lunes, 15 de octubre de 2018

Heriberto Frías

Heriberto Frías



(1870-1925). Publicó, de 1893 a 1895, en El Demócrata, su novela Tomóchic, basada en los sucesos ocurridos en 1892 en la Sierra de Chihuahua, a consecuencia de las predicaciones de Teresita Urrea, “La Santa de Cabora”, que exaltó a los indios en pro de un mundo mejor. Dio a luz, en 1916, una novela autobiográfica, Las miserias de México, y en 1923, ¿Águila o Sol?, en la que dibuja, con humor e ironía, es decir, no exento de tristeza, algunos aspectos de la época.

[…]

Se dan en él las características de lo que será la narrativa de la Revolución:  testimonio y autobiografía. De ambos tienen sus libros, ninguno tan sorprendente como el primero, escrito a los veinticinco años. Es evidente la influencia naturalista, tal como no podía menos de ser, pero no fue ni la faz socializante de Zola ni la imperturbable de Maupassant; las condiciones del país no eran las francesas. Pudo retratar la realidad condicionándola a la política mexicana, sin gritar su verdad (también Zola sufrió procesos) porque el poder tenía aquí métodos más expeditivos.


Según los documentos que se refieren a sus servicios en el ejército mexicano, desde el Colegio Militar hasta su baja definitiva, no fue nunca espejo de disciplina. Posiblemente por su pobreza entró en el servicio activo, como subteniente, en 1889. Teniente en 1892, tomó parte en los sucesos que relata en Tomóchic. En el proceso que se inició al año siguiente, con motivo de su publicación en El Demócrata, negó ser el autor, y el fino periodista Clausell, que dirigía el periódico, se declaró responsable. Absuelto, Frías fue dado de baja en el ejército.


Volvió otra vez a colaborar en el periódico de su amigo lo que motivó su encarcelamiento en 1895; varios artículos (Desde Belén) tienen interés. Liberado siguió malviviendo como periodista y autor de unos textos semihistóricos que no merecen recordación más que por los grabados de Posada. Fue luego a Mazatlán como director de un periódico, allí escribió varias novelas, hasta que tuvo que salir huyendo en 1909, por razones políticas. Colaboró con el régimen de Madero, fue villista, dirigió el órgano oficial de la Convención de Aguascalientes. El carrancismo lo condenó a muerte; el general Obregón lo nombró cónsul de México en Cádiz (1921-1923) donde escribió su última novela ¿Águila o Sol? Regresó a México, trabajó en la Secretaría de Relaciones; murió en Tizapán sin acabar su novela El diluvio mexicano.


Su obra, autobiográfica, es característica de la pobreza en la que vivió; periodista, trabajador incansable, idealista, amigo de la verdad y la justicia; sus héroes envejecen a su propia medida hasta aparecer como un viejo grueso, miope, mustios los ideales de la juventud, por la experiencia que le hizo comprender que no siempre triunfa la bondad ni la justicia.


¿Águila o Sol?, muy lejana naturalmente del genio idiomático de Valle-Inclán, es un “esperpento”, anterior en tres años a Tirano Banderas. Presenta futuros hombres importantes de la Revolución –sucede en 1910- con sus nombres, en situaciones inventadas, con intención satírica.


Salvador Azuela dictaminó acerca de Tomóchic, con propiedad: “Exalta la sobriedad, el amor a la tierra, la independencia de carácter y la valentía de los indígenas, tratados con tanta saña por las fuerzas federales. La novela de Heriberto Frías, escrita con poderosa vitalidad, pero con desaliño, se lee con mucho interés. Hay pasajes que dejan huella muy viva; de tal suerte pinta con trazos inolvidables a las soldaderas del ejército, que pasan por las páginas de Tomóchic con toda su grandeza y miserias. La obra deja en el lector una impresión realista de verdad en el relato y de justiciera indignación que el autor comunica."


En sus otras novelas, hay trazos que las une a las de la Revolución; su gusto por lo popular, refranes, corridos, canciones, dichos que ofrecen cierta explicación del catolicismo de las huestes revolucionarias al recordar, por ejemplo, en La vida de Juan Soldado (1918), un corrido de la guerra de Tres Años:


Virgen de Guadalupe
Madre republicana:
Tú proteges al indio
Contra el encomendero
Y los ricos traidores.
¡Que viva el indio Juárez…!

De la misma manera que reproduce el de Adiós mamá Carlota, en el que ya se apuntan las finalidades de la Revolución al hablar de “amos ruines”:

Que roban a la patria
Sus aguas y su tierra.

En el prólogo de Miserias de México escribió, juzgándose con sinceridad: “Aquí hay poca literatura y mucha verdad…” En sus artículos se encuentra una clara visión revolucionaria.


Heriberto Frías merece y espera reivindicaciones.

(Tomado de: Max Aub – Guía de narradores de la Revolución Mexicana)

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