viernes, 15 de febrero de 2019

Hugo Argüelles




Dramaturgo del género oscuro

Ciudad de México, septiembre de 1970.

Me recibió Macabra con sus ladridos de lobo, pero Hugo la calló, mientras me decía:

Lo que quiere es que la acaricies.

Primero muerta”, pensé yo, pero contesté: “Mejor enciérrala, ¿no?Macabra, como si me entendiera, me olió y muy digna se volteó para ignorarme el resto del tiempo.

Una vez dentro de la casa, por una de las ventanas que dan al patio vi cientos de palomas que revoloteaban ¿Y eso qué es?

Tengo una colección de palomas rarísimas que me han ido trayendo de aquí y de allá.

¿Dónde es “aquí y allá”?

De la India tengo unas que se llaman mokis y son sagradas; también tengo las capuchinas y otras que nacieron en Egipto y en África, y que ya se han reproducido. Mira, aquí fuera está el palomar (tan alto como un edificio). En la sala estilo Luis XV, destaca un majestuoso Cabrera y algunos hermosísimos retablos enmarcados en yeso. Decidí olvidar un poco el decorado y dedicarme a charlar con este singular escritor, cuando sobre la mesa vi unas hojas con un gigantesco curriculum vitae que se iniciaba así: “1952-1957.cinco años en la carrera de Médico Cirujano en la Facultad de Medicina.”

¿Pero cómo, Hugo, después de cinco años dejaste tu carrera?

Sí, porque definitivamente no era lo mío. Desde el tercer año de medicina la inquietud de escritor estuvo por encima de la inquietud de ser médico, y bajo la tutela de Novo y Carballido cursé al mismo tiempo el primer año de Bellas Artes.

¿En tu casa lo sabían?

¡Claro que no! Pero surgieron entonces las obras Los cuervos están de luto y Los prodigiosos, que fueron premiadas inmediatamente.

Y con eso se acabó la mentira.

¡Cierto! Seguí la carrera de Letras Españolas, especialización en Arte Dramático, y de ahí a trabajar, con obras en escena.

¿Cuál fue tu primera obra que se estrenó?

Los cuervos, en 1960, producida y actuada por Carmen Montejo. Después Francisco del Villar la vio y se interesó en llevarla al cine, pero antes me pidió otra historia… Trabajé como enajenado, y en quince días surgió El tejedor de milagros.

¡Fantástica! Ganó un premio, ¿verdad?

Muchos en México, y uno en Alemania. Fui a Berlín con El tejedor, y me quedé en Europa estudiando y viendo mucho teatro.

¿Y la televisión?

Cuando regresé a México me mandó a llamar Ernesto Alonso y me dijo: “Las gentes como tú y yo nos hablamos de tú”. Surgió Doña Macabra, lo entusiasmó, la dirigió magníficamente y triunfó. ¿Tú sabes que Doña Macabra fue la única farsa de humor negro que se ha hecho en televisión? Era tanto el abuso del chantaje mental que había que sanearlo a base de humor negro.

¿Qué piensas del cine mexicano?

Va mejorando y con vistas a reconquistar otros mercados internacionales. Tanto por la temática que ya se atreve al estudio de caracteres y a no abusar de prototipos, como al nivel técnico, que es de indudable adelanto.

¿Trabajas para todo el que te lo pida?

No. Soy selectivo.

¿Dónde se han presentado tus obras?

Los cuervos se presentó en Checoslovaquia. El tejedor, en Alemania. Los prodigiosos, Medea, y Los visitantes del sueño, en Cuba. Y actualmente se estudia en Madrid la puesta en escena de La ronda de la hechizada.

¿Por todas te han premiado?

Por la mayoría.

¿Por qué siempre escribes obras tétricas?

Las siento. Mira, nada menos cuando empecé a escribir La hechizada, fue como si alguien me la dictara: estuve seis días sin despegarme del papel; pero lo curioso vino después: un buen día, leyendo de seres hechizados, descubrí que en Asturias –de donde es mi padre- existió hacia 1575 un monje que exorcizaba a los poseídos; prestó servicios, entre otros, a Carlos II el Hechizado. Este monje fue perseguido por la Inquisición y no se supo su fin. Parece que unas monjas de un convento lo protegieron, pero lo espeluznante del caso es que el monje se llamaba Hugo Fernando Argüelles.

Entiendo ahora que todo esto te produce el más profundo respeto…

Mucho, y en mi próximo viaje a España, que será pronto, me propongo investigar más sobre ese monje.
¿Tú dirías que eres “una buena persona”?

Ni bueno, ni malo. Tengo muchas amistades lo cual puede hacer pensar que soy buena persona, pero también tengo enemigos, y me encanta tenerlos, sobre todo si son interesantes y demoníacos para que la enemistad tenga sentido.

Para mí, que tú eres mucha pose.

Utilizo la pose porque da tranquilidad y te quita gente de encima, muchos imbéciles.

¿Ganas mucho?

Trabajo para vivir una buena vida, como a mí me gusta…

Dejar a Hugo fue un descanso para mi mente, porque a pesar de ser mi amigo, sus obras me producen escalofríos…



[Hugo Argüelles, 2 de enero de 1932, Veracruz, Veracruz; 24 de diciembre de 2003, Cd. De México]

(Tomado de: Helen Krauze – Pláticas en el tiempo. Serie: Alios Vientos. Editorial Jus, S.A. de C.V. México, D.F., 2011)






jueves, 14 de febrero de 2019

Wolfgang Paalen



(amanecer - 1959)

Wolfgang Paalen nació en 1905 en Viena, Austria. Falleció en la ciudad de México, por decisión propia, en 1959. Hombre dotado de clara inteligencia y exacerbada sensibilidad, todo unido a una fuerte neurosis; lo que nos da una idea del carácter artístico de este singular maestro.

Su formación, con un obligado arranque académico vienés, fue influida en su paso por varias ciudades europeas; esto le valió enterarse de los movimientos artísticos de vanguardia de principios de siglo; situación que le ayudó a definir su postura.

A partir de 1932 participó, en Paris, en las actividades del grupo Abstracción-Creación, acorde con sus preferencias; entre sus amigos más cercanos en ese momento de su carrera, se encontraban Auguste Herbin, Fernand Léger, Hans Arp, F. Kupka y Amédée Pzenfant. No obstante su identificación declarada hacia el abstraccionismo, terminó por abandonarlo transitoriamente para incorporarse al movimiento de los surrealistas, tal vez animado por Max Ernst y por la simpatía que le despertó André Breton. En 1938 intervino en la organización de la histórica Exposición Internacional del Surrealismo, exhibiendo también dos de sus cuadros fundamentales en esa corriente: Fata Alaska (1937) y Combate de príncipes saturninos (1938). En realidad su paso por el surrealismo fue breve, más no por ello intrascendente; contribuyó al movimiento con el procedimiento del fumage, que utilizó en diversas ocasiones.

Paalen conoció a Frida Kahlo en París en 1938; atendiendo a una invitación de ésta y huyendo de la hecatombe que los fascistas desatarían en Europa, arribó a México en septiembre de 1939, en compañía de Alice Rahon, su pareja en esa época. Le había antecedido André Breton, quien tuvo el ingenio de definir a México como el país surrealista por excelencia. Atraído por una serie de intereses que ocupaban su atención y respondían a su propia problemática artística, Paalen permaneció en México, salvo algunas ausencias. Aquí desarrolló una intensa vida intelectual a través de diversas actividades, desde aquellas relacionadas con el arte prehispánico, hasta las inherentes a su trabajo artístico.

En enero de 1940 se presentó en México la Exposición Internacional del Surrealismo; todo un evento cultural por las intenciones y la novedad de las obras europeas presentadas aquí. La organización corrió a cargo de André Breton, el poeta peruano César Moro y Wolfgang Paalen. La exposición se instaló en la Galería de Arte Mexicano, de la inolvidable Inés Amor. Participaron artistas europeos, cuyos nombres sería ocioso citar aquí y algunos mexicanos a quienes Breton consideró como exponentes sui generis del surrealismo. En realidad estos artistas practicaban un arte que poco o nada tenía que ver con la corriente politizada del muralismo, y entre ellos se encontraban Manuel Rodríguez Lozano, Agustín Lazo, Antonio Ruiz, Carlos Mérida, el joven Guillermo Meza y el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo. Expuso también Frida Kahlo y con su oportunismo acostumbrado Diego Rivera, con obras que estaban muy lejos del programa bretoniano. De Paalen se mostraron las siguientes pinturas: La balanza, Viejo océano, Combate de príncipes saturninos y un objeto, El genio de la especie, obra verdaderamente sensacional: un revólver hecho a base de huesos, colocado en elegante estuche.



La importancia que en su momento tuvo la Exposición Surrealista fue considerable, como sucede siempre que se presenta lo que en sí constituye ya una novedad en el medio. Hoy se puede pensar que se exagera esa importancia; mas entre lo que provocó, que no fue poco, estuvo el inquietar las conciencias de los productores de arte, en especial a los inconformes de la política artística llevada en el país; entre ellos se encontraba Manuel Rodríguez Lozano. El no modificó propiamente su producción, pero sí reafirmó sus principios, ya que la exposición venía a demostrar la validez de otros tipos de creación plástica, como la suya, con toda seguridad muchos de los artistas –y entre ellos hay que contar a los estudiantes- que asistieron a la exhibición de las obras surrealistas sufrieron un fuerte impacto. El significado de esta exposición no se reflejó de inmediato, más dio sus frutos posteriormente; fue como una semilla que fecundó en un campo propicio.


(Así es la vida - 1958)

La presencia de Wolfgang Paalen en México tuvo una resonancia sutil y subterránea, a pesar de haber instalado aquí su taller; investigó sobre las enigmáticas cabezas olmecas, publicó la revista Dyn, desde la cual teorizó sobre el significado del arte dentro de un mundo, en el que la ciencia fincada en las teorías de Einstein parecía que lo era todo. En nuestro país presentó dos exposiciones de sus pinturas: la primera en 1945 en la Galería de Arte Mexicano, la segunda en 1958, significativamente en la Galería de Antonio Souza, una de las pocas dedicadas entonces al arte de vanguardia.

En esas muestras se registran los cambios habidos en su concepción estética. Pronto abandonó las filas del surrealismo para adoptar finalmente una expresión luminosa, rica en colores, pero nada lejana del abstraccionismo; en cierta forma regresó a los orígenes de su arte. La resonancia de cuanto Paalen hizo en México, y fue mostrado tanto en su taller como al público, alcanzó en la década de los cincuenta una proyección positiva sobre los pintores jóvenes que denodadamente abrían nuevos caminos al arte mexicano.


 (Bañistas -bagneuses-1959)

Contribuyeron al reconocimiento del artista vienés los trabajos de los críticos de arte Margarita Nelken y Jorge Juan Crespo de la Serna.


(Tomado de: verificar Delmari Romero Keith – Otras figuras del muralismo. Historia del arte mexicano, fasc. #105, Arte contemporáneo; Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V., México, D.F., 1982)




miércoles, 13 de febrero de 2019

Rafael F. Muñoz






(Chihuahua, 1899; Ciudad de México, 1972) Escribe antes que nadie unas Memorias de Pancho Villa (1923) a las que sigue El feroz cabecilla, en 1928; pero publicará sus libros más importantes en la década siguiente: Vámonos con Pancho Villa y Se llevaron el cañón para Bachimba (1931) y Si me han de matar mañana… (1934). Obras incompletas, dispersas o rechazadas, con notas del mismo autor, publicado en 1968.

Fue el más “reporteril” de todos, pero se engañarían los que creyeran que su literatura estaba hecha para el periódico, llamado a desaparecer con el de la fecha siguiente. Rafael F. Muñoz, como todos los narradores de esta época, relata lo cierto pero lo amalgama con lo que deberá haber sido. Baste como ejemplo su cuento de la muerte de Rodolfo Fierro, el lugarteniente de Villa –del de La feria de las balas, de Martín Luis Guzmán. Efectivamente, Fierro murió en un tremedal, pero no como lo cuenta Muñoz. Ahora bien, para la historia la verdad será la del novelista.

En nadie como en él –como no sea en Gregorio López y Fuentes, que carece de su garra de narrador, y se irá por los linderos del “indigenismo”- se deja constancia de ese machihembrar de realidad e imaginación, sin tomar partido, como no sea adverso, para elevar un monumento de admiración precisamente a lo que no se quiere admirar, tan propio del género.

Se puede encontrar en sus relatos, y en los de López y Fuentes, si no las primeras –son de genealogía española- algunas manifestaciones de lo que ha venido a ser el famoso “machismo” mexicano, por ejemplo: ese campesino cuya mujer e hijas son asesinadas por Villa, frente a él, y que luego es capaz de morir por el caudillo aguantando impertérrito las torturas más refinadas, callando lo que sabe.

Rafael F. Muñoz prefirió el hecho al dicho. Su estilo es puro, desnudo, sin cuidados femeniles. Escribió lo que tenía a pecho, luego calló, dedicándose a jugar al dominó.

(Tomado de: Max Aub – Guía de narradores de la Revolución Mexicana)

martes, 12 de febrero de 2019

Los masones y el movimiento de Independencia


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¿Apoyaron los masones el movimiento independentista?


Los masones surgieron en el siglo XVIII cuando un grupo de albañiles (maçons en francés) quería liberarse de los frailes benedictinos. Estos disidentes formaron gremios para monopolizar la construcción. Llegaron a la Nueva España con el gobierno del Virrey Revillagigedo (1746), una época en la que muchos súbditos franceses escapaban de los jacobinos. Aún es tema de controversia la aseveración de que Hidalgo y Allende eran masones. A esta institución pertenecieron personajes como Simón Bolívar, fray Servando Teresa de Mier y Antonio Sucre, todos pilares de los movimientos emancipadores de la Colonia española. Los masones enfatizan la importancia que tiene el esfuerzo hecho para la comunidad y dan gran valor a la lealtad.

La conexión masónica fue fundamental en esos años, pues fue un punto nodal para los partidarios de la Independencia. Le dio al movimiento un carácter y una continuidad. Difundió el conocimiento práctico y dio un centro institucional para lograr que las campañas insurgentes lograran coordinarse. Las logias tenían el dicho: “Unión, firmeza y valor”, parte de los principios que profesaban los masones, así como la regularidad, amistad, unión, fraternidad, prudencia, amor, esperanza, tolerancia y filantropía.

Los masones se reunían en la casa de Juan Esteban Laloche en la ciudad de México. En esas reuniones se leían las obras de la Ilustración, se debatía en torno a los aciertos y los errores de la Revolución francesa y además se tenía la costumbre de celebrar los solsticios.

La primera logia masónica en México se fundó en 1806 y se llamó Arquitectura y moral. Estaba en la casa de Manuel Lugando, el regidor del ayuntamiento de la ciudad. Sus reuniones en 1810 eran clandestinas y en esa misma época los realistas se dieron cuenta de la conspiración de Hidalgo. Los masones jugaron un papel muy importante en el período de la Independencia y en la formación del Estado nacional. Gracias a las logias masónicas, los patriotas mexicanos tuvieron acceso a corrientes de pensamiento europeo y comenzaron a familiarizarse con los ideales de la modernidad: la libertad de creencia, de prensa, de religión y la idea fundamental de que gracias al esfuerzo individual y a la investigación racional de las leyes de la naturaleza y de la sociedad los individuos pueden perfeccionarse ellos mismos y a la humanidad. Estos conceptos irrumpieron de una manera casi violenta en una sociedad dominada por la tradición. En parte, la presencia de la masonería en México explica el énfasis que la nueva nación independiente le iba a otorgar a la educación y a las leyes.

Los símbolos masones son instrumentos de construcción, números y formas geométricas que refieren a la edificación de una arquitectura moral. Los masones en México se dedicaron a reflexionar sobre la mejor manera de fundar los elementos constitucionales del país. El problema, años más tarde, sería que el consenso para determinar lo que es adecuado para la nación es una tarea sumamente compleja y que generó discrepancias dentro de la masonería.

(Tomado de: Cecilia Pacheco - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

domingo, 10 de febrero de 2019

Ninón Sevilla






Ninón Sevilla

El desbordamiento sexual

[Emelia Pérez Castellanos (La Habana, Cuba, 10 de noviembre de 1929 - Ciudad de México, 1 de enero de 2015)]
Sexual diosa cinematográfica de México y Latinoamérica; emblemática figura de la época rumbera; de estilizada y breve cintura, amplia cadera y hermosísimas e interminables piernas; fuerza de la naturaleza, sensualidad y sexualidad desbordada; bailarina erótica; diosa fílmica a la altura de cualquier mito erótico mundial. Jaques Udiberti en Cahiers du cinema la comparó con Garbo y Dietrich, Ado Kirou en Amor y erotismo en el cine, afirmó que “en ella, como en otras grandes, el erotismo se expresa mejor a través de lo que la “gente bien” llama “mal gusto”. Auténtica reina del trópico, de la noche y del baile tropical, Ninón Sevilla es una de las estrellas más sexys, si no es la que más, del cine mexicano: “la sensualidad misma del cine mexicano”. (David Ramón)

Parte memorable de su cuerpo:
Las caderas.

Su papel más sexy:
El de la joven seducida, traicionada y vengadora en Aventurera.

Su escena más provocadora:
Cuando seduce a Fernando Soler en Sensualidad.



(Tomado de: Somos, especial de colección núm. 6, Los símbolos sexuales + ardientes del mundo, Editorial Eres, S.A. de C.V. México, D.F., 1997)








viernes, 8 de febrero de 2019

Importancia del Magonismo en la Revolución



Una corriente política e ideológica: el magonismo. Una organización partidaria que llega a ser de masas: el Partido Liberal. Una publicación que a lo largo de 18 años instrumenta periodísticamente una política: Regeneración. Son estos tres aspectos inseparables y complementarios, los que definen la tendencia política de masa más radical, más deslindada y más coherente de las que confluyen en la revolución de 1910-1917.

El magonismo, el Partido Liberal y Regeneración son los que lanzaron en 1903, por primera vez masivamente, las consignas antirreeleccionistas que serían la bandera de la revolución maderista 7 años después. Fue el magonismo, a través de la Junta Organizadora del Partido Liberal, el que organizó los levantamientos armados de Cananea, Río Blanco, Orizaba y Puebla. El programa del Partido Liberal de 1906 fue la plataforma de reivindicaciones que formuló el contenido social del proceso revolucionario de 1910-17 e inspiró los principios fundamentales de la Constitución de 1917.

Desde 1900 hasta 1910, la conciencia antiporfirista de las masas iba cristalizando y sistematizándose en torno a las denuncias, la propaganda y las posiciones políticas de esta corriente, alrededor de la cual giraron decenas de periódicos de oposición y cientos de grupos que denunciaban y combatían por todos los medios a la tiranía. La participación del magonismo, su partido y su prensa, en la creación de las condiciones subjetivas que antecedieron a la insurrección de 1910, fue fundamental tanto ne el terreno de la conciencia como en el de la organización.

También el estallido de la revolución y los primeros años de lucha estuvieron marcados por el magonismo. A pesar del exilio y persecución de Ricardo Flores Magón y sus colaboradores –que significaba el exilio de la Junta Organizadora del Partido Liberal y de la redacción de Regeneración- los primeros meses del combate se definieron por la presencia en el campo revolucionario de dos fuerzas y dos políticas: el maderismo con su bandera estrechamente antirreeleccionista y el magonismo enarbolando el programa liberal de 1906.

En los años posteriores, a pesar de que los grupos de combate directamente controlados por la Junta Organizadora del Partido Liberal se redujeron, desintegraron o sumaron a otras corrientes o facciones, la influencia ideológica de las posiciones del magonismo se extendió y consolidó y sus banderas programáticas y reivindicaciones se transformaron en patrimonio común de todo el campo revolucionario. Frecuentemente, cuando un planteamiento del Partido Liberal era hecho suyo por las principales facciones revolucionarias, el magonismo había pasado ya a posiciones más avanzadas y radicales.

A partir del triunfo y consolidación en el poder del carrancismo, la corriente de Flores Magón se vio reducida casi exclusivamente a la denuncia política a través del periodismo revolucionario. Casi sola, se levantó todavía por unos años la voz de Regeneración, desenmascarando lo que para el magonismo fuera la traición a los intereses y a la lucha de las masas campesinas y obreras durante casi 10 años. La revolución por la que propugnaba el Partido Liberal había sido conducida a la claudicación y a la conciliación con la burguesía y los terratenientes; las masas, que no vieron cumplidas sus demandas fundamentales, se encontraban insatisfechas y en algunos casos se mantenían en lucha. Pero sólo el magonismo fue capaz de racionalizar este descontento, y en Regeneración se esbozaron los primeros análisis políticos de lo que significaba el curso adoptado por el proceso revolucionario.

Forjador, primero, de la política y las banderas programáticas de la insurrección que habría de estallar en 1910, el magonismo se encargó después, en 1917 y 1918, de hacer un primer balance de la lucha y declarar que la revolución se había quedado a medio camino. Los últimos números de Regeneración, en 1918, se dedicaron a mostrar la necesidad e inclusive la inminencia de un nuevo proceso revolucionario. La nueva insurrección, sin embargo, se cuadraba entonces en el marco del ascenso de la revolución mundial, a la que el octubre rojo de Rusia en 1917 había abierto las puertas. A la tarea de bosquejar los caminos de esta nueva revolución y a señalar sus síntomas en todo el mundo, dedicó Regeneración las páginas de sus postreros números.


(Tomado de: Armando Bartra (Selección) - Ricardo Flores Magón, et al: Regeneración, 1900-1918. Secretaría de Educación Pública, Lecturas Mexicanas #88, Segunda Serie, México, D.F., 1987)




jueves, 7 de febrero de 2019

De Anáhuac a la Nueva España




El nombre de una de las naciones más pujantes del mundo contemporáneo, la mayor de lengua española, es México. En tanto que Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia y Bolivia tienen nombre europeos (argento, brasa, Venecia, Colón, Bolívar), México (como Canadá, Nicaragua, Perú, Uruguay y Chile) es voz que procede de un idioma aborigen de América.

Documentos antiguos y descubrimientos recientes nos permiten aclarar sobre bases científicas la etimología de México, objeto de controversias desde la época prehispánica.

El territorio que hoy, grosso modo, ocupa el mapa de la República Mexicana, se llamó Anáhuac (“rodeado de agua”, “junto al agua”) en la época anterior a la conquista, y Nueva España desde la conquista hasta los albores de su independencia (segunda década del siglo XIX). Juan de Grijalva dio este nombre a la tierra que descubrió en 1518, es decir, a la costa “mexicana” del Golfo de México hasta Cabo Rojo. Hernán Cortés adoptó el año siguiente, al iniciar la conquista, la denominación de Grijalva.

“En una nao que de esta Nueva España (…) despaché el 16 de julio de 1519…”

(Segunda Carta de Relación a Carlos V, fechada el 30 de octubre de 1520).

En la misma Carta, Cortés propone e impone al emperador el nombre elegido:

"Por lo que yo he visto e comprendido acerca de la similitud que toda esta tierra tiene a España, así en la fertilidad como en la grandeza y fríos que en ella hace y en otras muchas cosas que la equiparan a ella, me parece que el más conveniente nombre para esta dicha tierra era llamarse la Nueva España del Mar Océano, y así en nombre de vuestra majestad se le puse aqueste nombre. Humildemente suplico a vuestra alteza lo tenga por bien y mande que se nombre así."

Con todo, también en la dos veces citada Carta de Relación, está mencionada la voz indígena que habrá de convertirse, tres siglos más tarde, en el nombre de Anáhuac independiente: México. Cortés dice que México es una provincia en la cual se halla la ciudad de Temixtitan.

Emperador de la América mexicana

En otra carta a Carlos V, escrita ya después de la conquista, Cortés llama a la capital azteca Mexico Temixtitla. Emplea, pues, la palabra Mexico (llana y con el sonido silbante que tenía la equis entonces: es decir Meshicco), como la oía pronunciar a su intérprete, la Malinche. Por obvias razones políticas, Cortés estableció la capital de la Nueva España en el área de la destruida metrópoli indígena. Es posible que los españoles prefirieran usar el nombre de Mexico (Meshico) debido a la resonancia del imperio mexica (meshícatl) del cual eran los herederos. La circunstancia decisiva por la cual México ha prevalecido sobre Tenochtitlan es su pronunciación más fácil para los hispanohablantes y su brevedad, que aumenta cuando México se vuelve esdrújulo. (Meshico se vuelve Méshico).

Al independizarse la colonia del dominio español, obviamente la nueva nación no podía seguir llamándose “Nueva España”. En 1821 los soldados de Iturbide proclamaron a éste “Emperador de la América Mexicana”; dos años más tarde se promulgó la constitución de los Estados Unidos Mexicanos. El nombre de la capital se volvió definitivamente el del país: México.

Pero México es, además, el nombre de una de las entidades federativas; ampara, pues, la capital metropolitana, el estado y la nación entera. Es nombre uno y trino.

(Tomado de: Gutierre Tibón - Historia del nombre y de la Fundación de México. Fondo de Cultura Económica, Sección de Obras de Historia, México, D.F., 1975)


miércoles, 6 de febrero de 2019

La Parroquia de Santa Prisca


El corazón de Tasco, el centro de su vida espiritual, el monumento que desde cualquier sitio se ve, es la parroquia de Santa Prisca. Edificada en cantera traída del monte del Huisteco, goza en dominar sus contornos, goza en entregarse cuando se mira desde las alturas circunvecinas. Su perfil desgarrado, su cúpula de azul espejeante, su color rosado sobre el cielo ultramar, sus torres rojas al crepúsculo, despiertan una emoción que difícilmente puede olvidarse. Todo Tasco está en ella y ella se difunde como fuerza magnética sobre su ciudad: es su orgullo y su amparo.

La antigua Parroquia de Tasco era un templo pobrísimo. Su techo de tejamaniles era reparado todos los años sin que los diluviales aguaceros tuvieran para él pizca de respeto. Su torre única, pobre de campanas, conmovía apenas a la estatua de piedra de Santa Prisca que existía en la fachada. Pero llega don José de la Borda a Tasco, pasa algún tiempo allí con su hermano don Francisco que trabajaba, años hacía, en las minas de San Ignacio y la Lajuela; se casa allí con doña Teresa Verdugo, hija de un prohombre tasqueño, el capitán don Francisco de igual apellido; va en busca de suerte propia; ya picado del gusano de la minería, a Tlalpujahua; hace allí fortuna, regresa a Tasco, muerto quizás su hermano, a trabajar las minas que éste dejara; llégale la bonanza estupenda de la veta de San Ignacio y entonces reconstruye de su propio caudal, con esplendor inusitado, la parroquia de Santa Prisca. El arzobispo de México, Rubio y Salinas, le concedió licencia para la obra en día 23 de febrero de 1751. Borda hizo esculpir el escudo del prelado sobre la fachada del templo, simétricamente con el escudo real de España que después de la Independencia fue sustituido por una tosca águila con nopal y serpiente. Conócese la licencia dada por el Virrey a solicitud de Borda en 12 de febrero de 1751. Borda puso dos condiciones para hacer el templo a su costo: que nadie, fuese sacerdote o seglar, se entrometiera en la obra, ni pudiese manejar los fondos a ella destinados, sino él. Por eso el templo salió tan homogéneo: sigue una sola idea, una sola cabeza es la que manda, un solo gusto es el que preside a la fábrica.

El templo fue dedicado durante los días 11 y 12 de marzo de 1759. Está bajo la advocación de Santa Prisca y se gastó en su edificación, sin contar la cal, el material de las bóvedas, el fierro, la jarcia, las alfombras, la plata, los ornamentos y los vasos sagrados, la cantidad de 471,572 pesos, 5 y medio reales.

Su atrio se halla limitado por dos monumentos: uno esbelto que tiene la estatua de San Miguel, en piedra, y otro una cruz esquinada en un ángulo de 45 grados. Son los dos de una elegancia, de una finura delicadísima. Como la calle del Arco, que arranca del ángulo del atrio donde se halla la cruz, baja aguda pendiente, éste está limitado y sostenido por bello muro de curvas entrantes y salientes, rematadas éstas por macetones esculpidos en piedra con estípites en forma de flámulas.


La fachada nos muestra un bello ordenamiento barroco. Su locura es moderada; goza en sus partes bien compuestas, en su técnica ceñida. La fantasía dieciochesca ha encontrado frenos en el buen gusto, en la ponderación, en la cultura de quien dirigía la obra. Los alardes, los excesos, los derroches, se quedan en los retablos del interior; aquí estamos trabajando en cantera, en esta bella cantera teñida de rosa, con una tierra traída del Huisteco. Dividida en dos cuerpos, y un remate, la encuadran columnas geminadas; lisas las bajas, salomónicas las superiores. Sobre la puerta el escudo pontificio finamente esculpido como obra de un platero colonial, y arriba un gran medallón ovalado con un relieve que representa el bautismo de Cristo. El remate con una ventana coronada por una concha y los escudos a los lados, sobre la fachada; el reloj, con la Virgen y dos Evangelistas, parece un gran reloj de chimenea, hecho en bronce dorado o en mayólica policroma.

Sobre la bóveda admiramos los bellos remates que coronan los muros del templo; tienen carácter de tallas en madera, como los ornatos del monumento a la cruz, y los jarrones del muro, en el atrio. Y, a la vez, cierta influencia oriental, originada, sin duda, por los objetos que la Nao de China desembarcaba en Acapulco y pasaban por aquí para la capital del virreinato. En los ángulos de la estructura que sostiene el tambor de la cúpula, cuatro grandes ornatos piramidales, como pies de cirial, insisten en esa técnica y, si os fijáis bien, veréis que los remates de las torres tienen la misma original forma: por eso se ven distintas de cuanta torre colonial existe.

Por la silueta desgarrada en esculturas y ornatos, las torres oscilan si se las ve desde lejos: parecen dos temblorosas concreciones en piedra. El ojo goza siguiendo los detalles de su ornato, la filigrana de sus pilastras. Los campaniles inferiores descansan sobre ménsulas formadas por grandes máscaras; unas grotescas, trágicas otras.

La cúpula se halla cubierta de bellos azulejos. ¿De dónde traerían estos azulejos? ¿Serían hechos aquí? Porque son diversos de cuanto azulejo existe, sobre todo los azules, de color diverso del de los típicos poblanos. Vecina del cielo, fue como una semiesfera concéntrica del empíreo y atesoró bajo ella maravillas.
Podéis penetrar conmigo al interior del templo. Los retablos deslumbran en una tempestad de oro fino. Serenad vuestra vista y vaya vuestra vista recorriendo con inefable deleite. Se recreará en los huecos de las entrecalles, se hundirá hasta perderse en los vericuetos de las volutas; se sentirá satisfecha sobre los repisones y las ménsulas; se verá acogida en lo hondo de los nichos.

Quien os diga simplemente que estos retablos son modelos de retablos churriguerescos –si en lo churrigueresco puede haber modelos- ¡qué lejos de definirlos queda! La fantasía humana, llevada al paroxismo; el arte, tocado de sobrehumano delirio; la piedad exaltada a lo sublime; la magnitud dando corazón al oro; la magnificencia desbordándose en chorros, han realizado la unión grandiosa que produjo esta máxima obra de arte. Leed, si podéis, cada una de estas creaciones, porque todas tienen su personalidad, y ved cuán pequeña resulta una sola palabra, de clasificación, para encerrar estas maravillas.

Si sois atentos, observaréis un detalle interesante: la obsesión de la concha, no sólo como pretexto ornamental sino considerada como parte importante en la concepción de los retablos: en el lugar más conspicuo, en la parte más solemne, coronando un frontón roto o en el sitio álgido de una concha. En el exterior del templo abundan también las conchas: no cabe duda, Borda tenía la obsesión de la concha.

El púlpito y los ambones de madera fina; un bello tenebrario de intarsia; el órgano, dentro del estilo dominante, bajo estas bóvedas sostenidas por arcos suntuosos que descansan en un cornisamiento esculpido maravillosamente. Y los retablos llenando los huecos de los arcos: he aquí el interior del más bello templo de la República.

Aún debéis ver la Sacristía, digna del resto, con una estupenda mesa y tres sillones tallados, de la misma obra que el púlpito, y pinturas de Miguel Cabrera, a quien perdonamos su mediocridad en gracia a la armonía del sitio.

Si pudierais ver el tesoro, admiraríais algunas custodias de plata dorada, un bellísimo cáliz de plata cincelada y un cofrecillo de plata repujada, de principios del siglo XIX, que es una maravilla.

En una estancia que sirvió de Sala Capitular se guardan los retratos de personajes de Tasco o que contribuyeron a su mejoramiento; allí está el de los dos Bordas, don José y el doctor; el del papa Benedicto XIV que agregó el templo de Tasco a la lateranense de Roma; el del arzobispo Rubio y Salinas que dio permiso para su construcción; el de Juan Ruiz de Alarcón, apócrifo, colocado allí porque todos los vecinos de Tasco quieren que Alarcón haya nacido allí, aun contra el mismo Alarcón que aseguraba haber nacido en México; el de Becerra Tanco, el de… ;pero asomaos a esta ventana enrejada sobre el admirable paisaje de Tasco… ¿verdad que Tasco, gracias a Borda, no necesita que haya nacido en él ningún Alarcón ni ningún nadie, para ser estupendamente bello?

Salgamos a ver Tasco, sus callecitas empedradas, sus recodos llenos de paz; sobre nosotros queda el templo, corona de Tasco, maravilla del arte virreinal. Y este templo es un homenaje al clero secular, a la autoridad del papa y los obispos; podéis comprobarlo con el hecho de que en sus retablos no hay un solo santo fraile; todos son sacerdotes, obispos o papas. Es un himno entonado por Borda en honor de la clerecía.

(Tomado de: Toussaint, Manuel - Oaxaca y Tasco. Grabados de Francisco Díaz de León. Lecturas mexicanas, primera serie, #80. Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 1985)


martes, 5 de febrero de 2019

Julián Carrillo

 
Nació en Ahualulco, San Luis Potosí, en 1875; murió en la ciudad de México en 1964. Fue el último de los 19 hijos de Nabor Carrillo y Antonia Trujillo, ambos de origen indígena. A los 10 años de edad fue llevado por su madre a San Luis Potosí, donde estudió música con el maestro Flavio F. Carlos; aprendió a tocar primero los timbales y después el violín; en las mañanas ejecutaba responsos fúnebres en la catedral y por las noches actuaba en fiestas.
 
En 1895 compuso una misa a petición del párroco de San Juan de Dios. Ese año pasó a la Ciudad de México e ingresó al Conservatorio Nacional de Música; entre sus maestros se contaban José Rivera y Melesio Morales. El 23 de marzo de 1899, en una ceremonia en el Teatro Iturbide, se reveló como un virtuoso del violín, frente al presidente Díaz; becado por éste, marchó al Conservatorio Real de Leipzing, para estudiar composición con Salomón Jadasshon y violín en la orquesta de la Gewanghauss, bajo la dirección de Arthur Nikisch.
 
Un año después alternaba con Paderewsky, Camile Saint-Saëns y Puccini. En 1901 estrenó una obra y en 1904 ganó el primer premio en un concurso internacional de violín.
 
En 1905, al regresar a México, el general Porfirio Díaz le regaló un Amati.

Desde 1895, siendo alumno de física, acústica y matemáticas del doctor Francisco Ortega Fonseca, advirtió que al doblar cada cuerda por la mitad, ésta daba cada vez un octavo superior. Dividió después, ya no una cuerda completa, sino la distancia entre las notas la y sol, y encontró en ese intervalo 16 sonidos distintos. En los años siguientes logró 4,640 sonidos nuevos en la octava, de donde resultaron 37,120 en las 8 conocidas. A este descubrimiento le llamó Sonido 13, pues hasta entonces sólo se manejaban 12. Sobre estas bases, anunció el infinito musical, afirmando que pueden existir tantos sistemas musicales cuantos números hay. En 1911 viajó a Roma como delegado de México al Congreso Internacional de Música, donde presentó la ponencia Reforma a las formas clásicas de la composición. En 1913, al volver al país, fue nombrado director del Conservatorio Nacional. En 1914 marchó a Nueva York y fundó allí la Orquesta América.
 
 En 1925, en el Teatro Principal, ofreció un recital con obras basadas en los dieciseisavos de tono, y al año siguiente se presentó en el Town Hall de Nueva York con las mismas composiciones. En 1929 Leopold Stokoswky ejecutó en el Carnegie Hall un Concertino de Carrillo. En 1931 ambos dirigieron la Orquesta Sinfónica del Sonido 13. En 1950 Carrillo viajó a Europa llevando consigo un piano transformado, en el cual su hija Dolores tocó varias obras de la nueva música. En 1952 escribió Horizontes, para orquesta, en Sonido 13. Más tarde formó una colección de 15 pianos especiales, dio conciertos con ellos en el extranjero y los donó al Museo Nacional de Historia, junto con el manuscrito de su teoría.
 
Escribió 28 libros sobre temas musicales, y en uno de ellos presentó 13,300 escalas basadas en semitonos. Su Primera Sinfonía la compuso al comenzar el siglo XX. Es autor de numerosas composiciones, desde piezas ligeras para piano y violín, hasta sinfonías y óperas, como la titulada Matilde.
 
(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen II, Bajos-Colima)
 



lunes, 4 de febrero de 2019

Cofre de Perote


Aproximadamente a treinta minutos de latitud Norte, con respecto al titán de nuestra orografía, se encuentra a manera de penacho del Pico de Orizaba, el Cofre de Perote. Una de las más gallardas cimas de nuestra sierra Madre Oriental, con sus 4,282 metros sobre el nivel de mar, ha sido escogida como porta-antena aérea, faro de aviones que en esa ruta, cruce de corrientes en remolino y nieblas, resulta tan necesario.

Desde la población de Perote, famosa por su viento cortante y su fortaleza, distingo la cresta pétrea que da origen a su nombre. Los aztecas la llamaban Nauhcampatépetl, palabra compuesta de los vocablos: Cuatro, Lados y Cerro.

En efecto, sobre la maraña de espinazos y hondonadas, todos sujetos durante milenios a las luchas planetarias, se yergue una masa en forma de baúl muy alargado. Sus facetas redondeadas en los extremos Norte y Sur, principalmente el primero, han sido convertidas casi en aristas mientras las de Oriente y Poniente son imponentes lápidas o repliegues contra los que se azotan el viento, el granizo, los rayos solares, haciendo presa sólo en algunos sitios la gélida humedad en forma de capa de hielo.

A menor altura, casi frente a la costilla norte, hay un hacinamiento de rocas esferoides, como acumulaciones de detritos de bestias prehistóricas que constituye un contraste que hemos hallado en algunos de nuestros volcanes.

Quizás esta heterogeneidad se deba a que las erupciones, proviniendo de capas a diversas profundidades, mezclan distintos elementos geológicos que quedan a flor de tierra, como huérfanos arrojados por la ira del ogro vulcano en los pórticos de sus dominios.

Por una de las moldeadas hendiduras, hacia la cara Sur, hay cómodo acceso a la cima que, precisamente de ese lado, está convertida en cementerio. Muchos grupos montañistas y hasta religiosos han instalado cruces y señas, haciéndome sonreír el que una imagen a colores de un santo muy en boga, enmarcada, se halle amarrada con cáñamo a una de las cruces.

Como en muchas prominencias, las piedras con superficies lisas ostentan nombres de clubes, de escaladores y quizás a veces de sus amadas. ¿Quién había de pensar que la idea de marcar o pintar las rocas y las cortezas de los árboles proviene posiblemente de un verso de Virgilio que dice: “Grabando mis amores en la tierna corteza de los árboles”? Yo, que siempre fui enseñado a considerar estos actos como de baja educación quedé perplejo al leer esta expresión del sublime poeta latino.

Imposibilitado psicológicamente, no obstante Virgilio, de “ensuciar” estas superficies de las cumbres, por considerarlo un acto de ultraje al anonimato del infinito que aquí reina, por lo menos ya no juzgo despreciativamente a quienes lo hacen. Además, he visto lo efímero de estas inscripciones ya que los veinte o treinta años en que desaparecen, no son nada para la vida de un planeta.

Al otro extremo de este macizo alargado, las antenas se encuentran conectadas mediante cables que parten de un compartimento metálico en la base, que a su vez recibe la energía desde la planta que se haya un poco más abajo, en el campamento, continuamente vigilado por un individuo que ha resuelto ser ermitaño a sueldo de la empresa que da este servicio a los aviones.

Sensiblemente al Oriente, entre las ondulaciones de nuestra mal llamada altiplanicie pues no tiene nada de plana, Jalapa y Coatepec. Hacia el Poniente, en primer término descuellan sobre la bruma, las Derrumbadas con el cerro Pizarro hacia el Norte, muy separado. La Malitzin extendida como hembra placentera que invita al gozo eclipsa en parte al Popocatépetl siempre subyugado por la belleza prístina de Iztaccíhuatl.

En las laderas próximas observo la tala de los bosques que he constatado durante la subida. Entre quienes hicieron el camino para el campamento a donde es traído el petróleo energético; los leñadores furtivos y los agricultores de patatas que siempre recogen pingües cosechas en terrenos montañosos, han destruido miles de soberbios ejemplares arbóreos que antaño nos deleitaban. ¡El hombre abusando de la Naturaleza como los alacranes recién nacidos de su madre!
 
(Tomado de: Luis Felipe Palafox – Horizontes Mexicanos. Editorial Orión, México, D.F., 1968)