martes, 27 de enero de 2026

El gobierno de Victoriano Huerta 2


 

El gobierno de Victoriano Huerta 2


Breve historia de la revolución mexicana 

** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones 

Jesús Silva Herzog


Capítulo 1 (Cont.)


Los gobernadores legítimos de los Estados que por temor o por otras causas, por coincidir con Huerta o con la idea de esperar el momento oportuno para combatirlo, fueron arbitrariamente depuestos y sustituidos por gobernadores militares. Algunos gobernadores de claro origen maderista como Rafael Cepeda, de San Luis Potosí y Alberto Fuentes D., de Aguascalientes, fueron encarcelados. En Morelos el general Juvencio Robles, famoso por sus crímenes horrendos, aprehendió por órdenes de Huerta al gobernador Benito A. Tajonar y a los miembros de la Cámara de Diputados. Lo mismo ocurrió en Querétaro, con pequeñas variantes en el procedimiento. De suerte que cuatro o cinco meses después del cuartelazo, todos los gobernadores eran soldados de probada lealtad a Victoriano Huerta. Inevitablemente con tantos hechos basados en la arbitrariedad crecía el descontento en la nación y se arrojaba leña a la hoguera revolucionaria. 

Por otra parte, Huerta bien pronto también traicionó a su amigo ocasional, el general Félix Díaz, destituyendo a los ministros que en el Gabinete lo representaban, y aplazando indefinidamente, con diferentes pretextos, la convocatoria a elecciones para Presidente y Vicepresidente de la República como se había convenido en el Pacto de la Embajada. El tal Pacto ya no tenía más valor, como dice la frase consagrada, "que el papel en que estaba escrito”.

Los ministros que renunciaron en los primeros meses del Gobierno del usurpador: Alberto García Granados, de Gobernación; Jorge Vera Estañol, de Instrucción Pública; Toribio Esquivel Obregón, de Hacienda; Manuel Mondragón, de Guerra y Marina; y más tarde Rodolfo Reyes, el amigo más cercano del sobrino de don Porfirio. 

"Pero para que la burla fuera más terrible y sangrientas -escribe Miguel Alessio Robles en Historia política de la Revolución- el general Huerta hizo que se pospusieran las elecciones presidenciales y continuar él en la Presidencia de la República. Nombró al general Félix Díaz embajador en el Japón, en misión especial, para que marchara a expresar al Mikado el agradecimiento de México por la representación diplomática que envió ese país con motivo del primer centenario de la proclamación de la independencia nacional. 

"Al tener conocimiento el Mikado que la misión diplomática mexicana estaba lista para salir de nuestro país y embarcarse rumbo al Japón, se apresuró a comunicar a la Cancillería de México que la familia imperial se iba a ausentar de Tokio, y que no regresaría a esa capital hasta el otoño próximo, y que, por lo tanto, era conveniente suspender ese viaje. El general Félix Díaz marchó entonces rumbo a Los Ángeles y San Francisco, donde fue recibido hostilmente por todos los mexicanos residentes en esas ciudades.”

Mientras tanto el terror iba imperando en la capital y en el resto del país. 

Huerta quería ahogar en sangre la protesta de los hombres de bien; quería establecer la paz costara lo que costara, sin detenerse ante la comisión de los crímenes más nefandos. Después de los asesinatos de don Francisco I. Madero, José María Pino Suárez, Gustavo Madero y Adolfo Bassó, fueron asesinados en la Ciudad de México y en las poblaciones cercanas, sin formación de causa en la forma más artera, numerosas personas honorables, patriotas y dignas, tan sólo por haber manifestado su desacuerdo con los procedimientos de Gobierno del militar desleal y sanguinario que desgobernaba desde el Palacio Nacional. 

El general maderista Gabriel Hernández, preso en la cárcel de Belén, fue asesinado pocas semanas después de la decena trágica por Enrique Cepeda, gobernador del Distrito Federal. La misma suerte corrió por aquellos mismos días en el Estado de Chihuahua el gobernador Abraham González, quien con antelación había sido depuesto de su cargo.

No se respetó la vida de los representantes populares a pesar de su investidura. El diputado Edmundo Pastelín fue asesinado el 13 de junio, el diputado Adolfo G. Gurrión el 17 de agosto, y el viril tribuno Serapio Rendón el 22 del mismo mes, también en agosto fue pasado por las armas un valiente periodista nicaragüense, Solón Argüello. Los gobernadores militares de los Estados colaboraban con su jefe en la tarea infernal de matar a diestra y siniestra a los sospechosos de inconformidad con el régimen espurio.

Pero lo que ya resultó intolerable para los miembros del Congreso de la Unión fue el asesinato del senador Belisario Domínguez el 7 de octubre. El patriota chiapaneco escribió un discurso temerario y viril, atacando de frente al general Huerta. 

La lectura del discurso de don Belisario Domínguez nos emociona todavía. Es un ejemplo de dignidad, de valor, de honradez. Él sabía bien que seguramente firmaba su sentencia de muerte, pero quiso cumplir con su deber de ciudadano y de senador de la República.

Según la opinión de algunos historiadores, el discurso fue pronunciado el 23 de septiembre. También hay la versión de que su autor no logró pronunciarlo. Todos están de acuerdo en que circuló con amplitud. Victoriano Huerta no podía perdonar tamaña audacia.

Se supo más tarde que antes de ser asesinado el senador Belisario Domínguez, el famoso cirujano Aureliano Urrutia, entonces ministro de Gobernación, le cortó la lengua por órdenes de Huerta. Obviamente no hay documento que pruebe lo anterior. Sucesos de esta naturaleza se vuelven leyenda y con el tiempo se confunden con la historia. 


(Tomado de: Silva Herzog, Jesús - Breve historia de la revolución mexicana ** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones. Colección Popular #17, Fondo de Cultura Económica; México, D.F., 1986).

viernes, 23 de enero de 2026

Silvestre Revueltas y el cine


Silvestre Revueltas 


¡Ah!, pero de tu nombre sale música, 

y de tu música como de un mercado, 

salen coronas de laurel fragante 

y manzanas de olor y simetría. 

Pablo Neruda 


Violinista, director y compositor, Silvestre Revueltas (1899-1940) está considerado como uno de los músicos más importantes de la primera mitad del siglo XX en nuestro continente. El maestro Erich Kleiver (a quien Revueltas debió mucho de su gloria), durante sus conciertos, no solía pasar por alto el "frenesí rítmico y la dinámica percutiente de algunas partituras" del gran compositor mexicano. 

En su autobiografía, Revueltas escribió: 

En la mayor parte de mis obras he procurado expresar el carácter algo indiferente, sentimental tal vez, pero siempre enérgico, alegre y muy definitivamente sarcástico, del pueblo de mi país. Nunca he usado temas populares o folclóricos, pero la mayor parte de los temas, o más bien motivos que he usado tienen un carácter popular. 

Sus ritmos, como el mismo señalara, son pujantes, dinámicos, fáciles y "visuales". No es sorprendente, pues, que durante los años treinta e inicios de la siguiente década, él también haya hecho música para cine. 

Alejo Carpentier afirmó:

Redes, su partitura para una película, sin ser de las más importantes de Silvestre Revueltas, está marcada, en todos momentos, por la garra de su vigorosa personalidad. 

Al destacar sus valores, el escritor señaló muy especialmente a "Funeral", segundo segmento de la suite. Dirigida en 1934 por Fred Zinneman y Emilio Gómez Muriel, a Redes -tuvo como escenario el pueblo de pescadores de Alvarado, Veracruz- se le atribuye haber sido la primera película en nuestro continente en abordar la temática obrera. Cinta ejemplar, bella por su música y sus imágenes, obra plena en cuanto a calidad, poesía y mensaje, Redes, según opinión de Juan Marinello, constituye "una gran fecha en el cine americano”.

Un año después, en ¡Vámonos con Pancho Villa!, junto al realizador Fernando de Fuentes, Revueltas abordó su siguiente trabajo para cine. La película con Antonio R. Fraustro y Domingo Soler (Pancho Villa) como protagonistas, fue, en esencia, la "saga de seis campesinos, su incorporación al villismo y su muerte violenta”.

Meses más tarde, Revueltas creó la música de El Indio, filme dirigido por Armando Vargas de la Maza, que contó además con canciones y coros de Manuel Castro Padilla. Sin embargo, fue con Chano Urueta, cineasta que recorrió todos los géneros del cine mexicano, con quien el compositor realizó una labor mucho más extensa. La primera obra en común fue El signo de la muerte. A ésta siguieron La noche de los mayas, basada en una historia del poeta yucateco Antonio Médiz Bolio; ¡Que viene mi marido! y Los de abajo, inspirada en la novela del mismo título de Mariano Azuela. Estas películas se filmaron en 1939. 

Un año después su filmografía concluye con Mala hierba, de Gabriel Soria. Sin embargo, de todas sus composiciones para cine, la más difundida en salas de concierto ha sido Redes. Según señaló Carpentier en 1952, 

Esta partitura servirá de excelente introducción al conocimiento de la obra de un músico que los compositores de nuestro continente sitúan ya con razón entre sus clásicos. 


(Tomado de: Calderón González, Jorge - Nosotros, la música y el cine. Universidad Veracruzana, Jalapa de Enríquez, Veracruz, 1997)

Escucha Redes AQUÍ

miércoles, 21 de enero de 2026

El sport porfiriano

 


El sport porfiriano 


Nadie sabe con exactitud cuándo desembarcó el fútbol en México y tampoco en qué momento pasaron los primeros balones de cuero por la aduana de Veracruz Lo cierto es que el viejo deporte inglés se arraigó en tierras nacionales durante la última década del siglo XIX.

En aquellos años se respiraba en México cierto clima de optimismo producto de la paz construida por el general Porfirio Díaz y de la creencia de que por fin el país parecía tomar la ruta de un progreso cuyo emblema eran las modernas locomotoras. Empeñado en lograr la prosperidad económica, el régimen porfiriano abrió las fronteras y atrajo de todo el mundo hombres ansiosos por hacer fortuna, quienes además de su ambición venían cargados de todas las novedades de la época.

Una de las prácticas que más llamaron la atención, difundida en especial por británicos y estadounidenses, fue el deporte. Para entonces, en muchos países, los deportes formaban parte de la educación impartida en los colegios e incluso en algunos se habían convertido en espectáculos públicos, como el association foot-ball en Inglaterra. 

Los mexicanos de la clase alta, ávidos por imitar aquello que pudiera ser catalogado como moderno, no tardaron en adoptar el sport como parte de su vida diaria, pues lo consideraron una de las "señales de progreso" que distinguían a las más civilizadas capitales del mundo. 

La mejor manera de hacer sport, tanto para los extranjeros como para los nacionales, era afiliarse a alguno de los clubes atléticos que en esa época comenzaron a fundarse. Los ingleses residentes en la capital mexicana inauguraron en marzo de 1894 el Reforma Athletic Club, donde inicialmente sólo se practicaban lawn tennis y cricket. Por su parte, los estadounidenses crearon en Churubusco el Country Club, punto de reunión de los aficionados al golf, y el Reforma Country Club, donde había espacio para el béisbol. 

Otros sitios similares eran el Mexican National Athletic Club y el Olympic Athletic Club, que promovía su skating hall de la calle de San Juan de Letrán. Mientras, un norteamericano de apellido Roberts difundía el gusto por la bicicleta en la Bicycle Riding School, que se ubicaba en el Paseo de la Reforma

Este furor alentó la aparición, en septiembre de 1896, de The Mexican Sportsman, quizá la primera revista especializada en deportes editada en México. En su edición bilingüe, afirmaba que el país vivía en plena efervescencia deportiva y consideraba el béisbol, el tenis, el ciclismo y el patinaje como los más populares. 

Al hablar del fútbol señalaba que no era el "estilo rugby" sino el "estilo asociación" el que podría ser adoptado más fácilmente en México. Al referirse a su práctica en la capital, decía: "Aunque nunca ha alcanzado buen éxito aquí, hay, sin embargo, un buen número de amigos de ese sport en la ciudad. De tiempo en tiempo los muchachos de los colegios ingleses hacen esfuerzos por organizar un partido, pero tales esfuerzos no han dado fruto, principalmente porque no ha habido competencia que levante entusiasmo.”

Meses más tarde, la revista calculaba que había en la ciudad entre 30 o 40 jugadores y que algunos de ellos lo practicaban con buen nivel antes de venir a México. Esos datos la animaron a lanzar la convocatoria para formar el primer club capitalino, lo cual sólo sería posible años después. 


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V.  Segunda edición, México, 1998)

lunes, 19 de enero de 2026

Caudillos de la nueva oposición; III Salvador Nava


Los caudillos de la nueva oposición 

Sección: Señoras y Señores

Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


 III: Salvador Nava


El mismo día que al panista Medina Plasencia le era ofrecida la gubernatura de Guanajuato, en San Luis Potosí otro opositor, Salvador Nava Martínez, reunió a 30,000 de sus partidarios para pedirles perdón por haber creído en los votos de democratización formulados en años recientes por el gobierno federal. En esos días, explican sus allegados, Nava se sentía como Simón Bolívar en el ocaso de la vida, cansado de arar en el mar; de cortarle al monstruo tentáculos y cabezotas que siempre retoñan. 

La historia se inició en la década de los 50, cuando los hermanos Nava Martínez, todos dedicados a la medicina, eran ya figuras de renombre en San Luis Potosí. El mayor del clan, Manuel (fallecido), había sido rector de la universidad local por 2 periodos consecutivos, y en 1958 fue nuevamente elegido tras una tormentosa campaña durante la cual el cacique local, Gonzalo Natividad Santos, trató infructuosamente de imponer a un candidato gobiernista a quien los estudiantes corrieron con huelgas y manifestaciones. 

Aunque más jóvenes, los otros Nava tenían casi tanto prestigio como su hermano el rector, entre otras razones porque cultivaban la tradición de médicos pueblerinos de no cobrarles a los pacientes pobres, curar con ascendiente espiritual más que con medicinas y aceptar huevos, puerquitos o guajolotes en pago de honorarios. 

Hombre hogareño: el oftalmólogo Salvador, por entonces apenas cuarentón, tenía fama de milagroso, y en muchas casas pobres había altarcillos con fotos del doctor y veladoras como testimonio de gratitud de algún paciente rescatado de la ceguera. 

Por aquellos años la política mexicana era todavía un arte marcial cultivada por sombrerudos y empistolados, más duchos en pleitos de faldas y líos de cantina que en labores de gabinete o biblioteca. Entre risas el cacique Santos siempre se vanagloriaba de que en su "prebostazgo" (como él llamaba a San Luis) "sea gringo, gachupín o indio, a todos me los ch..."

Al oftalmólogo Nava, un hombre de hábitos pulcros, no se le conocían malandanzas; parecía obsesionado con su profesión y sus contados ratos de ocio no los dedicaba a la cantina sino a su esposa y 3 hijos, a escuchar música de Mozart y a leer novelas policiacas "de altura". 

La ofensiva final contra Santos se desencadenó en 1958, año a horcajadas entre los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, aprovechando las ventanas de vulnerabilidad que el régimen suele abrir a finales y comienzo de cada sexenio. La campaña fue lanzada por Acción Reivindicadora, un grupo local, y la Unión Nacional Sinarquista, que tal vez no habrían logrado movilizar a los apáticos potosinos si los promotores no hubieran reclutado al rector Manuel Nava y a su hermano, el oftalmólogo Salvador, figuras de lo que hoy se llamaría centro derecha, pero independientes y sin compromisos con los partidos. 

Testimonio calificado: El único incidente con los hermanos Nava de que da cuenta Gonzalo N. Santos en sus Memorias, ocurrió durante la campaña presidencial de López Mateos: 

"Una vez que comenzó la gira política del candidato, y a invitación expresa de él", escribió el cacique, "me incorporé para acompañarlo a diversos estados de la república, entre ellos San Luis Potosí. Cuando llegamos a la plaza de la capital potosina, y en lo que bajamos del camión que nos condujo allá, alguien gritó ¡Viva López Mateos, muera el cacique! Comprendí que se trataba de unos cuantos estudiantes de la familia Nava y otros mochos sinarquistas, "sonreídos" muy de cerca por ayudantes del tuerto Manuel Álvarez, entonces gobernador del estado…

"Llegamos a la universidad y todo se produjo en más o menos calma hasta que al fin del mitin los Nava mostraron algunos grandes algunos garrotes dirigiéndose a mí y gritando: "¡Muera el cacique! Como esos individuos lo menos que querían era que yo les mentara la madre, sólo me acerqué al grupúsculo y delante de López Mateos les dije: "Aquí estoy, qué quieren de mí" De inmediato la comitiva del candidato los dispersó, mientras el licenciado López Mateos me comentaba: "Yo he sido estudiante, mi Tigre, y sé cómo se mueve esta gente; no tengas precaución por el incidente".”

Si Santos no hubiera estado ya obnubilado por la adiposidad del poder, habría advertido que el tiempo se le acababa; hasta los jerarcas eclesiásticos, que en otras épocas habían comido de su mano, empezaron a regatearle el apoyo. Al poco tiempo se cumplía una máxima de López Mateos: "Los cacicazgos subsisten mientras el pueblo los tolera"; el movimiento navista consiguió que el "tigre" abandonara el estado.

En aquel clima, Salvador Nava lanzó su candidatura a la presidencia municipal de San Luis Potosí. La campaña alcanzó tal calor que en un momento dado 30,000 manifestantes pasearon por las calles de la ciudad unos ataúdes con los nombres de Santos, el gobernador Álvarez y el candidato del PRI  a la alcaldía, un ahora olvidado Francisco Gutiérrez Castellanos; y fue tan grande el pánico de los huérfanos políticos del cacique, que las fuerzas policiacas se encerraron en el edificio municipal en vez de enfrentarse a la turba. 

Motivos de salud: Durante aquella campaña de 1958 pasó de todo: el 20 de noviembre, los padres de familia familia prohibieron a sus hijos que participaran en el tradicional desfile; y se congregaron ante el palacio de gobierno, para bombardear el edificio (y al gobernador, cuando el pobre hombre se atrevió a asomar las narices) con huevos podridos. Pocos días más tarde se produjeron balaceras que costaron varias vidas, entre ellas la de un niño de 7 años de edad, hijo de un obrero. 

Nava ganó y su triunfo (22,010 votos contra 11,132 del candidato oficial) no pudo ser desconocido. El movimiento navista -dice Tomás Calvillo en su libro El nabismo o los motivos de la dignidad- no se limitó a la capital. En aquella elección presentó candidatos en un buen número de municipios del interior y se le reconocieron triunfos en una decena de ayuntamientos, entre ellos los de San Antonio Rayón, Cerro de San Pedro, Villa de Hidalgo, Santo Domingo, Tampamolón y Villa de Ramos. Abrumado por la derrota, el gobernador Manuel Álvarez pide licencia "por motivos de salud. En su lugar fue designado el entonces diputado federal, Francisco Martínez de la Vega.

Nava recibió el municipio cargado de deudas y con las arcas vacías, pero en apenas dos años de gestión resolvió el problema del drenaje para las siguientes dos décadas, tendió una red de distribución de agua potable de 20 km de longitud e instaló alumbrado público en el 80% de las calles de la capital. 

Sin embargo, el alcalde potosino no tomó en cuenta el cambio de atmósfera que suele operarse a partir del segundo o tercer año de cada sexenio: en 1961 presentó su candidatura para gobernador del estado, cometió el error de ganar, y selló su suerte para las siguientes 2 décadas.

El contendiente de Nava en las elecciones de 1961 fue Manuel López Dávila, un priista poco conocido en la entidad, a quien el oftalmólogo podía derrotar con extrema facilidad. Al que no se podía derrotar era al régimen, incapaz por entonces de entregar un estado de la Federación. Así se lo advirtió a Nava el entonces presidente del PRI, Alfonso Corona del Rosal, quien sugirió que, a cambio de la gubernatura, el potosino aceptara una curul en el Congreso de la Unión. En vez de pactar, Nava denunció públicamente la propuesta, y  a partir de entonces se le cortó la posibilidad de ser protegido por el gobierno federal. 

La trampa contra Nava fue preparada para el 15 de septiembre y estuvo a punto de fallar. 

Haciéndose pasar por emisarios del oftalmólogo, agentes provocadores convocaron a los navistas a un mitin de protesta en la plaza de armas de San Luis Potosí, precisamente a la hora y en el lugar donde tendría efecto la ceremonia del grito. Desde varias horas antes, el sitio apareció rodeado por pistoleros con órdenes de desencadenar una masacre; pero a medida que los despistados partidarios de Nava iban llegando, los propios soldados y policías apostados en las inmediaciones les advertían que se trataba de una trampa, urgiéndolos a alejarse. 

Eclipse: Al cabo, a la hora señalada y cuando repentinamente se apagaron las luces, la balacera se desató, aunque en ella participaron grupos de pistoleros que se confundieron mutuamente con navistas. Al día siguiente Nava y algunos de sus colaboradores fueron detenidos y conducidos al D.F., donde permanecieron más de un mes, primero en el campo militar número uno y después en la vieja penitenciaría de Lecumberri. Durante ese lapso se proclamó en San Luis Potosí el triunfo del candidato priista con 175,646 votos contra 45,617 de Nava. 

Al año siguiente y en vista de que Nava no acató el consejo que le dieron en México de alejarse de San Luis Potosí, el oftalmólogo fue nuevamente detenido y esta vez ya no lo trataron con guante blanco: le dieron tal golpiza que salió de la cárcel con 2 cosillas rotas, graves derrames internos y un brazo paralizado. Le tomó más de un año recuperarse físicamente; mientras tanto, sus principales seguidores se desbandaron o fueron comprados por el gobierno. 

Aún derrotado, Nava conservó su popularidad (mientras estaba en la cárcel, los habitantes de colonias populares de San Luis Potosí hicieron colectas para ayudar a doña Conchita, la esposa del oftalmólogo); pero el desmembramiento del cacicazgo de Santos había provocado un apaciguamiento político que dejó a Salvador Nava sin caldo de cultivo en el cual prosperar. 

Con apenas débiles débiles e intermitentes sacudidas, la calma chicha potosina se prolongó por casi 2 décadas, hasta que el profesor Carlos "La Ardilla" Jongitud Barrios fue impuesto como gobernador en 1979. 

Durante su sexenio, Jongitud -entonces inamovible líder del magisterio- no solo robó, sino que hizo alarde de su latrocinios. Utilizó los cuerpos de seguridad del estado para ayudar a bandas de contrabandistas que dirigían protegidos del gobernador. Con dinero del erario público mandó hacer una enorme residencia, con ínfulas palaciegas, que al término del mandato vendió a la nueva administración, para que se convirtiera en residencia oficial de los gobernadores. 

Por esos años, Salvador Nava regresó a combatir la ignominia. Tras dos décadas de olvido, el oftalmólogo ya ni soñaba con volver a la política activa; pero los desesperados potosinos literalmente fueron a sacarlo del consultorio y lo lanzaron como candidato a alcalde de la ciudad capital del estado, con el improvisado respaldo del PAN y el PDM. Nuevamente los tiempos eran propicios: despuntaba el sexenio de Miguel de la Madrid bajo La invocación de la Renovación Moral, y se esperaba que, al menos, fueran respetados aquellos resultados electorales demasiado claros para poderlos tergiversar. 

Veladoras: Esta vez, como la anterior, Nava recibió la ciudad sepultada bajo montañas de basura, con las calles acribilladas de baches, y deudas tan cuantiosas que, al poco tiempo, el ayuntamiento tuvo que trabajar a la luz de las velas, porque le cortaron la electricidad. Aún así, Nava consiguió remendar las finanzas municipales, y remozar el primer cuadro de la capital potosina. 

Crecido por la victoria, el movimiento navista, aglutinado en el Frente Cívico Potosino, volvió a ganar elecciones en 1985 (no le reconocieron el triunfo) y en 1988 (sí se lo reconocieron).

Durante 1989 y 1990 los navistas tuvieron que hacer una tregua y encender veladoras, mientras rogaban por la recuperación del "doctor Chava", como cariñosamente llamaban al oftalmólogo, quien, víctima de cáncer, se sometía a un traumático tratamiento de quimioterapia. Al término del plazo Nava había descansado lo suficiente y hasta engordado un poco: tan bien se sentía, que aceptó la nominación del Frente Cívico Potosino a la gubernatura, para las elecciones el pasado 18 de agosto. 

El hombre sabía que la oposición dividida estaba destinada al fracaso, así que puso como condición ser candidato único de las fuerzas antipriístas. Metiéndose en la bolsa desconfianza y resquemores, perredistas, pedemistas y panistas se avinieron, y formaron la Coalición Democrática Potosina, CDP

Durante la campaña preelectoral, los partidos de la coalición sólo brindaron a Nava un tibio apoyo moral, mientras luchaban entre sí enconadamente por los cargos legislativos federales que se disputaban. Nava hizo campaña por su cuenta: recorriendo palmo a palmo el territorio del "prebostazgo", comprobó que la lucha iniciada hace 30 años no había perdido actualidad; violencia y opresión seguían imperando en muchas zonas, especialmente en la Huasteca; como antaño, el estado seguía contándose -según parámetros del INEGI- entre los 5 más atrasados del país; y los caciques seguían tan soberbios y corruptos como siempre. 

Lo que pasó inmediatamente después, es conocido. Nadie sabe cuánto tiempo aguantará San Luis Potosí las cosas que le suceden. Lo que sí se sabe es que, mientras le quede vida, Salvador Nava no se dará por vencido.


(Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. III Salvador Nava. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)

lunes, 12 de enero de 2026

La comida chicana


La comida chicana 

La cocina mexicana es una de las más ricas del mundo, junto con la china y la francesa, pero en Estados Unidos solo la comían los mexicanos que la trajeron como parte fundamental de su cultura y de su identidad. No se concibe una fiesta ni una celebración sin una sabrosa comida. No se concibe una humilde comida sin tortillas, frijoles y chile. 

La comida la trajeron consigo los mexicanos desde el siglo XVI. Se hacían tortillas en pequeños locales comunitarios y en los campamentos agrícolas en los años treinta y cuarenta. La tradición de la comida se mantuvo siempre en Texas y Nuevo México donde se ha transformado y enriquecido de modo singular. Todavía a fines de los años cincuenta era difícil encontrar variedades de chiles y otros ingredientes como el orégano y el epazote en supermercados de Illinois. Se elaboraban infames tortillas de lata que eran quebradizas. 

Desde hace unas dos décadas la comida mexicana se ha extendido por todo Estados Unidos. Las bases de datos de negocios registran más de 14 mil establecimientos como restaurantes mexicanos, la mayor parte desde luego en California y Texas. La comida se consume en todo el país. En Atlanta, donde no hay grandes asentamientos de mexicanos, hay por lo menos dos cadenas de restaurantes mexicanos con más de setenta establecimientos cuyos prósperos dueños dicen que más de la mitad de sus clientes no son mexicanos y no hablan español

Mission Foods, empresa subsidiaria de la mexicana Gruma, vende cada día en el sur de California más de 2 millones de docenas de tortillas, y en todo el país unos 3 millones de docenas, de maíz y de trigo. Mission Foods es la mayor empresa, pero representa solo el 12 por ciento del mercado, el resto está atomizado en pequeñas empresas. Se pueden encontrar en casi todos los supermercados del país los ingredientes necesarios para la comida mexicana. Cerca del 25 por ciento de los restaurantes tienen entre sus platillos regulares alguno mexicano como principal. ¿Por qué este enorme desarrollo? 

Se pueden ofrecer dos razones fundamentales. Una: el enorme incremento de la población mexicana y latina, que en sí misma es ya un gran mercado. La otra es más compleja: en los años cincuenta los norteamericanos se dieron cuenta de que su dieta abundante en carne, leche y huevos no era muy sana ingerida todos los días. Se descubrieron los estragos del colesterol y de la grasa. Que los alimentos enriquecidos perjudicaban y conducían a la obesidad. Al mismo tiempo, se popularizaron conocimientos científicos sobre la alimentación equilibrada y nutritiva, así como las llamadas comidas "étnicas", la mexicana y las orientales, con menos grasa y más verduras. Se descubrió el taco, alimento sabroso y barato. Sobre todo barato, en épocas en que crecía la distancia entre ricos y pobres. La palabra taco entró desde hace años en los diccionarios de lengua inglesa (Webster, 1970).


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

jueves, 8 de enero de 2026

Stella Inda

 Stella Inda

(Actriz)

(1917-1995), Michoacán, México) Dueña de un temple de acero, bella figura y rostro anguloso y fotogénico, fue descubierta por el pintor Adolfo Best Maugard; la llevó en el rol estelar en la única película que dirigió: La mancha de sangre en 1937. Llamó la atención en el medio hasta alcanzar el estrellato en La noche de los mayas (1939). Su nombre verdadero: María Soledad García Corona. Su película más célebre internacionalmente: Los olvidados (1950), de Luis Buñuel. Otra de sus actuaciones más recordadas ocurrió en El rebozo de Soledad (1952), de Roberto Gavaldón con Arturo de Córdoba. 

Luis Terán


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000)

lunes, 5 de enero de 2026

Entrevistando a las pirámides 4 Xochicalco


Entrevistando a las pirámides 4 Xochicalco 


Le toca el turno ahora a la pirámide de Xochicalco. Para llegar a Tula, el entrevistador ha recorrido ochenta kilómetros desde la capital en dirección norte; ahora tiene que volver a la capital y recorrer ochenta kilómetros hacia el sur. ¿Es que no hay otras pirámides más cercanas a la Ciudad de México

Sí, las hay. Y dos de ellas, la de Cholula y la pirámide de las Serpientes, son, incluso, las más importantes después de las que ya conocemos. Pero un buen entrevistador de pirámides debe proceder por estricto orden cronológico. 

la era precortesiana no conoce cifras de años, ni esos conceptos nuestros de Antigüedad Clásica, Edad Media, Renacimiento, etc. La historia y la evolución histórica de la cultura se clasifica y denominan con arreglo a los sitios de los descubrimientos arqueológicos. Lo único que se conoce con mayor o menor claridad es la sucesión de las culturas dentro de una determinada zona, lo que nos permite hacer, en México, un recorrido a través de las diversas edades, desde la más remota antigüedad hasta los tiempos presentes. Esta ruta es la que sigue nuestro entrevistador de pirámides. No quiere que les ocurra a sus lectores lo que a los turistas de Roma, que se asombran de encontrar el Coliseo en un estado mucho más ruidoso que la basílica de San Pedro, a pesar de haber visitado ésta antes de ver aquél. 

Después de Tula le llega el turno a Xochicalco, pues ambas pirámides tienen, poco más o menos, la misma edad. La de Xochicalco declara a su entrevistador que no es, por su origen, una auténtica pirámide aunque lo es en sentido estereométrico, pues no fue construida con fines religiosos, sino con miras puramente estratégicas, como una ciudadela o fortificación para defenderse del enemigo. 

A pesar de ello, no hay en toda la meseta central de México ninguna otra tan ricamente esculpida. Los ornamentos y el friso de esta pirámide no son precisamente estilizados: las serpientes y las lenguas de fuego se retuercen aquí sobre un caballete de piedra con el mismo salvaje realismo que la cosa que quieren representar; la lava ardiente vomitada en otro tiempo por las montañas divinas que escupían fuego sobre los hombres de la tierra. 

-A mí -cuenta la pirámide de Xochicalco- me hizo célebre un alemán, el profesor Eduardo Seler, de Berlín, y yo, en justo pago, le hice famoso a él. Era en realidad filólogo y solo había venido a México a estudiar los dialectos de la Huasteca. Nos conocimos casualmente, un día en que vino a verme un arqueólogo mexicano que invitó al alemán a acompañarlo. Seler publicó algunas cosas acerca de mí; al principio, nadie quiso creerle ni dar crédito siquiera a las ilustraciones. Más tarde, hacia fines del siglo pasado, me puse de moda y era una verdadera peregrinación la que desfilaba por aquí constantemente. Ahora, me han dejado más tranquila, aunque la ciudad de Cuernavaca que se extienda mis pies se ha convertido en uno de los centros vacacionales y turísticos más visitados.


(Tomado de Kisch, Egon Erwin. Descubrimientos en México. Volumen 1. Prólogo de Elisabeth Siefer. Edición aumentada. Colección ideas, #62. EOSA, Editorial Offset, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1988)

jueves, 1 de enero de 2026

K’awiil, deidad de los linajes divinos (dios K, dios GII)



K’awiil, deidad de los linajes divinos (dios K, dios GII)


Cetros, bastones, barras bicéfalas, tocados y otros accesorios utilizados por los gobernantes del Clásico muestran reiteradamente imágenes de K'awiil (Abundante Cosecha), como insignias del poder divino a ellos conferido. Es posible que el llamado dios Bufón, personificación del poder, sea una de sus manifestaciones. 

Esta deidad de cuerpo humano y una pierna en forma de serpiente, posee la cabeza de un ser sobrenatural con vírgula en el ojo una larga trompa de reptil provista de molares y un largo colmillo. En la frente porta un espejo (en ocasiones éste puede sustituir todo el rostro), en el cual está inserto un elemento en forma de hacha, antorcha o cigarro del que brotan volutas que representan las hojas del maíz, fuego o humo. Asociado con la nobleza, el relámpago, las semillas, las ofrendas de sangre, la fertilidad y la germinación, era guardián de la vida y regente de los cuatro cuadrantes del cosmos. 

De los tres dioses creados, según los textos del Templo de la Cruz Foliada de Palenque, K'awiil (GII) fue el último en nacer. En el Posclásico los yucatecos los denominaban B'olon Tz'akab (Nueve Generaciones, Cosa Perpetua o Eterno) y quizás sea el Tohil (Tormenta) o Huracán (Rayo de una Pierna) de las tierras altas de Guatemala

Igual que Itzamnaaj, del cual es una manifestación más, era una deidad que reunía atributos terrestres y celestiales. El grifo de K'awiil fue utilizado en el nombre de varios gobernantes. 


(Tomado de: Pérez Suárez, Tomás - Dioses mayas. - Los dioses mayas. Arqueología Mexicana, vol. XV, núm. 88. Noviembre/diciembre 2007. Editorial Raíces/Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, D.F.)

lunes, 29 de diciembre de 2025

Américo Paredes

 


Américo Paredes

Padre del estudio del folklore chicano, uno de los más sobresalientes y prolíficos eruditos de la cultura chicana, quien mostró que el análisis del folclore, de las leyendas y canciones es un elemento clave para construir la historia cultural de los mexicanos-americanos. Nació en Brownsville, Texas, en 1915. Descendiente de una familia de mexicanos que en 1749 poblaron lo que ahora se conoce como Río Grande Valley, en Texas, heredó un profundo amor por las tradiciones y cultura mexicanas. Realizó sus estudios en la Universidad de Texas, en Austin, y obtuvo su doctorado en filosofía y letras en 1956. A la edad de 20 años se inició como escritor, publicando sus poemas en el periódico La Prensa de San Antonio. Dos años después publicó su primera colección de poesía Cantos de la adolescencia. A partir de entonces desarrolló una prolífica carrera como escritor y periodista. Sus obras, entre las que cabe mencionar With his pistol in his hands: a border balan and it's hero (1958); El cowboy norteamericano en el folklore y la literatura (1963); Estados Unidos, México y el machismo (1966), son verdaderas contribuciones al estudio de los grupos de origen mexicano que ha inspirado el trabajo de varios escritores chicanos y que le han valido el respeto de los más prestigiados académicos norteamericanos. Fue también pionero en la lucha por los centros de estudio chicanos en las universidades y dirigió el Centro de Estudios Transculturales e Historia Oral en la Universidad de Texas, en Austin. Recibió la orden mexicana del Águila Azteca en 1990.

[Falleció en Austin, Texas, en 1999]


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

viernes, 26 de diciembre de 2025

José Zorrilla y Maximiliano

 


José Zorrilla y Maximiliano 


En el empinado castillo azteca de Chapultepec, allí comimos en una galería, desde la cual veíamos el indescriptible panorama del valle de Anáhuac, en cuyo centro la capital parece una ciudad de marfil de un abanico chino, destacándose sobre el fondo azul de la laguna de Texcoco

Quien no ha visto a México desde Chapultepec, no ha visto la tierra desde un balcón del paraíso: Maximiliano se saciaba contemplando aquel fragante y gigantesco canastillo de flores, puesto al pie de los nevados picos de la Sierra Madre que le devuelve por el aroma fresco de sus jardines de Iztapalapa, el cedrineo perfume de sus alerces, cimbradores y de su retorcidos enebros. Allí, en aquella galería, exclamó una tarde el infeliz príncipe austríaco, respirando a pleno pulmón aquel aire salubre, y dilatando sus pupilas azules a aquella luz tibia y transparente: "Así deseo yo que me dé Dios luz y aire, para morir bendiciéndole". ¡Y Dios le oyó! 

Aquella tarde en que yo le acompañaba, comenzaba ya confundir su luz con la neblina parda del crepúsculo; teníamos ya vacías las tazas del café y fumaba Maximiliano, no comprendiendo que yo le despreciara sus elegidos vegueros, y entreteníale yo con el relato de cuentos y pormenores de costumbres del país, sin darnos ni él ni yo cuenta ni de quiénes éramos ni de cómo el tiempo se nos pasaba, cuando nos interrumpió la señal de su telégrafo particular, que la hizo de atención. 

Maximiliano no podía menos de apercibirse, por más que a nadie pudiera confesar sus recelos, de que su Imperio no tenía aún, ni podría tener nunca, sólido fundamento. Él no había ido nunca por su gusto, ni menos por ambición de mando ni de riqueza, a ocupar el carcomido trono de los aztecas: una voz misteriosa, la de la poesía del pueblo, le había dicho que por la pluma de un italiano aún hoy desconocido como la voz de una Sibila, que: 

Il trono fracido de Moctezuma 

è nappo Gallico colmo di spuma, 

Y aquellos tres pareados, esculpidos en su memoria, le cosquilleaban alguna vez en el fondo de la conciencia; aunque no creyera posible la predicción del último, que él interpretaba cuando más por una lejana y tan digna como necesaria abdicación. Maximiliano era cristiano sincero y  católico sin restricciones; pero como alemán era también un tanto supersticioso, y no reunía nunca trece a su mesa, ni le gustaba que cayera en martes el santo de su mujer, o que se hiciera en tal día a la mar el buque en que partía una persona estimada; no era, pues, posible que la fatídica predicción de los tres pareados italianos se borraran de su memoria ni desertaran de su conciencia; él mismo me los recitó una vez, después de hacerme yo el ignorante de ellos; y si en ellos no hubiera él pensado, no me lo citara, por más que lo hiciese en tono de broma y afectando no darles importancia.”

En Sedán, después de quemar las banderas, ya preso con su emperador, Pierron tuvo todo el tiempo de recordar al otro, al difunto Maximiliano en su último encuentro, al momento de la despedida: 

"Y a las 5 de la tarde del miércoles concluíamos de comer y entrábamos en su despacho de la torre del mediodía del palacio de los Virreyes, donde con la cordialidad de un amigo y el cariño de un hermano me entregó un paquete de notas. 

A las seis menos cuarto se levantó de la silla para despedirme, y me abrazó; él era de aventajadísima estatura, y mi frente llegaba apenas al lugar en que latía su corazón, contra el cual me estrechaba: sentí que los ojos se me inundaban de lágrimas; y cuando me condujo hasta la puerta, yo no pude articular palabra; apretóme la mano, y diciéndome: "Hasta la vuelta, y puede usted escribirme por mi gabinete civil", me despidió. Atravesé el inmenso salón vacío en que la puerta de su gabinete se abría, y al llegar a la puerta de aquel, sintiendo yo que aún me esperaba en la del este, me volví a hacerle el último saludo. Estaba efectivamente sonriéndome bajo el dintel de aquella puerta; los rayos del sol poniente, que por el balcón del gabinete que tras ella y sobre la plaza se abría, iluminaban por detrás su figura inmóvil, que destacaba sobre aquel fondo de resplandor de incendio: su cabeza rubia parecía cercada de una aureola de luz purpúrea, y nunca he podido olvidar esta coincidencia supersticiosa. 

La primera vez que le vi, entrando en la capital, bajo su manto rojo de púrpura y escoltado por su guardia palatina de uniforme rojo, me pareció que tras de sí dejaba un rastro de sangre; y la última me dejó la impresión de haberle visto circundado de fuego como si saliera o cayera en un volcán.”


(Tomado de Meyer, Jean - Yo, el francés. Crónicas de la Intervención francesa en México, 1862-1867, Maxi Tusquets Editores S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 2009)