jueves, 8 de agosto de 2019

Historia del Pronunciamiento del General Emiliano Zapata, 1911




Historia del Pronunciamiento del General Emiliano Zapata

El día 30 de agosto de 1911

Marciano Silva

Atención pido, público sensato,
 voy a dar mi explicación,
aquí en esta historia que yo les redacto
en mi mal pronunciación.

Voy a dar un pormenor
citando lo positivo,
porque ya estoy enterado
como también persuadido.

El jefe Zapata no estando conforme
después de haber conquistado,
se salió de Cuautla según los informes
pensando en los resultados.

Se fue rumbo a Anenecuilco 
que era su tierra natal.
porque conoció el peligro,
pues lo iban a traicionar.

Estando en su casa aunque no tranquilo
pensando en lo que sería
el nuevo gobierno quiso perseguirlo
por su grande bizarría.

Porque era un hombre valiente 
nuestro general suriano,
querían políticamente
por completo exterminarlo.

Llegó la noticia, según se declara,
al pueblo de Anenecuilco,
que luego al momento él se retirara
que iban a formarle sitio.

Mandó tocar las campanas
nuestro invicto general
Vamos de nuevo a campaña
la defensa es natural”.

En aquel momento se reunió su pueblo
para ver lo que pasaba,
y les dio a saber que el nuevo gobierno
asesinarlo trataba.

“Yo no ambiciono la silla
ni tampoco un alto puesto,
siento a mi patria querida
verla en tan cruel sufrimiento”.

Hablóle a su hermano con toda firmeza
y le dijo en el momento:
Rendir yo mis armas sería una tristeza,
sólo ya después de muerto”.

Esta política es falsa,
la tengo bien conocida,
quieren que entregue las armas
para quitarnos la vida”.

Respondió don Eufemio con acento fijo
y un valor sin segundo,
Ya no condesciendas, bajo el armisticio,
ya ves los pagos del mundo”.

Levantémonos en armas
vamos de nuevo a sufrir,
las conferencias dejarlas
hasta vencer o morir”.

Hoy lo que interesa es otra providencia
a lo que el tiempo depare,
para recibir de la Omnipotencia
lo que del cielo mandare”.

Saldremos, después veremos,
qué descubra el firmamento,
al fin después volveremos
si nos da lugar el tiempo”.

Día treinta de agosto dieron ese grito,
todos en conformidad,
¡Viva nuestra patria y este requisito
de paz, tierra y libertad!

Vámonos a padecer
vamos de nuevo a sufrir,
traidor nunca lo he de ser
por mi patria he de morir.

Salieron de Ayala rumbo a Chinameca
donde se reunieron todos
pidieron permiso con toda presteza
para jugar unos toros.

Dos días de toros jugaron 
nos quedan como recuerdos
y un hombre vil por trasmano
mandó un parte a Morelos.

Aquí en esta hacienda se encuentra Zapata
si lo quieren agarrar,
tiene cuarenta hombres, pero mal armados
ahora se han de aprovechar”.

Fórmenle una entretenida
sin dársela a maliciar,
denle todo lo que él pida
que su día se va a llegar”.

Pusieron violento el parte a Morales
puesto por la presidencia:
A traerme a Zapata se va usted al momento,
se halla en San Juan chinameca”.

Con mucho gusto lo haré,
ahora sí no se me escapa,
hoy mismo le traigo a usted
la cabeza de Zapata”.

Con seiscientos hombres marchó entusiasmado
queriendo igualar al viento
pero sólo Dios, que es dueño de lo creado
no le concedió su intento.

Como a las once del día
por Santa Rita pasaron,
dos hombres iban de guía
al punto donde llegaron.

Hacia una rendija donde dispusieron
dividirse por la altura,
y por La Cañada, doscientos se fueron,
los demás por La Herradura.

Sin saber que el general
había puesto su avanzada,
al pie de un buen tecorral
les preparó su emboscada.

Cuando les mandaron el: “¡Alto, quién vive!”,
Figueroa”, todos gritaron,
con un par de bombas, luego los reciben
para comenzar la loa.

Diez eran los zapatistas
contrarios seiscientos fueron,
pero sus grandes conquistas
con valor las defendieron.

De cada descarga de los zapatistas
diez o doce se tumbaron,
porque ya su gente estaba bien lista
y bien muertos los dejaron.

Los bombazos resonaban
sin cesar cada momento,
los zapatistas peleaban
haciéndoles muchos muertos.

Cuando el general se hallaba gustando
con don Santiago Posadas,
llegó la noticia que el gobierno había dado
y a la hacienda se acercaban.

Se montó en su buen caballo
paso a paso se fue yendo,
con unos cinco soldados
se quedó reconociendo.

Cuando el general divisó el gobierno
que se acercaba al poniente,
echó mano al rifle, se apeó muy sereno,
con cinco les hizo frente.

Lo rodearon cuatrocientos
pero no se acobardó,
le hicieron fuego al momento
y entre ellos se revolvió.

A pocos momentos de que tirotearon
Zapata se despidió,
haciéndoles fuego con tres que quedaron
a los cerros se internó.

Dicen que los derrotaron
porque así corrió la voz,
pero sólo a tres mataron
 contrarios sesenta y dos.

De testigo pongo aquí al siglo veinte
como certero y seguro,
para que nadie noticie el hecho presente
de lo pasado y futuro.

De Zapata estos recuerdos
quedaron siempre grabados,
en todo el plan de Morelos
y los pechos mexicanos.

***
Al triunfo de los maderistas, el presidente interino Francisco León de la Barra inició el licenciamiento de las tropas revolucionarias en el país. 
En el estado de Morelos, las presiones de los hacendados locales, obligaban al licenciamiento de las tropas de Emiliano Zapata, mientras éste se obstinaba en la exigencia del cumplimiento del artículo tercero del Plan de San Luis.
Luego de algunas conferencias entre Francisco I. Madero y Emiliano Zapata, se inició el licenciamiento de las fuerzas en junio de 1911 y se dio a Zapata, de manera no oficial, el cargo de Comandante de Policía Federal del estado de Morelos; cargo que, de hecho, Zapata nunca ejerció.
Al no licenciarse el total de las partidas zapatistas del estado de Morelos, los ataques de la prensa de la ciudad de México se incrementaron, mientras Francisco León de la Barra enviaba al Trigésimo segundo Batallón de Infantería bajo las órdenes de Victoriano Huerta para hacer campaña contra los jefes zapatistas no licenciados de Morelos; de la misma manera, el 11 de agosto, de la Barra suspendió la soberanía del estado.
Por su parte, Zapata, tratando de regresar a su vida comunitaria, contrajo matrimonio en julio, pero fue atosigado por sus enemigos locales, quienes veían en él, luego de la toma de Cuautla, al principal y más peligroso jefe revolucionario de Morelos.
Con la promesa del retiro de tropas federales del estado de Morelos, Zapata logró convencer a los jefes insumisos a deponer las armas para el 22 de agosto; sin embargo, las tropas federales de Huerta y las auxiliares guerrerenses de Ambrosio Figueroa, siguieron ocupando posiciones en Morelos y Zapata se vio obligado a huir a Anenecuilco.
El 30 de agosto, en Villa de Ayala y Chinameca, Zapata sufrió el ataque de las tropas irregulares guerrerenses de Federico Morales y Silvestre Mariscal, “Federico Morales, agente de Figueroa, lo había hecho mal y lo había dejado escapar. Tratando de atrapar a Zapata dentro de los muros de la hacienda de Chinameca, estúpidamente había ordenado una carga contra la guardia de la puerta del frente. Zapata había oído los disparos, y como conocía el terreno de la hacienda, se había escapado del edificio principal y había echado a correr por los cañaverales que quedaban atrás del mismo” [Womack, John. Zapata y la Revolución Mexicana. p. 118].
De la hacienda de Chinameca, Zapata huyó aparentemente al estado de Puebla, sin embargo se remontó a la sierra de Morelos y recomenzó su forzada rebelión.
Los gobiernistas guerrerenses de Ambrosio Figueroa fueron conocidos por los zapatistas como Los Colorados.



(Tomado de: Avitia Hernández, Antonio - Corrido Histórico mexicano (1910-1916) Tomo II. Editorial Porrúa, colección “Sepan cuántos…” #676. México, D.F. 1997)

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miércoles, 7 de agosto de 2019

Eulalio Gutiérrez



Nació el 2 de febrero de 1881 en la Hacienda de Santo Domingo, Municipio de Ramos Arizpe, Coahuila.

Antirreeleccionista de firmes convicciones. En contacto directo con don Francisco I. Madero, se levantó en armas en 1910 en Concepción del Oro, Zacatecas. En 1913 se alzó nuevamente contra los asesinos de Madero y Pino Suárez.

Militó entre San Luis Potosí y Saltillo; formó parte de la 2a. División del Centro y al triunfo del Constitucionalismo participó en 1914 en la Convención de México, del 1° al 5 de octubre, en la que fueron electos Presidente y Vicepresidente de ella los generales Francisco Murguía y Francisco de P. Mariel.

El 10 de octubre, los convencionistas se trasladaron a la ciudad de Aguascalientes, allí se le designó Presidente de la República, con cuya investidura entró a México el 6 de diciembre de 1914. Posteriormente se distanció del General Francisco Villa.

Decepcionado por la lucha fraticida, dejó la capital el 16 de enero de 1915 y se trasladó a Ciénega del Toro, Nuevo León.

Quienes le seguían optaron por reconocer al Primer Jefe, don Venustiano Carranza.

Después fue Senador de la República y en 1929 se unió a la rebelión escobarista.

Murió el 12 de agosto de 1939 en Saltillo, Coahuila.



(Tomado de: Covarrubias, Ricardo - Los 67 gobernantes del México independiente. Publicaciones mexicanas, S. C. L., México, D. F., 1968)

martes, 6 de agosto de 2019

Dictamen del Conde de Aranda a Carlos III sobre la independencia de las colonias inglesas, 1783


Dictamen reservado del Conde de Aranda al Rey Carlos III sobre la Independencia de las colonias inglesas de América, 1783


Aun cuando se ha discutido la paternidad del Conde de Aranda de este brillante documento, es de interés tomarlo como prefacio a lo que serán las relaciones internacionales de los Estados Unidos y la América Hispana, y también por la proposición de crear reinos independientes en las colonias del Imperio Español.


Señor:
El amor que profeso a Vuestra Majestad, el justo reconocimiento a las honras con que me ha distinguido y el afecto que tengo a mi Patria me mueven a manifestar a la soberana atención de Vuestra Majestad un pensamiento que juzgo del mayor interés en las circunstancias presentes…

Las colonias americanas han quedado independientes; este es mi dolor y recelo.

Esta República Federativa ha nacido, digámoslo así, pigmea, porque la han formado y dado el ser dos potencias como son España y Francia, auxiliándola con sus fuerzas para hacerla independiente. Mañana será gigante, conforme vaya consolidando su constitución y después un coloso irresistible en aquellas regiones. en este estado se olvidará de los beneficios que ha recibido de ambas potencias y no pensará más que en su engrandecimiento.

La libertad de religión, la facilidad de establecer las gentes en términos inmensos y las ventajas que ofrece aquel nuevo gobierno, llamarán a labradores y artesanos de todas las naciones, porque el hombre va donde piensa mejorar de fortuna y dentro de pocos años veremos con el mayor sentimiento levantado el coloso que he indicado.

Engrandecida dicha potencia anglo-americana debemos creer que sus miras primeras se dirijan a la posesión entera de las floridas para dominar el seno mexicano. Dado este paso, no sólo no interrumpirá el comercio con México siempre que quiera, sino que aspirará a la conquista de aquel vasto imperio, el cual no podremos defender desde Europa contra una potencia grande, formidable, establecida en aquel continente y confinante con dicho país…

Después de las más prolijas reflexiones que me han dictado mis conocimientos políticos y militares y del más detenido examen sobre una materia tan importante, juzgo que el único medio de evitar tan grave pérdida, y tal vez otras mayores es el que contiene el plan siguiente:


Que Vuestra Majestad se desprenda de todas las posesiones del continente de América, quedándose únicamente con las Islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional y algunas que más convengan en la meridional con el fin de que ellas sirvan de escala o depósito para el comercio español.

Para verificar este vasto pensamiento de un modo conveniente a la España se deben colocar tres infantes en América: el uno rey de México, el otro del Perú y el otro de los restantes de Tierra Firme, tomando vuestra Majestad el título de Emperador. 

Las condiciones de esta grande cesión pueden consistir en que los tres soberanos y sus sucesores reconocerán a Vuestra Majestad y a los príncipes que en adelante ocupen el trono español por suprema cabeza de la familia.

Que el rey de Nueva España le pague anualmente, por la cesión de aquél reino, una contribución de los marcos de la plata en pasta o barras para acuñarlo en moneda en las casas de Madrid y Sevilla.

Que el del Perú haga lo mismo con el oro de sus dominios, y que el de Tierra Firme envíe cada año su contribución en efectos coloniales, especialmente tabaco para surtir los estancos reales de estos reinos.

Que dichos soberanos y sus hijos casen siempre con infantes de España o de su familia y las de aquí con príncipes o infantes de Allá, para que de este modo subsista siempre una unión indisoluble entre las cuatro coronas, debiendo todos jurar estas condiciones a su advenimiento al trono.

Que las cuatro naciones se consideren como una en cuanto a comercio recíproco, subsistiendo perpetuamente entre ellas la más estrecha alianza ofensiva y defensiva para su conservación y fomento.

Que no pudiendo nosotros surtir aquellas colonias de los artefactos que necesitan para su uso sea la Francia, nuestra aliada, la que provea de cuantos artículos no podamos nosotros suministrarlas, con exclusión absoluta de la Inglaterra, a cuyo fin apenas los tres soberanos tomen posesión de sus reinos, harán tratados formales de comercio con la España y Francia, excluyendo a los ingleses y, como serán potencias nuevas, puedan hacer en esta parte lo que libremente les acomode.

Las ventajas de este plan son que la España, con la contribución de los tres reyes del Nuevo Mundo, sacará mucho más producto líquido que ahora de aquellas posesiones; que la población del reino se aumentará sin la emigración continua de gentes que pasan a aquellos dominios; que establecidos y unidos estrechamente estos tres reinos, bajo las bases que he indicado, no habrá fuerzas en Europa que puedan contrarrestar su poder en aquellas regiones, ni tampoco el de España y Francia en este continente; que además, se hallarán en disposición de contener el engrandecimiento de las colonias americanas o de cualquiera nueva potencia que quiera erigirse en aquella parte del mundo; que España, por medio de este tráfico, despachará bien el sobrante de sus efectos y adquirirá los coloniales que necesite para su consumo; que con este tráfico podrá aumentar considerablemente su marina mercante y por consiguiente la de guerra para hacerse respetar en todos los mares; que con las islas que he dicho no necesitamos más posesiones, fomentándolas y poniéndolas en el mejor estado de defensa y, sobre todo, disfrutaremos de todos los beneficios que producen las Américas sin los gravámenes de su posesión.

Esta es la idea por mayor que he formado de este delicado negocio. si mereciese la soberana aprobación de Vuestra Majestad la extenderé, explicando el modo de verificarla con el secreto y precauciones debidas, para que no lo trasluzca la Inglaterra hasta que los tres infantes estén en camino, más cerca de América que de Europa, para que no puedan impedirlo. ¡Qué golpe terrible para el orgullo inglés! Pero esto no importa, porque se pueden tomar providencias anticipadas que precavan los efectos de resentimientos. 


(Tomado de: Matute, Álvaro - Antología. México en el siglo XIX. Lecturas Universitarias #12. Universidad Nacional Autónoma de México. Dirección General de Publicaciones, México, D.F., 1981)

lunes, 5 de agosto de 2019

Francisco Zarco


Francisco Zarco Mateos


(1829-1869) es quien con mayor honor merece el título de periodista. Murió joven -a los cuarenta años de edad-; hizo verdadero apostolado del periodismo y su obra no alcanzó el beneficio del libro sino mucho después de su muerte (salvo su Historia del Congreso Constituyente, 1856-1857), recopilación de su Crónica Parlamentaria publicada cotidianamente en El Siglo Diecinueve a partir del día  inaugural del Constituyente y hasta su culminación). La obra de Zarco aún no está plenamente considerada ni agrupada. Escribió artículos de costumbres, editó revistas teatrales y ejerció la crítica teatral y literaria en El Presente Amistoso, El Siglo Diecinueve y La Ilustración Mexicana, entre otros diarios. Hombre honesto a carta cabal, liberal de sólidas convicciones, Zarco ejerció una influencia poderosa en la vida mexicana de la época de La Reforma y la Intervención francesa.


Zarco, orador, periodista político, literato y funcionario, aunque estudió dos años en el Colegio de Minas, era fundamentalmente autodidacta. Estudió idiomas, Derecho y Teología y diversas ciencias sociales; manejó un sistema propio de taquigrafía. En 1847, cuando el gobierno mexicano se estableció en Querétaro, el ministro de Relaciones Exteriores, Luis de la Rosa, lo nombró oficial mayor del Despacho. Fue traductor y redactor de las actas del Consejo. Poco después, a su regreso a México, se dedicó al periodismo político y a la redacción de artículos costumbristas, literarios y biográficos. En 1849 escribió en el Álbum Mexicano, y en marzo de 1850 fundó El Demócrata, comenzando a utilizar el seudónimo de Fortún. De 1851 a 1855 se encarga de la revista literaria La Ilustración Mexicana, cuyo tomo quinto es obra enteramente suya; por ese mismo tiempo empieza a escribir en El Siglo Diecinueve, periódico al que dio gran prestigio y al que dedicó casi toda su vida, hasta unas semanas antes de su muerte. Combatió a la administración del Presidente Arista a través del periódico satírico Las Cosquillas, que aparece en mayo de 1852, y del cual se publican sólo ocho números, pues es denunciado y su redactor (Zarco) enviado a presidio. Con el objeto de inspirar a la mujer sentimientos morales y el placer por la literatura, dedica a ella el Presente Amistoso, que se imprimía el primero de cada año y en cuyas entregas Zarco escribió ensayos descriptivos, artículos morales y de modas. En 1854 fue electo diputado suplente por Yucatán, pero su oposición a Santa Anna le acarrea la expatriación, permaneciendo en Nueva York hasta el triunfo de la revolución de Ayutla. 
En 1856 vuelve a ser electo diputado al Congreso Extraordinario Constituyente por uno de los distritos de Durango. En el Congreso su actuación es brillante y decisiva. Zarco representa junto con Arriaga, Mata, Ramírez, Gamboa, Castillo Velasco y otros, la izquierda de aquella histórica asamblea. Nunca perdió de vista la realidad de su tiempo; no procura leyes para un pueblo ajeno ni para una época indeterminada; pide y exige en la asamblea lo que la realidad mexicana exige en 1856, como único medio de sentar las bases para el logro de metas más altas, de desarrollar totalmente la reforma social. Su realismo está presente en todas sus intervenciones en el Congreso (150 en total). Las crónicas de cada sesión, notable oficio de reportero, las publicaba Zarco al día siguiente de cada debate. Después del golpe de Estado de Comonfort, Zarco es perseguido, se le detiene el 30 de julio de 1858; escapa y por dos años vive oculto. Durante ese lapso publicó el Boletín Clandestino y el folleto Los Asesinos de Tacubaya, que tuvo gran difusión en todo el país y en el extranjero.
Descubierto al fin el 13 de mayo de 1860, es mantenido en prisión hasta el 25 de diciembre y libertado al triunfo de González Ortega en Calpulalpan. En enero de 1861 Benito Juárez lo nombra ministro de Gobernación, y después de Relaciones y jefe de gabinete. Zarco publica por breve tiempo la segunda etapa de Las Cosquillas. Renuncia para ocupar su curul en el Congreso y defiende a Juárez. Sigue al frente de su diario hasta el 31 de mayo de 1863, en que se acercan los franceses a la capital. Con motivo de la intervención extranjera, Zarco acompañó al Presidente Juárez en su retirada hacia el norte. En San Luis Potosí funda el diario La Independencia Mexicana (1863), y en Saltillo La Acción (1864), en defensa de la causa republicana. Una serie de editoriales de este último periódico, sobre el Tratado de Miramar, fue recogida en folleto en Colima al año siguiente. Finalmente se interna en los Estados Unidos, donde forma un club mexicano y continúa escribiendo, siempre en defensa de la libertad de México, en periódicos norteamericanos, mexicanos y de Sudamérica, como El Mercurio (Valparaíso), El Correo (Santiago de Chile), La Nación y El Pueblo (Buenos Aires), etc.
Vencido el Imperio y restaurada la República, regresa a la patria y es electo nuevamente diputado, al Congreso por el Distrito Federal y vuelve a dirigir El Siglo Diecinueve. Dos días después de su muerte, (falleció el 22 de diciembre) fue declarado Benemérito de la Patria por el Congreso, y su nombre fue inscrito con letras doradas en la Cámara de Diputados.
Zarco en su defensa de la libertad de imprenta dijo: “no hay delitos de opinión”; “sin libertad de imprenta son mentira cualesquiera otras libertades”.


(Tomado de: Francisco Zarco, La libertad de prensa. Materiales de Cultura y Divulgación Política Mexicana #16. Partido Revolucionario Institucional, Subsecretaría de Publicaciones, México, 1987)

sábado, 3 de agosto de 2019

Hummersqueal


Poncho: 27 años, voz y guitarra
Cris Grijosa: 22 años, guitarra y voz
Salvatore: 28 años, guitarra
Norman: 28 años, bajo


Inicio: 2000
Idioma: Español e inglés
Contacto:
Discografía: Dos EP; Bravo, 2002 y Dielo, 2004





Influencias: Haragán, Stone Temple Pilots, metal, country, Helmet, Los Planetas, Pixies.


Sonido: Es rock en español





El DF, ¿qué les inspira?: es una ciudad agitada, que te transmite muchas cosas, y todas salen en el cuarto de ensayo. Tráfico, ganas de tranquilidad. La ciudad afecta lo que hacemos, el estrés. Nuestro rock sale del poco tiempo que tenemos a consecuencia de vivir en la ciudad. Te quieres ir pero la extrañas. Es divertida.


En la ciudad: Cada uno tiene sus dinámicas. A veces sureños. Andamos por Coyoacán, Tecamachalco, Pedregal. Vamos a fiestas de amigos, al Bull, al Alicia. Nos gusta comer en muchos lugares como el Villamelón o en los tianguis.


5 años…: Cada uno tiene sus proyectos pero nos vemos juntos, tocando, participando musicalmente con otros instrumentos. Nos vemos tocando divertidos sin vivir de la música.





(Tomado de: Sonidos Urbanos. 150 bandas 2000-2005 MX/DF. Sonidos Urbanos Producciones S. A. de C. V. 2007)



www.myspace.com/sonidos_urbanos_df


contactos@sonidosurbanos.com



viernes, 2 de agosto de 2019

José Joaquín Fernández de Lizardi


(1776-1827) Publica entre 1812 y 1827 nueve periódicos, todos ellos de vida corta. El primero fue El Pensador Mexicano, cuyo título adopta como seudónimo. Complementan su labor periodística cerca de trescientos folletos, más colaboraciones aisladas en otras publicaciones periódicas. 
El propósito declarado de El Pensador Mexicano (1812-1813), sugiere Jacobo Chencinsky, es exaltar la Libertad de Imprenta y la Constitución y exponer las ventajas que éstas traen consigo. Las exalta, evidentemente, para que se pongan en práctica, y de paso denunciar los males prevalecientes después de trescientos años de coloniaje: las trabas a la agricultura, la industria y el comercio, el opresivo exceso de impuestos, la exclusión de los nacionales de ciertos empleos y los privilegios que, en cambio, gozaban los peninsulares y los criollos, causas que señala como origen de la insurrección que tenía asolado al país. cierta invocación poco afortunada al virrey lo conduce a la cárcel durante siete meses. al salir se propone ser más cauto.
En los nuevos periódicos Las sombras de Heráclito y Demócrito (1813), del que sólo se imprime un número, Alacena de Frioleras y Cajoncitos de Alacena (ambos de 1815 a 1816), Lizardi no está dispuesto a correr riesgos. Dedica los artículos, chuscos o serios, en prosa o en verso, a inocuos motivos de crítica social, costumbrista y moralizante: las corridas de toros, los malos amigos, el comportamiento en las iglesias, la educación, las formas de vestir, la mendicidad, la situación de los leprosos y los riesgos del juego. Destacan algunos diálogos satíricos y costumbristas por la gracias y maestría con que maneja el lenguaje popular.
De 1816 a 1820, Lizardi renuncia al periodismo por las trabas que le imponen las autoridades y se dedica a escribir sus cuatro novelas y su libro de fábulas. A partir de 1821, Lizardi cambia de tono al redactar sus periódicos: desaparecen los titubeos. Las amenazas de perjuicios y represalias lo hacen tambalearse, pero no consiguen desviarlo de su trayectoria. La fertilidad de estos años, de 1821 a 1827, es notable: seis periódicos, cerca de doscientos folletos, cinco obras de teatro y tres calendarios, además de colaboraciones en otros periódicos. La relación entre folletos y periódicos es muy estrecha. En general, en los folletos se plantean problemas particulares y parciales, en tanto que en los periódicos éstos aparecen dentro de una secuencia más amplia e hilvanada.
La obra más importante de esta etapa son las Conversaciones del Payo y el Sacristán, que aparecieron dos veces por semana a lo largo de 1824 y 1825. en ellas vuelve sobre sus temas de siempre, ahora afrontados y expuestos descarnadamente, sin tapujos y tratados desde el punto de vista del nuevo régimen, que había creado nuevas circunstancias y, en ciertos asuntos, la posibilidad de nuevas soluciones. junto con la descripción crítica de los eternos problemas (el descuido de la ciudad, la falta de honradez de los funcionarios públicos, los frecuentes crímenes y robos, los monopolios y la escasez de artículos de primera necesidad, la situación miserable de los indios, el bajo rendimiento de la agricultura y la industria), en función de las condiciones graves por las que atraviesa el país, dos nuevos grandes problemas forman el eje de las Conversaciones: el eclesiástico y el político-militar. Sus ataques al estado eclesiástico abarcan todos los ángulos: los intereses temporales y el afán de dominio de la Iglesia, la pompa religiosa, la falta de reglamentación en ls nombramientos de los curas, las supercherías y supersticiones, la imposición forzada de los votos conventuales, la irracionalidad del celibato, el absolutismo papal. Simultáneamente le preocupa la inconsistencia militar, por lo cual plantea una serie de reformas al ejército, temeroso de una posible invasión por parte de España.
Sus proposiciones para el mejoramiento de la agricultura, remata Chencinsky, guardan puntos de contacto con las de Morelos, en cuanto exigen una reforma agraria. Establece la nacionalización y una redistribución más equilibrada de las tierras, un sistema de ayuda al campesino y la prohibición de los latifundios. En cuanto a reformas eclesiásticas, pide que la religión se desnude de ostentaciones, que los clérigos abandonen toda pretensión temporal y se concentren a dirigir espiritualmente al pueblo, alejándolo de milagrerías y supersticiones; que los sueldos de los altos prelados no excedan los de cualquier persona de nivel medio; que se conduzcan los servicios en español para hacerlos comprensibles; que se estimule la tolerancia religiosa; que no se sangre al pueblo con diezmos; que se limiten al mínimo las fiestas religiosas. Anticipa, si no de hecho sí de intención, muchas reformas religiosas. La crítica es feroz y no escatima los epítetos sardónicos. Su censura no se confina a la Iglesia mexicana. En los últimos números, ataca al Papa y reta su poder porque favorece los intereses de la Santa Alianza e instiga a México a someterse nuevamente a España.


(Tomado de: Carballo, Emmanuel (Prólogo y selección) - El periodismo durante la guerra de Independencia. Editorial Jus, S.A. de C.V., México, D.F., 2010)

jueves, 1 de agosto de 2019

Bach es bueno para los ojos

(David Alfaro Siqueiros: Retrato)
En Taxco, una hermosa californiana le pidió a Siqueiros que le hiciera un retrato. Cuando acudió al taller del pintor, en una capilla semiderruida, y le ofreció 400 pesos por el cuadro, el artista creyó soñar.
"Apenas exagero si afirmo que la emoción que experimenté entonces fue parecida a la del adolescente que descubre el amor y estalla en fuerza y alegría, pues sobre mí pesaban graves problemas que en la fugacidad de un instante vi resueltos".
El gobierno del Presidente Emilio Portes Gil lo había confinado a Taxco. En los límites del pueblo se levantaban invisibles murallas que no debía trasponer sin permiso del alcalde. Era el precio por su relativa libertad, la condición impuesta para dejarlo salir de la Penitenciaría del Distrito Federal.
"Respiraba de nuevo. Quedaban atrás los corredores de la cárcel, tristes y monótonos como un río siempre sucio, pero subsistía una realidad que a ratos me agobiaba: Blanca Luz Brun y su bebé vivían conmigo, no tenía un centavo, el mercado de mi pintura era inexistente, Taxco estaba incomunicado y las perspectivas, como las ilusiones, tenían el color y también la inconsistencia de un rayo de sol.”
El día en que la americanita llegó a mi estudio, la acogí casi con la alegría reservada para una novia. Pronto dispuse el mejor sillón para ella y empecé a trabajar. Bosquejaba las líneas iniciales, estudiaba el rostro, la luz, libraba dentro de mí las primeras luchas para captar rasgos esenciales de su carácter, cuando me interrumpió con la voz formal de quien ha de decir algo importante:
-Señor Siqueiros, si no ha pintado usted los ojos, mejor no los pinte, porque lo que usted está viendo no son mis verdaderos ojos.
-¿Cómo? ¿Entonces qué? ¿Cuáles son sus verdaderos ojos?
Pensé que me encontraba frente a una de tantas turistas semialienadas que con frecuencia visitan el país y sin volver a la conversación me apresté a continuar la tarea, pero ella tornó a interrumpirme:
-Mis verdaderos ojos -y en su palabra había pasión- son aquéllos que tengo cuando estoy inspirada tocando a Bach, porque ha de saber que no soy una mujer cualquiera, sino una pianista que ha conquistado renombre a pesar de su juventud.
La convicción de que estaba por recibir una mala noticia me hizo dejar los pinceles. Contemplé a la bella mujer y aguardé lo irremediable.
No se hizo esperar. Con naturalidad expuso sus deseos: si había de pintarla, que fuera ante un piano, pues quería un retrato con sus verdaderos ojos.
-Mis ojos, señor Siqueiros, se vuelven como de humo, bellos como luz de luna cuando interpreto a Bach.
No dejé lugar sin visitar: la casa del presidente municipal, las de los hombres más ricos de Taxco, las de mis amigos, hasta que di con un instrumento que se encontraba más cerca del clavecín que del piano. Para mi mala suerte era ya demasiado tarde y nuestra llegada hasta el lugar donde se encontraba el enorme aparato musical coincidió con la terminación del tiempo en que había luz eléctrica, pues en el Taxco de entonces, como en la cárcel de ahora, llueva o truene los focos eran apagados a las diez de la noche.
Hubo necesidad de encender velas y empecé a pintar a la jovencita, mientras ella oprimía las teclas de un instrumento desafinado y volteaba a verme para que apreciara la luz en sus ojos.
Al día siguiente, cuando me propuse reanudar las sesiones pictóricas en la mañana, ella se opuso. Debía ser como la víspera.
-He descubierto la suprema armonía. La noche y Bach, ¿se da cuenta de lo que eso significa, señor Siqueiros? La noche hace temblar a la estrella y durante la noche se esclarece el misterio de la vida. ¿Comprende?
Prosiguieron los trabajos. Concluí el cuadro.
-Es hermosísimo -me dijo ella-. Vea: mis ojos son etéreos...
Siguieron otras fantasías. Y luego... otros sueños"


(tomado de: Scherer García, Julio – Siqueiros, la piel y la entraña. Ediciones Era, S.A. México, D.F. 1974)