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jueves, 7 de mayo de 2026

La alcurnia rojinegra

 


La alcurnia rojinegra 

El club Atlas nació como un remedio a la nostalgia. En un café de Guadalajara un grupo de jóvenes de la alta sociedad tapatía añoraba el juego que habían practicado durante sus años de estudiantes en Inglaterra. Ahí decidieron que el único alivio a sus males era formar un equipo de fútbol. 

Algunos de esos jóvenes eran los hermanos Alfonso y Juan José "Lico" Cortina, que habían aprendido a driblar en el Colegio Saint Aloysius; Pedro "Perico" y Carlos Fernández del Valle, que fueron ases del Saint John's; el trío de los Orendáin, que habían pateado el balón en el colegio Ampleforth al norte de Inglaterra, y Federico Collignon, quien a su regreso de Berlín se volvió un jugador famoso con el equipo Rovers de la Ciudad de México. 

El club quedó constituido el verano de 1916 en la casa de campo que la familia Orendáin tenía en San Pedro Tlaquepaque. Fue "Lico" Cortina quien bautizó al equipo como Atlas y también el diseñador del uniforme rojinegro. Para el escudo recurrió a Carlos Sthal, pintor y gran dibujante, quien le sugirió la "A" blanca con un fondo rojinegro. El escenario de su reencuentro con el balón fueron los llanos de La Bajadita, cercanos a San Pedro. Ahí, vistiendo sus pantalones bombachos y con un sombrero de fieltro tipo quesadilla que sólo se quitaban para cabecear, depuraron su técnica inglesa. 

Cuando enfrentaban a los equipos locales resaltaba la superioridad de su juego basado en rápidas triangulaciones y su habilidad para eludir las cargas. Además, mientras sus contrincantes sólo sabían pegarle al balón con la punta del pie, es decir, de "punterazo" o "puñalada", ellos utilizaban el empeine para darle efecto a la trayectoria de la bola. 

Este juego más efectista o preciosista quedó de manifiesto en el primer partido que disputaron contra el Guadalajara. Los atlistas pasearon por el campo a los rojiblancos, que desconcertados no pudieron oponer resistencia. El resultado fue un estrepitoso 18 a 0. Así inició el clásico tapatío. 

Al año siguiente el Club Atlas se mudó a los terrenos de El Paradero, ubicados en el camino de Guadalajara a San Pedro Tlaquepaque, llamados así porque ahí había un jacalón en forma de medio círculo con tejas de barro donde paraban los tranvías que salían de Guadalajara. En esas instalaciones se formó una escuela que comenzó a enseñar un fútbol elegante, calificado más tarde como "académico", que logró mantener su hegemonía en las canchas tapatías hasta 1921.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

lunes, 27 de abril de 2026

Cuando el balón llegó a Jalisco

 


Cuando el balón llegó a Jalisco 

A Guadalajara el fútbol no llegó de la mano de los ingleses sino de un joven belga que se instaló en esa ciudad en 1904. Aquel muchacho se llamaba Edgar Everaert y tuvo su primer empleo en la casa comercial L. Gas y Cía., donde hizo un grupo de amigos entre los que se encontraban Calixto Gas, acaudalado descendiente de franceses, Max Voog, Gregorio Orozco y su hermano Rafael, quien no trabajaba ahí sino en Las Fábricas de Francia. 

Everaert había practicado el fútbol en el puerto de Brujas, su ciudad natal, y comenzó a motivar a sus compañeros a jugarlo. Así, los convenció de ir a pelotear a los llanos de la colonia Moderna. Un día de 1906, cuando consideró que sus alumnos estaban listos, les propuso formar un club, al que llamaron Unión. Eran, en pocas palabras, un combinado franco-tapatío dirigido por un belga. 

Al momento de escoger uniforme, la mayoría francesa impuso los colores de su bandera: azul, blanco y rojo. Algunos de sus integrantes eran además de Everaert, Calixto Gas, Augusto y Calixto Teissier, Pedro, Pablo y Juan O'Kelard, Luis Pellat, Julio Bidart, Max Voog, Ernesto Caire, los hermanos Orozco, Esteban y Francisco Palomera, Alfonso Cervantes, Ramón Gómez y Ángel Bolumar, casi todos empleados de una casa comercial. 

La unión a la que aludía su nombre no duró mucho tiempo, y en 1909 los mexicanos inconformes con la hegemonía francesa decidieron formar su propio club. El equipo se llamaría Guadalajara y estaría formado únicamente por mexicanos; del antiguo equipo sólo heredaron el uniforme. Instalaron su sede en la casa de doña Nicolasa Sainz, viuda de Orozco, abuela de Gregorio y Rafael Orozco. Este último fue el primer presidente del club. Otro miembro de la familia, el tío don Sabino Orozco, les facilitó el terreno donde pudieron trazar su primera cancha, conocida como Las Bases Chicas. 

Entonces no había un campeonato regular y sólo se pactaban duelos entre oncenas formadas en su mayoría por seminaristas y estudiantes de colegios particulares, donde la práctica de los deportes era obligatoria. En el invierno de ese mismo año, 1909, por iniciativa del equipo del Centro Atlético Occidental se celebró el primer torneo oficial. En el participaron, además, el Guadalajara, el Excélsior -formado por estudiantes de un colegio jesuita- y el club del Liceo de Guadalajara. 

Luego se desató la tormenta revolucionaria y no resultaba fácil seguir corriendo en los llanos tras el balón. Durante esos años se formó la base del aguerrido Guadalajara que, en los años veinte, después de encontrar el antídoto que neutralizó el fútbol de salón de los señoritos del Atlas, se convirtió en uno de los símbolos del balompié tapatío.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

jueves, 6 de marzo de 2025

Juárez acelera las operaciones sobre México, 1860

 


Juárez desea se aceleren las operaciones sobre la ciudad de México, 1860 


Teúl, noviembre 13 de 1860.

Excmo. Sr. don Manuel Doblado.

Guanajuato 

Muy señor mío y amigo:

Acabando de recibir la apreciable suya ha llegado también un extraordinario de Guadalajara que trajo varias noticias importantes para todos los jefes que actualmente figuran en beneficio de la actual revolución, una de ellas alarmante por las complicaciones que pueden resultar por el negocio de la ocupación de la conducta de platas y otras muy favorables respecto al giro -que la unidad y energía de los jefes han sabido mostrar- para salvar circunstancias muy críticas, cuyo curso habría desnaturalizado en totalidad los trofeos que nuestro partido ha conseguido por la unidad del Ejército Federal. Las primeras se refieren a que si no se indemnizan las sumas extranjeras de la conducta que se tomó, hay un conflicto, porque sabe que circula la noticia de una junta de Ministros extranjeros en Jalapa para tomar el partido que crean más ventajoso y será probablemente el apoderarse de los puertos de nuestra República. 

El señor Juárez, para evitar tal conflicto, quiere que se aceleren las operaciones de guerra sobre México y que, concluyendo pronto, pueda irse el grueso del Ejército Federal a impedir el golpe que se prepara; también hace una excitativa para impedir en lo moral tal golpe y ésta se refiere a que cada Gobernador se comprometa a satisfacer proporcionalmente al poder monetario de su Estado, un contingente que permita y sea susceptible de indemnizar en compañía las cantidades sustraídas y los daños y perjuicios a que la reclamación de dichos caudales pueda dar lugar. 

Las segundas consisten en que el Excmo. Sr. don Santos (Degollado) quiere sustraerse al ridículo que ha caído sobre él, así como también la censura que ante el Gobierno General y ante la Nación toda, se ha contraído por la ocupación de la conducta como por su malhadado plan que seguramente viene a complicar un tanto la situación; el tal modo consistió en un pronunciamiento que iba a efectuar mandando a Zaragoza, sin tener ya facultades para ello, que toda la fuerza la pusiera a las órdenes del Sr. (López) Uraga, a quien confería sus omnívoras facultades y le hacía observaciones muy exageradas con respecto a personas que si bien deben pagar con sus intereses, había de ser más bien por un conducto adecuado. Usted adivinará el resto, pues no se pueden encomendar a la pluma, cosas que por un extravío puedan interpretarse desfavorablemente. La persona contra que se procedía es Muñoz Ledo, a quien se debían intervenir sus bienes todos, para indemnizar los perjuicios ocasionados…

El Sr. Zaragoza desconoció el mandato de don Santos y respondió a Uraga dignamente lo mismo que a Mirabete, ayudante de don Santos, que venía de orden superior a encargarse de la comisaría. Todos estos golpes, dados en falso, lo han desconcertado a tal grado que no es posible sea capaz de aventurar nada nuevo. 

Se dice vagamente que (López) Uraga estaba en el complot dirigido desde que sé yo qué punto, creo que de México. 

Dos comunicaciones llegaron a la vez para las destitución de don Santos, una por la ocupación de la conducta, otra por el plan Mathew-Degollado. Todo esto es demasiado serio para verlo como un acontecimiento muy pasajero que sea superficial. 

Además ha llegado Francisco Cendejas, como comisionado del Sr. Juárez hacia González Ortega; no sé aún su comisión porque no quiso venir acá. Todo esto lo debe usted saber porque sus agentes son siempre mejores, pero lo informo yo por si usted no tuviere conocimiento de esto.

Muy de la aprobación del señor (González) Ortega ha sido la ejecución del pobre Patrón y desea que si Andrade está en igual caso se le aplique la ley. 

Hágame usted favor de saludar a Doloritas, a mi familia, la de Siliceo, a Prieto, etc. y, agradeciéndole y aceptando sus ofrecimientos, soy de usted su s. s.

José G. Lobato


(Tomado de: Tamayo, Jorge L. - Benito Juárez, documentos, discursos y correspondencia. Tomo 3. Secretaría del Patrimonio Nacional. México, 1965)

martes, 7 de enero de 2025

Proclama de Ignacio Zaragoza a las fuerzas constitucionalistas, 1860

 


Proclama del Gral. Ignacio Zaragoza a las fuerzas constitucionalistas, 1860 


Compañeros:

Con el heroico combate del día 29 del mes anterior (y) la feliz jornada del 1° del presente [se refiere al asalto a Guadalajara y al combate de Zapotlanejo] habéis dado muerte a las últimas esperanzas de la reacción. La traición de Tacubaya queda vencida; los derechos del pueblo quedan garantizados.

Franco tenéis el paso hacia la Capital de la República: sus puertas se os abrirán y si vuestros enemigos, ciegos por sus crímenes, aún hicieren un esfuerzo para oponer resistencia, con otro combate arrancaréis de sus manos las cadenas allí forjadas para oprimir al pueblo mexicano. 

Soldados: paz quieren los habitantes de la República y la paz ha sido conquistada por vuestro valor. Después será necesario consolidarla: tal vez la Patria os volverá a exigir vuestros servicios. Si entonces, como ahora, los prestáis con el mismo entusiasmo, castigaréis a los revoltosos y jamás desaparecerán de nuestro suelo las instituciones republicanas y las bases consignadas en el Código Constitucional de 1857. 

Estad preparados para la última jornada: en ella seréis conducido siempre a la victoria, por vuestro jefe, el activo demócrata que en Peñuelas y Silao arrancó para su frente, en beneficio social, un laurel a la fortuna. Entretanto, recibid las felicitaciones de la Patria: ella saluda a los guerreros que le han dado vida cuando estaba amenazada su nacionalidad: os reconoce por sus buenos hijos y yo recordaré con orgullo que tuve el honor de mandar el ejército de operaciones en los días felices de sus más gloriosos triunfos. 


Guadalajara, noviembre 4 de 1860.

Ignacio Zaragoza


(Tomado de: Tamayo, Jorge L. - Benito Juárez, documentos, discursos y correspondencia. Tomo 3. Secretaría del Patrimonio Nacional. México, 1965)

jueves, 1 de junio de 2023

José Justo Corro

 


José Justo Corro

Nacido en Guadalajara, en el estado de Jalisco, en 1794, murió en la misma ciudad en 1864. Cursó estudios de abogacía y fue ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos (del 18 de marzo de 1835 al 26 de febrero de 1836). Cuando falleció el general Miguel Barragán, presidente interino por la ausencia del general López de Santa Anna, que estaba batallando contra los texanos, la Cámara de Diputados, en su sesión del día 27 de febrero de 1836, lo designó presidente de la República, cargo que ostentaría hasta el 19 de abril de 1837. Durante su periodo presidencial, se produjeron algunos acontecimientos señalados, como la retirada de las fuerzas mexicanas del territorio de Texas, que se perdió por completo para México, debido a la derrota de Santa Anna y la promulgación por el Congreso, el día 30 de diciembre de 1836, de las Siete Leyes constitucionales. Corro convocó elecciones y cedió el poder a Anastasio Bustamante para retirarse a la vida privada.


(Tomado de: Grandes personajes universales y de México. Océano Grupo Editorial, S. A. Barcelona, España, 1998)

jueves, 10 de noviembre de 2022

Chava Reyes

 


Tenía 71 años cuando aquella tarde del 19 de enero de 2008 Salvador saltó a la cancha. No sólo se tomó la foto con el equipo de sus amores, las Chivas del Guadalajara, sino que arrancaría como titular en el cuadro que enfrentaría a los Pumas de la UNAM. Bastaron tres toques al balón para que el estadio Jalisco se le entregara completamente. Cerca de cincuenta segundos después, el número 57 salía de cambio y, a juzgar por el trote con el que lo hacía, parecía que había rejuvenecido con el andar de sus botines sobre el césped. Como parte del homenaje, Chava Reyes imponía el récord del jugador más longevo que había alineado profesionalmente en México.

Los niños tal vez preguntaron a sus padres: "¿Por qué 57?, ¿Quién es?". Bueno, 1957 marcó el inicio de la época dorada del club de futbol Guadalajara. Aquel equipo llamado "Campeonísimo" con el pasar de los años, logró su primera estrella profesional -con gol de Chava, por cierto - ese año y resultó prácticamente imparable los siguientes. Con Reyes Monteón en la cancha, cosecharon siete títulos de la liga mexicana en menos de diez años. ¡Una locura!

El también apodado Melón nació en 1936 en Guadalajara y debutó a los dieciséis años. "Soy chiva de nacimiento", decía. En cuanto a su talento como anotador, los números hablan por sí solos: 122 goles en la liga nacional con la playera de los tapatíos. Tuvo que llegar un nuevo milenio y varios cambios generacionales para que su marca fuera batida.

También fue pilar fundamental en la selección tricolor, a la que se entregó con pundonor en tres copas del mundo (Suecia 1958, Chile 1962 e Inglaterra 1966), en las que jugó cada uno de los partidos, así como en una gran cantidad de contiendas internacionales. De hecho, un pequeño secreto que tenía con su novia era su profesión. Se la comunicó pocos días antes del mundial de futbol de Suecia en 1952... Total, se iba a enterar. Tiempo después se casaron.

El campeonísimo Chava Reyes nos dejó un 29 de diciembre de 2012, víctima de cáncer de colon. Muchos rememoraron entonces sus palabras tras aquel partido de homenaje con el 57 en su espalda: "Es una sensación muy especial después de tantos años de jugar y volver a pisar la cancha del Jalisco oficialmente, me trajo un gran recuerdo de aquellos tiempos. Sentí una gran emoción, más por toda la gente que todavía se acuerda de mí, a la cual le doy gracias por estos aplausos. Después de esto, para mí ya no puede haber más".

Pero hubo más. Dejó su recuerdo en todos los que, sin verlo jugar, lo reconocieron como un grande. Como una leyenda.


(Tomado de: Díaz, Gerardo - Chava Reyes. Relatos e historias en México. Año VIII, número 95, Editorial Raíces, S.A. de C. V., México, D. F., 2016)


lunes, 18 de abril de 2022

10 batallas decisivas en México (II)

 


10 batallas decisivas en la historia de México [II]

Luis A. Salmerón Sanginés

(Maestro en Historia por la UNAM. Cursa el doctorado en Historia en la misma institución y es profesor de la Universidad Pedagógica Nacional. Especialista en investigación iconográfica y divulgación histórica)


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Batalla de Puente de Calderón

17 de enero de 1811

Ese día fueron destrozadas en Puente de Calderón, cerca de Guadalajara, las tropas insurgentes, cuyo número varía -según las fuentes- entre ochenta mil y cien mil hombres; mientras que en el bando realista, comandado por Félix María Calleja, ascendían a sesenta mil.

Los insurgentes habían instalado en Guadalajara su cuartel general a finales de noviembre de 1810, y entre el 14 y 15 de enero de 1811 partieron rumbo a Puente de Calderón, donde habían decidido presentar batalla. El general en jefe fue Ignacio Allende y el cura Miguel Hidalgo dirigió a las reservas.

Al inicio los rebeldes parecían inclinar la balanza de la victoria hacia su bando, pero después de cuatro horas de intensos combates un hecho fortuito -en el que coinciden la mayoría de los historiadores que se ocupan de la época- decidió la batalla a favor de los realistas: un cañón depositó una granada en un carro de municiones insurgente provocando una explosión y un enorme incendio en la yesca que desencadenó el caos entre los rebeldes, que iniciaron una desordenada huída que el futuro virrey Calleja supo capitalizar lanzando una feroz carga a bayoneta sobre el campo de batalla.

El desastre fue total y el inmenso ejército insurgente fue destrozado en menos de seis horas. La principal consecuencia fue la deserción: miles de hombres abandonaron el campo de batalla y fue imposible volver a reunirlos. Nunca más Hidalgo o Allende lograrían reunir un ejercito que amenazara la estabilidad de la colonia y dos meses después cayeron prisioneros en su huída al norte.

En la derrota de Puente de Calderón la discordia entre los mandos rebeldes ya se había hecho presente y tal vez fue una de sus principales causas. Con esa batalla terminó la enorme oleada insurreccional que había comenzado cuatro meses antes en el pueblo de Dolores. A partir de entonces la insurgencia perdió la fuerza inicial y luego el ejercito de José María Morelos sería derrotado en 1815.


(Tomado de: Salmerón, Luis A. - 10 batallas decisivas en la historia de México. Relatos e historias en México. Año VII, número 81, Editorial Raíces, S.A. de C. V., México, D. F., 2015)


lunes, 13 de abril de 2020

José López Portillo y Rojas

[1850-1923] Mexicano. Nació en Guadalajara de una familia rica y tradicionalista. Fue abogado, periodista, catedrático, gobernador de Jalisco y secretario de Relaciones Exteriores. Apoyó el régimen de Porfirio Díaz. Con Emilio Rabasa y Rafael Delgado, forma la trilogía de novelistas de fines del siglo XIX que sintieron la influencia del realismo español de Galdós y de Pereda. Su mejor novela, La parcela (1898), es la primera en las letras mexicanas de ambiente totalmente rural, aunque representa el punto de vista del hacendado. También fue autor de otras dos novelas, Los precursores (1909) y Fuertes y débiles (1919); de cuatro colecciones de relatos breves: Seis leyendas (1883), Novelas cortas (1900), Sucesos y novelas cortas (1903) e Historias, historietas y cuentecillos (1918). López Portillo también escribió poesía, teatro, relatos de viajes, crítica e historia. Su nieto José López Portillo fue presidente de México de 1976 a 1982.

(Tomado de: Menton, Seymour - El cuento hispanoamericano. Antología Crítico-histórica. Colección Popular #51. Fondo de Cultura Económica, S.A. de C.V., México, D.F. 1986)
   

lunes, 9 de marzo de 2020

Bando de Hidalgo aboliendo esclavitud e imponiendo alcabalas 1810



BANDO DEL SR. HIDALGO
aboliendo la esclavitud deroga las leyes relativas a tributos; impone alcabala a los efectos nacionales y extranjeros; prohíbe el uso del papel sellado, y extingue el estanco de tabaco, pólvora, colores y otros.


20 de noviembre de 1810


Miguel Hidalgo y Costilla


Don Miguel Hidalgo, Generalísimo de América,

Desde el feliz momento en que la valerosa Nación Americana tomó las armas para sacudir el pesado yugo que por espacio de cerca de tres siglos la tenía oprimida, uno de sus principales objetos fue extinguir tantas gabelas con que no podían adelantar en fortuna; mas como en las urgentes y críticas circunstancias del tiempo no se puede conseguir la absoluta abolición de gravámenes, generoso siempre el nuevo gobierno, sin perder de vista tan altos fines que anuncian la prosperidad de los americanos, trata de que éstos comiencen a disfrutar del descanso y alivio, en cuanto lo permita la urgencia de la Nación, por medio de las declaraciones siguientes, que deberán observarse como ley inviolable.
Que siendo contra los clamores de la naturaleza el vender a los hombres, quedan abolidas las leyes de la esclavitud, no sólo en cuanto al tráfico y comercio que se hacía de ellos, sino también por lo relativo a las adquisiciones, de manera que, conforme al plan del reciente gobierno, pueden adquirir para sí como unos individuos libres, al modo que se observa en las demás clases de la república; en cuya consecuencia, supuestas las declaraciones asentadas, deberán los amos, sean americanos o europeos, darles libertad dentro del término de diez días, so la pena de muerte que por inobservancia de este artículo se les aplicará.
Que ninguno de los individuos de las castas de la antigua legislación, que llevaban consigo la ejecutoria de su envilecimiento en las mismas cartas de pago del tributo que se les exigía, no lo paguen en lo sucesivo, quedando exentos de una contribución tan nociva al recomendable vasallo.
Que siendo necesario de parte de éste alguna remuneración para los forzosos costos de guerra, y otros indispensables para la defensa y decoro de la Nación, se contribuya con un dos por ciento de alcabala en los efectos de tierra y con el tres en los de Europa, quedando derogadas las leyes que establecían el seis.
Que supuestos los fines asentados de beneficencia y magnanimidad, se atienda al alivio de los litigantes, concediéndoles para siempre la gracia de que en todos sus negocios, despachos, escritos, documentos y demás actuaciones judiciales y extrajudiciales, se use el papel común, abrogándose todas las leyes, cédulas y reales órdenes que establecieron el uso del sellado.
Que a todo sujeto se le permita francamente la libertad de fabricar pólvora, sin exigirle derecho alguno, como ni a los simples de que se compone; entendidos sí, de que ha de ser preferido el gobierno en las ventas que se hagan para el gasto de las tropas; asimismo, deberá ser libre el vino y demás bebidas prohibidas, concediéndoseles a todos la facultad de poderlo beneficiar y expender, pagando sí, el derecho establecido en Nueva Galicia.
Del mismo modo serán abolidos los estancos de todas las clases de colores, las demás extracciones de bienes y cajas de comunidad, y toda clase de pensiones que se exigan a los indios.
Por último, siendo tan recomendable la protección y fomento de la siembra, beneficio y cosecha del tabaco, se les concede a los labradores y demás personas que se quieran dedicar a tan importante ramo de agricultura, la facultad de poderlo sembrar, haciendo tráfico y comercio de él; entendidos de que los que emprendiesen con eficacia y empeño este género de siembra, se harán acreedores a la beneficencia y franquezas del gobierno.
Y para que llegue a noticia de todos y tenga su debido cumplimiento, mando de publique por Bando en esta capital y demás ciudades, villas y lugares conquistados, remitiéndose el corriente número de ejemplares a los tribunales, jueces y demás personas a quienes corresponda su inteligencia.
Dado en la ciudad de Guadalajara, a 29 de noviembre de 1810. Miguel Hidalgo y Costilla.

(Tomado de: Briseño Senosiain, Lillian; Ma. Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torre (investigación y compilación) - La independencia de México: Textos de su historia. Tomo I Antecedentes. La lucha por la libertad. Coedición SEP/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, D.F., 1985)

martes, 10 de septiembre de 2019

Mariano Otero



(1817-1850) Nace en Guadalajara, de origen humilde. Licenciado en Derecho. Realizó sus estudios en su ciudad natal, habiéndose distinguido como estudiante.
En su actividad política, el pensamiento y la acción están unidos. Influyen en su formación principalmente Montesquieu, Constant, Sismondi, de Tocqueville, Burke, Madame de Staël y otros teóricos más.
Fue senador y diputado varias veces, habiendo sido electo por primera vez a los 25 años. Participa destacadamente en los Congresos Constituyentes  de 1842 y 1846. Fue Presidente del Senado. 
En 1844 es electo Presidente del Ayuntamiento de la Ciudad de México y Vicepresidente de la Junta del Ateneo Mexicano. En 1846 es nombrado miembro del Consejo de Gobierno. En 1848, el Presidente José Joaquín Herrera nombra a Otero Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores, unos días después de haber votado en el Senado, junto con Robledo, Flores y Morales, contra los Tratados de Guadalupe.
Como legislador, Otero tiene una actuación destacada. En el Constituyente de 1842 presenta junto con José Espinoza de los Monteros y Octaviano Muñoz Ledo, un voto particular, conocido como de la minoría.
En 1847, Otero elabora un proyecto de Constitución, la que considera prerrequisito esencial de la unidad exigida por el país para poder encarar la guerra extranjera. En este documento Otero plasma sus tesis esenciales: el acuerdo en lo fundamental para lograr la unidad nacional. Otero considera que es posible que las partes que componen una nación coincidan en determinados puntos, instituciones y conceptos, que hacen dichas partes sean solidarias en ciertos principios. Otro principio fundamental en el pensamiento político de Otero, complementario del anterior, es el de la representación de las minorías como medio para garantizar la unidad nacional; afirma que “había que reconocer todos los intereses, dando garantías a todas las clases”. Esta tesis asombra por su clarividencia, ya que puede considerarse como el antecedente doctrinal que fundamenta en nuestro país la existencia de diputados de partido. Otras tesis que caracterizan el pensamiento de Otero y que se plasman en su voto particular son: el federalismo; el derecho electoral independiente de la propiedad; la garantía de los derechos individuales a través de tutelar las relaciones sociales y por último la idea de considerar a la Constitución como punto de imputación de la nacionalidad.
Otras aportaciones importantes y avanzadas del pensamiento de Otero son las relativas al régimen penitenciario y las reformas al Poder Judicial.
Sus principales obras son: Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestión social y política que se agita en la República Mexicana (junio 1° 1842); Consideraciones sobre la situación política y social de la República Mexicana en el año 1847 (diciembre de 1847); Apuntes para la biografía de Don Francisco Javier Gamboa (julio de 1843); Noticia biográfica del Sr. Alcalde, Obispo de Guadalajara (julio de 1837); y una gran cantidad de discursos, iniciativas de ley, alegatos, etc.

(Tomado de: Mariano Otero, El acuerdo en lo fundamental base de la unidad nacional. Materiales de Cultura y Divulgación Política Mexicana #2. Partido Revolucionario Institucional, Subsecretaría de Publicaciones, México, 1987)

lunes, 2 de septiembre de 2019

Enrique González Martínez


Guadalajara, México, 1871 - México, 1952. González Martínez aparece como una de aquellas excepciones que ponen a prueba la regla del modernismo: no fue un poeta de la ciudad (sus primeros libros se publicaron en Mocorito, Sinaloa), salió de su país cuando ya tenía 50 años y vivió y escribió hasta los 81; en 1952 con El nuevo Narciso queda brillantemente cerrado el movimiento que comenzó en 1882.
Así, “La muerte del cisne”, el soneto que escribió en 1911 no fue la oración fúnebre del modernismo ni, mucho menos, un ataque a Rubén Darío. Simplemente González Martínez protestó contra “la exterioridad y el procedimiento”. Es decir, contra los rasgos parnasianos y optó, como su naturaleza se lo pedía, por los simbolistas, a quienes tradujo magistralmente (Jardines de Francia, 1915).
En la línea inaugurada por el Ariel de Rodó (1900), quiso dar una ética al movimiento estético. De allí el tono introspectivo y reflexivo de su poesía que toma su impulso de los filósofos idealistas franceses. La tentativa de responder al dolor con la serenidad encarnó sobre todo en los mejores poemas de madurez, hechos ante la muerte de su esposa y de su hijo, el poeta González Rojo.
A pesar de su equivocación al aceptar un cargo en el gabinete de Victoriano Huerta, González Martínez no se exilió como los otros modernistas. Permaneció en México y fue uno de los maestros que aceptó como tales la generación de “Contemporáneos”. Médico, diplomático en Sudamérica y en España, militó por la paz en la segunda preguerra, fue amigo de los jóvenes poetas y ahondó hasta el final en la línea simbolista del modernismo que le pertenece y lo caracteriza.


Compilación: Obras completas (Ed. de Antonio Castro Leal, 1971).


Antología de su obra poética (Ed. de Jaime Torres Bodet, 1971).



(Tomado de: Pacheco, José Emilio (Selección, prólogo, notas y cronología) - Poesía modernista, una antología general. Coedición: Dirección General de Publicaciones y Bibliotecas/SEP y Coordinación de Humanidades/UNAM. México, D.F., 1982) 

jueves, 25 de julio de 2019

José Joe Becerra; otro mexicano en la antesala



El declive del "Toluco" ofreció la oportunidad a otro boxeador de convertirse en un grande del ring. Era de Guadalajara y Medel no pudo vencerlo en las dos ocasiones que lo enfrentó, en 1957. Más tarde fue campeón del mundo y el "Huitlacoche" dejó escapar la oportunidad de disputarle el cetro. Se trataba de José Becerra, el primer campeón universal de nuestro país hecho cien por ciento en estos suelos.
Becerra se ciñó la corona de los gallos de manera un tanto inesperada. La afición mexicana mantenía vivo el recuerdo de la triste derrota del "Ratón" Macías ante el francés Halimi, y veía con suspicacia el ascenso y el puño noqueador del tapatío. Lo mismo pasaba con la prensa. Sin negar las capacidades de Becerra -veloz, disciplinado, fajador, y de una izquierda demoledora-, comentaba cautelosamente cada una de sus peleas. Un miedo a "inflar" al púgil, tal y como sucedió con Macías, flotaba en el ambiente de la crónica deportiva.
José Becerra ingresó al profesionalismo en 1953. En sus primeros cuatro años, el tapatío sostuvo encuentros exclusivamente en provincia, sobre todo en su natal Guadalajara. En la ciudad de México, debutó ante José Medel -en marzo de 1957- y los capitalinos vieron a un peleador defensivo que se movía sobre la punta de los pies, pero efectivo a la hora de colocar los puños. A las arenas internacionales llegó al cabo de unos meses. En junio sostuvo un combate contra Johnny Ortega en San Francisco y peleó en aquel trágico 6 de noviembre de 1957, cuando el "Ratón" desilusionó a los miles de mexicanos que fueron a verlo ganar la corona mundial de los gallos. En esa ocasión, Joe Becerra subió al ring desmoralizado por la derrota de su compatriota y su rival, Dwghit Hawkins, lo noqueó en el cuarto episodio.
El año de 1958 esperaba a Becerra con algo más que victorias. En 11 meses sostuvo 11 peleas, diez ganadas por nocaut. Se vengó de Dwight Hawkins en su natal Guadalajara, donde estuvo grandioso. En la capital del país se enfrentó a Miguel Lassus, a quien dejó fuera de combate en el séptimo asalto. Fue a Los Ángeles y enfrentó al duro Willie Parker -quien ya había derrotado al "Toluco"- y lo ablandó a la segunda campanada. 20 días después, en esa misma tierra, derrotó al filipino Little César con poderoso nocaut en el cuarto.
Y así se fue perfilando hacia el objetivo mayor de cualquier boxeador: el título mundial. Becerra sabía que la única forma de convencer a la renuente afición y a la cautelosa prensa de su excelente boxeo. La propia Comisión de Box no quiso reconocerlo como el mejor boxeador de 1958, y sólo le otorgó el crédito de "mejor estelarista".
Su camino hacia el campeonato mundial sólo estaba obstaculizado por el italiano Mario d'Agata. La pelea se concertó para principios de enero de 1959. El reportero de Box y Lucha veía así el escenario antes del combate: " El viejo caserón Olimpic donde Bolaños dejó en la lona el estilo y la gracia ante Aragón; donde pulverizaron al "Pajarito" Moreno, donde las marchas eran brillantes y el futuro ilimitado, ha sido cortado a raíz." ¿Temor o ganas de conjurar los demonios de Los Ángeles? Becerra ganó por nocaut en diez asaltos y México tenía a un boxeador otra vez en la antesala del cetro mundial.

Primer campeón mundial hecho en México

El horno para la pelea entre Becerra y Halimi se fue calentando. La función se pospuso tres veces. Primero se anunció para fines de abril, luego para el 13 de mayo y, finalmente, para el 3 de junio -fecha que también se cambió. El alargamiento del encuentro de campeonato, señalaban los editoriales de la prensa deportiva, quizá acarrearía funestas consecuencias. Becerra podría perder en la báscula, advertía uno de ellos, y, a manera de conclusión, añadía: el "aplazamiento puede ser un sarcófago para Becerra".
La fecha se fijó para el 8 de julio. Entonces sí, hizo su aparición la incertidumbre. " Pero… ¿podrá con Halimi?", "¿Logrará lo que no pudieron el "Ratón" y el "Pájaro?"; titulares como éstos se encontraban a lo largo de la prensa escrita. En cambio, con Halimi todo era certeza: que llegaría al combate como "un verdadero roble" que "usa camisas con cuello 40 y tiene una musculatura de 'Cavernario' Galindo" que "es un atleta consumado y un auténtico profesional del ring"... ¿Se estaba preparando a la afición mexicana para la derrota de la "Esfinge" de Guadalajara?
Para despejar la duda estaba Becerra, y para ver el resultado, 14 mil espectadores en la nueva Arena Deportiva de Los Ángeles. Las apuestas favorecían al francés en proporción de dos a uno. Desde que sonó el primer gong, ambos boxeadores salieron decididos a dejarlo todo en el cuadrilátero. Halimi se fue sobre retador los dos primeros rounds y con un tremendo derechazo consiguió que Becerra se tambaleara. El mexicano, a partir del tercero, se lanzó a la ofensiva. Y para restarle efectividad a las ágiles piernas de Halimi, Joe buscó sobre todo el cuerpo del campeón para ablandarlo. Los ganchos izquierdos al hígado y al plexus del francés hicieron mella en éste. Para el quinto episodio, Halimi dejó de buscar el cuerpo a cuerpo y prefirió huirle al retador. Para entonces, Joe Becerra era el amo del ring.
La campana del octavo levantó de su esquina a un Halimi visiblemente dañado por las descargas de su oponente. Becerra decidió, entonces, terminar la pelea. Se fue sobre el campeón con una combinación de golpes que selló con un sólido gancho de izquierda a la mandíbula y ¡hasta luego, campeón! El francés cayó a la lona, mas logró ponerse en pie a la cuenta de cuatro, sólo para que Becerra le soltara una andanada de golpes. A los dos minutos y dos segundos del octavo asalto, Halimi cayó de nuevo y escuchó en la lona la cuenta de diez. México tenía su primer campeón mundial nacido y hecho en nuestras tierras.
El recibimiento en la capital fue apoteósico. Cien mil personas lo esperaron en el aeropuerto. El presidente Adolfo López Mateos no sólo lo recibió sino que le entregó su reloj como un presente. Becerra le había prometido el cinturón mundial de los gallos y había cumplido. Por órdenes del Ejecutivo, el nuevo campeón fue internado para su recuperación en el Hospital Central Militar.
El tapatío retuvo dos veces el título. Su primera defensa la hizo ante el mismo Halimi, en febrero de 1960, y la segunda ante el japonés Kenji Yonekura, en Tokio, en mayo del mismo año.
Un extraño nocaut que le propinó Eloy Sánchez en el cuarto round, en agosto de 1960,  lo motivó para anunciar su retiro. Muchos dijeron que la inconsistencia de Becerra mermaba su calidad de campeón. De su retiro, su manejador Pancho Rosales comentó que lo decidió para someterse a una operación quirúrgica, pues el boxeador tenía un problema que le ocasionaba serios dolores: tres testículos -uno de los cuales quizá ya no le hacía falta.

(Tomado de: Maldonado, Marco A., y Zamora, Rubén A. - Cosecha de campeones. Historia del box mexicano II, 1961-1999. Editorial Clío Libros y Vídeos, S.A. de C.V., México, abril 2000)

martes, 4 de junio de 2019

Ramón Corona



Nació en Tuxcueca y murió asesinado en Guadalajara, ambas del Estado de Jalisco (1837-1889). En 1858, cuando trabajaba en el mineral de Montaje, entonces del cantón jaliscience de Tepic, decidió afiliarse al partido liberal y hacer armas contra el cacique Manuel Lozada, aliado de los conservadores. Al frente de algunos hombres, se apoderó de Acaponeta en diciembre; se incorporó al coronel Bonifacio Peña en Escuinapa; juntos libraron el combate de El Espino, donde éste perdió la vida; asumió el mando de la tropa (a los 22 años de edad), tomó Tepic el 11 de junio de 1859, pero tuvo que abandonar la plaza ante la proximidad del general Leonado Márquez. En mayo de 1860 participó en la batalla de Santiago Ixcuintla, viajó con su cuerpo de ejército hasta Sayula, para reunirse con el gobernador Ogazón, y en enero de 1861, ganada ya la Guerra de Tres Años, volvió a territorio nayarita para continuar la campaña contra Lozada. Jefaturó sucesivamente el Batallón Degollado y la Brigada de Tepic. Organizó tres ofensivas contra el caudillo serrano, pero sólo obtuvo triunfos parciales. En 1863, invadido ya el país por los franceses, careció de recursos oficiales para mantener a sus soldados; organizó la Guardia Nacional en los pueblos que controlaba y dos veces fue a entrevistar al presidente Juárez, en San Luis Potosí, haciendo penosos recorridos por mar y tierra, para solicitar auxilios que no obtuvo. Mientras el cantón de Tepic quedaba en manos de Lozada, apoyado por los intervencionistas, Corona se incorporó en Jalisco a las fuerzas de Arteaga y Lopez Uraga. A partir de 1863 promovió y dirigió guerrillas y hostilizó al enemigo. El 15 de mayo de 1866 el presidente Juárez lo nombró general en jefe del Ejército de Occidente, formado a ritmo de la larga lucha contra los imperiales. Brigadas de este ejército derrotaron a los franceses en Palos Prietos (12 de septiembre de 1866), Mazatlán (ocupado el 13 de noviembre, tras un estrecho sitio) y la Coronilla (18 de diciembre), de modo que pudieron entrar a Guadalajara (día 21), limpiar de enemigos toda la entidad, hasta Colima (enero y febrero de 1867), avanzar sobre Querétaro (6 de marzo) y participar en el sitio y toma de la plaza que puso fin al imperio.


A principios de 1871 Corona se hizo cargo de la comandancia militar de Jalisco y el 28 de enero de 1873, al mando de 2,200 hombres, derrotó en La Mojonera, a 5 kilómetros de Chapala, a los 8 mil indígenas guerreros de Lozada, que habían proclamado un Plan libertador e invadido el Estado desde la Sierra de Alica. Luego persiguió al caudillo nayarita, durante 6 meses, en lo más intrincado de la tierra, hasta que al fin éste cayó prisionero y fue fusilado en Tepic el 19 de julio. En 1874 Corona fue nombrado ministro plenipotenciario en España y Portugal. Regresó a México el 10 de abril de 1885 y el 28 de enero del año siguiente fue postulado candidato al gobierno de Jalisco. Triunfante en los comicios, asumió el poder el 1° de marzo de 1887. Durante su administración fundó el Monte de Piedad y Caja de Ahorros; promulgó el Reglamento de Instrucción Primaria, según el cual las escuelas serían pagadas por el Estado; aumentó el número de planteles de 200 a 423; inició la práctica de visitar las poblaciones para conocer y resolver sus necesidades; expidió la Ley del Notariado; abolió las alcábalas (10 de octubre de 1887); impulsó la construcción del ferrocarril México-Guadalajara, inaugurado el 15 de mayo de 1888; reformó la Escuela de Medicina; gestionó el establecimiento de una sucursal del Banco de Londres y México; construyó el mercado que llevó su nombre, organizó la administración y equilibró las finanzas públicas. El 10 de noviembre de 1889, cuando se dirigía al Teatro Principal en compañía de su esposa, para concurrir a la representación de Los Mártires de Tacubaya, fue agredido a puñaladas por Primitivo Ron, un joven normalista de 22 años de edad que luego se quitó la vida. Corona murió al día siguiente y el Congreso lo declaró Benemérito del Estado en grado heroico.




(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. de C. V. D. F., 1977 tomo III, Colima - Familia)

viernes, 22 de febrero de 2019

Fundación de Guadalajara



Guadalajara parecía predestinada a convertirse en una gran urbe: el conquistador de sus tierras, Nuño de Guzmán, enemigo jurado de Hernán Cortés, logró separarla de los confines de la Nueva España y convertirla en capital del reino de Nueva Galicia. Guadalajara tuvo Audiencia propia, independiente de la de México, pero el reino era pobretón y la ciudad capital apenas contó durante el virreinato.

Fundada definitivamente en 1540 en un territorio en el que habían vivido unos indígenas tan primitivos que ni siquiera dejaron huellas de su paso, Guadalajara sobrevivió trabajosamente a las continuas incursiones de chichimecas empeñados en expulsar a los intrusos. Hacia 1700 apenas albergaba quinientos españoles, quinientos negros y otros tantos indios y mestizos. Sólo existían casitas de adobe y no había jardines; el drenaje, a cielo abierto, daba origen a mortíferas enfermedades.

Apenas a mediados del siglo XVIII fueron construidos los portales de la plaza principal. La catedral con sus torres de “alcatraces al revés” no fue concluida sino hasta 1854, y las bóvedas del imponente Hospicio Cabañas acababan de ser cerradas en 1810, cuando el edificio fue destinado a servir de cuartel para los soldados que libraban la guerra de Independencia. Paradójicamente, al revés de Guanajuato, la guerra atrajo a Guadalajara muchos miles de individuos que huían de la violencia desatada en sus comarcas, y con esto la ciudad empezó a crecer aceleradamente. Hacia 1820 ya tenía unos 30,000 habitantes. Medio siglo antes se había comenzado a producir en sus alrededores el aguardiente de tequila a escala industrial. 


(Tomado de: Armando Ayala Anguiano - ¡Extra! Contenido. México de carne y Hueso III. Tercer tomo: La Nueva España (1). Editorial Contenido, S.A. de C.V., México, D.F., 1997)

sábado, 2 de febrero de 2019

Miguel Hidalgo, Decretos en favor de Indios y Castas


Don Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811) realizó en la ciudad de Guadalajara una labor legislativa de primera importancia debido a su contenido social, en favor de los grupos que ocupaban las capas más bajas de la población, quienes, dicho sea de paso, nutrían los contingentes que acaudillaba.

Don Miguel Hidalgo y Costilla, Generalísimo de América, etc.

Por el presente mando a los jueces u justicias del distrito de esta capital, que inmediatamente procedan a la recaudación de las rentas vencidas hasta el día, por los arrendatarios de las tierras pertenecientes a las comunidades de los naturales, para que enterándolas en la Caja Nacional se entreguen a los referidos naturales las tierras para su cultivo, sin que para lo sucesivo puedan arrendarse, pues es mi voluntad que su goce sea únicamente de los naturales en sus respectivos pueblos.

Dado en mi cuartel general de Guadalajara a 5 de diciembre de 1810.

Miguel Hidalgo, Generalísimo de América.

Por mandato de Su Alteza.

Lic. Ignacio López Rayón, Secretario.


Don Miguel Hidalgo, Generalísimo de América, etc.

Desde el feliz momento en que la valerosa nación americana tomó las armas para sacudir el pesado yugo que por espacio de tres siglos la tenía oprimida, uno de sus principales objetos fue exterminar tantas gabelas con que no podía adelantar su fortuna; mas como en las críticas circunstancias del día no se pueden dictar las providencias adecuadas a aquel fin, por la necesidad de reales que tiene el reino para los costos de la guerra, se atiende por ahora a poner el remedio en lo urgente por las declaraciones siguientes:

1ª. Que todos los dueños de esclavos deberán darles la libertad, dentro del término de diez días, so pena de muerte la que se aplicará por transgresión de este artículo.

2ª. Que cese para lo sucesivo la contribución de tributos, respecto de las castas que lo pagaban y toda exacción que a los indios se les exija.

3ª. Que en todos los negocios judiciales, documentos, escrituras y actuaciones, se haga uso del papel común quedando abolido el del sellado.

4ª. Que todo aquel que tenga instrucción en el beneficio de la pólvora, pueda labrarla sin más obligación que la de preferir al gobierno en las ventas para el uso de sus ejércitos, quedando igualmente libres todos los simples de que se compone.

Y para que llegue a noticias de todos y tenga su debido cumplimiento, mando que se publique por bando en esta capital y demás villas y lugares conquistados, remitiéndose el competente número de ejemplares a los tribunales, jueces y demás personas a quienes corresponda su cumplimiento y observancia.

Dado en la ciudad de Guadalajara, a 6 de diciembre de 1810.

Miguel Hidalgo, Generalísimo de América.

Por mandato de su Alteza, Lic. Ignacio Rayón, Secretario.


(Tomado de: Álvaro Matute – Antología. México en el siglo XIX. Lecturas Universitarias #12. Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Publicaciones, México, D.F., 1981)



lunes, 17 de diciembre de 2018

Roberto Montenegro

(1885-1964) Durante su estancia europea, Roberto Montenegro, en París, había asistido a la Ecole de Beaux Arts y a la de la Grande Chaumiere. Colaboró con sus dibujos en el periódico Le Temóin. Ilustró algunos libros. En 1917 presentó con gran éxito una exposición en Barcelona. En 1920 volvió a París y en ese mismo año regresó a México. Al año siguiente presentó su primera exposición en la Academia de San Carlos, a base de dibujos a pluma y al carbón, gouaches, pasteles y óleos, y funda el primer Museo de Arte Popular en la ciudad de México.
(Roberto Montenegro - Salomé, de la carpeta Vingt dessins de R. Montenegro, París, 1910)

Llamado por Vasconcelos, pinta al fresco los muros del cubo de la escalera principal del antiguo Colegio de San Pedro y San Pablo, hoy convertido en escuela Secundaria No. 7, La fiesta de la Santa Cruz (1923-1931), plasmando un tema popular en formas realistas que describen una festividad arraigada en el pueblo mexicano. También decoró el despacho del Secretario de Educación.
(Roberto Montenegro - Alegoría del Viento o el Ángel de la Paz)

En 1924 Montenegro trabajó al fresco en el Centro Escolar Benito Juárez el mural El Ángel de la Paz. Un año después realizó El cuento de Aladino en el mismo centro. Trabajó el fresco en grisalla, con el tema Reconstrucción, en 1933, en el antiguo Colegio de San Pedro y San Pablo. En 1950 hizo el Mapa de México, al temple, en el Bar del Hotel del Prado. En Guadalajara realizó en mosaico de vidrio en el Frontón del Teatro Degollado una obra denominada Apolo y las musas, mural destruido en 1963. En la Casa de las Artesanías, en Guadalajara, realizó un mosaico de vidrio con sentido humorístico, La muerte en las artesanías.
(Roberto Montenegro - Marquesa Luisa Casatti Stampa)

Además de su labor de muralista, Montenegro fue un magnífico pintor de caballete, fino dibujante con tendencia a lo romántico y lo fantástico, aguafuertista, escenógrafo y ensayista.
(Roberto Montenegro - El gato y la máscara)

(Tomado de: Delmari Romero Keith – Otras figuras del muralismo. Historia del arte mexicano, fasc. #100, Arte de la afirmación nacional; Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V., México, D.F., 1982)