domingo, 18 de marzo de 2018

Concepción Béistegui

Concepción Béistegui




Nació en Guanajuato, Gto., en 1820; murió en la Ciudad de México en 1870. Dispuso en su testamento que, una vez cubiertos los legados que dejaba, se destinase el remanente de sus bienes a socorrer a los pobres, del modo que sus albaceas determinasen. Luciana Béistegui, Juan Rodríguez de San Miguel, Mariano Yáñez y Francisco Azurmendi, en cumplimiento de aquel encargo, decidieron fundar un hospital en el local que perteneció al antiguo convento de Regina, en la capital de la república. La institución se abrió al público, con el nombre de Hospital Concepción Béistegui, el 22 de marzo de 1886. Desde entonces ha recibido cuantiosos donativos.

(Tomado de: Enciclopedia de México)

sábado, 17 de marzo de 2018

Pedro Almíndez Chirinos


Pedro Almíndez Chirinos



Llegó a la Nueva España en 1522. Acompañó a Cortés en su expedición a las Hibueras y en 1529 se unió a Nuño de Guzmán en la conquista de la Nueva Galicia. A su paso por el reino tarasco cometió muchas tropelías y al incursionar por el territorio de lo que hoy es el estado de Durango, creyó haber descubierto una gran montaña de plata en lo que resultó  ser el mineral de hierro, que más tarde se llamó Cerro de Mercado, por haberlo explorado,  en 1552, Ginés Vázquez del Mercado. Almíndez ocupó los cargos de factor y de veedor de fundiciones, pero por manejos irregulares fue enviado preso a España.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Tomo 1)

Diego Muñoz Camargo





Floreció en la segunda mitad del siglo XVI Diego Muñoz Camargo, tlaxcalteca, hijo de español, y de noble india, que fue educado en la fe católica, y que instruido desde sus primeros años en la lengua castellana, escribió en ella su Historia de la República y de la ciudad de Tlaxcala, a la que debió su reputación literaria, a pesar de que no llegó a darse a la estampa.

En esa Historia, citada frecuentemente por Prescott y por otros muchos autores de fama bien adquirida, se contienen importantes y curiosas noticias acerca de las diversas razas que ocuparon sucesivamente la mesa central de México.

Nacido y criado el autor entre los indios, cuando aún quedaban vestigios del paganismo, se encontró en aptitud de conocer la condición de los antiguos pobladores para dar en su obra, como lo hizo, las más curiosas noticias sobre lo que eran las instituciones civiles y religiosas de aquellos pueblos, al verificarse la conquista. En aquella se descubre cómo el patriotismo de Muñoz Camargo se inflamaba al hablar de la antigua enemistad entre sus compatriotas y los aztecas, enemistad cuyo odio sobrevivió entre los dos pueblos rivales, aun después de sujetos al mismo yugo.

La Historia de Tlaxcala se conservó inédita por mucho tiempo, guardándose su manuscrito en el convento de San Felipe Neri de México, donde Torquemada la consultó varias veces. Había permanecido oculta para los demás historiadores, cuando Muñoz la incluyó en su magnífica colección, y la depositó en los archivos de la Real Academia de la Historia de Madrid. Lleva el título de Pedazo de historia verdadera.

El escritor inglés Prescott la copió para utilizarla en su obra, y de ella dice lo siguiente:

La obra de Camargo abraza también una narración de la conquista y de los primeros fundamentos del régimen colonial. Siendo indio (Camargo), debería uno pensar que su crónica adolecía de todas las preocupaciones, o a lo menos de toda la parcialidad propia de un indio; pero no es así, pues convertido al cristianismo, muestra tan vivas simpatías hacia los conquistadores como hacia sus compatriotas. El deseo de ensalzar las hazañas de estos últimos y de hacer la debida justicia a las proezas de los blancos, ocasiona a veces los más raros contrastes, y hace que la obra sea muy inconsecuente. En cuanto a la ejecución literaria, tiene poco mérito; demasiado grande, sin embargo, si se atiende a la imperfección con que un indio debe haber poseído la lengua castellana, en cuyos rudimentos le instruyeron los misioneros. Con todo, en punto a estilo, bien pudiera competir con el de los misioneros mismos”.

Quien ha merecido como Muñoz Camargo tan honrosa mención de un historiador como Prescott, no debe dejar de aparecer en esta serie de biografías, por más que sean escasas las noticias que acerca de su vida puedan darse.

Recordarlo es pagar un tributo al hombre a quien se debe, como acabamos de ver, uno de los monumentos más estimables de la historia patria.



viernes, 16 de marzo de 2018

Fray Antonio Alcalde



Fray Antonio Alcalde



Nació en la Villa de Cigales, provincia de Castilla la Vieja, España, en 1701; murió en Guadalajara, Jalisco, en 1792. A los 17 años de edad tomó el hábito dominicano en el convento de San Pablo. Después de profesar, fue preceptor de estudiantes y lector de artes y de teología en varios conventos durante 26 años ininterrumpidos. En 1751 se graduó de maestro en filosofía y ocupó sucesivamente los prioratos de los monasterios de Zamora y de Jesús María de Valverde. Llevaba en éste 9 años cuando en 1760, andando de cacería, entró ocasionalmente a descansar al convento Carlos III, quien se sorprendió gratamente al ver que en la celda de Alcalde había tan sólo una tarima, un cilicio, una mesa, unos libros, una silla, un crucifijo y una calavera. Al siguiente año, cuando el monarca tuvo que proponer sucesor para el segundo obispo de Yucatán, fray Ignacio Padilla y Estrada, muerto el 20 de julio de 1760, exclamó: “Nómbrese al fraile de la calavera”. Alcalde, que había rehusado varias mitras, aceptó ésta. Las bulas se expidieron el 29 de enero de 1792 y en virtud de ellas fue consagrado en Cartagena el 8 de mayo de 1763, partiendo luego hacia América para tomar posesión de la diócesis el 1° de agosto.

A pesar de su edad -62 años- aprendió el maya para comunicarse mejor con los indios, amplió el Hospital de San Juan de Dios en Mérida, reformó los estatutos del seminario, mejoró varias iglesias y en 1769-1770, con motivo del hambre que provocaron las plagas de langosta, que destruyeron por completo la mies, mandó abrir los graneros y socorrió cuanto pudo a los pobres. el 20 de mayo de 1771 dispuso el Rey que fray Antonio pasara a ocupar la silla episcopal de Nueva Galicia. Esta diócesis comprendía los actuales estados de Jalisco, Colima, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí, Nuevo León, Coahuila y Nayarit y los territorios de Texas y parte de Luisiana; tenía 210 curatos y 27 canonjías. El 17 de agosto tomó posesión de ella en la ciudad de México, donde había asistido al Cuarto Concilio Mexicano, y en agosto tomó posesión de ella en la Ciudad de México, donde había asistido al Cuarto Concilio Mexicano, y el 12 de diciembre llegó a Guadalajara. Una de sus primeras acciones consistió en practicar una larga y fatigosa visita pastoral, a cuyo término solicitó al rey (15 de diciembre de 1773) la creación de un nuevo obispado, que éste erigió, con el nombre de Nuevo Santander (Nuevo León, Coahuila, Texas y el Seno Mexicano), para atender aquellas dilatadas provincias y procurar la conversión de los indios gentiles.

Alcalde, que seguía viviendo con la misma humildad que en Valverde, sin abandonar el hábito, destinó cuantiosas sumas para la construcción del Sagrario Metropolitano y del Santuario de Guadalupe, y para la ampliación o reparación de Capuchinas, Jesús María, Santa Teresa, Santa Mónica y Santa María de Gracia, en Guadalajara; para las parroquias de Lagos, Zapotlán, Chapala y muchas otras, y para el colegio de Propaganda Fide de Guadalupe, en Zacatecas. En el orden civil –acto que lo consagra como precursor de los programas de vivienda popular- mandó construir al norte de la ciudad 158 casas, agrupadas en 16 manzanas, para satisfacer la demanda de habitación de la gente pobre y extender la población por ese rumbo.

En materia de enseñanza, dotó al seminario y al colegio de San Juan para que aumentasen sus clases, creó becas para niñas desvalidas en el de San Diego, fundó escuelas primarias para varones en el Santuario y en los barrios del Beaterio y del Colegio de San Juan, en una época en que sólo había un plantel de esta índole, sostenido por el Consulado; y levantó un cómodo y espacioso edificio para el Colegio de Santa Clara (Beaterio), dedicado a las niñas sin recursos. Y, finalmente, promovió la expedición de la real cédula del 18 de noviembre de 1791 por la cual se autorizó la fundación de la Universidad de Guadalajara, la segunda en Nueva España, en la cual se habrían de establecer, a partir del 3 de noviembre de 1792, las cátedras de cánones, leyes, medicina, y cirugía, trasladándose a ella, del Seminario, las de teología y sagradas escrituras. Alcalde propuso destinar a la nueva institución el antiguo edificio del Colegio de Santo Tomás, que fue de los jesuitas, y destinó sesenta mil pesos para su reacondicionamiento. Murió, sin embargo, el 7 de agosto de 1792, casi tres meses antes de su inauguración.

En ocasión del hambre de 1786, ocasionada por las abundantísimas lluvias del año anterior que acabaron con las siembras, el obispo Alcalde compró y distribuyó el maíz que pudo encontrar, refaccionó las siembras del siguiente ciclo, estableció cocinas gratuitas en los barrios de Guadalajara e hizo cuantiosos donativos a los curatos, en especial a los de Sayula, Tepatitlán, Asientos y Fresnillo. Al hambre siguió la peste, estimulada por la desnutrición. En el segundo semestre de aquel año murieron 50 mil personas en la Nueva Galicia. El Hospital de Belén, que se hallaba en la parte más céntrica de Guadalajara –donde hoy está el Mercado Corona- no sólo resultó insuficiente, sino que se convirtió en un gravísimo foco de infección, por la acumulación inusitada de enfermos. Alcalde quiso prevenir futuros desastres y, previa la autorización real, mandó construir a sus expensas un nuevo establecimiento, en las orillas de la ciudad, útil para contener con holgura mil pacientes, aparte los servicios, un departamento para internos –entonces los religiosos betlemitas-, el templo y el camposanto. La obra se inició el 27 de febrero de 1787 y se terminó el 3 de mayo de 1794. El edificio principal tiene 6 grandes salas, de 80 metros de longitud, que parten radialmente de un solo núcleo. Ciento setenta y ocho años después, convertido en Hospital Civil, este nosocomio sigue siendo el mayor en su género en el occidente de la república (datos de 1976).

El señor Alcalde invirtió también el dinero de su diócesis en la compostura de calles y caminos, y en ocasión de la epidemia de viruela de 1803, destinó salas especiales para la aplicación de la vacuna –recién descubierta- en el Hospital de San Juan de Dios. Finalmente, promovió el juicio de canonización de fray Antonio Margil de Jesús mediante su Epístola supplex ad S.S. Dom. Pium VI Pontif. Max. pro Causa Beatificationis ven. servi Dei Antonii Margil, missionari apostolici Ordinis Minorum in America Septentrionali, dat. postridi Non. Januar 1790.

Fue sepultado en el santuario de Guadalupe, en la pared del presbiterio, del lado del Evangelio. Ahí se puso su estatua, arrodillado.

(Tomado de: Enciclopedia de México)

Manuel Lozada, el Tigre de Alica






Nació en San Luis (hoy San Luis de Lozada) en 1828; fusilado en la Loma de los Metates, cerca de Tepic, Nay., en 1873. Hijo de Norberto García y Cecilia González, adoptó el apellido de su tío José María Lozada, con quién vivió desde temprana edad. Fue becerrero en la hacienda de Las Mojarras, de Joaquín Vega, y vaquero en la de Cerro Blanco, de Pantaleón González, a cuya esposa, Ricarda Torres, sirvió de caballerango a la muerte de aquél. Enamorado de María Dolores, hija de Ricarda, se fugó con ella, por lo cual estuvo preso en la cárcel de Tepic. Puesto en libertad, de nuevo fue detenido cuando trató de ver a su amada, y esta vez confinado al presidio de la isla de Mezcala. Otra vez libre, gracias a las gestiones de su madre, partió en busca de la Sierra de Alica. Todas las haciendas de la región le cerraron las puertas por instigaciones de Ricarda Torres, que se sentía ofendida.

Aguijoneado por tenaz persecución, y esquivándola, recorrió varios centros rurales hasta que logró reunir un grupo armado. Un militar de nombre Simón Mariles salió a batirlo, pero al no encontrarlo mandó azotar a la madre de Lozada en la plaza pública. Éste cayó a poco sobre Mariles, lo mandó fusilar después de haberle dado tormento y libertó a sus soldados. A partir de entonces comenzó a tener gran popularidad entre campesinos y vaqueros.

La casa comercial Barrón, Forbes y Cía., de capital inglés, establecida en Tepic, logró conquistar al guerrillero, por mediación de Carlos Rivas, prominente vecino, proporcionándole dinero, armas y parque, con lo cual desde 1857 hostilizó a las tropas del gobierno. El 25 de octubre de ese año tomó Ixtlán, y derrotó más tarde, en el rancho El Ocotillo, al teniente coronel José María Sánchez Román. En septiembre de 1859 dispersó a la tropa del coronel Valenzuela en San Leonel; el 2 de noviembre sitió y asaltó Tepic después de siete días de combates, dominando gran parte de Jalisco, Sinaloa y lo que hoy es el estado de Nayarit. El 7 de abril de 1860 fue vencido por el general liberal Antonio Rojas en barranca Blanca, y en mayo por éste y por Ramón Corona. El gobernador de Jalisco, general Pedro Ogazón, mandó arrasar los pueblos de San Luis, Tequepexpan y Pochotitlán por considerarlos centros principales de la rebelión. Tanto éste como el presidente Benito Juárez expidieron decretos poniendo fuera de la ley a Manuel Lozada y a sus segundos Carlos Rivas, Fernando García de la Cadena Lindoro Cajiga. Pero apenas había transcurrido un mes desde el combate de Golondrinas, cuando los lozadistas amenazaban ocupar nuevamente sus anteriores posiciones.
 
En 1861 una fuerza de 3 mil hombres salió a perseguirlo: la Sección de Tepic y los batallones de “Mina”, “Morelos”, “Guerrero” y “Lanceros de Jalisco”, a las órdenes de los coroneles Rojas, Corona y Anacleto Herrera y Cairo. Mientras penetraban a las montañas en tres columnas, el gobierno pidió a los gobernadores de Sinaloa, Durango y Zacatecas que detuvieran a los sublevados en el límite de sus entidades o se internaran en la sierra para combatirlos. Duros combates se sucedieron durante nueve días en el Paso de Alica, quedando dispersos los lozadeños; pero reorganizados tomaron Tepic, y en mayo de 1861 entró Lozada a San Pedro Lagunillas, donde cometió toda índole de excesos. Ogazón salió a su encuentro, teniendo recios y comprometidos combates en Aguacapan, donde después de vencerlo le ofreció un convenio, pues acababan de llegar a Veracruz las escuadras francesa, española e inglesa, y era imperioso concertar la paz en el interior del país. El 20 de enero de 1862, Carlos Rivas, a nombre de Lozada, y Rafael Valle, representante de Ogazón, firmaron los Tratados de Pochotitlán, por los cuales se acordó disolver los contingentes de Lozada y derogar todas las posiciones las posiciones dictadas en su contra; no perseguir a nadie por cuestiones políticas, nombrar autoridades neutrales en el cantón de Tepic y asumir oficialmente la defensa de los indígenas en las cuestiones de tierras con las haciendas colindantes. Pero como pasaron los meses sin que esas condiciones se cumplieran y Corona tuvo tres encuentros con los lozadeños (en las faldas del Ceboruco, el 30 de mayo, y en otros sitios, el 2 de julio y el 1° de agosto), Lozada recuperó Tepic y volvió a imponerse en todo el cantón.
 
El 15 de agosto de 1863 Lozada firmó en su cuartel de San Luis el Acta de Adhesión al Imperio, porque todos sus enemigos pertenecían l partido liberal y por los compromisos políticos que había contraído con los conservadores. Más tarde Maximiliano expidió las leyes agrarias, del 1° de noviembre de 1865 y del 16 de septiembre de 1866, le mandó regalar su espada de general y un retrato suyo (1864) e hizo que Napoleón III lo nombrara miembro de la “Legión de Honor” (1865), con todo lo cual se ganó sus simpatías personales. Fue así como Lozada coadyuvó en la toma de Mazatlán (noviembre d13 de 1864), al lado del comandante francés L. Kergrist, derrotando a Corona en Espinazo del Diablo (1° de enero de 1865), Concordia (1° de abril) y Cacolotan (18 de abril) y entrando triunfalmente de nuevo a Mazatlán. Mantuvo expedito el camino de Magdalena a Tepic y a San Blas, para que las comunicaciones con aquel puerto no se interrumpieran. El 24 de marzo de 1866 Lozada sorprendió en Guapicori al coronel Perfecto Guzmán, dispersando sus fuerzas, entró a Sinaloa y llegó a Concordia, donde fue atacado por Corona, quien tuvo que retirarse; pero como los imperiales no lo auxiliaron, volvió a Tepic (11 de abril).

Advertido, sin embargo, de que Maximiliano había perdido el apoyo de los franceses, el 11 de julio de 1866 Lozada se declaró neutral, abandonando la Comandancia Superior del Departamento de Tepic, o sea la jefatura de la campaña militar. Convertido en cacique de una inmensa región, organizó la administración pública y trató de resolver los problemas de los indios en materia de propiedad, pero el clero local atenuó sus intervenciones.

Restaurada la República, el presidente Juárez decretó el 7 de agosto de 1867 la erección de un Distrito Militar, dependiente del Gobierno Federal, en lugar del Cantón de Tepic, 7° del Estado de Jalisco, en contra de lo ordenado por la Constitución de 1857 y la local de Jalisco, nombrando jefe político a Juan San Román, quien había presidido una comisión enviada por Lozada a Juárez, reiterándole su reconocimiento como presidente de la República. Poco más tarde, la Casa Barrón, Forbes y Cía. Retiró su apoyo al cacique nayarita. En octubre de 1872 los coroneles Praxedis Núñez y Andrés Rosales, con mil hombres a su mando, desconocieron a su jefe Lozada y fueron a Guadalajara a unirse a Corona. Con este motivo la Presidencia acerca de estos sucesos a Manuel Rivas, jefe político del Distrito por licencia de San Román, quien envió una delegación ante Lerdo de Tejada. Éste les comunicó (11 de diciembre de 1872) que los fallos sobre tierras que había pronunciado el Comité de Estudios y Deslindes, organizado por las autoridades del Distrito Militar, no podían reconocerse, y que debía cesar la protección a los enemigos del gobierno, principalmente a Porfirio Díaz. Lozada convocó entonces a una asamblea popular en San Luis, ya reconstruído, de donde resultó el Plan Libertador de los pueblos de la Sierra de Alica (17 de enero de 1873), desconociendo a los poderes de la Unión. Es probable que en su texto haya tenido injerencia Porfirio Díaz, pues se reprodujeron algunos postulados del Plan de la Noria. Marchó Lozada sobre Guadalajara al mando del Ejército Mexicano Popular Restaurador, según designó a sus fuerzas armadas (6,000 hombres), atacó Tequila (25 de enero) y combatió contra Corona (2,240 hombres) en el rancho de la Mojonera, retirándose derrotado hacia Tepic. Perseguido por el general José Ceballos, con la Brigada Sinaloa, y conociéndose su escondite por testimonio de Rosales y un soldado anónimo, fu aprehendido el 15 de julio de 1873. Se le llevó a San Luis y luego a Tepic, donde fue condenado a muerte. Se le ejecutó en la Loma de los Metates el 19 de julio siguiente. Sus enemigos lo llamaron El Tigre de Alica por sus arbitrariedades, venganzas y crueldades; los indígenas lo tuvieron por caudillo y protector; los nayaritas lo consideran el autor de su independencia local, y no son pocos los autores que le atribuyen haber sido precursor del agrarismo.


Ahuízotl



Octavo tlatoani mexica; sucedió a su hermano Tizoc en 1486 y murió en 1503. Terminó el gran templo de Tenochtitlan, a cuya inauguración asistieran más de 20 mil invitados de todo el imperio mexica y de otros señoríos independientes. Todos estos asistentes sin duda se sacaron sangre de las orejas y otras partes carnosas del cuerpo, en cumplimiento del ritual del autosacrificio. A partir de esta circunstancia derivó la mala interpretación de que fueron sacrificados 20 mil hombres, lo que resulta lógicamente imposible, sobre todo si se tiene en cuenta que el sacrificio humano era un acto muy solemne apegado a la reverencia ritual, y que constituía un mensaje simbólico a los dioses, que era ofrenda y eucaristía. Terminado el sacrificio, parte de la carne de la víctima ya deificada se comía con el significado con que los católicos toman la comunión. Las campañas militares de Ahuízotl se extendieron, por el sur, hasta Guatemala, y hasta la Huasteca veracruzana por el norte. Amigo de la ostentación, era al mismo tiempo fuerte y aguerrido. Hubo de sofocar constantes rebeldías, especialmente en la región de Puebla y Tlaxcala. Según el Códice Mendocinoconquistó 45 pueblos, fue muy valiente y alcanzó el título de tlacatécatl”. Durán (Historia I, 325-421) describe varios episodios de su reinado.

 Ahuízotl hermoseó la ciudad con bellos edificios y dio organización a las expediciones de los pochtecas (comerciantes a la vez que espías). Bajo su reinado se produjo una inundación grave, a consecuencia de la canalización de las aguas de Acuecuechco, manantial en las cercanías de Coyoacán. Recibió en las obras una herida en la cabeza y murió a consecuencia de ella. Su sobrino Moctezuma Xocoyotzin heredó el trono y su hijo Cuauhtémoc fue el último paladín de los aztecas.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen I, A - Bajío)


(Lápida de Ahuízotl MNAH)


Ahuízotl

1467-1502

Para hacer con mayor aparato tan horribles sacrificios ordenaron las víctimas en dos hileras... y según iban llegando eran prontamente sacrificados.

Francisco Javier Clavijero

Fue Ahuízotl el octavo gobernante de Tenochtitlan entre 1486 y 1502, famoso por ser enérgico, feroz y sanguinario, y por haber peleado contra mazhuas y otomíes para consolidar su poder. bajo su reinado el imperio azteca llegó a su mayor expansión y poderío, aunque el impulso que dio a la vida económica de la ciudad se debió en gran parte a su control sobre los traficantes o pochtecas, a quienes utilizaba como espías.

Durante su mandato se concluyó la edificación del Templo Mayor. cuando inauguró la última etapa de la construcción, con el fin de honrar a Huitzilopochti ordenó el sacrificio de miles de prisioneros durante tres días: él mismo, con un cuchillo de obsidiana, extrajo los corazones de varios hombres. refieren las crónicas que el número de sacrificados llegó a ochenta mil.

Ahuízotl, cuyo nombre en náhuatl significa "perro de agua", murió durante una inundación provocada por su propia necedad. El tlatoani había ordenado al señor de Coyoacán -tributario de los aztecas- que abriera las fuentes para el acueducto llevara más agua a Tenochtitlán; aceptó, pero advirtió también que "de cuando en cuando aquellas aguas se derramaban... y anegarían la ciudad de México". El gobernante tenochca consideró su advertencia como un desafío y lo mandó matar. así, se abrieron las fuentes y un torrente de agua inundó la ciudad con tal fuerza que fue necesario abandonar el palacio real. Ahuízotl intentó escapar, pero se golpeó la cabeza y murió días después.

(Tomado de: Molina, Sandra – 101 villanos en la historia de México. Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F. 2008)






jueves, 15 de marzo de 2018

Lucas Alamán



Nació en Guanajuato, Gto., en 1792; murió en la Ciudad de México en 1853. Estudió química y mineralogía en el Real Seminario de Minería y luego pasó a Europa, en donde continuó aprendiendo minería en Freyberg y Gotinga, Alemania. En París cursó química y ciencias naturales. 

Fue electo diputado a las Cortes de Cádiz y durante su permanencia en España redactó el Ensayo sobre las causas de la decadencia de la minería en la Nueva España y un Dictamen sobre el importante ramo de la minería. Dicho dictamen sirvió de base a un decreto emitido por la Junta Provisional Gubernativa de México (1821), que se proponía impulsar las actividades mineras. Constituyó en Inglaterra la Compañía Unida de Minas, con la cual inició la explotación del Cerro del Mercado, Dgo. Alamán dedicó muchos esfuerzos al progreso económico del país, entre los cuales figuran la organización del Banco de Avío, la creación de industrias textiles en Orizaba y Celaya, el mejoramiento de la ganadería y la fundación de escuelas de artes y de agricultura. Fue apoderado y administrador de los intereses del antiguo Marquesado del Valle. sin embargo, su actividad más relevante la desarrolló como ministro de Relaciones Exteriores. Desde ese cargo se opuso a la colonización de Texas y se empeñó en fijar los límites entre México y Estados Unidos conforme al Tratado Adams-Onís; fomentó una política de acercamiento con las naciones hispanoamericanas, como defensa frente a Estados Unidos y estableció una relación pacífica con Guatemala. Aprovechó también el cargo para fundar el Archivo General de la Nación y el Museo de Antigüedades y de Historia Natural.

En lo político, Alamán aparece como campeón de las ideas conservadoras y monárquicas. Además de muchos artículos, informes oficiales y estudios particulares, dejó dos obras fundamentales: Disertaciones sobre la historia de la República Mexicana  desde la época de la conquista que los españoles hicieron a fines del siglo XVI de las islas y continente americano hasta la Independencia  e Historia de México desde los primeros movimientos que prepararon su Independencia en el año de 1808 hasta la época presente. La vida y obra de Alamán han sido muy controvertidas y han merecido numerosos estudios, entre otros los siguientes: Luis Chávez Orozco: “Lucas Alamán”, en Cuadernos Americanos (julio-agosto de 1943); Moisés González Navarro: El pensamiento político de Lucas Alamán (1952); Alfonso López Aparicio: Alamán, primer economista de México (1956); y José C. Valdés: Alamán, estadista e historiador (1938).

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen I, A - Bajío)

Cacama


(Del náhuatl cacámatl, mazorca pequeña de maíz que brota bajo la normal).

1 1)  Rey de Texcoco, hijo de Nezahualpilli y nieto de Nezahualcóyotl. Al morir Nezahualpilli el reino texcocano se dividió en dos, quedando la capital bajo la soberanía de Cacama (1515). La parte norte se convirtió en dominio de Ixtlixóchitl, desde entonces enemigo de Moctezuma II, que se había mostrado partidario de Cacama. Cuando Cortés desembarcó en las playas de Veracruz, Cacama aconsejó a Moctezuma que le diera una recepción honrosa. El rey de Texcoco tenía 25 años, pero gozaba de prestigio por su intrepidez e inteligencia. Cuando Moctezuma cayó preso de los españoles, Cacama buscó, junto con Cuitláhuac, señor de Iztapalapa, la alianza de otros jefes para librar al cautivo y expulsar a los invasores. Traicionado por agentes del propio Moctezuma, fue secuestrado y llevado a Tenochtitlan. El emperador ordenó la prisión de los demás jefes conjurados, y Cortés nombró rey de Texcoco a Cuicuitza, jovencito hermano de Cacama. Este fue sometido a tormento, al igual que otros nobles, y sucumbió en la retirada de la Noche Triste (30 de junio de 1520). Tanto Torquemada como otros historiadores relatan los conflictos dinásticos de Cacama. Según Alva Ixtlixóchitl, Cacama se volvió enemigo de los españoles cuando éstos ahorcaron en público a su hermano Nezahualquenzin, por sospechar que urdía algo contra ellos. A su muerte, lo sucedió su hermano Coanacoch como jefe reconocido por los texcocanos. En el proceso de residencia contra Pedro de Alvarado se relata cómo éste dirigió la tortura a Cacama: mandó atarlo de pies y manos a un palo e hizo echar en una cazuela de barro mucha tea encendida y resina de pino que le pusieron en el estómago, lo que le provocó graves quemaduras. Según el propio Alvarado los indios mataron a Cacama en la Noche Triste. Su nombre aparece en el monumento a Cuauhtémoc en la Ciudad de México.

2)      Cacama o Cacamatecuhtli era el señor de los chalcas cuando éstos luchaban contra los aztecas en Chapultepec (Durán I, 30). Según los Anales de Chimalpáin, murió en 5 caña (1367) en Techixco, durante un combate contra los mexicanos y sus aliados. la Crónica Mexicáyotl le llama Cacámatl el Viejo. No es seguro que se trate del mismo personaje. Según Ixtlixóchitl (I, 136 y 151), un Cacama era señor de Chalco en la época de Techotlalatzin y fue amigo y vasallo de Ixtlixóchitl. Las crónicas antiguas hacer referencia a toda una serie de personajes del mismo nombre, entre ellas el señor de Amecameca en el tiempo del desembarque de Cortés; otro, de 9 años de edad, recibió a los españoles; otro más combatió como oficial de Alvarado en Guatemala.

((Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen II, Bajos - Colima)



miércoles, 14 de marzo de 2018

Dr. Manuel Abad y Queipo



Nacido en Santa María de Villalpedre, Asturias; muerto en el convento de Sisla, Toledo, España (1751-1825). En Salamanca obtuvo los bachilleratos en Derecho y cánones. Pasó a Guatemala con el arzobispo Monroy y allí se ordenó presbítero. Residió desde 1784 en Valladolid (hoy Morelia), donde el obispo Antonio de san Miguel lo nombró juez de capellanía, fondos eclesiásticos y obras pías. En 805 la Universidad de Guadalajara le otorgó el doctorado en cánones. El consejo de Indias, a la muerte de San Miguel, lo designó canónigo penitenciario de la catedral de Morelia, a la que sirvió hasta 1815.

En 1799 dirigió a Carlos IV una Representación al rey, sobre inmunidades del clero, en la que expone la situación de la sociedad virreinal y advierte los síntomas de descontento en la Nueva España.

En este documento propuso la abolición general de los tributos a los indios y castas, y de la infamia de derecho que afectaba a éstas; la distribución gratuita entre unos y otras de todas las tierras realengas; una ley agraria que otorgara al pueblo una equivalencia de propiedad en las tierras incultas de los grandes propietarios, por medio de locaciones de veinte y treinta años, en que no se pagasen alcabala ni pensión alguna; y la libertad irrestricta para establecer fábricas ordinarias de algodón y lana.

En 1804 se opuso a los intentos de Godoy de desamortizar los bienes de la Iglesia y en 1807 viajó a España en busca de su habilitación, pues su condición de hijo natural le vedaba aspirar a cargos de mayor jerarquía. Regresó con el puesto de previsor y vicario general y en 1810 la regencia lo nombró Obispo electo de Michoacán. Tomó posesión del cargo antes de que llegaran las bulas pontificias, que nunca consiguió.

Se opuso al movimiento de Independencia constante y enérgicamente, defendiendo siempre la soberanía española. Había sido amigo particular de Miguel Hidalgo, e inclusive cultivó amistad con quienes concurrieron a las juntas de Valladolid y San Miguel el Grande. Sin embargo, el 24 de septiembre de 1810 dictó y publicó el decreto de excomunión de Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo por “perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos, perjuros, que han incurrido en la excomunión mayor del Canon: Siquis suadente Diabolo”. Los insurgentes impugnaron la legalidad de la excomunión, basados en la precaria investidura de Abad y Queipo.  

En 1815, éste envió un informe a Fernando VII, denunciando los desaciertos de Félix María Calleja y la falta de prudencia de Lardizábal, ministro de Indias. Fue llamado a España con el pretexto de que informara sobre el movimiento de Independencia, pero en realidad para que respondiera a las denuncias y cargos que se le hacían por sus “ideas liberales y benéficas en favor de las Américas y sus habitantes”. No obstante, el rey lo nombró ministro de Gracia y Justicia, el 24 de junio de 1816; pero tres días después fue suspendido y e le siguió proceso ante la Inquisición, acusado de ser amigo de los insurgentes, de vida irreligiosa y de ideas revolucionarias. Estuvo preso dos meses en las cárceles del santo Oficio. La revolución de 1820 lo designó miembro de la Junta Provisional, encargada de vigilar la conducta de Fernando VII, y posteriormente diputado a Cortes por la provincia de Asturias.

Obtuvo el obispado de Tortosa, pero tampoco logró las bulas papales. Y en 1824, ya octogenario y sordo, la reacción absolutista lo encarceló de nuevo en el monasterio de Sisla. Muchos de sus escritos fueron publicados en el Seminario político y literario y en el Observador de la República Mexicana. Una Colección de escritos más importantes apareció en la Ciudad de México en 1813, y su Testamento político en la Historia de Lucas Alamán.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen I, A - Bajío)



Benito León Acosta Rubí de Celis



Nacido en Guanajuato, Gto., en 1819; se desconoce dónde y cuándo falleció. Fue alumno del Colegio de Minería de la Ciudad de México a donde entró en 1838. Interrumpió su carrera en 1842 para dedicarse a la aeronavegación. En algún momento reingresó al Colegio para terminar sus interrumpidos estudios, pues ya en 1861 trabajaba como ingeniero topógrafo en la construcción de la vía férrea que uniría la Ciudad de México con la de Puebla, obra que inauguró el 16 de septiembre de 1869 el presidente Juárez. En 1863 fue director del Camino a Monte Alto y Calzadas del Centro, dependiente de la Secretaría de Fomento y Colonización, Industria y Comercio.
Valiente y decidido, ascendió por primera vez en globo, al mediodía del 3 de abril de 1842 desde la plaza de toros de San Pablo (donde hoy está el edificio de la Lotería Nacional), bajando en un potrero cercano a la Plazuela del Tecpan, en la calzada del Niño Perdido, ante el regocijo del pueblo y de las autoridades que lo agasajaron, pues había dedicado esa ascensión al presidente López de Santa Anna, quién le otorgó por ese vuelo, que lo convirtió en el “primer aeronauta mexicano”, “el privilegio exclusivo por tres años”, para que solo él pudiera verificar ascensiones aerostáticas en toda la República, “y que ningún otro sin su consentimiento y permiso” pudieran hacerlo. Por segunda vez subió a los aires el 1° de mayo, dedicando su hazaña al bello sexo, y descendió en un lugar llamado Palmillas, en las Lomas de Santa Fe, cerca del Molino del Rey. Subió otra vez el 13 de junio, onomástico del presidente. Explotando el singular privilegio de que gozaba, hizo ascensiones en Puebla (16 de julio), León (29 de octubre), Guanajuato (26 de febrero de 1843), Pátzcuaro (15 de abril de 1844) y Querétaro (30 de mayo), dislocándose una pierna al descender, pues la canastilla chocó contra una azotea. Otra ascensión la realizó en 1848, y otra más en Querétaro en abril de 1853. Acosta gozó de gran fama y popularidad.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen I, A - Bajío)