Nadie sabe con exactitud cuándo desembarcó el fútbol en México y tampoco en qué momento pasaron los primeros balones de cuero por la aduana de Veracruz Lo cierto es que el viejo deporte inglés se arraigó en tierras nacionales durante la última década del siglo XIX.
En aquellos años se respiraba en México cierto clima de optimismo producto de la paz construida por el general Porfirio Díaz y de la creencia de que por fin el país parecía tomar la ruta de un progreso cuyo emblema eran las modernas locomotoras. Empeñado en lograr la prosperidad económica, el régimen porfiriano abrió las fronteras y atrajo de todo el mundo hombres ansiosos por hacer fortuna, quienes además de su ambición venían cargados de todas las novedades de la época.
Una de las prácticas que más llamaron la atención, difundida en especial por británicos y estadounidenses, fue el deporte. Para entonces, en muchos países, los deportes formaban parte de la educación impartida en los colegios e incluso en algunos se habían convertido en espectáculos públicos, como el association foot-ball en Inglaterra.
Los mexicanos de la clase alta, ávidos por imitar aquello que pudiera ser catalogado como moderno, no tardaron en adoptar el sport como parte de su vida diaria, pues lo consideraron una de las "señales de progreso" que distinguían a las más civilizadas capitales del mundo.
La mejor manera de hacer sport, tanto para los extranjeros como para los nacionales, era afiliarse a alguno de los clubes atléticos que en esa época comenzaron a fundarse. Los ingleses residentes en la capital mexicana inauguraron en marzo de 1894 el Reforma Athletic Club, donde inicialmente sólo se practicaban lawn tennis y cricket. Por su parte, los estadounidenses crearon en Churubusco el Country Club, punto de reunión de los aficionados al golf, y el Reforma Country Club, donde había espacio para el béisbol.
Otros sitios similares eran el Mexican National Athletic Club y el Olympic Athletic Club, que promovía su skating hall de la calle de San Juan de Letrán. Mientras, un norteamericano de apellido Roberts difundía el gusto por la bicicleta en la Bicycle Riding School, que se ubicaba en el Paseo de la Reforma.
Este furor alentó la aparición, en septiembre de 1896, de The Mexican Sportsman, quizá la primera revista especializada en deportes editada en México. En su edición bilingüe, afirmaba que el país vivía en plena efervescencia deportiva y consideraba el béisbol, el tenis, el ciclismo y el patinaje como los más populares.
Al hablar del fútbol señalaba que no era el "estilo rugby" sino el "estilo asociación" el que podría ser adoptado más fácilmente en México. Al referirse a su práctica en la capital, decía: "Aunque nunca ha alcanzado buen éxito aquí, hay, sin embargo, un buen número de amigos de ese sport en la ciudad. De tiempo en tiempo los muchachos de los colegios ingleses hacen esfuerzos por organizar un partido, pero tales esfuerzos no han dado fruto, principalmente porque no ha habido competencia que levante entusiasmo.”
Meses más tarde, la revista calculaba que había en la ciudad entre 30 o 40 jugadores y que algunos de ellos lo practicaban con buen nivel antes de venir a México. Esos datos la animaron a lanzar la convocatoria para formar el primer club capitalino, lo cual sólo sería posible años después.
(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

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