jueves, 23 de abril de 2026

El abonero

 


El abonero 

Pasó a la historia el abonero árabe que recorría vecindades seguido de su tameme: mocetón mexicano que sudaba la gota gorda bajo el pesado fardo de prendas de vestir y colchas. Hoy, aquel mocetón -o su hijo- es el abonero, más sin tameme árabe, que tal fuera la justa reciprocidad de su soberana independencia. Va de puerta en puerta: los espejismos de su crédito prendidos a sendos ganchos que cuelgan de una ligera percha que él mismo carga sobre sus hombros; con la vara de espantar perros. En la barriada humilde es el ama de casa su clientela; en las colonias de medio y pelo entero son las criaditas. 

Antes era: "Baisanita, míralos los refajos, están rechulos. Te quedará como bintados. Lo pagas cuando tú quieras"...

Hoy es: "De veras: suéter te de Dios... Quédese con él. Lana pura y un pesito diario. Siete cada ocho días"... 

La criadita regatea: dice que todo su dinero lo manda al pueblo. Pero él replica que todo será ponérselo y dar el changazo los bailarines de Salón Anáhuac. Entonces ella decide quedarse con el suéter le dará Dios, y con un vestido fluorescente y unas pantaletas rosas. 

A los ocho días llega el abonero con su alto de tarjetas de cuentas por cobrar, apretadas con una liga; pero antes de ver la suya, ella tartamudea: "Pos no voy a poder darli hoy. Hasta dentro di'ocho días. Mi patrona no quiso adelantarme". Y él ataja: "No se apure, chula. Yo le doy la ropa y usted me da su amorcito consentido..." Como la criadita murmura que pos sí está bueno, el domingo entra al Salón Anáhuac con su abonero, su suéter le dé Dios, su vestido fluorescente y sus pantaletas rosas.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario