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jueves, 27 de febrero de 2025

Río Blanco, 1907 III


 

III


El trabajador fuera de la fábrica 

Los domingos se reúnen y discuten 

Manuel Ávila y José Neira, los guías 


Amarga era en verdad la situación que privaba para el obrero mexicano en los principios del siglo actual [XX] y bajo la dictadura del general Porfirio Díaz, Presidente de la república. 

No solamente en el interior de la fábrica sino aún fuera de ella el trabajador no era del todo libre en sus actos. De hecho no existía la libertad de asociación ni de expresión del pensamiento y aquel que se reunía con fines de protestar por las injusticias o que manifestaba sus ideas en contra del sistema de gobierno y la conducta de los patrones, era perseguido y encarcelado o bien enviado al ejército con los "pelones" como castigo a su osadía de querer ser libre en su país y formar Uniones Obreras para la defensa de los trabajadores. 

En las villas fabriles la policía montada ejercía odiosa vigilancia que era aún más severa en la noche pues cuando se encontraban grupos de trabajadores después de que sonaban las diez eran llevados a la comandancia para ser multados por andar deambulando o conversando más allá de esa hora. 

Más infames aún en sus procedimientos eran los rurales, hombres a caballo encargados de vigilar a los trabajadores y proteger a las empresas, cuidando las puertas de las fábricas cuando entraban y salían los obreros y se daban gusto echando sus cabalgaduras sobre la gente indemne que iba en grupos. 

En el caso de elecciones para gobernantes, representantes legislativos o municipales, en las direcciones de los departamentos se llenaban las boletas de elección y se llamaba a uno por uno de los trabajadores para que fueran a firmarlas o estampar en ellas su huella digital. En esa forma, los patrones extranjeros cooperaban a la continuidad del régimen porfirista que para ellos era símbolo de riqueza y para el obrero símbolo de explotación y miseria. 

Todo eso, aunado a las imperantes órdenes en la fábrica de no conversar con nadie, no llevar cigarrillos ni usar cerillos, desenvolverse en un ambiente donde se era víctima de insultos, golpes, multas, jornadas excesivas de labores, de los fatídicos vales de la tienda de raya y una vigilancia que se extendía hasta sus propios domicilios, fueron creando una atmósfera de repudio hacia el capitalismo extranjero, por parte de los trabajadores que sentían la necesidad de unirse para exigir mejor trato y respeto a su condición de seres humanos. Y así, sin temor al peligro que para ellos representaba el hacer reuniones, los obreros de la fábrica de Río Blanco empezaron, en pequeños grupos, a darse cita en la casa del señor Andrés Mota, los días domingo, para deliberar sobre la conveniencia de formar un frente de defensa. 

Las juntas de los trabajadores ríoblanquenses era cada día más numerosas y las discusiones más apasionadas y prolongadas. En el espíritu de esos hombres flameaba ya el ansia de libertad y derecho a que les daba la Constitución. Se iba formando conciencia en la clase trabajadora para unificarse y ofrecer resistencia contra sus explotadores y quienes los amparaban. 

Destacaban en las juntas, como paladines del incipiente movimiento de unidad, las figuras del profesor José Rumbia, el obrero Manuel Ávila y José Neira, que había arribado a Río Blanco a principios de 1906 y quien tan pronto empezó a elaborar en la fábrica hizo contacto con los antes señalados para ayudar a la causa exponiendo que él estaba en contacto con los hermanos Flores Magón acérrimos enemigos de la dictadura porfirista. 

La asamblea que marcó la ruta de lucha fue la efectuada el 2 de abril de 1906. Manuel Ávila y José Rumbia con voz calmada, llena de fervor en sus ideales, pedían que se organizara una Sociedad Mutualista que actuara en forma moderada, sin precipitaciones, ya que resultaría expuesto lanzarse abiertamente contra capital y dictadura que tenían todo el poder en sus manos. 

Muchos trabajadores rubricaron con aplausos entusiastas la idea de Ávila y Rumbia; pero José Neira se levantó de su asiento y "rugió" su desacuerdo con ese plan explicando que se debía proceder con energía pues obrando con suavidad solamente harían el ridículo y nulo sería el caso que les hicieran autoridades y patrones, por eso proponía que se formara una Mesa de Resistencia que actuara abierta y resueltamente.

La opinión de los trabajadores se dividió y mientras unos estaban con la idea de que se procediera con cautela, por temor a las persecuciones, cárcel o pérdida del trabajo, otros se pronunciaron a favor del Plan Neira que era el explosivo y algunos más optaron por retirarse para no comprometerse. 

De cualquier modo se llegó a un acuerdo: Formar la directiva y darle nombre al grupo y, por aclamación unánime, se aprobó el propuesto por José Neira, "Gran Círculo de Obreros Libres de Río Blanco". Así nacía la resistencia de la clase obrera contra el capital, escribiendo páginas rojas con su sangre de lo que sería el movimiento precursor de la Revolución Mexicana. Los trabajadores se habían unido y en su ejemplo cundiría en toda la región y en todas las fábricas textiles.


(Tomado de: Peña Samaniego, Heriberto - Río Blanco. El Gran Círculo de Obreros Libres y los sucesos del 7 de enero de 1907. Centro de Estudios Históricos del Movimiento Obrero Mexicano, México, 1975)

lunes, 15 de enero de 2024

Antecedentes del movimiento obrero revolucionario en México



1. Antecedentes del movimiento obrero revolucionario en México

1869. Para concluir el año circulan en hoja impresa los estatutos de la Asociación Internacional de los Trabajadores, aprobados por el Congreso de Ginebra en septiembre de 1866. Lo que da origen a que circule una invitación a todas las sociedades existentes en México para constituir un Centro General de los Trabajadores Organizados que fuera capaz de defender con más eficacia los intereses del trabajo.


1870. El 10 de enero aparece la convocatoria firmada por Villanueva, González, Herrera, Mata Rivera, Meza y Pérez de León. El 16 de septiembre queda constituido el Gran Círculo de Obreros de México. Toman su dirección Zalacosta, Villanueva y su grupo "socialista". El Círculo de Obreros se integró con las organizaciones siguientes: Unionista de Tejedores del Distrito de Tlalpan, Mutualistas de las fábricas La Colmena y San Ildefonso, Unionista de Canteros, mutua del Ramo de S,ombrerería Unionista y de Resistencia de Carpinteros, Mutua del Ramo de Sastrería, Artístico Industrial de Tipógrafos Mexicanos, Cuerpo de Redacción de El Socialista y la Sociedad Unionista de sombrereros.

Entre las finalidades del Círculo destacan la lucha por ampliar el espíritu de ayuda mutua; la creación de cajas de ahorro, seguros de vejez, casas de asilo y escuelas primarias y de oficios. Asimismo, se señala el apoyo ilimitado a las huelgas; la lucha por el alza de los salarios; la disminución de la jornada de trabajo y la protección en el trabajo de la mujer y del niño. Por último, se solicita al gobierno una ley que garantice como finalidad última la total emancipación del proletariado, que sería obra de este mismo.


1871. El 15 de agosto se organiza la Sociedad de Tipógrafos Mexicanos en la Ciudad de México. Simultáneamente se establecen las primeras sociedades obreras en el interior del país. En San Luis Potosí se constituye la Asociación Potosina de Obreros, integrada por tres organizaciones, que años más tarde editará el periódico Las Clases Productoras, cuyo primer ejemplar aparece el 16 de septiembre de 1876; sus redactores fueron Jenaro Vergara y Silverio M. Vélez.


1872. A fines de enero, en Toluca, se organiza la Sociedad Progresista de Artesanos 8 de Noviembre, la que se adhirió al Gran Círculo.

El 14 de julio se constituye la Sociedad de Obreros del Porvenir, del Ramo de Carrocería; el 29 del mismo mes, se organiza el Ramo de Curtiduría; el 1° de agosto, la Sociedad Fraternal de Costureras; el 24 de septiembre, la Sociedad Filarmónica de Auxilios Mutuos, y el 26, la Asociación Mutualista y de Resistencia del Ramo de Tabaco, la que fue disuelta por los patronos con lujo de violencia, sin que la naciente agrupación ni el Gran Círculo fueran capaces de impedirlo.

La muerte de Santiago Villanueva produce un cambio en la política del Gran Círculo; los estatutos son reformados y aprobados el 16 de septiembre; sus puntos son los siguientes: "1° Mejorar, por todos los medios legales, la situación de la clase obrera, ya en su condición social, ya en la moral y ya en la económica. 2° Protección a la misma clase contra los abusos del capitalismo y los maestros de taller. 3° Relacionar entre sí a toda la familia obrera de la República. 4° Aliviar sus necesidades a los obreros. 5° Propagar entre la clase obrera la instrucción correspondiente es sus derechos y obligaciones sociales y en lo relativo a las artes y oficios. 6° Establecer todos los círculos necesarios en la República, a fin de estar en contacto los obreros de los estados con los obreros de la capital.”

El 1° de agosto estalla la huelga de los barreteros de Real del Monte, Hgo.; los patronos violan el contrato de 1869, el que estipulaba que pagarían $2.00 diarios por 36 horas de trabajo consecutivo y 12 de descanso. Los empresarios pretendían reducir a $1.00 el salario; en cambio, los obreros pedían el cumplimiento del contrato, así como la disminución de la jornada de trabajo a 16 horas, por el mismo salario.

El conflicto se resolvió en favor de los mineros, alcanzando una completa victoria. La prensa diaria pedía al gobierno que "adoptase una actitud enérgica, antes de que se propagara este sistema obrero de defensa". El Socialista, el periódico defensor de los obreros, se guardó su opinión prudentemente.

El 6 de diciembre se inicia el conflicto huelguístico de los obreros textiles de La Colmena, en protesta a la aplicación de tarifas que se traducía en un verdadero despojo para sus ya magros salarios.


1873. La huelga de La Colmena dura más de un mes, obteniéndose un convenio ventajoso para los obreros, firmado por los patronos el 28 de enero, en el que se establece: "el reconocimiento de la Sociedad, advirtiéndose que se dan todos los poderes a la comisión obrera para vigilar el cumplimiento de las tarifas", y además, "se da el derecho a los trabajadores para intervenir en las cuentas de la administración, en caso de que tengan desconfianza sobre manejos que perjudiquen a los operarios”.

Como resultado del triunfo de La Colmena, se llevó a cabo una asamblea general de los obreros textiles en el Valle de México, el 5 de febrero; la que dio nacimiento a la Unión de Resistencia de Tejedores del Valle de México.

En mayo y junio surgen nuevas asociaciones obreras en Parral, Chih.; en Guadalajara, Jal., y León, Gto. A su vez, el Gran Círculo constituye en los estados de Jalisco, Sonora y Sinaloa y en la ciudad de Tepic nuevas sociedades.

El 25 de julio estalla la huelga en la fábrica la fFama Montañesa; el movimiento logra obtener sus demandas sin la ayuda del Gran Círculo.

el 14 de agosto se inician las huelgas de Río Hondo y San Ildefonso. Los barreteros del mineral de La Luz, Gto., se declaran en huelga del 2 al 10 de septiembre en pro de un aumento del 25% en los salarios (el promedio anterior a la huelga era de $0.80 diarios), triunfan los mineros en sus justas demandas.

La organización obrera se caracteriza por su fortalecimiento y el de sus órganos de prensa. En ese año circulan los siguientes periódicos, además de El Socialista, el Artesano Oaxaqueño; El Pacto Social, de los mineros de Real del Monte, Hgo.; La Causa del Pueblo, de Guadalajara, Jal.; El Pueblo, de México, D.F.; La Paz, de Chilpancingo, Gro., y otros más en Jalisco, Chihuahua, Yucatán, Veracruz y Puebla.


1874. El Gran Círculo acordó, en asamblea efectuada el 8 de enero, que "los propietarios más honrados serían admitidos en las filas obreras en calidad de socios honorarios"; pero hubo quienes se pronunciaron en contra, decididos a terminar con la corriente filantrópico-mutualista en el movimiento obrero. Esas contraposiciones tuvieron, sin duda, la virtud de acelerar el ritmo de las pugnas obreras. Se desata una verdadera ola de huelgas y de peticiones de los trabajadores, principalmente por parte de los textiles. Culmina este esfuerzo unificando el criterio en la lucha por una tarifa de salarios, por la abolición del trabajo nocturno, por la jornada de nueve "o cuando menos de diez horas", etcétera. La Convención Textil se reúne el 24 de julio y se aprueban las reivindicaciones antes mencionadas. Los obreros de Jalapa, de la Sociedad de Artesanos y Jornaleros, fundada el 1° de junio de 1867, se declaran en huelga, adoptando las demandas presentadas por los obreros del Valle de México, el 8 de julio; el conflicto se soluciona hasta el 6 de agosto, en que los patronos conceden la jornada de 12 horas. Un año más tarde "conceden" asimismo la de 10.

La prensa obrera, portavoz de las demandas proletarias, se multiplica. La Comuna alcanza a tirar 4,500 ejemplares; surge nuevos periódicos como El Obrero, de Tacubaya; La Concordia, de Veracruz; El Obrero Internacional, órgano de la Sociedad Artística Industrial.


1875. El 1° de febrero, la Unión de Trabajadores del Valle de México se dirige al Presidente de la República exponiendo la situación de los obreros y su propósito de declarar la huelga. El presidente recibe, el 9 de febrero, a los patronos, y da orden al Gobierno del Distrito Federal para que intervenga y resuelva el conflicto, de acuerdo con las partes afectadas. Los acontecimientos se precipitan, los obreros declaran ese mismo día la huelga en las fábricas La Fama Montañesa y San Fernando.

Surgen nuevos órganos periodísticos en defensa de las demandas obreras: El Obrero, de Guadalajara; La Firmeza, El Desheredado, órgano del Gran Círculo; El Obrero, de Monterrey; La Justicia, La Huelga. El 26 de abril estalla la huelga general estudiantil en las escuelas del gobierno, quizá la primera en su género.

El 5 de octubre se declara la huelga en la fábrica textil La Magdalena; del 12 al 15 del propio mes se desarrolla el conflicto textil de Cocolapan, Orizaba, contra la rebaja de salarios, que pretendía reducir éstos de $1.75 a $1.05 diarios, así como por el mejoramiento en los materiales de trabajo.


1876. El 5 de marzo se inaugura el Segundo Congreso Obrero convocado por el Gran Círculo de Obreros. Tanto su composición como el temario son duramente atacados por la prensa obrera, tachando a los dirigentes de maniobras políticas que conculcaban las demandas de los trabajadores.


1877. En los comienzos de este año el movimiento obrero estaba representado únicamente por las sociedades del Valle de México (las de más pura extracción proletaria) y algunas adheridas a La Social; la mayor parte de ellas habían ido desapareciendo. Porfirio Díaz aplasta con mano de hierro las huelgas de la fábrica Hércules, en Querétaro, así como otras más; bajo un régimen pretoriano, los obreros no podían protestar ni siquiera por la explotación de que eran víctimas.


1878. Huelgas de tipógrafos contra la imprenta oficial en la capital; de textiles, en la fábrica La Magdalena; de mineros, en El Rosario, Sin.


1800. El 3 de enero se inaugura el Tercer Congreso Obrero en el Teatro Morelos, en la Ciudad de México. Lo preside Carmen Huerta. Asiste una delegación de La Social, integrada por Félix Riquelme, Juan C. Orellana, Benito Castro y José Rico. El Congreso sufre varias suspensiones; en él se acuerda la creación de la Gran Confederación de los Trabajadores Mexicanos. Su clausura se efectúa A fines de abril. (Tomado de Boletín del Consejo Nacional de Educación.)


(Tomado de Salazar, Rosendo: Antecedentes del movimiento obrero revolucionario en México (Los años convulsos). Biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, número 57 México, Distrito Federal, 1973)

jueves, 14 de noviembre de 2019

Orígenes del movimiento obrero, 1853


Las sociedades Mutualistas y la Organización Obrera en la época de la Reforma

Es evidente que el movimiento de la Reforma, con sus leyes de desamortización de bienes de las corporaciones civiles y religiosas, así como de la nacionalización de bienes eclesiásticos tendía “a la libre circulación de una gran parte de la propiedad raíz, en sus manos (casas y terrenos), base fundamental de la riqueza pública; trasladando estos bienes a otras manos y creando más de 9,000 propietarios que pagaron a la nación por los bienes confiscados a la Iglesia, $2,319,280.72, afirma Miguel Lerdo de Tejada. Pero al mismo tiempo, el total de las adjudicaciones y relatos indica que la mayor parte de los nuevos propietarios eran ya antiguos propietarios…
Esto revela que algunos poseedores de bienes, ya ricos, se enriquecieron más todavía; que otros sectores de la población, pasaron de las capas medias no adineradas a las pudientes, apoderándose por todos los medios de las tierras comunales de los pueblos. Y convirtiendo a sus moradores campesinos, en una masa de peones explotados en las haciendas y latifundios.
De aquí, a primera vista, la paradójica e inverosímil alianza entre los hacendados y la pequeña burguesía urbana y rural (únicas capas sociales beneficiadas con las leyes de desamortización de la Reforma), alianza que hizo prolongarse (hasta hoy podemos decir y a pesar de la revolución de 1910) las formas semifeudales de explotación en nuestros campos y una economía industrial retrasada, característica inconfundible de los países de tipo semi-colonial como México.
Fue dentro de estas circunstancias históricas y económicas que se constituye en la ciudad de México el 5 de julio de 1853, por un grupo de obreros sombrereros, la Sociedad Particular de Socorros Mutuos; la cual establecía en una de sus bases constitutivas como motivo de esta actitud societaria, lo siguiente:
La esclavitud moderna, que nos arrebata las ganancias de nuestro trabajo.” La sociedad se organizó con 33 socios, pero un mes más tarde contaba con 120 miembros.
Durante algunos años ésta fue la forma predominante en la organización de los obreros y artesanos para poner un dique a la explotación patronal de que eran objeto así como a la de los maestros artesanos; no conocían otra más eficaz, lo raquítico del desarrollo industrial no podía tampoco sugerirles otra forma superior.
Más adelante, en los años subsecuentes se inició su desarrollo, sin que llegara a constituir una verdadera fuerza del movimiento cooperativo como medio de mejorar las condiciones económicas de los trabajadores.

La revolución burguesa en Europa

En poco más del decenio transcurrido de 1848 a 1861, se habían desarrollado importantes y trascendentales acontecimientos en Europa, los cuales sin lugar a duda, influyeron en el pensamiento revolucionario del mundo, alcanzando su repercusión hasta nuestro país y las tierras de América.
Los obreros de Alemania y Francia tomaban parte por primera vez en la lucha por el poder, (1848-49) pero la burguesía y pequeña burguesía, mejor preparadas por la experiencia, los traicionaron en su intento dejando burladas sus aspiraciones.
El liberalismo inglés tiene su periodo de actividades bajo la dirección de Stuart Mill y Gladstone. En los Estados Unidos estalla la guerra de Secesión, separación entre el norte y el sur, aparentemente por la liberación de los esclavos y decretada por el presidente Lincoln; en el fondo, en realidad, porque la libertad de los negros esclavizados constituía un verdadero ataque a los intereses de la burguesía rural e industrial del sur de la Unión Americana, como se llamaban entonces los Estados Unidos. La burguesía del norte vería colmados sus deseos obligando al sur a pagar salarios de “hombres libres” a sus esclavos, colocándose así en un plano de igualdad para competir “honestamente en el mercado y en el comercio”, lo que difícilmente podía hacer mientras la burguesía suriana tuviera esclavos.
En Francia se rehace la “oposición” burguesa-republicana, obligando a Napoleón III a otorgarle algunas concesiones.
En la rusia de los zares la burguesía liberal se enfrenta a la influencia de la Alemania de Bismarck y se inicia, en 1861, un largo largo periodo revolucionario al decretarse la libertad de los campesinos, aboliendo su régimen de servidumbre. El Japón hace su entrada en la vida occidental, la cual copia y asimila rápidamente, hasta nuestros días, convirtiéndose en peligroso competidor de las naciones imperialistas que le sirvieron de modelo.

Los albores del obrerismo y el socialismo en México, sus iniciadores

Atraído por las leyes expedidas por Comonfort para la creación de colonias agrarias, llegaba de Europa en febrero de 1861, un hombre cuya educación ideas y actividades habrían de jugar un papel importante en la iniciación del estudio sobre las cuestiones sociales entre los artesanos, obreros y estudiantes del país.
Plotino C. Rhodakanaty, griego y educado en Viena y Berlín, había sido sin duda uno de tantos espíritus inquietos, imbuidos de la diversidad de teorías y doctrinas del socialismo utópico, entonces muy en boga en Europa. Por lo menos esto lo induce a crear su actividad como escritor y como mentor más tarde. Escribió un opúsculo que tituló “Cartilla socialista o sea el catecismo elemental de la escuela de Carlos Fourier: El Falansterio.” (Imprenta de V. G. Torres.-México, 1861 16 páginas en 8°).
Apareció una segunda edición de este folleto en 1879, bajo el nombre de Cartilla socialista o sea el catecismo elemental de la escuela societaria de Carlos Fourier, editada por Plotino C. Rhodakanaty, fundador de “La social”, quien la dedica al uso, instrucción y práctica de las clases obrera y agrícola de la República. Por ese tiempo también apareció el libro Las atracciones guardan proporción a los destinos, de Fourier. (Imprenta de El socialista.- México, 1879. 24 páginas en 8°). Intentó fundar en 1863 una escuela, y aunque no pudo lograrlo, sí reunió a un grupo de estudiantes en torno suyo. En 1864 publicaba otro libro Neo-panteísmo, consideraciones sobre el hombre y la naturaleza. (160 páginas en 8°), obra de la cual fue publicada una síntesis en 1855 bajo el nombre de Médula panteísta del sistema filosófico de Spinoza.
Del grupo formado en derredor de Rhodakanaty se distinguieron tres jóvenes, que fueron por así decirlo, el primer grupo socialista en México: Francisco Zalacosta, estudiante; Santiago Villanueva, obrero, y Hermenegildo Villavicencio, estudiante. Estos jóvenes entusiastas y generosos se echan a cuestas la tarea de organizar a los obreros en octubre de 1864, alentados y dirigidos por Rhodakanaty. Villanueva organiza la sociedad Mutualista del Ramo de Sombrerería y poco después la sociedad Mutua del Ramo de Sastrería que se reorganizó después de estar disuelta por más de diez años.
Comenzó entonces la pugna ideológica entre los mismos paladines de las nuevas ideas. Pues aunque todos hablaban de socialismo, Villanueva y Rhodakanaty, mostrándose más moderados, propugnaban por la organización a base de ayuda mutua, mientras Zalacosta hacia mayor propaganda socialista diferenciando su posición de la de sus compañeros. Años más tarde Zalacosta planteaba así el problema en su periódico La Internacional: ¿Qué es lo que debe animar a la asociación obrera? ¿Filantropía o solidaridad? Rhodakanaty, Villanueva y Villavicencio se inclinaban con espíritu conciliador al mutualismo, aunque no dejaban de propagar el socialismo, esto dio como resultado la fundación en enero de 1865 del Grupo Socialista de Estudiantes.
Un cenáculo de teorizantes quizá, pero útil hasta cierto punto entonces.
Mientras tanto, en Europa cristalizaba al fin en la historia del proletariado el anhelo de constituir la Primera Internacional Obrera, lo que se llevó a cabo el 25 de septiembre de 1864 bajo la dirección de Carlos Marx; no obstante la gran influencia ideológica de Proudhon hasta 1868, incluso en los Congresos de la Primera Internacional en Ginebra y Lausana en 1866 y 1867. Las ideas de Marx predominaron totalmente después, a pesar de la oposición de Bakunin, ruso que ingresó a la Primera Internacional hasta 1868.
 A partir de ese año se desarrolló una lucha intensa dentro del seno de la propia Internacional, entre los partidarios de Marx y los de la oposición encabezada por Bakunin; lucha que se agudizó y extendió por todo el mundo entre los sectores obreros, hasta 1872 en que fueron expulsados los bakunistas de la Internacional durante el congreso celebrado en La Haya, bajo el cargo de sus actividades contrarrevolucionarias que conducían a la división del proletariado.
Los bakunistas sostenían los siguientes puntos de vista: “Igualdad de clases, abolición del derecho hereditario como punto de partida del movimiento social [una sandez como las expresadas en el México contemporáneo, sobre economía sexual, etcétera], ateísmo, como un dogma impuesto de antemano a todos los afiliados y como cuestión fundamental (herencia de las teorías absurdas de Proudhon), abstencionismo político”, médula teórica del apoliticismo bakuninista adoptada por el anarquismo, etcétera.
Tales fueron los motivos de divergencia que separaban a los marxistas de la Primera Internacional de los bakuninistas, encabezados por el neohegeliano y anarquista Miguel Bakunin cuyo programa, como podrá apreciarse, era una mezcla informe de las teorías del filósofo y economista francés Saint Simón por una parte y por otra, de las del fundador del anarquismo francés, Pedro José Proudhon.
Es decir que, a la vez que se declaraban idealistas al hablar de “igualdad de clases”, al mismo tiempo, ellos, los “anti-autoritarios”, pedían la imposición del dogma ateísta a todos los obreros de la Internacional; sembrando así la división en los cuadros de la clase obrera frente a la lucha contra el enemigo común, el capitalismo, y negando la posibilidad de ser un militante en las filas de la revolución a todo obrero que no fuese ateo.


(Tomado de: Díaz Ramírez, Manuel - Orígenes del Movimiento Obrero. Cuadernos Mexicanos, año II, número 75. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)