miércoles, 12 de agosto de 2020

Fray Jacobo Daciano


Nació en Dinamarca hacia fines del siglo XIV, de sangre real, aunque es por ahora imposible fijar su parentesco con los reyes de Dinamarca, quienes lo eran por aquellos años también de Suecia y Noruega. En los tres países reinó de 1448 a 1481 Cristián de Oldemburgo y le sucedió en 1481 su hijo Juan hasta 1513. Para entonces Jacobo era ya fraile de la Orden de Menores Franciscanos y había renunciado a todos sus honores nobiliarios. Hizo magníficos estudios humanísticos y teológicos. Sabía perfectamente latín, el griego y el hebreo. Por algunos años enseñó y luego le encargaron el gobierno de la Provincia Escandinava, que los franciscanos nombraban "de Dacia" o "Dania". De ahí que el religioso no sólo no llevará título nobiliario, pero ni siquiera apellido, por lo cual se le reconoce por Jacobo de Dacia o Daciano.  (Aún acreditados historiadores confunden la Dacia de fines del Renacimiento con la provincia romana Dacia, y lo hacen nacer en los países del Bajo Danubio). También es pura imaginación la que lo hace concuño de Car!os V por haberse casado Cristián II de Dinamarca (1513-1523) con Isabel, la hermana del Habsburgo. Tendría que haber sido hijo del rey Juan, pero los cronistas nunca dicen que fuera hijo del monarca danés. Aseguran, eso sí, que era de sangre real, de la casa de Dinamarca o Dacia.
El gobierno despótico de Cristián II rompió la unión de Kalmar. Suecia se volvió a separar. Además, durante su reinado (1513-1523), ardió el Imperio alemán en las primeras luchas religiosas luteranas. El incendio se propagó rápidamente en la región oriental por la apostasía del Gran Maestro de la Orden Teutónica y la división religiosa vdel Obispado de Brandenburgo. Casi toda la población entró en una verdadera guerra religiosa que pronto pasó a la vecina Dinamarca. El príncipe Jacobo, provincial a la sazón de los franciscanos, tuvo que tomar parte muy principal en las disputas religiosas y aún escapar de un atentado contra su vida. Cuando el mismo rey huyó, también él optó por expatriarse a España. Debió de ser en 1525 o poco después cuando se presentó al Emperador Carlos V para pedirle que lo enviara de misionero a las Indias. Este aceptó y le facilitó el viaje a la Nueva España. Debió de pisar playas mexicanas entre 1525 y 1528. De lo escrito por él, Beristáin sólo halló en el convento de Tlatelolco el registro de una disputa tenida al estilo escolástico entre fray Jacobo y fray Juan de Gaona años después. Se saca de allí que la primera impresión de fray Jacobo fue poco favorable: le pareció que se procedía muy a la ligera en la fundación de la Iglesia por la falta de obispos y sacerdotes, por no permitir los frailes que los indios comulgaran, por no proceder ya, cuanto antes, a preparar jóvenes indios bien dispuestos al sacerdocio. Quizá está insatisfacción determinó a fray Jacobo a pedir pasar a Michoacán en donde aprendió el tarasco y en donde, según los cronistas franciscanos, fue el primero en dar la sagrada comunión a los indígenas tarascos. Su ejemplo evangélico era innegable por pobreza, austeridad y consagración al apostolado de los indios. Lo nombraron guardián del convento de Tzintzuntzan, que era todavía la principal población tarasca. Años después le encargaron la dirección de los Conventos incipientes de Coeneo y Zacapu, en donde siguió bautizando millares de indígenas y también organizándoles sus pueblos. A sus buenos éxitos se debió el que le confiaran en 1541 el pueblo de Tarecuato, ya casi en los confines con el actual Estado de Jalisco, que al mismo tiempo que a Michoacán, acababan de erigir los franciscanos en Custodias. Por cierto que de los rarísimos documentos que se han conservado con la firma de fray Jacobo, uno está suscrito en Guadalajara el 20 de mayo de 1555 por el custodio fray Ángel de Valencia y los cuatro definidores (o asesores), entre los cuales estaba Daciano. Se trata de una valiente y enérgica representación al emperador en la que le piden conventos para esas tierras nuevas, y el envío de misioneros y de obispos que "no sean de pompa"; denuncian, además, los abusos de los oidores, los licenciados Contreras y de la Mancha. Fray Jacobo parece haber llegado a Tarecuato ya en 1541, y desde entonces se consagró a esa comunidad de tarascos, a su convento y a su templo. Lo consideraron siempre fundador de la población y no hace mucho conservaban aún su recuerdo con extraordinario cariño. Aseguran que guardan todavía allí su báculo. Parece que murió en 1574, ya muy anciano. Es curioso que sólo se halle mención de tan extraordinario personaje en los cronístas franciscanos: Mendieta, Guzmán, Torquemada, de la Rea y Beaumont, y una breve biografía en  Espinosa. Nada en otras fuentes.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S.A. México, D.F. 1977, volumen III, Colima-Familia)

lunes, 10 de agosto de 2020

Levantamiento guerrillero en Chiapas V

El Subcomandante Marcos tuvo especial interés en hacer pública la versión del combate militar por parte del EZLN durante la entrevista que le hiciera La Jornada los días primeros de febrero. Parte de su orgullo guerrillero lo impulsó a ser reconocido como estratega. Es por su vanidad que ya es verdad publicada que para los miembros del EZLN hubieron, por lo menos, 180 bajas en las filas del Ejército.
Calificando como "maravilla militar" a sus acciones de los primeros días de enero, el Subcomandante Marcos insiste en tener reconocimiento en ese aspecto, asegura no haber "copiado la ofensiva del 89 en San Salvador", y otorga elementos invaluables para juzgar la conducta de los militares, del general Riviello y del general Godínez, que tanto insistieron ante el Primer Mandatario para combatir a la guerrilla cuando descubrieron el campamento de Corralchém: "...ya estábamos esperando. El Ejército cometió un error al retirarse, si ya estaban allí. Nosotros estábamos a punto de activar la ofensiva que estaba planeada para fin de año... si no en mayo hubiera tronado".
Con verdadera fascinación, la que curiosamente no he encontrado entre los militares de diversos grados con quienes conviví durante las jornadas armadas, Marcos acepta: "no se quién estaba al mando de Rancho Nuevo... pero el que estuvo hizo bien, se defendió bien. Nosotros fingimos atacar por el flanco derecho para atacar por los dos lados, pero ellos se defendieron por los dos lados, también. Entonces cuando mandamos a una patrulla a chocar se da el choque, hay muertos de los dos lados... nos desbarataron la ofensiva, pues. Estábamos todavía aprendiendo. Estamos aprendiendo".
Cuando entra a hablar de Ocosingo ya no es tan claro el seguimiento, no se refiere a las batallas con igual entusiasmo. Y sí hace hincapié en que los guerrilleros se sacrificaron, ofrecieron sus vidas para defender a la población civil.
Es obvio que la discusión histórica, que la referencia obligada será Ocosingo.
"Nuestros militares tiraron desde una posición fija, cosa que es suicida para cualquier francotirador, que tiene que cambiar de posiciones, pero lo hicieron por sacar a los civiles... perdimos en el peor de los casos 40 compañeros" afirma el jefe guerrillero.
Quizás lo más interesante de sus declaraciones sea, en total acuerdo con la desaprobación de los altos jefes militares que se enfurecieron ante la prematura orden de cese al fuego: "...y de pronto me dicen alto al fuego. Chin. Párate, algo pasó. Se supone que esto deba pasar cuando ya tengamos meses peleando... nosotros estábamos corriendo, no estábamos afrontando con nuestros heroicos pechos las balas del enemigo..."
***
Los miembros del autollamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional recogieron a la mayoría de sus muertos y de sus heridos. Como parte de su estrategia guerrillera para no aceptar derrotas frente al enemigo, no dejar rastros o permitir la identificación de sus miembros.
No es tan claro el motivo de las fuerzas armadas para negar el número y el nombre de sus muertos. O la razón del gobierno para hacerlo.
Oficialmente se ha dicho, ya terminada la guerra -cuando continúa la tregua, el periodo de no agresión- que sus bajas fueron 14, incluidos dos capitanes. Sin embargo en esta lista, que se ha mantenido discretamente fuera del alcance de los medios de comunicación, no aparece el teniente coronel que estaba como segundo comandante del 24°. Regimiento de Caballería, ni los 30 militares muertos en El Corralito, ni tampoco los 14 emboscados al llegar a Rancho Nuevo. Y aquellos que se van conociendo entre los militares, poco a poco.
Los enterados en el ámbito castrense, hablan de un mínimo de 300, y aceptan que haya habido cerca de 400 muertes entre "zapatistas" y la población civil. No los 40 aceptados por "Marcos".
Quienes están cerca del poder civil aumentan esta cifra, contando las bajas de los tres sectores, a un mínimo de mil. El silencio oficial al respecto es poco lógico.
Cualquiera podría creer que morir por la patria es algo que debe llenar de orgullo a familiares, a compañeros, a jefes, a la institución que conocemos como Ejército mexicano. Quizás estén obligados a guardar silencio. Es más fácil, al menos para el Presidente Salinas, evitar la responsabilidad histórica de haber ordenado su muerte. O sea más conveniente para la propaganda en el exterior que se hable de unos cuantos, apenas más de una centena, muertos en una pequeñita revuelta, que no revolución, que tuvo lugar en unos cuantos, pocos, municipios del estado de Chiapas, uno de los muchos que conforman a la República Mexicana.
Cada cual juega al olvido como mejor le conviene. Al menos sexenalmente.
Lo cierto es que ninguno de los generales, jefes de las operaciones armadas en Chiapas, quiere admitir un muerto más de las cifras oficiales, de los 14 que existen en una lista. Así se les demuestre con una operación matemática elemental que esto no puede ser verdad.
El cálculo, para expertos en cuestiones de guerra, para documentar la contabilidad por fuera, es de aproximadamente dos heridos por cada muerto, dentro de cada grupo armado participante. Es decir, alrededor de 600 heridos en el Ejército, no los 44 que se admiten.

(Tomado de: Arvide, Isabel - Crónica de una guerra anunciada. Grupo Editorial Siete, S.A. de C.V. México, 1994)

viernes, 7 de agosto de 2020

Concesión para construcción de vía en Tehuantepec, 1842

Istmo de Tehuantepec, desde Oaxaca hasta Veracruz (1774) 

CONCESIÓN A  JOSE GARAY PARA CONSTRUIR UNA VIA DE COMUNICACIÓN EN EL ITSMO DE TEHUANTEPEC

"Antonio López de Santa Anna, General de División, Benemérito de la Patria y Presidente provisional de la República Mexicana, a todos sus habitantes, sabed:

Que, constante en el propósito de procurar el engrandecimiento de la Nación y la felicidad de sus habitantes, teniendo presente las proposiciones que me han sido presentadas por don José Garay y considerando que ningún medio puede ser más seguro y efectivo para promover grandes resultados de beneficio nacional, que el de traer a la República el centro de comercio y de la navegación de todas las naciones y que esto será la consecuencia del establecimiento de un paso fácil y breve del uno al otro océano; que la naturaleza ofrece este medio sin grandes dificultades y sin necesidad de muy cuantiosas erogaciones en el Istmo de Tehuantepec, porque allí se baja y se abate la Sierra Madre hasta el punto de casi desaparecer, porque allí se encuentran dos puertos, uno en el norte y otro en el sur, poco distantes entre sí y que el espacio que los separa está comunicado en su mayor parte por una laguna y un río navegables; porque ese terreno intermedio se presta a los trabajos y obras necesarias, y abunda en materiales de construcción y que, si hasta ahora no se había fijado la atención en esta empresa, que ella sola decidirá del engrandecimiento de toda la República, ha sido quizá o porque no se había calculado la extensión de las consecuencias, o porque no se conocía la posibilidad de la ejecución, o bien porque, preocupados con la idea de una cortadura oceánica, no se había pensado en que un camino y un canal de transbordo podía dar aproximadamente los mismos resultados. Deseando hacer, si más no se puede, lo que es posible, pero siempre lo muy importante para la República y el mundo y buscando en lo que es más asequible el principio de ulteriores empresas más extensas, puesto que la apertura de un camino de tránsito, dando a conocer la facilidad de una cortadura que divida el continente, podrá hacer que se emprenda aunque más tarde tan grandiosa obra; cierto, además, de que para estimular el espíritu especulador es menester hacer concesiones de que siempre nació el de empresa y de que por ésta la Nación obtendrá rentas con que ahora no cuenta, pagadas por el comercio de las otras Naciones y desde luego las ventajas de ponerse en contacto con todo el mundo, formando sobre su territorio el emporio del comercio y, por consiguiente, el de la riqueza y la abundancia, haciendo exportables los frutos de todo su territorio; en uso de las facultades que me concede el artículo 7° de las bases adoptadas en Tacubaya y juradas por los representantes de los Departamentos, he tenido a bien decretar lo siguiente:

Artículo 1°- Se abrirá una vía de comunicación entre el Océano Pacífico y el Atlántico, en el Istmo de Tehuantepec.

2°- Ésta se verificará por navegación y, donde ella no sea conveniente, por medio de ferrocarriles en que se usará de carros de vapor.

3°- El tránsito abierto en el Istmo, será neutral y común a todas las naciones que se hallen en paz con la República Mexicana.

4°- La ejecución de está obra se confía a don José Garay; a quien se concede el derecho exclusivo para el efecto. Sus obligaciones y sus indemnizaciones serán las que van a expresarse:

Primera.- Don José Garay hará practicar a su costa un reconocimiento del terreno y dirección que debe seguir la vía de comunicación y de los puertos que sean más convenientes designar, eligiendo los más cómodos e inmediatos, lo que verificará, más tardar, en el término de 18 meses contados desde esta fecha y comenzará las obras dentro de los 10 siguientes. Si al término de éstos no lo hubiere hecho, cesará el derecho exclusivo que le concede este decreto.

Segunda.- En los puertos que designe el empresario, hará todas las obras necesarias para que sean de un abrigo suficiente y cómodo. Construirá en cada uno de ellos fortalezas y almacenes. Formará el camino de comunicación entre ambos puertos, por navegación o ferrocarriles, uno y otro por medio de vapor. Establecerá los carros y buques de vapor que se calculen necesarios para que jamás se demoren por su falta los transportes.

Tercera.- Pagará el empresario todo el terreno de propiedad particular por donde haya de pasar el camino a justa tasación; pero no se ocupará mayor extensión por razón de utilidad pública, que la de un cuarto de legua a cada lado, que será la que se pueda exigir que vendan los propietarios.

5°.- Las indemnizaciones que se acuerdan al empresario y a las que traspase sus derechos o acciones, son las siguientes: Tendrá el derecho de percibir los de tránsito por 50 años, al cabo de los cuales lo adquirirá el Gobierno de la República y por 60 el privilegio exclusivo de hacerlo por buques o carros de vapor, fijando por fletes una cuota equitativa. Pero el mismo empresario dará al Gobierno, desde que la empresa ponga en corriente la comunicación, la cuarta parte de los productos líquidos de lo que se pague por el permiso de tránsito, deducidos los gastos de administración, conservación y reparación. La misma cuarta parte dará la empresa al Gobierno cuando entre en posesión de los derechos de tránsito del camino, por el mismo tiempo que la haya recibido de ella. El Gobierno y la empresa, podrán nombrar interventores en la recaudación y en los gastos, por todo el tiempo en que respectivamente deban percibir la cuarta parte expresada. Se cede a la misma empresa la propiedad de todos los terrenos baldíos que se encuentren a 10 leguas de cada lado del camino o canal del tránsito.

6°- A 50 leguas de cada lado del tránsito de comunicación, es permitido a todo extranjero adquirir propiedad raíz y dedicarse a todo género de industria, sin exclusión de la minera. Aquel Territorio será la Patria de cuantos vengan a radicarse en él, con sujeción a las leyes de la República.

7°- El Gobierno se compromete a prestar a la empresa de comunicación toda protección y auxilio, así para el reconocimiento como para los trabajos de las obras; pero la indemnización de los servicios y prestación de los habitantes, serán de cuenta de la empresa. Se compromete, asimismo, a no imponer ninguna contribución ni renta sobre las mercancías y pasajeros de tránsito, hasta que no haya transcurrido el tiempo de 50 años, y a no gravar a la empresa ni a sus fondos con impuestos ni préstamos forzosos.

8°- El Gobierno tendrá en los puertos u otros lugares que designe de la comunicación del Istmo, los empleados de aduanas que crea convenientes para el solo objeto de que cobren los derechos de importación y de exportación de lo que no vaya ni venga de tránsito y de celar el contrabando y, en ningún caso podrán ingerirse en el cobro de los derechos de tránsito ni de fletes, ni alijos, ni de tonelada, ni de otra clase, pues ninguno pagarán los buques que carguen o descarguen de tránsito, mientras éste pertenezca a la empresa. Las medidas administrativas para evitar el contrabando serán tales que por ellos no se embarace el transporte por el Istmo y para el efecto se expedirá un reglamento particular.

9°- Concluidas las obras, serán reconocidas por dos facultativos, nombrados el uno por el Gobierno y el otro por la empresa, para que declaren si ésta ha cumplido con su contrata y, en caso de discordia, los mismos facultativos nombrarán un tercero que la dirima; pero ningún género de cuestión impedirá que la comunicación se ponga en uso estando ya dispuesta al efecto; sin embargo la empresa queda siempre obligada a cumplir en todas sus partes la contrata.

10°- En el caso de que fuere practicable la comunicación de los dos mares y se hicieren proposiciones para realizarla por alguna persona o compañía, no podrán ser admitidas en los 50 años del privilegio concedido al Sr. Garay, sin su previo consentimiento o el de los que sus derechos representaren.

11°- Por el tenor de las bases de este decreto, será escriturado el contrato entre el gobierno y don José Garay, con las formalidades y requisitos que determinan las leyes.

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido cumplimiento.
Palacio del Gobierno Nacional en México, a 1° de marzo de 1842.


Antonio López de Santa Anna                José María de Bocanegra

Y lo comunico a V. E. para su inteligencia y efectos correspondientes.

Dios y Libertad. México, 1° de marzo de 1842.


Bocanegra

Excmo. señor Gobernador de este Departamento".


(Tomado de: Tamayo, Jorge L. - Benito Juárez, documentos, discursos y correspondencia. Tomo 3. Secretaría del Patrimonio Nacional. México, 1965)





miércoles, 5 de agosto de 2020

Miguel Negrete

49

Miguel Negrete (1824-1897)

La noticia corrió como reguero de pólvora. Una nueva rebelión estaba por azotar al país. Aquel junio de 1879, los periódicos publicaban: "Si las revoluciones de los pueblos no son más que la esperanza de sus necesidades legítimas no satisfechas, la revolución de México no llegará a su fin mientras no se dé un gobierno que conozca esas necesidades y sea capaz de satisfacerlas". Era la letra de Miguel Negrete. El mismo que había brillado en la victoria del 5 de mayo de 1862. De ahí su trascendencia.
Si alguien sabía de rebeliones, ése era el poblano. Después de enfrentar valerosamente a los estadounidenses entre 1846 y 1848, se había unido a la Revolución de Ayutla contra el régimen de Antonio López de Santa Anna. Tomó el llamado de las armas al inicio de la Guerra de Reforma, aunque lo hizo del lado de los conservadores bajo el mando de Miguel Miramón. Con él obtuvo victorias importantes y derrotas catastróficas como la del 22 de diciembre de 1860, que dio fin a la guerra a favor de los liberales.
Por sus servicios anteriores y sus conocimientos, fue amnistiado y desde entonces se mantuvo en las filas liberales. Fue por esos tiempos que la Intervención Francesa caló en el alma nacional. Desde el primer instante, Negrete defendió el honor patrio. Luchó contra el ejército galo en las Cumbres de Acultzingo el 28 de abril de 1862, donde a pesar de que las bajas del enemigo fueron muchas, hubo la necesidad de replegarse para esperarlo en mejor sitio: la ciudad de Puebla.
El 5 de mayo siguiente, Negrete fue encomendado para defender el Fuerte de Loreto. Era, sin duda, uno de los puntos principales por los que el ejército francés trataría de apoderarse de la ciudad. Tras un bombardeo tan fuerte como inútil, las tropas francesas decidieron comenzar su ataque. Negrete logró que sus hombres, después de algunas horas, replegaran al enemigo. A su lado, su antiguo enemigo, Felipe Berriozábal, apoyó la defensa. Ambos, unidos por la defensa de la patria, olvidaron cualquier enfrentamiento anterior. Negrete había convencido a todos de que su compromiso con la nación era superior a cualquier ideología. "Yo tengo patria antes que partido", había dicho alguna vez.
Después de aquella gloria, fue ministro de Guerra con Juárez. Sin embargo, unos años después se sublevó contra él en dos ocasiones sin éxito. En una de ellas, fue hecho prisionero y se ordenó su fusilamiento. Pero Porfirio Díaz lo perdonó por sus servicios anteriores. Más tarde, apoyaría el Plan de la Noria y de Tuxtepec junto al oaxaqueño.
Aquel 1879 la amistad estaba perdida. El levantamiento en contra de Díaz, sin embargo, no habría de durar mucho tiempo. Fue rápidamente derrotado y aunque continuó sublevándose, no llegó nunca más a ocupar un puesto de honor.

(Tomado de: Tapia, Mario - 101 héroes en la historia de México. Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2008) 

lunes, 3 de agosto de 2020

Semana del 03 al 09 de julio de 2000



Semana del 03 al 09 de julio de 2000


Milenio Diario
Lunes 3
Vicente Fox fue capaz de galvanizar los viejos reclamos de cambio de régimen y con el apoyo de una población que salió a las calles a votar con entusiasmo, decisión e inclusive rabia, terminó dramática y contundentemente con un partido en el poder que gobernó México por 71 años.
Fox fue impulsado a la victoria principalmente por los jóvenes, que en un 51 por ciento salieron a sufragar por el candidato de la Alianza por el Cambio, repudiaron al candidato del PRI, Francisco Labastida, y vieron en aquél y no en Cuauhtémoc Cárdenas, como hace tres años, el mejor camino para el cambio. 
De acuerdo con los datos estadísticos preliminares, la contienda electoral entre Fox y Labastida fue del centro contra el sur, donde los electores del corazón del país arrasaron a los candidatos del PRI, el cual perdió las gubernaturas de Guanajuato y Morelos. Frente a la Alianza por México, el PRI también perdió el Distrito Federal.
Vicente Fox proclamó su victoria con un llamado a la concordia, secundado por el presidente Ernesto Zedillo, quien lo felicitó en un mensaje por cadena nacional. Cuauhtémoc Cárdenas, quien concedió la derrota, sin señalarlo, no felicitó a su contrincante. Labastida aceptó su derrota, pero tampoco felicitó a Fox.
En tanto, el perredista Andrés Manuel López Obrador, abanderado de la Alianza por la ciudad de México, ganó la elección para jefe del Gobierno del Distrito Federal.

Martes 4
PRI: estalla la crisis.
La derrota ante Vicente Fox en la elección presidencial desató ayer la crisis más grande que ha sufrido el PRI en su historia, con bandos encontrados y enconados que no hallaban cómo enfrentar el desafío de la redefinición del partido.
En una reunión den Comité Ejecutivo Nacional del PRI que se prolongó por varias horas, el partido se dividió en dos tendencias. Una se pronunciaba por ser una oposición "civilizada" que coadyuvara al tránsito pacífico del poder, y otra que pugnaba por ser una oposición "más dura". "Estamos tratando de evitar divisiones", dijo uno de los miembros del CEN priísta, "pero estamos a dos grados de los" putazos" 
Marcos Bucio, secretario de Prensa y Propaganda del PRI, afirmó que el CEN discutía la renuncia presentada por su líder nacional, Dulce María Sauri, y el secretario general del partido, Esteban Moctezuma, así como su relevo.
En tanto, el presidente Ernesto Zedillo recibió anoche en Los Pinos a Vicente Fox, y juntos definieron el proceso de relevo de mando al primer jefe de Estado que ha salido de un partido de oposición en la historia moderna de México.

Miércoles 5
Rebelión en el PRI.
En un giro insólito, amplios sectores del PRI en el país se rebelaron ayer contra el liderazgo políticos moral del presidente Ernesto Zedillo e impidieron un albazo del equipo de campaña de Francisco Labastida para nombrar apresuradamente a un nuevo líder nacional del PRI, al concluir una dramática jornada dentro del partido en el gobierno que lucha todavía por evitar una fractura que conduzca a su disolución.

Jueves 6
Se acabó la fiesta en el equipo de Fox.
Apenas 12 horas después del triunfo, la fiesta en el equipo de Vicente Fox terminó. La divergencia de los grupos de distintos partidos y corrientes que se sumaron en los últimos meses de campaña a Fox, ha provocado desavenencias y distanciamientos.

Viernes 7
Actos de rapiña en el tricolor.
Luego del fracaso electoral, en el PRI le cerraron la llave al equipo de campaña de Francisco Labastida, que está en franca desbandada, y cargando con lo que puede, bajo la consigna de que "los bienes son para remediar los males". En la sede nacional del tricolor se observan escenas de rapiña. No sé sabe quién tocó retirada.

Sábado 8 
Cierra filas el PRD: dan tregua a su presidenta.
En su primera reunión para evaluar la derrota electoral, la cúpula perredista acordó ayer una tregua para la presidenta Amalia García de aquí a diciembre, y convocar entonces a un Congreso Nacional que realice una reforma profunda del partido y decida si debe renovarse o no el Comité Ejecutivo Nacional.

Domingo 9
Las FARC exigen financiamiento para dejar de secuestrar.
El gobierno de Colombia y la principal fuerza guerrillera, las FARC, iniciaron negociaciones para lograr un cese al fuego que detenga la violencia. Los rebeldes piden una fuente de financiamiento oficial que les permita sostenerse una vez que renuncien al "impuesto revolucionario", como eufemísticamente denominan al secuestro.

(Tomado de: Milenio 5 años, 2000-2005. Milenio Diario S.A. de C.V., Monterrey Nuevo León, 2005)

viernes, 31 de julio de 2020

Quiénes fueron los liberales y los conservadores

(Mural "Juárez Redivivo" José Clemente Orozco)

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¿Quiénes fueron los liberales y los conservadores?


Con estos nombres nos referimos a los dos principales grupos con posiciones ideológicas, bases sociales y proyectos nacionales definidos que protagonizaron la historia política de buena parte del siglo XIX.
Los conservadores nutrían sus filas con miembros del alto clero, los altos jefes militares, los poderosos terratenientes y comerciantes. Pugnaban por un sistema de privilegios, por un poder centralizado, monárquico en el mejor de los casos, una sociedad corporativa e instituciones fuertes, principalmente la Iglesia y el Ejército. Pueden considerarse como una prolongación de los grupos dominantes de la última etapa de la Colonia que no lograron mantenerse en el poder de manera definitiva a través de la contrarrevolución independentista. En los primeros años de la república, cuando las primeras formas de organización política adquirieron forma a través de las logias masónicas, los conservadores alimentaron la logia escosesa que respaldó el proyecto centralista por medio del cual procuraron restablecer su dominio sobre la economía desde la ciudad de México.
Los liberales por su parte concebían que el país debía organizarse de acuerdo con el modelo estadounidense en una república federal con gran autonomía de las regiones, donde tuvieran preponderancia los pequeños y medianos propietarios, quienes se convertirían en la base del desarrollo económico. Para conseguir tales objetivos era necesario desaparecer el sistema de privilegios y las corporaciones de origen colonial, desamortizar los bienes de la Iglesia y las propiedades comunales. Al igual que los conservadores, los liberales tienen su origen en la parte final del virreinato, cuando los criollos y dentro de ellos las clases medias entraron en contacto con las ideas ilustradas y con el pensamiento político que inspiró la independencia estadounidense, la Revolución francesa y la Constitución de Cádiz. Tras el nacimiento de la república se organizaron en torno a la logia yorkina, estimulada interesadamente por el representante estadounidense en México, Joel R. Poinsett, y a través de ella respaldaron el proyecto federal y los planes de modernización económica. A mediados de siglo, el grupo liberal estaba dividido entre moderados, que pensaban que la transformación del país requería reformas lentas para evitar resistencias y por ello defendían el restablecimiento de la Constitución de 1824, y los puros o radicales que se inclinaban por un giro radical que exigía un nuevo ordenamiento político.

(Tomado de: Silva, Carlos - 101 preguntas de historia de México. Todo lo que un mexicano debería saber. Random House Mondadori, S. A. de C. V., México, D. F., 2008)

miércoles, 29 de julio de 2020

Margarito Zuazo

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Margarito Zuazo (¿?-1847)

El fulgor de la batalla era continuo. Durante varias horas, el ejército invasor golpeó a los defensores con el fuego de sus armas. El Molino del Rey, en la entrada de la capital, se convirtió en el escenario de una de las más escalofriantes batallas en la historia del país. La defensa de la edificación, que los estadounidenses creían contenía una fábrica de cañones y pólvora, era resoluta. Sin embargo, no había hombre, de un bando o del otro, que no supiera que era cuestión de tiempo para que las fortificaciones cayeran.
Los invasores estaban mejor armados. Pero del bando defensor estaban la gallardía y el orgullo. Ya los estadounidenses habían sido testigos de la ferocidad con que los mexicanos actuaron en batallas anteriores. Tan sólo unos días antes, el 20 de agosto, habían tenido problemas para tomar el Convento de Churubusco. La batalla del Molino del Rey, aquel 8 de septiembre de 1847, no iba a ser distinta.
La defensa había sido establecida y coordinada por el propio Santa Anna, que esperaba el ataque el día 7. Sin embargo, ante la falta de acciones del enemigo, decidió desguarnecer en la noche parte de la defensa hacia el sur de la Ciudad de México. Al día siguiente, el error sería evidente.
La batalla dio inicio desde temprana hora. El general Antonio León y los coroneles Lucas Balderas y Gregorio Gelati hicieron todo lo posible por contener la fortaleza de los enemigos. Durante varias horas, los hombres de ambos bandos comenzaron a caer. A nadie le quedaba duda que la entrada a la capital le costaría caro a los estadounidenses.
La victoria enemiga comenzó a materializarse en el transcurso del día. Héroes anónimos caían mientras otros continuaban en la lucha sin detenerse un solo instante. Uno de ellos tenía el nombre de Margarito Zuazo, del batallón Mina. "Era un mocetón arrugado y listo -escribió de él Guillermo Prieto-; a la hora de los pujidos, él estaba en primera; él era muy hombre". Y tan lo era que, a pesar de haber sido herido, bañado en sangre se acercó a tomar la bandera de su batallón que estaba a punto de ser tomada por los enemigos. Con la fuerza que le quedó, siguió combatiendo contra los invasores sin soltar un momento el estandarte. El fuego de las armas lo envolvía, y sin embargo logró llegar hacia uno de los edificios cercanos, donde se descubrió el pecho y enredó la bandera contra su cuerpo.
No olvidó su obligación y regresó al combate. Las bayonetas de los estadounidenses encontraron una vez más su cuerpo. Zuazo sólo protegía el pabellón sagrado y con debilidad se arrastró hacia la gloria. Ese héroe desconocido no deberá jamás quedar en el olvido.

(Tomado de: Tapia, Mario - 101 héroes en la historia de México. Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2008) 




lunes, 27 de julio de 2020

Exvotos



La palabra "exvoto" proviene del latín y significa "ofrenda que se hace a la divinidad, en recuerdo de algún beneficio".
En México, la tradición de los exvotos ha sido muy difundida y abarca aproximadamente quinientos años. Esta expresión adoptada por los mexicanos después de la Conquista les fue heredada de los españoles y en el transcurso de los años ha sido transformada y enriquecida en el llamado Nuevo Mundo.
Los exvotos, además de ser un muestra de agradecimiento, poseen un gran valor antropológico, puesto que reflejan de una manera clara las formas de vida de los mexicanos a través del tiempo y son un ejemplo más del arte popular.
El uso de nuevas técnicas y el consumismo han puesto en peligro este medio de expresión popular, aunque también resulta factible que no llegue a extinguirse gracias al profundo fervor mexicano.
El Museo de la Basílica de Guadalupe cuenta con más de 1300 exvotos en su acervo, los cuales han sido fotografiados y colocados de manera temática sobre los muros de la sacristía, el salón adjunto y la torre del campanario. Las piezas más sobresalientes corresponden a los siglos XIX y XX.

(Tomado de: Luque Agraz, Elin, y Michele Beltrán: Virgen de Guadalupe como patrona del arte. Virgen de Guadalupe, edición especial. Editorial México Desconocido, S.A. de C.V., México 2001)

viernes, 24 de julio de 2020

Creelman y Don Porfirio, 1908

Creelman y Don Porfirio
Periodista el uno. Presidente de la República el otro. Un régimen a la deriva. Y para salvarlo, ambos, como los necios, quieren tapar el sol con un dedo.
Ambos también ya no tienen oídos para escuchar los tremendos latidos del corazón enardecido de un pueblo a quien a fuerza desean meter en la órbita de un siglo fallecido: el siglo XIX, cuando las manecillas del reloj marcan horas de la centuria veinte.
Porfirio Díaz, osado, soberbio, ha preferido en este momento fúnebre hablar con un periodista extranjero, antes que conceder ya la misma entrevista a cualquier reportero mexicano. Esa ofensa del dictador al periodismo nacional es, según la califican los filósofos prácticos, de aquéllas ofensas que no se borran.
James Creelman es un cincuentón. Tapa la barbilla afilada con una piocha muy solemne, más afilada aún. Largos bigotes dan respetabilidad a su faz. Su cara es de las que al primer golpe de vista no se olvidan. Llega Creelman al Alcázar de Chapultepec. Se le recibe con exagerados protocolos, en tanto que en las bartolinas de la Cárcel de Belén decenas de periodistas sufren insolencias de los esbirros y prolongado ayuno.
Creelman saluda a Porfirio Díaz. Acomódase éste en amplío sillón, cerca de larga mesa, y el "publicista norteamericano muy afamado", representante del Pearson's Magazine, de Nueva York, extiende su libreta y saca su puntiagudo lápiz. "He hecho un viaje de cuatro mil millas para entrevistarlo", afirma cortésmente el reportero. La farsa ha comenzado.
-"Es un error suponer que el porvenir de la democracia en México se haya puesto en peligro por la continua y larga permanencia de un Presidente en el poder."
Tan gran mentira es anotada por el periodista yanqui. Después de cambiar impresiones en torno de la política norteamericana. Porfirio exclama: "¡Varias veces he tratado de renunciar a la Presidencia, pero se me ha exigido que continue en el ejercicio del poder, y lo he hecho en beneficio del pueblo que ha depositado en mí su confianza. El hecho de que los bonos mexicanos bajaran once puntos cuando estuve enfermo en Cuernavaca, es una de las causas que me han hecho vencer la inclinación personal de retirarme a la vida privada."
El carnet de Creelman sigue anotando falacias.
-"Hemos conservado la forma de gobierno republicano y democrático -agrega cínicamente el dictador Díaz-, hemos defendido y mantenido intacta la teoría; pero hemos adoptado en la administración de los negocios nacionales una política patriarcal, guiando y sosteniendo las tendencias populares, en el convencimiento de que bajo una paz forzosa, la educación, la industria y el comercio desarrollarían elementos de estabilidad y unión en un pueblo naturalmente inteligente, sumiso y benévolo."
Al decir paz forzosa, paradójicamente en el escritorio de trabajo del llamado "Pacificador' se encuentran muchos partes de guerra: levantados en el norte, pronunciados en el Bacatete, guerrillas en el sureste, fusilamientos en todos lados.
-"He esperado con paciencia el día en que la República de México -dice sumisamente- esté preparada para escoger y cambiar sus gobernantes en cada periodo sin peligro de guerras, ni daño al crédito y al progreso nacionales. Creo que este día ha llegado..."
Y ahora el periodista engolosina al general Díaz y le habla de política, de partidos, de hombres nuevos. Y el general Díaz, sin ningún recato, echa a volar está monstruosa mentira:
-"Es cierto que no hay partidos de oposición. Tengo tantos amigos en la República, que mis enemigos no se muestran deseosos de identificarse con la minoría. Aprecio la bondad de mis amigos y la confianza que en mí deposita el país; pero una confianza tan absoluta impone responsabilidades y debes que me fatigan más y más cada día. Tengo la firme resolución de separarme del poder al expirar mi periodo, cuando cumpla ochenta años de edad, sin tener en cuenta lo que mis amigos y sostenedores opinen, y no volveré a ejercer la Presidencia."
El general Díaz -nos cuenta el mismo Creelman- contempló un momento el majestuoso paisaje que se extendía al pie del antiguo castillo, y luego, sonriendo ligeramente, se internó por una galería, rozando a su paso una cortina de flores rojas y geranios rosa, amorosamente enlazados, al jardín interior, en cuyo centro una pila rodeada de palmeras y flores lanzaba plumas de agua, de la misma fuente en qué Moctezuma apagó su sed bajo los gigantes cipreses que aún levantan sus ramas alrededor de las rocas que pisábamos.
Porfirio Díaz cruza los brazos y dando muestras evidentes de estar al margen, muy lejos de la realidad, sostiene está inexactitud.
-"Si en la República llegase a surgir un partido de oposición, le miraría yo como una bendición y no como un mal, y si ese partido desarrollara poder, no para explotar, sino para dirigir, yo le acogería, le apoyaría, le aconsejaría, y me consagraría a la inauguración feliz de un gobierno completamente democrático. Por mí, me contento con haber visto a México figurar entre las naciones pacíficas y progresistas. No deseo continuar en la Presidencia. La Nación está bien preparada para entrar definitivamente en la vida libre. Yo me siento satisfecho de gozar a los setenta y siete años, de perfecta salud, beneficio que no pueden proporcionar ni las leyes ni el poder, y el que no cambiaría por todos los millones de vuestro rey del petróleo."
Otras mentiras más y la farsa termina. James Creelman regresó a su país y poco tiempo después húbose de dar cuenta con escepticismo que su entrevistado de Chapultepec no había dicho la verdad. En su propio periódico, el Pearson's Magazine, leyó este titular, a fines de noviembre de 1910: "Estalló la Revolución en México."

(Tomado de: Morales Jiménez, Alberto - 20 encuentros históricos en la Revolución Mexicana. Creelman y Don Porfirio. Colección METROpolitana, #2, Complejo Editorial Mexicano, S.A. de C.V., México, D.F., 1973)

miércoles, 22 de julio de 2020

Porfirio Díaz y Elihu Root, 1907

Don Porfirio y Elihu Root

La paz es un mito. En todo el país, desde los remotos tiempos del cuartelazo de Tuxtepec hasta septiembre de 1907, el silencio ha sido alterado por el estallido de balas subversivas, por el ir y venir de caballerías federales, por el marchar de agresivos pelotones de fusilamiento y por el grito de los inconformes encerrados en Belén y en San Juan de Ulúa.
Nuestros vecinos dudan ya de esa paz tan contada, tan traída y tan llevada. Y envían a extravagantes personas a recorrer el territorio con el agradable pretexto de cazar venados o liebres o de estudiar arqueología o etnografía. Bajo los atavíos inofensivos del turista, estos ciudadanos llevan en la cartera los documentos que los acreditan como funcionarios al servicio confidencial de sus respectivos gobiernos. Es importante para las naciones extranjeras salvaguardar los intereses de sus compatriotas radicados en tierra mexicana. Urge saber en las grandes capitales europeas y americanas la verdad acerca de este gobernante a quien llaman Caudillo de la paz.
Se vive, al despuntar el siglo XX, la tremenda época de la expansión imperialista. Y México es un punto del globo terrestre que concentra la mirada de los poderosos.
Nos ven, atentos, los señores de allí enfrente. Porfirio Díaz advierte este hecho y, para disipar recelos, dudas, malos entendimientos, el 7 de junio de 1907, por conducto del embajador mexicano en Washington, Creel invita a Elihu Root, Secretario de Estado norteamericano, a visitar México. Root, dicen los panegiristas de aquel tiempo, "uno de los abogados más notables del foro de Nueva York. Pero no es eso tan sólo; es, además, el colaborador eficaz del Presidente Teodoro A. Roosevelt."
El señor Root acepta la invitación y a mediados de septiembre del mismo año, acompañado por su familia, inicia el viaje. Entra por Nuevo Laredo. Aborda el tren presidencial. Pasa por Monterrey, Saltillo, San Luis Potosí y Querétaro. Y se le recibe pomposamente en la estación ferroviaria del Nacional Mexicano. Le abrazan efusivos Limantour, Ignacio Mariscal, de Landa y Escandón, Enrique C. Creel y otros altos representantes oficiales.
Root no traía ojos de turista. Sus miradas eran escudriñadoras. Deseaba percatarse personalmente del estado de cosas prevaleciente. Así lo estimaron ciertos periódicos antiporfiristas.
Root viose obligado a desmentir tales rumores. "He negado más de cuarenta veces que haya venido a este país con miras políticas de las que estoy muy distante; pero hay ciertos periodistas que piensan que la mejor manera de proceder es la de no creer lo que se les dice. Hacen muy mal observando está conducta, pero en esta ocasión es peor todavía", comentó el Secretario de Estado norteamericano.
-"Deseo ver cuánto antes al señor Presidente de la República, para estrechar su mano, pues tengo de él altísima idea por haber logrado, como sabio estadista, engrandecer y hacer progresar a la nación mexicana, haciéndola respetable y respetada."
Cómo a las 11 de la mañana, míster Root abandona sus habitaciones del Castillo de Chapultepec y se dirige al Palacio Nacional, a bordo de magnífico landau, en compañía de Mariscal y numerosos diplomáticos. Cómo es tradicional en estos casos, el Jefe del Estado Mayor recibe al visitante al pie de escalera principal, y lo conduce al Salón Verde. Allí están ya el Presidente Díaz y todo su Gabinete.
Con las formalidades protocolarias, Mariscal presenta a Porfirio Díaz con Elihu Root. Afectuosas palabras brotan de los labios de ambos personajes después de efusivo apretón de manos. Mariscal desempeña el papel de intérprete. En honor de su anfitrión, míster Root afirma que "es digno, en verdad, de elogios al pueblo mexicano por haber buscado en el trabajo su prosperidad; mas para trabajar con éxito se necesitan el orden y la paz y vos se los habéis dado." Se deslizan corteses alusiones a la Conferencia de Washington que trabaja en favor de la paz centroamericana. Quizá, muy en el fondo, Root desea decirle, sin palabras, a Díaz: "Evita el artillamiento de Salina Cruz."
Porfirio Díaz manifiesta a su visitante que él es digno de las mayores atenciones, porque "no sólo eran al estadística de talento sino al amigo y al político que se afana por afianzar las relaciones internacionales por medio de la paz continental."
En la noche de ese mismo día, Root y el Presidente se sientan a la mesa en que se sirve estupenda cena, en el Palacio Nacional. Uno y otro pronuncian discursos oficiales, abundantes en retórica y buenos deseos. Se exaltan a la paz y al progreso porfiriana. Se dice que México es el Edén.
En el Arbeu, la orquesta del Conservatorio Nacional de música deleita, días más tarde, a Root y al Primer Magistrado. Se suceden otras actividades: visita a las obras de construcción del Teatro Nacional, al nuevo edificio de Correos, la Escuela Nacional de Ingeniería, la Catedral, el Colegio de las Vizcaínas, Chapultepec y hace breves viajes, a Cuernavaca, Tlaxcala, Puebla, Veracruz, Jalisco y Estado de México.
Trata el régimen tuxtepecano de mostrar al diplomático yanqui un México pacífico, constructor, trabajador. En el "Garden Party" que se ofrece en Chapultepec a Root, un invitado exclama: "¡Con el solo champaña de está fiesta, habría habido el suficiente para servir dos veces el memorable banquete de los diez mil alcaldes de París!"
Continúan las visitas a los establecimientos oficiales. En la Cámara de Diputados se le recibe con extraordinaria formalidad. Calero pronuncia un discurso de paz y de amistad. Root contesta en idénticos términos.
Root, después de 15 días de estancia en México, se despide del general Díaz, con quien charla tres horas en el Palacio Nacional. Retorna a los Estados Unidos con el cerebro pletórico de imágenes que describen el trabajo, la paz, el progreso.
Por allí anda un iluso: Francisco I. Madero. El no cree en la traída y llevada paz porfiriana, ni en el falso panorama mostrado a Root. El demostrará, a su hora, todo lo contrario. En Cananea, en Río Blanco, en El Yaqui, en Quintana Roo, en todos lados la sangre ya ha corrido. El 18 de noviembre de 1810 correrá más, pero México seguirá por nuevos senderos. Y las falacias de la entrevista Root-Díaz se vendrá por tierra, como el gigante de los pies de barro.

(Tomado de: Morales Jiménez, Alberto - 20 encuentros históricos en la Revolución Mexicana. Don Porfirio y Elihu Root. Colección METROpolitana, #2, Complejo Editorial Mexicano, S.A. de C.V., México, D.F., 1973)