señora, quien era ampliamente conocida por todos los círculos, como por la artera forma en que perdió la vida.

Las primeras investigaciones dirigían la posible culpabilidad del homicidio contra un muchacho que era mozo y hacía mandados a Chinta, pero más tarde surgieron sospechas contra el fotógrafo José Sánchez y, finalmente, la personalidad del motorista Pedro Alberto Gallegos creció como principal responsable.

Buscando librarse de toda culpa, Gallegos lanzaba imputaciones contra sus coacusados y de un sujeto que sólo se conoció como Paco y de quien se dijo era amante de la señora asesinada.

El motorista Gallegos, quien también en sus ratos de ocio practicaba la fotografía, afirmó haber presenciado un disgusto entre la señora Aznar y el tal Paco, porque ella se negaba a firmar "esos documentos" que a él le interesaban tanto.

La policía nunca creyó que Paco existiera y se dio a la tarea de encontrarlo, pudiendo establecer que las meseras del restaurante Lady Baltimore lo conocían porque, dijeron, solía acudir a ese sitio a tomar café con la señora Chinta Aznar.

Sin embargo, Paco se volvió ojo de hormiga y jamás nadie habló con él, ni tampoco se pudo obtener una descripción allegada a la realidad, aunque todos coincidían en que "era elegante y tenía un lujoso auto".

El crimen se cometió el 22 de enero de 1932, pero cuando fue descubierto, por el olor nauseabundo que salía de la mansión, había transcurrido un largo mes, según dijeron los médicos legistas encargados de examinar el cuerpo de la mujer.

Gallegos, un tipo peligroso, muy hábil y labioso, trataba de enredar a sus coacusados para encontrar la forma de salir sin culpa, pero los agentes sabían que si alguno de los tres detenidos era el responsable del abominable crimen ese era Gallegos.

Y lo presionaron. Sobre él cayó el consabido auto de formal prisión por el asesinato de Chinta y quedó sujeto al respectivo proceso e internado en la Penitenciaría del D.F.

Después de que sistemáticamente eludió admitir que él era el feroz homicida, Gallegos envíó una carta al juez que tenía su caso admitiendo en ella la total culpabilidad y librando de toda culpa a sus coacusados.

Manifestó que el día de los hechos, 22 de enero, acudió a Insurgentes 17 para llevar a Chinta Aznar unos letreros que le había pedido, para anunciar la venta de su residencia.

Estaba con ella, y en algún momento la señora le dio la espalda cosa que aprovechó él para tomar unas costosas joyas que se encontraban sobre un mueble.

La dama se percató de eso y le llamó la atención, sumamente indignada, diciéndole que no iba a permitirle esa actitud y que llamaría a la policía.

Se acercó a la ventana con intenciones de abrirla y pedir auxilio y entonces, según el relato escrito del asesino, no le quedó otro camino que agredir a la señora.

Llevaba un tubo envuelto en unos papeles y lo sacó, comenzando a dar severos golpes contra la dama. Primero en la cabeza, la que le deshizo a golpes, y después en el cuerpo.

Ella cayó al suelo pesadamente y sin vida, mientras que Gallegos y compañía se dedicaban al saqueo, huyendo a la postre.

La confesión escrita resultó definitiva para condenar al chacal, y como en ella liberaba de culpa a los otros dos sujetos consignados con él se les dejó en libertad. Mientras tanto, él comenzaría a cumplir su larga condena de 20 años acordada por el juez.

Poco después se determinó que el feroz asesino, Pedro Alberto Gallegos, debería pasar a las Islas Marías para purgar en ese territorio la sentencia impuesta por el juez.

Se hicieron los preparativos y un día llegó a Lecumberri un piquete de soldados en pos del criminal, para hacer efectivo el traslado al Pacífico.

El torvo asesino, con caracteres físicos semejantes a los descritos por Lombroso, no podía ocultar el temor que ese "paseo" le producía y trató de evitarlo, pero no era posible. Junto con otros hampones de poca monta abordó el ferrocarril y el convoy partió.

Y cuando estaba en la estación de Lechería se produjo el desenlace de la tragedia de Insurgentes 17: las balas de los soldados que viajaban como escoltas del ferrocarril dispararon contra Gallegos cuando pretendió escapar.

En esa forma quedaba cerrado el caso de Chinta Aznar y una vez más la "ley fuga" había redituado utilidades de tipo social, porque deshacerse del criminal, que era Gallegos, resultaba una profilaxis de gran valor para las familias capitalinas y del país en general, que sintieron respirar con tranquilidad cuando se enteraron de lo sucedido.

Claro está que no faltaron algunas protestas de gente que no estaba de acuerdo con lo sucedido, argumentando que la "ley fuga" era una forma ilegal de matar.

Pero ¿acaso lo hecho por Luis Romero Carrasco y Pedro Alberto Gallegos no era, además de ilegal, sangriento, brutal e indebido?

La "ley fuga" había cumplido con su difícil cometido, la forma en que se hubiera efectuado realmente no importaba. Todo había sido en pro del castigo contra delincuentes, a quienes no tenía caso sostener en una prisión porque tarde o temprano retornarían a cometer más fechorías.


(Tomado de: Aquino, Norberto Emilio de - Fugas. Editora de Periódicos, S. C. L., La Prensa. México, D. F., 1993)

martes, 30 de noviembre de 2021

Gregorio Cárdenas

 


Un eslabón más se agregó a la cadena de fugas registradas en los años cuarentas y tocó a Gregorio Cárdenas Hernández escenificarlo y, como en los inmediatos anteriores, tampoco hubo ninguna violencia que lamentar.

Este reo no se escapó del Palacio Negro, sino del manicomio de La Castañeda, en el cual es alojado por instrucciones del juez de su causa, Carlos Espeleta Torrijos, traslado que se realiza muy poco después de que el acusado es aprehendido.

Hasta el momento de la evasión, efectuada el 24 de diciembre de 1947, Cárdenas vivió más tiempo de sus años de reclusión en la Castañeda que en Lecumberri.

La explicación de esto es que el reo debía ser estudiado por los siquiatras y demás especialistas que tenían que dictaminar si Cárdenas estaba loco o no, o si sufría algún otro trastorno.

Con él escapa su amigo Carlos Burgos Montalvo, quien a su vez fungía como su secretario en el manicomio, en donde también era un enfermo recluido para exámenes médicos.

Sabido es que Gregorio Cárdenas, a quien todo el mundo conoció como "Goyo", dio muerte a cuatro mujeres, estrangulándolas y a la postre enterrándolas en el patio de su propia casa, en la célebre dirección de Mar del Norte 17, en Tacuba.

Las muertes provocadas por este sujeto causaron un verdadero pánico en la sociedad, que exigía un ejemplar castigo para el responsable de ellas.

Sólo que para resolver con plena justicia, el juez necesitaba saber si estaba frente a un demente y únicamente los especialistas podían determinar tal cosa.

Ante esa situación el proceso quedó suspendido después del auto de formal prisión y Gregorio fue enviado a La Castañeda, en donde los médicos se aventaron la pelota y nunca dictaminaron la verdad.

Solamente el doctor Alfonso Quiroz Cuarón mantuvo la tesis de que"Goyo" no estaba en sus cabales.

Después de transcurrir algunos años en Mixcoac, el reo decidió que había llegado el momento de"tomar unas vacaciones", como él mismo lo confesó a la policía cuando lo recapturaron, y el 24 de diciembre, fecha tan especial, les dio comienzo fugándose del manicomio.

Confesó que acercó una mesa a la ventana que tenía en su celda y se subió a ella para romper la malla que la protegía, una vez ante la oquedad libre de obstáculos brincó hacia un pasillo, el cual comunicaba directamente con la muralla del establecimiento, pero que podía ser franqueable con cierta facilidad.

Y eso fue lo que hizo el reo, quien seguía los pasos de Burgos, su cómplice y amigo que ya lo esperaba en ese punto.

Ambos se ayudaron hasta que alcanzaron la calle, sin que ninguno de los vigilantes se percatara de su hazaña. Con 250 pesos que el"estrangulador" había ahorrado, decidió irse a Veracruz, llevando con él a su "secretario", pero llegaron hasta Oaxaca, en donde un policía que antes estuvo comisionado en La Castañeda, lo reconoció y avisó al D. F. lo que había visto, saliendo agentes hacia allá para recapturarlo.

La tarea no resultó fácil, porque el prófugo "brincó" por diversos sitios logrando burlar a sus perseguidores, temporalmente.

A pesar de todo los detectives dieron con él, acompañados por el propio "secretario" del prófugo.

Ya en el Palacio Negro se le confinó en una "jaula" de la circular uno, en donde se le mantuvo por largo tiempo sin darle mayores facilidades, ante la posibilidad de que pudiera intentar una nueva fuga.

El tiempo transcurrió y él se dedicó a estudiar leyes, haciéndose de una gran cantidad de libros que le ayudaron en ese objetivo, y cuando adquirió conocimientos comenzó a ayudar a muchos reclusos que carecían de una forma de defensa real y a otros que fueron victimados por inmorales seudoabogados que únicamente los despojaron del poco dinero que tenían, con el pretexto de "tramitarles su libertad", lo cual jamás hicieron.

Al mismo tiempo "Goyo" trataba de ayudarse él mismo con su caso, ya que el proceso estaba suspendido por haberlo trasladado a Mixcoac, y tampoco podía considerársele legalmente como un loco por no existir dictámenes al respecto.

Volvió a caminar el reloj y así transcurrieron 34 años, poco menos de lo que el juez Espeleta Torrijos pudo haberle impuesto como condena, si el juicio no se suspende.

En ese momento aparece una nueva legislación, incluyendo la Ley de Normas Mínimas que abrió las puertas de la prisión a muchos reclusos.

Se buscó ahí la forma de beneficiar a Cárdenas, mientras las puertas del lóbrego Palacio Negro se cerraban definitivamente.

Dos semanas después de esto, habiendo sido enviado al Reclusorio Oriente mientras tanto, "El Estrangulador de Mujeres" recuperó la libertad.


(Tomado de: Aquino, Norberto Emilio de - Fugas. Editora de Periódicos, S. C. L., La Prensa. México, D. F., 1993)

viernes, 16 de octubre de 2020

Falleció José Revueltas, 1976

 

Falleció el escritor José Revueltas

(15 de abril de 1976)

Honda consternación causó ayer en los círculos intelectuales del país la muerte del escritor y filósofo José Revueltas Sánchez, acaecida a las 1:30 horas en el Instituto Nacional de Nutrición.

Revueltas había ingresado al INN a las 16:00 horas del sábado 10 del actual tras haber sufrido dos infartos. Un derrame cerebral y un tercer infarto cortaron la existencia del escritor, quien desde el lunes había entrado en estado de coma en la sala de recuperación intensiva del instituto.

A las 14:00 horas fue depositado su cuerpo en una de las capillas de la agencia Gayosso de Félix Cuevas, en donde escritores, poetas, pintores, amigos y seguidores del finado, acompañaban a sus familiares.

La primera guardia la hicieron la viuda de Revueltas, señora Emma Barrón, y sus hijos Andrea, Olivia, Pablo José, Román y Fermín.

Después, las guardias se sucedieron entre las amistades y simpatizantes de José Revueltas. Entre los primeros en llegar a despedirme al escritor estuvieron: Juan de la Cabada, José Agustín, Luis Enrique Delano, Tito Monterroso, Poli Delano, Gustavo Sainz, René Avilés Favila, Efraín Huerta, Hugo Gutiérrez Vega, Ricardo Cortés, Abelardo Villegas, Javier Wimer, Mario Orozco Rivera, Ernesto Mejía Sánchez, Eduardo Lizalde y  Óscar Oliva.

Homenaje de la comunidad universitaria

Pese a que José Revueltas jamás fue alumno ni maestro de la Universidad Nacional Autónoma de México, la comunidad le ofreció por la tarde un homenaje póstumo.

A las 17:30 horas, el féretro conteniendo los restos de Revueltas fue llevado al auditorio "Che Guevara" de la Facultad de Filosofía de la UNAM, siendo recibidos por Eliezer Morales, próximo secretario general del Sindicato de Personal Académico de la UNAM, organismo que promovió el acto.

José Luis González Alba, compañero de prisión en 1965 de Revueltas, informó que pese a que el escritor había manifestado sus deseos, días antes de morir, de que no se le rindiera homenaje alguno, la comunidad universitaria quiso llevarlo por última ocasión al lugar -el auditorio- desde donde en agosto de 1968 inició y abanderó su lucha política de ese entonces.

En seguida presentó a Roberto Esquivel, quien señaló que José Revueltas había sido un intelectual que mantuvo su independencia crítica respecto del Estado; mantuvo una postura militante frente al Estado.

La juventud revolucionaria recibiö de él una lección de dignidad revolucionaria, subrayó, para después apuntar: "ante su cadáver queremos refrendar nuestro compromiso de continuar en la misma batalla que él inicio desde los 14 años".

En seguida hizo uso de la palabra el doctor Eli de Gortari, compañero en la crujía "M" de Lecumberri, en 1938, de José Revueltas. Alabó la honestidad de pensamiento y acción del homenajeado, indicando que nunca fue un dogmático ni un ortodoxo. Fue de los seres humanos a quien le tocó la mejor tajada en la facultad de pensar.

Agregó que siempre actuaba tal y cual lo pensaba o lo sentía y que por sus ideas y convicciones conoció todas las cárceles de México, aun las desaparecidas como la de Belén.

Revueltas fue para De Gortari el más grande de los escritores mexicanos "que no llegó a realizarse por completo, por los golpes que tuvo en su vida".

Por último, el escritor Juan de la Cabada indicó que la burguesía mexicana estará contenta, pues siempre le ha interesado ver muertos a quienes luchan por sus ideales. Manifestó sobre la obra literaria de Revueltas que siempre tuvo juventud y arranque, pues él siempre fue joven y para la juventud escribía.

En seguida pidió un aplauso para la vida de Revueltas, mismo que tuvo un minuto de duración y después todos los asistentes se pusieron de pie ante el féretro, montando así una sola guardia que duró más de cinco minutos.

En el auditorio se encontraban, además de las personas mencionadas, Emmanuel Carballo, Carlos Monsiváis, Arturo Azuela, catedráticos y estudiantes universitarios.

El féretro conteniendo los restos del escritor partieron de nuevo hacia la funeraria de donde hoy saldrá a las 13:30 horas hacia el cementerio Francés, donde será sepultado.

SÍNTESIS BIOGRÁFICA

José Revueltas Sánchez nació en Durango, Dgo., en noviembre de 1814. A los 14 años se afilió a la organización izquierdista "Socorro Rojo Internacional". Un año después, en 1931, fue aprehendido al haber participado en una protesta estudiantil, cuyos miembros colocaron una bandera roja en la Catedral metropolitana.

Esto sería la primera de una larga serie de sentencias que lo tuvo en prisión cerca de 30 años de su vida.

En 1932 ingresó en el Partido Comunista Mexicano, dentro del cual organizó la Federación de Juventudes Comunistas que le valió nuevas aprehensiones. En ese año, al organizar a los trabajadores huelguistas de la fábrica "El Buen Tono", fue aprehendido y enviado por cinco meses a las Islas Marías.

El general Mújica, director en ese entonces de ese penal isleño, lo dejó en libertad alegando minoría de edad. De regreso a México militó en la rama sindical e ingresó a la Confederación Sindical Unitaria de México, auxiliando con su cargo de secretario juvenil a los trabajadores de Ciudad Anáhuac, Nuevo León, que luchaban por el salario mínimo, siendo aprehendido y nuevamente enviado, ahora por 10 meses, a las Islas Marías.

En 1943 fue expulsado del Partido Comunista, fundando entonces el Partido Popular Socialista, y comenzó a trabajar en esas fechas como argumentista y adaptador en el cine, haciendo alrededor de 50 películas.

En 1958 fue expulsado del PPS, y creó entonces la "Liga Comunista Espartaco", cuyo principal objetivo era la fundación de un partido auténticamente al servicio de la clase obrera. En 1964 fue expulsado de la liga por no estar de acuerdo con quienes la dirigían. En 1968 participó abiertamente en la gestación y preparación del movimiento estudiantil realizado en esa fecha, siendo detenido y consignado por el juez primero de distrito en materia penal, acusado de más de 10 delitos.

Entre las obras más sobresalientes de Revueltas se encuentran "Los errores", "Los muros de agua", "Luto a humano" y "Dormir en tierra".

(Tomado de: Hemeroteca El Universal, tomo 7, 1976-1985. Editorial Cumbre, S.A. México, 1987)

sábado, 26 de septiembre de 2020

Fuga de Lecumberri por túnel, 1976

Se fugaron de Lecumberri cuatro narcotraficantes
***
Túnel de 70 metros a 2.5 metros de profundidad

(27 de abril de 1976)

Con evidente ayuda exterior, en la que se coloca en primer término la de la poderosa mafia internacional del narcotráfico, cuatro reclusos se fugaron ayer de la Cárcel Preventiva de la Ciudad de México, utilizando un túnel de unos 70 metros, que parte de una casa particular ubicada frente a un costado del penal, hasta una de las celdas.
La espectacular fuga -una más de las cárceles de México-, que se antoja de película, sólo llevó unos cuantos minutos para huir del penal a Alberto Sicilia Falcón, Roberto Hernández Rubio, Luis Antonio Súcoli Bravo y José Egozki Béjar, mientras que para excavar el túnel a una profundidad de dos metros y medio, llevó a quienes lo realizaron con maestría poco más de dos meses y medio. Los cuatro reos evadidos están considerados como los narcotraficantes más importantes que hayan sido capturados. En los primeros días de julio del año pasado fueron aprehendidos por la Policía Judicial Federal con más de cien kilogramos de cocaína con un valor aproximado de cuatrocientos millones de pesos.
Súcoli Bravo y Egozki Béjar fueron aprehendidos en el hotel Fiesta Palace, en tanto que Sicilia Falcón y Hernández Rubio cayeron en poder de la Policía en una casa que les rentaba la actriz Irma Serrano, en el Pedregal de San Ángel. Puestos a disposición del Juzgado Tercero de Distrito, se les abrió proceso por delitos contra la salud en todas las modalidades.
Ayer, entre las 6:30 y las 8:30 horas, los cuatro peligrosos narcotraficantes efectuaron su espectacular fuga del penal del ex palacio de Lecumberri, utilizando para ello un túnel que fue excavado desde la casa marcada con el número 25 de la Tercera Cerrada de la calle de San Antonio Tomatlán.
Dicha casa fue adquirida hace ya algunos meses -hasta el momento se ignoran nombres de quien la vendió y quienes la compraron- en una cantidad que según se dijo, fue de 120,000 pesos y está enclavada frente a un costado de la Cárcel Preventiva, precisamente en el lado sur y junto a una escuela primaria. La casa, con apariencia de abandono, tiene una sola puerta metálica y cuenta con seis cuartos en un solo piso, construidos en una superficie de 15 por 18 metros y con techos de lámina. El segundo cuarto, ubicado casi en el centro del predio, fue el lugar elegido para hacer la excavación. 
No existe error alguno en los cálculos. La precisión con que se horadó el túnel hace suponer la participación de expertos en ingeniería, pues en línea recta, se consideró el trazo exacto para llegar hasta la celda 29 de la crujía "L", donde se encontraban los peligrosos reclusos.
Los peritos de la Procuraduría de Justicia del Distrito y de la Procuraduría General de la República, confirman plenamente que el túnel fue realizado con minuciosidad y precisión "casi perfecta", ya que para protegerlo utilizaron tablones de madera de 3/4 de pulgada, para sostener las paredes y que éstas quedaran firmes conforme avanzaba la excavación.
Cuando estaban en su apogeo las conjeturas de la Policía, los peritos y las autoridades del penal encabezadas por el general Francisco Arcaute Franco, se dijo que "resultaba aventurado calcular el tiempo que duró la excavación, pues ésta bien pudo realizarse por las noches y madrugadas o cuando ningún curioso pudiera sorprender las maniobras".
El general Arcaute Franco afirmó que sólo se sentía la seguridad de que los reos evadidos lograron su fuga entre las 6:30 y las 8:30 horas, en virtud de que a las 6:30 horas se "pasó lista de presente" y el parte fue "sin novedad", pero antes de las 8:30 horas, seguramente los cuatro reos se fugaron.
La movilización fue inmediata entre los celadores. Acudieron a las celdas y fue en la que tiene el número 29 de la crujía "L", la que había ocupado José Egozki Béjar, donde se encontró el hoyo hacia el túnel.
Descubierto éste, de 60 a 70 metros de longitud, que va hacia la casa número 25 de la Tercera Cerrada de la calle de San Antonio Tomatlán, de inmediato se dio aviso al director del penal, general Francisco J. Arcaute Franco, quien con gritos y empellones trataba de controlar el desconcierto.
La noticia de la fuga de los reos corrió como "reguero de pólvora" y los reporteros que se encontraban en los juzgados penales rápidamente se trasladaron a la casa donde se había horadado el túnel. Arcaute Franco, al notar su presencia, la emprendió contra ellos y les exigió abandonar la casa.
La ira del general Arcaute se desbordó y a empellones trató al diarista Rafael Medina, de la casa"Excélsior", para que inmediatamente saliera del lugar. Ordenó a los celadores que por la fuerza, e incluso por las armas M-1, desalojaran a los periodistas. Pero a pesar de la amenaza, no pudieron ocultar que en el cuarto central había ropas llenas de tierra y lodo, zapatos sucios y los uniformes que utilizan los presidiarios.
A mediodía las patrullas policiacas habían rodeado la Cárcel Preventiva y en la casa número 25 comenzó a entrar y salir gente. Llegó el director de Averiguaciones Previas de la Procuraduría de Justicia, licenciado Francisco Ramos Bejarano, acompañado del capitán Jesús Miyazawa Álvarez y de Rosalino Ramírez Faz, director y subdirector de la Policía Judicial del Distrito, respectivamente.
Varios peritos, agentes, celadores y las autoridades de las dependencias policiacas, descubrieron en una inspección ocular que una pieza adyacente a la habitación donde se cavó el túnel, se encontraba llena de tierra, sacos de cemento, donde también había tierra y lodo, utensilios de comida, una parrilla eléctrica, un cazo, bolsas de pan "Bimbo" y hasta desperdicios de alimentos.
Por las características del túnel, se comentó que se utilizaron herramientas de todo tipo, cuñas de jardinero, brocas para piedra, taladros, palas, picos y ácidos para perforar metales, mangueras para extraer polvo o gases, etc.
En seguida los agentes policiacos comenzaron a interrogar a los vecinos. Así se pudo saber que la casa número 25 de la Tercera Cerrada de San Antonio Tomatlán fue habitada por un matrimonio de tipo costeño, él de aproximadamente 45 años y ella de 40, que a decir de los propios vecinos, eran sumamente reservados.
Entraban y salían sin hablar con nadie y utilizaban un auto Volkswagen color amarillo, del que nadie supo proporcionar placas. Ambos han desaparecido y fueron factores determinantes para la fuga. Se aseguró que en caso de ser descubiertos, hubieran "vendido muy cara su rendición", ya que aunque se quiso ocultar, se encontró una caja vacía de cartuchos calibre 38.
En todo caso, las balas se las llevaron los prófugos. También dicho sea de paso, todos los objetos encontrados en el interior de esa casa fueron inventariados y llevados a la Procuraduría General de la República para ser analizados por los peritos y determinar posibles pistas o huellas y proceder a la identificación del matrimonio.
Un despliegue tardío, fue el acordonamiento policiaco del penal. También se destacó una impresionante vigilancia en el aeropuerto internacional, en las terminales de autobuses, de ferrocarriles y se solicitó la ayuda de la Policía Federal de Caminos para vigilar las carreteras y detener a los sospechosos.
Cabe señalar que Sicilia Falcón y sus cómplices, que inicialmente fueron consignados ante el juez tercero de distrito, licenciado Rubén Montes de Oca y Ponce de León, cuando eran defendidos por el abogado Enrique Ostos, en una etapa del proceso, éste promovió un incidente de acumulación que fue resuelto por el Segundo Tribunal Colegiado del Quinto Circuito, con sede en Hermosillo, Sonora, que ordenó el traslado de los narcotraficantes al penal de La Mesa, en Baja California, pero por alguna causa esto no se llevó a cabo.
En esta ocasión se puso en evidencia el poderío de la mafia internacional del narcotráfico, al auspiciar la fuga de cuatro peligrosos hampones, a quienes les esperaba una condena de no menos de cuarenta años, que a lo mejor nunca cumplirán.

(Tomado de: Hemeroteca El Universal, tomo 7, 1976-1985. Editorial Cumbre, S.A. México, 1987)

lunes, 28 de octubre de 2019

Muerte de Madero y Pino Suárez, 1913


Nota del Día

Después de la tragedia

Diario Español, lunes 24 de febrero de 1913

***
La imaginación más robusta no habría forjado un final dramático más emocionante, más bárbaramente artístico, que el que la Fatalidad acaba de escribir en el libro sangriento de la gran tragedia mexicana.
El ánimo del espectador se conmueve, tocado de piedad, ante los supremos infortunios y al tender la vista por el escenario poblado de ruinas y salpicado de sangre, formula ardientes votos porque la púrpura derramada redima todos los pecados del pueblo, haciendo ya imposibles esas dolorosas hecatombes…
De nuestro colega “El Universal” recogemos la siguiente versión de este final trágico.

***
“Pudimos hablar, dice, con algún oficial que presenció la salida de los señores Madero y Pino Suárez, de la pieza de la Intendencia, que les sirvió de prisión durante estos días.
Según nos manifestó un grupo de soldados del 29 Batallón, al mando de un capitán penetraron a la pieza pocos minutos antes de las diez con el objeto de registrarlos y escoltarlos hasta los automóviles en que habían de ser trasladados.
Ya descansaban los señores Madero y Pino Suárez acostados en sus lechos. El señor Pino Suárez estaba profundamente dormido t el oficial tuvo que tocarle en el hombro para que despertara.
-¿A dónde vamos?
Esta fue la pregunta que ambos dirigieron a los soldados.
-No sabemos, contestó el oficial. Mi único encargo es registrar a ustedes, para ver que no tengan armas.
Como los prisioneros se encontraban en paños menores no fue necesario hacer el registro de sus personas, y sólo sus ropas fueron cuidadosamente examinadas.
Se les indicó que se vistieran, cosa que les causó extrañeza, la cual se disipó cuando se les comunicó que se les trasladaba a la Penitenciaría.
-Nos hubieran avisado antes -dijo el señor Madero- para no acostarnos, y sin pronunciar otras palabras se comenzó a vestir.
Terminado esto, con la escolta del 2° fueron llevados hasta la puerta de Palacio en donde esperaban los autos con las escoltas.
Tuvimos oportunidad de cambiar algunas palabras con el Comandante Francisco Cárdenas, en las oficinas de la Comandancia Militar.
El Mayor Cárdenas nos comunicó que había recibido órdenes para salir con los Sres. Madero y Pino Suárez y conducirlos a la Penitenciaría. Para cumplir con su comisión designó a dos oficiales -Rafael Pimiento y José Ugalde- y a un grupo de hombres del 7° de rurales, para que le dieran la escolta.
El señor Madero, que subió al automóvil custodiado por Cárdenas, le dijo:
-¿Para dónde me llevan? Supongo que a la Penitenciaría.
-Yo no lo sé, señor; el chauffer tiene ya órdenes.
-Si me llevan a la Penitenciaría, repuso el señor Madero, que me lleven por las calles del Reloj y Lecumberri.
Esta indicación bastó, naturalmente, nos dijo el Mayor Cárdenas, para que recomendara al chauffer tomara otro rumbo. El auto en que iba el señor Madero, seguido por la escolta y el auto que ocupaba el señor Pino Suárez, siguieron por las calles de la Moneda, y al cruzar el puente, sobre la línea del Ferrocarril, recibí una descarga cerrada de varios hombres que estaban allí pecho a tierra…
El chauffer se desconcertó y quiso detener el automóvil. Yo contesté el fuego con la pistola que llevaba, y cuando íbamos acercándonos a la Penitenciaría, otro pelotón de doce hombres, armados con rifles, nos hicieron nuevamente fuego.
Tanto el señor Madero, como el señor Pino Suárez en la confusión, bajaron de los coches y corrieron hacia los asaltantes. Se encontraron precisamente entre aquellos fuegos y el de la escolta; cuando cayeron muertos, retirándose los asaltantes, que dejaron a tres de ellos tendidos en el campo; pude ver que el señor Madero tenía heridas recibidas tanto por delante como por detrás.
Los detalles no se conocen en estos momentos. La reserva más absoluta se guarda acerca de ellos, y nuestros repórters han tenido que vencer infranqueables obstáculos para obtener las pocas notas informativas.

(Tomado de: Labrandero Iñigo, Magdalena, et al, (coordinadores) - Nuestro México #4, La Decena Trágica, 1913. UNAM, México, D. F., 1983)