lunes, 17 de abril de 2023

Códice Madrid

 


Códice Madrid 

Merideth Paxton

Doctora en historia del arte. Investigadora asociada en el Instituto Latinoamericano e Ibérico de la Universidad de Nuevo México. Estudia formas y contenidos de los códices mayas y su relación con las pinturas de los sitios arqueológicos, particularmente de Yucatán, así como la información etnohistórica generada a partir de la conquista española.


Traducción del inglés: Xavier Noguez


Contenido

El códice contiene escenas adivinatorias en un contexto de ciclos calendarios (zolkín y haab) y direcciones del universo. Las imágenes representan rituales y actividades cotidianas como la agricultura, petición de lluvia, apicultura, caza, actividades bélicas, sacrificio humano y tejido, como se reflejaban en el ámbito de las deidades. Por ejemplo, se ilustra una serie de mujeres tejiendo en telar de cintura, tema que se ha asociado con la diosa lunar y que se compara con el movimiento de nuestro satélite. También se ilustraron ceremonias que marcan el término de un ciclo de 365 días (haab) y el inicio del siguiente. El contenido de algunos pasajes muestras similitudes con partes de pictografías procedentes del centro de México.


Fecha de elaboración 

Posclásico Tardío.


Lugar de origen 

Tal vez proceda de Yucatán. Sin embargo y debido a la escasez de información, es necesario plantear nuevas hipótesis a partir del examen directo del códice. El tipo de corteza de una higuera usada para hacer el papel fue identificado a principios del siglo pasado, pero este dato no ayuda a determinar su lugar preciso de origen, porque la distribución de esa higuera o ficus es muy extendida.

Dominante en los textos glíficos es el maya yucateco (incluidos el mismo yucateco, lacandón, mopán e itzá), el cual en la actualidad se habla en la península, en las tierras bajas de Chiapas, el Petén y Belice. A principios del siglo pasado, algunos especialistas consideraron la posibilidad de que el códice pudo haber sido obtenido del grupo maya-itzá asentado en una isla del lago de Petén, conocida como Flores, lo que ocurrió después de la conquista española de este reducto independiente en 1697.

Aunque algunos motivos que aparecen en el códice representan objetos usados no sólo en Yucatán sino en un área más amplia, el análisis iconográfico indica una asociación con la península yucateca. Algunas ilustraciones de recipientes de cerámica tienen semejanza con los incensarios del Posclásico Tardío excavados en Mayapán y con los del Petén. Las representaciones de hachas que llevan algunas deidades también pueden compararse con objetos líticos recuperados arqueológicamente.


Características físicas 

Este es el más extenso de los códices mayas prehispánicos. Consta de 112 páginas (56 hojas pintadas en ambos lados), que miden  23.2 cm de altura por 12.2 cm de ancho (con ligeras variantes). El papel es de amate y originalmente se preparó como una larga tira que se doblaba como acordeón. Sobre las páginas se aplicó una capa de estuco muy fino como base, sobre la cual se pintaron jeroglíficos e imágenes. Los colores ahora visibles son café rojizo oscuro, amarillo-café claro, dos tonos de azul, negro y gris. En algún momento la pictografía fue dividida en dos partes. Un gran fragmento de estuco pintado, desprendido de la parte superior de la página 56, se guarda junto con las dos partes señaladas.


Formas y colores 

John Eric Thompson ha señalado que la ejecución artística del códice no tuvo la calidad de otras pictografías prehispánicas, como la del Dresde y París. El mayista inglés consideró que las figuras de los dioses en el Madrid eran descuidadas y estaban delineadas con prisa. También criticó la falta de claridad en el registro glífico. A pesar de la opinión adversa de uno de los grandes especialistas en la materia, la importancia del códice radica en su mera existencia y en la validez general de su información.


Breve historia del códice 

Hasta la fecha no se ha encontrado datos relacionados con la llegada del códice a Europa. En un momento fue dividido en dos secciones que, durante algún tiempo, se consideraron autónomas con los títulos de Códice Troano y Códice Cortesiano. En 1866, el primer fragmento estaba en manos de Juan Troano y Ortolano. Charles Etienne Brasseur de Bourbourg lo vio en Madrid en el mismo año e hizo los arreglos necesarios para hacer una reproducción litográfica, en 1869. El Troano fue adquirido por el Museo Arqueológico Nacional en 1888. Juan Palacios, un residente de Madrid, intentó vender el Cortesiano hacia 1867. El museo citado también lo adquirió del bibliófilo José Ignacio Miró en 1872. Miró afirmó que lo había adquirido recientemente en Extremadura debido a que Hernán Cortés provenía de esa provincia, y con la idea de que el mismo Cortés lo había traído a España, el director del museo lo bautizó con el nombre del conquistador. Una edición limitada de fotos del Cortesiano circuló alrededor de 1880, que ayudó a aclarar que se trataba de un solo manuscrito, debido al empalme correcto de las dos secciones.


Principales estudios 

La primera reproducción de una de las partes del códice (Troano) fue dada a conocer por el abad Brasseur de Bourbourg en 1869. A ésta siguieron varias ediciones no facsimilares, con estudios parciales. Entre éstos destacan los de León de Rosny (1883), Cyrus Thomas (1882), Paul Schellhas (1897), Eduard Seler (a partir de 1902), Villacorta y Villacorta (1933) Zimmermann (1956) Yuri Knorozov (1963), Ferdinand Anders (1963), John Eric Thompson (1950 y 1972) y David Kelley (1976). Hay también trabajos más recientes, como el de Roberto Escalante Hernández (1992), Gabrielle Vail (1996) Victoria R. Bricker y Gabrielle Vail (1997), y Laura Elena Sotelo Santos (2002).


Otros nombres

Códice Tro-Cortesiano, Códice Matritense Maya, Códice Maya del Museo de América de Madrid.


Lugar donde está depositado

Museo de América de Madrid, España.


(Tomado de: Paxton, Merideth. Códice Madrid. La religion mexica. Arqueología Mexicana, Vol.XVI núm. 91. Editorial Raíces, México, 2008)

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