Mostrando las entradas con la etiqueta agrarismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta agrarismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de julio de 2023

Jesús Silva Herzog

 


Jesús Silva Herzog

(1892-1985)


En la ciudad mexicana de San Luis Potosí, capital del Estado del mismo nombre, ciudad de tradición histórica situada en el valle de San Luis, nació, en 1892, el economista Jesús Silva Herzog. 

Empezó sus estudios en el Seminario de San Luis, pero una grave enfermedad ocular lo obligó a abandonar la secundaria. En 1910, cuando Silva Herzog tenía dieciocho años, la Revolución estalló en México, y en pleno desarrollo de este agitado capítulo de la historia del país, su familia lo envió a Estados Unidos tras inscribirlo en la Pain up Town Business School de Nueva York, a la que asistió entre 1912 y 1914.

Al regresar a su ciudad natal, en 1914, escribió en los periódicos El Demócrata y Redención y, tras el triunfo del constitucionalismo carrancista, estuvo a punto de ser fusilado, pero se salvó gracias a su propia defensa realizada ante un consejo de guerra, que lo condenó a prisión. En 1917 fundó en San Luis la revista Proteo y, a finales de este mismo año, decidió mudarse a Ciudad de México, donde se inscribió en la Escuela de Altos Estudios de la Universidad Nacional de México, para graduarse en economía, disciplina de la que habría de ser con el tiempo uno de los especialistas más notables de su generación.


La generación constructiva


La violencia de su espíritu, la claridad de su análisis y su sensibilidad para comprender la realidad de un país dominado por la violencia y las desigualdades sociales, fueron las bases de las que se sirvió Jesús Silva Herzog para sustentar una corriente de pensamiento humanista dentro del país.

La generación de Silva Herzog, denominada constructiva, tuvo gran peso en la vida pública de México, entre los años treinta y cuarenta, y permitió consolidar muchos de los logros revolucionarios, como una expresión de esa generación, el pensamiento de Silva Herzog y la rigurosidad de sus investigaciones pudieron manifestarse en 1928, cuando fundó el Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas y la Revista Mexicana de Economía.

Para un hombre de altas miras como Jesús Silva Herzog, la fundación de un instituto de investigación y de una revista no bastaron para crear una corriente de pensamiento capaz de influir en los círculos de decisión. Fue ésta la razón que lo llevó, en 1929, a intervenir en el primer proyecto del plan de estudios de una licenciatura en Economía, que permitiría crear cuadros para la gestión pública y privada.

Por ese entonces, la continuidad del poder había dado lugar a que el grupo gobernante fraguara distintas formas de dominio social, y tomara las medidas necesarias para la transformación de la economía agraria, de las viejas estructuras de la administración y la enseñanza públicas, de la salubridad y los servicios, que permitieron el resurgimiento de una burguesía nacional económicamente fuerte.

En este contexto, Jesús Silva Herzog desarrolló una intensa actividad docente, desde 1931 hasta 1963, como profesor de historia de las doctrinas económicas en la Escuela Nacional de Economía, institución que dirigió entre los años 1940 y 1942. En esta disciplina Silva Herzog publicó, en 1936, Antología del pensamiento económico desde el siglo XVI hasta David Ricardo y, en 1939, Historia y antología del pensamiento económico. Entre 1933 y 1934, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, ocupó la Subsecretaría de Instrucción Pública.

Como profesor influyente de la Escuela Nacional de Economía, Silva Herzog fundó una nueva revista, Investigación Económica, en la que formuló los lineamientos básicos de su pensamiento económico. En 1942, tras abandonar la dirección de la escuela, creó y dirigió hasta su muerte la prestigiosa revista Cuadernos Americanos, donde analizó aspectos relevantes de la industria petrolera, que ya era por entonces generadora de importantes riquezas, y cuyo control, junto con el del ferrocarril, México había logrado recuperar a través de la gestión del insigne presidente Lázaro Cárdenas. El análisis de la cuestión petrolera fue expuesta fue expuesto más a fondo por Silva Herzog en Petróleo mexicano. Historia de un problema (1941), México y su petróleo: una lección para América (1959) e Historia de la expropiación de las empresas petroleras (1964).

Silva Herzog analizó y mostró también su preocupación por los problemas sociales derivados de la reforma agraria, lo que reflejó en artículos y en libros de gran rigor científico, entre ellos El agrarismo mexicano y la reforma agraria (1959) y Breve historia de la Revolución Mexicana (1960). Los mecanismos aplicados en la reforma agraria, si bien paliaron momentáneamente la situación del campesinado mexicano, según Silva Herzog dejaron sin solución antiguos problemas al tiempo que originaron otros.


Un pensamiento global


Otro de los soportes más interesantes del pensamiento de Jesús Silva Herzog fue la globalidad que daba a sus análisis. Para él, la economía mexicana es una compleja tela de araña en la que se entretejen distintas fuerzas sociales, políticas y económicas en cuyo núcleo se halla el poder institucional, al margen de quien lo ocupe. En este sentido son reveladoras sus obras sobre la historia mexicana, entre las cuales destacan El pensamiento económico en México (1947), Trayectoria ideológica de la Revolución Mexicana (1963), El pensamiento económico, social y político de México: 1810-1964 (1967) y La economía política en México: 1910-1974 (1975).

Los méritos intelectuales de Jesús Silva Herzog y sus aportaciones al progreso económico y cultural del país le abrieron las puertas, en 1948, de El Colegio Nacional y, en 1956, de la Academia Mexicana de la Lengua. Aunque en los últimos años de su vida redujo considerablemente el volumen de trabajo, continuó siendo consultado por altos cargos del gobierno y ejecutivos de grandes empresas nacionales e internacionales, hasta poco antes de su fallecimiento, ocurrido en su casa de Ciudad de México, a los noventa y tres años, en 1985.


1892 Nace en San Luis Potosí, el 14 de noviembre, Jesús Silva Herzog.

1922 Se gradúa en economía en la Escuela de Altos Estudios de la UNAM.

1928 Funda el Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas y la Revista Mexicana de Economía.

1933-1934 Ocupa la Subsecretaría de Instrucción Pública durante el gobierno de Lázaro Cárdenas

1936 Publica Antología del pensamiento económico desde el siglo XVI hasta David Ricardo.

1942 Crea y dirige la revista Cuadernos americanos.

1959 Publica México y su petróleo: una lección para América.

1975 Se publica La economía política en México: 1910-1974.

1985 Muere el 13 de marzo en su domicilio de Ciudad de México.


(Tomado de: Grandes personajes universales y de México. Océano Grupo Editorial, S. A. Barcelona, España, 1998)

lunes, 26 de diciembre de 2022

Un precursor de Zapata, 1869

 

III

los campesinos y sus ansias de liberación, un precursor de Zapata.


Nuestros antiguos conocidos Rhodakanaty y Zalacosta habían seguido mientras tanto con su escuela de Chalco, de donde surgió un campesino, Julio Chávez López , quien se haría notar más adelante en las luchas de los campesinos.

Las prédicas "socialistas" de Rhodakanaty y Zalacosta prendieron en terreno fértil entre aquellos humildes y explotados labriegos. La Escuela Moderna y Libre se convirtió en la tribuna y centro de propaganda de la futura rebelión. Julio Chávez se llamaba a sí mismo "socialista-comunista" explicando su concepción así: "Soy socialista porque soy enemigo de todos los gobiernos, y comunista porque mis hermanos quiere trabajar las tierras en común".

Chávez era un discípulo aprovechado, su maestro Rhodakanaty había escrito en su libro Garantismo Social estas palabras: "¡Pueblo, no más gobiernos: abajo las tiranías! ¡Paso al garantismo social!".

Párrafo en el que explica el que explicaba la vida de un pueblo sin gobierno, forma que llamaba el falansterio o comunidad; todo su pensamiento, un tanto confuso, estaba saturado de fourierismo.

Chávez, ávido de ir adelante, reorganizó en Chalco el Club Socialista, donde se hacía una propaganda más amplia que en la escuela. En enero de 1869 escribía a Zalacosta una carta desde Puebla donde decía: "He llegado hasta acá. Hay mucho descontento entre los hermanos, porque todos los generales quieren apoderarse de sus tierras. ¿Qué le parecería usted que hiciéramos la revolución socialista?".

Por este tiempo, el 3 de febrero de 1869, encabezó el General Miguel Negrete un motín en Puebla contra Juárez; ahí había armas que fueron repartidas al pueblo, de esto se aprovechó seguramente Chávez. Tan grande era el descontento entre el campesinado, que un grupo de labradores había entrado entre el 30 de enero y el 2 de febrero al grito de "¡Abajo los hacendados!" en una hacienda cercana a Alfajayucan, desarmando al destacamento de soldados ahí estacionado.

Chávez regreso a Chalco para la preparación de su plan, pero sus actividades deben haber inspirado sospechas al gobierno porque escribió el 18 de abril a Zalacosta: "Estamos rodeados por un batallón, nada importa. "¡Viva la libertad!" Llevó a cabo su propósito y al rebelarse, escribió el manifiesto del cual tomamos el primero y último párrafos.

"Manifiesto a todos los oprimidos y pobres de México y del Universo. Ciudadanos mexicanos:

Ha llegado la hora de conocer a los hombres con el corazón bien puesto, ha llegado el día en que los esclavos se levanten como un solo hombre aclamando sus derechos pisoteados por los poderosos.

Hermanos: ha llegado el momento de despejar el campo, de pedir cuentas a los que siempre nos las han exigido; es el día de imponer deberes a quienes sólo han creído tener derechos. Vamos a una contienda de sangre. ¿Pero, qué importa si esta sangre será generosa, fertilizará nuestros campos, dará exuberancia a las plantas y dejara un rastro a la humanidad del futuro?".

El largo manifiesto llamando a las armas a los campesinos termina así:

"Queremos tierras, queremos trabajo, queremos libertad, necesitamos salvar el orden; en fin, lo que necesitamos es el establecimiento de un pacto social entre los hombres, a base de respeto mutuo. !Viva el socialismo! ¡Viva la libertad! Dado en Chalco en el día 20 del mes de abril del año de 1869.- Julio Chávez."

El levantamiento se realizó la noche del primero de mayo de 1869, al pretender un grupo de soldados la detención de Chávez en Chalco; después de un ligero tiroteo, éste abandonó la población dirigiéndose al monte donde pronto se reunieron campesinos en gran número. Seguido de éstos asaltó a San Martín Texmelucan, que tomó después de derrotar a las tropas quitándole las armas que era lo que necesitaba; quemó los archivos del municipio, recogió algún dinero y se dirigió rumbo a Apizaco donde hizo lo mismo.

Comprendiendo que el movimiento debía tener un carácter nacional para triunfar, envío a Anselmo Gómez con 50 hombres rumbo a Veracruz, mientras él se dirigía al Estado de Hidalgo; a su paso por las haciendas recogía dinero, armas y propagaba entre los campesinos la toma de la tierra. Anselmo Gómez llegó con gran rapidez a Chicontepec, Ver., que tomó el 11 de junio. El jefe político del lugar informaba poseído de terror al Ministerio de la Guerra que "el bandido Anselmo Gómez, al frente de 150 bandidos había capturado la villa, cometiendo toda clase de atentados contra la propiedad y proclamando que desconocía a todo el personal de los gobiernos de los estados".

Chávez, con 1,500 insurrectos quiso tomar por asalto a Actopan; pero sorprendido por las fuerzas del gobierno fue derrotado, hecho prisionero y conducido a Actopan, de donde fue remitido a Chalco y su y juzgado ahí militarmente. Fue fusilado en la madrugada del 1° de septiembre de 1869 en el interior de la casa que ocupó la Escuela Moderna y Libre.

Al ser inmolado por los soldados que lo fusilaron grito con voz estentórea: "¡Viva el socialismo!" Así terminó este noble paladín su corta pero brillante actitud en defensa de los oprimidos.


Constitución del gran círculo de obreros de México.

En los últimos días de 1869, circulaban en una hoja impresa los estatutos de la Asociación Internacional de los Trabajadores, aprobados en el Congreso de Ginebra en septiembre de 1866.

Esto despertó un gran entusiasmo y originó la invitación a todas las sociedades obreras para constituir un centro general de los trabajadores organizados, con objeto de que al estar reunidos todos formaran un consejo que "sea capaz de defender con más eficacia los intereses del trabajo"; la iniciativa fue lanzada el 10 de enero de 1870 y firmada por Villanueva, González Herrera , Mata Rivera, Meza y Pérez de León. No fue, sin embargo, sino hasta el 16 de septiembre de 1870 cuándo quedó constituido el Gran Círculo de Obreros de México.

Con motivo de la renuncia de Cano y del grupo de la Sociedad Artístico Industrial por un discurso de Zalacosta, Villanueva y su grupo socialista se apresuraron a tomar en sus manos la dirección.


Una opinión de Juárez sobre el papel de la organización obrera

Juan Cano, buscando el apoyo oficial, pidió su opinión a Juárez sobre el papel de la organización obrera. He aquí la contestación:

"Palacio Nacional, México, octubre 12 de 1870. señor Don Juan Cano. Muy estimado señor: contestó la muy apreciable de usted, fecha de ayer, manifestándole que, en mi concepto, los artesanos pueden arreglar su asociación a la manera que estimen conveniente para el perfeccionamiento en sus respectivos artes y oficios. Soy de usted affmo. y atto. y s. s.-q. b. s. m. Benito Juárez."

¡Menguada función le asignaba a la organización obrera el benemérito de las Américas!

En diciembre 20 de 1870 apareció un manifiesto agrario en San Luis Potosí, en el cual se pedía la distribución de la tierra mediante la expedición de leyes agrarias. No tuvo más resultado que la persecución de sus autores por el Gobierno.

La organización obrera entretanto, no obstante la labor escisionista comenzada por Cano, despechado ante la pérdida de la dirección en la Artístico Industrial, seguía adelante y se fortalecía.


(Tomado de: Díaz Ramírez, Manuel - Orígenes del Movimiento Obrero. Cuadernos Mexicanos, año II, número 75. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)

lunes, 13 de junio de 2022

Rubén Jaramillo


Mayo en la memoria

Es asesinado Rubén Jaramillo

23 de mayo de 1962


Aquel día un destacamento militar apoyado por policías judiciales sacó de su casa, en Tlaquiltenango, Morelos, al dirigente campesino Rubén Jaramillo, a su esposa Epifanía, que estaba encinta, y a sus hijos Enrique, Filemón y Ricardo. Dos horas después la familia fue acribillada en las cercanías de las ruinas de Xochicalco, consumándose así uno de los más atroces crimenes políticos del siglo XX mexicano.

Rubén Jaramillo nació en Tlaquiltenango hacia 1900. En 1914 se incorporó al Ejército Libertador del Sur del general Emiliano Zapata y se convirtió en un oficial apreciado y querido por los habitantes de Morelos y el sur de Puebla.

En 1918 Jaramillo reunió a los hombres que lo seguían y les explicó que la revolución zapatista había sido derrotada, por lo que valía más guardar las armas y retirarse para continuar la lucha en un momento más propicio.

Durante los años siguientes, trabajó en diferentes ranchos y haciendas, y conoció la cárcel en la que lo metieron los carrancistas luego del asesinato de Zapata. En los años veinte encabezó una lucha legal por la reforma agraria y consideró que el reparto prometido sólo era una bandera política y no un verdadero compromiso del gobierno. Al comenzar la década de los treinta, era el más conocido y respetado de los dirigentes campesinos del poniente de Morelos.

También apoyó decididamente la candidatura presidencial de Lázaro Cárdenas en 1934 y durante la campaña electoral preparó un estudio sobre la agricultura de la región que concluía con la petición de que el Estado construyera una gran central azucarera. Ese fue el origen del ingenio de Zacatepec, inaugurado por Cárdenas en 1938 y cuyo primer consejo de administración presidió Jaramillo.

En 1939, por expresa petición del general Cárdenas, Jaramillo y todos sus seguidores apoyaron la candidatura de Manuel Ávila Camacho, pero cuatro años después, considerando que el nuevo presidente había traicionado definitivamente los ideales de la Revolución, el dirigente llamó a sus compañeros a desenterrar las armas para recomenzar la lucha por la tierra y la libertad, reviviendo el zapatismo.

Pacificado gracias a la mediación de Cárdenas, Jaramillo siguió luchando por los derechos de los campesinos y colaboró con diversos movimientos nacionales. Pero desesperado por la corrupción de los políticos, las amenazas a los luchadores sociales y la imposibilidad de transformar las cosas por medios políticos, planeó levantarse en armas contra el gobierno por tercera vez.

Sin embargo ya no le dieron tiempo: fue asesinado y con él fueron sacrificados su esposa e hijos. Al día siguiente, sorteando el cerco militar que rodeaba el panteón de Tlaquiltenango, miles de campesinos acudieron a su entierro.

Luis A. Salmerón, historiador.

(Tomado de: Salmerón, Luis A. - Mayo en la memoria. Es asesinado Rubén Jaramillo. Relatos e historias en México. Año VII, número 81, Editorial Raíces, S.A. de C. V., México, D. F., 2015)

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Antonio Díaz Soto y Gama

Nació en San Luis Potosí, S.L.P., en 1880; murió en la Ciudad de México en 1967. Hizo sus primeros estudios en el Instituto Científico y Literario de su ciudad. En compañía de Camilo Arriaga y otros, fundó en 1899 el Club Liberal Ponciano Arriaga, para oponerse al  porfirismo. En 1901 se tituló de abogado. Fue desterrado el año siguiente a Estados Unidos, donde permaneció hasta 1904. Junto con Juan Sarabia presentó un proyecto de Ley Agraria ante la XXVI Legislatura (1912). Dos años después se unió al movimiento zapatista. Fue delegado ante la Convención de Aguascalientes, donde su participación fue decisiva. En esa ocasión expuso con gran vigor el programa agrario contenido en el Plan de Ayala. Se mantuvo al lado de los revolucionarios del sur hasta el Plan de Agua Prieta (1920), que depuso a Carranza y llevó a Obregón al poder. Ese año fue electo diputado federal por el distrito de Atlixco, y después reelecto para otros tres periodos. En 1920 fundó, unido a Rodríguez Gómez, Octavio Paz, Felipe Santibáñez, Ángel Barrios y otros, el Partido Nacional Agrarista, del que fue su principal líder. En esa época derivó hacia un cristianismo de interpretación revolucionaria, que le servía de base para justificar la lucha agraria. El PNA fue por algunos años una expresión auténtica de las demandas campesinas. A partir de 1932 fue profesor de derecho agrario en la Facultad de Jurisprudencia y de historia de México en la Escuela Nacional Preparatoria, ambas de la UNAM. Escribió el libro La revolución agraria del sur y Emiliano Zapata su caudillo.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S.A. México, D.F. 1977, volumen III, Colima-Familia)

sábado, 19 de enero de 2019

Andrés Molina Enríquez, Los grandes problemas nacionales

 
 
Es incuestionable que el problema de la tierra es uno de los más importantes en la historia mexicana. Desde la época colonial y hasta nuestros días se suceden innumerables debates acerca de las modalidades de la propiedad agraria, de las formas de su explotación y de los beneficios sociales que debe producir.

Sin embargo, será a partir de los primeros años de este siglo, y muy particularmente desde el estallido revolucionario de 1910, cuando tales discusiones se agudicen, pues para muchos la reforma agraria será el único medio de lograr la independencia económica de México, su progreso social y el que llegue a constituirse como una nacionalidad verdadera.
En esos años y sobre tales asuntos se produjo una obra que habría de constituir uno de los análisis más completos y certeros de la vida mexicana: Los grandes problemas nacionales, de Andrés Molina Enríquez (1866-1940).

Abogado, miembro de la judicatura en su estado natal, periodista y revolucionario, investigador y maestro de etnología en sus últimos años, este personaje mantuvo siempre una gran preocupación por analizar los problemas sociales y políticos de México. En 1895 publica Molina Enríquez su primer escrito importante sobre cuestiones agrarias, El evangelio de una nueva reforma. En 1902 sus reflexiones se hacen más precisas y da a luz otro trabajo: La cuestión del día: la agricultura nacional. Más tarde, en los primeros meses de 1909, y cuando (como el propio autor señala) se vivían en México momentos de “graves cuestiones políticas”, aparece la que sería su obra fundamental, Los grandes problemas nacionales.

Molina Enríquez es un producto típico del positivismo mexicano. Sus trabajos se llevan a cabo siguiendo los métodos de la sociología de su tiempo: es decir, que ateniéndose a los datos de la experiencia, intenta extraer de ellos las constantes del desarrollo social. Es el suyo un esfuerzo serio, riguroso, para comprender la totalidad de la vida nacional y organizar los resultados de sus análisis en una auténtica “sociología mexicana”.

En su explicación de las grandes cuestiones nacionales, Molina Enríquez parte de los siguientes presupuestos: las particularidades del territorio que ocupe serán determinantes en la vida de una sociedad, puesto que de él obtiene lo necesario para nutrirse y sobrevivir. A su vez, la manera como ejerza su dominio sobre tal territorio, es decir, sus formas de propiedad y aprovechamiento de los recursos agrarios, determinarán la forma particular de su vida social y política. Finalmente, Molina Enríquez piensa, con Spencer, que la ley general de evolución de las sociedades consiste en un ir de lo heterogéneo a lo homogéneo, pero a medida que una sociedad se integra sus miembros se diferencian, especializándose.

Armado con estas concepciones generales, Molina Enríquez emprende el análisis de la sociedad mexicana surgida con la Independencia y asegura que en ella no se ha dado ese doble proceso de integración y de diferenciación, porque en su seno existen simultáneamente todas las formas de propiedad de la tierra, lo cual resulta en un compuesto social cuyos elementos se hallan en estados muy diferentes de desarrollo y que él clasifica del modo siguiente: “criollos señores”, “criollos nuevos”, “indios” y “mestizos”.

Los criollos señores, tanto laicos como religiosos, son los herederos de los españoles. Los laicos, dueños de los latifundios y de las minas, aristocratizantes y católicos, representan la mentalidad conservadora. Los religiosos, no menos acaudalados que los laicos y con actitudes socialmente semejantes, ejercen dominio sobre  el bajo clero, compuesto en su mayoría por indios, pero sin formar con ellos una unidad. El clero criollo agrupa también a su alrededor a una amplia gama de servidores laicos, principalmente administradores de sus bienes, que constituyen un sector reaccionario.

Los criollos nuevos son de origen europeo pero no español, con buenos recursos económicos, con gran capacidad para los negocios, y a quienes su falta de antecedentes católicos les permite una conducta social moderna y un espíritu abierto, liberal.

Los indios, divididos en tribus innumerables, incapaces de unirse al menos entre sí, en busca siempre de lo necesario para sobrevivir, son jornaleros en las grandes haciendas, soldados en las interminables luchas políticas de los caudillos –criollos o mestizos- a quienes siguen por razones emocionales, son otras veces clérigos de categoría ínfima. Sólo los indios que poseen propiedades comunales guardan una situación que rebasa la de mera subsistencia, pero todos tienen una conducta social aislacionista o indiferente.

Finalmente los mestizos, resultado ellos mismos de una asimilación racial y social, son los únicos capaces de absorber y superar, sintetizándolos, a los otros elementos sociales. Al reaccionar contra las limitaciones de la vida nacional, los mestizos se han convertido en rebeldes, en defensores de una vida social libre, desprejuiciada y dinámica.

En esta doble heterogeneidad de la vida mexicana: la de las formas de la propiedad y la de los grupos humanos que la componen, encuentra Molina Enríquez la explicación del atraso político del país. Mientras existan tantas divergencias no podrá operar en México una organización política basada en la aplicación general de una ley constitucional. Así, el sistema de gobierno adecuado, socialmente necesario, tendría que ser el dictatorial, único capaz de entender y resolver situaciones particulares.

Por último, Molina Enríquez propone un remedio a la situación de México –que comprende pero no justifica-, y que consistiría en el fraccionamiento de los grandes latifundios, en la creación de la pequeña propiedad. Acuña además una tesis histórico-jurídica que justifique lo forzoso y legal de esa acción fraccionadora que deberá ser llevada a cabo por el estado. Durante el régimen colonial español –dice Molina Enríquez-, la propiedad de la tierra tenía el carácter de una merced real y era otorgada a título precario. Al llevar a cabo su independencia, la nación mexicana heredó esa soberanía antes ejercida por la corona. Ahora, al practicarla según las nuevas exigencias del país, pondría a éste en el camino seguro de su evolución social, es decir, de su integración como una nacionalidad verdadera.

Ha llegado el tiempo – escribía- en que el “interés social… tiene por fuerza que predominar sobre el interés privado, so pena que esta nación no pueda existir”.
 
 (Tomado de: Eduardo Blanquel – El otoño del porfiriato. Historia de México, tomo 10, Etapa Reforma, Imperio y República; Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V. México, D.F., 1978)



sábado, 28 de julio de 2018

Ponciano Arriaga

Ponciano Arriaga



Una de las más destacadas personalidades del liberalismo mexicano. Nació en la ciudad de San Luis Potosí en 1811. Abogado a los veinte años, se le habilitó la edad al titularse. Diputado al Congreso de la Unión en 1843 y 1848; ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública en el gobierno del presidente Arista (1852).

Desterrado por Santa Anna, en Nueva Orleáns, estuvo en contacto con Juárez, Ocampo y otros mexicanos también desterrados. Regresó al triunfar el Plan de Ayutla. Gozó de gran popularidad y prestigio; siete distritos electorales le nombraron su representante al Congreso Constituyente de 1856; presidió la Comisión de Constitución.


Discrepando con la Comisión, produjo su Voto particular sobre la Propiedad, en el que plasmó sus ideas sociales y agrarias. Se pronunció contra la ignorancia y miseria del pueblo, contra "las ventajas y privilegios que gozan los extranjeros en la industria" y contra el sistema feudal establecido en la "propiedad territorial-monopolizada por pocos y grandes señores".


Gobernador interino de Aguascalientes en 1862 y gobernador del Distrito Federal en 1863; murió en San Luis Potosí el 1° de marzo de 1865.


(Tomado de: Jorge L. Tamayo - Antología de Benito Juárez. Biblioteca del estudiante universitario #99)



jueves, 12 de abril de 2018

Cándido Aguilar



Nació en Córdoba, Veracruz, en 1886; murió en la Ciudad de México en 1960. Fue diputado constituyente en 1917, yerno de Venustiano Carranza, secretario de Relaciones exteriores (1918) y gobernador de Veracruz. Habiéndose unido al partido delahuertista en 1924, se vio obligado a abandonar el país. Agrarista notable, fundó la Liga de Comunidades Agrarias de Veracruz. Expidió, en 1916, la primera Ley del Trabajo.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Tomo 1)

viernes, 16 de marzo de 2018

Manuel Lozada, el Tigre de Alica






Nació en San Luis (hoy San Luis de Lozada) en 1828; fusilado en la Loma de los Metates, cerca de Tepic, Nay., en 1873. Hijo de Norberto García y Cecilia González, adoptó el apellido de su tío José María Lozada, con quién vivió desde temprana edad. Fue becerrero en la hacienda de Las Mojarras, de Joaquín Vega, y vaquero en la de Cerro Blanco, de Pantaleón González, a cuya esposa, Ricarda Torres, sirvió de caballerango a la muerte de aquél. Enamorado de María Dolores, hija de Ricarda, se fugó con ella, por lo cual estuvo preso en la cárcel de Tepic. Puesto en libertad, de nuevo fue detenido cuando trató de ver a su amada, y esta vez confinado al presidio de la isla de Mezcala. Otra vez libre, gracias a las gestiones de su madre, partió en busca de la Sierra de Alica. Todas las haciendas de la región le cerraron las puertas por instigaciones de Ricarda Torres, que se sentía ofendida.

Aguijoneado por tenaz persecución, y esquivándola, recorrió varios centros rurales hasta que logró reunir un grupo armado. Un militar de nombre Simón Mariles salió a batirlo, pero al no encontrarlo mandó azotar a la madre de Lozada en la plaza pública. Éste cayó a poco sobre Mariles, lo mandó fusilar después de haberle dado tormento y libertó a sus soldados. A partir de entonces comenzó a tener gran popularidad entre campesinos y vaqueros.

La casa comercial Barrón, Forbes y Cía., de capital inglés, establecida en Tepic, logró conquistar al guerrillero, por mediación de Carlos Rivas, prominente vecino, proporcionándole dinero, armas y parque, con lo cual desde 1857 hostilizó a las tropas del gobierno. El 25 de octubre de ese año tomó Ixtlán, y derrotó más tarde, en el rancho El Ocotillo, al teniente coronel José María Sánchez Román. En septiembre de 1859 dispersó a la tropa del coronel Valenzuela en San Leonel; el 2 de noviembre sitió y asaltó Tepic después de siete días de combates, dominando gran parte de Jalisco, Sinaloa y lo que hoy es el estado de Nayarit. El 7 de abril de 1860 fue vencido por el general liberal Antonio Rojas en barranca Blanca, y en mayo por éste y por Ramón Corona. El gobernador de Jalisco, general Pedro Ogazón, mandó arrasar los pueblos de San Luis, Tequepexpan y Pochotitlán por considerarlos centros principales de la rebelión. Tanto éste como el presidente Benito Juárez expidieron decretos poniendo fuera de la ley a Manuel Lozada y a sus segundos Carlos Rivas, Fernando García de la Cadena Lindoro Cajiga. Pero apenas había transcurrido un mes desde el combate de Golondrinas, cuando los lozadistas amenazaban ocupar nuevamente sus anteriores posiciones.
 
En 1861 una fuerza de 3 mil hombres salió a perseguirlo: la Sección de Tepic y los batallones de “Mina”, “Morelos”, “Guerrero” y “Lanceros de Jalisco”, a las órdenes de los coroneles Rojas, Corona y Anacleto Herrera y Cairo. Mientras penetraban a las montañas en tres columnas, el gobierno pidió a los gobernadores de Sinaloa, Durango y Zacatecas que detuvieran a los sublevados en el límite de sus entidades o se internaran en la sierra para combatirlos. Duros combates se sucedieron durante nueve días en el Paso de Alica, quedando dispersos los lozadeños; pero reorganizados tomaron Tepic, y en mayo de 1861 entró Lozada a San Pedro Lagunillas, donde cometió toda índole de excesos. Ogazón salió a su encuentro, teniendo recios y comprometidos combates en Aguacapan, donde después de vencerlo le ofreció un convenio, pues acababan de llegar a Veracruz las escuadras francesa, española e inglesa, y era imperioso concertar la paz en el interior del país. El 20 de enero de 1862, Carlos Rivas, a nombre de Lozada, y Rafael Valle, representante de Ogazón, firmaron los Tratados de Pochotitlán, por los cuales se acordó disolver los contingentes de Lozada y derogar todas las posiciones las posiciones dictadas en su contra; no perseguir a nadie por cuestiones políticas, nombrar autoridades neutrales en el cantón de Tepic y asumir oficialmente la defensa de los indígenas en las cuestiones de tierras con las haciendas colindantes. Pero como pasaron los meses sin que esas condiciones se cumplieran y Corona tuvo tres encuentros con los lozadeños (en las faldas del Ceboruco, el 30 de mayo, y en otros sitios, el 2 de julio y el 1° de agosto), Lozada recuperó Tepic y volvió a imponerse en todo el cantón.
 
El 15 de agosto de 1863 Lozada firmó en su cuartel de San Luis el Acta de Adhesión al Imperio, porque todos sus enemigos pertenecían l partido liberal y por los compromisos políticos que había contraído con los conservadores. Más tarde Maximiliano expidió las leyes agrarias, del 1° de noviembre de 1865 y del 16 de septiembre de 1866, le mandó regalar su espada de general y un retrato suyo (1864) e hizo que Napoleón III lo nombrara miembro de la “Legión de Honor” (1865), con todo lo cual se ganó sus simpatías personales. Fue así como Lozada coadyuvó en la toma de Mazatlán (noviembre d13 de 1864), al lado del comandante francés L. Kergrist, derrotando a Corona en Espinazo del Diablo (1° de enero de 1865), Concordia (1° de abril) y Cacolotan (18 de abril) y entrando triunfalmente de nuevo a Mazatlán. Mantuvo expedito el camino de Magdalena a Tepic y a San Blas, para que las comunicaciones con aquel puerto no se interrumpieran. El 24 de marzo de 1866 Lozada sorprendió en Guapicori al coronel Perfecto Guzmán, dispersando sus fuerzas, entró a Sinaloa y llegó a Concordia, donde fue atacado por Corona, quien tuvo que retirarse; pero como los imperiales no lo auxiliaron, volvió a Tepic (11 de abril).

Advertido, sin embargo, de que Maximiliano había perdido el apoyo de los franceses, el 11 de julio de 1866 Lozada se declaró neutral, abandonando la Comandancia Superior del Departamento de Tepic, o sea la jefatura de la campaña militar. Convertido en cacique de una inmensa región, organizó la administración pública y trató de resolver los problemas de los indios en materia de propiedad, pero el clero local atenuó sus intervenciones.

Restaurada la República, el presidente Juárez decretó el 7 de agosto de 1867 la erección de un Distrito Militar, dependiente del Gobierno Federal, en lugar del Cantón de Tepic, 7° del Estado de Jalisco, en contra de lo ordenado por la Constitución de 1857 y la local de Jalisco, nombrando jefe político a Juan San Román, quien había presidido una comisión enviada por Lozada a Juárez, reiterándole su reconocimiento como presidente de la República. Poco más tarde, la Casa Barrón, Forbes y Cía. Retiró su apoyo al cacique nayarita. En octubre de 1872 los coroneles Praxedis Núñez y Andrés Rosales, con mil hombres a su mando, desconocieron a su jefe Lozada y fueron a Guadalajara a unirse a Corona. Con este motivo la Presidencia acerca de estos sucesos a Manuel Rivas, jefe político del Distrito por licencia de San Román, quien envió una delegación ante Lerdo de Tejada. Éste les comunicó (11 de diciembre de 1872) que los fallos sobre tierras que había pronunciado el Comité de Estudios y Deslindes, organizado por las autoridades del Distrito Militar, no podían reconocerse, y que debía cesar la protección a los enemigos del gobierno, principalmente a Porfirio Díaz. Lozada convocó entonces a una asamblea popular en San Luis, ya reconstruído, de donde resultó el Plan Libertador de los pueblos de la Sierra de Alica (17 de enero de 1873), desconociendo a los poderes de la Unión. Es probable que en su texto haya tenido injerencia Porfirio Díaz, pues se reprodujeron algunos postulados del Plan de la Noria. Marchó Lozada sobre Guadalajara al mando del Ejército Mexicano Popular Restaurador, según designó a sus fuerzas armadas (6,000 hombres), atacó Tequila (25 de enero) y combatió contra Corona (2,240 hombres) en el rancho de la Mojonera, retirándose derrotado hacia Tepic. Perseguido por el general José Ceballos, con la Brigada Sinaloa, y conociéndose su escondite por testimonio de Rosales y un soldado anónimo, fu aprehendido el 15 de julio de 1873. Se le llevó a San Luis y luego a Tepic, donde fue condenado a muerte. Se le ejecutó en la Loma de los Metates el 19 de julio siguiente. Sus enemigos lo llamaron El Tigre de Alica por sus arbitrariedades, venganzas y crueldades; los indígenas lo tuvieron por caudillo y protector; los nayaritas lo consideran el autor de su independencia local, y no son pocos los autores que le atribuyen haber sido precursor del agrarismo.