Mostrando las entradas con la etiqueta templo mayor. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta templo mayor. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de abril de 2026

Entrevistando a las pirámides 7, Templo Mayor

 


Entrevistando a las pirámides 7 Templo Mayor 


Nuestro entrevistador de pirámides fue también niño y tuvo en su infancia un libro con muchas estampas ,que se llamaban Orbis Pictus. Ahora recuerda que entre ellas había una que representaba el templo de los indios de México, iluminada por él con lápices de colores. Había muchos indios ajetreados por delante del templo. Todo lo demás era incomprensible para él, en aquella estampa. Había, por ejemplo, una escalera. Pero no como las escaleras de las casas que él estaba acostumbrado a ver. Aquella escalera conducía directamente al sol. Había, además, en aquel grabado, casas que no era posible imitar con la caja de construcciones. Una de ellas se parecía a la fábrica de gas situada en el arrabal de la ciudad en que él vivía y de la que entraba siempre en la cocina un tufo desagradable. Había también una escuela de natación, aunque no es seguro que fuera eso. "Sí, seguramente es una escuela de natación; déjame en paz", gruñe el padre del futuro entrevistador de pirámides cuando éste le preguntaba a cada paso lo que era aquello. 

De buena gana echaría una parrafada con la pirámide del Orbis Pictus, si pudiese encontrarla. Pero sabe que no la encontrará. Después de aquel libro de estampas de su infancia ha leído muchos libros, entre ellos obras sobre México, y en todas ellas se asegura sin dejar lugar a dudas que el teocali de la capital fue demolido más concienzudamente que todos los demás templos del país. Que no ha quedado de él piedra sobre piedra ni el menor rastro y que sobre el solar en que antes se alzaba el templo indio levanta ahora su cruz la catedral de la nueva fe.

Y se comprende que los españoles volcaran su furia destructora con especial encono sobre este teocali. El odio y la rabia se unían aquí al celo proselitista de su religión, pues desde esta pirámide del rey y desde esta reina de las pirámides era desde donde se organizaba la resistencia contra los cruzados de la nueva fe y sobre sus altares corría la sangre de los hombres cristianos para aplacar la cólera de los dioses paganos.

El derrotado Hernán Cortés contemplaba impotente y desde lejos, según nos cuenta el poema de Heine, cómo conducían a sus hombres maniatados, escaleras arriba,

Al templo de Vitzlipuxtli, [Huitzilopochtli]

ciudadela para dioses,

hecha de ladrillo rojos,

que recuerda a los egipcios,

babilonios y asirios,

colosal monstruo de piedra 

que nos muestran las estampas 

del inglés Henry Martin.

Son las mismas escaleras,

anchas y formando rampa 

por las que suben y bajan 

millares de mexicanos.

Estas escaleras llevan 

en zigzag hacia lo alto 

hacia una inmensa terraza 

donde se alza el altar. 

El entrevistador recorre toda la catedral, buscando algún rastro del colosal monstruo de piedra", una piedra por lo menos, un ladrillo, con dibujos indios. Nada. Decepcionado, se dirige a la salida.

En este momento, resuena una voz que parece salir de las entrañas de la tierra:

-Aquí estoy -y luego, explicando el sentido de estas dos palabras-: la que tú buscas.

-¿Dónde estás?

-Sal a la calle, sigue la fachada de la catedral hacia el poniente y luego doblas hacia el norte, hasta que llegues a la primera esquina. 

El entrevistador sigue dócilmente la ruta que le marca la misteriosa voz. Al llegar al sitio indicado, en la esquina que forman las calles de la República Argentina y Guatemala, junto a un endeble cercado de alambre, mira primero en derredor suyo y luego hacia lo alto. 

-Mira hacia abajo -dice la voz. 

En efecto, a través del enrejado de alambre ve un solar de construcción, mejor dicho, de destrucción, a unos cuantos metros por debajo del nivel de la calle. Es todo lo que queda libre de lo que fue basamento de la gran pirámide. Restos de los muros sesgados, ángulos de piedra de 45 grados miran hacia arriba como los dientes rotos de la parte de abajo de una gigantesca quijada. Fragmentos de bajo relieves. Escombros de todas las edades. Cabezas de serpientes de plumas. Y un monolito con la figura de Quetzalcóatl. 

El entrevistador da las gracias a la pirámide descuartizada por haberle mostrado el camino de su cementerio. 

-Lo he hecho porque eres un europeo. En tus tierras, en ustedes mismos se está obrando ahora la misma salvación que nos trajeron a nosotros. Sus edificios, sus hombres están viviendo hoy tormentos mucho más espantosos que los que yo viví, a pesar de que su Hernán Cortés no era más que una caricatura ridícula y lamentable del nuestro. Ya va siendo hora de que nosotros enviemos al otro lado del océano a un escritor para que entreviste a sus ruinas.


(Tomado de Kisch, Egon Erwin. Descubrimientos en México. Volumen 1. Prólogo de Elisabeth Siefer. Edición aumentada. Colección ideas, #62. EOSA, Editorial Offset, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1988)

viernes, 1 de septiembre de 2023

Los dioses de los mexicas

 


Los dioses de los mexicas


La religión, concebida como conjunto de creencias, no es una mera acumulación de éstas, sino un acervo sistematizado de pensamiento. Para lograr sus propósitos, el hombre desarrolla un sistema simbólico por medio del cual se establece el intercambio social de las ideas y se desarrolla colectivamente el pensamiento. Un componente fundamental de este sistema lo constituye el panteón, en el que confluyen un complejo conjunto de símbolos. Entre éstos se encontraban el maquillaje, las divisas y los atavíos de los dioses. Tales símbolos permitían a los fieles no solo identificar a los dioses, sino entender algunas de sus funciones.

El rico y complejísimo panteón del México central no es una creación súbita o espontánea sino el producto de largo siglos de tradición: gran parte de los dioses, de sus ritos y la mayoría de sus mitos son comunes a toda Mesoamérica y se remontan al período Clásico. Esto es cierto para dioses como Quetzalcóatl, Tláloc, Xipe, los dioses del fuego y de la muerte, y resulta probable para otros muchos.


*COATLICUE. "La de la falda de serpientes". Fue una de las diosas madre en la cosmogonía mexica. Coatlicue, a quien quiso matar su hija Coyolxauhqui, diosa de la Luna, fue madre de Huitzilopochtli, dios principal de los mexicas. Huitzilopochtli mata a Coyolxauhqui y la arroja desde lo alto del Coatépetl.


*HUITZILOPOCHTLI. "Colibrí zurdo o colibrí del sur". Era dios de la guerra y patrono de los mexicas, y se le dedicaban rituales diariamente. En varios mitos aparece como uno de los dioses creadores de los humanos, aunque destaca su papel de guía durante la peregrinación mexica desde Aztlan hasta Tenochtitlan. Se le representaba con un yelmo con forma de colibrí, ave asociada con el Sol.


*TLÁLOC. Dios de la lluvia y patrono de los campesinos. Era uno de los dioses más antiguos e importantes de Mesoamérica; se le representaba con una especie de anteojos formados por dos serpientes entrelazadas, cuyos colmillos se convertían en sus fauces. Su cara estaba pintada de negro y azul y a veces de amarillo, y su ropa estaba manchada de gotas de hule que simbolizaban gotas de lluvia. Se le ofrecían en sacrificio, en el mes de atemoztli, niños, hombres y perros.


*COYOLXAUHQUI. "La del afeite facial de cascabeles". Diosa de la luna. Era hermana mayor de Huitzilopochtli. Coyolxauhqui se enteró del embarazo de su madre, Coatlicue, y por eso trató de matarla ayudada por sus hermanos los cuatrocientos huitznahua. Huitzilopochtli salió del vientre de Coatlicue y, armado con una xiuhcóatl, dio muerte a Coyolxauhqui, desmembrándola.


*TEZCATLIPOCA. "Espejo humeante". Dios que daba y quitaba la riqueza; también era protector de los esclavos. Fue uno de los dioses que gobernaba el destino de los hombres y quien, transfigurado con los atributos de Quetzalcóatl, obligó al Sol a mantener su diario recorrido.


Tomado de: Dossier: La religión mexica. Los mexicas. Arqueología Mexicana, Vol.XVI núm. 91. Editorial Raíces, México, 2008)

jueves, 6 de julio de 2023

La religión mexica

 


La religión mexica

Una religión mesoamericana

La religión es un producto de la actividad cotidiana del hombre. Es el resultado de la necesidad práctica de entender y manejar una realidad compleja compuesta por el medio natural, la sociedad y su propia interioridad. En la construcción de la religión mexica predomina la herencia de una milenaria actividad agrícola, procesada y transformada a lo largo del tiempo.

Fuentes para su estudio

La comprensión de una realidad histórica remota, como lo es la religión mexica, es producto de una ardua labor científica. En ese sentido, está condicionada por el enfoque particular y muy diverso de los investigadores que a lo largo del tiempo se han dedicado a su estudio. Así, el entendimiento de la cosmovisión mexica se ha ido enriqueciendo a la par de los avances en el estudio de las numerosas fuentes indígenas y españolas, y en especial de los numerosos hallazgos arqueológicos.

La vida ritual

La religión es básicamente una acción regida por la práctica inveterada. Como la creencia, constituye un sistema. En este caso fundamentalmente desemboca en una técnica, en un sistema de comunicación con las sobrenaturaleza. La acción cultural tiene como uno de sus ejes la adecuación de la voluntad de los dioses al tiempo-espacio mundano, con el propósito de que el agente pueda satisfacer sus necesidades de subsistencia. En este sentido, los rituales eran fundamentales y en el caso de los mexicas, un conjunto de ellos tenía gran importancia: las fiestas de los meses del año solar.

Los templos

La cosmovisión de los pueblos mesoamericanos se reflejó en la cultura material, como la arquitectura y la disposición de las ciudades. En los centros de los sitios se localizaban templos cuya forma, decoración y función se correspondían con el papel que las deidades a que estaban dedicadas tenían en el entramado mítico y ritual 

El Templo Mayor de los mexicas estaba dentro de un espacio sagrado, aislado del mundo profano por un muro. Ese espacio reproducía el concepto cosmogónico mexica del quincunce: cuatro rumbos y un centro. En el centro se elevaba el Templo Mayor, que simbolizaba el Coatépetl, la montaña sagrada, que almacenaba la lluvia, los rayos, las semillas multiplicadoras de la vida.

Situado en el centro del espacio sagrado, el Templo Mayor se convertía en el axis mundi, centro del mundo, para los mexicas. Era la morada de los dioses y el lugar por excelencia en que los hombres podían descender a los nueve niveles del inframundo o ascender a los 13 niveles de los cielos.

Era el lugar donde los seres humanos hacían ofrendas y pedimentos a las divinidades, y donde renovaban con ellas los pactos de reciprocidad. Ahí, en las dos capillas ubicadas en la cima de Coatépetl, los mexicas donaban sangre y corazones, lo más preciado por los hombres, para que los dioses se alimentaran y recuperaran fuerzas para que pudieran, a su vez, dar alimentos y vida a los seres humanos.


(Tomado de: Dossier: La religión mexica. Los mexicas. Arqueología Mexicana, Vol.XVI núm. 91. Editorial Raíces, México, 2008)

lunes, 31 de enero de 2022

Manuel Gamio

 


Antropólogo y arqueólogo, nació y murió en la Ciudad de México (1893-1960). Abandonó sus estudios en la Escuela de Minería para radicarse en la finca de su familia en Santo Domingo, en los límites de Oaxaca, Veracruz y Puebla, donde aprendió náhuatl con los peones. Allí surgió su interés por los problemas sociales y económicos de los indígenas y del medio rural. Estudió arqueología con el doctor Nicolás León y con Jesús Galindo y Villa en el Museo Nacional (1906-1908), donde fue auxiliar de investigador en historia. Llevó cursos de arqueología en Columbia University bajo la dirección de Franz Boas (1909-1911). Fue miembro de la expedición arqueológica a Ecuador (1910). Obtuvo grados de Maestro de Artes (1911), de Doctor en Filosofía (1921) y de Doctor Honoris Causa en Letras (1948) en la propia Columbia. También obtuvo este grado en la UNAM (1951).

Gamio exploró en las cercanías de Azcapotzalco (1909) y en Chalchihuites, Zac. (1910); clasificó con Boas la cerámica del Valle de México, que llamó Tipo de los Cerros (1911); realizó la primera excavación en San Miguel Amantla, donde encontró tres tipos culturales, base de posteriores estratigrafías. Como jefe del Departamento de Antropología ordenó (1917) exploraciones en Copilco, Pedregal de San Ángel, para determinar si había objetos culturales bajo la lava, encontrando así la cerámica que llamó Arcaica o del Hombre del Pedregal; promovió que se investigara el montículo donde Cummings descubrió el monumento redondo de Cuicuilco; descubrió las ruinas del Templo Mayor de Tenochtitlan en el cruce de las calles Seminario y Guatemala, en la Ciudad de México; dirigió con Reygadas y Marquina las exploraciones del centro ceremonial de Teotihuacan llamado La Ciudadela, e hizo su restauración (1917-1920); y exploró en Yucatán y en Miraflores, Guatemala, C.A. (1925). A partir de esta fecha se interesó más por el problema del mejoramiento económico y social de los grupos humanos que por el aspecto histórico, constituyéndose así en el primer indigenista moderno. Desempeñó puestos importantes: director de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americanas; subsecretario de Educación Pública (1925); magistrado del Supremo Consejo de Defensa y Prevención Social (1930-1932); director del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (1938), y director del Instituto Indigenista Interamericano (1942-1960). Perteneció a treinta y una sociedades científicas del país y del mundo.

Sus obras principales: Arqueología de Azcapotzalco, México, 1912; Investigaciones arqueológicas en México 1914-1915, Washington, 1917; Monumentos arqueológicos en las inmediaciones de Chalchihuites, Zac., México, 1910; Forjando patria, México, 1916; Escandaloso fraude arqueológico, México, 1920;. El "Cerro del Conde", México, 1920; El censo de la población mexicana desde el punto de vista antropológico, México, 1920; Los cambios de gobierno en México, México, 1920; Álbum de colecciones arqueológicas seleccionadas por Franz Boas, México, 1921; El celibato y el desarrollo de la población en México, México, 1922; Los animales domésticos europeos y sus influencias en la cultura aborigen de México, México, 1922; Algunas sugestiones a los misioneros indigenistas, México, 1922; "Cultural Evolution in Guatemala and its Geographic and Historic Handicaps", en Arte and Archeology, 1926 y 1927; Las excavaciones del Pedregal de San Ángel y la cultura arcaica del Valle de México, México, 1932; Algunas consideraciones sobre la salubridad y la demografía en México, México, 1939; Algunas consideraciones sobre niveles culturales de los grupos indios y mestizos, ponencia presentada en Pátzcuaro, 1940; Calificación de características culturales de los grupos indígenas, México, 1942; Las características culturales y los censos indígenas, México, 1942; Consideraciones sobre el problema indígena en América, México, 1942; Exploración económico-cultural en la región oncocercosa de Chiapas, México, 1945; Consideraciones sobre el problema indígena, México, 1966; y Consideraciones sobre problemas del Valle del Mezquital, México, 1952. Escribió las novelas Estéril (1923) y Vidas dolientes (1937). Dirigió la obra La población del Valle de Teotihuacan, en tres volúmenes, que no ha sido superada (México, 1922).

El antropólogo peruano Luis E. Varcárcel dijo de él: "La obra de Gamio se emparenta con la de Bartolomé de las Casas y la de Tata Vasco. Sigue la salvadora tradición. Pertenece a la minoría de los hombres de América que no son cómplices, con su silencio, del crimen de genocidio que se ha venido repitiendo desde 1492. Don Manuel Gamio, desde su sitial de México, dirige, sin pausa, la gran cruzada. Le vemos enhiesto, desde Magallanes hasta Alaska, como un vigía, como un acucioso centinela."

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)

jueves, 6 de mayo de 2021

Hombre-murciélago

 

(Dios murciélago o buiguidi beela. Cultura zapoteca. Epiclásico. Miraflores, Chalco, estado de México. MTM.)

Esta asombrosa figura impresiona desde el primer momento. Con su cabeza de murciélago, sus garras y pies del mismo animal pero con cuerpo humano, con un collar del que penden tres campanas, cuyo badajo es un pequeño fémur, el dios nos transporta al mito nahua que nos relata cómo, en cierto momento, muerde el clítoris de la diosa Xochiquetzal; el sangrado dará comienzo a la menstruación. Así comienza el ciclo femenino de la vida y la muerte, es decir, el de los días fértiles y los que no lo son. Pero va más allá: el murciélago hematófago habita en cuevas, matriz que puede parir pueblos y a la vez es entrada al inframundo, lo que denota la importancia de la dualidad vida-muerte.

Su relación con la noche es evidente, pues es cuando sale para alimentarse, por eso la figura muestra restos de haber estado pintado de color negro. Para los mayas, este animal ocupaba uno de los escaños o cámaras que estaban en el camino al inframundo, tal como lo expresa el Popol-Vuh: "Zotzi-ha, la Casa de los Murciélagos, se llamaba el cuarto lugar de castigo. Dentro de esta casa no había más que murciélagos que chillaban, gritaban y revoloteaban en la casa. Los murciélagos estaban encerrados y no podían salir".


(Tomado de: Matos Moctezuma, Eduardo - "Voces de barro" - Los ejes de vida y muerte en el Templo Mayor y en el recinto ceremonial de Tenochtitlan. Arqueología Mexicana, edición especial #81. Agosto de 2018. Editorial Raíces/Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ciudad de México)


jueves, 22 de abril de 2021

Tláloc

 


(Tláloc. Cultura Centro de Veracruz. Postclásico. Tehuacán, Puebla. MNA)

Tláloc era la deidad relacionada con la lluvia, las nubes, el rayo y la fertilidad. Su imagen la observamos en las distintas culturas mesoamericanas, que dependían en buena medida de la agricultura para su subsistencia. Un dato inequívoco para su identificación son los dos aros que rodean sus ojos y que representan serpientes enroscadas, que en ocasiones culminan en la nariz del dios. Como muchas deidades mesoamericanas, Tláloc tenía un lado positivo y otro negativo. En el primero predominaba su bondad para llevar el agua a la tierra y, de esta manera, fecundarla para obtener una buena cosecha. Por el otro, podía negar la lluvia al hombre, lo que acarrearía momentos de aridez con consecuencias terribles para el pueblo. De ahí que las festividades en su honor y de sus ayudantes, los tlaloque, se realizaran en distintas ceremonias a lo largo del año. En algunas de ellas se sacrificaban niños para garantizar una buena cosecha. Su pareja era Chalchiuhtlicue, deidad femenina relacionada con el agua y que también era invocada para obtener el vital líquido.

El culto a estos dioses viene de épocas muy antiguas; en Teotihuacan lo vemos presente tanto en la pintura mural como en la cerámica y en la escultura en piedra.

(Tomado de: Matos Moctezuma, Eduardo - "Voces de barro" - Los ejes de vida y muerte en el Templo Mayor y en el recinto ceremonial de Tenochtitlan. Arqueología Mexicana, edición especial #81. Agosto de 2018. Editorial Raíces/Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ciudad de México)

viernes, 5 de marzo de 2021

Mictlantecuhtli

 

(Mictlantecuhtli. Cultura mexica. Posclásico Tardío. Casa de las Águilas, Templo Mayor. MTM)

El señor del inframundo, que es lo que significa su nombre en lengua náhuatl, se representa semidescarnado. Su pareja era Mictlancíhuatl, señora del Mictlan o mundo de los muertos. Ambos se encontraban en el nivel más profundo -el noveno- adonde llegaban quienes morían de cualquier tipo de muerte no asociada a la guerra o al agua.

Los muertos tenían que ser devorados por la tierra, Tlaltecuhtli, que con sus afilados colmillos se comía la carne y la sangre. Una vez devorado, la esencia sería parida por la tierra para que fuera a su lugar de destino conforme al tipo de muerte que hubiera tenido: al Sol si era guerrero muerto en combate o sacrificio; al Tlalocan si había fallecido por causa del agua o enfermedades asociadas a ella, o al Mictlan si sufría cualquier otro tipo de muerte. En este último caso las esencias del individuo muerto tenían que emprender un viaje de cuatro años lleno de peligros para, finalmente, presentarse ante Mictlantecuhtli.

La escultura muestra agujeros en su cabeza -seguramente para colocarle cabello de personas muertas- y destacan sus largas uñas. Lo más enigmático, en un principio, fue el elemento trilobulado que cuelga entre sus costillas. Después de un análisis en fuentes históricas y códices, se determinó que se trataba del hígado, víscera que guarda los humores del cuerpo humano.

(Tomado de: Matos Moctezuma, Eduardo - "Voces de barro" - Los ejes de vida y muerte en el Templo Mayor y en el recinto ceremonial de Tenochtitlan. Arqueología Mexicana, edición especial #81. Agosto de 2018. Editorial Raíces/Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ciudad de México)

jueves, 21 de enero de 2021

Huehuetéotl, Dios viejo y del fuego

 

(Huehuetéotl, dios viejo y del fuego. Cultura totonaca. Clásico. Cerro de las Mesas, Tlalixcoyan, Veracruz)

Esta antigua deidad mesoamericana se representa con la figura de un hombre anciano, desdentado, que lleva sobre su cabeza un enorme brasero. Sus antecedentes los vemos en Cuicuilco, lugar que floreció antes de nuestra era, localizado al sur de la Ciudad de México. Siempre he pensado que la deidad representa los conos volcánicos tan abundantes en esa región del Valle de México. Uno de ellos, el Xitle ("ombligo"), con sus erupciones de humo y lava, acabó con ese centro urbano. En ese sitio surgieron las primeras representaciones del dios, en pequeñas piezas de barro en las que se observa el brasero que porta, y que para mí no es otra cosa que el cráter del volcán, que arroja humo. Sin embargo, una de las figuras más emotivas de esta deidad que rige el centro u ombligo del universo es la que proviene de la Costa del Golfo. Posee una calidad excepcional y muestra al anciano encorvado, con las características ya señaladas. En el brasero vemos la cruz, símbolo del dios y que representa los cuatro rumbos universales. En la cosmovisión de estos pueblos él es quien, con su sabiduría, guarda el equilibrio del universo con dioses beligerantes que ocupan los extremos de esos rumbos.

[...]

(Tomado de: Matos Moctezuma, Eduardo - "Voces de barro" - Los ejes de vida y muerte en el Templo Mayor y en el recinto ceremonial de Tenochtitlan. Arqueología Mexicana, edición especial #81. Agosto de 2018. Editorial Raíces/Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ciudad de México)

viernes, 16 de marzo de 2018

Ahuízotl



Octavo tlatoani mexica; sucedió a su hermano Tizoc en 1486 y murió en 1503. Terminó el gran templo de Tenochtitlan, a cuya inauguración asistieran más de 20 mil invitados de todo el imperio mexica y de otros señoríos independientes. Todos estos asistentes sin duda se sacaron sangre de las orejas y otras partes carnosas del cuerpo, en cumplimiento del ritual del autosacrificio. A partir de esta circunstancia derivó la mala interpretación de que fueron sacrificados 20 mil hombres, lo que resulta lógicamente imposible, sobre todo si se tiene en cuenta que el sacrificio humano era un acto muy solemne apegado a la reverencia ritual, y que constituía un mensaje simbólico a los dioses, que era ofrenda y eucaristía. Terminado el sacrificio, parte de la carne de la víctima ya deificada se comía con el significado con que los católicos toman la comunión. Las campañas militares de Ahuízotl se extendieron, por el sur, hasta Guatemala, y hasta la Huasteca veracruzana por el norte. Amigo de la ostentación, era al mismo tiempo fuerte y aguerrido. Hubo de sofocar constantes rebeldías, especialmente en la región de Puebla y Tlaxcala. Según el Códice Mendocino “conquistó 45 pueblos, fue muy valiente y alcanzó el título de tlacatécatl”. Durán (Historia I, 325-421) describe varios episodios de su reinado.

 Ahuízotl hermoseó la ciudad con bellos edificios y dio organización a las expediciones de los pochtecas (comerciantes a la vez que espías). Bajo su reinado se produjo una inundación grave, a consecuencia de la canalización de las aguas de Acuecuechco, manantial en las cercanías de Coyoacán. Recibió en las obras una herida en la cabeza y murió a consecuencia de ella. Su sobrino Moctezuma Xocoyotzin heredó el trono y su hijo Cuauhtémoc fue el último paladín de los aztecas.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen I, A - Bajío)


(Lápida de Ahuízotl MNAH)


Ahuízotl

1467-1502

Para hacer con mayor aparato tan horribles sacrificios ordenaron las víctimas en dos hileras... y según iban llegando eran prontamente sacrificados.

Francisco Javier Clavijero

Fue Ahuízotl el octavo gobernante de Tenochtitlan entre 1486 y 1502, famoso por ser enérgico, feroz y sanguinario, y por haber peleado contra mazhuas y otomíes para consolidar su poder. bajo su reinado el imperio azteca llegó a su mayor expansión y poderío, aunque el impulso que dio a la vida económica de la ciudad se debió en gran parte a su control sobre los traficantes o pochtecas, a quienes utilizaba como espías.

Durante su mandato se concluyó la edificación del Templo Mayor. cuando inauguró la última etapa de la construcción, con el fin de honrar a Huitzilopochti ordenó el sacrificio de miles de prisioneros durante tres días: él mismo, con un cuchillo de obsidiana, extrajo los corazones de varios hombres. refieren las crónicas que el número de sacrificados llegó a ochenta mil.

Ahuízotl, cuyo nombre en náhuatl significa "perro de agua", murió durante una inundación provocada por su propia necedad. El tlatoani había ordenado al señor de Coyoacán -tributario de los aztecas- que abriera las fuentes para el acueducto llevara más agua a Tenochtitlán; aceptó, pero advirtió también que "de cuando en cuando aquellas aguas se derramaban... y anegarían la ciudad de México". El gobernante tenochca consideró su advertencia como un desafío y lo mandó matar. así, se abrieron las fuentes y un torrente de agua inundó la ciudad con tal fuerza que fue necesario abandonar el palacio real. Ahuízotl intentó escapar, pero se golpeó la cabeza y murió días después.

(Tomado de: Molina, Sandra – 101 villanos en la historia de México. Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F. 2008)