lunes, 14 de noviembre de 2022

Causas y consecuencias de la guerra con México, 1847

 


Causas y consecuencias de la guerra con México

William Jay

[William Jay (1789-1858), hijo de John Jay, actor de la independencia norteamericana. Graduado de Yale, representa el tipo del reformador de la primera mitad del XIX, campeando por la abolición de la esclavitud, la paz y la difusión de la Biblia. Fundó la Sociedad Bíblica Americana y escribió para la Sociedad Británica Pacifista un librito para demostrar los males de la guerra (1842). Se opuso con ardor a la guerra y publicó en 1849 un libro para demostrar la culpabilidad de los Estados Unidos en la guerra del 47 (A Review of the Causes and Consequences of the Mexican War), que ha sido la obra más citada por los historiadores mexicanos. El trozo que incluimos es parte de ella]


INMEDIATAMENTE después que se obtuvo el voto final del senado en favor de la anexión de Texas, se levantó de su asiento un senador de la Florida y presentó una iniciativa en el sentido de que se declarara que el presidente debía emprender negociaciones inmediatas para obtener que se cediera la isla de Cuba a los Estados Unidos. No se proponía una acción determinada, pues el objeto que se perseguía con esa iniciativa era únicamente familiarizar al público con los métodos a que debía recurrirse para adquirir territorio esclavista. La anexión de Texas obraba exactamente en la misma forma en que el olor de la sangre excita a un lobo hambriento, y el ansia de adquirir territorios mexicanos, en vez de quedar satisfecha, provocaba una ferocidad voracísima. En realidad Texas había sido conquistada virtualmente bajo la administración de Mr. Tyler y hay razones para creer que Mr. Polk estaba decidido a que su administración se señalara por la anexión de California. Esta provincia había despertado desde hacía mucho tiempo la codicia de los esclavistas y se habían hecho grandes esfuerzos por orientar a la opinión pública de acuerdo con las funciones del presidente. Los periódicos abundaban en artículos referentes a la fertilidad de California, su enorme importancia para los Estados, como hecho incontrovertible los designios secretos de la Gran Bretaña de adjudicarse esos territorios ya fuese por la fuerza o bien mediante un tratado. Recordará el lector la prematura toma de posesión y anexión permanente de California que realizó el comodoro Jones; también tendrá presente que en un período anterior se hicieron muchos esfuerzos infructuosos por adquirir por compra esa provincia, en todo o en parte. Ya habían penetrado en esos territorios de California tan lejanos muchos aventureros incansables, y la opinión se había propagado extensamente de que una región demasiado valiosa y atractiva para que pudiera dejársele en poder de los mexicanos. El gobierno de México, aleccionado con lo ocurrido por efecto de la colonización de Texas, dio órdenes de que se expulsa de California a todos los ciudadanos de Estados Unidos. Nuestro ministro protestó contra esa disposición y entonces se modificó el ordenamiento del gobierno mexicano en el sentido de que quedaron incluidos todos los extranjeros considerados como peligrosos para la paz pública. Sin embargo, de ello, Mr. Calhoun secretario de Estado a la sazón, ordenó que se presentará una nueva protesta al gobierno mexicano.

Veamos ahora lo que confesó en unas declaraciones nuestro ministro Mr. Thompson: "A fines de diciembre de 1843 recibí noticias de que el gobierno mexicano había expedido una orden de expulsión contra los nacionales de Estados Unidos que se hallaran en el departamento de California y territorios circunvecinos. Hasta ese momento, sin embargo, no se había pretendido aplicar tal disposición. Unos cuantos años antes se había dado una orden semejante, que incluía no sólo a los ciudadanos de los Estados Unidos, sino también a los súbditos británicos; y la disposición se había puesto en práctica con gran perjuicio y en algunas ocasiones hasta con ruina total de las personas expulsadas. Durante seis meses habían luchado inútilmente los ministros de Inglaterra y de los Estados Unidos solicitando que se derogará la ley. Tuve la buena suerte, sin embargo, después de dirigir algunas notas severas al gobierno mexicano, de que se anulara el decreto, pero no antes de apelar a la última ratio de la diplomacia: exigir mis pasaportes, medida a la que rara vez puede apelar con justificación un agente diplomático sin órdenes expresas de su gobierno. Confieso que sentí positivo miedo de que se me enviasen los pasaportes; pero me pareció que el paso estaba justificado por las circunstancias y que con él ponía fin a una larga discusión. El resultado demostró que mis cálculos eran exactos. Se derogó la ley y se enviaron instrucciones en ese sentido a todos los Departamentos, algunos de los cuales se hallan a 2,000 millas de la capital. Confieso que al asumir esa actitud altiva respecto a la orden de expulsar a nuestra gente de California, sentí ciertos escrúpulos, porque se me había informado que estaba urdiéndose un complot por los americanos y otros extranjeros que residían en California y que pensaban repetir en aquel territorio las escenas que se habían desarrollado en Texas".

Al describir California, decía Mr. Thompson: "El azúcar, el arroz y el algodón tienen allí un clima que les es perfectamente propio." Claro está que los mismos móviles que produjeron las "escenas desarrolladas en Texas" darían origen a su reproducción en California. Ya veremos después que Mr. Thompson no estaba mal informado.

Había dos modos de adquirir a California: mediante negociaciones y mediante una guerra. Lo primero era lo más económico y probablemente lo segundo sería lo más expedito, pero a menos que fuese México quien rompiera las hostilidades, resultaría en extremo peligroso recurrir a la guerra exponiendo la popularidad y la estabilidad de la administración.

Si obráramos con alguna fanfarronería al presentar nuestras reclamaciones, hinchándolas hasta el punto máximo posible, y después ofrecíamos bondadosamente el echarlo todo al olvido a cambio de que se nos cediera la California, a lo cual podíamos agregar, para dulcificar la cosa, unos cuantos millones de compensación, quizá podríamos amedrentar a México hasta el punto de inducirlo a que nos cediera su provincia. Pero el resultado era dudoso. México había sido siempre tenaz en la defensa de su suelo y se había rehusado a aceptar todo cohecho a cambio de una parte de él. La única alternativa en pie era la guerra. México se hallaba en ese momento con una sensibilidad extrema por obra de los de Texas. Su ministro en Washington había pedido sus pasaportes al aprobarse la resolución conjunta de las cámaras legislativas. Mr. Shannon, después de insultar al gobierno con su conducta ofensiva, había salido de México y todo trato diplomático entre los dos países se hallaba en suspenso. En tales circunstancias no sería difícil provocar una guerra, y tal conflicto nos daría posesión de California. Pero luego, una guerra, para ser popular o siquiera tolerable para la gente del norte de los Estados Unidos que participaría de las cargas de la Guerra sin participar a la vez del botín que se obtuviese, tendría que ser "una guerra provocada por actos de México".

Así que lo más conveniente era intentar en primer término negociaciones pacíficas, y si fracasaban, producir la guerra induciendo a México a dar el primer golpe. Una guerra de este orden sería defensiva, no agresiva; claro que México sería humillado inmediatamente y nos tocaría a nosotros imponer las condiciones de paz, una de las cuales sería la renuncia a la provincia codiciada. Los hechos posteriores prueban que la política que acabamos de explicar fue la que adoptó desde luego Mr. Polk y a la cual se aferró con una pertinancia sin titubeos.


(Tomado de: Vázquez de Knauth, Josefina - Mexicanos y norteamericanos ante la guerra del 47. Colección SEP/Setentas #19. SEP, México, D. F., 1972)

jueves, 10 de noviembre de 2022

Chava Reyes

 


Tenía 71 años cuando aquella tarde del 19 de enero de 2008 Salvador saltó a la cancha. No sólo se tomó la foto con el equipo de sus amores, las Chivas del Guadalajara, sino que arrancaría como titular en el cuadro que enfrentaría a los Pumas de la UNAM. Bastaron tres toques al balón para que el estadio Jalisco se le entregara completamente. Cerca de cincuenta segundos después, el número 57 salía de cambio y, a juzgar por el trote con el que lo hacía, parecía que había rejuvenecido con el andar de sus botines sobre el césped. Como parte del homenaje, Chava Reyes imponía el récord del jugador más longevo que había alineado profesionalmente en México.

Los niños tal vez preguntaron a sus padres: "¿Por qué 57?, ¿Quién es?". Bueno, 1957 marcó el inicio de la época dorada del club de futbol Guadalajara. Aquel equipo llamado "Campeonísimo" con el pasar de los años, logró su primera estrella profesional -con gol de Chava, por cierto - ese año y resultó prácticamente imparable los siguientes. Con Reyes Monteón en la cancha, cosecharon siete títulos de la liga mexicana en menos de diez años. ¡Una locura!

El también apodado Melón nació en 1936 en Guadalajara y debutó a los dieciséis años. "Soy chiva de nacimiento", decía. En cuanto a su talento como anotador, los números hablan por sí solos: 122 goles en la liga nacional con la playera de los tapatíos. Tuvo que llegar un nuevo milenio y varios cambios generacionales para que su marca fuera batida.

También fue pilar fundamental en la selección tricolor, a la que se entregó con pundonor en tres copas del mundo (Suecia 1958, Chile 1962 e Inglaterra 1966), en las que jugó cada uno de los partidos, así como en una gran cantidad de contiendas internacionales. De hecho, un pequeño secreto que tenía con su novia era su profesión. Se la comunicó pocos días antes del mundial de futbol de Suecia en 1952... Total, se iba a enterar. Tiempo después se casaron.

El campeonísimo Chava Reyes nos dejó un 29 de diciembre de 2012, víctima de cáncer de colon. Muchos rememoraron entonces sus palabras tras aquel partido de homenaje con el 57 en su espalda: "Es una sensación muy especial después de tantos años de jugar y volver a pisar la cancha del Jalisco oficialmente, me trajo un gran recuerdo de aquellos tiempos. Sentí una gran emoción, más por toda la gente que todavía se acuerda de mí, a la cual le doy gracias por estos aplausos. Después de esto, para mí ya no puede haber más".

Pero hubo más. Dejó su recuerdo en todos los que, sin verlo jugar, lo reconocieron como un grande. Como una leyenda.


(Tomado de: Díaz, Gerardo - Chava Reyes. Relatos e historias en México. Año VIII, número 95, Editorial Raíces, S.A. de C. V., México, D. F., 2016)


lunes, 7 de noviembre de 2022

Cine mexicano: las rumberas

 


El llamado cine de rumberas empezó a tomar forma gracias a las bailarinas que llegaron de Cuba y que en México iniciaron en el teatro de revista. Aunque ya había rumberas y números de baile desde que empezó el cine sonoro, el género de rumberas como tal, es decir, la típica historia de la muchacha que debe bailar para sostener a su familia o la que cayó en un mundo de perdición debido a engaños, empezó a tomar forma a partir de los años 40 y duró como tal hasta bien entrados los 60. En la época de gran auge eran cinco las estrellas de este subgénero fílmico: las cubanas María Antonieta Pons, Amalia Aguilar, Ninón Sevilla y Rosa Carmina; y la mexicana Meche Barba.

Meche Barba (que en realidad había nacido en Nueva York, pero su familia regresó a México a los seis días de nacida) se incorporó a las rumberas de alto nivel casi por casualidad. Cuando se iba a rodar Humo en los ojos, Alberto Gout, el director, quería como protagonista a Pons, descubrimiento de Juan Orol, pero al parecer no pudo lograrse un acuerdo económico y hubo que buscar a otra actriz. Tras una serie de pruebas, el protagónico cayó en Meche Barba, quien ya había participado como intérprete en otras producciones (por ejemplo, con la misma María Antonieta Pons en Rosalinda).

Ya que Barba no tenía mucha experiencia con los ritmos caribeños, tuvo que prepararse a conciencia hasta que encontró un estilo de baile propio, tal vez un poco más frío que el resto de las demás. Por tal motivo, a ella se le conoció como "la rumbera mexicana".

(Tomado de: Fuentes, Olivier - Muy interesante Data. Datos curiosos del cine. Cine mexicano . Editorial Gyl Televisa, S.A. de C.V., México, 2019)

jueves, 3 de noviembre de 2022

Selección Nacional; Uruguay, una epopeya: El Mundial de 1930

 


El año de 1930 fue difícil para México. La lucha de poderes dentro de la Federación se hacía notar mientras nuestro país se preparaba para acudir, por invitación del embajador uruguayo, a la primera Copa del Mundo, que se iba a celebrar en Montevideo del 13 al 30 de julio de ese mismo año. Ante los malos resultados arrojados en la Olimpiada de Amsterdam, con aquel decepcionante 7-1 en contra y con la nula aceptación del futbol nacional, se optó por llamar a un seleccionador que decía conocer a la perfección las nuevas tácticas empleadas en Europa y en América del Sur y, ante todo, se decía motivador de jugadores. Su nombre: Juan Luqué de Serrallonga, un andaluz radicado desde hacía tiempo en nuestro país y que dirigía uno de los equipos de mayor renombre de la época, el Germania.

El cuadro mexicano que viajaría a Montevideo fue elegido por dos hombres pertenecientes a la FMF: Jesús Salgado, presidente del Atlante, y Luis Andrade Pradillo, representante del América. En aquellos años el seleccionador tenía poca o nula injerencia en la selección de los jugadores. Los convocados a esta primer experiencia mundialista fueron: Isidoro Sota y Óscar "Yori" Bonfiglio; "Récord", Manuel "Chaquetas" Rosas y Francisco Garza Gutiérrez; Felipe Rosas "El Diente", Alfredo Sánchez "El Viejo", Raimundo "El Mapache" Rodríguez y Efraín Amezcua; Hilario "El Moco" López, Roberto "La Pulga" Gayón, Dionisio "Nicho" Mejía, "El Trompito" Carreño, Luis "Pichojos" Pérez, José "Pepe" Ruiz, Felipe "La Marrana" Olivares y Jesús "El Chiquilín" Castro. Además, como primer árbitro internacional mexicano viajó Gaspar Vallejo. El jefe de la delegación encargado del hospedaje y los viáticos fue Ernesto Sota García, quien actuó como jugador en Amsterdam.

El viaje fue largo: partieron el 2 de junio rumbo a Veracruz, donde abordaron al día siguiente un vapor que los trasladó a Nueva York. Ahí tuvieron la oportunidad de adquirir balones ingleses de excelente calidad y de entrenar con un equipo local. Viajaron en barco a Sudamérica días después. Fue una travesía de 26 días, durante los cuales practicaron calistenia, brincaron la cuerda y trotaron por el barco. El balón fue tocado pocas veces, pues corría el peligro de salirse por la borda, por lo que se amarró uno al mástil y los jugadores intentaban cabecearlo o, alzando la pierna, puntearlo hacia arriba.

Llegaron a Río de Janeiro y realizaron prácticas durante dos días. Una vez en Montevideo, se hospedaron en Villa Lezica, un lugar alejado de los pecados mundanos en donde Luqué de Serrallonga creyó proteger a sus inquietos jugadores.

El día 13 de julio México tuvo la suerte de inaugurar el primer Campeonato Mundial. El partido se desarrolló en el Estadio Pocitos del Club Peñarol ante seis mil espectadores, porque el Estadio Centenario no estaba terminado aún. En el palco de honor se encontraba Jules Rimet, presidente de FIFA.

El resultado del partido fue un contundente 4-1 en favor de Francia. Los mexicanos, según las crónicas, salieron un tanto desconcertados y asustadizos. El segundo juego fue contra Chile el 16 de julio en el Parque Central, casa del Nacional, ante 12 mil aficionados. México cayó de nueva cuenta al son de tres goles a cero. El último encuentro disputado por los nuestros fue ante Argentina, a la postre subcampeón, y fue el mejor jugado, a pesar del 6-3 en contra. Este partido sí se llevó a cabo en el famoso estadio del Centenario el 19 de julio a las tres de la tarde, con asistencia de 60 mil personas.

En total, se anotaron cuatro goles y se recibieron 13. Juan "Trompito" Carreño, Manuel Rosas (dos veces) y Roberto "La Pulga" Gayón fueron los anotadores mexicanos. El seleccionado nacional concluía así su primera gesta mundialista y regresaba a tierra azteca ante la decepción de los aficionados, que esperaban más de su representativo. La serie de las enseñanzas proseguía.


(Tomado de: Calderón Cardoso, Carlos - La Selección Nacional. I. Con el orgullo a media cancha (1923-1970). Editorial Clío, Libros y Videos, S.A. de C.V., México, 2000)

lunes, 31 de octubre de 2022

El Caracol y el Sable V

 


Esclavos

Hacia la primera década de este siglo, John Kenneth Turner, periodista norteamericano, se preguntó: ¿Qué es México? Y, como ha sido frecuente en nuestra historia, su respuesta fue un descubrimiento.

Turner oyó, de cuatro desterrados mexicanos en Los Ángeles, una descripción distinta de la que prevalecía respecto de nuestro país. “¿Quieren hacerme creer –dijo- que todavía hay verdadera esclavitud en el hemisferio occidental? ¡Bah! Ustedes hablan como cualquier socialista norteamericano. Quieren decir esclavitud del asalariado, o esclavitud de condiciones de vida miserables. No querrán significar esclavitud humana.”

Los desterrados insistieron:

“-Sí, esclavitud, verdadera esclavitud humana. Hombres y niños comprados y vendidos como mulas, exactamente como mulas, y como tales pertenecen a sus amos: son esclavos.

“-¿Seres humanos comprados y vendidos como mulas en América? ¡En el siglo XX! Bueno, si esto es verdad, tengo que verlo.”

En 1908 emprende su primer viaje al México de Porfirio Díaz. La región descrita en el primer capítulo de su libro es Yucatán. Sobre una tierra, "la de menos sierra, porque toda ella es una viva laja”, Turner entra a un laberinto de fibras, espadas vegetales y cárceles de piedra, representando el papel de un inversionista; única farsa posible para reunir testimonios de unos y otros: propietarios y esclavos. Había pasado la crisis de 1907 y el supuesto capital que invertiría le abre las puertas de las oficinas de Mérida y de las haciendas de la península. Conoce la vida de los reyes del henequén, en sus blancos palacios de Mérida, y la que padecen 8 mil yaquis, 3 mil coreanos y 125 mil mayas.

En la hacienda de San Antonio Yaxché, hombres vestidos de andrajos y descalzos trabajan sin descanso, con mucho cuidado y con la velocidad de los obreros mejor pagados. También trabajaban a destajo y su premio consistía en librarse del látigo, y, con los hombres, mujeres, niños y a veces niñas. Entre los filos hirientes de las plantas, la jornada duraba lo que la luz del día. En cada arbusto debían quedar 30 hojas, tajantes las puntas y en hileras sus fibras verdes. Los hombres trabajaban amenazados por las púas y el látigo del capataz. “Es necesario pegarles –dijo a Turner un representante de la Cámara Agrícola-, sí, muy necesario, porque no hay otro modo de obligarlos a hacer lo que uno quiere. ¿Qué otro modo hay para imponer disciplina en las fincas? Si no los golpeáramos, no habría nada.” Terminando su tarea los encerraban. Guardias armados vigilaban las puertas. Al amanecer, formados en el patio, pasaban lista. Mañana a mañana uno de ellos era atado a las espaldas de un chino para recibir del capataz 15 azotes con fibras de henequén, mojadas y endurecidas. Era la advertencia. En fila caminaban rumbo al campo, aguardándole, a cada uno, 2 mil hojas de henequén, el sol implacable y el látigo.

En 1908, el precio de la fibra era de 8 centavos. El costo de producción no era mayor de un centavo. El sistema de la deuda, transmitido a varias generaciones: el jornal de $22.50 al año; el acasillamiento, la persecución de los que huían –casi siempre de una finca a otra-, la comida de frijol, tortilla y pescado una vez al día, y la renovada presencia de los yaquis, hacían posible que la vida de 50 familias, en Mérida, transcurriera en palacios y jardines.

La esclavitud de los mayas era el fin de una larga, dolorosa lucha empezada en la ocupación de Tepich hacia 1847. en pocas horas aquel poblado se convirtió en un hacinamiento de escombros y brasas. Ni una choza quedó en pie. La tropa cegó los pozos, las cisternas y cubrió de barro los cuerpos y despojos de las víctimas. Los indios fueron derrotados; sus caudillos, fusilados. Dos años después empezó la deportación de los vencidos a Cuba. Los hacendados llegaron a vender –y aun las señoras y los jovencitos de Mérida participaron en el negocio- a los hombres, en cuarenta pesos; en veinticinco a las mujeres. A los niños menores de diez años, los regalaban. La “raza maldita”, que dijera O’Reilly, debía salir de su país. Juárez y Melchor Ocampo hicieron cuanto pudieron para impedir las atrocidades. Los hacendados, para mantener la esclavitud, llegaron a pedir de Estados Unidos apoyo para separar, políticamente, Yucatán. La venta de mayas a Cuba terminó 15 años después, pero no la esclavitud. Los indios, acosados, se refugiaron en la parte oriental de la península; para exterminarlos, Díaz decretó en 1902 la organización de esa zona en territorio federal. Quintana Roo fue, a partir de ese año, una región de guerra. El ejército, dotado de máuseres en 1898, derrotó a los indios y los persiguió con saña por la selva.

En 1902, J. P. Morgan, “El Magnífico”, convocó a los interesados en el henequén –McCormick, Glessner, Deering, Jones- y los agrupó en una sola, poderosa compañía: la International Harvester, para comprar y exportar, a todo el mundo, el henequén en rama. El agente de la Harvester en México, Olegario Molina, hacendado, gobernador y ministro de Fomento y Colonización, recomendó, a partir de entonces, producir más para vender barato. La fibra bajó de precio acarreando la ruina, la desesperación y el hambre: de 9.48 centavos de dólar la libra en 1902 a 3 centavos en 1911.

Los propietarios consideraban terminada la campaña contra los indios. Las haciendas habían logrado un sistema de opresión que hacía imposible la escapatoria de los esclavos. La exportación de henequén, 1877 a 1911, fue de 2,150,458,958 kilos, con un valor de 452,081,615 pesos.

Sólo de 1902, año de la fundación de la Harvester, a 1911, la exportación fue de 927,520,098 kilos de henequén en rama con un valor de 231,272,842 pesos. La exportación dependía de la concentración del henequén en unas cuantas manos; de la feudalización de la tierra y de los hombres. En abril de 1909, dos meses después de aplastada la última rebelión indígena –la del 20 de enero de 1909-, Olegario Molina denunció, como ministro de Fomento y Colonización, la falta de títulos legales en una zona de 2,700 hectáreas en el partido de Tizimín. Los pueblos, las rancherías y las aldeas que abarcaban eran numerosas. El jefe político de Tizimín comunicó a los campesinos y rancheros que estaban emplazados por dos meses para desocupar las tierras o “quedar sujetos al nuevo propietario”. Lo mismo ocurrió, en ese año, en el partido de Espitia. Era el procedimiento seguido desde 1880 y, en Yucatán, coincidente con las guerras a los indios. Extensas tierras fueron cubiertas de henequén. La Harvester hizo uno de los negocios más cuantiosos de su historia. Los indios no recibían salario, sólo una comida al día. El ejército resguardaba las ciudades y los pueblos. Los rurales iban de un sitio a otro fusilando o encarcelando indios. Los mayordomos, látigo en mano, vigilaban la tarea durante 12 o más horas. Los indios habían sido “pacificados” y para reconocer el mérito de haberlo logrado, al fin de la batalla en Quintana Roo, el Congreso de la Unión otorgó a Porfirio Díaz la condecoración del Gran Cordón del Mérito Militar. La unidad de la patria se había, al fin, logrado. El equilibrio de las “razas”, tenazmente buscado desde 1847, era perfecto. El henequén, sin embargo, exigía de brazos. Los cordeles elaborados por la Harvester para los sacos de azúcar y café no bastaban. Los 125 mil mayas no alcanzaban a producirlos. Los indios, “raza” débil, morían jóvenes. Fue necesario llevar a los henequenales, chinos, coreanos y yaquis.

En 1905 Porfirio Díaz dio la orden de que los indios rebeldes de Sonora, sus mujeres e hijos, fueran deportados a Yucatán.

El origen del conflicto fue la apropiación de las tierras del Valle del Yaqui. Durante 24 años gobernaron el estado de Sonora, Ramón Corral, Rafael Izábal y el general Luis G. Torres. La guerra empezó en 1880. un grupo de rurales, ebrios, saquearon una aldea. La protesta ante el gobernador Corral fue rechazada. Idéntica respuesta recibieron del jefe de la zona militar, Luis G. Torres. Los yaquis organizaron su propia defensa y empezó la campaña que duró 25 años, en los cuales un ejército permanente persiguió implacablemente, por valles y montañas, a hombres, mujeres y niños.

El exterminio de los yaquis tenía por objeto el despojarlos de sus tierras comunales, las cuales se extendían en las márgenes de los ríos Yaqui y Mayo. En 1890 Díaz otorgó a Carlos Conant 300 mil hectáreas; éste, a su vez, organizó en Nueva York la Sonora and Sinaloa Irrigation Company, que construyó los primeros canales de riego. Hacia 1902 la compañía de Conant se declaró en quiebra. Las tierras se fraccionaron. Los accionistas pidieron los terrenos de la margen izquierda del río Yaqui y nuevamente se hizo la guerra a los indios. En 1908 los hermanos Richardson compraron las acciones de la Sonora and Sinaloa y obtuvieron de varios capitalistas norteamericanos un crédito por 15 millones de dólares. Los canales de riego abrieron al cultivo 35 mil hectáreas, la invasión trajo consigo otra guerra más contra los yaquis. Las órdenes a los soldados se convirtieron en premios a los que presentaban las orejas de los prisioneros. Ahorcaban sin descanso, sirviéndose de la misma reata para cuatro o cinco capturados. El fusilamiento de Cajeme, capitán de la tribu yaqui, apagó la resistencia el tiempo justo de la lucha reanudada por Tetabiate. Varias veces se intentó hacer la paz. Los tratados fueron desconocidos una y otra vez por las autoridades. En el refugio de la isla Tiburón algunos yaquis se creían a salvo; se presentó el gobernador Izábal y exigió a los seris que le entregaran las manos de los refugiados con la alternativa de sufrir ellos el exterminio de no cumplir su orden. Los seris cumplieron. En 1898, al aumentar el poder combativo del ejército por el nuevo armamento adquirido, la resistencia de unos cuantos centenares de yaquis era cada vez más débil. Entonces empezó la deportación de los supervivientes a Yucatán.

“¿Por qué se hace sufrir a una porción de mujeres, de niños y de viejos –preguntó Turner a un médico militar-, sólo porque algunos de sus parientes en cuarto grado están luchando allá lejos, en las montañas?”

el médico militar respondió:

“¿La razón? No hay razón. Se trata solamente de una excusa y la excusa es que los que trabajan contribuyen a sostener a los que luchan. Pero si esto es verdad, lo es en mínima parte, pues la gran mayoría de los yaquis no se comunican con los combatientes. Puede haber algunos culpables, pero no se hace ningún intento por descubrirlos, de manera que por lo que un puñado de yaquis patriotas estén haciendo, se hace sufrir y morir a decenas de miles. Es como si se incendiase a toda una ciudad porque uno de sus habitantes hubiera robado un caballo.”

La deportación fue un incalculable negocio. Quinientos yaquis eran entregados, cada mes, en Yucatán. Los sacaban de las rancherías en las que cultivaban la tierra, de las aldeas y pueblos. Los hacían caminar miles de kilómetros; otros, los ancianos, morían en las jornadas. A bordo de los navíos 200 de ellos se arrojaron al mar en suicidio colectivo. La tierra quedaba despoblada.

Los soldados y agentes del gobierno enviaban ópatas y pimas, y todo hombre, mujer o niño, que vistieran andrajos. Cada uno costaba, a los hacendados de Yucatán, $65.00. Turner transcribe este diálogo con un oficial encargado de las deportaciones:

“-Durante los últimos tres y medio años –me dijo- he entregado exactamente en Yucatán 15,700 yaquis; entregados, fíjese usted, porque hay que tener presente que el gobierno no me da suficiente dinero para alimentarlos debidamente y del 10 al 20 por ciento mueren en el viaje.

“-Estos yaquis se venden en Yucatán a $65.00 por cabeza: hombres, mujeres y niños. ¿Quién recibe el dinero? Bueno, “10.00 son para mí en pago de mis servicios; el resto va a la Secretaría de Guerra. Sin embargo, eso no es más que una gota de agua en el mar, pues lo cierto es que las casa, vacas, burros, en fin, todo lo que dejan los yaquis abandonado cuando son aprehendidos por los soldados, pasa a ser propiedad privada de algunas autoridades del gobierno de Sonora.”

Turner describe el viaje de los yaquis a Yucatán, partiendo de los sitios en que eran concentrados. Los ve en la ciudad de México, comprueba su penoso camino por las tierras áridas y también a bordo de los barcos de carga. Dialoga con hombres y mujeres: sus breves historias, sus angustias y dramas increíbles.

“-¿A quién pertenecen –pregunta a una mujer- todas esas criaturas, estos muchachos, todos del mismo tamaño?

“-¿Quién sabe? –le responde-. Sus padres han desaparecido, lo mismo que nuestros hijos.”

Los acompaña en su travesía. El agua del mar entra por las hendiduras de la embarcación. Hay enfermos y muchos mueren. Frío y hambre. Agrupados, esperan el desembarco. En Yucatán son entregados a sus compradores. Separan las familias que estaban unidas y empieza el segundo capítulo de su esclavitud: el trabajo entre las púas del henequén.

Día a día, mucho más que los mayas, son azotados. Quince latigazos contados cada seis segundos por el capataz. “el extraordinario verdugo, llamado mayocol –escribió Turner-, un bruto peludo de gran pecho, se inclinó sobre la cubeta y metió las manos hasta el fondo. Al sacarlas, las sostuvo en alto para que se vieran cuatro cuerdas que chorreaban, cada una de ellas como de un metro de largo. Las gruesas y retorcidas cuerdas parecían cuatro hinchadas serpientes a la escasa luz de las lámparas; y a la vista de ellas, las cansadas espaldas de los 700 andrajosos se irguieron con una sacudida; un involuntario jadeo se escuchó entre el grupo. La somnolencia desapareció de sus ojos. Por fin estaban despiertos, bien despiertos.”

Entre el henequén, el látigo y el hambre, el yaqui prefirió la muerte por su propia voluntad.

Si en el cultivo del henequén los mayas morían más de los que nacían, y los yaquis soportaban un año, los esclavos de Valle Nacional sobrevivían ocho meses.

¡Quince mil hombres entraban cada año a cultivar tabaco!

Escribió Turner: “No hay supervivientes de Valle Nacional... no hay verdaderos supervivientes –me contó un ingeniero del gobierno que está a cargo de algunas mejoras en ciertos puertos-. De vez en cuando, sale alguno del Valle y va más allá de El Hule. Con paso torpe y mendigando hace el pesado camino hasta Córdoba; pero nunca vuelve a su punto de origen. Esa gente sale del Valle como cadáveres vivientes, avanzan un corto trecho y caen.”

Valle Nacional, situado al noroeste de Oaxaca, es una honda cañada de 3 a 10 kilómetros de anchura, rodeada por montañas inaccesibles. Las plantas de tabaco se extendían por la faja de tierra lo mismo que las haciendas, en las cuales el monopolio de los hermanos Balsa, españoles, ejercía el poder a nombre del gobierno. Era el sitio del castigo de los que cometían delitos menores, de los capturados por la gendarmería y el de los rebeldes; de los caídos en desgracia por algún conflicto con la burocracia. Hombres, mujeres y también niños.

Como en Yucatán, Turner representa idéntica farsa: la de un norteamericano que pretende adquirir una hacienda. Conoce palmo a palmo el Valle, pregunta por los que desaparecen y la causa de las muertes colectivas. Ve las tareas en el campo bajo el látigo de los capataces, y escucha el relato de un hombre que le señala el rumbo de los pantanos donde agonizantes y muertos son arrojados a los caimanes. Sabe de los esqueletos hacinados en las hondonadas y en Tuxtepec recibe esta proposición:

“-El hecho de que soy cuñado de Félix Díaz, y además amigo personal de los gobernadores de Oaxaca y Veracruz y de los alcaldes de esas ciudades, me coloca en situación de atender los deseos de usted mejor que cualquier otro. Yo estoy preparado para proporcionarle cualquier cantidad de trabajadores, hasta cuarenta mil por año, hombres, mujeres y niños, y el precio de $50.00 por cada uno. Los trabajadores menores de edad duran más que los adultos; le recomiendo usarlos con preferencia a los otros. Le puedo proporcionar a usted mil niños cada mes, menores de 14 años, y estoy en posibilidad de obtener su adopción legal como hijos de la compañía, de manera que los pueda retener legalmente hasta que lleguen a los 21 años.

“-Pero ¿cómo puede adoptar mi compañía –le respondió Turner- como hijos a doce mil niños por año? ¿Quiere decir que el gobierno permitiría semejante cosa?

“-Eso déjemelo a mí –contestó el cuñado de Félix Díaz-. Lo hago todos los días. Usted no paga los $50.00 hasta que tenga en su poder a los niños con sus papeles de adopción.”



(Tomado de: García Cantú, Gastón - El Caracol y el Sable. Cuadernos Mexicanos, año II, número 56. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)


jueves, 27 de octubre de 2022

Cultura mixteca


La cultura mixteca

Es una de las regiones mesoamericanas de mayor profundidad histórica. A lo largo de aproximadamente 3,000 años, en ese territorio se desarrollaron varias tradiciones culturales, dos de las cuales, la mixteca y la zapoteca, se encuentran entre las más importantes de Mesoamérica, por su longevidad y el alcance de sus aportaciones. Hoy en día, esa extraordinaria diversidad cultural se refleja en los numerosos grupos étnicos que aún pueblan la entidad, en lo que de hecho constituye el conglomerado indígena más numeroso del país, con una notable variedad de lenguas, así como de costumbres y creencias con raíces prehispánicas.


La Mixteca 

Los mixtecos habitaron una extensa región que abarca la parte occidental del actual estado de Oaxaca y parte de los estados de Guerrero y Puebla. Aunque en su mayoría es montañosa, la Mixteca comprende tres zonas ecológicas: la Mixteca Alta -escenario del desarrollo de los principales poblados de esta cultura, como Tilantongo -, la Mixteca Baja -o Ñuiñe ("Tierra Caliente")- y la Mixteca de la Costa.


Los mixtecos: la Gente de la Lluvia

La cultura mixteca es una de las más relevantes de Mesoamérica. Se distingue no sólo por su profundidad y continuidad histórica, sino por ser la fuente de algunos de los códices prehispánicos más importantes que se conocen, y por la extraordinaria calidad de su arte.las exploraciones en las distintas áreas de la región han mostrado que la Mixteca, al igual que la de sus vecinos zapotecos, era una sociedad compleja. En la época prehispánica, la región se encontraba dividida en señoríos independientes inmersos en una complicada red de relaciones económicas y políticas, que lo mismo incluían alianzas por medio de matrimonios entre miembros de la clase gobernante que enfrentamientos bélicos.


Arte mixteco

Los mixtecos se cuentan entre los mejores artesanos del México prehispánico, y sus creaciones fueron apreciadas en muchos otros lugares. Esta maestría creativa se encuentra plasmada en obras de todo tipo y realizada con diferentes materiales: figuras y herramientas de obsidiana y cristal de roca; cerámica polícroma, decorada con un sinfín de motivos geométricos, simbólicos y religiosos; grabados en hueso y madera con representaciones de escenas semejantes a las de los códices; adornos en jade, concha y turquesa, así como artículos de orfebrería, rama en la cual eran considerados los mejores de Mesoamérica. Con el empleo de diversas técnicas como el martillado, la cera perdida, la filigrana y las aleaciones, elaboraron entre otros objetos: collares, pectorales, anillos, orejeras y narigueras. El mejor ejemplo de la maestría de esta cultura en la fabricación de objetos de oro, lo constituye la rica ofrenda depositada en honor de un señor mixteco, en algún momento del Posclásico, en la famosa tumba 7 de Monte Albán, cuando esa gran ciudad zapoteca ya había sido abandonada y era también considerada un lugar sagrado para otros pueblos.


Cronología de la Mixteca


Fase Cruz

(Preclásico)

1600-500 a.C.

*Hay docenas de pueblos sedentarios en la Mixteca.

*Se construyen edificios públicos y comienza la estratificación social.


Fase Ramos/Flores

(Preclásico -Clásico)

500 a.C.-950 d.C.

*Apogeo del urbanismo en la Mixteca.

*La estratificación social está bien definida.


Fase Natividad

(Posclásico)

950-1520 d.C.

*La cultura mixteca alcanza su máximo desarrollo.


Periodo colonial 

1521-1810

*La Mixteca se adapta a la cultura europea 


Los mixtecos en la actualidad

Los hablantes de mixteco ascienden a 359 119: en Oaxaca hay 242 050, en Puebla 6 694 y en Guerrero 110 375. Cantidades significativas de hablantes de mixteco se encuentran en Distrito Federal: 12 337; estado de México: 21 278; Baja California: 12 843; Baja California Sur: 1 524; Sinaloa: 3 101 (INEGI, 2005). Sin contar a los miles de mixtecos que viven en Estados Unidos, cuya población hablante de este idioma ascendía en 2005 a 410 202 personas.


(Tomado de: Dossier: La Mixteca. Tres mil años de cultura en Oaxaca, Puebla y Guerrero . Arqueología Mexicana, Vol.XV núm. 90. Editorial Raíces, México, 2008)

lunes, 24 de octubre de 2022

Selección Nacional, el primer uniforme, 1923-1956

 


En 1923 se convocó a la primera Selección Nacional Mexicana. En esa ocasión también se llevó a cabo la tarea de escogerle un uniforme.

Jesús Salgado, uno de los máximos dirigentes de la Federación Mexicana de Futbol, acordó reunirse con José Martínez Ceballos, quien fungía como asesor y delegado del Comité Olímpico, para hablar sobre los uniformes que las delegaciones mexicanas llevarían a los Juegos de 1924. De esta plática salió en claro que no era habitual utilizar los colores de la bandera, por lo que Salgado, ya reunido en el campo del club España, decidió junto con Rafael Garza "Récord", capitán de la Selección, que utilizarían un uniforme color rojo subido, casi guinda, con un tono blanco en el filo del cuello y en la agujeta agujeta que cerraba la camiseta a la altura del pecho. El pantaloncillo sería completamente negro y las calcetas, las que cada quien tuviera, aunque se les recomendó a los jugadores que fueran oscuras.

Para la Olimpiada de Amsterdam 1928, las variantes serían mínimas, solamente cambiarían el pantalón por uno blanco. Cuando se jugó el primer Mundial en Uruguay, dos años después, se agregó por primera vez el escudo nacional a la camiseta y el pantaloncillo se tornó azul marino.

En 1934 se acordó, por iniciativa de "Récord", darle una variante al uniforme durante los enfrentamientos que sostendrían contra Cuba en las eliminatorias rumbo al Mundial de Italia. La camiseta en esta ocasión fue blanca, con el escudo centrado, el pantaloncillo oscuro y las calcetas rojas, pero con dos franjas blancas blancas horizontales en la parte alta. Para el partido en Roma contra los Estados Unidos, en el que la escuadra mexicana quedaría descalificada, se regresó a la camiseta guinda y el pantalón negro.

En los años siguientes hubo pocas variantes: la camiseta guinda con agujeta en el pecho era la oficial, y solamente se mostraban cambios en el pantaloncillo, que llegó a ser negro, blanco o azul. Para 1938, la agujeta desaparece y el cuello se vuelve redondo; y hacia 1947, ya con la nueva moda del sexenio alemanista, se utiliza durante el primer Campeonato Norteamericano de Futbol una camisa con los botones al frente y cuello de solapa, que los hacia parecer burócratas más futbolistas.

Las críticas al uniforme fueron fuertes y para las siguientes confrontaciones en 1949 y en los Mundiales de 1950 y 1954, se adopta el cuello en "V", con una tela de algodón más gruesa y un pantalón negro o azul marino más corto; las calcetas también negras o azules, llevaban una franja guinda gruesa en la parte superior.

Sería hasta 1956, durante los Juegos Panamericanos, cuando México desecharía definitivamente el guinda como color oficial (aunque lo seguiría utilizando en ocasiones) y daría un giro definitivo al uniforme, haciéndolo más llamativo, más nacional.


(Tomado de: Calderón Cardoso, Carlos - La Selección Nacional. I. Con el orgullo a media cancha (1923-1970). Editorial Clío, Libros y Videos, S.A. de C.V., México, 2000)


jueves, 20 de octubre de 2022

Benita Galeana

 


Incansable luchadora por el respeto a los derechos humanos, figura controvertida y carismática, Benita Galeana intentó redefinir el papel de la mujer en la historia moderna de México.

Benita Galeana nació el 10 de septiembre de 1907 en San Jerónimo de Juárez, Guerrero. Perteneció a una familia con graves carencias económicas y desde pequeña quedó huérfana. Camila, su hermana mayor, se encargó de educarla en una atmósfera de exagerada disciplina. Durante su infancia permaneció en Guerrero, donde se ganaba la vida como vendedora ambulante. En la adolescencia se trasladó a la ciudad de México, y tuvo diferentes trabajos: artista en el cabaret "Viejo Jalisco", empleada de Correos y del Instituto Mexicano del Seguro Social. Complementaba sus ingresos vendiendo diversos artículos en abonos, sobre todo zapatos, en las oficinas o de puerta en puerta. Poco después de cumplir veinte años ingresó al Partido Comunista Mexicano y sólo en 1936 aprendió a leer y escribir. Su activa participación en la organización política incluyó desde "pintas" en las calles hasta la distribución del periódico "El Machete". Tuvo a una sola hija, Lilia Solano, pero adoptó a seis expósitos.

Sus acciones políticas  se apartaban de la ortodoxia, y realizó grandes esfuerzos por conseguir la libertad de presos políticos. A lo largo de su vida fue detenida 58 veces bajo cargos de escándalo en la vía pública y desobediencia civil. Firme opositora del gobierno, jamás negoció el carácter libre y apasionado de sus ideas. Rechazó una pensión ofrecida por José Francisco Ruiz Massieu cuando era gobernador del estado de Guerrero. Varias experiencias de su vida quedaron asentadas en los libros de memorias Benita, publicado en 1940, y El peso mocho, aparecido en 1979.

En su vejez Benita Galeana permaneció casi enclaustrada en la misma casa donde Mario Gil, su marido, había muerto veinte años antes; allí se dedicó a estudiar y organizar un extenso archivo que, según su última voluntad, habría de convertirse en el Centro de Estudios de la Mujer en el Movimiento Social Mexicano. Esperaba que junto a éste se creara un museo para preservar su legado biblio e iconográfico. En su último libro, Las luchas vivas, narraba experiencias recientes como su visita a Panamá, en 1989, para recibir una condecoración de manos del general Manuel Antonio Noriega; el volumen también incluía el texto de varias cartas enviadas al entonces presidente de los Estados Unidos, George Bush, en calidad de reclamo.

Benita Galeana murió el lunes 17 de abril de 1995 a las 21:00 hrs. a consecuencia de un accidente vascular cerebral. Aunque deseaba que sus cenizas se esparcieran en la sierra de Chiapas, sus deudos consideraron la posibilidad de conservarlos en el museo dedicado a ella.


(Tomado de: Todo México 1996. Resumen ilustrado de los acontecimientos más importantes registrados en México en 1995 para la actualización de la Enciclopedia de México. Kentucky, EUA, 1996)

lunes, 17 de octubre de 2022

Selección Nacional; Y salimos al mundo; Amsterdam 1928

 


México había sorteado con éxito su primera aventura como selección. Los dos triunfos y el empate ante Guatemala eran tan sólo el primer paso; el siguiente peldaño era la salida al mundo para mostrar en otras partes de qué estaba hecho el futbolista mexicano.

En 1927 llegaron a nuestro país grandes equipos internacionales como el Colo-Colo de Chile, el Nacional de Montevideo (que era en realidad la Selección Uuguaya ganadora de la Olimpiada de 1924) y el Real Madrid de España, tres potencias mundiales. Aun cuando las goleadas a los conjuntos locales fueron estrepitosas, algo verían los directivos mexicanos que decidieron inscribir a nuestro país en la Olimpiada de Amsterdam 1928.

Nuevamente, como ocurrió en 1923, la mayoría de los integrantes de la Selección Mexicana provenían del club América, que estaba consagrado como el mejor equipo de la capital. Los convocados fueron: Nacho de la Garza y Óscar Bonfiglio; Emmanuel "Caballo" Guevara, Rafael Garza Gutiérrez "Récord"; Agustín Ojeda y Hesiquio Cerrilla; Nieves Hernández Pedro Suinaga, Luis "Oso" Cerrilla y Fernando Rojas, "Patadura"; Juan Terrazas, Juan"El Trompito" Carreño, Ernesto Sota, Adeodato López, Benito Contreras, Carlos Garcés y Dionisio"Nicho" Mejía. Como delegado de la Federación Mexicana de Futbol iba Jesús Salgado, uno de los directivos más importantes de aquella época, y como entrenador, el preparador físico Alfonso Rojo de la Vega, aunque todos sabían que el verdadero entrenador era "Récord". 

El viaje a Holanda fue muy accidentado. Se partió en ferrocarril y en barco rumbo a los Estados Unidos; una vez en Nueva York, se abordó el vapor Majestic. El recorrí duró casi un mes y se prohibió entrenar en el barco, por lo que cuando arribaron a Amsterdam, los jugadores estaban totalmente fuera de forma.

La Selección Mexicana tenía que enfrentar en el estadio Oude a la mítica España, la llamada "Furia Roja". El ganador del encuentro pasaría directamente a cuartos de final y el perdedor quedaría eliminado de la Olimpiada. La delantera española, comandada por el gran corzo Luis Regueiro (quien después jugaría y radicaría en México) era un verdadero trabuco. Corría el minuto 36 y nuestro país ya se encontraba en la lona por las tres anotaciones de Regueiro, "Kiriki" y Marculeta. Para el segundo tiempo,  la Selección Mexicana salió con ánimos, pero ante los embates ibéricos, no le quedaba más que defender. Con goles de Yermo Regueiro y Mariscal, España se puso adelante 6-0.

En un tiro de esquina, a nueve minutos del final del encuentro, México por fin logra el tanto del honor: Carlos Garcés cobra el tiro y el guardameta Jáuregui lo rechaza en corto para que lo tome Sota, quien dispara sobre el marco. Nuevamente Jáuregui rechaza, pero "El Trompito" Carreño para de pierna derecha y saca un obús tremendo para batir a los españoles. El gol fue celebrado como si se hubiera conseguido la medalla de oro. Minutos después, Yermo anotaría de nueva cuenta para poner el 7-1 definitivo.

El 5 de junio se perdió por 3-1 un partido de consolación frente a Chile. Antes de regresar al continente americano, la Selección emprendió su primera gira de 12 partidos amistosos contra cuadros de Holanda, Bélgica, Suiza y Alemania. Hubo derrotas y empates, pero también dos triunfos: 2-1 contra el Utrech V.V. de Holanda y 3-2 contra el Urmanía de Alemania.  México concluía así su primera incursión al mundo futbolístico. El aprendizaje apenas empezaba.


(Tomado de: Calderón Cardoso, Carlos - La Selección Nacional. I. Con el orgullo a media cancha (1923-1970). Editorial Clío, Libros y Videos, S.A. de C.V., México, 2000)

miércoles, 12 de octubre de 2022

Aída Pierce

 


Versátil y dotada de gran simpatía, ha incursionado en la actuación, el canto, el teatro y la comedia con buena aceptación. Devota desde adolescente de la cantante Rocío Dúrcal, su primera vocación fue la musical, misma que patentizó en 1983 al participar en el Festival OTI Nacional con la canción "Sonríe, sintonízate de mi alegría", que fue finalista. Pero no continuó por este rumbo, sino por el actoral.

Incursionó en el teatro serio con Las amargas lágrimas de Petra von Kant, y en 1985 con la comedia musical con Mame, producida por Silvia Pinal.

Pero, sin lugar a dudas, su mayor talento es la comedia, como lo mostró su afortunada personificación de doña Tecla, en el programa de televisión Alegrías del mediodía (1981), y en la serie La matraca (1981).

También participó en El hospital de la risa, La carabina de Ambrosio y Salón de belleza. En el cine apareció en Se equivocó la cigüeña (1992), de María Elena Velasco. Entre sus más recientes trabajos está la comedia gay ¡Amigas, no amantes! (1998), que escribió, dirigió y actuó.


(Tomado de: Cueva, Álvaro - Somos Uno, especial de colección, Las reinas de la risa. Alegría en pantalla chica. Año 12, núm. 216. Editorial Televisa, S.A. de C.V., México, D.F., 2002)