jueves, 9 de diciembre de 2021

La Expedición Punitiva I

 


Una nerviosidad callada, pero tirante como la rienda que detiene al caballo en pleno galope, mantenía alerta el espíritu de todos los mexicanos en aquellos días de la Expedición Punitiva. Cualquier incidente trocaba la inquietud en agresividad, y nuevos incidentes, que por fortuna fueron de menor importancia que el de Columbus, parecían agravar la situación internacional.

El 7 de mayo, doscientos villistas, al mando de Plácido Villanueva, que venían operando en la región de Chihuahua, frontera de Coahuila, cruzan a caballo el Río Bravo en las inmediaciones de Ojinaga e invaden el distrito de Big Ben. En su marcha hacia la población de Glenn Springs pasan por el rancho de un tal Deemer, y lo incendian. Después encuentran una patrulla de nueve soldados americanos con los que se baten, dando muerte a cuatro y haciendo dispersarse al quinteto restante. Combaten en Glenn Springs y en Boquillas con fuerzas irregulares de Texas, en poder de las cuales dejan prisioneros a Natividad Álvarez, dorado villista, y a otros dos. Y nuevamente sus caballos baten las aguas bullentes y lodosas del río internacional. Están otra vez en México, pero como Pershing tras Villa, ha entrado tras ellos a territorio nuestro una columna de caballería del ejército regular, al mando del coronel Langhorne. Sigue hasta Cerro Blanco las huellas aún frescas de los invasores de Big Ben, y se detiene y retorna a su base al saber que su compañero, el coronel Sibley, ha dado alcance a Villanueva y lo ha castigado. No hay el interés de llevar al rebelde preso en exhibición. Langhorne considera que el honor está satisfecho y abandona territorio mexicano.

Poco después, el 17 de junio, otra partida de villistas, al mando de De la Rosa y Pedro Vino, penetra en San Benito, Texas, incendiando y matando. Es la tercera vez que los villistas invaden territorio de los Estados Unidos, y tras ellos pasa el río una caballería al mando del general Parker. Citados para reunirse en algún lugar secreto muchos kilómetros adelante, los asaltantes se dispersan y las tropas americanas se devuelven a su base sin haber encontrado enemigo.

No son solamente los villistas los que se enfrentan con los americanos; en todas partes se siente un agresivo malestar. El 18 de junio tira sus anclas frente a Mazatlán el crucero norteamericano Annapolis. Una lancha con oficiales y soldados se acerca a tierra para hacer la acostumbrada visita de cortesía. Pero una masa de pueblo que se ha reunido en el muelle da voces intimando a los marinos a que no desembarquen. Sus palabras no son comprendidas y los americanos tocan tierra. Inmediatamente se oyen varios disparos por diferentes partes. Es el pueblo, que está haciendo fuego contra los que considera compañeros de aquellos hombres que cubren una parte del territorio nacional, allá por Chihuahua. Dos marineros mueren, tocados por las balas. Y los oficiales y el resto de la marinería, que han llegado con buena voluntad y sin armas, se rinden. Con gran prudencia procedieron las autoridades mazatlecas poniendo inmediatamente en libertad a los prisioneros, y atribuyendo la responsabilidad del incidente a un japonés ebrio de quien se afirma que hizo los disparos. El Annapolis, que pudo haber destruido medio Mazatlán con el fuego de sus enormes cañones, levanta sus anclas y se va en silencio.

Esa misma noche, el cabo de resguardo de la Aduana de Ciudad Juárez, Enrique Gallardo, estaba de vigilancia frente a un vado que hay cerca de Isleta. Ve venir a un sargento americano montado en su caballo frisón, armado y ebrio. Ya está dentro de territorio mexicano, cuando Gallardo le pregunta qué deseaba allí... El sargento contesta con palabras groseras que le dicta el alcohol. Afirmándolas, de su pistola parten dos disparos sin rumbo. Gallardo echa mano a su arma y hace fuego tres veces. El sargento quedó muerto.

Esto hubiera bastado, quizá, para que un Teodoro Roosevelt hubiera invadido México, declarando la guerra. Pero el pacifista Woodrow Wilson media y comprende que México no tiene la culpa de todo lo que está pasando. Es un estado de ánimo que él mismo ha provocado con el envío de la Expedición Punitiva. Y lejos de llevar las cosas a terreno más peligroso, acepta la celebración de nuevas pláticas que concierten el retiro de Pershing y sus soldados. En Atlantic City, la guerra entre las dos naciones es evitada definitivamente.

Gloria auténtica

El 21 de junio, mexicanos y americanos se baten en Carrizal. Félix U. Gómez, hombre del pueblo, humilde y hasta entonces ignorado a pesar de su grado de general, riega la tierra con su sangre. Balas americanas le han atravesado el pecho y muere obedeciendo la orden de no dejar pasar a las tropas expedicionarias de la línea que marcan las guarniciones mexicanas. Bella muerte que le trae la gloria, gloria auténtica y limpia, brillante y eterna del soldado que defiende su patria. Sacrificio modesto, sin desplantes teatrales ni frases huecas. Félix U. Gómez, casi desconocido para medio México y casi olvidado por el otro medio, contempla, desde su pedestal de héroe clásico, cómo sus compatriotas cantan loas a muchos que tuvieron menos méritos que él. Y vuelve la tristeza de su mirada de indio al desierto chihuahuense, claro, lleno de sol, donde ya no levantan polvo los caballos de la Punitiva.

El primero de junio, montado en burro, seguido de nueve hombres a pie, Francisco Villa atraviesa las calles de San Juan Bautista, Durango. Ahí le están esperando Francisco Beltrán, el general yaqui de cara rojiza y brillante como un perol de cobre Nicolás Fernández y Ernesto Ríos y Gorgonio Beltrán, y todos los demás dorados que, comandando cada uno su columna, han cruzado disparos con los americanos.

Candelario Cervantes no llega. Un día, con veinte hombres, asaltó una tropa americana que patrullaba el camino al sur de Namiquipa, haciéndola retirarse. Pero una sección mayor salió luego a perseguirle. Y Cervantes quedó en tierra, ensangrentado y rígido.


(Tomado de: F. Muñoz, Rafael - La Expedición Punitiva. Cuadernos Mexicanos, año I, número 19. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f) 

lunes, 6 de diciembre de 2021

Francisco de Garay

 


Ingeniero, nació en Jalapa, Ver., en 1825; murió en la Ciudad de México en 1896. Hacia 1850 se encargó de las obras del desagüe del Valle de México. Maximiliano lo confirmó en esa tarea, pero él no quiso aceptar ni nombramiento ni sueldo. Fue el primer mexicano que recibió la condecoración de la Legión de Honor del gobierno francés. También fue catedrático, varias veces regidor de la Ciudad de México y presidente fundador de la Asociación de Ingenieros Civiles y Arquitectos de México. Escribió El Valle de México (1888).


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)



viernes, 3 de diciembre de 2021

Volcán en erupción en Parangaricutiro, 1943

 


Un volcán está haciendo erupción en Parangaricutiro.

*Alarma en el estado de Michoacán por el posible nacimiento de un volcán.

Únicamente para

EL UNIVERSAL

URUAPAN, Mich., 20 de febrero. -El presidente municipal de San Juan Parangaricutiro, Michoacán, se dirigió telefónicamente al de Uruapan notificándole que los habitantes de aquel pueblo piden angustiosamente medios de transporte para salir de allí, debido a que reventó un volcán que ha empezado a arrojar humo y ceniza. El alcalde y las autoridades federales están procediendo a la evacuación de la población afectada con celeridad.

EL CORRESPONSAL

(Tomado de: Hemeroteca El Universal, tomo 3, 1936-1945. Editorial Cumbre, S.A. México, 1987)


martes, 30 de noviembre de 2021

Gregorio Cárdenas

 


Un eslabón más se agregó a la cadena de fugas registradas en los años cuarentas y tocó a Gregorio Cárdenas Hernández escenificarlo y, como en los inmediatos anteriores, tampoco hubo ninguna violencia que lamentar.

Este reo no se escapó del Palacio Negro, sino del manicomio de La Castañeda, en el cual es alojado por instrucciones del juez de su causa, Carlos Espeleta Torrijos, traslado que se realiza muy poco después de que el acusado es aprehendido.

Hasta el momento de la evasión, efectuada el 24 de diciembre de 1947, Cárdenas vivió más tiempo de sus años de reclusión en la Castañeda que en Lecumberri.

La explicación de esto es que el reo debía ser estudiado por los siquiatras y demás especialistas que tenían que dictaminar si Cárdenas estaba loco o no, o si sufría algún otro trastorno.

Con él escapa su amigo Carlos Burgos Montalvo, quien a su vez fungía como su secretario en el manicomio, en donde también era un enfermo recluido para exámenes médicos.

Sabido es que Gregorio Cárdenas, a quien todo el mundo conoció como "Goyo", dio muerte a cuatro mujeres, estrangulándolas y a la postre enterrándolas en el patio de su propia casa, en la célebre dirección de Mar del Norte 17, en Tacuba.

Las muertes provocadas por este sujeto causaron un verdadero pánico en la sociedad, que exigía un ejemplar castigo para el responsable de ellas.

Sólo que para resolver con plena justicia, el juez necesitaba saber si estaba frente a un demente y únicamente los especialistas podían determinar tal cosa.

Ante esa situación el proceso quedó suspendido después del auto de formal prisión y Gregorio fue enviado a La Castañeda, en donde los médicos se aventaron la pelota y nunca dictaminaron la verdad.

Solamente el doctor Alfonso Quiroz Cuarón mantuvo la tesis de que"Goyo" no estaba en sus cabales.

Después de transcurrir algunos años en Mixcoac, el reo decidió que había llegado el momento de"tomar unas vacaciones", como él mismo lo confesó a la policía cuando lo recapturaron, y el 24 de diciembre, fecha tan especial, les dio comienzo fugándose del manicomio.

Confesó que acercó una mesa a la ventana que tenía en su celda y se subió a ella para romper la malla que la protegía, una vez ante la oquedad libre de obstáculos brincó hacia un pasillo, el cual comunicaba directamente con la muralla del establecimiento, pero que podía ser franqueable con cierta facilidad.

Y eso fue lo que hizo el reo, quien seguía los pasos de Burgos, su cómplice y amigo que ya lo esperaba en ese punto.

Ambos se ayudaron hasta que alcanzaron la calle, sin que ninguno de los vigilantes se percatara de su hazaña. Con 250 pesos que el"estrangulador" había ahorrado, decidió irse a Veracruz, llevando con él a su "secretario", pero llegaron hasta Oaxaca, en donde un policía que antes estuvo comisionado en La Castañeda, lo reconoció y avisó al D. F. lo que había visto, saliendo agentes hacia allá para recapturarlo.

La tarea no resultó fácil, porque el prófugo "brincó" por diversos sitios logrando burlar a sus perseguidores, temporalmente.

A pesar de todo los detectives dieron con él, acompañados por el propio "secretario" del prófugo.

Ya en el Palacio Negro se le confinó en una "jaula" de la circular uno, en donde se le mantuvo por largo tiempo sin darle mayores facilidades, ante la posibilidad de que pudiera intentar una nueva fuga.

El tiempo transcurrió y él se dedicó a estudiar leyes, haciéndose de una gran cantidad de libros que le ayudaron en ese objetivo, y cuando adquirió conocimientos comenzó a ayudar a muchos reclusos que carecían de una forma de defensa real y a otros que fueron victimados por inmorales seudoabogados que únicamente los despojaron del poco dinero que tenían, con el pretexto de "tramitarles su libertad", lo cual jamás hicieron.

Al mismo tiempo "Goyo" trataba de ayudarse él mismo con su caso, ya que el proceso estaba suspendido por haberlo trasladado a Mixcoac, y tampoco podía considerársele legalmente como un loco por no existir dictámenes al respecto.

Volvió a caminar el reloj y así transcurrieron 34 años, poco menos de lo que el juez Espeleta Torrijos pudo haberle impuesto como condena, si el juicio no se suspende.

En ese momento aparece una nueva legislación, incluyendo la Ley de Normas Mínimas que abrió las puertas de la prisión a muchos reclusos.

Se buscó ahí la forma de beneficiar a Cárdenas, mientras las puertas del lóbrego Palacio Negro se cerraban definitivamente.

Dos semanas después de esto, habiendo sido enviado al Reclusorio Oriente mientras tanto, "El Estrangulador de Mujeres" recuperó la libertad.


(Tomado de: Aquino, Norberto Emilio de - Fugas. Editora de Periódicos, S. C. L., La Prensa. México, D. F., 1993)

jueves, 25 de noviembre de 2021

El hombre que quiso pagar la deuda

 


89

El hombre que quiso pagar la deuda

Aunque nadie lo crea, hasta hace un par de décadas no era común ser un narco famoso. Aunque ya se les adoraba en los pueblos abandonados del norte de México, tanto por sus gestos caritativos como por su condición de grandes empleadores, sus figuras no eran las de los actuales personajes mediáticos. Antes los narcos no tenían corridos ni hacían alarde de su agitado tren de vida.

Rafael Caro Quintero fue uno de los primeros grandes narcotraficantes, y como sucedía con todos estos personajes, su vida fue también motivo de un sinnúmero de rumores. En el imaginario colectivo la figura del líder del cártel de Guadalajara, junto a Ernesto Fonseca, don Neto, es la primera en venir a la mente cuando de nombrar a un narco se trata. Segundos después se remata, en honor a él y al rumor que lo hizo famoso, señalando que ese compa ofreció pagar la deuda externa, ¿será?

Hombre inmensamente rico, Caro Quintero supo leer como nadie los huecos de la corrupción del sistema. En realidad, tuvo que ser detenido por la Policía de Costa Rica, que pensaba que estaba cometiendo un secuestro, pues en nuestro país era intocable. Sólo al ser informados por el gobierno mexicano, la Policía tica supo que había detenido al tercer hombre más buscado por la DEA.

Caro Quintero fue arrestado el 4 de abril de 1985. Se encontraba con su novia, hija del entonces gobernador de Jalisco, Sara Cossío. Su desgracia no fue la ley en México sino los excesos de algunos de sus lugartenientes que decidió matar a un agente de la DEA. Al poco tiempo, sus protectores se vieron obligados a desampararlo.

Orador magnífico, Quintero otorgó una genial entrevista al reportero Pérez Verdugo, en tu que aclaró que en efecto era narcotraficante, pero que no sabía por qué cargo se le había detenido. Aseguró, además, que era parte de una red que cruzaba en línea vertical hasta el Negro Durazo y López Portillo. Dijo que, por favor, los mexicanos no fuéramos doble cara y que mejor lo dejáramos trabajar en paz; si lo hacíamos, juró, pagaría la deuda externa.

Dijo: "Aléjenme de esos pinches ratas del gobierno y en unos años yo pago la deuda".

Por desgracia ganó la doble cara. Nunca sabremos si el rumor de que Caro podía pagar la deuda era cierto, pero si lo hubiéramos dejado, por lo menos le hubiera dado una buena abonadita.


(Tomado de: Marcelo Yarza - 101 Rumores y secretos en la historia de México, Editorial Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2008)


lunes, 22 de noviembre de 2021

José Gaos

 


Nació en Gijón, España, en 1900; murió en la Ciudad de México en 1969. Hizo sus estudios en el Colegio de Santo Domingo en Oviedo y en las universidades de Valencia, Madrid y Montpellier. De 1933 a 1936 fue director del período preparatorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, y rector de ésta de 1936 a 1938, en que llegó a México. Fue catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y miembro de El Colegio de México. Sus obras: La filosofía de Maimónides y Dos ideas de la filosofía (junto con F. Larroyo) (1940); Antología filosófica (1941); El pensamiento hispanoamericano (1944); Pensamiento español, Pensamiento de lengua española, Antología del pensamiento de lengua española y Dos exclusivas del hombre (1945); Filosofía de la filosofía y Tratados de Gamarra (1947); Filosofía del entendimiento de Bello (1948); Un método para resolver los problemas de nuestro tiempo y Escritores místicos españoles (1949); Introducción a Heidegger (1951); En torno a la filosofía mexicana (1952-1953); Filosofía mexicana en nuestros días (1954); La filosofía en la Universidad (1956-1957); Sobre Ortega y Gasset (1957); Confesiones profesionales y Discurso de filosofía (1958); Introducción a la fenomenología, Sobre enseñanza y educación, Museo de filósofos y Orígenes de la filosofía y de su historia (1960); Las críticas de Kant, Filosofía contemporánea y De la filosofía (1962).

Tradujo, además, obras fundamentales de R. Odebrecht, M. Scheler, E. Husserl, B. Grothuysen, W. Dilthey, W. Jaeger, J. Wahl, H. Heidegger, K. Jaspers, L. Levelle, N. Abagnano, y N. Hartmann. Gaos fue discípulo de Ortega y Gasset y de Manuel García Morente. Tuvo, a su vez, distinguidos discípulos mexicanos e influyó profundamente en la enseñanza de la filosofía. La UNAM y el Fondo de Cultura Económica le rindieron un homenaje póstumo en Dianoia, Anuario de Filosofía, 1970. Escribieron Augusto Salazar Bondy, Alain Guy, Udo Rukser, José Luis Abellán, Bernabé Navarro, Justino Fernández, Vera Yamuni, Luis Recaséns Siches y Patrick Romanell. En 1971, El Colegio de México publicó Nuestra idea del mundo.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)

jueves, 18 de noviembre de 2021

Desafío a los muralistas

 


Suponga usted, por un momento, que lograse reunir a un grupo de los mejores pintores conocidos y les planteara su deseo: "Quiero que me hagan una pintura extraordinaria, con simbolismos capaces de narrar una historia en cada figura. Quiero ver hombres y animales dibujados con trazos simples y completos que transmitan una positiva sensación de poderío. Quiero que los hombres midan unos tres metros de alto y que haya borregos de cuatro metros, y ciervos enormes. Sólo quiero dos colores en las pinturas: un ocre rojizo y un negro bien oscuro. No deben utilizar brochas ni pinceles y tampoco pinturas líquidas de ninguna clase. Quizás les cueste un poco de trabajo realizar su obra artística porque lo que van a decorar es un lienzo casi horizontal, un techo rocoso. ¿La superficie? Digamos unos cuatrocientos cincuenta metros cuadrados. El techo está bastante alto pero no usarán escaleras ni andamios. Y una última recomendación: las pinturas han de durar unos mil años a pesar de estar expuestas a la intemperie porque en el salón no habrá puertas de ninguna clase."

A estas alturas, ¿qué clase de reacciones habría en los pintores famosos? Trate de imaginarlo y pensar en los problemas que le plantearían como respuesta. ¿Quién sería el bravo que aceptara la misión, sabiendo, además de todo, que no percibiría dinero a cambio, que su remuneración habría de ser puramente sentimental? Finalmente, ni siquiera su firma aparecería en la pintura.

¿Imposible hallar a ese hombre? Tal vez lo sea en la dimensión general de nuestra época, pero no en los tiempos y espacios del México existente tras los velos de muchos siglos atrás.

Los geniales artistas que satisficieron todos los requisitos arriba mencionados, dejaron para asombro y curiosidad y desconcierto de generaciones enteras, verdaderas obras murales que hoy en día todavía hacen vibrar al espectador. Sus galerías de exposición están abiertas, día y noche, tanto al público como al viento y la arena del desierto, al calor y al frío. Tales galerías son dos cuevas situadas en ese país interminablemente sorprendente que es Baja California Sur.

Una, la del Coyote, se localiza a unos cincuenta kilómetros al oeste de San Ignacio, un diminuto poblado en el centro mismo de la península, aproximadamente a la misma altura geografía que Guaymas, Sonora. El lugar es también conocido como Cueva de la Serpiente, porque una de las pinturas es justamente un larguísimo reptil con orejas que recuerdan las de la liebre. Hace tiempo que se ha tratado de establecer si -por diseño o trazo- tendría alguna asociación con la serpiente emplumada y cabeza con tocado que corresponde que corresponde al universo mitológico mexicano.

Y cerca de otro lugar también llamado Coyote, al sur de Mulegé, en tierras del rancho San Baltazar, está la cueva de San Borjita, con las figuras pintadas en el techo. La escena general parece reproducir una batalla puesto que abundan hombres con flechas en las manos y algunos tienen el cuerpo atravesado por los dardos. Para añadir problemas a la interpretación de las pinturas, éstas aparecen en muchos casos sobrepuestas entre sí. Para completar el testimonio, a poco que usted rasque en el suelo hallará puntas de flecha.

Desde luego, no son estas las únicas grandes pinturas rupestres que hay en el Territorio bajacaliforniano; la lista de lugares es muy grande y quizás las mejores no se conocen todavía; después de todo se trata de un lugar donde el misterio lo es todo.

Algún día, cuando usted decida conocer el "otro México" que decía el genial Fernando Jordán, llegue a San Ignacio y Mulegé; lo que ahí verá y sentirá corresponde a otra dimensión de la vida.


(Tomado de: Möller, Harry. México Desconocido. INJUVE, México, D. F., 1973)


martes, 16 de noviembre de 2021

Agustín Lara y el cine


En 1931, el cine sonoro hizo su aparición en México con la película Santa, cuya dirección musical estuvo a cargo de Miguel Lerdo de Tejada. El tema musical de la película fue la célebre canción Santa con la que Lara inició una serie de redituables contribuciones románticas al arte fílmico nacional. Numerosas películas y varias actuaciones (no muy notables), pero que contribuyeron a acrecentar su figura pública, son el resultado de esta relación con el celuloide.

Los filmes Novillero (1936), Noche de ronda (1942), Mujer (1946), Humo en los ojos (1946), Revancha (1948), Perdida (1949), Coqueta (1949) debieron mucho de su éxito taquillero al aura de las canciones de Lara y a sus letras "plenas de significado" para un público dispuesto a conmoverse hasta las lágrimas.

Lara donó al cine mexicano algo más que canciones; le proporcionó argumentos sacados con tirabuzón de los títulos de sus canciones o trozos mitologizables de su agitada y atribulada vida. En el año 1946, su canción Noche de ronda en la voz de Elvira Ríos, sirvió como tema musical para la película Esos hombres, interpretada por Arturo de Córdova y Marina Tamayo.

Ese mismo año, Lara debutó como actor en la película Novillero al lado de Lorenzo Garza y Luz Ma. Bautista, siendo el tema musical el paso doble del mismo nombre. En 1937, se estrenaron otras dos películas: Adiós Nicanor con la canción del mismo nombre, y La gran cruz también con canciones del compositor.

Dentro de la filmografía lariana cabe destacar algunas películas como Distinto amanecer considerada clásica del cine en México, con la actuación de Andrea Palma, en la cual se estrenó la canción Cada noche un amor.

Ese año de 1943, se realizó otra versión de Santa, dirigida por el norteamericano Norman Foster, y de nuevo se utilizó la canción de Lara. Es curioso que la melodramática novela de don Federico Gamboa fuera utilizada tan reiteradamente y que precisamente Coqueta (1949), otra de las películas en que Lara intervino como actor, haya sido un refrito más de ese tema que en cursilería dejó corto al bueno de don Federico. Rociada abundantemente con una buena dotación de canciones de todas las épocas y estilos de Lara: Siempre te vas, Oye la marimba, Escarcha, Noche de ronda, Madrid, Amor de mis amores, es un buen ejemplo de lo que se esperaba de la presencia del músico-poeta en la pantalla. Lara hace el papel de Rubén, un músico ciego que mata loco de celos a la inefable Ninón Sevilla. Perdida, también de 1949, es otro ejemplo interesante. Esta vez, Agustín representa a Agustín y es naturalmente un músico famoso que acoge a Ninón Sevilla en su casa y se enamora de ella, sin poder evitar que al final de la folletinesca cinta, ésta se suicide. La música de la película proporciona además un muestrario de lo que entonces estaba de moda. Arreglos de Pérez Prado, Miseria de Miguel Ángel Valladares, Perdida de Chucho Navarro, El bobo de la yuca de Marcos Perdomo y Tú, sólo tú de Valdés Leal. Lara participaba con su presencia y dos viejos éxitos: Oración caribe y Talismán.

La mujer que yo amé (1950) nos presenta otra vez a Agustín como Agustín, el pianista del cabaret costeño Los Siete Mares que esta vez salva con sus canciones a Elsa Aguirre de una cojera esquizofrénica, para terminar con la cara marcada por un rival celoso. Finalmente, logra huir a México con "Toña la Negra" para poder cantar Oración caribe en el Politeama de los años treinta, donde los dos alcanzan la gloria artística.

Una nueva biografía titulada La vida de Lara, se filmó en 1958 con las canciones más conocidas del compositor y, naturalmente, el argumento se basó más en dichas canciones que en la verdadera vida del músico-poeta.

Lo importante, por supuesto, en toda la filmografía lariana, no era propiamente el argumento, sino la representación visual del "artista". Lara había venido a simbolizar al músico por antonomasia, al cancionero sensible y al poeta inspirado. Curiosamente, todos estos filmes que contribuyeron a convertir a Lara en el estereotipo más falso y convencional del compositor inspirado, coincidieron con la disminución real de su producción de canciones.

En 1958, Lara vivía de su producción ya hecha, de sus melodías una y otra vez repetidas y acomodadas a los nuevos ritmos y estilos de moda. En todos estos filmes, las viejas canciones de Lara representaban la "intemporalidad y la inmanencia" de la inspiración, y por extensión, la "sensibilidad romántica a la mexicana".

(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989)

jueves, 11 de noviembre de 2021

Juan A. Mateos

 


59

Juan A. Mateos (1831-1913)

Guardaba cada batalla en su memoria o en los papeles sueltos en donde siempre escribía algún comentario o recuerdo que no quería se perdiera con el tiempo. En el campo de guerra se batía como si el fuego y el coraje dieran sentido a su vida. Pero el capitalino Juan Antonio Mateos era mucho más. Aquel 1854 había interrumpido su carrera de Leyes en el Colegio San Juan de Letrán de la Ciudad de México para luchar a favor de sus ideas liberales. El deber le había llamado a las armas, pero estaba seguro de que regresaría a la senda del conocimiento.

Así lo hizo en el momento en que la guerra se intensificaba. Aunque su participación en los campos liberales había sido trascendental, el destino le tenía marcadas nuevas y más importantes tareas. No por ello dejó de participar en grandes batallas, más aún después de enterarse de que su hermano Manuel había sido fusilado por órdenes del general conservador Márquez. Mateos no encontró consuelo hasta terminada la Guerra de Reforma, cuando por fin tuvo tiempo de escribir lo que había vivido como combatiente.

Sin embargo, aquella tranquilidad le duraría poco, pues la Intervención Francesa lo obligó a enfrentar a un nuevo enemigo. Esta vez su trinchera sería las de las letras. Por medio de varios artículos atacó la ocupación francesa y al llamado Segundo Imperio. Fue por uno de sus artículos, publicado en La Orquesta, que Mateos fue encarcelado.

La prisión no lo hizo cambiar de ideas. Una vez en libertad, volvió al ataque, esta vez criticando duramente el proyecto de colonización de Sonora. Ésta vez su castigo fue el destierro en San Juan de Ulúa y, meses más tarde, en Yucatán. Fue entonces que Mateos decidió volver a las armas. Con algo de fortuna logró ponerse a las órdenes de Porfirio Díaz, a cuyo lado luchó exitosamente en contra de las tropas invasoras. Mateos fue testigo y partícipe de la derrota final del imperio de Maximiliano y vio al poder republicano y progresista, en la figura de Benito Juárez, tomar las riendas del país. El capitalino no podía más que enorgullecerse de ello.

No descansó y siguió escribiendo, contando sus recuerdos de lo que había sucedido en el país y dejando crónicas fidedignas para la posteridad. Juárez le reconoció su aporte nombrándolo ministro de la Suprema Corte de Justicia. El abogado fue además diputado y director de la Biblioteca del Congreso, pero fue el soldado y el escritor el que ha pasado para siempre a la historia.


(Tomado de: Tapia, Mario - 101 héroes en la historia de México. Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2008) 

lunes, 8 de noviembre de 2021

Superstición: de las embarazadas

 


 LIBRO QUINTO 

Que trata de los agüeros y pronósticos, que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras.


[...]

Apéndice

XIX De la mujer preñada

Otra abusión dejaron los antiguos; y es, que la mujer preñada se debía de guardar de que no viese a ninguno que ahorcaban, o daban garrote, porque si le veía decían que el niño que tenía en el vientre nacería con una soga de carne a la garganta.

También decían que si la mujer preñada miraba al sol, o a la luna cuando se eclipsaba, la criatura que tenía en el vientre nacería mellados los bezos, y por esto las preñadas no osaban mirar al eclipse, y, para que esto no aconteciese, si mirase el eclipse poníase una navajuela de piedra negra en el seno, que tocase a la carne. También decían que la mujer preñada, si mascaba aquel betún que Ilaman tzictli, la criatura cuando naciese, que le acontecería aquello que llaman motentzoponiz, que mueren de ello las criaturas recién nacidas, y cáusase de que cuando mama la criatura, si su madre la saca de presto la teta de la boca, lastímase en el paladar y luego queda mortal. 

También decían que la mujer preñada, si anduviese de noche, la criatura que naciese sería muy llorona; y si el padre andaba de noche y veía alguna estantigua, lo que naciese tendría mal de corazón, y para remedio de esto, la mujer preñada, cuando andaba de noche, poníase unas chinas en el seno, o un poco de ceniza del hogar, o unos pocos de ajenjos de esta tierra que llaman iztáuhyatl; y también los hombres se ponían en el seno chinas, o pícietl, para excusar el peligro del hijo que estaba en el  vientre de la madre y si esto no hacían, decían que la criatura nacería con una enfermedad que Ilaman ayomama, o con otra  enfermedad que llaman cuetzpaliciuiztli, o con lobanillos en las ingles.

(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)