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martes, 30 de junio de 2026

Gerardo Fernández Noroña, líder profesional

 


Gerardo Fernández Noroña, líder profesional 

Por Alejandrina Aguirre 

¿Quién es el más nuevo y agresivo líder de los taxistas del DF? Gerardo Fernández Noroña. ¿El mismo que encabeza una de las más combativas asociaciones de deudores de la banca? El mismo. ¿Cómo es que ahora defiende a choferes de taxis? Es una historia interesante. 

Fernández Noroña -un sociólogo de 39 años de edad, soltero y padre de dos hijos- dice que la primera vez que probó la injusticia fue en la primaria, a los 6 años de edad. -A mediados de los 60 -exagera- era aún común que maestras y profesores golpearan a los alumnos, para castigar las travesuras, desde entonces detesto el autoritarismo y los abusos. Todavía me siento como uno de aquellos niños, que muchas veces ni sabían por qué les pegaban. 

Hijo de michoacano y defeña, el sociólogo fue el mayor de 5 hermanos, criados por parientes cuando el matrimonio de los padres se desintegró. 

A Fernández Noroña le tocó en suerte (a los 5 años de edad) vivir con la abuela materna, una viuda que para mantener al crío hacía labores de costura y vendía de puerta en puerta cosméticos y productos de limpieza. 

Poco después, abuela y nieto se mudaron a un departamentito en una unidad habitacional del IMSS en Tlalnepantla, donde se les unió una tía. -Eran mujeres "luchonas", que se daban tiempo para disfrutar de la vida y preocuparse por el sufrimiento de los demás, tal vez por su profunda religiosidad -evoca el nieto con gratitud. 

Primeros pasos 

Aunque en la primaria y secundaria se mostró estudioso pero más bien tímido -nunca participaba en los festivales escolares y prefería pasearse solo en los recreos- en la preparatoria se convirtió en líder estudiantil, para deslumbrar a una muchacha que le agradaba. El enamoramiento no duró; en cambio el gusto del chico por la popularidad fue tal que ya nunca quiso abandonar las mieles del liderazgo. 

Luego de un fugaz coqueteo con la ingeniería, se matriculó en sociología en la UAM, plantel Azcapotzalco. Mientras era estudiante, Fernández se empleó en una clínica del IMSS, de donde lo corrieron por "revoltoso", porque organicé a los trabajadores eventuales para que defendieran sus derechos-, asegura. Para ganarse la vida dio clases en diversas preparatorias particulares, de donde invariablemente lo despidieron por su manía de exponer a los educandos las bondades del marxismo. 

Recién graduado en 1983 -con una tesis sobre el sindicalismo y sus relaciones con el Estado mexicano- Fernández encabezó un movimiento de 15,000 familias que protestaron porque el IMSS decidió vender a inmobiliarias particulares los departamentos de diversas unidades habitacionales propiedad de la institución y alquiladas bajo el régimen de "rentas congeladas" (él habitaba una de esas viviendas). Al cabo, los departamentos se vendieron a los inquilinos y Fernández se aprendió valiosas lecciones que después aplicó en su carrera de líder. 

Descubrió, por ejemplo, que ofertas y ventajas van en relación directa al ruido que uno sea capaz de provocar: su defensa de los inquilinos del IMSS fue tan tronante que, para neutralizarlo, lo invitaron a colaborar en la institución, impartiendo conferencias y cursillos sobre seguridad en el trabajo.

Simultáneamente, el joven se interesó por la política partidista y en 1986 fue candidato a diputado por el extinto PMS [Partido Mexicano Socialista], parte del Frente Democrático Nacional que ese año postuló a Cuauhtémoc Cárdenas para la Presidencia. De ahí pasó al PRD y en 1990 renunció a su empleo en el IMSS para dedicarse de lleno al partido, sumado al enjambre de los seguidores más cercanos de Porfirio Muñoz Ledo que nunca fueron bien vistos por los altos mandos del neocardenismo. -Por 5 años me "congelaron" -relata- porque me rebelé contra los desmanes del comité ejecutivo del partido, dominado por los incondicionales de Cárdenas. No abandoné el PRD porque, a pesar de sus defectos, es el único partido verdaderamente preocupado por la democracia en este país. (En 1999 fue "perdonado" y lo admitieron en el CEN perredista).

Deudores en rebeldía 

Las tribulaciones de Fernández Noroña con la banca dieron comienzo en 1992: solicitó un crédito hipotecario por 120,000 pesos. Dos años después, asegura, había cubierto 115,000 pesos entre pago de intereses y abonos al capital, pero su deuda, tras la devaluación de 1994, se elevó a 800,000 pesos. "Sólo la unión hace la fuerza", se dijo, y fundó la Asamblea Ciudadana de Deudores de la Banca (de la cual sigue siendo presidente). Los jerarcas del PRD no le vieron entonces posibilidades al movimiento y dejaron al francotirador librado a su suerte. 

Fernández Noroña no se dejó amilanar. Para capturar a sus primeros seguidores, se lanzó a las calles a invitar a los transeúntes a reuniones en parques públicos, donde los exhortaba a defenderse de las injusticias de la banca. Cuando la organización del perredista empezó a ganar los primeros juicios contra el embargo de bienes inmuebles de los socios, más y más morosos se unieron al sociólogo, que llegó a contar con 3,000 asociados en el DF, Guadalajara, Zacatecas, Acapulco, Tepic y Veracruz, cada uno de los cuales pagaba al líder 220 pesos mensuales por sus servicios de gestoría. 

Fernández Noroña organizó infinidad de marchas y plantones en diversos rumbos del DF. Adoptó un disfraz de luchador (el "Chupacabras", se autobautizó) e instaló sus oficinas en una tienda de campaña a un costado del Palacio Nacional, donde recibía un constante desfile de simpatizantes. 

Empezó a volverse famoso en marzo de 1996, cuando irrumpió con pancartas en la convención de los banqueros celebrada en Cancún. 

Para no perder vuelo, en julio Fernández Noroña se arrojó a los pies del presidente Ernesto Zedillo que salía del Palacio Nacional seguido de una cauda de reporteros. El mandatario se vio forzado a detenerse y ayudar al quejoso a ponerse de pie. Las fotografías del suceso dieron la vuelta a medio mundo. 

Romanticismo vs. marxismo 

Al año siguiente, otra vez en Cancún, Fernández Noroña intentó de nuevo colarse en la convención de los banqueros y fue detenido o secuestrado, según se vea, por judiciales federales disfrazados enfermeros que amenazaban con llevarlo a un manicomio. Para entonces el PRD ya no podía darse el lujo de ignorar a su ruidoso militante y pagó una fianza de 13,000 pesos para liberarlo. 

A partir de entonces, el movimiento de los deudores de la banca empezó a perder fuerza y Fernández Noroña decidió invertir parte de sus ahorros en adquirir taxis y ponerlos a trabajar en el DF, donde esperaba contar con ayuda de los funcionarios emanados de su propio partido. Pero dice que descubrió sucios manejos y decidió combatirlos: fundó el Movimiento Unificador de Taxistas que ya agrupa a varios centenares de agremiados (muchos de ellos, sus propios choferes) y se lanzó a denunciar la corrupción en la Secretaría de Transportes y Vialidad capitalina, aún dominada -asegura el líder- por enquistados priístas que extorsionan a los taxistas para desprestigiar al gobierno perredista. 

-Aunque en mi lucha he sufrido detenciones, represión y amenazas de muerte, además de ofertas de dinero, no cejaré en mi sueño de convertir a México en un país libre -entona con exaltación-. Soy un político romántico con ganas de ayudar a la gente, no un marxista dogmático. Como decía mi abuela: si socialista es el que procura que el pueblo tenga comida, vivienda, empleo, salud y oportunidades de viajar y desarrollar sus aptitudes, entonces yo quiero ser socialista. Toda la vida.


(Tomado de: Aguirre, Alejandrina. - Gerardo Fernández Noroña, líder profesional. Contenido #440, Contenido, S. A. de C. V., México, D. F., febrero del 2000)

lunes, 19 de enero de 2026

Caudillos de la nueva oposición; III Salvador Nava


Los caudillos de la nueva oposición 

Sección: Señoras y Señores

Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


 III: Salvador Nava


El mismo día que al panista Medina Plasencia le era ofrecida la gubernatura de Guanajuato, en San Luis Potosí otro opositor, Salvador Nava Martínez, reunió a 30,000 de sus partidarios para pedirles perdón por haber creído en los votos de democratización formulados en años recientes por el gobierno federal. En esos días, explican sus allegados, Nava se sentía como Simón Bolívar en el ocaso de la vida, cansado de arar en el mar; de cortarle al monstruo tentáculos y cabezotas que siempre retoñan. 

La historia se inició en la década de los 50, cuando los hermanos Nava Martínez, todos dedicados a la medicina, eran ya figuras de renombre en San Luis Potosí. El mayor del clan, Manuel (fallecido), había sido rector de la universidad local por 2 periodos consecutivos, y en 1958 fue nuevamente elegido tras una tormentosa campaña durante la cual el cacique local, Gonzalo Natividad Santos, trató infructuosamente de imponer a un candidato gobiernista a quien los estudiantes corrieron con huelgas y manifestaciones. 

Aunque más jóvenes, los otros Nava tenían casi tanto prestigio como su hermano el rector, entre otras razones porque cultivaban la tradición de médicos pueblerinos de no cobrarles a los pacientes pobres, curar con ascendiente espiritual más que con medicinas y aceptar huevos, puerquitos o guajolotes en pago de honorarios. 

Hombre hogareño: el oftalmólogo Salvador, por entonces apenas cuarentón, tenía fama de milagroso, y en muchas casas pobres había altarcillos con fotos del doctor y veladoras como testimonio de gratitud de algún paciente rescatado de la ceguera. 

Por aquellos años la política mexicana era todavía un arte marcial cultivada por sombrerudos y empistolados, más duchos en pleitos de faldas y líos de cantina que en labores de gabinete o biblioteca. Entre risas el cacique Santos siempre se vanagloriaba de que en su "prebostazgo" (como él llamaba a San Luis) "sea gringo, gachupín o indio, a todos me los ch..."

Al oftalmólogo Nava, un hombre de hábitos pulcros, no se le conocían malandanzas; parecía obsesionado con su profesión y sus contados ratos de ocio no los dedicaba a la cantina sino a su esposa y 3 hijos, a escuchar música de Mozart y a leer novelas policiacas "de altura". 

La ofensiva final contra Santos se desencadenó en 1958, año a horcajadas entre los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, aprovechando las ventanas de vulnerabilidad que el régimen suele abrir a finales y comienzo de cada sexenio. La campaña fue lanzada por Acción Reivindicadora, un grupo local, y la Unión Nacional Sinarquista, que tal vez no habrían logrado movilizar a los apáticos potosinos si los promotores no hubieran reclutado al rector Manuel Nava y a su hermano, el oftalmólogo Salvador, figuras de lo que hoy se llamaría centro derecha, pero independientes y sin compromisos con los partidos. 

Testimonio calificado: El único incidente con los hermanos Nava de que da cuenta Gonzalo N. Santos en sus Memorias, ocurrió durante la campaña presidencial de López Mateos: 

"Una vez que comenzó la gira política del candidato, y a invitación expresa de él", escribió el cacique, "me incorporé para acompañarlo a diversos estados de la república, entre ellos San Luis Potosí. Cuando llegamos a la plaza de la capital potosina, y en lo que bajamos del camión que nos condujo allá, alguien gritó ¡Viva López Mateos, muera el cacique! Comprendí que se trataba de unos cuantos estudiantes de la familia Nava y otros mochos sinarquistas, "sonreídos" muy de cerca por ayudantes del tuerto Manuel Álvarez, entonces gobernador del estado…

"Llegamos a la universidad y todo se produjo en más o menos calma hasta que al fin del mitin los Nava mostraron algunos grandes algunos garrotes dirigiéndose a mí y gritando: "¡Muera el cacique! Como esos individuos lo menos que querían era que yo les mentara la madre, sólo me acerqué al grupúsculo y delante de López Mateos les dije: "Aquí estoy, qué quieren de mí" De inmediato la comitiva del candidato los dispersó, mientras el licenciado López Mateos me comentaba: "Yo he sido estudiante, mi Tigre, y sé cómo se mueve esta gente; no tengas precaución por el incidente".”

Si Santos no hubiera estado ya obnubilado por la adiposidad del poder, habría advertido que el tiempo se le acababa; hasta los jerarcas eclesiásticos, que en otras épocas habían comido de su mano, empezaron a regatearle el apoyo. Al poco tiempo se cumplía una máxima de López Mateos: "Los cacicazgos subsisten mientras el pueblo los tolera"; el movimiento navista consiguió que el "tigre" abandonara el estado.

En aquel clima, Salvador Nava lanzó su candidatura a la presidencia municipal de San Luis Potosí. La campaña alcanzó tal calor que en un momento dado 30,000 manifestantes pasearon por las calles de la ciudad unos ataúdes con los nombres de Santos, el gobernador Álvarez y el candidato del PRI  a la alcaldía, un ahora olvidado Francisco Gutiérrez Castellanos; y fue tan grande el pánico de los huérfanos políticos del cacique, que las fuerzas policiacas se encerraron en el edificio municipal en vez de enfrentarse a la turba. 

Motivos de salud: Durante aquella campaña de 1958 pasó de todo: el 20 de noviembre, los padres de familia familia prohibieron a sus hijos que participaran en el tradicional desfile; y se congregaron ante el palacio de gobierno, para bombardear el edificio (y al gobernador, cuando el pobre hombre se atrevió a asomar las narices) con huevos podridos. Pocos días más tarde se produjeron balaceras que costaron varias vidas, entre ellas la de un niño de 7 años de edad, hijo de un obrero. 

Nava ganó y su triunfo (22,010 votos contra 11,132 del candidato oficial) no pudo ser desconocido. El movimiento navista -dice Tomás Calvillo en su libro El nabismo o los motivos de la dignidad- no se limitó a la capital. En aquella elección presentó candidatos en un buen número de municipios del interior y se le reconocieron triunfos en una decena de ayuntamientos, entre ellos los de San Antonio Rayón, Cerro de San Pedro, Villa de Hidalgo, Santo Domingo, Tampamolón y Villa de Ramos. Abrumado por la derrota, el gobernador Manuel Álvarez pide licencia "por motivos de salud. En su lugar fue designado el entonces diputado federal, Francisco Martínez de la Vega.

Nava recibió el municipio cargado de deudas y con las arcas vacías, pero en apenas dos años de gestión resolvió el problema del drenaje para las siguientes dos décadas, tendió una red de distribución de agua potable de 20 km de longitud e instaló alumbrado público en el 80% de las calles de la capital. 

Sin embargo, el alcalde potosino no tomó en cuenta el cambio de atmósfera que suele operarse a partir del segundo o tercer año de cada sexenio: en 1961 presentó su candidatura para gobernador del estado, cometió el error de ganar, y selló su suerte para las siguientes 2 décadas.

El contendiente de Nava en las elecciones de 1961 fue Manuel López Dávila, un priista poco conocido en la entidad, a quien el oftalmólogo podía derrotar con extrema facilidad. Al que no se podía derrotar era al régimen, incapaz por entonces de entregar un estado de la Federación. Así se lo advirtió a Nava el entonces presidente del PRI, Alfonso Corona del Rosal, quien sugirió que, a cambio de la gubernatura, el potosino aceptara una curul en el Congreso de la Unión. En vez de pactar, Nava denunció públicamente la propuesta, y  a partir de entonces se le cortó la posibilidad de ser protegido por el gobierno federal. 

La trampa contra Nava fue preparada para el 15 de septiembre y estuvo a punto de fallar. 

Haciéndose pasar por emisarios del oftalmólogo, agentes provocadores convocaron a los navistas a un mitin de protesta en la plaza de armas de San Luis Potosí, precisamente a la hora y en el lugar donde tendría efecto la ceremonia del grito. Desde varias horas antes, el sitio apareció rodeado por pistoleros con órdenes de desencadenar una masacre; pero a medida que los despistados partidarios de Nava iban llegando, los propios soldados y policías apostados en las inmediaciones les advertían que se trataba de una trampa, urgiéndolos a alejarse. 

Eclipse: Al cabo, a la hora señalada y cuando repentinamente se apagaron las luces, la balacera se desató, aunque en ella participaron grupos de pistoleros que se confundieron mutuamente con navistas. Al día siguiente Nava y algunos de sus colaboradores fueron detenidos y conducidos al D.F., donde permanecieron más de un mes, primero en el campo militar número uno y después en la vieja penitenciaría de Lecumberri. Durante ese lapso se proclamó en San Luis Potosí el triunfo del candidato priista con 175,646 votos contra 45,617 de Nava. 

Al año siguiente y en vista de que Nava no acató el consejo que le dieron en México de alejarse de San Luis Potosí, el oftalmólogo fue nuevamente detenido y esta vez ya no lo trataron con guante blanco: le dieron tal golpiza que salió de la cárcel con 2 cosillas rotas, graves derrames internos y un brazo paralizado. Le tomó más de un año recuperarse físicamente; mientras tanto, sus principales seguidores se desbandaron o fueron comprados por el gobierno. 

Aún derrotado, Nava conservó su popularidad (mientras estaba en la cárcel, los habitantes de colonias populares de San Luis Potosí hicieron colectas para ayudar a doña Conchita, la esposa del oftalmólogo); pero el desmembramiento del cacicazgo de Santos había provocado un apaciguamiento político que dejó a Salvador Nava sin caldo de cultivo en el cual prosperar. 

Con apenas débiles débiles e intermitentes sacudidas, la calma chicha potosina se prolongó por casi 2 décadas, hasta que el profesor Carlos "La Ardilla" Jongitud Barrios fue impuesto como gobernador en 1979. 

Durante su sexenio, Jongitud -entonces inamovible líder del magisterio- no solo robó, sino que hizo alarde de su latrocinios. Utilizó los cuerpos de seguridad del estado para ayudar a bandas de contrabandistas que dirigían protegidos del gobernador. Con dinero del erario público mandó hacer una enorme residencia, con ínfulas palaciegas, que al término del mandato vendió a la nueva administración, para que se convirtiera en residencia oficial de los gobernadores. 

Por esos años, Salvador Nava regresó a combatir la ignominia. Tras dos décadas de olvido, el oftalmólogo ya ni soñaba con volver a la política activa; pero los desesperados potosinos literalmente fueron a sacarlo del consultorio y lo lanzaron como candidato a alcalde de la ciudad capital del estado, con el improvisado respaldo del PAN y el PDM. Nuevamente los tiempos eran propicios: despuntaba el sexenio de Miguel de la Madrid bajo La invocación de la Renovación Moral, y se esperaba que, al menos, fueran respetados aquellos resultados electorales demasiado claros para poderlos tergiversar. 

Veladoras: Esta vez, como la anterior, Nava recibió la ciudad sepultada bajo montañas de basura, con las calles acribilladas de baches, y deudas tan cuantiosas que, al poco tiempo, el ayuntamiento tuvo que trabajar a la luz de las velas, porque le cortaron la electricidad. Aún así, Nava consiguió remendar las finanzas municipales, y remozar el primer cuadro de la capital potosina. 

Crecido por la victoria, el movimiento navista, aglutinado en el Frente Cívico Potosino, volvió a ganar elecciones en 1985 (no le reconocieron el triunfo) y en 1988 (sí se lo reconocieron).

Durante 1989 y 1990 los navistas tuvieron que hacer una tregua y encender veladoras, mientras rogaban por la recuperación del "doctor Chava", como cariñosamente llamaban al oftalmólogo, quien, víctima de cáncer, se sometía a un traumático tratamiento de quimioterapia. Al término del plazo Nava había descansado lo suficiente y hasta engordado un poco: tan bien se sentía, que aceptó la nominación del Frente Cívico Potosino a la gubernatura, para las elecciones el pasado 18 de agosto. 

El hombre sabía que la oposición dividida estaba destinada al fracaso, así que puso como condición ser candidato único de las fuerzas antipriístas. Metiéndose en la bolsa desconfianza y resquemores, perredistas, pedemistas y panistas se avinieron, y formaron la Coalición Democrática Potosina, CDP

Durante la campaña preelectoral, los partidos de la coalición sólo brindaron a Nava un tibio apoyo moral, mientras luchaban entre sí enconadamente por los cargos legislativos federales que se disputaban. Nava hizo campaña por su cuenta: recorriendo palmo a palmo el territorio del "prebostazgo", comprobó que la lucha iniciada hace 30 años no había perdido actualidad; violencia y opresión seguían imperando en muchas zonas, especialmente en la Huasteca; como antaño, el estado seguía contándose -según parámetros del INEGI- entre los 5 más atrasados del país; y los caciques seguían tan soberbios y corruptos como siempre. 

Lo que pasó inmediatamente después, es conocido. Nadie sabe cuánto tiempo aguantará San Luis Potosí las cosas que le suceden. Lo que sí se sabe es que, mientras le quede vida, Salvador Nava no se dará por vencido.


(Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. III Salvador Nava. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)

lunes, 17 de noviembre de 2025

Caudillos de la nueva oposición: II Carlos Medina Plascencia

 

Los caudillos de la nueva oposición 


Sección Señoras y Señores



Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


II: Carlos Medina Plascencia 


Después del truculento desenlace de las elecciones de Guanajuato, sólo los priístas quedaron más disgustados que los panistas. En cambio, nadie sabe qué pensó exactamente el alcalde panista de León, Carlos Medina Plascencia, cuando le anunciaron que al fin iban a entregarle el cargo por el cual se había negado a competir un año antes, el de gobernador de Guanajuato. 

Educado en colegios de jesuitas y graduado como ingeniero químico administrador en el tecnológico de Monterrey (1980), el leonés Medina, de 36 años de edad, casi tan alto como Fox y padre de tres niños, era antes de 1988 más conocido por su afición a las carreras de automóviles ("Novato del año 1987" de Fórmula K) y por la velocidad con que había hecho florecer su grupo empresarial familiar, dedicado a la exportación de insumos para la Industria del calzado y con ventas anuales por encima de los 4 millones de dólares. 

Medina dice que se inició en la política más por coraje que por ideología, al contemplar impotente, en 1980, 81, 82, cómo el descabellado régimen de José López Portillo jalaba al país hacia el abismo. Primero, afirma, dedicó tres años a la extenuante tarea de estudiar los postulados del PRI, el PDM y el PAN. En 1985, cuando ya veía todo cuadrado, se decidió por el PAN: ingresó, metió turbo y un año más tarde era, ya, regidor del ayuntamiento de León. 

Mano de hierro: en 1988, manejando las finanzas del PAN, fue uno de los estrategos anónimos del decisivo triunfo de su partido en la región de León (3 diputaciones federales de mayoría). Meses después cosechó su recompensa, la alcaldía de León, con ventaja de 3 a 1 sobre el candidato del PRI. Igual que Fox, también Medina sacó valioso rédito político de la visible inquina con que el gobierno estatal trató al ayuntamiento leonés. Asediado por la falta de recursos, las zancadillas burocráticas y las orquestadas embestidas de líderes de paracaidistas y sindicatos de la CTM, el alcalde tuvo que crecerse en el cargo. Sus críticos dicen que recurrió sin piedad al "mayoriteo" aplastando todo síntoma de disidencia; pero admiten que imprimió a la administración municipal cierto dinamismo empresarial: el primer año, los ingresos presupuestados (36,000 millones de pesos) fueron rebasados en 44%; y los egresos fueron más de 6,000 millones menores a lo previsto. 

A ojos del público, el alcalde Medina se convirtió en candidato natural a la gubernatura; pero el hombre se negó a competir por la postulación contra otros panistas y prefirió, en cambio, apadrinar la candidatura de Vicente Fox. Al fin, como se sabe, tuvieron que intervenir las más altas instancias nacionales, para plantearle una de esas proposiciones que, como decía don Corleone, no se pueden rehusar.


Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. II Carlos Medina Plascencia. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)

lunes, 1 de septiembre de 2025

Caudillos de la nueva oposición: I Vicente Fox




 Los caudillos de la nueva oposición 


Sección: Señoras y Señores


Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


I: Vicente Fox 


Nacido en la Ciudad de México y radicado en León, Gto., desde el tercer día de su vida, Vicente Fox Quesada -el segundo de los nueve hijos de un agricultor agricultor leonés y una inmigrante española, de 49 años de edad, casado y padre de 4 hijos adoptivos-, pasó la primera mitad de su vida cultivando 2 errores, y la segunda mitad, tratando de rectificarlos. Primorosamente educado por los jesuitas, en la niñez y adolescencia que creyó estar destinado al sacerdocio y sólo cuando sus padres lo obligaron a estudiar administración de empresas (en la universidad Iberoamericana en el D.F.) descubrió el sabor de afanes más terrenales, como la mercadotecnia y la programación por el camino crítico. Segundo, pensaba que la política era un juego indigno de gente bien nacida ahora lleva tres años actuando en ese campo, y cree que en política también pueden ganar los buenos, cuando son más que los malos. 

Apenas salido de la universidad, Fox Quesada se lanzó en desenfrenada carrera: en menos de 10 años avanzó de simple empleado a presidente de Coca-Cola para México y Centroamérica, no tanto por su excepcional talento, cree él, sino porque durante ese lapso nunca trabajó menos de 10 horas por día. En una de sus giras de trabajo por Centroamérica, le tocó ver unas elecciones en Costa Rica. Le impresionó el clima de festividad en las calles de San José, la capital del pequeño país. Después de votar, los costarricenses se veían tan contentos como si hubieran ganado la copa mundial de fútbol. A Fox le dio envidia y tristeza, pero, preocupado como andaba por los enredos dupolísticos (Coca-Cola y Pepsi) de la industria refresquera, ni le pasó por la cabeza la idea de regresar a México en el primer vuelo y encabezar una revolución.

Regreso al terruño: A principios de los 80, le sobrevino la crisis de los 40. La parda atmósfera del D.F. se le volvió irrespirable. Añoraba el calor del clan familiar. Extrañaba el ciclismo y la charrería, sus deportes preferidos, que aún practica. Las gaseosas empezaron a provocarle acidez. Una mañana se miró al espejo, enfundado en un traje de impecable corte inglés, y se vio ridículo. Ese día fue a la oficina en pantalón de mezclilla, botas de pico y sombrero tipo Stetson, y le dio gusto la mirada estandarizada de los yuppies. Al fin renunció graciosamente, y emprendió, tarareando por lo bajo, el camino de Guanajuato

Los siguientes 9 años los dedicó a sembrar fresas en el rancho de su familia, el San Cristóbal, cerca de León, y a organizar con computadoras el Grupo Fox, dedicado a la agroindustria, exportación de verduras congeladas, elaboración de alimentos para ganado y fabricación de calzado y botas vaqueras para la exportación (utilidades de 1989: 1.1 millones de dólares).

Podría haber seguido así por tiempo indefinido, respirando oxígeno campirano y ganando cada año su millón de dólares, de no haber surgido en 1987 el sinaloense Manuel Clouthier como candidato del PAN a la presidencia. Fox conocía y respetaba a Clouthier de años atrás. ¿Cómo podía un hombre así, meterse en un juego tan sucio? El de Guanajuato fue a preguntarle, y el de Sinaloa contestó que lo hacía para ser libre: -¿Cómo vas a ser empresario, es decir, emprendedor, si no eres libre? -dice Fox que dijo Clouthier-. ¿Y si no luchas para ser libre, de que te quejas? 

Las palabras de Clouthier trajeron a la mente de Fox el recuerdo de aquel día de elecciones en Costa Rica. Sólo la gente libre, pensó el ranchero de Guanajuato, anda por la calle tan contenta después de ir a votar. Empezó a concurrir a mítines opositores. 

Sin almidón: Los panistas de León dicen que Fox destacó desde el primer día, por sus casi dos metros de estatura y porque llegaba a las reuniones a caballo o en bicicleta. En la tribuna, el ranchero no se andaba con rodeos: -La oposición pierde no sólo por las marranadas del PRI -repetía machaconamente-, sino por bruta, por no saber defenderse. 

Tanta franqueza le granjeó la simpatía de miles de leoneses hartos del almidón de los políticos, y la candidatura del PAN a una diputación federal. En las elecciones de 1988 ganó por holgada mayoría. En el Congreso de la Unión se convirtió con facilidad en el especialista en temas agropecuarios de la diputación panista.

En 3 años como legislador Fox no logró gran cosa, ya que su partido, a pesar de contar en ese lapso con un centenar de diputados, no destacó por lo emprendedor y agresivo; pero se desprestigió menos que algunos de sus compañeros de bloque, gracias a la torpeza del gobierno de Guanajuato, que con actos intimidatorios hinchó las velas políticas del opositor: primero, se ordenó el cierre de una congeladora de los Fox; después, hordas de invasores se lanzaron sobre el rancho San Cristóbal; enseguida, los auditores de Hacienda se abatieron sobre el Grupo Fox; y con ese talante seudoamistoso que enchina la piel, diferentes emisarios empezaron a hostigar al priísta José Luis Fox, líder regional de los pequeños propietarios y hermano del diputado, para convencer a Vicente de la conveniencia de abandonar el PAN. La presión fue tan ominosa, dicen los Fox, que muchos antiguos amigos, empresarios obligados a andar de buenas con el gobierno, comenzaron a negarles el saludo.

Amigos de Fox: Dicen que tras la muerte de Clouthier en septiembre de 1989, el de Guanajuato sintió que tenía el deber moral de recoger la estafeta. No confiando plenamente en su partido, Fox optó por crear su propia organización para iniciar la lucha para conquistar el gobierno de su entidad. Fundó la OLE, Organización para la Liberación del Estado, encargada de reunir (por medio de rifas, boteos y eventos especiales) los 5,000 millones de pesos que requeriría la campaña, y reclutar a los 25,000 simpatizantes (porcicultores, los llamaban) que vigilarían a los priistas el día de la elección.

La campaña de Fox duró 250 días. Mientras los candidatos del PRI, Ramón Aguirre Velázquez, y del PRD, Porfirio Muñoz Ledo, se encarnizaban uno contra el otro como gallos furiosos, el panista se esforzaba por sobrevolarlos, apelando inclusive a las potencias celestiales (solía insistir en que la religión es uno de los ejes del proyecto nacional). No trató de nadar contra la corriente neoliberal del gobierno federal: más bien, subrayó a cada paso que, con tanta marranada, no hay modelo que valga, y que para salvar no sólo la economía sino también el alma, primero hay que limpiar a fondo los establos. Según se vio en agosto en las urnas, a un alto porcentaje de guanajuatenses les encantó escucharlo. 


Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. I Vicente Fox. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)

lunes, 25 de marzo de 2024

La espinosa historia del chayote

 


La espinosa historia del chayote

Corrupción entre la prensa y el poder político en el siglo XX

Marco A. Villa | Historiador


Era aún la época dorada priísta, entre los sexenios de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, cuando la práctica del "chayote" comenzó a institucionalizarse, dado que llevaba ya tiempo fluyendo entre algunas tintas de la prensa corrompida. Fuera "chayotito" cuando era poco o "doña Rosario" cuando era una cantidad mayor, el chayo o chayote era -o es, mejor dicho- la compensación generalmente económica que un periodista recibe de algún político, empresario u otro personaje con poder. ¿Las razones? Favorecer alguna movida chueca (adulterio, delito...) o sacar de la jugada a un candidato con serias posibilidades electorales y capaz de hacer sombra a su contraparte del partido en el poder, por mencionar las más comunes.

Sobre el origen del término, la versión más extendida involucra a Julio Scherer García -el legendario director de Excélsior y apodado el Mirlo Blanco por mantener sin manchas su plumaje al no aceptar dinero de políticos- quien a su vez encargó a Elías Chávez, reportero de Proceso, escribir sobre esta práctica que incluiría en su libro Los presidentes. Chávez cuenta: "Mientras el entonces Presidente de la República pronunciaba un día de 1966 el discurso inaugural de un sistema de riego en el estado de Tlaxcala, entre los reporteros corría la voz: ¿ves aquel chayote? Están echándole agua. Ve allá". Resultaba que, atrás de la planta, un representante de presidencia repartía el soborno. Desde entonces, su entrega se convirtió en un secreto a voces, con reporteros que representaban un cúmulo cada vez mayor.


¿El padre del chayo?

En la búsqueda de las raíces del chayote, invariablemente nos encontramos de frente con Carlos Denegri (1910-1970), "el mejor reportero de su tiempo, el peor periodista de la historia', a decir del escritor Enrique Serna, autor de la novela biográfica El vendedor de silencio. Este personaje destacó por su preparación y contactos: hablaba alemán, francés e inglés y se defendía en portugués e italiano; colaboró en Time, Life y otras publicaciones extranjeras que lo buscaban cuando necesitaban corroborar datos o informar sobre México; contaba con una extensa red de contactos nacionales e internacionales que participaban tanto en su reportajes como en sus corruptelas. Era hábil para obtener información, diestro en el arte de las relaciones públicas y sobre todo en la obtención de exclusivas, entre otras cualidades que puso al servicio de sus embutes.

De negri fue hijastro de Ramón Pérez Denegri, político prominente que formara parte de los gabinetes presidenciales de Álvaro Obregón y Emilio Portes Gil. Con los años, sacó maliciosamente provecho de su trabajo, a la sombra y resguardo de un régimen que tenía la costumbre de seducir a los periodistas destacados y mantener un férreo control sobre la prensa.

Carlos tocó la cima de la fama con su serie de entregas reporteriles en las que informó desde Londres varios momentos de la Segunda Guerra Mundial. Era 1942 cuando cruzó el Atlántico para cumplir su misión. Reunidos después en el libro Luces rojas sobre el Canal, estos textos eran enviados por teletipo (telex) a la redacción de Excélsior y publicados a cinco columnas en la primera plana. Línea a línea, cautivaba a los lectores por la emoción y el suspenso que imprimía a sus entregas. En ellos se pintaba como un gran "ligador": lo mismo un aristócrata inglesa que una sudamericana o la recepcionista de un hotel.

Pero quizás el clímax llegó cuando dejó de enviar notas durante varios días luego de informar que las embarcaciones nazis estaban torpedeando a los Aliados. La gente pensó que había muerto. Otro golpe de talento que se tradujo en temprano éxito mediático lo dio en 1945, cuando escribió: "Hoy, los Estados Unidos detonaron en Hiroshima y Nagasaki la primera bomba atómica en la historia de la humanidad", y a continuación reprodujo el Padre Nuestro completito.

Se convirtió en una celebridad... y también empezó a encumbrarse como el periodista más poderoso, impune y rico gracias al chayote, mismo que obtuvo de la élite política y empresarial durante cerca de veinte años. El mismo gabinete presidencial asistía a sus cumpleaños. Destaca un hecho que refleja su proclividad a esta práctica: la plana que compraba a Excélsior por cincuenta mil pesos para después vender las menciones a políticos, ya fueran a favor o en contra; en este último caso, pagado por un tercero. Vino después su columna "El fichero político", en donde aquellos que no eran favorecidos pasaban "una temporada en el infierno", como escribiera Carlos Monsiváis. Pionero de la televisión, transmitió por décadas un programa que cerraba invitando a los televidentes a encontrarse en la próxima emisión, seguida de la frase "Dios mediante". Porque además era creyente. El mismo Scherer contó que Denegri "alguna vez entrevistó a Dios".

Se ha dicho que los tiempos cambian y que el chayote ya se ha "secado" y desaparecido. ¿Será?


(Tomado de: Villa, Marco A.. La espinosa historia del chayote. Corrupción entre la prensa y el poder político en el siglo XX. Relatos e historias en México, año 12, número 135. Ciudad de México 2019)

lunes, 17 de julio de 2023

Salinas de Gortari II El protector de los pobres


Segunda parte 

Su México

2

EL PROTECTOR DE LOS POBRES


En un tiempo abundaron las personas convencidas de que Carlos Salinas de Gortari era un estadista genial por haber concebido y puesto en práctica el Programa Nacional de Solidaridad (PRONASOL), el cual representaba un invaluable recurso para sacar de la miseria a los millones de individuos que desde la época en que florecieron Teotihuacán y las prodigiosas urbes mayas, han pululado en la tierra ocupadas hoy por la república mexicana. Entre las virtudes que se atribuyeron al PRONASOL, destacaba la de estar basado en las decisiones propias de la gente beneficiada, no en imposiciones de la burocracia federal; en el hecho de que no repartía dádiva simplemente, sino que los beneficiarios aportaban trabajo manual para la realización de las obras y, sobre todo, en que los fondos gastados en el programa no provenían del ingreso fiscal normal, sino de los sobrantes que dejó la gran venta de empresas paraestatales realizada durante el sexenio, sobrantes que, de haber sido arrojados de manera torpe a la masa de dinero circulante, habrían sido consumidos por la inflación sin mayor provecho para el país.

Al terminar el sexenio, el PRONASOL había devorado 52,000 millones de nuevos pesos y había hecho posible la realización de 523,000 "obras y acciones de carácter social", como aulas, banquetas, puentes, el remozamiento de placitas pueblerinas, la pavimentación de algunas calles, la dotación de sistemas de drenaje y agua potable, más el otorgamiento de becas para alumnos de primaria muy pobres, que consistían en una pequeña despensa y cien pesos mensuales. Efectivamente, el programa aportó algunos beneficios para cientos de miles de pobres, pero la situación en general apenas varió y el problema de la miseria siguió tan acuciante como siempre.

Entre las principales críticas que se hicieron al PRONASOL figuran la de ser un recurso para aportar votos al PRI; que gran parte del dinero invertido se gastara en mantener al ejército de burócratas encargado de llevar a la práctica el programa, y sobre todo que no hubiera erradicado la miseria.

En efecto, millones de ciudadanos deben haberse sentido inclinados a votar por un partido que les entregaba algunas migajas en lugar de hacerlo por otro que sólo les endilgaba discursos. Pero era absurdo esperar que el PRI emprendiera programas destinados a conseguir votos para un partido rival. Y por supuesto, gran parte de los 52,000 millones de nuevos pesos invertidos fueron despilfarrados o robados por la burocracia. Qué otra cosa podría esperarse de un programa gubernamental?

En la época colonial quiero se la pasaba sermoneando a la población con peticiones de que le entregaran dinero "para socorrer a los pobres", y a la postre solo creó unas cuantas instituciones roñosas de caridad mientras algunos arzobispos y obispos obtenían rentas que, según el barón de Humboldt, sobrepasaban a las asignadas a muchos príncipes de Alemania. Salinas, aprovechando la inagotable masa de bobos que ofrece el país, no hizo más que continuar la tradición y tomar su tajada del lucrativo negocio de socorrer a los pobres. Contrariamente a lo que se dice, jamás articuló la absurda promesa de erradicar la miseria en un sexenio.

Todos los gobiernos de todas las épocas han tenido como objetivo principal el de esquilmar a los gobernados con impuestos y repartirse el dinero entre los gobernantes; si en los países avanzados la repartición del botín fiscal se realiza de manera más decorosa que en México, es porque su ciudadanos han impuesto a los gobernantes una infinidad de candados que automáticamente reducen a lo tolerable el nivel de robo social, y si la sociedad mexicana no ha impuesto más candados de ese tipo, la culpa recae más en el subdesarrollo que en la persona de los gobernantes.

Milenio y medio se pasó la Iglesia compadeciéndose de los pobres y pidiendo dinero para redimirlos sin que la situación mejorara de manera apreciable. El gobierno mexicano ha hecho lo mismo desde 1917, y si la miseria no ha empeorado, al menos se puede afirmar que México no ha dejado de ser uno de los países con mayores índices de miseria en el mundo y que ni los más optimistas creen que el flagelo se pueda suavizar a corto plazo.

Ningún gobierno de ninguna época ha erradicado jamás la miseria de su pueblo; las naciones que hoy gozan de elevados niveles de vida deben su bienestar al hecho de que estimularon la producción, crearon millones de empleos y con esto vino la abundancia. Si en la Alemania o el Japón de posguerra un político hubiera sugerido gastar 17,000 millones de dólares -a eso equivale lo devorado por PRONASOL- en hacer obras de caridad entre la población -aunque ésta se moría literalmente de hambre y de frío- lo más probable es que lo hubieran metido a un manicomio. Por lo menos a nadie se le habría ocurrido confiarle un puesto de dirección en el gobierno.

Con los 52,000 millones de nuevos pesos despilfarrados en PRONASOL se hubiera podido financiar el surgimiento de -muy a grosso modo, por supuesto- 52,000 empresas -comercios, talleres, pequeñas fábricas, etc.-  con el nada despreciable capital de un millón de nuevos pesos cada una. Estas empresas podrían haber creado cientos de miles o tal vez un millón de nuevos empleos y habrían estado obligadas a amortizar el capital que se les prestó, habrían pagado impuestos junto con sus empleados, y de esta manera se habrían obtenido más recursos para bajar impuestos o promover otras actividades productivas. A los pobres les habría sido más benéfico disponer de nuevas fuentes de trabajo que poder pasearse por la calle recientemente pavimentada de su pueblo. Claro, para los miles de burócratas empleados en PRONASOL no habría habido "chamba", pero la ley de la necesidad quizá los habría obligado a buscarse un empleo más dignificante o hasta crear una pequeña empresa aprovechando los recursos que se facilitaran para promover la producción.

Gemelo de PRONASOL fue PROCAMPO, otro armatoste destinado a subsidiar a los campesinos más pobres, en el cual se gastaron 11,700 millones de nuevos pesos sólo en 1994. Atrás del programa, además de ganar votos para el PRI, estaba el deseo de ayudar a los campesinos a competir con los agricultores extranjeros que, al entrar en vigor el Tratado de Libre Comercio, podrían incrementar sus exportaciones a México.

A lo largo de toda la frontera con Estados Unidos se observa un desconcertante fenómeno: al norte, donde se pagan los salarios más altos a los peones, los agricultores pueden vender -por ejemplo- el maíz que producen a un precio inferior hasta en un 50% al que pueden venderlo los agricultores mexicanos, y aún así los del norte obtienen utilidades que les permiten pagar impuestos sobre la renta y vivir con gran comodidad ellos y sus familias. Al sur, en tierras de la misma calidad, sujetas al mismo régimen climático y con la ventaja de que los peones ganan salarios más bajos y los ejidatarios recibieron las tierras gratuitamente y no pagan impuestos, se considera imposible competir en precio con los norteamericanos.

Los economistas del gobierno suelen afirmar que la desventaja está en que los agricultores norteamericanos reciben subsidios que no disfrutan los mexicanos, pero tales subsidios se les han pagado a cambio de que mantengan ociosas sus tierras y así dejen de producir, porque no habría mercado para absorber las fantásticas cantidades de granos que podrían obtenerse si se activaran todas las tierras norteamericanas, en tanto que los ejidatarios mexicanos suelen recibir pequeños préstamos que generalmente nunca pagan (y los líderes se benefician con tajadas de esos mismos préstamos), con lo cual el consumidor mexicano tiene que pagar altos precios por el producto nacional y de ribete aportar, por la vía de los impuestos, cantidades enormes de dinero para financiar el déficit de los bancos y subsidiar a los productores ineficientes.

Cuesta trabajo criticar a los ejidatarios, seres pobres entre los mexicanos más pobres, pero la verdad es que el corrupto régimen ejidal los ha convertido en "parásitos que ni comen ni dejan comer", como suelen decir los campesinos trabajadores. El mal estaba hecho desde antes que naciera Salinas, de modo que no puede achacársele a él la responsabilidad; más bien, al reformar el artículo 27 constitucional para permitir la compraventa de algunos terrenos ejidales, Salinas tomó una medida que podría ser útil a largo plazo para ser más eficiente el campo mexicano.

Salinas fue acusado de traición a la patria por haber reformado el artículo 27, y lo mismo sucedió al discutirse la conveniencia de privatizar la Compañía Nacional de Subsistencias Populares, CONASUPO, a pesar de que todo el mundo conoce los negocios que se hacen a la sombra de esa empresa: cobro de fuertes comisiones por facilitar la importación de productos extranjeros, venta con elevada pérdida del mismo producto a los favoritos y hasta "jineteo" y robos del dinero que se debe pagar a los productores nacionales. Por supuesto, los acusadores de Salinas fueron los burócratas a quienes perjudicaría la privatización de CONASUPO y -aunque parezca increíble- las acusaciones encontraron eco nada menos que entre los contribuyentes a quienes se ha hecho creer que la diabólica institución beneficia a los pobres.

En efecto, el país tiene ganas de creer que el gobierno puede redimir a los pobres y debe hacerlo. Esta patraña surgió durante el virreinato, se reforzó con el estallido de la revolución mexicana y no se sabe si algún día podrá erradicarse, pues ahora son más numerosos los burócratas empeñados en difundirla.

Una causa más palpable de la miseria que aflige a los mexicanos es el número de burócratas que deben sostener, el cual, sólo por lo que se refiere a los afiliados al ISSSTE, pasó de 134,352 en 1962 a 430,482 en 1970, a 1,086,872 en 1976, a 1,582,114 en 1982, a 2 millones 100,000 en 1988 y a 2,250,000 cuando terminó el mandato de Salinas, pese a que el número debió haber bajado por la publicitada supresión de algunas dependencias federales. Más aún, durante el sexenio de Salinas la tajada del presupuesto federal dedicada al pago de la nómina burocrática pasó del 23.2% en 1988 al 40.2% en 1994 sin que surgiera un clamor público de censura, pues la gran aspiración de la mayoría de los mexicanos parece seguir siendo la de beneficiarse con algún gaje burocrático.

Las cifras no incluyen a las fuerzas armadas, ni a los empleados de las paraestatales, ni a los empleados supernumerarios. Conservadoramente se puede calcular que el gran total asciende a más de cuatro millones, de los cuales por lo menos la mitad no desempeñan ningún trabajo útil si es que no resultan nocivos. Tal es el caso de los pequeños burócratas que acechan tras sus ventanillas la oportunidad de extorsionar a los ciudadanos cobrándoles "mordida" por poner un sello o simplemente por no inventar dificultades para los trámites, pues esos individuos impiden que mucha gente abra negocios creadores de empleos productivos, y por ello millones de mexicanos queden condenados a no tener ni quien los explote -si se admite que todo es una explotación- y obligados a marchar a Estados Unidos en calidad de braseros indocumentados.

Como las cucarachas, los burócratas que viven de fastidiar a los ciudadanos independientes suelen ser más perjudiciales por lo que echan a perder que por lo que se comen. El elevado costo de los trámites, más los altos impuestos, desestimula la creación de empleos en el país, y la abundancia de burócratas de mediana o alta categoría que han amasado desde capitales importantes hasta inmensas fortunas constituyen un constante recordatorio de que el gran negocio que puede hacerse en México es el de medrar desde el gobierno. Los que se resuelven a intentar la creación de una empresa industrial o comercial suelen ser vistos como tontos o ilusos y de esta manera se desestimula aún más la actividad productiva.

Salinas emprendió un esbozo de reforma administrativa mediante el cual las cinco leyes con 895 enredosos artículos que regulaban la actividad agropecuaria fueron reducidas a dos leyes con 230 artículos; los 118 artículos de la antigua ley federal de pesca bajaron a 30; la ley de turismo bajó de 108 artículos a 55; la ley forestal de 90 a 58, la minera de 109 a 59 y las cuatro leyes que permitían al gobierno intervenir en la economía, con 113 artículos, fueron fundidas en una sola con 39 artículos. Salinas merece un aplauso por esta labor y sólo se le debe censurar que no haya agilizado más los trámites ni haya procurado que los inspectores dejen de molestar a los ciudadanos que operan dentro de la ley.

Hasta dónde se puede atribuir a Salinas la culpa de que siga prevaleciendo la miseria en México, y hasta dónde recae la responsabilidad sobre la sociedad mexicana por no haber sido capaz de controlar a sus gobernantes, es una cuestión que podría discutirse largamente y desde varios ángulos, pero la conclusión definitiva debe ser que el problema data de siglos y que, al no resolverlo, la culpa no fue toda de Salinas. Si Salinas dejó al país sumido en la miseria, también es cierto que no lo recibió en la opulencia ni mucho menos.


(Tomado de: Ayala Anguiano, Armando - Salinas y su México. Contenido ¡Extra! México de carne y hueso. Segunda parte. Deslinde de culpas. Editorial Contenido, S. A. de C. V. México, D. F., 1995)

lunes, 10 de julio de 2023

Ya nunca más; sin PRI


Sin PRI:

CUAUHTÉMOC, ¿EL RELEVO?


De crédulos y cándidos, los mexicanos tenemos poco: casi todo el mundo se imaginó desde el principio que la "corriente democratizadora" y la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas habían salido de las altas esferas del gobierno; luego hubo dudas cuando los ataques contra el hijo de Tata Lázaro menudearon y él tocó temas como la corrupción de Pemex y el verdadero poderío militar, pero eso acabó en el retiro de Heberto Castillo. De nueva cuenta, no hubo nadie que no estuviera seguro de que el grupo en el poder jugaba con dos barajas: Salinas o Cuauhtémoc, Cuauhtémoc o Salinas.

Los analistas imparciales están divididos. Unos consideran que la determinación estaba tomada desde el principio, y que se impulsó a Castillo para no hacer las cosas demasiado evidentes. Otros piensan que las dos postulaciones surgieron espontáneamente y se dejaron correr hasta que los estrategas del comando mayor advirtieron dos hechos: uno, la muy real y muy alarmante fuerza de Manuel J. Clouthier; dos, que el número de seguidores de Cuauhtémoc sí crecía, pero no a costa del PAN, sino a expensas del PRI.

Abundan los indicios que sugieren que los segundos estaban o están en lo cierto. A toro pasado, ¿no es verdad que la directiva del PRI y los funcionarios federales nunca le pegaron fuerte al michoacano? ¿No es cierto que los tres partidos que inicialmente integraron el Frente Democrático Nacional (el PARM, el PPS y el PST) fueron siempre de invernadero, abonados y regados con el agua y los fertilizantes que sólo hay en los canales y bodegas de la Federación? ¿No tuvo el ingeniero Cárdenas tres veces más dinero que cualquier opositor (13,800 millones contra menos de un tercio de subsidio para el PRT, para el PMS y para el PDM y nada para los panistas, que no aceptaron fondos públicos) y "buena prensa" en medios afines al PRI o de algún modo alineados con él?

Y los del revés. Clouthier arrasó por primera vez en Yucatán, pero los agentes federales sabían que le había ido inesperadamente bien en Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco. Luego vino el alarde en Puebla; el domingo 7 de mayo fue la "toma" de la plaza de toros de Cuatro Caminos y se comprobó que había empuje panista en el DF y en el estado de México. Siguieron Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango, la Macroplaza de Monterrey y, después de muchos titubeos e indecisiones, el PRI escogió el peor momento para anunciar el fallo sobre Monclova y... sobre el gobierno y su partido cayó el cierre parcial de setenta carreteras, de Chiapas a Baja California, a cargo de un panismo tan disciplinado y entrenado que no se registró en toda la república protesta formal de los automovilistas perjudicados. Luego, a mediados de junio, la "cadena humana por la democracia" llevó a las banquetas de dieciséis kilómetros de la avenida Insurgentes una multitud como nunca se había visto.

En ese momento deben haberse reanudado, si alguna vez se suspendieron, las negociaciones. Con rapidez, sin paciencia para los que quisieron poner objeción, a matacaballo: a Clouthier no lo habían detenido la campaña de prensa para impedir que lo postularan, ni las acusaciones de que estaba al servicio de los norteamericanos, ni la agresión en Ciudad Juárez en la que asesinaron a una niña, ni la falta de dineros públicos, ni las puertas cerradas de algunos medios informativos; era, es, una amenaza muy verdadera y muy grande, y había que lanzar contra ella todos los proyectiles disponibles... incluso un segundo candidato del grupo en el gobierno.

Cuauhtémoc Cárdenas respondió tal vez a la pregunta de qué pondrán en el sitio del PRI que ya no existe: pondrían las mismas siglas, u otras, con una tendencia a la izquierda, y llamarían a los pseudopriístas como Porfirio e Ifigenia para reconstruir los cuadros del partido, diseminados por Echeverría y desechados despectivamente por Jesús Reyes Herodes.

Un proyecto así se tropezó con varios peros. Uno: la candidatura "única" de izquierda no le restó votos al PAN, aunque posiblemente romperá el frente para la defensa del voto, en el que los blanquiazules parecían tener puestas muchas esperanzas, y desde luego contó en contra de Clouthier en las casillas, a la hora de las actas. Dos: consecuentemente, la maniobra tampoco aumentó el número de sufragios en favor de los candidatos del PRI. Tres: no será difícil que los jefes del PRI y del FDN se entiendan y formulen una estrategia común (si entendimiento y estrategia no existieron desde el principio), pero entre los subordinados de ambos bandos las hostilidades fueron de veras y no hubo manera de diluirlas, aunque eso no tuvo significado sino hasta después del momento crítico de la votación.

Y cuatro: ¿habrá sido enterrado del plan y le habrá dado su aprobación el cetemista Fidel Velázquez?

Y cinco: ¿qué pasará en los ámbitos financieros nacionales e internacionales si se extiende la noción de que hubo y hay un acuerdo "secreto" entre el PRI y los izquierdosos, y de que el frente cardenista de reconstrucción nacional o cualquier pancarta equivalente desplazarán al liquidado partido del gobierno y se instalarán en su lugar con igual jerarquía, parecidas atribuciones y... una media vuelta al tornillo ideológico hacia la izquierda? ¿Volverán así del extranjero los grandes capitales?


(Tomado de: Teissier, Ernesto Julio. Ya nunca más México en 1989. Política mexicana. Editorial Grijalbo, S.A., México, Distrito Federal, 1989)

lunes, 12 de junio de 2023

Salinas de Gortari I, deslinde de culpas

 


Segunda parte 

Su México

1

DESLINDE DE CULPAS


En 1993, los sondeos de opinión más confiables mostraron que el 75% de los mexicanos aprobaban entusiastamente el desempeño en el cargo de Carlos Salinas de Gortari. Los mismos sondeos indicaban que Salinas, a los 3 meses de haber dejado el poder, se había convertido en uno de los hombres más odiados de la historia de México. Se le acusaba de haberse enriquecido fabulosamente por medio de la corrupción burocrática, el nepotismo y el favoritismo hacia sus amigos o prestanombres; de entregar la soberanía del país al imperialismo yanqui; de haber sumido a México en la miseria; de no haber implantado la democracia y haber usurpado en cambio la Presidencia por medio de un escandaloso fraude electoral, y de arruinar al país con su política "neoliberal". -Ahora solo falta que lo culpen de la fealdad de los mexicanos- dijo un periodista.

En gran parte, el cambio de opinión se debió a que Salinas parece haber sido autor intelectual o por lo menos encubridor de dos sonados asesinatos políticos, el del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio y el del dirigente priísta Francisco Ruiz Massieu. Salinas tuvo la oportunidad de quitarse de encima el cargo de asesino, si es que no lo fue, y no quiso aprovecharla. Conocía perfectamente la experiencia vivida por Plutarco Elías Calles, quien al ser asesinado el presidente electo Álvaro Obregón, en 1928, inmediatamente fue señalado por los obregonistas como autor intelectual del crimen. Para desembarazarse de las sospechas, Calles sólo tuvo que asignar a los obregonistas más exaltados la tarea de realizar las investigaciones del caso y permitirles trabajar sin cortapisas, de manera que al concluir las investigaciones sin que aparecieran elementos probatorios de las sospechas, los propios obregonistas tuvieron que proclamar la inocencia de Calles.

Salinas, en cambio, impidió que participaran en la investigación del asesinato las autoridades de Baja California, a las que en rigor correspondía ocuparse del caso, y los funcionarios federales a quienes confió al principio las investigaciones -el procurador general Diego Valadés y el fiscal especial Miguel Montes- cometieron deliberada o torpemente tal cantidad de omisiones y de errores que, al final, dejaron la impresión de que sólo estaban intentando enmarañar la investigación y, como Salinas era el único hombre con poder suficiente para orquestar un encubrimiento de tal magnitud, él -mientras no demuestre su inocencia-, será considerado probable asesino intelectual.

Ahora bien, hasta los matricidas tienen derecho a que se les juzgue exclusivamente por su delito, y es injusto que la sociedad pretenda endilgarles lacras ajenas. Si un matricida fue buen hijo hasta el día anterior al del crimen, es injusto no reconocérselo; y si el tal matricida fue buen ingeniero o médico y realizó buenas obras en su desempeño profesional, tampoco se deben ocultar estos hechos. Así, si Carlos Salinas de Gortari resultara ser el autor intelectual o encubridor de los asesinatos políticos que se le atribuyen, esto no invalidaría el hecho de que durante los primeros cinco años de su sexenio tuvo un desempeño que le valió ser considerado por la mayoría de los mexicanos como un presidente de calidad excepcional.

Es saludable, por lo demás, hacer un deslinde de la parte buena y la parte criminal que pudo haber tenido la labor del presidente Salinas. Entre quienes lo acusan hay una inmensa legión de individuos que pretendían entrar al gobierno a robar, más otros que ya habían robado y querían seguir robando, y cobraron un odio infernal hacia Salinas por haberles impedido el acceso al botín presupuestal. Por otra parte, la sociedad mexicana ha pretendido convertir a Salinas en chivo expiatorio de todos los pecados de la sociedad misma, la cual se engaña diciéndose que, de no haber sido por Salinas, México sería ahora un país en el que reinarían la abundancia y la honestidad. Como la evidencia indica que Salinas no fue causa sino efecto de las lacras propias de la sociedad mexicana, reconocer esto podría ser una ayuda para empezar a corregir las deficiencias.

Entre las falsedades que se han endilgado a Salinas destaca la de haberlo presentado como asesino nato. Después de que se marchó al exilio fueron reproducidos unos recortes periodísticos que daban cuenta de un drama vivido por la familia Salinas en 1951: los padres habían salido de casa dejando a Carlos, su hermano Raúl y un vecinito al cuidado de una sirvienta; algún imprudente dejó por ahí un rifle cargado, los chicos se pusieron a jugar con él y se disparó un tiro que causó la muerte de la sirvienta. Al siguiente día, la sección policiaca de los diarios capitalinos publicó destacadamente la noticia de que los niños habían "fusilado" a la joven y que Carlos declaró: "Yo la maté de un solo tiro; soy muy valiente".

Cuando ocurrieron los hechos, el jefe de la familia Salinas, don Raúl, desempeñaba un empleo de tercer nivel en la Secretaría de Hacienda y carecía de influencias para acallar a los periódicos así como de dinero para sobornar a los reporteros policiacos. Carlos tenía 3 años de edad y, si dijo las palabras que pusieron en su boca los reporteros policiacos, obviamente no podía darse cuenta de lo que estaba diciendo.

Otra falsedad difundida por los enemigos políticos es la de que, enfurecido con un caballo que no le hizo ganar una competencia hípica, en 1970, Carlos Salinas lo mató de un tiro. Los entrenadores y compañeros de Salinas en el ambiente hípico aseguraron a un reportero de CONTENIDO que la versión es completamente falsa.

También se dijo que Carlos Salinas tuvo por amante a la joven actriz Adela Noriega y que ésta había dado a luz unos gemelitos engendrados por el expresidente; la actriz demostró a través de la revista Actual que la versión es calumniosa de principio a fin. Realmente, Carlos Salinas cometió demasiados actos censurables para que todavía se le endilguen otros.

Al analizar las críticas enderezadas contra Salinas se debe tomar en cuenta que el jefe del Estado y el Gobierno mexicanos se llama presidente, un título acuñado en Estados Unidos al momento de establecerse la Independencia. Una infinidad de dictadorcillos latinoamericanos y africanos han adoptado el mismo título, que en Estados Unidos conserva bastante respetabilidad, pero que en el resto del mundo -salvo excepciones- solo ha servido para cobijar los desmanes de incontables políticastros ladrones y torpes, cuando no asesinos: Idi Amin Dada, Alfredo Stroessner, Fulgencio Batista, etc., etc.

En México, de acuerdo con la Constitución vigente, que fue adecuada a la conveniencia de lo que llegaría a ser el Partido Revolucionario Institucional, y sobre todo con las leyes no escritas que rigen la sociedad mexicana, el presidente es una especie de dueño del país. Puede cobrar impuestos a la medida de su voracidad y puede gastar los ingresos fiscales de la manera que se le antoje. Con sólo alegar motivos de utilidad pública que ningún juez se atrevería a discutirle, puede privar de sus propiedades a los ciudadanos que le resulten molestos. Por lo demás, nunca faltan políticos e influyentes que ponen a disposición del presidente en turno a sus esposas, hermanas e hijas.

Cierto, la Constitución otorga al congreso la facultad de revisar las cuentas del Ejecutivo, pero en la práctica esto nunca se ha hecho y los legisladores -incluyendo a los oposicionistas- se han desentendido de ejercer su función de auditores, pues la enorme suma de recursos que tienen a su disposición los presidentes han determinado que los poderes Legislativo y Judicial sean vasallos del Ejecutivo.

La tradición de que los presidentes medren con los negocios públicos antecede a la Constitución de 1917, que es la que está en vigor. En el siglo pasado, el dinero sacado de las arcas públicas por Antonio López de Santa Ana representaba sumas tan elevadas que todavía en 1860, cuando estaba exiliado en la isla antillana de St. Thomas, el caudillo pudo mandarse construir un palacio que a la fecha sigue admirando a los turistas, quienes también reciben del guía la noticia del que el expresidente mexicano gastaba tanto dinero que, cuando abandonó su refugio, la isla cayó en una aguda depresión económica. Hasta Benito Juárez, paradigma de presidentes honestos, al morir en 1872 dejó en su testamento propiedades por valor de 150,233.81 pesos, equivalentes a muchos millones de dólares actuales, a pesar de que cinco años antes, cuando recuperó la Presidencia en la Ciudad de México, no poseía más que una levita lustrosa que parecía de pordiosero. Y la fortuna legada por Porfirio Díaz permitió a sus descendientes vivir con gran comodidad en Europa durante 30 años. De los presidentes "emanados de la revolución", lo más sorprendente son las excepciones: Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos tenían capitales muy modestos cuando dejaron el poder.

A Carlos Salinas de Gortari se le acusa de haber recibido tajadas astronómicas por autorizar la privatización de Teléfonos de México, los bancos y otras paraestatales. Los zares de Rusia también amasaron enormes fortunas con los negocios públicos, pero ni siquiera los bolcheviques los han acusado de ladrones, pues los zares de Rusia, como los presidentes de México, eran los dueños de su país y podían apropiarse de los fondos públicos y hasta mandar a asesinar sin que nadie pudiera oponérseles.

Si los presidentes de México han tenido el derecho de enriquecerse fabulosamente y enriquecer a sus parientes, favoritos, amigos y prestanombres, a Carlos Salinas no se le puede reprochar que haya ejercido tal derecho, aunque se le comprobara que en efecto cometió todos los desmanes que se le atribuyen. Las familias mexicanas que aplauden a sus hijos cuando hacen "negocitos con el gobierno" y que truenan contra la corrupción solo cuando no les toca una canonjía, una aviaduría o un puesto oficial lucrativo, o por lo menos un compadre que los favorezca desde un cargo público, son las verdaderas culpables de que Salinas haya actuado como lo hizo.

En los siguientes capítulos se analizarán otros cargos contra Salinas y para terminar se plantearán algunos que hasta ahora no ha formulado la opinión pública.


(Tomado de: Ayala Anguiano, Armando - Salinas y su México. Contenido ¡Extra! México de carne y hueso. Segunda parte. Deslinde de culpas. Editorial Contenido, S. A. de C. V. México, D. F., 1995)