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lunes, 23 de marzo de 2026

El celo asturiano

 


El celo asturiano 

La historia del Club Asturias arranca en Rivadesella, el pueblo asturiano donde nació Antonio Martínez Cuétara, su futuro artífice. Ya instalado en México, repartía el tiempo libre que le dejaba su empleo entre dos aficiones: una, las lecturas sobre espiritismo, teosofía, masonería y temas afines; la otra, el fútbol. 

En 1914 se hizo socio del Deportivo Español, cuna de resentidos con el Club España, y desde ahí planeó la formación de un club que congregara a todos los residentes asturianos, que entonces conformaban la mitad de la colonia española en México. El 7 de febrero de 1918 reunió a un grupo de paisanos en su casa de la calle de La Amargura 52 y los convenció de la urgencia de formar un club que representara los colores de la patria astur. Constituida la primera mesa directiva, anunciaron su intención de dar apoyo al deporte, "especialmente al emocionante y populoso sport, el foot-ball". 

A fines de julio de 1918 el Club Asturias solicitó entrar a la Liga Mexicana Amateur de Association Foot-Ball (LMAAFB). La liga respondió que de acuerdo con los estatutos deberían disputar tres encuentros con equipos de primera categoría para evaluar su nivel de juego. Los astures obtuvieron buenos resultados: derrotaron al Germania 3-0, empataron con el América 3-3 y vencieron al Tigres 1-0; sin embargo, su solicitud fue rechazada. 

Nunca se aclararon las causas del fallo, pero es muy probable que el Club España se opusiera, al sentir amenazados los privilegios de que gozaba como único representante de la colonia española. En respuesta, los asturianos, encabezados por Antonio Martínez Cuétara, mejor conocido como "Chicorro", quizás por su baja estatura y su aspecto de niño calvo, se lanzaron a la aventura de formar su propia liga. 

En una junta celebrada en el Orfeón Catalán quedó constituida la Unión Nacional de Association Foot-Ball, en la que participarían equipos como ABC, Blanco y Negro, San Cosme, Cataluña y Águila de Pachuca. Construyeron su campo en el Paseo de la Reforma, justo frente a la casa de don Venustiano Carranza, y anunciaron la entrada gratuita a sus juegos. Tal medida afectó los bolsillos de los dirigentes de la Liga Mexicana, especialmente del España, dueño del parque oficial. Ante esta presión, tuvieron que ceder. Aceptaron al equipo azul y blanco, que debutó en el torneo 1919-20.

Obsesionados con la idea de ganarle al España, contrataron de Escocia a míster Gerald Brown, un excelente entrenador que trajo a los pastos mexicanos lo mejor del estilo escocés. Lo acertado de esa medida se reflejó en la participación del Club Asturias en la Copa del Centenario, en 1921, donde deslumbraron al público con un fútbol nuevo, de fulminantes combinaciones, calificados de matemático y científico, en el que las cargas violentas no existían, ni tampoco los pelotazos sin más. Ese mismo año los asturianos le arrebataron a España la Copa Covadonga y al siguiente le ganaron el campeonato de liga. Sus deseos se cumplieron, pero a partir de entonces el fútbol ya no tuvo el mismo sabor para ellos.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

lunes, 2 de marzo de 2026

Dominio hispano

 


Dominio hispano 

El entusiasmo que despertó el Club España se vio reflejado en la cantidad de equipos formados por hispanos que comenzaron a proliferar por toda la ciudad. El club los adoptó y abrió sucursales en distintas zonas de la capital. En 1916 había uno en San Antonio Abad, otro en la colonia Guerrero, en Santa María la Ribera, en San Cosme y una más en la prolongación de las calles de Bolívar. 

Ese efervescencia futbolística se extendió a otras ciudades del país con fuerte presencia ibérica, como Tampico, Torreón, Tuxpan, Veracruz, Villahermosa, Oaxaca, Puebla y Pachuca, donde los residentes españoles formaron sus propias oncenas, integrando en 1918 una Confederación Deportiva, comandada por el Club España de la capital. 

De su fuerza deportiva hablan los nueve campeonatos que lograron entre 1912 y 1922, jugando un fútbol simple, nada vistoso pero muy efectivo, basado en la fortaleza física y en la valentía para entrar a rematar los centros que enviaban los extremos, conocidos en aquellos tiempos como alas. Intentaban pocas combinaciones y preferían el rápido pelotazo al área enemiga; con ellos el balón permanecía poco tiempo pegado al pasto. 

Entonces se decía que el Club España jugaba "feo, pero ganaba" y que sus triunfos se debían antes que nada "al nervio de la raza, coraje y amor propio". Entre los más destacados jugadores de aquellos años se recuerda a Enrique Gavaldá, "El Portero Caballero", a Lázaro Ibarreche, "El Chuteador As del Fútbol Mexicano", a Eladio Olarra, "El Jugador Ardilla", por su gran rapidez y astucia para buscar el gol, y Antonio y Jaime Arrechederra, "Los Hermanos Terremoto", por más de diez años el mejor dueto defensivo de México. 

La pérdida del título de la temporada 1922-23 ante el Asturias fue la primera señal de que la era del dominio españista estaba llegando a su fin. Dos años más tarde cedieron para siempre su trono ante un grupo de jóvenes impetuosos que fundó la primera dinastía futbolera mexicana

El Club España tardó en aceptar que su fútbol había envejecido y por ello vivió una larga decadencia, hasta que en 1934 resurgió con jovencitos de su cantera que dominaban las claves modernas del balompié. 

Pero esa es otra historia.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

lunes, 27 de noviembre de 2023

El España y el Asturias

 


El España y el Asturias 


El Club España, que formaba parte del fútbol mexicano desde 1912, continuó como uno de sus máximos exponentes durante las décadas de los treinta y cuarenta. El Asturias, su acérrimo rival, vivió momentos estelares en los años treinta.

Los duelos entre estos equipos se iniciaban mucho antes de saltar a la cancha. Apenas anunciado el partido, los dirigentes empezaban a discutir acaloradamente sobre las condiciones en que debía jugarse: horario, árbitro, cancha... Los jugadores de cada conjunto intercambiaban desafíos y los simpatizantes de ambos bandos, como preludio de las trifulcas que el día del partido se organizaban en las gradas, debatían en las cantinas y los cafés, según corresponde a la rivalidad en torno a un verdadero clásico.

El España, que por lo general ocupaba las primeras posiciones del torneo, sufría para vencer al "cuadro de la Casona", como llamaban al Asturias, un equipo con mala fortuna que con frecuencia perdía juegos, y hasta campeonatos, en el último minuto.

Ambas oncenas llegaron a contar con jugadores excepcionales, algunos de ellos mexicanos, pero sobre todo extranjeros. Entre los nacionales hay que mencionar a Fernando Marcos, Luis "Pirata" Fuente, "Tití" García, Carlos Laviada y Carlos Septién. Entre los importados destacaron Isidro Lángara, "El Charro" Moreno, Luis Regueiro, Aballay, "Butch" y Fernando García.

La verdad es que estos clubes preferían a los extranjeros sobre los locales, a tal grado que alguna vez el España llegó a alinear a nueve españoles, un argentino y ¡un mexicano!

La década de los cuarenta fue difícil para las dos oncenas. La Guerra civil española había dividido las opiniones también en México. En 1939, el parque de los asturianos sufrió un incendio. Nadie pudo convencer a los españoles de que los motivos del atentado no eran políticos. Días más tarde, consumada la derrota de los republicanos, el Casino Español fue atacado por un grupo de personas que, dijeron, rechazaban la presencia de un club en cuyas instalaciones colgaba la fotografía de Franco. En 1949, el Asturias replanteó la posibilidad de retirarse de la liga, luego de que durante una reunión su directiva fue conminada a guardar silencio: "En el ámbito nacional no tienen por qué opinar los gachupines", se le dijo.

Por razones similares, en junio de 1950 el España confirmó su adiós al fútbol profesional. Dos meses después, el 27 de agosto, en una sesión a la que asistieron todos los socios del club, se acordó por mayoría la desaparición de las Asturias. Terminaba un trascendente capítulo en la historia del fútbol mexicano.


(Tomado de: Calderón Cardoso, Carlos - Por el amor a la camiseta. (1933-1950). Editorial Clío, Libros y Videos, S.A. de C.V., México, 1998)