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jueves, 23 de julio de 2026

Secretos y otras hierbas

 


Secretos y otras hierbas 

Ya está arriba, a veces sin permiso del operador, pues no lo pide; su edad indefinida lo mismo puede ser los 18 años, los 25 que los 30; un saco azul de ligera tela entre cazadora antigua y chamarra moderna le da paquete, la camisa blanca de cuello abotonado pero sin corbata, el cabello negro y liso, trigueña cenicienta la piel de la cara; los ojos vivos, el labio ágil, mediana la estatura. Una maleta de nailon, tipo viaje aéreo, lo acompaña, y un folleto bulle inquieto en su mano derecha. 

"Señores pasajeros: disculpen que les distraiga su amable atención, vengo ofreciendo a ustedes El maravilloso antiguo formulario azteca de yerbas medicinales, manual imprescindible de los secretos indígenas". 

Todos soltado de sopetón. En efecto, alcanza a verse y leerse la carátula blanca del folleto, donde en título rojo se anuncia: Antiguo Formulario Azteca de Yerbas Medicinales...

Después de la carátula viene el texto que naturalmente no se puede ver ni leer, pero el de la voz se encarga de acotar:

"Aquí en estas páginas encontrarán los enfermos crónicos el esperado remedio para sus enfermedades, que hasta ahora no han podido curar, porque es bien sabido de los señores pasajeros que nuestros antepasados aztecas encontraron en las hierbas el secreto milagroso de aliviar los padecimientos que tenían, y esto mucho antes de la era moderna en que aparecieron las medicinas de patente que se venden en farmacias y droguerías a precios que la gente pobre y enferma no puede comprar si no es haciendo grandes sacrificios".

Los señores pasajeros unos miran al elocuente orador con ojos maliciosos de a mí no me ves la cara de tarugo, ni creas que me la pegas; otros simplemente lo miran con frialdad; algunos reflexionan que ese hombre habla como un libro abierto, con la pura verdad, pues no hay como las yerbas medicinales; y a los que pudiéramos llamar activos pian pianito les van creciendo las orejas del interés y la complacencia:

-Irene, lo que yo andaba buscando: algo de las hierbas curativas.

-Pos ándale, cómprale uno.

Y como si el vendedor las adivinara:

"Por sólo cinco pesos el antiguo formulario de plantas medicinales que revela los secretos de nuestros antepasados para arrojar las piedras de los riñones, desbaratar los cálculos biliares, hacer que los niños arrojen las lombrices que tanto los debilitan, conocer las propiedades del limón para la debilidad sexual y el derrame de la bilis, y las yerbas extraordinarias que hacen que crezca el pelo para que ya no haya calvos. El guayacán para la tisis, el cuachalalate para las enfermedades de las señoras y todo por sólo cinco pesos".

Las señoras Irene y Clotilde abren sus portamonedas.

"Si ustedes, señores pasajeros, van a las calles de Guatemala entre Argentina y el Carmen, allí se los venderán por el doble o el triple; yo se los vengo ofreciendo en esta mínima cantidad para ayuda a los enfermos, para que sanen rápidamente".

Irene y Clotilde no esperan más.

-Oiga, a ver: denos uno.


Gato por liebre 


Otro, aunque puede ser el mismo -pues la oferta varía a ritmo de la producción y el consumo, o sencillamente por las reservas o "sobrantes" de puestos de periódicos, librerías y editoras-, es el vendedor que apenas pone pie en el estribo del camión y ya está voceando el estribillo automático.

"¡Variedadeess! ¡Varieeeedadsss!"

"La revista que vale cinco pesos llévela usted por un peso. Oferta de propagandaaa. Profusamente ilustrada a todo color, papel de lujooo. Recetas escogidas para la buena mesa. El último grito de la moda. La vida de Elizabeth Taylor y Richard Burton. Oferta por un pesooo. Llévela por un pesooo. Los dos últimos números por uno cincuentaa. Llévese dos por uno cincuentaa. Cada número con una novela completa de Corín Tellado. Una novela completaa!".

El pregonero muestra en lo alto la revista, despliega rápidamente sus páginas para que el pasaje se dé un quemón. El pregonero, lo que se dice un hacha, un lince, un lobo de la mercadotecnia, ha ido mezclando con estrategia digna de director de relaciones públicas los ingredientes de su recitado: páginas a todo color; recetarios de alta cocina; figurines de la última moda y patrón para confeccionarse precioso vestido en casa sin recurrir a la modista cara e informal; y el argumento irresistible: una novela completa de Corín Tellado. 

En cuanto la primera clienta se anima y desata la timidez haciéndole "pst, pst", otras dos seguirán en la demanda. Y ya no importará que los dos ejemplares por 1 peso 50 centavos sean del año del caldo, las recetas para servirse en el real comedor del Palacio de Buckingham, a precio de libras esterlinas, y los vestidos para lucirse en el concurso -vestido- de Miss Universo.

Cuadernos, revistas, folletos, libros.

Subió nuestro hombre, traje y hasta corbata, ambos acabándose de malos tratos y tristeza, desflejándose, desvaneciéndose; pero confiriendo al personaje aire de gravedad y competencia, como conviene a un vendedor de libros. 

"...y lo que cuesta en librería veinticinco pesos yo se los vengo ofreciendo aquí en la mínima cantidad de cinco pesos, como oferta de la Editorial Azteca. Especial para esta época de exámenes en que los estudiantes no tienen a quien recurrir para que los auxililen convenientemente. Cinco pesos solamente lo que en cualquier librería de 5 de Mayo y en la misma Editorial Azteca, que los ofrece ahora como oferta de propaganda, cuesta veinticinco pesos. ¿Quién quiere el suyo? Para ayudarse en los exámenes. Para que no pague veinticinco pesos"...

-Pst, pst -hace una muchacha-, venga señor.

El libro luce en la carátula gris a buenas letras azul rey, el título.

Segundo curso de matemáticas 

Álgebra-Tabla de logaritmos 

Luce encerrado en sobre de plástico que lo ciñe fuertemente; hay necesidad para hojearlo o de un cortapapel o de uñas afiladas; la señora mamá que acompaña a su hija hace uso de este último instrumento. El libro no tiene de matemáticas, álgebra y tabla de logaritmos sino las pastas, porque lo que éstas encierran es el álbum Las Maravillas del Mundo, editado por Pasteles y Bizcochos, S. A.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

jueves, 25 de junio de 2026

El indito de los guantes

 


El indito de los guantes 

¡Brrr! ¡Qué frío hace! Llegó el tiempo, o está llegando, de esconder el cuerpo, en casita o bajo los abrigos que lo defiendan. La hora de meter las manos en los bolsillos, alzarse las solapas del saco, hundir el cuello hasta las orejas, usar sombrero, protegerse los huesitos del "carcañal" y los tobillos que cómo duelen cuando hace frío. ¡Brrr!

Entonces nos viene que ni pintado el indito de los guantes. El mismo que aparece por las calles de la orgullosa Ciudad de México, tiende sus "ropas de abrigo" en las aceras y mientras llega el cliente, teje y teje su lana burda en incansable revolotear de manos y gruesas agujas. El inconmovible tejido, indiferente a la fría marejada de los transeúntes, más ardiendo por dentro la lumbre mansa de la paciente oferta. 

El indito que llegó temprano de los cien pueblecillos montaña atrás circundando el valle de México: el ayate al hombro, la mujer el hijo a la espalda: otro ayate de lana tierna, tibia, móvil. 

Llegó a la ciudad arisca, cruzó, aturdido, los rojos amarillos y verdes de los semáforos, se dejó arrastrar por el brusco aluvión del tránsito y "estableció" su tienda en el tropel de una esquina y del clima, o se puso a recorrer calles, la tienda al hombro, la familia al paso y por poco dinero teje y teje entre tanto convida guantes de lana cruda, medias y gorros con el adorno de relampagueantes tintes. Porque no se crea nadie que solo las grandes tiendas venden ropas de abrigo, ni nada más los alpinistas compran al indito de los guantes. 

Estos inditos que venden medias y andan descalzos; gorros de lana y usos y usan sombrero de petate, guantes y no los conocen. 

Ahora que por razones de la vieja costumbre y el alto encargo, hubo un indito que vistió guantes: don Benito Juárez; pero con qué dignidad de Gran señor de la patria; muy al contrario de otros indios que, cursis y rastacueros, usan guantes para no saludar la mano áspera y desnuda de los indios.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

lunes, 25 de mayo de 2026

Café con piquete

 

Café con piquete 


Si usted, abstemio lector -de todos modos estimable- nunca se ha echado entre pecho y espalda, a eso de las tres de la mañana y en esquina cualquiera, un café con piquete, no sabe, entonces, lo que es canela. 

Pregúnteselo a los parranderos largos, a los trasnochadores tercos; a quienes trabajan a la intemperie nocturna o a la madrugada húmeda: peones de vía y pavimentos, voceadores, ruleteros, policías.

-Buenas, don Cuco... ¿Qué dice la cruda suerte?... 

-Caray, Meche, usted ni la burla perdona. Echeme un cafecito; pero como que se le va la mano. 

Meche saca de abajo del cajón -opulenta mesa- la botella del refino. A decir verdad la saca apenitas, por aquello de las cochinas dudas. No sea que la autoridá... Pero la autoridad llega en persona gendarmeril:

-¡Mechecita.. a ver una canelita!... ¡Sí: con su piquetito!...

Meche llena los jarros de barro; les echa su piquete: azúcar al gusto; menea el líquido con una cuchara; lo entrega. Bajo el cajón mesa, bien tapada no vaya a darle un resfriado, está la botella del refino; encima los jarros y tazas; las cucharas; al lado el recipiente del agua para lavar los trastos. 

Aunque canten por allí gallos desvelados, es noche cerrada, si acaso el parpadear de los ojitos de Santa Lucía; la lejana luz del arbotante dando traspiés por la mojada acera; y el trasnochador, pobrecito -si lo supiera usted- arrimándose el calor del brasero, donde la olla panzona, o el bote tieso "nomás gorgoritea".

¡Ahhh! -muy aspirada- se siente que vuelve el alma al cuerpo. ¡Ufffff! éstos son sorbos de pura vida. 

¡Si usted, lector, supiera lo que es canela!...


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

jueves, 23 de abril de 2026

El abonero

 


El abonero 

Pasó a la historia el abonero árabe que recorría vecindades seguido de su tameme: mocetón mexicano que sudaba la gota gorda bajo el pesado fardo de prendas de vestir y colchas. Hoy, aquel mocetón -o su hijo- es el abonero, más sin tameme árabe, que tal fuera la justa reciprocidad de su soberana independencia. Va de puerta en puerta: los espejismos de su crédito prendidos a sendos ganchos que cuelgan de una ligera percha que él mismo carga sobre sus hombros; con la vara de espantar perros. En la barriada humilde es el ama de casa su clientela; en las colonias de medio y pelo entero son las criaditas. 

Antes era: "Baisanita, míralos los refajos, están rechulos. Te quedará como bintados. Lo pagas cuando tú quieras"...

Hoy es: "De veras: suéter te de Dios... Quédese con él. Lana pura y un pesito diario. Siete cada ocho días"... 

La criadita regatea: dice que todo su dinero lo manda al pueblo. Pero él replica que todo será ponérselo y dar el changazo los bailarines de Salón Anáhuac. Entonces ella decide quedarse con el suéter le dará Dios, y con un vestido fluorescente y unas pantaletas rosas. 

A los ocho días llega el abonero con su alto de tarjetas de cuentas por cobrar, apretadas con una liga; pero antes de ver la suya, ella tartamudea: "Pos no voy a poder darli hoy. Hasta dentro di'ocho días. Mi patrona no quiso adelantarme". Y él ataja: "No se apure, chula. Yo le doy la ropa y usted me da su amorcito consentido..." Como la criadita murmura que pos sí está bueno, el domingo entra al Salón Anáhuac con su abonero, su suéter le dé Dios, su vestido fluorescente y sus pantaletas rosas.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

miércoles, 7 de mayo de 2025

Animales en la lengua mexicana actual II

 


Nombres de animales II


Aquí algunas de las frases que se componen de nombres de animales:


Le hicieron de chivo los tamales 

tiene corazón de pollo 

es chiva 

ahí te viene el Oso Barías 

se le brincan las cabras


Se le van las cabras al monte 

le rechinga la marrana 

póngase víbora 

chivateó 

lo agarraron de su marranito 

El borrego 

según el sapo es la pedrada 

está caballón


No seas mula 

móchate con las guajolotas 

es grillo 

el gusano que se aloja en el anochecer del amor 

es tiburón 

la pura borregada 

es delfín


Es mariposa 

huele a chivo 

no te empiojes 

ese güey es mariposón 

hay que agarrar al toro por los cuernos


Muévete o te empiojas 

los ostiones que habían Torreón 

te hizo mosca 

iba hecho la cochinilla 

saca la mosca 

los ostiones que había en Tokio con crema de Osaka 

es conejo 

saca las tortugas 

es mapache


Se las da de muy gallito 

te pesan las tortugas 

salto de otro corral 

se engalló 

ya tienes pelícanos en el embarcadero 

Se aleonó


Gateo en la noche 

nomás no te pongas muy león, eh güey?

se sacó la rifa del tigre 

órale güey entuza el varo! 

es un mono muy cagado


Anda como gallina culeca 

está pollo 

le jala el pescuezo al ganso 

le ruge la pantera 

me canso ganso 

ni para enyerbar un perro sirve 

a la ver gatos, no hay ratones 

lo cuatrearon como coyote 

ese güey es muy cotorro 

no des brincos de chapulín 

al haber garrapatas 

le arrimó el camarón 

se cree muy pantera 

Trae el puro camarón 

si no leo me aburro 

nomás te andas paveando 

hueles a león



Quedó bien ardilla 

le corretean las lombrices 

hijo de perra 

no sé si le funciona la ardilla!

parece burro manadero 

se quedó como el perro de las dos tortas 

estaba como burro en primavera 

es puro pájaro nalgón 

nalgas de víbora 

me dicen el burro espacial: porque soy el burro que fue a Marte 

chichis de gallina 

corazón de pollo


El papá de los pollitos 

es gallina ponedora 

No más andas de grillo 

Le aventó los perros 

lo coyoteó 

ese güey nomás es piojo 

qué oso 

nomás no pela un chango a cachetadas 

La oveja negra 

vamos a bailar el oso 

No seas culebra 

darle de puñaladas al oso 

el pavo roso 

los zorrearon 

qué oso hiciste

Se azorrilló

tu amiga... la araña esa 

rata de dos patas 


hijo de loba 

está perro 

¿Qué pez?

se pone flamenco


Le dio pajarilla 

Cenó chango en adobo 

la vaca es muy tetona 

la perica 

te relleno el pavo roso 

le chilla la ardilla 

la guajolota 


le tiró los canes 

andas en la grilla 

viejo zorro 

se engoriló 

es un chango culero 


El coyote cojo 

La res tirada 

ave de mal ágüero 

le ruge la pantera


El pato ano 

tirar la nutria al río 

le hicieron de chivo los tamales 

No le busques tres pies al gato 

el pato ancho 

mejor pájaro en mano que ciento volando... me agarras cansado 

el pato Culiacán 


échate una manita de gato 

tú qué sabes de puercas a medias 

a otro perro con ese hueso 

al pato chimuelo 

tú qué sabes del amor si nunca te ha besado un burro 

el pato mil arrugas 

al tiro que ese güey es conejo



Ves burro y se te ofrece viaje 

lo agarraron como al tigre de Santa Julia 

el pato apestoso 

te huele el osito Bimbo 

ahí te lo laballenas que luego te apescaditos 

Qué bonitos ojitos pajaritos!

el pato madre 

camarón que se duerme... amanece en ceviche 

el pato anodino 

nos vemos al ratón 

ese güey es la mera rata 

el pato Aniceto 

toma chango tu banana 

terco como mula 

según el sapo es la pedrada


El pato Anacleto 

se te ve el pajarito 

ponte trucha 

el pato culei 

vas como el cangrejo 

se hizo ojo de hormiga 

el pato chupatruzas 

al ratón nos vemos 

el pato llamamoscas 

hay que hacer la vaca 


gato madre 

de noche todos los gatos son pardos 

me aburrí 

se engoriló


Tu di rana y yo salto 

le dicen el pájaro quema Marías 

No seas borrego 

es una vieja lagartona 

es el pájaro mea garras 

es el caimán 


me duele el puerquecito 

préstame tu perro Rito ó

pásame a tu perro Rón


No seas cabrón 

mío dijo el gato 

se le va la cochina al monte 

chivo brincado chivo pagado 

ya se me cansó el caballo




(Tomado de: Amman, Guya (Autor), Luter Meza Bernal (investigación) y Bernardo Martínez Torres (ilustraciones) - Enciclopedia de los legoritmos mexicanos. Tercera Edición, S. A. de C. V. México, 2020).

miércoles, 9 de abril de 2025

Animales en la lengua mexicana actual I

 


Animales en la lengua mexicana (I)


Lo mismo que con casi todas las voces mexicanas los animales de los que se habla en el diario vivir, casi nunca son animales, casi siempre son otra cosa, pónganse truchas no se los vayan a coyotear o los vayan a agarrar de sus puerquitos.


Trucha: estado de alerta: ¡Póngase bien trucha!!!

Nutria: excremento.

Perro: ferocidad, herramienta, fealdad. 

Zorra: tonto, promiscuidad.

Zorro: viejo colmilludo, acto de buscar algo intensamente. 

Zorrillo: hombrecillo desaseado.

Ratón: hombre cobarde y pequeño. 

Venado: meneado activo. 

Dragón: pobre higiene bucal. 

Caracol: insulto, lento baboso y carga con una casa que no es suya...

Caballo: tu cuerpo, toalla femenina, auto. 

Gaviota: ladrón oportunista. 

Rata: ladrón. 

Gato: empleado, herramienta. 

Pájaro: pene, espía, ojos... ojitos pajaritos. 

Camello: trabajo. 

Burro: transportador, lerdo, tonto, defensa de auto, taco. 

Güey: pareja 

Buey: pendejo. 

Wey: cuate milenial. 

Vaca: conjunto de ahorro. 

Borrego: seguidor, cabello rizado. 

Mosca: mal tercio, dinero, símbolo de distracción, símbolo de adversidades y prevención. 

Cocodrilo: adicto, auto. 

Víbora: chismoso, criticón. 

Coyote: siesta, defraudador, astuto, mañosos. 

Chivo: mal olor símbolo de infidelidad o engaño, despensa familiar. 

Cuino: persona gorda. 

Piraña: persona cruel. 

Pantera: muy capaz, falta de higiene bucal, amenazante. 

Ardilla: falta de aseo corporal, rapidez mental. 

Oso: ridículo, pelea, vagina. 

León: líder, poseedor de grandes huevos, símbolo de arrogancia. 

Tigre, arrogancia, peligrosidad. 

Perico: enervante, persona que habla mucho. 

Iguana: igual. 

Rana: amiga de la iguana. 

Cotorro: gracioso, platicador, ameno. 

Cotorra: mujer de cierta edad, desagradable y hablantina. 

Cacatúa: derivación de cotorra, pero con más cierta edad. 

Cucaracha: personas deleznable, rastrera y de múltiples faltas. 

Mula: persona hosca y déspota, con muy mala cara y mala actitud, transportador. 

Grillo: político, persona que habla mucho. 

Tiburón: negociador temible. 

Delfín: mensajero, antiguo transporte colectivo de los 80's. 

Ballena: antiguo transporte de los 80's. 

Mariposa: persona mariposona. 

Piojo: hombrecillo mezquino. 

Libélula, mariposón. 

Conejo: ladrón, vagina. 

Mapache: político. 

Gallina ponedora: mujer liberal...

Pollo: débil, inmaduro, ingenuo, frágil, suave. 

Ganso: pene. 

Chapulín: traidor, irrespetuoso de las normas. 

Oveja: con su pareja. 

Loba: chava chida. 

Perra: chava no tan chida, asunto difícil. 

Culebra: culero. 

Chinicuil: persona menuda y servil. 

Coyol: persona pequeña y curiosa. 

Buitre: oportunista, despiadado. 

Gorila: hombre grande, tosco, guardaespaldas. 

Guajolote: alimento reiterativo y confuso, hablar sin estilo. 

Paloma: vagina, mujer. 

Gallo: serenata, llanta usada, actitud bravía, escupitajo, tono vocal fallido. 

Gallito: intento de valentía, llanta muy gastada. 

Gallina: accesorio para cargar tambos, cobarde. 

Aguilita: posición fecal preventiva. 

Guila: presenta no? 

Gatazo: apariencia de pulcritud 

Alacrán: persona con otros gustos. 

Tuza: tesoro escondido, escondite. 

Sapo: magnitud pecunaria conjunto de billetes. 

Grifo: que se engripa. 

Chango: cualquier otra persona, persona vulgar. 

Mono: chango, despectivo. 

Pulpo: novio fogoso. 

Cabra: magnitud psicológica que se nos salta a cada ratito. 

Viborón: pene. 

Flamenco: exquisito. 

Cochinilla: rapidez y eficiencia. 

Hormiga: acto de desaparecer. 

Camarón: de acuerdo. 

Tortuga: alimentos chidos, lentitud. 

Toro: asunto desafiante, hay que agarrar el toro por los cuernos…

Bestia: petición de observancia: ¿Qué no ves...tia? 

Pinacate: posición sexual, ponte listo. 

Pajarilla: vagina. 

Marranito: pan. 

Puerquito: bullying a la antigüita, que te agarren de su puerquito de barco o de bajada. 

Tordo: medidas femeninas. 

Ostra: escondida, otra cosa, desaparición. 

Cochinito: cuenta de ahorros, puerquito, de barco o de bajada. 

Chacál: persona despiadada, criminal, oportunista. 

Pelícanos, derivación de pelos. 

Camarón: dinero, pene. 

Langosta: mucho cuidado cuando escuche esto, no sea que le den chorizo por langosta, tenga cuidado. 

Burro: no seas burro. 

Pato: sinónimo de holgazanería, sinónimo de baja calidad. 

Palomilla: grupo de amigos. 

Luciérnaga: la luz, el dinero. 

Víbora: vivo, póngase vivo. 

Pantera: pobre higiene bucal, cuando alguien hace presunción de sus capacidades. 

Pez: asunto: (¿Qué pez?).

Codorniz: pene. 

Lombriz: alguien que se mueve mucho. 

Araña: mujer poco agraciada y de malos sentimientos, cualquier objeto en mal estado. 

Pavo: símbolo de lentitud y pereza. 

Mula: persona con malos modales y mala cara. 

Ostiones: semen, potenciador sexual.



(Tomado de: Amman, Guya (Autor), Luter Meza Bernal (investigación) y Bernardo Martínez Torres (ilustraciones) - Enciclopedia de los legoritmos mexicanos. Tercera Edición, S. A. de C. V. México, 2020).

viernes, 26 de abril de 2024

El de los algodones

 

El de los algodones

Las nubes nos sacan la lengua, escupen y luego se ríen de nosotros en los charcos del aguacero. Pero como los niños ni los grandes saben de poesía estridentista, las nubes, para ellos, son las que venden los algodoneros de los algodones de azúcar. Unas nubes de color rosa, asidas a estirados palitos, como antes, en los mastodónticos hangares, prendidos a largos mástiles hinchaban su suficiencia los zepelines alemanes. Hasta que los reventó el tiempo.

La civilización o lo que presume de serlo, aventó al algodonero como a otros vendedores ambulantes de los primeros cuadros de la ciudad, para no ofender al tránsito y al qué dirán de nosotros las naciones extranjeras; pero el algodonero, como los otros, ha ido a refugiar la feérica y ferial belleza de su colorido, que nadie podrá quitarnos, en los rumbos que frecuentan las gentes sin mancha, como los niños y los grandes que se parecen a los niños. Y aquí está el algodonero con sus copos sedosos, pizcando su cosecha dulce, para almohadas deleitosas; inflando sus globos de Cantolla que se quedaron lamiendo l'olla. Y los niños deshilando, desbaratando, reventando nubes a dentelladas felices. Creciéndose y rasurándose barbas color del alba o atardecer de octubre.

Aquí están el algodonero y su aparato elemental: un gran cazo que gira al calor de mínimo horno de petróleo, con su varita mágica naciendo alrededor del cono que centra interiormente este caso los aéreos y ¡ay! pasajeros azúcares.

El algodonero que amontona las nubes, como Zeus.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

lunes, 28 de agosto de 2023

El cartero

 


El cartero

Su silbato es el de la alegría, aunque a veces sin que él tenga la culpa, pueda ser del sobresalto y la tristeza. Nada, ni la noticia de recibir herencia, es tan esperada como él, porque esta noticia habría de llegar por su conducto.

Es la incertidumbre: "¡El cartero!" -Es la ilusión diferida: "¿No tengo carta hoy?..."

¿Qué hace usted? -preguntaron a cierto imberbe literato, y éste contestó: Por aquí, dando vueltas. ¡Como un tío vivo! -concluyeron los preguntones.

El cartero es un tío bueno que gana el pan de sus hijos dando vueltas, repartiendo de su gran valija de cuero, verdadera lámpara encantada, genios buenos y alguno que otro de mal humor. Si usted, lector, o yo, fuésemos de veras Aladino, estoy seguro de que le concederíamos tres deseos para el regalo de sus pies: las botas de siete leguas, la alfombra mágica y una bicicleta de carreras.

Yo conozco muchachas que lo atisban tras los visillos de las ventanas, como a un novio. A padres que lo esperan como al beso de sus hijos. A hombres llenos de soledad que lo aguardan como al amigo de las confidencias. La simpatía de su informal uniforme y gorra azul, quemados de sol y de cansancio, es unánime, y él lo sabe, pero sólo el Día del Cartero y por Navidad se atreve a ponerla a prueba. Es pobre, pero honrado. Sin embargo, les voy a contar un cuento que sucedió hace muchos años en la tierra de Fue y ya no Volverá.

Este era un cartero que tenía 10 hijos. Un día no tuvo para darles de comer, y extrajo de una carta un giro de $10.00. Entonces el Gran Visir, que era inflexible, lo condenó a 10 años de prisión.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

jueves, 17 de agosto de 2023

El merolico

 


El Merolico

"¡Esta pluma importada de Alemania por la firma de Balk, cuesta en los aparadores la cantidad de 75 pesos. Aquí conmigo, representante directo, esta pluma legítima alemana punto garantizado, oro de 14 kilates, acompañada de un fino lapicero y elegante estuche de terciopelo, no le cuesta a usted cien pesos, ni 75 de 50 ni 30. Le cuesta a usted, caballero, en oferta especial de propaganda, la insignificante cantidad de siete cincuenta. ¡Siete pesos con cincuenta centavos!..."

Un palero compra una pluma; otro también. Adquisiciones bastantes para que indecisos pero picados fuereños y crédulos capitalinos se resuelvan a efectuar tan tentadora operación.

Este, vende plumas; aquél, que tiene una serpiente enroscada al brazo, medicinas curalotodo; el otro, elíxires para extraer muelas sin dolor; ese, adivina el porvenir; el de más allá, vende carteras de piel de Rusia a tres pesos.

Su utilería: una pequeña mesa de tijera, un paño tendido en el suelo; el curalotodo tiene una tribuna con quitasol, y silla para el "paciente". Los paleros se dejan extraer muelas, poner cataplasmas, hacen de clowns y sostienen diálogos picarescos que hacen morirse de risa. Su escenografía es la plaza pública, el mercado, la calle.

Yo he engrosado muchas veces el auditorio del merolico, y he quedado bobo ante su extraña habilidad, su psicología al centavo, su desplante, su irresistible elocuencia, su marrullería graciosa. Esto último me convence de que el merolico no es un político disfrazado.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

jueves, 18 de mayo de 2023

Tacos de carnitas

 

Tacos de carnitas

¡Fuchi!, exclaman aquellos como el del cuento -que puro pollo y vino blanco y traía los hollejos de los frijoles entre los dientes- cuando ven las fritangas de carnitas de cerdo; esas que olerlas atrofian cuatro sentidos en favor de uno solo: el gusto; porque así como el de los hollejos desfallecía por comer pollo, estos del ¡fuchi! qué darían por, a pesar de la pretensión, sanos hijos de vecino, llegar hasta el umbral de "El Tentempié", frente a la vitrina cuadrada que medio encierra, sobre una plancha que alimenta lumbre oculta, las odoríferas carnitas "gordas y coloradas" a las que la luz de un foquito relumbra el espejismo voluptuoso, la grasa abundante.

Que en tal lugar, tras la vitrina, está esa segunda versión del vendedor de tacos al que la buena gente aldeana llama "carnitero" cortando a la frita calculados trozos que luego coloca en la tablita o segmento de tronco, para tasajearlos con donaire y primor dignos de clientela de tan privilegiado gusto, como que nomás es verlo trabajar y ya está haciéndose lenguas.

Formadas las tortillas calientitas, chiquitas, van recibiendo de mano del orfebre ésta su porción de "gordito", la otra de "maciza", aquella de "nana", y la de más allá hígado, sin faltar la costura del palillo para evitar reventones prematuros.

"¿Le pongo salsa?", -Y usted, o yo, en Soto, Santa María la Redonda, el Carmen, aquí en Bucareli, de los muy afamados en el cubo del zaguán, muy sentados en la escalera, contando los peldaños de nuestra más lisonjera beatitud.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)


jueves, 6 de abril de 2023

Acá las tortas

 

Acá las tortas

Rótulo o letrero en la pared, en San Cosme, en Palma, en Santa María la Redonda, o Justo Sierra con Correo Mayor, el reclamo, Acá las tortas quiso indicar eso: que allí las tortas, vamos: que ese expendio presumía de vender las insuperables. Hay acá las poderosas en amor, en trabajo, en pelea.

Tortero y tortera hay en México para competir en el más rumboso concurso internacional, pues 500 o mil tortas al día es récord olímpico. Aquí y en Melbourne. Mover manos prodigiosamente, en un santiamén, en menos que canta un gallo; de rebanar teleras, quitarles el migajón, untarles tapas de crema o mostaza, ponerles la vianda indicada entre veinte que se exhiben en otras tantas cazuelas de peltre; freírlas o calentarlas si se requiere; aderezarles chipotle, chilitos verdes, lechuga, cebolla, aguacate; atender veinte manos que se alargan, es ser campeonísimo

"¡Quiero una de pulpo! ¡Tres para llevar! Usted, de qué me dijo?..."

Y él, o ella, rebanando, juntando, rellenando, tapando, envolviendo, haciendo cuentas. Y frente a ellos cien bocas, cada boca con 32 dientes que no se aguantan y una lengua pidiendo tortas a Dios dar; de acuerdo con el hambre, el antojo y el bolsillo.

Al fin de la jornada el tortero queda hecho tortilla, pues aunque en una torta se haya ido el picante del requiebro y en otra la mostaza de una cita, no todo para él son tortas y pan pintado…


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

jueves, 23 de febrero de 2023

La tamalera

 



La tamalera

"¡Verdes y colorados los tamales! ¡De dulce y de manteca! ¡Lleve los tamales! ¿Cuántos le servimos, marchantita?..."

Está envuelta en su rebozo, manto de sus mayores; sobre el fuego lento del anafre, el bote de los tamales. Destapa el bote, quita el lienzo que cubre su calor propicio; a pellizcos rápidos, porque el vapor quema, va sacándolos y poniéndolos en el plato de peltre. Una nube de incienso oloroso cosquillea el olfato del apetito.

Verde, blanco y colorado, la bandera del soldado. Estos tamales mexicanos hasta las cachas, envueltos en hojas de maíz como la superficie de la patria suave. El goce supremo de los tamales es comérselos a mordida ansiosa y trago de atole; este atole que hierve y chorrea en la olla de barro, panzona; champurrado o de cáscara, blanco, de fresa…

"¡Ay, marchantita! ¡Si no están caros! ¡Si nos han subido todo: la masa, la manteca, el azúcar, la hoja, la carne ni se diga! Por eso le pongo poquita! ¡Yo qué más quisiera!..."

El mercado por la mañana; las puertas del cine y las esquinas por las noches son altar de su oficio. Y este pueblo nuestro que hace mesa de la calle y al cochinito del ahorro prefiere la barriga llena para el corazón contento.

"¡Los tamales! ¡De chile y de dulce los tamales!"

Aquí está la tamalera, mientras la noche crece. Corte de caja y balance es el montón de hojas de maíz junto al asiento de ocote. Mientras el frío crece, envuelta en su rebozo, su rescoldo y su vapor, aquí está la tamalera: mal y vendiendo.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

miércoles, 15 de mayo de 2019

Miguel Covarrubias


Nació y murió en la ciudad de México (1904-957). Abandonó sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria para dedicarse al dibujo de caricaturas. Recorría los teatros y cafés nocturnos tomando apuntes que luego desarrollaba y publicaba en revistas y periódicos. Su amigo el ceriescultor Ernesto Hidalgo le llamaba Chamaco Covarrubias. Partió a Nueva York en 1923, sus dibujos tuvieron éxito y se convirtió en el caricaturista oficial de la revista Vanity Fair, en la cual colaboró hasta 1936. También trabajó para Fortune, la Enciclopedia Británica lo incluyó en su lista de “maravillas del lápiz”. Becado por la Institución Guggenheim, viajó a Java, Bali, India, Vietnam, África y Europa. En 1940 pintó dos grandes murales con el mapa económico de América destinados a la Feria Internacional de San Francisco, los cuales fueron reproducidos en rotograbado a colores.


(Miguel Covarrubias: Mujer de Bali)


Del mismo tipo, pero relativos a México, son los dos tableros que se exhiben en el Hotel del Prado de la capital de la República (1947) y el gran mural del Museo de Artes e Industrias Populares (1951). Enseñó etnografía en la Escuela Nacional de Antropología y fue director de la Escuela de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes. Es autor de: The Prince of Wales and Other Famous Americans (Nueva York, 1935), The Bali Island (Nueva York, 1937), Mexico South (Nueva York, 1946), The Eagle and The Serpent (1954), e Indian Art of Mexico and Central America (Nueva York, 1957), libros de caricaturas y dibujos los primeros, y de arte y etnografía los otros. Ilustró, además, numerosas obras ajenas. Dejó a su muerte una rica colección arqueológica.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. de C. V. D. F., 1977 tomo III, Colima - Familia)

sábado, 16 de febrero de 2019

El mexicano, manual de usos y costumbres





El mexicano de Abel Quezada: manual de usos y costumbres


Ficción voluntariosa y anhelante, relato especular, la indagación sobre "el mexicano" requiere que todo un pueblo se convierta en persona, derive en carácter y al fin ascienda al cielo de los arquetipos. Desde esa altura metafísica tendrá que responder a nuestras acuciantes y repetitivas preguntas: ¿Qué somos? ¿Qué deuda acumulada nos inquieta? ¿Qué destino se manifiesta en nuestras abulias, desgracias, cantares, salsas picantes y bravatas de cantina?

En tonos que van de la comprensión condescendiente al regaño desesperado, no pocos de los intelectuales mexicanos del siglo XX han solicitado la comparecencia de un ente que es el albacea de nuestra diferencia idiosincrásica, en buena medida proyección de nuestra complicada estancia en los limbos e infiernos de la historia. Estos médicos de almas colectivas han concluido que "el mexicano" es el nombre común de un hondo desasosiego que requiere, para empezar, de muchas explicaciones, largas terapias y, sobretodo, de instructivos para su manejo. El diagnóstico conjunto señala que nuestro máximo representante es una criatura empachada de pasado, asolada por sus espectros y sitiada en su incurable soledad.



Samuel Ramos, el autor del primer clásico de estas pesquisas introspectivas, El perfil del hombre y la cultura en México (1934), extrapola un concepto de la teoría sicológica de Alfred Adler y lo coloca en el sufrido corazón del comportamiento mexicano: "Al nacer México, se encontró en el mundo civilizado en la misma relación del niño frente a sus mayores. Se presentaba en la historia cuando ya imperaba una civilización madura, que solo a medias puede comprender un espíritu infantil. De esta situación desventajosa nace el sentimiento de inferioridad que se agravó con la conquista, el mestizaje, y hasta por la magnitud desproporcionada de la naturaleza." A esta falla de origen, según Ramos, "el mexicano" le debe su gusto imitador de las modas extranjeras y su ánimo autodenigratorio, así como su recurrencia al camuflaje para ocultar sus debilidades, su engañosa percepción de la realidad y su "inmutabilidad egipcia".

Emilio Uranga, en su Ensayo de una ontología del mexicano (Cuadernos Americanos num. 2, marzo-abril de 1949), sustituye la inferioridad por la "insuficiencia" y califica a "el mexicano" de sentimental, un carácter determinado por "el juego de la emotividad, la inactividad y la rumiación interior infatigable". Nuestro compatriota es un ser ensimismado cuya frágil interioridad se esconde de las asechanzas e incitaciones del mundo exterior a través del fingimiento, el doblez y el disimulo. Su imaginación está enferma de melancolía; su ánimo desganado está siempre a la espera de ser salvado por los otros.



Jorge Portilla, en su Fenomenología del relajo (ensayo establecido en su versión definitiva en 1966, de manera póstuma), revela a "el mexicano" a través de una de las más socorridas expresiones de su conducta pública, el ruidoso comportamiento que a base de gestos, actitudes y palabras provocadoras, de reiteradas invocaciones al desorden, pone en suspenso a la seriedad y desvaloriza sus contenidos. Concluye el filósofo que aquel hombre de indudable simpatía, alma de todas las fiestas, no se define por el humor o la ironía, "modalidades de la libertad subjetiva [ que] aclaran los caminos de la acción", sino por el insustancial chisporroteo del relajo: el sabotaje, la abdicación, la seudo-libertad mediante las que consigue no elegir nada y escurrir de sus compromisos.

El laberinto de la soledad (1959) de Octavio Paz, el ensayo tótem sobre nuestra identidad nacional, reconfirma a "el mexicano" como un ser distante y hermético, un prófugo de sí y de los otros, que se evade tras la hueca muralla de los formalismos y las formas. El poeta descubre  que el rostro y la sonrisa, el silencio o la palabra, el trato cortés y reservado con los que "el mexicano" se presenta en sociedad y enfrenta la mirada ajena, son en realidad las máscaras de "un cuerpo y un alma a la intemperie", el disfraz de un "desollado" que quiere pasar desapercibido porque se sabe Ninguno, hijo de Don Nadie y de la Malinche, producto de la cópula violenta entre el Gran Chingón y la Chingada. Por debajo de las malas palabras y las dulces devociones sigue manando la hiel de la conquista, la orfandad que busca consuelo en Guadalupe-Tonantzin. La fiesta mexicana es el ritual estallido, la momentánea liberación, el alarido y la desgarradura de un pueblo en el fondo triste, tan indiferente a la vida como fascinado por la muerte. "La historia de México -resume Paz- es la del hombre que busca su filiación, su origen. Sucesivamente afrancesado, hispanista, indigenista, 'pocho', cruza su historia como un cometa de jade que de vez en cuando relampaguea. En su excéntrica tarea ¿qué persigue? Va tras su catástrofe: quiere volver a ser sol, volver al centro de vida de donde un día -¿en la conquista ola independencia?-fue desprendido. Nuestra soledad tiene las mismas raíces que el sentimiento religioso. Es una orfandad, una oscura conciencia de que hemos sido arrancados del todo y una ardiente búsqueda: una fuga y un regreso, tentativa por restablecer los lazos que nos unían a la creación".



Una década más tarde, de regreso a esos conflictivos orígenes donde dos mundos se encontraron de manera por demás dramática, Santiago Ramírez conduce a "el mexicano" hacia el diván sicoanalítico e indaga sobre la formación de una personalidad calificada de insegura, fatalista, "chipilona", mimética e "importamadrista", según el término acuñado por Jorge Carrión. En El mexicano. Psicología de sus motivaciones (1959) Ramírez perfila un eterno adolescente afectado por "un conflicto oagudo de identificaciones múltiples" que ha crecido con la imagen de un padre ausente y una madre desvalorizada. Este trauma de la infancia histórica explicaría nuestra debilidad por los caudillos y los héroes, nuestra ambivalente relación con la autoridad, el poder y Estados Unidos, nuestro alcoholismo y guadalupanismo –según esto, expresiones, sicopática y sublimada, del anhelo de madre- y nuestra afición por las canciones con falsete. "El mexicano" sería, entonces, la prolongada y doliente queja que va del "¿Somos acaso algo?" del libro de los Coloquios de Tlatelolco a "La vida no vale nada" del guanajuatense José Alfredo Jiménez.

(Tomado de: Alfonso Morales (prólogo) - Abel Quesada: El Mexicano. Los mejores cartones. Colección Espejo de México. Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V.; México, D.F., 1999)