jueves, 30 de junio de 2022

Chaak, el Dios del Agua (Dios B)

 


El culto a esta deidad del agua, documentada desde el Preclásico, está vigente entre los campesinos de la península de Yucatán. Sus acciones, relacionadas con la producción agrícola, la lluvia, el relámpago y el trueno, se manifestaban en todos los rumbos del cosmos, razón por la cual es uno (Yaxal Chaak) en el centro, y cuatro al mismo tiempo, asociados con cada rumbo y color de los cuadrantes del universo.

Los documentos coloniales registran el nombre de esos cuatro con el prefijo xib' (varón). El más conocido es el Chaak Rojo del Este, denominado Chak Xib' Chaak, nombre con el que aparece en vasijas polícromas. Se le ha relacionado con el dios GI y en los textos del Templo de la Cruz de Palenque se registra que de la tríada divina fue el primero en nacer. Se trata de una de las manifestaciones de Itzamnaaj asociada con la fertilidad, razón por la que varios gobernantes usaron al dios Chaak como parte de su nombre o de su atuendo.

En los códices se le representa con cuerpo humano o de serpiente y un rostro fantástico en el que destaca su larga trompa con atributos de serpiente, lagarto y tapir. Su color por excelencia es el azul (yacx azul y verde); puede portar una vasija para derramar agua (de su cuerpo también puede manar agua); un hacha con la que produce truenos y relámpagos, o antorchas que aluden a las sequías de los tiempos calurosos.

En el Clásico, con trompa menos pronunciada, se le reconoce por sus barbas semejantes al del pez bagre, orejeras de concha y una diadema de concha recortada como atributo de fecundidad.


(Tomado de: Pérez Suárez, Tomás - Dioses mayas. - Los dioses mayas. Arqueología Mexicana, vol. XV, núm. 88. Noviembre/diciembre 2007. Editorial Raíces/Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, D.F.)


lunes, 27 de junio de 2022

Matilde Landeta


Junto con otras directoras, Landeta es considerada una de las pioneras del cine mexicano. Sin estudios de cine, aprendió a dirigir por haber empezado desde abajo en las producciones. Ella inició en 1940 como continuista en algunas producciones; trabajó con Emilio Fernández, Julio Bracho, Roberto Gavaldón y fue asistente de dirección de Fernando de Fuentes. La constancia de Matilde fue la que abrió el camino a las actuales directoras del cine nacional. Como no encontraba financiamiento para sus películas, Landeta tuvo que fundar su propia compañía productora, TACMA, S.A. de C.V., con la que realizó sus dos primeros largometrajes: Lola Casanova (1948) y La negra Angustias (1949), protagonizados por Meche Barba y María Elena Marqués, respectivamente. En ambos muestra personajes femeninos que son arrancados bruscamente de su zona de confort que evolucionan hasta convertirse en personas fuertes y autosuficientes. Matilde Landeta realizó dos filmes más: Trotacalles (1951) y Nocturno a Rosario (1992). [ Falleció en la ciudad de México el 26 de enero de 1999].


(Tomado de: Sánchez Noriega, José Luis, y Fuentes, Olivier - Muy interesante Data. Datos curiosos del cine. Mujeres tras la cámara. Editorial Gyl Televisa, S.A. de C.V., México, 2019)

jueves, 23 de junio de 2022

Las Poquianchis


Las hermanas González Valenzuela -Delfina, María de Jesús, Carmen y María Luisa- eran emprendedoras y ambiciosas; además, tenían otra cualidad triunfadora: una absoluta falta de escrúpulos. Establecieron una cantina en El Salto, Jalisco, en la que Delfina, la líder del clan, notó que las muchachas encargadas de llevar los tragos hacían buen dinero por su cuenta al prostituirse con los clientes. Así que decidió mudarse junto con sus hermanas a Lagos de Moreno, donde, gracias a sus buenas relaciones con las autoridades, establecieron una casa de citas llamada Guadalajara de Noche. Comenzaron a reclutar adolescentes de los pueblos cercanos con la promesa de un empleo como trabajadoras domésticas en la ciudad de Guadalajara; pero en lugar de eso, las llevaban a prostituirse en su local bajo condiciones infames.  Luego de tener problemas con la ley -y un enfrentamiento en el que el hijo de Delfina, Ramón Torres, fue acribillado- huyeron a Guanajuato a continuar con el negocio. 

Las Poquianchis, como pasaron a la historia, lograron tener dos prósperas casas de vicio. En ellas mantenían el control por medio de una férrea disciplina que no excluía castigos físicos, abortos clandestinos a las que resultaran embarazadas y ejecuciones a las jóvenes más rebeldes -que iban desde dejarlas morir de hambre hasta despeñarlas-. En la última etapa, la locura de las González Valenzuela llegó al grado de asesinar a las prostitutas que, por su edad, ya no resultaban atractivas a los clientes, para luego inhumarlas en uno de los terrenos de su propiedad. Una de las prisioneras, de nombre Catalina Ortega, logró escapar y hacer la denuncia de los horrores que había vivido. De este modo, las Poquianchis fueron detenidas y condenadas a cuarenta años de prisión.

Su fama creció de tal manera que Jorge Ibargüengoitia, escritor guanajuatense, consignó la historia de las Poquianchis en una de sus mejores novelas: Las muertas.

(Tomado de: Delgado, Omar. Serial Nacional. Las Poquianchis. Muy Interesante. Crimen. Casos en México. Vol. VI. Editorial Znet Televisa, S.A. de C. V. Ciudad de México, 2019)

lunes, 20 de junio de 2022

Ricardo Palmerín

 


Ricardo Palmerín (1889-1944)

Nació en Tekax, Yucatán, en el año de 1889. Sus padres se trasladaron a Mérida cuando Palmerín tenía siete años, y ya en esa ciudad, el niño por sí solo se dedicó a tocar la guitarra.

Sus primeras melodías fueron: La flor de Xkanlol y La flor de mayo. Conoció a los grandes poetas yucatecos y a los cancioneros de la época, como Cirilo Baqueiro ("Chan Cil"), Fermín Pastrana ("Huay Cuue") y García Rejón, quienes lo apoyaron e impulsaron para que siguiera componiendo. Así nacieron Las golondrinas, El rosal enfermo, Entre las almas y entre las rosas. Fue un gran amigo del poeta Luis Rosado Vega, y esa afinidad se reflejó de manera extraordinaria en las canciones que ambos crearon, logrando una unidad incomparable entre la letra y la música. Entre las canciones que ambos hicieron, destacan: Xkokolché (nombre maya del ruiseñor), Vestida de blanco, Las avecillas, El crucifijo, Mi tierra, Mi guitarra, Tus huellas y la célebre Peregrina.

Según el poeta Ermilo Padrón López, Palmerín junto con Pepe Domínguez rescataron la genuina canción yucateca, al mismo tiempo que Palmerín fue el máximo compositor del bambuco yucateco.

Palmerín viajó a la capital con un grupo de trovadores, en una embajada cultural que Carrillo Puerto mandó a la ciudad de México con motivo de las Fiestas de la Consumación de la Independencia. Posteriormente, con el señuelo de mejorar su situación económica y respondiendo a una invitación del doctor Alfonso Ortiz Tirado, Palmerín decide trasladarse a la ciudad de México.

A pesar de los triunfos que conquistó en la capital, nunca logró el éxito económico ya sea porque el compositor no quiso o no logró adaptarse al ambiente competitivo y comercial de la metrópoli, ni ajustar su producción a las exigencias de la radio y las disqueras. Esto, desgraciadamente, le afectó al grado de enfermarlo.

En 1943, hizo un último intento por emerger y formó un conjunto con su nombre, integrado por dos cantantes, Jaime Nolla Reyes y Pedro Fernández Trava, el tololochista Carlos Salazar, Arturo Cámara Tappan y él mismo. Desgraciadamente el compositor estaba ya muy enfermo. El coronel Wenceslao Labra, en aquel entonces gerente de la Lotería Nacional y gran admirador de Ricardo, hizo que por cuenta de dicha institución se le internara en el Sanatorio Inglés, donde falleció el 30 de enero de 1944; fue sepultado en el Panteón Español.

Después de su muerte, un grupo de trovadores yucatecos se reunieron con el objeto de formar una institución que diera impulso y protegiera la producción peninsular, y así, el 31 de octubre de 1949 quedó constituida la Sociedad Artística Ricardo Palmerín.


(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989)

jueves, 16 de junio de 2022

10 batallas decisivas en México (III)

 


10 batallas decisivas en la historia de México [III]

Luis A. Salmerón Sanginés

(Maestro en Historia por la UNAM. Cursa el doctorado en Historia en la misma institución y es profesor de la Universidad Pedagógica Nacional. Especialista en investigación iconográfica y divulgación histórica)


Batalla de San Jacinto

21 de abril de 1836

El río San Jacinto atestiguó ese día la última batalla de la Guerra de Texas. En poco más de media hora el ejercito mexicano fue derrotado dejando en el campo más de seiscientos soldados y otros siete centenares fueron tomados prisioneros por el ejército rebelde liderado por Sam Houston, que los mandos nacionales suponían en retirada.

Después de las victorias mexicanas en El Álamo, Encinal del Perdido y Goliad el mes anterior, el ejército había iniciado la persecución de las tropas rebeldes que huían hacia territorio estadounidense para reorganizar sus tropas. Durante marzo y parte de abril, dividido en varias columnas, ocupó las poblaciones importantes. Pero debido a la lentitud con que marcharía el grueso del ejército, el general en jefe y presidente de México, Antonio López de Santa Anna, decidió adelantarse con una tropa de soldados experimentados con la esperanza de atrapar al general Houston, iniciando así el 14 de abril una penosa carrera donde los mexicanos, que no conocían el terreno y partían con desventaja, llevaron la peor parte.

Una semana después, Santa Anna logró alcanzar a los tejanos y luego de algunas escaramuzas con sus avanzadas, el 21 de abril decidió esperar refuerzos a orillas del río San Jacinto, al este de la actual ciudad de Houston. Suponiendo que los rebeldes estaban más interesados en poner distancia entre ellos y su ejército, Santa Anna tomó pocas precauciones. Los soldados, agotados, se desprendieron de sus pertrechos para dormir mejor.

Por la tarde, algunos mexicanos fueron despertados por el estruendo de las armas comandadas por Houston; a otros los sorprendieron comiendo en el rancho, con la caballería desmontada, y a la infantería sin sus armas cargadas. Santa Anna y su cuerpo de oficiales dormían en sus tiendas.

En pocos minutos la mayoría de los soldados mexicanos huían en desbandada. Los que no caían muertos o heridos en el campo fueron tomados prisioneros, entre ellos Santa Anna, quien poco después, desde prisión, ordenó al grueso del ejército replegarse al sur del río Nueces, perdiendo así Texas. Santa Anna estuvo preso durante siete meses y a su regreso fue repudiado por los mexicanos; pero el gobierno ya no tendría las fuerzas militares suficientes para recuperar ese territorio y, diez años después, sería anexado a Estados Unidos.


(Tomado de: Salmerón, Luis A. - 10 batallas decisivas en la historia de México. Relatos e historias en México. Año VII, número 81, Editorial Raíces, S.A. de C. V., México, D. F., 2015)


lunes, 13 de junio de 2022

Rubén Jaramillo


Mayo en la memoria

Es asesinado Rubén Jaramillo

23 de mayo de 1962


Aquel día un destacamento militar apoyado por policías judiciales sacó de su casa, en Tlaquiltenango, Morelos, al dirigente campesino Rubén Jaramillo, a su esposa Epifanía, que estaba encinta, y a sus hijos Enrique, Filemón y Ricardo. Dos horas después la familia fue acribillada en las cercanías de las ruinas de Xochicalco, consumándose así uno de los más atroces crimenes políticos del siglo XX mexicano.

Rubén Jaramillo nació en Tlaquiltenango hacia 1900. En 1914 se incorporó al Ejército Libertador del Sur del general Emiliano Zapata y se convirtió en un oficial apreciado y querido por los habitantes de Morelos y el sur de Puebla.

En 1918 Jaramillo reunió a los hombres que lo seguían y les explicó que la revolución zapatista había sido derrotada, por lo que valía más guardar las armas y retirarse para continuar la lucha en un momento más propicio.

Durante los años siguientes, trabajó en diferentes ranchos y haciendas, y conoció la cárcel en la que lo metieron los carrancistas luego del asesinato de Zapata. En los años veinte encabezó una lucha legal por la reforma agraria y consideró que el reparto prometido sólo era una bandera política y no un verdadero compromiso del gobierno. Al comenzar la década de los treinta, era el más conocido y respetado de los dirigentes campesinos del poniente de Morelos.

También apoyó decididamente la candidatura presidencial de Lázaro Cárdenas en 1934 y durante la campaña electoral preparó un estudio sobre la agricultura de la región que concluía con la petición de que el Estado construyera una gran central azucarera. Ese fue el origen del ingenio de Zacatepec, inaugurado por Cárdenas en 1938 y cuyo primer consejo de administración presidió Jaramillo.

En 1939, por expresa petición del general Cárdenas, Jaramillo y todos sus seguidores apoyaron la candidatura de Manuel Ávila Camacho, pero cuatro años después, considerando que el nuevo presidente había traicionado definitivamente los ideales de la Revolución, el dirigente llamó a sus compañeros a desenterrar las armas para recomenzar la lucha por la tierra y la libertad, reviviendo el zapatismo.

Pacificado gracias a la mediación de Cárdenas, Jaramillo siguió luchando por los derechos de los campesinos y colaboró con diversos movimientos nacionales. Pero desesperado por la corrupción de los políticos, las amenazas a los luchadores sociales y la imposibilidad de transformar las cosas por medios políticos, planeó levantarse en armas contra el gobierno por tercera vez.

Sin embargo ya no le dieron tiempo: fue asesinado y con él fueron sacrificados su esposa e hijos. Al día siguiente, sorteando el cerco militar que rodeaba el panteón de Tlaquiltenango, miles de campesinos acudieron a su entierro.

Luis A. Salmerón, historiador.

(Tomado de: Salmerón, Luis A. - Mayo en la memoria. Es asesinado Rubén Jaramillo. Relatos e historias en México. Año VII, número 81, Editorial Raíces, S.A. de C. V., México, D. F., 2015)

jueves, 9 de junio de 2022

Los tríos

 


Los tríos

Los aficionados a la canción romántica recuerdan con especial fruición el año 1948, fecha del debut del trío Los Panchos en el cabaret El Patio. El éxito de la presentación fue contundente y persistente. Los años consiguientes a ese debut merecieron llamarse "Época de Los Panchos".

El novedoso trío Los Panchos parecía inaugurar también un estilo de tocar y cantar. Aunque desconocido en México, el grupo se había formado desde el año 1942 en la ciudad de Nueva York, en donde aparte de recibir algunas influencias, se había encargado de llevar el "mensaje musical mexicano" en una gira por los campamentos de reclutas norteamericanos. Su repertorio de aquella época, Perdida, Una copa más, Rayito de luna prefiguraba en cierta manera el estilo que los haría famosos: un cruce entre el rítmico bolero y un melifluo sentimentalismo que provenía de la canción romántica.

Antecedentes de los tríos

El estilo inaugurado por Los Panchos fue producto de influencias de diferente naturaleza y procedencia. La historia se inició en 1927 con el trío Garnica-Ascencio que hacía furor en una larguísima temporada en el Teatro Lírico, en donde cantaron por primera vez la canción Nunca de Guty Cárdenas. Su estilo era más bien campirano, con una distribución muy aguda de las voces. Poco después, los Cuates Castilla se especializaron en el estilo sensual de cantar el bolero a dúo, a imitación de los conjuntos yucatecos y los hermanos Martínez Gil.

En 1927, los Trovadores Tamaulipecos añadieron al estilo de conjunto vocal, un uso virtuosístico de la guitarra, que provenía del estilo de ejecución del arpa en el huapango. En 1936, con la canción Relámpago, los hermanos Martínez Gil lograron un estilo romántico citadino de los años cincuenta. En 1940, Roque Carbajo, con sus canciones Tristeza y Angustia, contribuyó a establecer el género de repertorio que manejarían años más tarde, y en exclusividad, los tríos boleristas.

Otro suceso importante ocurrió en el año 1943, ya que marcó la llegada a México de los tríos de estilo caribeño con el trío Avileño y el trío Urquiza que más tarde se desintegraría. De la instrumentación característica del conjunto: guitarras con tres cubano (una guitarra con tres cuerdas dobles) y una serie de percusiones como las tumbadoras, bongoes, maracas y claves, derivaría más tarde la infaltable maraca del trío romántico.

En 1945, en Nueva York, Chucho Navarro ya actuando con Los Panchos introdujo e inventó el requinto, una guitarra pequeña y muy manuable que se afina una cuarta más alta y cuya forma es similar a la guitarra eléctrica; con el diapasón totalmente liberado, permite maniobrar con comodidad y rapidez en los tonos altos.

El nuevo estilo

A partir de Los Panchos, los boleros se ejecutarían según el modelo impuesto por ellos: el requinto iniciaba una introducción muy libre del tema de la canción y al terminar el ciclo de versos del bolero, se reintroducía el requinto antes de la repetición o para ir a la tradicional segunda parte del bolero.

El requinto enriquecía la calidad sonora del trío con un sonido más ligero y más incisivo, cuya agilidad lo hacía especialmente útil en las ornamentaciones y rápidas estilizaciones de la melodía.

En el ambiente artístico de la capital a fines de los años cuarenta, el estilo de Los Panchos constituía, sin lugar a dudas, no sólo una novedad sino un avance. A diferencia del trabajo improvisado y mediocre de muchos conjuntos de aquellos años, Los Panchos imponían un estilo acabado como producto de un persistente trabajo, ensayos disciplinados y variados acoplamientos de las voces. Al introducir una tercera voz libre, que podía entretejerse, aun en los registros bajos, se lograron realizar saltos de cuartas y quintas o inclusive partes cromáticas. Al igual que el blues norteamericano de aquellos años, Los Panchos solían introducir en sus finales, coros de soporte y acordes de sexta. Todo esto constituía un enriquecimiento. Pronto se empezaron a crear canciones adaptadas al nuevo estilo del trío: Contigo, Rayito de luna, y se pudo desarrollar una interacción entre los tríos y los creadores de canciones. En la mayoría de los casos alguno de los miembros del trío era el encargado de realizar las composiciones a la medida de las posibilidades y preferencias del grupo.

Los Panchos fueron, antes que nada, un estilo; a partir de ellos, todo resultó panchizable, lo mismo una canción estilo caribeño como Espinita de Nico Jiménez, que una canción de Lara o un estudio de Chopin: el opus 10 No. 3 que se convirtió en un hit bajo el nombre de Sublime ilusión.

Algunas canciones del año 1949 contribuyeron a fijar el tipo de canción característico del trío romántico: Sin un amor y Un siglo de ausencia de Alfredo Gil y Rayito de luna de Chucho Navarro establecieron el modelo que se seguiría en años posteriores. 

Los cincuenta: apogeo de los tríos.

Pronto, a imitación de Los Panchos, surgieron cientos de grupos con nombres noblemente imaginativos: condes, duques, príncipes, dandys, etc.

En 1949 Edmundo Domínguez compuso Loca pasión iniciando una avalancha de canciones para trío que hicieron época: Contigo de Claudio Estrada, Limosnero de amor y Remolino de Alberto Videz, junto con Un solo corazón de Rafael de Paz.

En 1951, la canción Tres dilemas de Vicente Garrido dio una nueva forma al bolero y se adaptó perfectamente al nuevo estilo de ejecución del trío. A partir de ese momento, las canciones para trío tuvieron un corte característico: Luna de octubre de José Antonio Michel y Ladrona de besos entraban ya perfectamente dentro de la definición de canción para trío.

En general, los años cincuenta fueron dominados por los tríos y su repertorio especializado que crecía día con día. El crucifijo de piedra (1954) de los hermanos Cantoral, Espinita (1954) de Nico Jiménez, Historia de un amor del panameño Carlos Almazán iniciaron otra serie de sentidas canciones para trío. Todos estos años fueron de una gran demanda para los tríos. La totalidad del repertorio romántico parecía impregnarse del estilo de Los Panchos.

Según Gustavo Prado, integrante de Los Diamantes, un importante grupo fundado en 1949, Los Panchos lograron dignificar la profesión y hacer posible que los tríos entraran en lugares que les estuvieron vedados por años. Antes de la aparición de Los Panchos, los tríos se dedicaban a dar serenatas y a cantar en los bares; después de ellos, adquirieron rango social y alta jerarquía dentro del ambiente. Las disqueras se los disputaban, los más caros centros nocturnos les ofrecían trabajo.

No tardó el estilo romántico de los tríos en trascender y cruzar las fronteras. Los Panchos viajaron a Japón y abrieron un sorprendente, entusiasta y duradero mercado para los tríos mexicanos. A partir del primer viaje de Los Panchos al Japón, las plazas han estado siempre abiertas para los tríos románticos en el Medio y Lejano Oriente, Estados Unidos, Sudamérica y, por supuesto, en ese mercado natural para los artistas mexicanos que se localiza en Los Ángeles y en Chicago.

La vida musical, la creación de canciones en México giraron durante los años cincuenta en torno a los tríos, al grado que a los premios instituidos como El Disco de Oro hubo que añadirse la categoría trío. Nuevas canciones salieron a la luz; en 1956 Álvaro Carrillo dio uno de los últimos impulsos al bolero romántico con Amor mío. En 1958, Güicho Cisneros, el compositor oficial de Los Dandys compuso Gema y Benjamín Correa del grupo Los Caballeros publicó Invierno. En 1959 Álvaro Carrillo compuso dos clásicas del género: Luz de luna y Sabor a mí, sólo comparables en popularidad con Alma de cristal y Tres regalos, compuestas en el mismo año por Güicho Cisneros.

Al producirse la saturación del mercado provocada por el exceso de tríos, cada grupo inició una búsqueda de la originalidad a toda costa. Pero las posibilidades de variación eran muy limitadas. Como resultado, pronto se llegó a un exceso de barroquismo en el uso del requinto y a un amelifluamiento afeminado en las voces, que colocaron el estilo del trío en el margen entre la chabacanería y el sentimentalismo cursi. De esta manera, la decadencia del estilo de trío otorgó la razón a muchos de los críticos del género que veían en Los Panchos una amenaza a la pureza de la canción mexicana, en razón de su cursilería y amaneramiento.

Los años sesenta señalan la invasión del rock en México y el nacimiento de una nueva sensibilidad. La producción de boleros y canciones para trío disminuyó; pocas canciones tuvieron la calidad de Mientes (1961) de Daniel Pérez Arcaraz, Cuando muere el sol (1961) de Federico Baena, Mi amor por ti (1962) de Miguel Pous y Seguiré mi viaje de Álvaro Carrillo.

La duración del estilo de los tríos podría totalizar más de treinta y cinco años, aunque en realidad la decadencia se hubiese iniciado a principios de los años sesenta, cuando aún seguían actuando los grupos más famosos. La creación de repertorio cesó, los grupos se dispersaron y se siguieron repitiendo hasta el cansancio los mismos patrones de ejecución. Actualmente, aun para los más famosos tríos sobrevivientes, el final está próximo; aunque una buena parte del público aún quisiera escuchar el repertorio habitual de los tríos, pocos empresarios se arriesgan a contratarlos.

(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989)

lunes, 6 de junio de 2022

Francisco Galí

(Francisco Galí: mapa de la Alcaldía Mayor de Tlacotalpan, 1580)

Navegante, cartógrafo y urbanista español de la segunda mitad del siglo XVI, que posiblemente perteneció a la familia de los notables alarifes moros de ese apellido establecidos en Zaragoza, España, en el siglo XV. Después de realizar algunos viajes se estableció en Tlacotalpan, Veracruz, cuya traza urbana diseñó, ejecutando también algunos trabajos cartográficos de gran precisión, como el mapa a escala de la Alcaldía Mayor de Tlacotalpan, entonces perteneciente al Obispado de Tlaxcala, que acompaña a la relación de Juan de Medina, fechada el 18 de febrero de 1580,:la cual respondía al interrogatorio de Felipe II, cursado a todos los alcaldes de las colonias americanas y que fue reproducido, al igual que la carta mencionada, en el tomo V de los Papeles de la Nueva España recopilados por Del Paso y Troncoso. Era en aquel entonces virrey de México, Pedro de Moya y Contreras, quien encargó a Galí la exploración de los mares y las costas occidentales del septentrión americano en busca de fondeaderos para los buques procedentes del Océano Pacífico. Partió Galí de Acapulco el 10 de marzo de 1582 con dos fragatas, en las que navegó por más de dos años hasta las costas asiáticas; visitó Manila y Macao, y estudió cuidadosamente las corrientes marinas; desembarcó a su retorno en el lugar que hoy ocupa San Francisco de California. Galí escribió la relación pormenorizada de su viaje y se la remitió al virrey; pero el manuscrito, por causas ignoradas, llegó a manos del holandés Juan Hugo van Livischen, quien lo publicó en su idioma como Derrotero de las Indias (Amsterdam, 1596, 1614 y 1626); se publicaron también traducciones al inglés  (Londres, 1598), al latín (La Haya, 1599) y al francés (Amsterdam, 1610, 1619 y 1638). Hasta la fecha no existe ninguna versión española de tan importante relación.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)

sábado, 4 de junio de 2022

Augusto Monterroso

 


Augusto Monterroso tuvo una patria por nacimiento (Guatemala) y otra por elección (México). Durante 1994 cumplió cincuenta años de actividades en México y, en colaboración con Bárbara Jacobs, su esposa, entregó a la imprenta una compilación de relatos melancólicos de diversos autores bajo el nombre de Antología del cuento triste.

Augusto Monterroso, también conocido como Tito Monterroso,  nació en la ciudad de Guatemala el 21 de diciembre de 1921. En 1944, luego de haber fundado la revista literaria Acento y el periódico El Espectador, en su país, llegó exiliado a México. Realizó sus estudios profesionales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) entre 1945 y 1949. Colaboró en el servicio exterior guatemalteco en las embajadas en México y Bolivia durante el gobierno de Jacobo Arbenz. Al ser derrocado éste (1954), se mudó a Chile donde fue secretario particular de Pablo Neruda. En 1956 regresó a México y recibió una beca para estudiar para estudiar filología en el Colegio de México. Desempeñó más tarde algunos puestos en la UNAM. Fue director de publicaciones, investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas y jefe de redacción de la Revista de la Universidad de México. Fue jefe de publicaciones del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Por otra parte, realizó realizó tareas docentes en instituciones educativas e impartió varios talleres literarios.

Monterroso fue autor de una amplia obra escrita traducida a los idiomas más importantes. De ella surgió, al menos, un clásico: La oveja negra y otras fábulas, texto que Italo Calvino elogió ampliamente en sus Seis propuestas para el próximo milenio.

Aparte de ese libro destacan en su bibliografía: Movimiento perpetuo (1972), Lo demás es silencio (1978), y Viaje al centro de la fábula (1982). Su trabajo literario le significó numerosos reconocimientos como el Premio Xavier Villaurrutia (1985) y la Orden del Águila Azteca (1988). A mediados de 1993 concluyó Los buscadores de oro, un sensible repaso a los acontecimientos emotivos de su infancia. [Murió el 7 de febrero de 2003 en la ciudad de México].

(Tomado de: Todo México 1995. Resumen ilustrado de los acontecimientos más importantes registrados en México en 1994 para la actualización de la Enciclopedia de México. Kentucky, EUA, 1995)

martes, 31 de mayo de 2022

Expansión territorial y conquistas siglo XVI, I

 


Las conquistas iniciadas antes de 1530 en el territorio novohispano se encuentran en clara relación con la figura de Hernán Cortés, como todo lo que sucedió durante aquellos años en la naciente colonia, ya que si algunas no se realizaron directamente por su mandato, los personajes que las llevaron a cabo están unidos al conquistador por lazos de compañerismo o de odio. En el primer caso se encuentra Francisco de Montejo, que en 1527 inició la conquista de Yucatán, después de haber desempeñado en la corte el cargo de procurador, que le dio el recién fundado ayuntamiento de Veracruz. En el segundo se haya Nuño de Guzmán, quien, desde su llegada como gobernador a Pánuco, estableció con don Hernando una fuerte rivalidad, y cuando tuvo prerrogativas de poder, siendo presidente de la primera Audiencia, lo persiguió encarnizadamente. Algunos historiadores ven en su partida hacia la conquista de los territorios que después serían Nueva Galicia un intento de superar lo que Cortés había realizado.

El mismo año 1530 marca el momento en que el marqués del Valle de Oaxaca -con ese título había vuelto de España el conquistador de Tenochtitlan- perdió la relevancia que anteriormente tenía, pues sufrió duros enfrentamientos con la segunda Audiencia y con el primer virrey, y su actuación fue reducida a la preparación de expediciones marítimas que mandó para explorar la Mar del Sur (océano Pacífico), de acuerdo con las capitulaciones que celebró con la reina gobernadora en 1529. Años después también fue desplazado en este campo por el virrey Antonio de Mendoza, quien se incautó de los navíos que habían quedado en los astilleros.

La tercera década del siglo XVI señala el inicio de un cambio en la manera de realizar las conquistas, porque hasta ese momento se había sometido a grupos de indios que eran agricultores sedentarios, los cuales aceptaban, por lo general, el dominio que se les imponía. Pero en regiones vecinas de lo conquistado hasta entonces y de los territorios recorridos durante ese tiempo por Nuño de Guzmán, actualmente designados Mesoamérica, existían tribus que tenían otra manera de vivir. Eran grupos de vida semisedentaria, que se desplazaban de un sitio a otro en busca de caza o de frutos para la recolección. La presencia de los españoles les hacía abandonar las zonas donde se movían generalmente para refugiarse en sitios inaccesibles. Estos indios fueron llamados genéricamente chichimecas.

Fray Juan de Torquemada los describe de la siguiente manera: "Hacia las partes del norte (en contra de la ciudad de México, y en grandísima distancia apartadas de ella) hubo unas provincias (y puede ser que al presente las haya), cuya principal ciudad fue llamada Amaqueme y cuyos moradores, en común y genérico vocablo, fueron llamados chichimecas, gente desnuda de ropas de lana, algodón, ni otra cosa que sea de paño o lienzo, pero vestida de pieles de animales; feroces en el aspecto y grandes guerreros, cuyas armas son arcos y flechas. Su sustento ordinario es la caza, que siempre siguen y matan; y su habitación, en los lugares cavernosos; porque como el principal ejercicio de su vida es montear, no les queda tiempo para edificar casas". Era, pues, necesario reducirlos a la vida sedentaria. A causa de esta necesidad, los ejércitos conquistadores fueron paulatinamente cambiando su índole, y a los soldados españoles, acompañados de gran cantidad de indios aliados, se unieron los animales necesarios para la alimentación del ejército, las carretas con los objetos indispensables para acampar y finalmente las familias para formar los núcleos fundadores de nuevas poblaciones.

Expediciones militares

La llegada en 1536 a Nueva España de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca y de sus compañeros dio un nuevo impulso a la preparación de expediciones que se lanzaron en busca de nuevas tierras, las cuales se suponían muy pobladas y ricas.

Cabeza de Vaca era el tesorero de la expedición que en 1527 zarpó de Sanlúcar de Barrameda, al mando de Pánfilo de Narváez, para conquistar el territorio comprendido entre La Florida y el río de Las Palmas, río considerado el límite por el norte de la provincia de Pánuco. Los españoles desembarcaron en La Florida y caminaron en busca de poblados, marchando siempre cerca de la costa. Muchas fueron las penalidades que sufrieron hasta que al final decidieron abandonar la empresa.

Con cinco barcas intentaron navegar hasta llegar a la provincia de Pánuco, que creían muy cercana, pero los vientos y las corrientes los separaron. La de Alvar Nuñez fue arrastrada hacia la playa, donde al poco tiempo la gente se reunió con los supervivientes de otra barca que también había naufragado. Unos indios que estaban recogiendo alimentos en la región de apoderaron de ellos. Esos indios pertenecían a diferentes grupos, unidos sólo por las necesidades de la recolección; al no encontrar los medios suficientes para subsistir se separaron, y Cabeza de Vaca tuvo que dejar a sus compañeros para seguir a los indígenas que lo apresaron. Vivió durante seis años solo, "y porque yo me hice mercader, procuré de usar el oficio lo mejor que supe, y por esto me daban de comer y me hacían buen tratamiento y rogábanme que me fuese de unas partes a otras", dice. Y prosigue: "...y este oficio me estaba a mí bien, porque andando en él tenía libertad y no era esclavo". Un día se enteró de que en una población cercana se encontraban otros españoles, a los que tenían esclavizados. Eran Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes y su esclavo morisco Estebanico. A fin de estar con ellos y poder escapar juntos dejó el comercio y quedó sirviendo a los indios, mientras que se les presentaba la ocasión de huir. Esta ocasión la tuvieron cuando sus amos, impulsados por el mal clima y la falta de alimentos, se movieron a otro sitio y descuidaron la vigilancia que tenían sobre ellos. Durante su huida se vieron obligados a practicar curaciones, en la forma en que Alvar Nuñez describe: "La manera con que nosotros curamos era santiguándolos y soplándolos y rezando un Pater Noster y un Ave María y rogando lo mejor que podíamos a Dios Nuestro Señor que les diese salud e inspiraste en ellos que nos hiciesen algún buen tratamiento. Quiso Dios Nuestro Señor y su misericordia que todos aquellos por quienes suplicamos, luego que los santiguamos decían a los otros que estaban sanos y buenos". Esto les dio fama y les mereció el respeto de los pueblos que visitaban durante su recorrido.

Y así, pasando de una tribu a otra, atravesaron extensos territorios hasta encontrarse con Diego de Alcaraz, capitán de Nuño de Guzmán, que incursionaba por el norte del actual estado de Sinaloa en busca de indios a fin de esclavizarlos. Pasó luego a la provincia de Culiacán. En Compostela vio a Nuño de Guzmán y de allí fue conducido ante el virrey Antonio de Mendoza, quien se interesó mucho en la narración que le hizo del viaje, y consideró indispensable recoger mayor información.

Fray Marcos de Niza (1539)

Para ampliar las noticias que Alvar Nuñez proporcionó sobre los territorios del norte, salió hacia esa región fray Marcos de Niza, franciscano "docto, no solamente en la teología, pero aún en la cosmografía, en el arte de la mar", según fray Antonio de Ciudad Rodrigo.

Por guía tuvo a Estebanico, el esclavo de Andrés Dorantes. Cuando llegaron a una población llamada Vacapa, el franciscano decidió permanecer en ella, mientras Estebanico se adelantaba a explorar; acordaron que, junto a los informes, le mandaría una cruz cuyo tamaño sería proporcional a la calidad de lo encontrado. Fray Marcos recibió una cruz del tamaño de un hombre y salió en busca del morisco, del cual seguía recibiendo cruces cada vez mayores, pero no le alcanzó.

Las noticias que le llegaban junto a las cruces eran muy halagüeñas. Le hablaban de la ciudad de Cíbola, la primera y la más pequeña de siete ciudades con grandes casas de varios pisos que tenían las fachadas adornadas con turquesas. Transcurridas algunas jornadas llegó un indio portador de malas nuevas. Antes de llegar a Cíbola, Esteban había mandado un mensajero pidiendo que se le recibiera, pero el señor se negó. Sin importarle la negativa, el esclavo siguió adelante, y los de la población lo hicieron prisionero. Al día siguiente intentó huir, pero los indios lo persiguieron y lo mataron a flechazos.

Fray Marcos siguió su camino a pesar de la oposición de sus guías y acompañantes, y llegó a la vista de Cíbola. Desde un cerro la divisó, pareciéndole mayor que la Ciudad de México. Alentando por las noticias de que más adelante había seis ciudades aún mayores, quiso hallarlas, pero cuando pensó en que si moría no habría quien informara al virrey acerca de los territorios visitados, tomó posesión de la tierra en nombre del rey y regresó a Nueva España.

Francisco Vázquez de Coronado (1540)

A la expectación que causó en el virreinato la noticia de la existencia de las siete ciudades se sumó la curiosidad por saber a quién correspondería hacer la conquista. Cortés quiso hacer valer su nombramiento de capitán general y las capitulaciones que tenía para la exploración de la Mar del Sur. El virrey se negó a reconocerle ningún derecho y organizó la expedición que debería partir a la conquista de esos territorios. Confió el mando a Francisco Vázquez de Coronado, que era gobernador de Nueva Galicia.

Se creía que las fuerzas podrían salir en 1539, pero algunos levantamientos de indios en Nueva Galicia, que hubo que combatir, hicieron que se aplazara la partida hasta el año siguiente. Paralelamente a la hueste que marchaba por tierra, zarparon dos navíos al mando de Hernando de Alarcón, quien fue costeando el golfo de California y penetró por el río que hoy conocemos con el nombre de Colorado, hasta su confluencia con el ahora llamado Gila. Como no logró tener noticias de Vázquez de Coronado y de su gente, tomó posesión de la tierra, dejó unas señales y regresó al puerto de Acapulco.

Mientras tanto, Vázquez de Coronado se internó hacia lo que hoy es Nuevo México. Exploró regiones que actualmente constituyen los estados de Utah, Colorado y Arizona en los Estados Unidos, y sus gentes encontraron las señales dejadas por Hernando de Alarcón. Acerca de las supuestas riquezas que debería hallar, el jefe de la expedición decía en una carta al rey: "...me dieron los naturales un pedazo de cobre, que un indio principal traía colgado del cuello; envíolo al visorrey de la Nueva España, porque no he visto en estas partes otro metal sino aquél y ciertos cascabeles de cobre que le envíe y un poquito de metal que parecía oro, que no he sabido de dónde sale, mas de que creo que los indios que me lo dieron lo hubieron de los que yo aquí traigo de servicio, porque de otra parte yo no le puedo hallar el nascimiento, ni sé de dónde sea". Desilusionado, regresó a Nueva España en 1542.

Ginés Vázquez del Mercado (1552)

Por un tiempo se dejó de pensar en las Siete Ciudades. El oro perdió su primacía ante la plata, descubierta en Zacatecas por Juan de Tolosa en 1546. Con la esperanza de encontrar vetas ricas, mucha gente penetraba en regiones inexploradas. Así, Ginés Vázquez del Mercado, habiendo recibido informes por parte de unos indios sobre un cerro de plata que se encontraba en la región al norte de Zacatecas, exploró la zona y descubrió el cerro que lleva su nombre. Su desilusión fue muy grande cuando se dio cuenta de que éste no era de plata, sino de hierro. Al regresar combatió, en la población de el Sain, Co unos indios que lo hirieron y a los pocos días murió.

Francisco de Ibarra (1554 y 1562)

Uno de los compañeros de Juan de Tolosa en la fundación de la villa de Zacatecas fue Diego de Ibarra, quien logró un lugar muy destacado en la sociedad de Nueva España y casó con una hija del virrey Luis de Velasco. Por medio de éste consiguió autorización para conquistar y explorar el norte de la región ya poblada.

Como su condición de rico minero y comerciante no le permitía abandonar fácilmente sus negocios para lanzarse a la aventura, puso al mando de la expedición a su sobrino Francisco, quien descubrió las minas de San Martín y El Aviño, recorrió el valle que llamó de Guadiana (descubierto por Vázquez del Mercado en su infortunada aventura) y regresó a Zacatecas. Ocho años después recibió el nombramiento de gobernador de Nueva Vizcaya, nombre con que se designaron las tierras que había recorrido.

En una segunda penetración en su gobernación, Francisco de Ibarra fundó Durango en el ya mencionado valle de Guadiana; descubrió las minas de Topia, marchó hacia la costa del Pacífico y fundó un fuerte en la región de los sinaloas, al norte del estado que hoy lleva ese nombre. La población más cercana era la villa de Culiacán, que pertenecía a Nueva Galicia. Sus habitantes vivían siempre amenazados por los ataques de los indios y al sur no tenían ningún lugar habitado por españoles que les permitiera una fácil comunicación con Guadalajara, capital del reino neogallego, a causa de lo cual pidieron a Ibarra que fundara una villa. Esta fue San Sebastián, hoy Concordia, que puso bajo su gobierno; esto le acarreó un pleito de jurisdicciones con Nueva Galicia, que reclamó como suya la región. Cuando Ibarra realizó la fundación, la zona estaba despoblada; por eso la nueva villa quedó dentro del gobierno de Nueva Vizcaya.

Don Francisco fue después en busca de Nuevo México. Esta designación no se refiere al actual estado de la Unión Americana ni tampoco a lo que se designaba con aquel nombre en la colonia. Ibarra pretendía hallar un Nuevo México, que no era sino el supuesto lugar donde iniciaron su peregrinación los fundadores de Tenochtitlan, "origen, venida, raíz y tronco de los antiguos culhuas mexicanos, teniendo sospecha seria de gran número de indios, poblaciones y riquezas", dice Baltasar de Obregón, que participó en esta conquista.

Pero el gobernador de Nueva Vizcaya no encontró este Nuevo México; con todo, esta adversa circunstancia no destruyó la fe en la existencia de esa quimérica región. El oidor don Alonso de Zorita solicitó autorización de la corona para colonizar la susodicha zona, y el antes mencionado Baltasar de Obregón esperaba lo mismo.

Tristán de Luna y Arellano (1559)

Después de la frustrada expedición que en 1512 Juan Ponce de León realizó a La Florida en busca de la fuente de la juventud, muchos españoles la habían costeado o habían desembarcado en sus playas, pero sin que se consiguiera fundar en ella ningún establecimiento.

Alonso Álvarez de Pineda en 1519, Lucas Vázquez de Ayllón en 1524, Pánfilo de Narváez en 1528 y Hernando de Soto en 1531 son algunos de los que llegaron a la península sin conseguir ningún fruto para la corona española.

También hubo intentos misionales. Fray Luis de Cáncer, el cual había participado en la experiencia de la Verapaz, consiguió del emperador una orden para que el virrey Antonio de Mendoza le procurara los medios necesarios para la evangelización de La Florida. Creyendo que los anteriores desembarcos podían haber predispuesto a los indios en contra de los españoles, el fraile pidió al piloto que los dejara en algún lugar que todavía no hubiera sido reconocido. Parece ser que por un error los navíos llegaron a un sitio cercano al lugar en donde Narváez había desembarcado. Cáncer y un compañero bajaron a tierra y, a pesar de sus gestos de paz, los indígenas los mataron. Los que estaban en los barcos no se dieron cuenta de nada. Ante la tardanza de fray Luis, bajaron otros dos frailes, que fueron hechos prisioneros y lograron salvar la vida mediante la intervención de un español, superviviente de anteriores expediciones, que habitaba allí. Viendo que era inútil continuar en su intento, regresaron a Nueva España.

En 1558, el rey Felipe II ordenó a don Luis de Velasco que preparara la conquista de La Florida. Se habían tenido noticias de que en esas tierras se quería establecer una colonia francesa; para impedirlo se acordó poblarlas con españoles. El virrey organizó una fuerza al mando de Tristán de Luna y Arellano, persona de relieve en la sociedad novohispana. Partieron de Veracruz y desembarcaron en un puerto al que llamaron Santa María. Las tierras les parecieron fértiles y ricas. Creyendo que las naves estaban bien protegidas de los vientos, no las descargaron y dejaron esa labor para cuando hubieran construido un fuerte. Los vientos soplaron con gran violencia y los navíos quedaron destrozados; los dos mil componentes de la expedición se encontraron sin alimentos. Se internaron en la región en busca de comida y con la esperanza de encontrar algún poblado, pero la realidad es que se hallaron ante extensas llanuras en las que desaparecía la fertilidad que habían visto en la costa. Un destacamento descubrió el pueblo de Nanicpana, donde se les suministró maíz y frijoles. Cuando los alcanzaron los demás de la fuerza, muy pronto los alimentos se terminaron; los indios, ansiosos por deshacerse de ellos, disfrazaron a un indigena de embajador de un poblado vecino llamado Coza e hicieron creer a los españoles que se les invitaba a pasar al susodicho pueblo. Abandonaron Nanicpana y después de un día de camino el supuesto embajador y su comitiva desaparecieron. Muy tarde se percataron del engaño. Tristán de Luna y Arellano decidió volver a la costa. Mandó a dos frailes en unas pequeñas embarcaciones para pedir auxilio al virrey, quien mandó en su ayuda a otra armada bajo las órdenes de Ángel de Villafañe: las disputas y divisiones que se suscitaron en el campamento hicieron imposible que se pudiera reorganizar la fuerza para reemprender la conquista.

Años después ésta se llevó a cabo desde Cuba, sin que el gobierno de Nueva España interviniera.

Luis de Carbajal (1579)

Hombres procedentes de Nueva Vizcaya habían fundado algunos establecimientos en el noroeste del virreinato, pero, en realidad, la zona no se hallaba poblada. En 1579, Luis de Carbajal, que tenía estancias de ganado en la provincia de Pánuco, límite de lo colonizado hasta entonces en la costa del golfo de México, capituló a fin de poblar al norte de dicha provincia. Nuevo Reino de León sería el nombre que se daría a lo pacificado por él. Carbajal confiaba en la experiencia que había adquirido en el trato con los indios no sometidos, que había conocido durante sus recorridos al norte de Tampico.

La capitulación establecía que el territorio que debía conquistar tendría como límites Nueva Galicia y Nueva Vizcaya, y que su extensión no debía sobrepasar las doscientas leguas. También autorizaba que cien pobladores viajaran al Nuevo Reino de León, sin la obligación de demostrar su calidad de cristianos viejos.

Desde Tampico penetró en lo que hago hoy es el estado de Nuevo León y fundó la villa de San Luis en el lugar donde se encuentra actualmente la ciudad de Monterrey. También fundó León, en la sierra que luego se llamaría de Cerralvo, donde encontraron minerales, y Nuevo Almudén en la Monclova actual. Uno de sus capitanes, Gaspar Castaño de Sosa, exploró al norte del río Bravo, recorriendo territorios que en la actualidad son los estados norteamericanos de Texas y Nuevo México.

Cuando Carbajal cambió los alcaldes de la villa de Saltillo, entró en conflicto con las autoridades de Nueva Vizcaya, considerando que se encontraba dentro de las tierras que le concedían las capitulaciones. Al ser llamado a la capital del virreinato para responder a una acusación de judaizante, se vio obligado a interrumpir sus conquistas. A pesar de que no se probó su culpabilidad, fue procesado por no haber denunciado a sus parientes, que sí lo eran. Se le condenó a seis años de destierro, pero murió antes de que cumplir la sentencia.

Los pobladores establecidos en los pueblos fundados por él, los abandonaron para ir a vivir en zonas mejores.

Juan de Oñate (1597)

Con sus imaginadas y ocultas riquezas, Nuevo México seguía atrayendo el interés de los españoles. Algunos, como Sánchez Chamuscado en 1581, Antonio de Espejo en 1582 y Gaspar Castaño de Sosa en 1590, hicieron incursiones por aquellas tierras, pero no establecieron ninguna población. En 1595, Juan de Oñate obtuvo la autorización para llevar a cabo la conquista. Partió para las minas de Santa Bárbara y valle de San Bartolomé, que eran las poblaciones más septentrionales de Nueva Vizcaya. Su fuerza estaba compuesta por soldados y familias de españoles y de indios, los cuales deberían integrar los primeros núcleos pobladores. El mismo Oñate describe a su expedición en carta al virrey: "Salí... con la gran máquina de carretas, mujeres y niños que usía sabe bien". Al frente marchaban los soldados para señalar dónde debían establecerse los pueblos. Los frailes y las familias llegaban después.

La tierra le pareció adecuada para fundar. Dice: "... Dios sea bendito por siempre, que muy en servicio suyo y de la Real Majestad hase llegado a posesión tal y tan buena, que ninguna de las que Su Majestad tiene en las Indias le hace ventaja". Pero muchos de sus compañeros no compartían su optimismo, y se insubordinaron y trataron de obligarlo a regresar ante los indios salvajes y la llegada del invierno. Logró sofocar la rebelión y estableció algunos pueblos, iniciando la pacificación del territorio, al que se le impuso el nombre de Nuevo México.

Oñate recorrió una inmensa extensión de tierra: tocó regiones que hoy pertenecen a los actuales estados norteamericanos de Texas, Colorado, Arizona y California. Pero toda esta actividad fue la causa de que descuidara las poblaciones fundadas recientemente. Sus habitantes las abandonaron, porque no encontraban las riquezas que creyeron allí había. Para evitar que se despoblasen, impuso castigos tan severos que originaron una acusación de crueldad ante la corte. Por otra parte, el virrey, marqués de Montesclaros, resolvía, con mucha lentitud las solicitudes de ayuda que le presentaba y en 1607 renunció a su cargo de gobernador.

Los pobladores que quedaron en Nuevo México eran muy pocos. Aunque algunos indios sedentarios habían aceptado su permanencia, otros los rechazaban y hostilizaban constantemente. Los españoles, por su parte, les exigían que trabajaran en su favor y que les proporcionaran mantenimientos. En 1680 estalló la rebelión. Ante la fuerza de la sublevación, el gobernador Antonio de Otermín decidió abandonar la provincia y trasladó a los colonizadores al sur del río Bravo, donde se fundó El Paso. Nuevo México no se recuperó hasta 1692, mediante la acción de Diego de Vargas Zapata.

(Tomado de: Camelo, Rosa - Expansión territorial y conquistas. Historia de México, tomo 6, México colonial. Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V. México, 1978)