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lunes, 18 de enero de 2021

Fortaleza de Veracruz


Por constituir el puerto de conexión más importante con España y el más cercano a la ciudad de México, desde fines del siglo XVI se pensó en dotar a la ciudad de algunas obras defensivas, para protegerla de los piratas.

Para 1633 ya existían algunos baluartes y estacadas situadas al derredor del caserío; estas obras fueron mejorándose al correr de los años, y para principios del siglo XIX  Veracruz era ya una ciudad amurallada considerada como plaza fuerte militar. El recinto fortificado de la plaza consistía en una muralla (de unos 3.2 m de altura media y 0.80 de espesor) que rodeaba la población y tenía un desarrollo de unos 2,540 m para formar un recinto cerrado.

Por la protección de San Juan de Ulúa, el ataque del lado del mar era poco probable, así que el frente hacia el Golfo sólo se apoyaba por sus extremos en sendos baluartes (los de Santiago y de la Concepción) cuyas artillerías batían los canales de acceso al puerto, cruzándose con las del castillo. La muralla poligonal era de siete baluartes en cuyo interior había depósitos de municiones y arriba de los cuales se debían instalar 86 cañones; el tiro de fusil se podía únicamente realizar a través de las aspilleras de la muralla.

Para entrar en la población había seis puertas; tres, en el frente de tierra, daban salida a los caminos de Jalapa, Orizaba y Medellín.

En 1683 Veracruz fue ocupada y saqueada por los piratas Nicolás Grammont y Lorenzo Jácome (a) "Lorencillo", sin que las incipientes fortificaciones lograran impedirlo; una vez construido el recinto fortificado de la plaza, ya no hubo ataques similares en todo el virreinato. En el s. XIX la plaza desempeñó funciones militares de importancia: bajo el amparo de sus fortificaciones, Santa Anna inició en 1832 la revuelta que derrocaría a Bustamante, y resistió el asedio; en 1834, cuando la Guerra de los Pasteles, los franceses asaltaron por sorpresa la plaza y fueron rechazados por las tropas de Santa Anna; en 1847, durante la guerra con los EU, Veracruz fue ocupada por los norteamericanos; en 1858 y 1859, siendo sede del gobierno de Juárez, el puerto fue asediado sin éxito por Miramón.

Para permitir el crecimiento de la ciudad, a fines del s. XIX las fortificaciones fueron demolidas: ahora sólo queda, como recuerdo de aquellas obras, el baluarte de Santiago.

                        (Baluarte de Santiago, Veracruz)

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen IV, - Familia - Futbol)

viernes, 26 de octubre de 2018

Laurent Graff (Lorencillo)


 

 

La horda de piratas que cayó sobre Campeche era formada de franceses e ingleses capitaneada por el filibustero flamenco Laurent Graff y por su teniente Agramont, cuya ferocidad e implacable saña hicieron de ellos el azote de nuestros mares.

Manuel A. Lanz

 

Mientras España, Francia, Inglaterra y Holanda celebraban diversos tratados de paz para poner orden en Europa, en la segunda mitad del siglo XVII los piratas devastaban las costas y atacaban las flotas imperiales que transportaban al viejo continente grandes riquezas extraídas de las colonias en América.

Sus ataques representaban terribles pérdidas para la Corona española. Importantes sumas de dinero invertidas en la armada de Barlovento –creada ex profeso para combatir la piratería- fueron infructuosas. Las tranquilas aguas novohispanas eran continuamente hostilizadas y asoladas.

El lunes 17 de mayo de 1683, aparecieron en el horizonte un par de navíos a dos leguas de Veracruz. Doscientos hombres comandados por Laurent Graff –pirata de origen holandés conocido como Lorencillo- desembarcaron y llegaron a la plaza de armas de la ciudad. A la medianoche, seiscientos hombres más asaltaron y tomaron el puerto.

Los piratas se dividieron en grupos para saquear la ciudad; los habitantes, sin distinción de sexo o edad, fueron llevados a la catedral, donde permanecieron encerrados hasta el 22 de mayo. Sus atacantes colocaron un barril de pólvora en la puerta del templo y amenazaron con hacerlo estallar si los prisioneros no entregaban los supuestos tesoros que tenían.

La mañana del sábado 22 de mayo, Graff sacó de la catedral a los prisioneros para trasladarlos a la Isla de los Sacrificios. A los funcionarios los tomó como rehenes y el resto, a punta de palos, fue obligado a cargar el cuantioso botín, empresa que tomó hasta el 30 de mayo. El 1 de junio Lorencillo levó anclas, desplegó velas y se hizo a la mar, dejando a su paso cuatrocientos muertos, miseria y desolación.

Dos años después, en 1685, el pirata volvió a hacer de las suyas: se apoderó de Campeche, ciudad que sufrió la misma suerte que Veracruz. Ante la apatía de la Corona para tomar medidas eficaces contra el asedio de los bandidos, el gobernador de Yucatán, don Antonio de Iseca –temeroso de que Lorencillo invadiera Mérida- salió con un grupo de soldados hacia Campeche para enfrentarlo. El tristemente célebre pirata resultó ileso y, aunque se embarcó precipitadamente, se llevó consigo un rico botín.

Ningún esfuerzo parecía suficiente para que Lorencillo y sus filibusteros se retiraran de la península. Los vecinos de Campeche, hartos de los graves perjuicios que habían sufrido a causa de los piratas, comenzaron en 1686 la construcción de murallas defensivas para la ciudad. En los siguientes años se levantaron dos kilómetros de muralla y ocho baluartes. La obra fue terminada ya muy entrado el siglo XVIII, cuando la piratería había menguado considerablemente y la historia de Lorencillo era sólo un recuerdo.

 
(Tomado de: Sandra Molina – 101 villanos en la historia de México)