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lunes, 18 de mayo de 2026

El “Trío Veneno” y socios


 VIII 

El “Trío Veneno” y socios 


Los llamaban primero “Los Cuatro Ases de la Canción”. Eran Mario Talavera, Ignacio Fernández Esperón, Alfonso Esparza Oteo y Miguel Lerdo de Tejada. Años después, al morir este último, los restantes fueron conocidos como el "Trío Veneno", tal vez por el mordaz ingenio de que hacían gala en el ambiente bohemio. 

Si bien Lerdo de Tejada se significó por sus innovaciones musicales, su dinamismo y visión para crear fuentes de trabajo para los músicos nacionales, sus composiciones en términos generales pecaron de europeizantes y pocas de ellas lograron gran popularidad; su obra máxima fue la canción Perjura, de intenso sabor italiano. Por otra parte, Lerdo de Tejada fue muy respetado en el ambiente musical. 

En cuanto a sus tres colegas, aunque algunas de sus piezas conservaron rasgos de extranjerismo, la mayor parte siguió los lineamientos nacionalistas fijados por Manuel M. Ponce; así, el magnífico trío se erigió en pilar fundamental de la canción mexicana moderna y, por ende, en forjador de la Época de Oro que ya anunciaba su llegada. 

¿Cantar o componer? 

El veracruzano Mario Talavera, nacido en 1885, pudo ser un gran cantante de ópera o uno de los intérpretes de música popular más famosos de su tiempo, pero nunca concedió gran importancia a su extraordinaria voz de tenor. Tenía alrededor de 25 años de edad cuando concluyó sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música; entonces se dedicó brevemente al género operístico y algunos críticos llegaron a comparar su voz con la de Caruso.

Hizo algunas giras exitosas por varios países, demostró que podía triunfar como cantante y después se dedicó a la composición. También en esta actividad se destacó inmediatamente. Pero ni la popularidad de sus bellas canciones Gratia Plena, China, Arrullo y otras, hizo olvidar a sus allegados el desperdicio de su privilegiada voz. 

¿Fue acaso demasiado bohemio para aceptar las renuncias y limitaciones que implica el canto? Lo cierto es que sus canciones fueron popularizadas principalmente por las voces de Jesús Pedraza, el doctor Alfonso Ortiz Tirado y Felipe Llera (por cierto, este último a diferencia de Talavera, supo combinar el canto y la composición, escribió canciones tan conocidas como La casita, cantó ópera e interpretó la canción mexicana formando dueto con su esposa su esposa Julia Irigoyen).

Enjuto y sonriente, el caballeroso Mario Talavera se destacó también como un conversador de gran ingenio y como una eficaz defensor y organizador de los compositores mexicanos. 

Las glorias de “Tata Nacho

Miembro destacadísimo del grupo precursor de la Edad de Oro fue el también "venenoso" Ignacio Fernández Esperón, mejor conocido como "Tata Nacho". Este sobrenombre, dicho sea de paso, se lo pusieron sus compañeros de juegos cuando, muy pequeño todavía, sufrió una grave caída en la que perdió parte de la dentadura y habló "como viejito" durante algún tiempo, mientras le hacían su dentadura postiza. 

"Tata Nacho" no se afilió a la bohemia: nació en ella. En su Oaxaca natal su casa era centro de reunión de artistas y literatos, pues el doctor Ignacio Fernández Ortigoza, su padre, era un gran aficionado a la música, la poesía y sobre todo la conversación. Por otra parte, su madre era pianista de considerable talento. Cuando la familia se estableció en la Ciudad de México, las tertulias se hicieron aún más frecuentes, ahora con la asistencia de figuras de la talla de Luis G. Urbina y Amado Nervo. Este ambiente pronto hizo sus efectos sobre el pequeño Nacho, quien a menudo abandonaba los juegos infantiles para ponerse a improvisar canciones. No pasaba de los seis años de edad cuando ya sorprendía a los invitados con sus composiciones. 

La catedral de la bohemia 

Estudió en la Escuela Normal de Maestros y desempeñó diversos trabajos de poca importancia y ajenos totalmente a la música. A continuación, su amor al campo lo confundió y decidió inscribirse en la Escuela Nacional de Agricultura: aún no se percataba de que su misión sería cantar a la campiña, no cultivarla. Desorientado, abandonó la escuela y empezó a frecuentar el estudio del pintor y escultor Ignacio Rosas; este lugar era, en plena Revolución, una pequeña catedral de la bohemia capitalina. 

Ahí conoció a la estrella del teatro frívolo María Conesa, al caricaturista Ernesto "Chango" García Cabral, al músico Miguel Lerdo de Tejada e incontables artistas y escritores no menos famosos. Y su vocación musical experimentó una exaltación definitiva. Según relatarían tiempo después algunos miembros del grupo, en una de las reuniones el poeta Francisco Orozco se mostró muy abatido porque lo había abandonado una jovencita que trabajaba como modelo para Rosas. "Tata Nacho" se sentó al piano y ejecutó para el poeta entristecido una de sus canciones, a la que adaptó rápidamente algunas frases alusivas al caso. Así nació Adiós mi chaparrita, canción que daría fama a Fernández Esperón y contribuiría grandemente a abrir las puertas del mundo musical a los compositores mexicanos. 

Afirmaban sus amigos que su otra gran canción, La borrachita, se completó también en el estudio de Rosas; se cuenta que esta vez "Tata Nacho" improvisó la letra inspirado en una hermosa muchacha que frecuentaba al grupo y a la que en esa ocasión se le pasaron un poco las copas:

Borrachita me voy 

para olvidarte;

te quero mucho, 

tú también me queres…

Poco tiempo después, viajó a Nueva York para estudiar música. Dos mexicanos que tenían allá un restaurante le habían ofrecido casa y comida gratuitas. Pero al llegar a la urbe neoyorquina, encontró el restaurante cerrado y para sobrevivir se empleó como escribiente en el consulado mexicano. 

Allá compuso, entre otras, su nostálgica Qué triste estoy. Volvió a México en 1927, recorrió todo el país haciendo investigaciones sobre música folclórica y en 1929 partió a Europa, donde permaneció estudiando y escribiendo música hasta 1937. 

En el Viejo Mundo compuso Nunca, otra de sus creaciones inolvidables. 

Sus viajes por otras tierras le permitieron comprobar la situación desventajosa que padecían los compositores mexicanos: totalmente desprotegidos y sin la posibilidad de vivir del producto de su música, estaban obligados a depender de la ayuda del gobierno, a dar clases o a trabajar como músicos para ganarse el sustento. Por ello, en 1939 decidió unirse a Alfonso Esparza Oteo y otros compositores con objeto de formar un sindicato. En 1948 éste se convirtió en la Sociedad de Autores y Compositores de Música. 

En los años siguientes dirigió el popular programa radiofónico Así es mi tierra, dedicado exclusivamente a la música folclórica. Fue director de la Orquesta Típica de la Ciudad de México y formó un conjunto llamado Rondalla Mexicana. 

En 1963 llegó a la cima de su carrera al ser electo presidente de la Sociedad de Autores y Compositores, y recibir el homenaje nacional que se le rindió a través de los grandes medios de difusión. 

El "Viejo Amor” de un villista

Completaba el "Trío Veneno" el compositor de Aguascalientes Alfonso Esparza Oteo, que había llegado a México todavía "oliendo a pólvora", pues los últimos años los había pasado en la Revolución, combatiendo con los villistas. 

Tenía grandes deseos de triunfo y éste llegó pronto. En sus alforjas traía melodías tan bellas que una editora de música empezó a publicarlas de inmediato. En poco tiempo, el joven Esparza Oteo se hallaba convertido en compositor famoso y en miembro distinguido de la bohemia. La apoteosis sobrevino cuando dio a conocer Un viejo Amor, canción que a medio siglo de distancia se sigue escuchando. 

Esparza Oteo desplegó también una actividad intensa como director artístico de radiodifusoras, director de orquesta y líder de los compositores. Realizó, asimismo, numerosas giras por todo el Continente.

Sus resonantes y frecuentes éxitos, sumados a los de "Tata Nacho" y Mario Talavera, ampliaron para la canción mexicana los cauces abiertos años antes por Manuel M. Ponce. Melodías de calidad tan elevada -y a la vez tan accesibles- como Dime que sí y Déjame llorar o las rancheras Pajarillo barranqueño y Te he de querer, consolidaron el nacionalismo musical, captaron para la canción mexicana el gusto de la gente de toda clase social y sembraron la simiente cuyo fruto sería la época de oro.


(Tomado de: Morales, Salvador y los redactores de CONTENIDO - Auge y ocaso de la música mexicana. Editorial Contenido, S.A. México, 1975)


sábado, 2 de mayo de 2026

Toña La Negra y el cine


Toña La Negra 

No sé porque con la distancia 

todos los pensamientos se avivan más,

será tal vez esa fragancia 

que dejan en el alma 

las cosas que se van.

Agustín Lara,

en la voz de Toña La Negra 


Con toda la magia del Caribe, despojada de artificios, sólo con la fuerza de lo natural-profundo, la voz de Toña La Negra crecía y llenaba su entorno al decir, mientras el músico poeta la acompañaba al piano: "Por qué negar que fue la vida/ la que a nuestras almas vino a separar/ y por qué mentir/ si es imposible/ que el corazón pueda sin amor vivir…”.

María Antonia del Carmen Peregrino Álvarez, artísticamente conocida como Toña La Negra (1912-1982) y don Agustín se conocieron en la capital mexicana, en 1932, cuando ambos asistían a una fiesta particular. Toña tenía entonces 20 años y en medio de aquellas personas se expresó del único y mejor modo en que sabía hacerlo: con su voz. Nomás la escuchó, el maestro, "pasmado" -así lo diría en sus memorias-, inquirió: "¿De dónde ha salido usted?", a lo que la joven, tal vez un poco azorada, solo atinó a responder: "Nadie, soy nadie, señor Lara”.

Sin embargo, a fines de aquel mismo año, Toña y Agustín -para ella especialmente escribió la canción "Lamento jarocho"- comenzaron a actuar juntos en una revista musical del teatro Esperanza Iris. Y esa unión, maravillosa complicidad artística, se mantuvo a través de los años en la radio, los escenarios, los discos y las películas. 

Muchos años después de aquel feliz encuentro que unió al autor y a una de sus mejores intérpretes, un profundo conocedor del cine mexicano, Emilio García Riera, escribió: "Para que el pecado se luzca en su cabaretera plenitud, debe llevar, como fondo, canciones de Agustín Lara en la voz de Toña La Negra". Las palabras del acucioso investigador expresan de algún modo lo que fue el paso de la cantante veracruzana por el cine mexicano a través de un largo periodo, iniciado en 1934 y que se extendió, según todo parece indicar, hasta fines de los años cincuenta. 

Pero en aquellas películas -muchas, es verdad, asociadas al cabaret que había inventado el cine mexicano de la época- es justo señalar que Toña La Negra también interpretó a otros compositores, mexicanos o no. 

La aventura cinematográfica de la cantante comenzó con Payasadas de la vida, filme de Miguel Zacarías en el que interpreta canciones de Ernesto Lecuona y Gonzalo Curiel. A esa película se sumaron otras dos: Así es mi tierra y Águila o sol, ambas de 1937, con música y canciones de Ignacio Fernández Esperón (Tata Nacho) y Rafael Hernández. Entretanto, también apareció, al lado de Agustín Lara en un corto musical dirigido por Arcady Boytler. 

Los años cuarenta exigieron una mayor participación suya en el cine mexicano, sin que por eso desatendiera sus compromisos con la RCA Víctor. A dicho decenio corresponden, entre otras películas, Amor de la calle, María Eugenia y Konga roja inspirada una y otras, respectivamente, en El bolero de Fernando Zensido Maldonado y la música de Manuel Esperón. Por su parte, Humo en los ojos, Cortesana, Revancha y Mujeres en mi vida, de la misma década, contienen, como es fácil inferir, música y canciones del maestro Agustín Lara. 

En 1950, en La mujer que yo amé, Toña, interpretándose a sí misma, dialoga con el inspirado autor con el que estaba tan plenamente identificada. Ese mismo año, apenas sin pausa, la vemos en planos que duran lo que una canción en Víctimas del pecado, Amor vendido, Pecado, En carne viva y Una gallega baila mambo

Sin embargo a partir de 1951 su incursión al cine disminuyó ostensiblemente; tanto, que sólo se hará patente, según nuestras fuentes, en Los enredos de una gallega, Música de siempre y Bolero inmortal, título con el que parece concluir su relación con el cine. 

Hay que añadir que, simultáneamente a su labor cinematográfica, en ese otro mundo apasionante que es el de las grabaciones -dejó 75 discos de larga duración-, a través de los años, Toña La Negra, con su voz inconfundible que tantas cosas dijo a los enamorados, se impuso en cientos de composiciones. Bástenos mencionar, porque ellas son las condensación de su estilo único, "Cenizas", de Wello Rivas; "Este amor salvaje", de Miguel Valladares; "La gloria eres tú", de José Antonio Méndez, o "Si me pudieras querer", de Ignacio Villa (Bola de Nieve).


(Tomado de: Calderón González, Jorge - Nosotros, la música y el cine. Universidad Veracruzana, Jalapa de Enríquez, Veracruz, 1997)

lunes, 19 de septiembre de 2022

"Guty" Cárdenas

 


Guty Cárdenas (1905-1932)

Augusto Cárdenas Pinelo, conocido con el sobrenombre familiar de Guty, nació en el seno de una familia acomodada, el 12 de diciembre del año 1905, en Mérida, Yucatán.

Su infancia transcurrió en la provincia. Y junto con una precoz disposición musical, tuvo también inclinación a los deportes, campo en el que sobresalió. Sus especialidades deportivas en la escuela fueron el lanzamiento de disco y las carreras de velocidad. Ya adolescente, formó parte del equipo de beisbol Águilas de Veracruz y del equipo de futbol de la Escuela Modelo en el que también jugaba su amigo y futuro compañero de andanzas trovadorescas Carlos R. Cámara ("Chalín").

Durante su adolescencia, pretendió entregarse al estudio del piano, al saxofón y al clarinete, pero el ambiente que lo rodeaba impregnado de las voces y estilos de Ricardo Palmerín, Pepe Domínguez y muchos otros trovadores, llevó la atención del joven Guty a la guitarra.

Las hermanas de "Chalín" Cámara recibían clases de guitarra de Ricardo Palmerín. Pronto, a imitación de ellas, Guty recibiría de Pepe Sosa sus primeras lecciones de guitarra, mismo que lo acompañó en su primera serenata que dedicó a su madre doña María Pinelo Ituarte, con las canciones Esquiva de Emilio Padrón, En el jardín un ruiseñor ha muerto y El rosal enfermo de Palmerín. A raíz de su éxito familiar, en compañía de "Chalín" Cámara, de su tío Fernando Pinelo Ituarte y de Lorenzo López "El Chel", formaron un grupo de trovadores que tradicionalmente se repartían se repartían en los distintos jardines meridanos. Más adelante pasó una temporada de estudios en el Colegio Williams del Distrito Federal, donde se recibió de contador privado.

De regreso en Mérida, dio por frecuentar un café que quedaba en la calle 60, frente al parque Hidalgo, que era el sitio de reunión de muchos jóvenes de aquellos años. Fue en dicho café, donde los poetas José Esquivel Pren y Ricardo López Méndez le dieron letras para que les pusiera música.

En 1925 Guty viajó a Estados Unidos y a Cuba. De La Habana trajo, en febrero de 1928, la rumba Oye chacha que puso de moda en Mérida. Ese mismo año estrenó una bella canción titulada Para olvidarte a ti, con letra de Ermilo Padrón López. El origen de la canción es curioso: el propio Padrón relató que Guty copió en taquigrafía las estrofas de una carta en verso que él escribía como despedida a una novia.

El carnaval de Mérida de 1926 fue determinante para la carrera de Guty. Entre los invitados a dichas fiestas, se encontraba Ignacio Fernández Esperón, "Tata Nacho", el cual se alojó en la casa de Guty y de allí nació una amistad y el convencimiento, por parte de "Tata Nacho", de que Guty debería trasladarse a México, donde su talento sería reconocido.

Guty en la capital

Según algunos de sus biógrafos, la primera presentación de Guty en el Distrito Federal, fue en el restaurante El Retiro, con motivo de una celebración de aniversario del periódico Excélsior.

El 19 de agosto de 1927 se llevó a cabo en el Teatro Lírico, un concurso de "La Canción Mexicana", en el que Guty Cárdenas participó con su bolero Nunca, con letra de Ricardo López Méndez, y "Tata Nacho" con su canción Menudita que conquistó el primer lugar, correspondiendo el segundo a Guty.

Un diploma que guardó para sí y un cheque que entregó a sus intérpretes, el trío Garnica-Ascencio, fueron los premios que recibió en medio del entusiasmo del público.

Pronto gozó de tal fama que fue nombrado socio honorario del Club Rotario de México, en el cual actuaba junto con "Tata Nacho".

En 1928, viajó a Nueva York contratado para grabar discos con la Columbia. Sus grabaciones tuvieron tal éxito que de Texas le pidieron a la compañía grabadora canciones rancheras, cantadas por el novel cancionero.

En México, Guty escribió algunos corridos usando el seudónimo de "Yucho"; entre ellos podrían mencionarse el Corrido del aviador Carranza, Pablo Sídar, Álvaro Obregón y La República en España. Entre 1929 y 1931 realizó varias giras por los Estados Unidos en una de las cuales cantó para el presidente Hoover. Allá se casó con la norteamericana Ann Patrick, mientras cantaba en algunas radiodifusoras de Nueva York, como artista exclusivo de la Columbia.

Guty fue un compositor muy cuidadoso, corregía sus creaciones y las modificaba hasta quedar enteramente satisfecho. Siguiendo la tradición yucateca (olvidada después) de tomar las letras de poetas y letristas profesionales, Guty extrajo la letra de su canción Flor de un poema que el venezolano Juan Antonio Pérez Honalde dedicara a su hija muerta. La segunda estrofa de la canción la escribió especialmente para Guty el poeta exiliado en Mérida -también venezolano- Diego Córdoba. Otra canción famosa Rayito de sol fue inspirada por un poema del yucateco Ermilo Padrón López. A pesar de su destreza como ejecutante y cantante, Guty nunca pudo vencer el nerviosismo ante el público o ante el micrófono.

Dentro de un estilo muy diferente, es importante mencionar las canciones que el compositor escribió con las letras del poeta y mayista don Antonio Mediz Bolio: Yucalpetén y la famosísima Caminante del Mayab.

La muerte de Guty

El día 5 de abril de 1932, a la edad de 26 años, y en pleno triunfo, Guty fue asesinado en el interior del salón cantina Bach en la ciudad de México. En su sepelio Alfonso Ortiz Tirado y Pedro Vargas cantaron dos de sus más hermosas canciones: Nunca y Un rayito de sol.


(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989)

miércoles, 21 de marzo de 2018

Ignacio Fernández Esperón (Tata Nacho)


Ignacio Fernández Esperón (Tata Nacho)



Nació en la ciudad de México el 14 de febrero de 1894. Su madre era pianista y lo impulsó a estudiar piano con Macedonio Alcalá. Luego estudió con el maestro Salvador Ordoñez Ochoa. En 1919 viajó a Nueva York donde estudió con el maestro francés Edgar Varese y posteriormente en París con Paul Le Fleur. En 1925 regresó a México para trabajar como investigador en música vernácula. En 1927 cuando el Teatro Lírico convocó a un concurso de la canción mexicana, gano el primer premio con Menudita. Junto con Carlos González y Jacobo Dalevuelta decidió formar una Revista nacional para las fiestas patrias de 1929 que fue enviada a la Exposición Iberoamericana de Sevilla, en España. Formó el conjunto musical Rondalla Mexicana con el que alcanzó innumerables éxitos.en 1947 inició la transmisión de su programa Así es mi tierra en la XEW. Fue director de la Orquesta Típica de la Ciudad durante el gobierno del Lic. Adolfo López Mateos. Recibió las Palmas Académicas. Sus canciones más populares fueron Dime ingrata, Adiós mi chaparrita, La Borrachita, Nunca, nunca, nunca, Ausencia, Cuídate mucho, Menudita, Otra vez, Qué triste estoy, Serenata, Ya va cayendo. Falleció el 5 de junio de 1968.

 

(Tomado de: Yolanda Moreno Rivas - Historia de la música popular mexicana.)