lunes, 22 de febrero de 2021

Sentimientos de la Nación, 1813

 


Sentimientos de la Nación, de José María Morelos

El ideario del gran caudillo militar y político quedó expresado en estos puntos que llamó "sentimientos de la Nación". La importancia de este documento es incuestionable.


Sentimientos de la Nación o puntos dados por Morelos para la Constitución [1813]

1° Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones.

2° Que la Religión Católica sea la única, sin tolerancia de otra.

3° Que todos sus ministros se sustenten de todos y solos los diezmos y primicias, y el pueblo no tenga que pagar más obvenciones que las de su devoción y ofrenda.

4° Que el dogma sea sostenido por la jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los Obispos y los Curas, porque se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: ominis plantatis quam non plantabit Pater meus Celestis Cradicabitur. Mat. Cap. XV.

5° La Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en Legislativo, Ejecutivo y Judiciario, eligiendo las Provincias sus vocales y éstos a los demás, que deben ser sujetos sabios y de probidad.

6° (En todas las reproducciones, no existe el artículo de este número).

7° Que funcionarán cuatro años los vocales, turnándose, saliendo los más antiguos para que ocupen el lugar los nuevos electos.

8° La dotación de los vocales, será una congrúa suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de ocho mil pesos.

9° Que los empleos los obtengan sólo los americanos.

10° Que no se admitan extranjeros, si no son artesanos capaces de instruir y libres de toda sospecha.

11° Que la patria no será del todo libre y nuestra, mientras no se reforme el gobierno, abatiendo al tiránico, sustituyendo el liberal y echando fuera de nuestro suelo al enemigo español que tanto se ha declarado contra esta Nación.

12° Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejores sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.

13° Que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados, y que éstos sólo lo sean en cuanto el uso de su ministerio.

14° Que para dictar una ley se discuta en el Congreso, y decida a pluralidad de votos.

15° Que la esclavitud se prescriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro, el vicio y la virtud.

16° Que nuestros puertos se franqueen a las naciones extranjeras amigas que sean, y sólo haya puertos señalados para el efecto, prohibiendo el desembarco en todos los demás señalando el 10% u otra gabela a sus mercancías.

17° Que a cada uno se le guarden las propiedades y respetos en su casa como en un asilo sagrado señalando penas a los infractores.

18° Que en la nueva legislación no se admitirá la tortura.

19° Que en la misma se establezca por la ley Constitucional la celebración del día 12 de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la patrona de nuestra libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos, la devoción mensual.

20° Que las tropas extranjeras o de otro reino no pisen nuestro suelo, y si fuere en ayuda, no estarán donde la Suprema Junta.

21° Que no hagan expediciones fuera de los límites del reino, especialmente ultramarinas, pero que no son de esta clase, propagar la fe a nuestros hermanos de tierra adentro. 

22° Que se quite la infinidad de tributos, pechos e imposiciones que más agobian, y se señale a cada individuo un cinco por ciento en sus ganancias, u otra carga igual ligera, que no oprima tanto, como la alcabala, el estanco, el tributo y otros, pues con esta corta contribución, y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo, podrá llevarse el peso de la guerra y honorarios de empleados.

23° Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la independencia y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se abrieron los labios de la Nación para reclamar sus derechos y empuñó la espada para ser oída, recordando siempre el mérito del gran héroe el señor don Miguel Hidalgo y Costilla y su compañero, don Ignacio Allende.

Chilpancingo 14 de septiembre de 1813

José María Morelos

(Tomado de: Matute, Álvaro - Antología. México en el siglo XIX. Fuentes e interpretaciones históricas.  Lecturas Universitarias #12. Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Publicaciones, México, D.F., 1981)

jueves, 18 de febrero de 2021

Hortensia Clavijo y Josefina Olguín, Las Kúkaras

 


El dueto formado por Hortensia Clavijo y Josefina Olguín debutó con este chusco nombre el 4 de octubre de 1950 en el Teatro-Salón Petit.

Hija de artistas del circo Beas, la primera de ellas nació en Atlixco, Puebla, pero se estableció en la ciudad de México donde, luego de intentar estudiar para partera, terminó actuando en teatrillos populares. En sus inicios hizo pareja con Déborah Zita para debutar en el Teatro-Salón Noris.

Josefin Olguín, por su parte, nació en Chihuahua en el seno de una prolífica familia formada por 13 hermanos. Empezó su carrera artística como acróbata en la Compañía de Revistas de Carlos Gómez "Don Chema", y más adelante se unió a Hortensia Clavijo para presentarse como Las Kúkaras.

Después de su debut teatral, la mancuerna participó en la industria radiofónica -de 1951 a 1959- y en la cinematográfica. En esta última en películas como Estoy taaan enamorada (1954), de Jaime Salvador; El Águila Negra contra los enmascarados de la muerte, de Ramón Peón; Al compás del rock'n roll (ambas de 1956), de José Díaz Morales; Bajo el cielo de México, de Rafael Baledón, La esquina de mi barrio, de Fernando Méndez; Rebelde sin casa (las tres de 1957), de Benito Alazraki, y Pancho Villa y la Valentina (1958), de Ismael Rodríguez.

El dueto se desintegró en 1959, y Hortensia Clavijo hizo mancuerna con Lucha Palacios, hermana del actor cómico Manuel Palacios "Manolín".

(Tomado de: Ceballos, Edgar - Somos Uno, especial de colección, Las reinas de la risa. Año 12, núm. 216. Editorial Televisa, S.A. de C.V., México, D.F., 2002)



lunes, 15 de febrero de 2021

Crimen de Estado

 

(Matanza de Acteal, Chiapas)

Asesinato o desaparición forzada de persona(s) o miembros de la clase política, que el imaginario colectivo tiene la certeza que fue planeado y ejecutado desde las estructuras de poder del régimen.

Crímenes de Estado memorables [hasta 2001]

1968. Matanza de Tlatelolco. Decenas de estudiantes fueron asesinados el 2 de octubre por las fuerzas de seguridad del Estado.

1971. Matanza del Jueves de Corpus. El 10 de junio, fueron asesinados decenas de estudiantes en el D.F.

1984. Manuel Buendía, periodista asesinado en el D.F. el 30 de mayo.

1988. Francisco Ovando y Román Gil, militantes del FDN [Frente Democrático Nacional] asesinados en el D.F. el 2 de julio.

1993. Juan Jesús Posadas Ocampo. Arzobispo de Guadalajara, asesinado en esa ciudad el 24 de mayo.

1994. Luis Donaldo Colosio. Candidato del PRI a la presidencia de la República, asesinado en Tijuana el 23 de marzo.

1995. Matanza en Aguas Blancas [Guerrero]. 17 campesinos afiliados a la OCSS [Organización Campesina Sierra del Sur] fueron asesinados el 28 de julio.

1997. Matanza de Acteal [Chiapas]. 45 campesinos fueron masacrados en Chenalhó el 22 de diciembre.

2001. Digna Ochoa y Plácido. Abogada del Centro Pro y defensora de presos políticos, asesinada en el D.F. el 19 de octubre.

(Tomado de: Roldán Quiñones, Luis Fernando. Diccionario irreverente de Política mexicana. Con ilustraciones de Helguera. Grijalbo/Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2006)

jueves, 11 de febrero de 2021

Daniel Thomas Egerton

(Ciudad de Guadalajara, Daniel Thomas Egerton)

(1800-1842) Pintor y dibujante inglés. Visitó México en 1832 y dibujó a colores una serie de paisajes de diferentes partes del país. A su regreso a Londres publicó sus Visitas a México (1840), reunidas en un portafolio y acompañadas de breves textos; las litografías a color son excelentes y hoy día son muy estimadas por coleccionistas. Posteriormente Egerton regresó a México acompañado por una bellísima señora, según se dice, y la pareja se instaló en Tacubaya, en donde por desgracia fueron asesinados el 27 de abril de 1842. Uno de sus cuadros más importantes, El Valle de México (1837) se conservaba en la embajada de Inglaterra en nuestro país.

(Tomado de: 100 extranjeros que amaron México. Muy interesante, septiembre de 2018, no. 09)

lunes, 8 de febrero de 2021

Poliforum Cultural Siqueiros, ciudad de México

 


Esq. de la calle de Filadelfia y Av. Insurgentes.

Instalado en un inmenso terreno anexo al famoso Hotel de México [actualmente World Trade Center], está este singular recinto que contiene, a juzgar de muchos estudiosos, la obra cumbre del maestro muralista David Alfaro Siqueiros. El conjunto consiste en un edificio de veinte lados, en los que más de treinta artistas nacionales y extranjeros trabajaron bajo la supervisión e ideas de Siqueiros, para plasmar un complejo universo de formas y colores con el tema de "La marcha de la humanidad".

Tanto por fuera como por dentro del edificio, este controvertido artista incursionó en interesantes experimentos de técnicas y texturas para concebir su obra más lograda. El área se rodea de una gran cerca metálica, decorada con elementos que formaban parte del trabajo general. Hoy día, el recinto interior funciona como sala de teatro.

(Tomado de: Breña Valle, Gabriel, y Cháirez Alfaro, Arturo - Guía México Desconocido, Descubriendo el Distrito Federal, guía número 14, 1994. Editorial Jilguero, S.A. de C.V.)

sábado, 6 de febrero de 2021

Vicente Filisola

Gral. Vicente Filisola, militar, nacido en Rivelle, Italia, en 1785; murió en Ciudad de México en 1850. Se distinguió en la guerra de independencia y fue el primer jefe del ejército independiente que entró con 4 mil hombres a la capital tres días antes de hacerlo el Ejército Trigarante. En 1822 pasó a Guatemala con la misión de conservar el orden durante el plebiscito en que se resolvería la anexión a México por parte de Guatemala. Divisionario en la campaña de Texas, se retiró hasta el Río Bravo por orden de Santa Anna; se intentó juzgarlo por haber obedecido, pero al terminar la guerra no hubo acción contra él. Más tarde fue presidente del Supremo Tribunal de Guerra. Escribió: Memoria para la Guerra de Tejas (1848).

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen IV, - Familia - Futbol)

lunes, 1 de febrero de 2021

Murales de Cacaxtla, 1977

 


Hallan en Cacaxtla murales mejores que los de Bonampak

*Logra EL UNIVERSAL básica primicia

*Palacio ceremonial del clásico tardío

*Restos de sacrificios de niños

Por MANUEL MEJIDO

Enviado Especial

CACAXTLA, Tlaxcala, a 9 de enero. -Acaba de descubrirse en este que fuera centro ceremonial de varias culturas mesoamericanas, un talud de veinte metros de largo por uno y medio de alto, con una serie de murales, donde se narran aspectos bélicos, que pueden ser determinantes para el estudio de las migraciones indígenas por el continente americano. Al pie del talud también se hallaron restos de niños mal formados que fueron sacrificados.

EL UNIVERSAL está en posibilidades de ofrecer esta primicia -aun con fotografías- que era celosamente guardada por el arqueólogo Daniel Molina, encargado de los trabajos de descubrimiento y restauración en este lugar desde el cual se dominan perfectamente los valles de Tlaxcala, Cholula, Puebla y Huejotzingo.

Estos murales, en opinión del profesor Desiderio Hernández Xochitiotzin, pintor y delegado en Tlaxcala de monumentos coloniales, están mejor conservados que los de Bonampak, fueron logrados con pinturas vegetales, y han resistido el paso de los siglos, pues datan de los años 700 a 900 después de Jesucristo.

Javier Lima Paredes, director de Turismo del estado de Tlaxcala, narró a EL UNIVERSAL la historia de estos hallazgos:

"En noviembre de 1975, cuando el gobernador Emilio Sánchez Piedras se encontraba en una gira de trabajo, vio a un campesino que estaba sacando objetos de un hoyo. Se aproximó al hombre y lo sorprendió con una figura precolombina en la mano. Al volver a la ciudad de Tlaxcala mandó que se investigara aquel lugar. Pidió la colaboración del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

"Fue comisionado para los trabajos exploratorios el arqueólogo Daniel Molina. En cuatro meses, descubrió un palacio ceremonial que data del clásico tardío, en el que concurren una serie de culturas mesoamericanas, pues tienen de maya, mixteca, zapoteca, teotihuacana y algo de Xochicalco, Morelos.

"No han podido ubicarse exactamente, pero en el palacio ceremonial existen reminiscencias xicalancas, que era un grupo mercenario que con el tiempo adquirió cultura por la influencia de Cholula. Los xicalancas vivían entre Matamoros, Puebla y Huajuapan de León, Oaxaca, y tenían su capital en Tilantongo (cerca de Acatlán).

"Los xicalancas, ante las presiones de los mexicas, se alojaron en Cacaxtla, que significa, en lengua náhuatl, "lugar de escaleras". Ahí construyeron una fortaleza de tipo ceremonial y guerrera, desde donde podían los valles de Tlaxcala, Cholula, Puebla y Huejotzingo.

"Durante los trabajos del arqueólogo Daniel Molina, fueron apareciendo varios estratos que habían cubierto los murales (los primeros en descubrirse se encuentran en la parte superior; los recientes, en el talud, en la parte inferior) del centro ceremonial. Al retirar uno de los estratos, aparecieron los murales, en lo que era propiamente la construcción. Estos, no narran aspectos bélicos. En cambio, los de abajo, los de talud sí, y en ellos se da gran dignidad al vencido, aunque lo representan con las vísceras de fuera.

"En todos los murales, los de la parte superior y los recientemente descubiertos, se nota el tres venado, los numerales, que son típicamente mayas. En los murales superiores hay cangrejos, caracoles, tortugas, todos estos símbolos de influencia marina, desconocida en Tlaxcala. Se supone que estos jeroglíficos pueden ser de influencia olmeca.


También se nota la serpiente emplumada, como Quetzalcóatl, no como Kukulcán de los mayas. Por eso se supone la influencia olmeca. Curiosamente, en el cercano pueblo de San Miguel del Milagro (a un kilómetro de Cacaxtla), se venera al Arcángel San Miguel, abatiendo, venciendo a una serpiente, que es el mito más grande de los pueblos prehispánicos.

"Precisamente por el centro ceremonial de Cacaxtla, se supone ahora que los misioneros españoles inculcaron la fe en el Arcángel San Miguel. Tuvieron el propósito de destruir el mito indígena de la serpiente emplumada. En la actualidad, durante el mes de septiembre. San Miguel del Milagro es visitado por miles de romeros de Puebla, del Distrito Federal, Tlaxcala, Morelos, Hidalgo y del Estado de México.

"En Cacaxtla, recientemente (aún no dado a la publicidad) se acaban de encontrar restos humanos de sacrificios de niños. Esta es una característica muy especial dentro de los rituales indígenas. Y, precisamente fueron hallados al pie del talud donde aparecieron los últimos murales.

"En la parte superior de la construcción hay una estela que tapó una parte de los murales, lo cual revela otra época de la existencia de Cacaxtla. En ese lugar, lo que sobresale en la jamba, es la presencia de dos danzantes, donde se nota -también hay caracoles en derredor- la influencia maya.

"Se considera que los murales de Cacaxtla son mucho más claros que los de Bonampak y los expertos suponen que la pintura es de origen vegetal. Además, por la técnica usada, se entiende que esas culturas indígenas conocían la técnica del aplanado, puesto que los murales y los pisos están perfectamente aplanados".

Hasta aquí la explicación de Javier Lima Paredes.


Se han tomado precauciones muy pobres para preservar de los elementos naturales a estas joyas recientemente descubiertas.

Están cubiertas -en el talud- por una serie de láminas en la parte superior; al frente y a los lados, en una extensión de 20 metros, sólo por mantas.

Es sabido que en esa parte de Tlaxcala las lluvias, al contacto con la tierra, producen carbono, el cual deteriora las pinturas.

Tal vez por falta de presupuesto, pero los trabajos de preservación en Cacaxtla son muy rudimentarios y dejan mucho que desear, sobre todo, si tomamos en consideración el inestimable valor de los murales y los restos del palacio ceremonial.


En los alrededores hay mucho por explotar todavía.

En un cerro que se encuentra frente a lo descubierto, hay señales inequívocas de una pirámide enterrada.

(Tomado de: Hemeroteca El Universal, tomo 7, 1976-1985. Editorial Cumbre, S.A. México, 1987) 

jueves, 28 de enero de 2021

Ignacio L. Alatorre

 


Nació en Guaymas, Sonora, en 1833. Estudió en el Seminario de Guadalajara, Jalisco. En 1850 se incorporó a la Guardia Nacional. Afiliado al ejército liberal participó en la guerra de Reforma. Se distinguió luchando contra la Intervención Francesa y alcanzó el grado de general de división en 1870. Aplastó la rebelión de la Noria en el Sur (1871-1872). En 1876, fiel al presidente Lerdo, luchó contra el Plan de Tuxtepec y fue derrotado en Tecoac por Porfirio Díaz. En el porfiriato desempeñó comisiones técnicas y se le nombró ministro en Centroamérica. Murió en Tampico el 11 de febrero de 1899. Es una de las figuras militares más notables de la segunda mitad del siglo pasado.

(Tomado de:  Tamayo, Jorge L. (Introducción, selección y notas) - Antología de Benito Juárez. Biblioteca del Estudiante Universitario #99. Dirección General de Publicaciones, UNAM, México, D. F. 1993)


martes, 26 de enero de 2021

Criminales de Estado

 

Conjunto de gobernantes, funcionarios de gobierno, altos mandos de las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad que planearon, ordenaron y ejecutaron crímenes de lesa humanidad, desde las estructuras de poder del régimen, en contra de determinados grupos sociales.

Criminales de Estado sobresalientes:

Luis Echeverría Álvarez, presidente de la República (1970-1976), planeó y ordenó la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, la matanza del jueves de Corpus del 10 de junio de 1971 e inició la guerra sucia de 1974-81.

Miguel Nassar Haro, comandante de la Brigada Blanca, acusado de cientos de desapariciones y torturas de guerrilleros en las décadas de los setenta y ochenta. Director de la DFS (1978-82).

Luis de la Barreda Moreno, director de la DFS (1970-1976), acusado de desaparecer a cientos de guerrilleros.

Arturo Acosta Chaparro, general del ejército acusado de perseguir, torturar y desaparecer a 143 guerrilleros del Partido de los Pobres entre 1975-79 en la Costa Grande de Guerrero. 

Francisco Quirós Hermosillo, general del ejército, coacusado de los mismos delitos que el anterior.

(Tomado de: Roldán Quiñones, Luis Fernando. Diccionario irreverente de Política mexicana. Con ilustraciones de Helguera. Grijalbo/Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2006)

lunes, 25 de enero de 2021

José Vasconcelos y ciudad de México, 1895



NOSTALGIA

Nostalgia anticipada me desgarraba y mantenía en trance de llanto. No sospechaba la alegría que con los años se aprende, alegría de desechar, desdeñar etapas enteras de nuestra modalidad, no sólo la imagen exterior de las cosas queridas que luego se vuelven indiferentes. Tan atada tenía el alma a mi ambiente, que me dolía poco dejar a las gentes y mucho más separarme de la visión exterior cotidiana. El viaje me permitía presentarme ufano ante los conocidos como uno que se va a la capital en busca de su destino glorioso. Pero ¿quién me devolvería jamás la realidad de la pequeña urbe y la huella de mi sensibilidad sobre sus cosas? Con los del pueblo no sería ingrato; mis ojos iban a ver por todos ellos el esplendor de las tierras patrias. La conciencia misma del pueblo iba conmigo para ensancharse y retornar alguna ocasión a devolver, en experiencia y servicio, la deuda de amor que nos ligaba. Nunca había querido a mi ciudad como en el instante de dejarla.
Una extraña saudade me invadía al echar las últimas miradas de adiós a mi mi escuela de Eagle Pass. La gratitud y el afecto me ablandaban el ánimo. Imposible consumar el recuento de lo que debía al plantel; y una cierta acidez se mezclaba a mi añoranza, por la huella de los conflictos raciales patrióticos que allí había padecido. Los campos devastados de nuestros juegos y peleas me harían menos falta que los salones de clase donde la curiosidad robó tesoros. Sin embargo, advertía que me iba después de haber sacado todo el fruto posible de aquellos años ingenuos. Por delante se hallaba una serie de épocas fecundas; la vida entera se me aparecía como tarea explotable con miras de eternidad.
Al concluir las clases, una tarde, me llamó el director de la escuela, gringo alto, correcto, grave y bondadoso. Caminando a pie lo seguí varias cuadras rumbo a su casa.
-Es sensible que te vayas -decía-, dejando interrumpida tu carrera entre nosotros. Si tú padre quisiera dejarte al cuidado de alguna familia... Tienes ahora trece años... al cumplir los catorce, concluido el curso primario, podría obtenerse para ti una beca en la Universidad del Estado, en Austin. Háblale a tu padre; si está conforme, dile que me vea. Será fácil arreglarlo.
Mi padre se ofendió primero; después comprendió que la desinteresada oferta merecía una negativa cortés, agradecida, y fue a darla. Mi madre no necesitó intervenir pero tampoco hubiera consentido entregarme con personas excelentes, mas de otra religión. En la frontera se nos había acentuado el prejuicio y el sentido de raza; por combatida y amenazada, por débil y vencida, yo me debía a ella. En suma: dejé pasar la oportunidad de convertirme en filósofo yanqui. ¿Un Santayana de México y Texas?
Los Estados Unidos eran entonces país abierto al esfuerzo de todas las gentes. The land of the free. ¿Los años maduros me hubieran visto de profesor de Universidad enseñando filosofías?
No estaba entonces por los destinos modestos. El futuro me sonreía ilimitado de dichas y éxitos. Tan intenso lo soñaba, que a menudo la cabeza me ardía de esperanza y anticipadas certidumbres. Horas de exaltación desmedida, que alternaban con estados de anulación y pesimismo, claudicaciones del albedrío.
Entre los de Las mil y una noches, el episodio que me obsesionaba era el de los compañeros que se reparten por los cuatro rumbos del horizonte, tomando camino según el viento que sopla. Lo urgente era caminar, tomar rumbo, trasponer horizontes. ¿No era yo un alma caída al mundo? Pues urgía lanzarse a explorar toda la extensión de la temporal morada.
Por fin, una mañana, desde la ventanilla del tren, dijimos adiós a la pradera de la Villita, y con el pecho sobresaltado nos internamos luego en el arenal sobre los rieles y entre las nubes de tierra.
Periódicamente, en el llano, los remolinos del aire cavan el suelo, levantan el polvo y lo bailan en espirales, dispersándolo en la altura.
Las estaciones, muy distantes unas de otras, constan apenas de un tejadillo que abriga la sala de boletos y el telégrafo. Al lado, la choza de adobe de algún pastor, unas cuantas gallinas desmedradas, ni una brizna de hierba y en torno leguas y leguas de páramo. Sólo al día siguiente, por la Laguna, vimos los primeros pastos reverdecidos, bajo el sol caliente. Luego, al atardecer, la tierra empezó a ponerse roja, y muy altas montañas dibujaron estupendos perfiles. Los valles empezaron a poblarse de rebaños. Un sol encendido iluminó un ocaso bermejo, como metal de fundición. En los riscos, sobre la montaña, se adivinaba también el cobre, el oro, en bruto, el óxido de plata.
Un airecillo frío y una sordera parcial advierten la entrada en el altiplano. Y los valles se ensanchan circundados de serranías. La vía férrea corre a la falda de los montes y serpea en las gargantas. Es famosa la cuesta que conduce a Zacatecas. Trepa jadeante la locomotora por una serie de curvas que periódicamente ocasionan descarrilamientos. El viajero desde un vagón se asoma a la noche y de pronto descubre un enjambre de luces que aparecen y desaparecen al fondo de un abismo. Aproximándose, adviértese el trazo irregular de la ciudad cuyo nombre evoca historias de mineros enriquecidos o fracasados. Al detenernos en la parada subieron al convoy damas y caballeros de porte distinguido. Empezaba el México de los refinamientos castizos. Al deseo de habernos quedado un día para conocer Zacatecas se mezclaba la impaciencia de ver pronto las maravillas del interior de la patria. Sobre camas improvisadas con mantas nos fue cogiendo el sueño al ritmo del acero en fuga estrepitosa.
Amanecimos más allá de Aguascalientes. El paisaje había cambiado; pero sólo después de León, por Irapuato y Celaya, comienza el deslumbramiento de los campos verdes de alfalfa y los trigales que la brisa agita en la distancia. Bajo un cielo azul diáfano y en el marco de montañas violeta, aparece el milagro de ciudades de ocre y blanco y rosa. Cúpulas de vidriado amarillo, que fingen el esplendor del oro, y campanarios de cantería en tonos claros, se levantan como aleluya perenne. Los caminos, arbolados, conducen a quintas de recreo y a santuarios con leyendas piadosas. Todo engendraba dichoso contraste con los páramos de nuestra frontera.
En cada parada consumábamos pequeñas compras. Abundaba la tentación en forma de golosinas y frutas. Varas de limas y cestos de fresas o de higos y aguacates de pulpa aceitosa; cajetas de leche en Celaya; camotes en Querétaro y turrones de espuma blanca y azucarada; deshilados en linos y mantas o sarapes de colorido detonante; manufacturas de cerda que recuerdan la paciencia china; por ejemplo: cestitos de colores, trenzados, que embonan en orden descendente o sombreritos minúsculos; pequeñas cajas de secreto, incrustadas; sobre papel negro docenas de ópalos de llama o de celaje claro. No alcanzaba el tiempo ni el dinero para elegir. Los vendedores de comestibles ofrecen también a gritos tacos de aguacate, pollo con arroz, enchiladas de mole, fríjoles, cerveza y café. Y del seno de la algarabía, tímidamente y, sin embargo, permeándola toda, la voz del ciego ambulante, que improvisa corridos, tañe la guitarra y recoge limosnas.
Docenas de chiquillos descalzos, trigueños, piden: "Un centavito, niño; un centavito, jefe."
Con el cuerpo fuera de la ventanilla, todo lo vemos, deseándolo; adquirimos baratijas y dulces, repartimos cobres. Mucho he viajado después, pero nunca he visto en las paradas de ningún ferrocarril semejante animación abigarrada y fascinante. En México mismo, las gentes visten cada día con más uniformidad; las artes menores decaen, el estilo de comer se americanista, el traje se vuelve uniforme y el viajero ya no asoma la cabeza a la ventana; la hunde en la partida de póker o, por excepción, en la revista recién entintada. El prejuicio sanitario veda el gusto de los platos populares y el comercio ambulante decae.
Corría el tren por las comarcas feraces del Bajío; la frescura del campo nos penetraba en todas las fibras, nos colmaba la sed orgánica de los años pasados en sitios resecos. Propiamente, veíamos campo por primera vez. Unas cuantas vacas enterradas en el pasto bastaban a darnos sensación de plenitud agrícola. Las nubes adoptan allá no sé qué distinción barroca, muy blancas y bien recortadas en el azul. Ya al oscurecer pasamos a la orilla de un río, quizá el Lerma. Sus aguas cristalinas corrían entre arboledas, se perdían en el cauce pedregoso. Lápiz en mano, intenté fijar en mí cuaderno siquiera algunas de las impresiones tumultuosas del día. No me guiaba la vanidad, sino el deseo de guardar de algún modo la emoción venturosa del viaje. Pero me estorbaban los adjetivos. En vez de apuntar las cosas, me empeñaba en calificarlas. Cada montaña tenía que ser alta; las ciudades me merecían el mismo epíteto de bonitas y cada paisaje resultaba encantador. Con plena conciencia de que traicionaba mi sentir, escribía y acusaba al lenguaje de llevarnos por caminos trillados, pese a la virginidad de la percepción. El caso es que mi ensayo me dejaba triste. No correspondía al intenso vivir. ¿Qué iba a ser de mi en la capital sabía? Recordaba las narraciones amenas de un libro de viajes alrededor del mundo, que en Piedras Negras leyera, y me sentía apocado. Era yo el grano de arena que se pierde en la sabana, brizna de muchedumbre. Así de humilde penetré al carricoche que nos condujo al hotel. La iluminación suntuosa de las avenidas producía estupor. Los cascos de docenas de caballos de tiro repercutían en la atmósfera urbana, ornada de piedra, esplendor y paz. 

EN LA CAPITAL

Vagos son los recuerdos de esta mi primera estancia consciente en la metrópoli mexicana. Buscando en las aguas profundas y oscurecidas de mi pasado, extraigo: un doble corredor de columnas esbeltas en torno a un patio con palmeras pequeñas, sillones de mimbre y un comedor extenso con mesas blancas y cristalería. ¿Fue el Hotel Bazar? Luego, como si el tapete maravilloso nos hubiese transportado allí, veo una vivienda en la calle del Indio Triste. Farol de vidrio sobre una escalera angosta de piedra con barandal de hierro. Llega de afuera el olor de alquitrán sobre el asfalto nuevo. Mil circunstancias se pierden igual que si meses enteros y aun años de nuestro vivir muriesen antes que nosotros, sin que logremos resucitarlas. Y me pregunto: ¿Qué hay de común entre el jovenzuelo que se quedaba absorto ante las fachadas de los palacios citadinos y éste que soy ahora incapaz de reconstruirme en lo que fui? Los mismos afectos que parecen determinar modalidades perennes se descargan de su vehemencia y fluyen con lo que pasó.
Me es más fácil rememorar lo que era mi madre entonces, que lo que fui yo mismo. ¿Acaso porque era persona ella y yo todavía un conato? Sin embargo, en vano imagino lo que haya sido como persona social y sólo la concibo como una especie de divinidad que cumplía conmigo una tarea misteriosa. ¿Qué queda, pues, de cada uno?; ¿qué queda del todo? La única respuesta que da mi experiencia es que la pregunta conmueve, preocupa nada más en la juventud. Más tarde se alcanza la indiferencia dulce que nos acerca casi con agrado a la muerte común. Cama bien tendida del hospedaje que nos abriga tras la jornada penosa. Buena cama la muerte si en ella despertamos a mejor ventura que estás otras pequeñeces que se nos deshacen en la atención, aunque nos duela perderlas.
Vivía, y por el hecho de vivir me estaba muriendo a diario; pero no me acongojaba, ni siquiera lo advertía. Muy distante aún, la muerte física no me preocupaba. Ímpetus tensos aguzaban mis sentidos y los saciaba de belleza urbana. Con sólo asomarse al balcón, en la acera de enfrente nos embobaba un palacio de piedra blanca, persianas verdes, zaguán con arco, entresuelo proporcionado y principal con balcones regios. De la noble mansión salía todas las tardes un carruaje flamante tirado por caballos magníficos. Asombrados lo mirábamos torcer por la calle de la Moneda. En ésta, el Museo Arqueológico al costado de Palacio, la Escuela de Bellas Artes y la cúpula de Santa Inés al fondo y la saliente de la Catedral en el otro extremo componen la más hermosa y singular perspectiva del México castizo. A menudo atravesábamos la Moneda con rumbo a Jesús María, de estilo neoclásico y columnas de acantos revestidas de oro. Todas las tardes rezábamos allí el rosario y cada mañana la misa en el altar del Perdón de la Catedral; "la mejor Catedral de América", recalcaba mi padre, mirándola. Y con doble placer de artista y de patriota nos paseaba delante de la cortina oriental del Sagrario churrigueresco. Tallas y encajes de piedra caliza entre dos tableros de rojo tezontle volcánico. Encima, una cornisa de curvas que recuerdan la gracia de un manto. Al lado, la Catedral majestuosa con su par de torres robustas que encuadran la fachada neoclásica de Tolsá, sobria y proporcionada. Nunca hubo construcción más severa y grandiosa.
Entrando por el Sagrario, las naves se reparten espaciosas en torno a una cúpula circular. El ábside vertical levanta el empuje de las bóvedas. A la izquierda, una magnífica nave liga las curvas redondeadas de las naves y columnas de la Catedral. En los costados de ésta hay capillas con enrejado de maderas olorosas; lujosa talla de bronce circunda en barandal el coro adornado de estatuas, candelabros y tubos de órgano. Al centro, el altar mayor bajo un cimborrio atrevido. Detrás, en el ábside, uno de los mejores retablos del barroco del mundo: el altar de los Reyes, todo de oro, imágenes damasquinas, columnas salomónicas, marcos suntuosos y óleos oscurecidos por el incienso. El corazón saltaba primero, se sobrecogía después y se sumaba al coro de las celestes alabanzas.
El atrio enverjado del costado poniente dejaba ver un jardín lateral con el mercado de flores, anexo sobre la calle de las Escalerillas. Ramos de claveles, manojos de rosas recién abiertas, refrescadas con finas gotas de agua que semejan el rocío; gardenias de carne blanca y aroma intenso, violetas fragantes, amapolas como llamas, lirios de rojo y gualda o de azul violáceo, begonias en macetas, tulipanes vistosos, pensamientos aterciopelados, dalias cárdenas, crisantemos y azucenas; flora de todos los climas gracias a la meseta sin estaciones y a la inexhausta fecundidad de la costa inmediata.
Apartándose de los puestos de los vendedores, se prolonga el jardín. Andadores irregulares de cemento en cuadros afirman el borde metálico de camellones de césped y plantas. Al centro de una fuente circular y asentada en planta de piedra, una mujer de mármol vierte una jarra de agua cristalina que en su caer incesante le ha desgastado un pie de blancura lustrosa. Serena la cabeza griega, finos los hombros, firmes las maternales pomas bajo la tela simulada de mármol y el talle opulento, la divinidad anónima se inclina alargando los muslos castos bajo los pliegues de la piedra y sonríe a los niños que juegan en torno. Encima, el ramaje siempre verde difunde fragancias, serena la alegría del cambio en la inmutable perennidad.


(Tomado de: Vasconcelos, José – Ulises criollo. Primera parte. Lecturas Mexicanas #11; 1a serie. Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1983)